sábado, 11 de julio de 2026

DEL POEMA DE CADA DÍA. BESOS, POR GABRIELA MISTRAL. 11 DE JULIO DE 2026

 








BESOS




Hay besos que pronuncian por sí solos

la sentencia de amor condenatoria,

hay besos que se dan con la mirada

hay besos que se dan con la memoria.


Hay besos silenciosos, besos nobles

hay besos enigmáticos, sinceros

hay besos que se dan sólo las almas

hay besos por prohibidos, verdaderos.


Hay besos que calcinan y que hieren,

hay besos que arrebatan los sentidos,

hay besos misteriosos que han dejado

mil sueños errantes y perdidos.


Hay besos problemáticos que encierran

una clave que nadie ha descifrado,

hay besos que engendran la tragedia

cuantas rosas en broche han deshojado.


Hay besos perfumados, besos tibios

que palpitan en íntimos anhelos,

hay besos que en los labios dejan huellas

como un campo de sol entre dos hielos.


Hay besos que parecen azucenas

por sublimes, ingenuos y por puros,

hay besos traicioneros y cobardes,

hay besos maldecidos y perjuros.


Judas besa a Jesús y deja impresa

en su rostro de Dios, la felonía,

mientras la Magdalena con sus besos

fortifica piadosa su agonía.


Desde entonces en los besos palpita

el amor, la traición y los dolores,

en las bodas humanas se parecen

a la brisa que juega con las flores.


Hay besos que producen desvaríos

de amorosa pasión ardiente y loca,

tú los conoces bien son besos míos

inventados por mí, para tu boca.


Besos de llama que en rastro impreso

llevan los surcos de un amor vedado,

besos de tempestad, salvajes besos

que solo nuestros labios han probado.


¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;

cubrió tu faz de cárdenos sonrojos

y en los espasmos de emoción terrible,

llenáronse de lágrimas tus ojos.


¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso

te vi celoso imaginando agravios,

te suspendí en mis brazos... vibró un beso,

y qué viste después...? Sangre en mis labios.


Yo te enseñé a besar: los besos fríos

son de impasible corazón de roca,

yo te enseñé a besar con besos míos

inventados por mí, para tu boca.




GABRIELA MISTRAL (1889-1957)





***





Lucila de María Godoy Alcayaga (Vicuña, 7 de abril de 1889-Hempstead, 10 de enero de 1957), conocida como Gabriela Mistral, fue una poeta, diplomática, profesora y pedagoga chilena. En 1945 recibió el Premio Nobel de Literatura «por su poesía lírica que, inspirada por poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano», constituyendo el primer reconocimiento de la Academia Sueca a las letras latinoamericanas y la segunda persona latinoamericana en recibir un Premio Nobel.














DEL ASUNTO DEL DÍA. LOS MONSTRUOS SON REALES, POR MÀRIUS CAROL. 11 DE JULIO DE 2026

 






Stephen King mantiene que los monstruos son reales y los fantasmas también, pues viven dentro de nosotros y, a veces, nos ganan. En la política mundial, los monstruos se reproducen a gran velocidad y su misión es atemorizarnos para controlar nuestras vidas. Algunos son verdaderos fantasmas, pero no van cubiertos de sábanas sino de mentiras. Y así anda el planeta, de susto en susto. Mary Shelley es la autora de uno de los personajes más terroríficos de la literatura, Frankenstein, pero lo que causa horror no es la fealdad del monstruo, sino la desmesurada ambición del científico que intenta sustituir a Dios, como Prometeo redivivo. Los monstruos actuales no tienen la sensibilidad del personaje de Shelley, ni viven como tragedia su existencia. Al contrario, son impasibles y despiadados, al tiempo que están encantados de haberse conocido.

El último bicho espantoso en sacar la cabeza en esta Europa que se resiste a extraviarse definitivamente en este mar de oportunistas es Roberto Vannacci, un general italiano en la reserva que presume de ser racista, misógino y homófobo. Y negacionista del cambio climático, de la violencia de género, al tiempo que flirtea con los negacionistas del Holocausto. Cree que el papel de la mujer es cuidar al marido y parir cuantos más hijos mejor. Y es un nostálgico del fascismo.

Con este historial no debería llegar muy lejos en un mundo gobernado por la razón, el respeto y la solidaridad. Pero no es el caso, así que se autoeditó­ hace tres años un libro en Amazon, titulado El mundo al revés, que está lleno de trampas para elefantes a fin de reivindicar lo que considera “normal”. Estaba mal escrito y acumulaba mentiras, así que fue un best seller. Reclutado por Salvini, el líder de la Liga, Vannacci fue el más votado tras Meloni en las elecciones europeas. Ahora ha creado su propio partido, porque considera que su líder ha claudicado con el movimiento LGTBI. “Somos la purria de la sociedad y nos sentimos orgullosos”, repite a menudo, convencido de que un día gobernará Italia.

También dijo King que el valor consiste en no dejar que los monstruos ganen la batalla. Lo malo es que “ya están aquí”, como avisaba la niña de Poltergeist. Màrius Carol es consejero editorial de la Vanguardia. 8 de Julio de 2026.















HOLA, BUENOS DÍAS A TODOS Y FELIZ SÁBADO, 11 DE JULIO DE 2026. HOY EN ESPAÑOL

 





Hola, buenos días a todos y feliz sábado. Con su matonismo barriobajero, el presidente Trump sigue lanzando amenazas a sus, hasta hace nada, amigos y socios en la defensa de eso que algunos llamaban, tiempo pasado, los valores de Occidente. Valores que ya  no parecen importar a nadie, y amenazas de un cobarde imbécil integral, que ya no asustan sino que más bien invitan a la mofa y el sarcasmo. Lo dejamos así y vamos con las entradas del blog de hoy. La primera, escrita en La Vanguardia por Màrius Carol, se titula Los monstruos son reales: Stephen King mantiene que los monstruos son reales, dice en ella, y los fantasmas también, pues viven dentro de nosotros y, a veces, nos ganan. En la política mundial, los monstruos se reproducen a gran velocidad y su misión es atemorizarnos para controlar nuestras vidas. Algunos son verdaderos fantasmas, pero no van cubiertos de sábanas sino de mentiras. Y así anda el planeta, de susto en susto. La siguiente, con el poema del día, se titula Besos, es de la poetisa chilena Gabriela Mistral (1889-1957), premio Nobel de Literatura, y comienza con estos versos:Hay besos que pronuncian por sí solos/la sentencia de amor condenatoria,/hay besos que se dan con la mirada/hay besos que se dan con la memoria. El archivo del blog de hoy es de julio de 2018, lo escribió la politóloga Cristina Monge y se titulaba A la democracia con alegría; ¿de qué iba?... Hace poco más de un año el Partido Popular fue consciente de que cuadernos azules y designaciones a dedo ya no valían para elegir a sus líderes. Con la ambigüedad que da el miedo a lo desconocido y el poco entusiasmo por un proceso cuyas virtudes no se alcanzaban a ver, puso en marcha un sistema híbrido combinando la consulta a los inscritos de entre los militantes con la decisión final de los compromisarios, dándoles a estos últimos la posibilidad, si se diera el caso, de llegar a subvertir la decisión de las urnas. Y la cosa salió como salió: mal. Tras las viñetas de humor viene el café de sobremesa, hoy escrito por la abogada Miriam González Durántez, y titulado La foto de la IA; La foto del anuncio de la gigafactoría de inteligencia artificial de Móra la Nova (Ribera d’Ebre) la semana pasada, dice en ella, vale más que mil palabras para entender por qué no puntuamos en IA, y lo único que tiene en común la foto con el mundo de la tecnología es que en la primera fila casi todos eran hombres y en la segunda casi todo mujeres; un guiño al espíritu de Silicon Valley, que es el sitio más masculino que conozco (a excepción del Vaticano). Y tras el café, el de la tarde que cae, hoy, del escritor Javier Melero, que en un artículo titulado Secreto a voces, publicado en La Vanguardia, en el que nos comenta que una de las conquistas del Estado liberal que surgió de la Revolución Francesa fue acabar con la opacidad de las causas criminales y establecer la publicidad del juicio; el objetivo estaba bastante claro: prevenir los abusos del poder y acabar con los juicios a puerta cerrada, pero en lo que no pensaban los enciclopedistas era en convertir el proceso penal en un culebrón. Por último, como siempre, están  las buenas noches diarias del autor del blog a sus lectores, deseándoles todo lo mejor de parte de la diosa de Fortuna y de las Moiras benevolentes. Que tengan un buen día. Espero que encuentren interesantes las entradas de hoy. Tamaragua, amigos. HArendt






















ENTRADA NÚM. 11059

viernes, 10 de julio de 2026

ESPECIAL 5 DE HOY. LOS SESGOS, SESGOS SON, POR MÀRIUS CAROL. 10 DE JULIO DE 2026

 





Un sesgo es una inclinación, preferencia o error sistemático que evita el juicio recto o lo conduce hacia una dirección determinada. Los llamados sesgos cognitivos son atajos mentales del cerebro que nos pueden precipitar al error o a la injusticia. El abogado Enrique Morera dedicó la conferencia de entrada en la Real Academia Europea de Doctores a los sesgos cognitivos que amenazan la imparcialidad de los jueces y pueden conducir a resoluciones irreflexivas. No es un asunto menor, sino crucial en las democracias modernas, donde cada vez resulta más difícil mantener la independencia de los tribunales ante la voluntad de algunos de que arreglen los descosidos de la política.

El juez Juan Carlos Peinado, que está a punto de jubilarse, ha conseguido notoriedad al final de su carrera con el caso Begoña Gómez. Toda la instrucción está plagada de despropósitos y la prueba es que en quince ocasiones la Audiencia de Madrid le ha corregido, por extralimitarse en sus funciones. La última resolución es la retirada del pasaporte a la es­posa del presidente, Begoña Gómez, y la prohibición de acompañarle a la cumbre de la OTAN de Ankara, donde el protocolo le había reservado un ramo de flores a la llegada, que no pudo agradecer.

El juez Peinado, capaz de comparar a Sánchez con Fernando VII y Craxi, tiene futuro en la ficción

El auto de Peinado sobre el caso es una pieza única, pues identifica a Pedro Sánchez con la figura histórica del rey Fernando VII, que traicionó a su padre, Carlos IV, entregó España a los franceses, traicionó a su pueblo e incumplió la Constitución; por eso se le conoce como el rey felón. Peinado sugiere que el presidente también ejerce el poder de forma absolutista, actuando al margen de las instituciones. El texto tiene poco de jurídico, resulta profundamente político y revela un sesgo parcial.

Pero, además, en la resolución en que se niega a revertir la retirada del pasaporte a la esposa de Sánchez, invoca la huida a Túnez del que fue primer ministro italiano Bettino Craxi, olvidando que el caso no es comparable, porque cuando se exilió hacía siete años que no presidía el gobierno. A Peinado siempre le quedará la ficción para entretenerse a partir de septiembre cuando abandone la judicatura. Allí podrá dar rienda suelta a sus sesgos, que no son pocos. Màrius Carol es consejero editorial de La Vanguardia. 10 de julio de 2026.























BONES NITS, FELIÇ DESCANS I DOLÇOS SOMNIS. AVUI DIVENDRES, 10 DE JULIOL DE 2026, EN CATALÀ

 






Hola de nou, amics. Bona nit, feliç descans i dolços somnis a tots aquesta nit de divendres a dissabte, del 10 a l'11 de juliol del 2026. Espero que hagin passat un bon dia en companyia de les seves famílies i amics. Gràcies de tot cor per haver-se fet una volta pel bloc. M'alegraria creure que han gaudit de la visita. Tamaragua, amics meus. Que la deessa Fortuna i les benvolents Moiras els siguin favorables. Fins demà. Els vull. Petons. HArendt
















DE LA TARDE QUE CAE.TRUMP RIDICULIZA A LA FIFA, POR JORDI JUAN. 10 DE JULIO DE 2026

 





Indignación en el mundo del fútbol. Donald Trump llamó por teléfono al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y le pidió que revisara la expulsión de un jugador de la selección de Estados Unidos para que pudiera jugar contra Bélgica en los octavos de final del Mundial. “No fue ni falta­, para mí no hay infracción. La decisión del árbitro fue horrible”, explicó el propio Trump. Ante la llamada del presidente norteamericano, la FIFA se saltó todas las reglas y decidió anular la sanción a Falorin Balogun para permitirle jugar este partido.

Esto que es normal que escandalice a los estamentos del fútbol no deja de ser una de las muchas genialidades a las que nos tiene acostumbrados Trump. El problema para él es que su equipo está muy lejos del nivel de otras selecciones, como se ha visto esta madrugada en el partido jugado contra Bélgica, que ha humillado a Estados Unidos infrigiéndole un 1 a 4. Mauricio Pochettino, seleccionador del equipo norteamericano, no ha dudado en alinear al amnistiado Balogun desde el principio.

¿Pero alguien piensa que puede haber otro equipo mejor que el de Trump? ¿El hombre que pone caprichosos aranceles, ordena operaciones militares sin sentido, se carga la arquitectura de la Casa Blanca, gana 1.200 millones de euros con las criptomonedas o impulsa proyectos urbanísticos de lujo en Gaza? ¿Alguien cree que iba a cruzarse de brazos mientras expulsaban a un jugador de su equipo? No, hombre, no. Esto no es conocer a Trump.

El drama no es tanto él como que la FIFA no tenga suficiente fuerza para pararle los pies y decirle que el fútbol es un deporte que tiene normas que deberían ser iguales para todo el mundo. Que no por tener más dinero vas a asegurarte la victoria.

La decisión de quitarle la tarjeta roja a Balogun puede ser considerada una nimiedad, pero esconde la realidad de que Trump cree que todo se puede conseguir con dinero. Los ingresos del actual Mundial pueden ascender a los 12.000 millones de dólares, el doble del anterior campeonato en Qatar, gracias a los beneficios que genera el mercado americano. Trump debe pensar que si él ha ayudado a que la FIFA tenga tantos beneficios, puede exigir y lograr imponer sus normas. Y es lo que hace. Jordi Juan es director de La Vanguardia. 7 de julio de 2026.

























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. DESPEDIDA CONSERVADORA, POR PILAR MERA. 10 DE JULIO DE 2026

 





Siempre me ha fascinado la dualidad con la que los niños pequeños afrontan las novedades. Sus ojos brillan atraídos por lo desconocido y se lanzan curiosos a descubrir, pero al mismo tiempo les cuesta cambiar rutinas, compañías o entretenimientos y se aferran a lo familiar, a lo seguro. Ahora lo veo todo el tiempo en mi hija, que lo mismo explora con entusiasmo, preguntando sin parar sobre la novedad de la que quiere aprender todo, que se resiste con fiereza radical a ver una película nueva, a escuchar una canción desconocida. Hasta que la canción suena, la película empieza y fascinan a mi peixiña. El entusiasmo aparece de nuevo y si le gusta lo suficiente, sonará y sonará. Lo nuevo se convierte en conocido a base de repeticiones y se queda en el catálogo de favoritos como si siempre hubiera estado ahí.

Algo parecido sucede con la ideología conservadora. Como diría Michael Freeden, ser conservador es resistirse a cualquier cambio hasta que se hace inevitable y, en ese momento, naturalizarlo. A veces, esa naturalización se disfraza de banalidad. Como un cartel del Orgullo que parece un anuncio de cañas de un bar inventado lleno de sillas de colores. ¿Para qué reivindicar si puedes presumir de bares con orgullo? Otras, implica apropiarse de una realidad o una institución con cierta desmemoria. Como cuando el Partido Popular se autoproclama el adalid de la Constitución, como si la mayoría de los diputados de AP no se hubieran abstenido en la votación definitiva del Congreso o las divisiones internas no hubieran impulsado el arreglo de no hacer campaña expresa por el sí. Pero bienvenidas sean las paradojas que vuelven transversales los acuerdos que defienden derechos y asientan la democracia.

Como sucede con los niños, la convivencia de inclinaciones progresistas y conservadoras contribuyen a un crecimiento sólido y estable. Sobre esa alianza ha descansado la edad de oro de la democracia occidental y España no ha sido una excepción. Por eso el pacto PP-Vox de Andalucía es una mala noticia. Donde menos apoyo externo necesitaba lo ha comprado al precio más alto, aceptando el programa completo de quien no quiere conservar, sino retroceder y destruir los acuerdos sobre los que descansa el sistema. Así, Vox gana al PP en este ciclo, haciendo que no se conciba un escenario donde los populares gobiernen solos, legitimando sus peores medidas y sacrificando al barón que mejor representaba ese espíritu conservador y constructivo al que el PP parece decir adiós. Pilar Mera es politóloga y profesora de la UNED. El País, 7 de julio de 2026.





















ESPECIAL 4 DE HOY. EL CONOCIMIENTO SEGÚN 5 PENSADORES, POR ALEJANDRO VILLAMOR. 10 DE JULIO DE 2026

 









Imaginemos a unos prisioneros encadenados desde la infancia, forzados a mirar siempre hacia el fondo de una caverna, viendo sombras proyectadas por un fuego a su espalda y confundiéndolas con la realidad entera. Uno de ellos logra zafarse, asciende hacia la luz y sufre el deslumbramiento. Cuando regresa para contarlo a los demás, estos prefieren asesinarlo antes que dudar de sus sombras.

Veintidós siglos después, otro hombre se encerraría por voluntad propia en una habitación con estufa para llegar, por un camino completamente distinto, a una sospecha semejante: casi todo lo que damos por sabido merece, antes que nada, una puesta en duda. Entre ambos episodios –y mucho después de ellos– se despliega una de las conversaciones más dilatadas e inquietas de la historia del pensamiento. Esto es, aquella que se pregunta qué significa, en realidad, conocer algo.

Platón (427-347 a.C.) no es tanto el filósofo sereno que presentan los bustos con su efigie como el narrador de una fuga: la del prisionero que rompe sus cadenas, sube por la pendiente escarpada y descubre, deslumbrado y doliente, que lo que tomaba por mundo era apenas su sombra proyectada.

El conocimiento, para él, emana del diálogo que extrae del alma las pautas eternas y abstractas que rigen lo real. Lejos de unas apariencias volátiles que solo ofrecen opiniones gratuitas, el saber rehúye la información de los sentidos. Conocer pasa por abstraer, detectar lo que no se ve sometido al paso del tiempo.

Casi dos milenios más tarde, un hombre encerrado por voluntad propia en una habitación con estufa decidió desmontar ese edificio entero para reconstruirlo desde sus cimientos. René Descartes (1596-1650) no buscó sombras que abandonar, sino un punto de amarre indudable, una roca firme bajo la superficie de la duda: una ciencia universal que brinde certezas.

El autor del Discurso del método sometió a sospecha todo lo que había creído: los sentidos, que engañan; las matemáticas, que tal vez manipula un «genio maligno»; el mundo entero, que, como especuló su coetáneo Calderón de la Barca, podría ser sueño. Al final del naufragio encontró algo que ni el más perverso de los demonios podía arrebatarle: el hecho mismo de estar dudando.

Saber algo es poseer una certeza indudable. Si dudo, pienso, y si pienso, pues es necesario algo que piense: un yo. No se puede dudar de ello sin confirmarlo y, por ende, el «pienso, luego existo» es el garante primero del conocimiento.

La viga proporcionada por Descartes comenzó a parecer menos sólida de lo que el galo pensó. Immanuel Kant (1724-1804) intuyó que el problema no estaba únicamente en cómo conocer el mundo, sino, de hecho, en cómo lo construimos al conocerlo.

Su revolución copernicana invirtió la pregunta: no nos preguntemos si nuestras ideas se ajustan a las cosas, sino si las cosas, tal como las experimentamos, ya vienen filtradas por las categorías de nuestra mente. El espacio, el tiempo o la causalidad no son fenómenos que se encuentran ahí afuera, esperándonos. Al contrario, es el sujeto quien los presupone en el entramado mismo de su experiencia. Conocer, para Kant, es menos un acto de descubrimiento (realismo) que de fabricación con materiales propios (idealismo).

Ahí podría habérsele dado carpetazo al asunto, con la razón humana erigida en arquitecta legítima de su propio mundo. Pero entonces llegó alguien dispuesto a sondear lo que había debajo de los cimientos kantianos. Friedrich Nietzsche (1844-1900) sospechó que detrás de cada pretensión de verdad objetiva se escondía, casi siempre, una voluntad de poder disfrazada de imparcialidad.

«No hay hechos, solo interpretaciones», escribió. En su obra, el conocimiento no es una escalera hacia la verdad –la salida de una caverna o el catártico descubrimiento de una certeza–, sino que se inscribe en una lucha permanente entre perspectivas que compiten por imponerse. Quien afirma poseer la verdad absoluta no ha llegado más lejos que los demás. Es, simple y llanamente, un impostor.

Michel Foucault (1926-1984) recogió el guante nietzscheano y lo llevó a un terreno práctico más incómodo. No se interesó tanto por qué es el conocimiento en abstracto como por quién tiene autorización para producirlo y qué precio paga el que se sale del guion.

Estudió hospitales, psiquiátricos, prisiones o clínicas. Mostró cómo cada época entabla un vínculo muy particular entre el saber y el poder: no son dos cosas que luego se relacionan, sino una sola maquinaria que determina, en cada momento histórico, qué cuenta como locura, qué cuenta como enfermedad y qué cuenta como verdad digna de mención. El médico que diagnostica, el juez que sentencia, el profesor que califica y, en general, todos los sujetos; todo el mundo juega a ser el rehén fugado de la caverna al ejercer, sin necesariamente saberlo, una forma de poder que se legitima disfrazándose de verdad neutra. Es decir, de saber. Alejandro Villamor es filósofo. Ethic, 2 de julio de 2026.




















ESPECIAL 3 DE HOY. UNAMUNO Y LA CONVERSACIÓN INTERIOR, POR PABLO CEREZAL. 10 DE JULIO DE 2026

 





Si bien Miguel de Unamuno (1864-1936) reprobó públicamente en no pocas ocasiones el modernismo, como heredero hispano del simbolismo francés con Rubén Darío (1867-1916) como máximo exponente y Valle-Inclán (1866-1936) como legítimo heredero, es evidente que en lo más importante de su obra literaria utilizó los mecanismos de dichas corrientes literarias. Niebla (1914), novela a la que el mismo deseó un nuevo género que denominaría «nivola», es quizás el mejor ejemplo de dicha impronta en su obra.

En las propias páginas de Niebla, Unamuno explica que una «nivola» es un artefacto literario que subvierte las características de la novela realista del siglo XIX. El autor impone un género libre, abierto, que da cabida al ensayo y lo hace logrando que la acción avance en virtud de los diálogos y, especialmente, los monólogos interiores que logran difuminar las fronteras entre el autor y los protagonistas que este ha creado.

A ningún lector le sorprende, a día de hoy, que una obra literaria se entregue a los flujos de conciencia de narrador y personajes, pero fue la mayor innovación que Unamuno introdujo en la literatura española. Y sí, se trataba de una característica de la novela modernista europea, junto con la experimentación formal, que el escritor y filósofo utilizó tanto en Niebla, como en una obra anterior: Amor y pedagogía (1902).

Lo que Unamuno trajo a las letras hispanas, en dichas obras, fue algo que ya forma parte del acervo literario universal: el diálogo interior que todos los humanos mantenemos con nosotros mismos y que tanto bien como mal puede llegar a hacernos dependiendo de cómo lo desarrollemos. Teniendo en cuenta la intensa labor filosófica del autor, no debe sorprendernos que incorporase a sus obras literarias tan necesaria técnica.

En Niebla, los postulados filosóficos de Unamuno se vuelcan en el hecho literario. Conocedor como era de una de las teorías que el filósofo y psicólogo estadounidense William James (1842-1910) expuso en su monumental Los principios de la psicología (1890), utilizó el «flujo de conciencia», que este consideraba imprescindible para el desarrollo personal, como pivote principal de su «nivola». Desde el prologuista hasta el propio autor, pasando por Augusto Pérez, protagonista principal de la obra, se interpelan y expresan sus pensamientos a través de su flujo de conciencia, sus monólogos interiores y los diálogos que entre ellos mantienen. Así, Niebla se convierte en un juego de espejos en que la acción avanza como por un laberinto de apariencias y pareceres que invitan al lector a mantenerse en un estado de atención y reflexión continua.

Si bien Unamuno se permitió atacar el modernismo de Rubén Darío, según él anquilosado por una excesiva muestra de formalismo barroco en que «cuesta descubrir la famosa corriente o flujo continuo de James», Niebla no deja de ser, también, un experimento en sus formas. Tomando no pocas de las herramientas que tan magníficamente utilizase Cervantes (1547-1616), Unamuno deja a sus protagonistas, y a él mismo, como autor, a expensas de sus pensamientos subconscientes, permitiendo que estos plasmen su propia evolución. Y ya sabemos que lo subconsciente no está exento de barroquismo, metáforas e imágenes inquietantes.

Los postulados filosóficos de Unamuno deseaban constatar que el pensamiento es un proceso que se realiza en la expresión del lenguaje. Por ello, en Niebla se entrega al lenguaje para irle quitando capas a la cebolla del yo de su protagonista, Augusto Pérez. Lo hace edificando sus páginas en el interior de cinco círculos concéntricos en que se expone la realidad del propio autor, la del protagonista de su obra, la de este al tomar consciencia de ser un ente de ficción, la que descubre al enfrentarse a su creador y la de ambos ante el lector.

Dichos círculos son recorridos por el lector asistiendo a los numerosos diálogos, interiores y externos, y al flujo de conciencia tanto del propio autor como de su principal protagonista. Todo ello, para que Unamuno constate su teoría de descubrimiento del propio «yo» a través de la necesaria conversación interior. El pensamiento como proceso que se realiza en la expresión del lenguaje. Un lenguaje al que solo le quedan huecos que el lector se verá obligado a rellenar con sus propias experiencias y pensamientos para ser completo.

Ya en su ensayo Soledad (1905), avanzó Unamuno el convencimiento filosófico que llevaría al plano literario con Niebla, al afirmar que «no hay más diálogo verdadero que el que entables contigo mismo, y este diálogo solo puedes entablarlo a solas. En la soledad, y solo en la soledad, puedes conocerte a ti mismo como prójimo; y mientras no te conozcas a ti mismo como prójimo, no podrás llegar a ver en tus prójimos otros yos». Pablo Cerezal es escritor. Ethic, 10 de julio de 2026.