miércoles, 22 de julio de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. FUEGOS ARTIFICIALES EN LA FINAL DEL MUNDIAL, POR PILAR MERA. 22 DE JULIO DE 2026

 







Después de un año, que en el reloj de una niña de tres años es media eternidad, por fin llegaron los fuegos de Bouzas. Para mi peixiña, los fuegos de Bouzas son sinónimo de magia, familia, jolgorio, gente contenta y la puerta de nuestros cumpleaños. Alegría, esperanza y un ciclo que vuelve a empezar. Este año coincidieron con la final del Mundial y se retrasaron hasta la una de la madrugada. Vigo celebró el título llenando el cielo de colores. De camino al paseo marítimo donde los vemos, mi peixiña observaba risueña los ruidos jubilosos. En un momento de iluminación, frunció las cejas y me preguntó: “¿Por qué estamos contentas, si nuestro equipo es el Celta?” Mientras me sumergía en el proceloso mar de las identidades complejas y le explicaba que nadie puede disputar el lugar del Celta en nuestro corazón, que son competiciones distintas, que es bueno compartir celebraciones, y que además estaba Borja Iglesias, me preguntaba ¿cuántos fogonazos de esta noche recordará? ¿Cómo serán el mundo y ella cuando pasen unos cuantos mundiales?

Tengo pocos fogonazos del Mundial de España, que me pilló más o menos de su tamaño. Naranjito, mucho barullo en Vigo y un montón de señores bigotudos. Mis recuerdos claros llegan con las noches en familia de México 86. A partir de ahí, miles de escenas. En lugares distintos, con emociones cruzadas, curiosidad futbolera y casi siempre en familia. En este camino largo hemos cambiado mucho. El mundo, España, y mis hermanos y yo, que nos hemos convertido en adultos. Gente querida se ha ido y otros, como mi peixiña, han venido a llenarnos de luz.

En tiempos de crisis, en los que no paramos de señalar lo malo, está bien tener excusas para frenar y ser conscientes de lo construido en las últimas décadas. De vivir en dictadura hemos pasado a ser punteros en derechos sociales, con avances significativos en igualdad de género y en reconocimiento y protección a quienes habían vivido ocultos, sin existir para los demás o siendo objeto de burla en una sociedad machista que parecía monocolor. Hemos ganado en salud, educación y calidad de vida. Sigue habiendo muchos temas pendientes, sí, y estamos en un momento crítico, donde demasiados se esfuerzan por desmontar lo construido. Por eso mismo es importante reconocer con orgullo la importancia de estos logros y sentir una determinación feroz por defenderlos y hacerlos crecer. Blindar la alegría, la esperanza y el ciclo que vuelve a empezar. Para que cuando mi peixiña y su generación hagan balance dentro de un puñado de mundiales, vivan en un mundo que siga mereciendo la pena defender. Pilar Mera es historiadora. El País, 21 de julio de 2026.






















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