El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
martes, 27 de agosto de 2024
El paripé de la investidura. [Archivo del blog. Publicado el 29/08/2016]
El poema de cada día. Hoy, Poema primero, de Eunice Odio (1919-1974)
POEMA PRIMERO
Ven
Amado
Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche.
Tu cuerpo acabará
donde comience para mí
la hora de tu fertilidad y tu agonía;
y porque somos llenos de congoja
mi amor por ti ha nacido con tu pecho,
es que te amo en principio por tu boca.
Ven
Comeremos en el sitio de mi alma.
Antes que yo se te abrirá mi cuerpo
como mar despeñado y lleno
hasta el crepúsculo de peces.
Porque tú eres bello,
hermano mío,
eterno mío dulcísimo,
Tu cintura en que el día parpadea
llenando con su olor todas las cosas,
Tu decisión de amar,
de súbito,
desembocando inesperado a mi alma,
Tu sexo matinal
en que descansa el borde del mundo
y se dilata.
Ven
Te probaré con alegría.
Manojo de lámparas será a mis pies tu voz.
Hablaremos de tu cuerpo
con alegría purísima,
como niños desvelados a cuyo salto
fué descubierto apenas, otro niño,
y desnudado su incipiente arribo,
y conocido en su futura edad, total, sin diámetro,
en su corriente genital más próxima,
sin cauce, en apretada soledad.
Ven
Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche,
y anudarán aromas caídos nuestras bocas.
Te poblaré de alondras y semanas
eternamente oscuras y desnudas.
Eunice Odio (1919-1974). Poetisa costarricense
lunes, 26 de agosto de 2024
De las entradas del blog de hoy lunes, 26 de agosto
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 26 de agosto. Con la superación de antiguos tabúes, la aparición de los teléfonos inteligentes y la exuberancia de amistades en redes sociales, el futuro auguraba un desconocido esplendor de conversaciones y conexiones, dice en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Irene Vallejo, y sin embargo, hoy nos descubrimos atrincherados mentalmente y más solitarios que nunca. La segunda, es como siempre, un archivo del blog de noviembre de 2015 en el que el filósofo Manuel Fraijó nos hablaba del difícil acomodo que Dios encuentra hoy, al menos en la geografía occidental. La tercera entrada va, como siempre también, de poesía, en el caso de hoy del poeta palestino Rashid Hussein (1936-1977), con su poema Me opongo. Y la cuarta y última, con algunas de las viñetas de humor de la prensa nacional. Espero que todas ellas les resulten interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico; al menos inténtenlo. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. HArendt
Del placer de conversar
Era una promesa tentadora. La utopía del tercer milenio presagiaba la comunicación sin límites. Con la superación de antiguos tabúes, la aparición de los teléfonos inteligentes y la exuberancia de amistades en redes sociales, el futuro auguraba un desconocido esplendor de conversaciones y conexiones. Y, sin embargo, hoy nos descubrimos atrincherados mentalmente y más solitarios que nunca, comenta en El País [El don de la conversación, 25/08/2024] la escritora Irene Vallejo. Aunque compartimos una honda sed de atención y escucha,comienza diciendo Vallejo, hacemos oídos sordos y nos hablamos con hostilidad o indiferencia. En todas partes aflora una queja recurrente: la falta de consideración. Unas pocas personas reciben todo el reconocimiento, mientras una inmensa mayoría se siente desatendida, acallada y aislada.
Buena parte de las conversaciones cotidianas son distraídas y rutinarias. Se arrojan palabras al vacío para llenar el tiempo y conjurar la incomodidad. Nos educan para temer el silencio como algo hostil, pero lo esquivamos con torpeza. Seríamos personas distintas si los encuentros que decidieron el rumbo de nuestra vida hubieran sido menos mudos y superficiales, si de verdad hubiéramos intercambiado pensamientos. Quizás este mundo hechizado por la exuberancia de información empieza a añorar el placer —y el poder— de la conversación. Como dijo Luis Buñuel: “Yo adoro la soledad a cambio de que un amigo venga a hablarme de ella”.
En su Historia íntima de la humanidad, Theodore Zeldin recuerda dos momentos decisivos en la crónica de los hallazgos parlantes de nuestra especie. La primera de esas etapas estelares tuvo lugar cuando la filosofía griega descubrió el diálogo. Hasta entonces, el modelo de aprendizaje era el monólogo: el hombre sabio o el dios hablaban, y los demás escuchaban. Los tempranos filósofos helenos proclamaron que los individuos no podían ser inteligentes por separado, sino que necesitaban el acicate de otras mentes. Sócrates fue el primero en sostener audazmente que dos personas pueden aprender interrogándose mutuamente y examinando las ideas heredadas hasta detectar sus fallos, sin atacarse ni insultarse. Sócrates admitía con humor que, siendo extraordinariamente feo, luchó por demostrar que todo el mundo puede resultar hermoso por su forma de hablar.
Aquel caudal revolucionario y parlanchín desembocó en Roma. Cicerón, líder político y pensador, heredó la misma fascinación por las palabras entretejidas en común. Afirmó que “quien entabla una conversación no debe impedir entrar a los demás, como si fuera una propiedad particular suya; debe pensar que, como en todo lo demás, también en la conversación general es justo que haya turnos”. Sus escritos no eran ensayos concluyentes, sino diálogos a varias voces en los cuales él desempeñaba solo un pequeño papel y que terminaban sin un claro vencedor. Cicerón, gran conocedor de los entresijos del poder y a la vez enamorado de la filosofía, se adiestraba en el debate de ideas, que nos ayuda a encontrar archipiélagos de concordancia entre los océanos del desacuerdo.
Tras los hallazgos antiguos, el Renacimiento alumbró un nuevo escenario de pasión parlante, protagonizado ahora por mujeres. En los círculos intelectuales, las damas se cansaron de la conducta tosca y ostentosa de los cortesanos, que se pavoneaban como gallos de pelea. El movimiento brotó en las principales ciudades italianas, se extendió por Francia e Inglaterra y finalmente por el resto de Europa y América. Frente a la arrogancia, nacía otro ideal: cortesía, delicadeza, tacto y cultura. El modelo más imitado fue el de Madame de Rambouillet, que inventó a principios del siglo XVII la orquesta de cámara de la conversación. Enseñó a sus contemporáneos a filtrar sus ideas a través de mentes ajenas. Sus reuniones dieron vida a epigramas, versos, máximas, retratos, panegíricos, música y juegos. Sobre todo, derribaron el modelo de debate orientado a aplastar a los demás: acordaron que la seriedad sería liviana, que la razón escucharía a la emoción, que practicarían la cortesía sin asfixiar la sinceridad. Aunque ese baremo del gusto y el refinamiento fue privilegio de círculos aristócratas, aquellos salones —casi siempre liderados por sabias anfitrionas— dieron cobijo a las ideas ilustradas. En ocasiones, el diálogo se volvió vanidoso y pedante, encantado de su propio lustre, hasta derivar en manierismos impostados, pero aquella costumbre dejó un valioso legado: la cultura de la conversación. Según la ensayista Benedetta Craveri, lo extraordinario de aquellas charlas de salón fue que aspiraban a la claridad, la mesura, la elegancia, y el respeto por el amor propio ajeno.
Estas sendas humanistas ofrecen rutas para los retos de hoy. Aún debemos aprender el arte de hablarnos con respeto, incluso entre desconocidos, conscientes del impacto de nuestras palabras sobre el equilibrio, a veces frágil, del ánimo de los demás. En el siglo pasado, filósofos como Martin Buber o Emmanuel Levinas pensaron que, en esencia, somos seres de encuentros: el yo emerge del diálogo con un tú, el otro, el diferente. La conversación real entre dos personas que se escuchan es la mejor herramienta para derribar barreras en un mundo tan desigual como enfrentado, donde la ausencia de comunicación se está convirtiendo en un gran problema sumergido en el silencio. El aislamiento prolongado daña la salud y, si perdura en el tiempo, el sufrimiento de no poder hablar libremente, sin máscaras ni miedo a la incomprensión, puede derivar en estados de angustia. Un número creciente de jóvenes empieza a confesar que sufren soledad no deseada, cuando solía ser la franja de edad menos amenazada. Se extiende la sensación de distancia, de frustración, presión y falta de calidez en los encuentros con otras personas. De ver pasar los días y la vida desde una prisión de cristal o tras la trinchera de una pantalla, donde nadie puede llegar hasta ti. Una clave esencial para entender los estallidos y los aullidos de nuestro tiempo es esa ira que se puede mitigar con escucha o, al contrario, azuzar en una espiral de agresividad.
Toda auténtica colaboración precisa conversación, esos diálogos donde, mientras jugamos —sin juzgarnos— con las ideas, forjamos alianzas. La acción colectiva gana fuerza cuando somos capaces de verbalizar nuestras debilidades y complejidades. Sin miedo, asumiendo el peligro, ya que al escuchar corremos el riesgo de que nos convenzan. De hecho, “conversar” proviene del latín versare, “girar”. Se refiere a convivir, converger, pero también cambiar, darse la vuelta en compañía. De alguna forma, con-versar es una actividad de calado político y poético —tejer versos con otras personas—. En lugar de trenzar palabras vivas, nos agazapamos tras nuestras caras pantallas para no hablar cara a cara. Los teléfonos nos silencian más a menudo que nosotros a ellos. Mientras nuestros dedos escriben hipnotizados a un rostro lejano, no miramos a quienes nos rodean: estamos desperdiciando experiencias, protagonizando huidas fallidas. El inconveniente de esta edad de oro de la comunicación y la información es que todavía no hemos aprendido a hablarnos. Humanizamos y amamos a nuestros aparatos, mientras somos cada vez más maquinales con otras personas. El error fue creer que la tecnología nos enseñaría a conversar. Para el algoritmo, una persona queda reducida tan solo a un mero “cliente”, “seguidor” o “usuario”. Cuando la red digital nos atrapa en nichos de mercado, y el griterío político nos enclaustra en bandos enfrentados, la antigua invitación al diálogo mantiene viva la esperanza de abrir jaulas, serenar estridencias y construir encuentros. Tal vez más que nunca, de la conversación depende la conservación de la comunidad. Irene Vallejo es filóloga y escritora.
El Dios de cada uno. [Archivo del blog - 04/11/2015]
No sé a ciencia cierta si el pensamiento de Teilhard de Chardin podría definirse como panteísta, si entendemos como panteísmo la creencia o concepción del mundo y la doctrina filosófica según la cual el universo, la naturaleza y Dios son equivalentes: "todo es Dios y Dios está en todo". Pero si no es así, se le parece bastante. Y esa es también mi idea, aproximada, de Dios, al que yo (y otros) llamamos Azar; así, con mayúsculas.
Contra lo que puede parecer a más de uno, a mí, personalmente, el fenómeno religioso no me deja indiferente. Puedo no creer, y de hecho no creo, como decía al comienzo de esta entrada, en una divinidad personal creadora de todo lo existente, ni en la vida eterna ni en la resurrección de los muertos, pero eso no significa ni por asomo que la vida del espíritu me resulte ajena. No me atormentan las dudas que atormentaban a Pascal, ni a la filósofa y pensadora francesa de origen judío Simone Weil (1909-1943), que dejó plasmadas en un hermosísimo librito titulado "Carta a un religioso". Hay dos frases de ella en ese libro que mí me conmueven especialmente y que dejo expuestas sin comentarlas. La primera, que es casualmente, con la que termina el libro dice así: "¡Cuánto cambiaría nuestra vida si se viera que la geometría griega y la fe cristiana han brotado de la misma fuente!". La segunda, y con ella termino, dice: "Si el Evangelio omitiera toda mención de la resurrección de Cristo, la fe me sería más fácil. La Cruz sola me basta". A mí también, y en ese sentido me gustaría añadir que si se pudiese ser cristiano sin tener que creer en un Dios, y bastara con ser seguidor del Jesús de Nazareth histórico y presente en los Evangelios, yo no tendría empacho alguno en declararme como tal. Pero supongo que es imposible. Y así sigo. Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt
El poema de cada día. Hoy, Me opongo, de Rashid Hussein (1936-1977)
ME OPONGO
Me opongo a que los revolucionarios de mi país
hieran una espiga
a que un niño, cualquier niño
lleve una bomba
a que mi hermana estudie
la musculatura del fusil.
Me opongo a lo que queráis, pero
¿qué haría un profeta o una profeta
si se le bebieran los ojos
las hordas asesinas?
Me opongo a que mi hijo sea un héroe
con diez años
a que del corazón de un árbol
brote una bomba
a que los troncos de mi huerto
den patíbulos
a que los rosales de mi casa
sirvan de trinchera.
Me opongo a lo que queráis… pero
si el fuego se ha tragado a mis camaradas
mi juventud
mi tierra
¿cómo no habrán de ser mis versos un fusil?
Rashid Hussein (1936-1977). Poeta palestino
domingo, 25 de agosto de 2024
El odio como placebo. Especial 1 de hoy domingo, 25 de agosto de 2024
El odio es un buen negocio, su difusión es barata, sus beneficios inmediatos, comenta en El País [La banalidad del odio. 25/08/2024] el escritor Jordi Amat. No es necesario que haya perversidad, dice, son muy pocos quienes tienen los recursos y la perfidia de Elon Musk. La mayoría de las veces es mucho más banal. El odio al otro, que es un placebo contra el miedo a la incertidumbre, es una inversión asegurada y de alta rentabilidad para aumentar el número de seguidores en las redes y, a más seguidores, mayor capacidad para viralizar y, así, con la mecánica actual de Twitter, más pasta.
Este parece ser el modelo de negocio del desarrollador Farhan Asif, de 32 años, al que detuvieron esta semana en Lahore, la segunda ciudad del Pakistán. La orden la dio el ala de delitos cibernéticos de la Agencia Federal de Investigación, que, entre otros motivos, lo acusa de ciberterrorismo. Leo la información en el periódico The Express Tribune. En su casa le incautaron dos ordenadores portátiles y un teléfono móvil. Los investigadores pudieron evidenciar que esos dispositivos estaban vinculados a Channel3 Now, un medio que se presentaba como estadounidense.
El 29 de julio, en un pueblo del noroeste de Inglaterra, un hombre armado con un cuchillo atacó a los asistentes a un taller que bailaban canciones de Taylor Swift. Murieron tres niñas, ocho personas resultaron heridas. En las redes se dijo que el asesino era un inmigrante musulmán o un inmigrante ilegal. Era un rumor, no una noticia, pero los retuits ya se contaban por miles y en especial cuando influencers de extrema derecha (los Alvises de la vida están bien repartidos) dieron credibilidad al bulo. A las 4 y 49 minutos de la tarde, en esos canales, se identificó al asesino: un tal Ali al Shakati que en 2023 había llegado ilegalmente al Reino Unido en barco. No importaba que las autoridades lo desmintiesen o que en la localidad nadie respondiera a ese nombre. La desinformación, que ese mismo día ya llegó a plataformas sépticas españolas como 8TV, se aceleró cuando antes de las seis de la tarde Channel3 Now difundió ese nombre.
El 31 de julio Sky News describió cómo había sido el proceso de desinformación, una dinámica ensayada aquí tras la tragedia vivida en Mocejón. El 8 de agosto Marianna Spring —periodista de la BBC dedicada a redes y desinformación— publicó otro artículo espléndido. Es la diferencia entre bulos y periodismo. El canal no estaba vinculado a la contrainteligencia rusa. “Parece ser una operación comercial que intenta agregar noticias sobre el crimen mientras gana dinero en las redes sociales”. Localizó un presunto jugador de hockey amateur de Nueva Escocia que trabajaba en aquel canal. Después, a través de sus amigos en Facebook, llegó a Farhan Asif. Le escribió y la bloqueó en Instagram, pero luego la periodista recibió un mensaje por correo electrónico firmado por un tal Kevin afirmando que Channel3 Now tenía la sede en Houston. Le dijo que la difusión de la falsa identidad de Ali al Shakati, por la que se disculpaba, no era atribuible al equipo de Pakistán y que era exagerado que la información suministrada por el canal fuese el activador de los disturbios racistas.
La noche del crimen empezaron los disturbios racistas en el Reino Unido. Más de 1.000 detenidos. La web de Channel3 Now desapareció, también sus cuentas en Youtube o Facebook, pero su rastro sigue en X. El rastro del negocio. Porque el odio consiguió lo que pretendía: una ola de clics. Es rentable para cuentas con enfoque comercial como la de Farhan Asif. Y así consiguió también lo que parece buscar su propietario, como explicó Marta Peirano con la mirada puesta en las presidenciales de Estados Unidos: Elon Musk, comentando imágenes de violencia callejera en las calles inglesas, sentenció que la guerra civil era inevitable. Jordi Amat es filólogo.
De las entradas del blog de hoy domingo, 25 de agosto de 2024
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo, 25 de agosto de 2024. La vinculación de la obra filosófica y literaria de Rosa Chacel al pensamiento de Ortega, que la propia escritora defendió hasta el final de sus días, tiene mucho que ver con la pasión intelectual que compartían ambos y que les impulsó hacia el pensamiento creador, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy la investigadora de la Universidad de Vigo, Ana María Bande. La segunda, un archivo del blog del 7 de septiembre de 2019, titulada la poesía oculta de las tarjetas de embarque, era un entretenido artículo del escritor Miguel-Anxo Murado. La tercera la ocupa hoy el poema titulado VII, de la poetisa estadounidense Adrianne Rich, cuya obra poética ha inspirado la lucha tanto de feministas estadounidenses como de América Latina. Y la cuarta va, como siempre, de viñetas de humor de la prensa nacional. Espero que todas ellas les resulten interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico; al menos inténtenlo. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. HArendt





































