Los días previos al inicio del Mundial, le preguntamos al redactor jefe de Deportes de La Vanguardia, Joanjo Pallàs, si creía que esta iba a ser la edición mundialista más extraña de la historia por las circunstancias que la han rodeado: Tres países anfitriones, largos desplazamientos, selecciones presentes de países en guerra, mucha fijación por el negocio, pausas de hidratación para dar cobijo a la publicidad, precios de las entradas para ricos, excesiva permisividad arbitral y la impresentable influencia política, entre otras.
Pallàs contestó que nada de esto sería importante desde el mismo momento en que se pusiera a rodar la pelota. Y así ha sido. El fútbol entendido en su extensión más pura se ha comido al resto de polémicas. Nuevamente, la atención se ha fijado en el juego y en la pasión de las aficiones. Y la victoria de España es el mejor ejemplo porque ha sido la que más ha representado la esencia futbolística. El dominio total de ayer ante Argentina no tiene discusión.
Muchos aficionados al fútbol que consideran la Masía como uno de los lugares donde se guardan las esencias de este deporte, tenían el corazón dividido antes de la final del Mundial. ¿Quién quieres que gane? No eran pocos los que contestaban que daba igual porque cualquiera que fuera el resultado, la victoria era un poco del Barça. Por Messi, en primer lugar, y por el elenco de alumnos aventajados de la enorme escuela futbolística culé que dan forma esencial al juego de la selección española.
Pero este Mundial no ha sido normal. La política y el ansia de hacer negocio ha marcado la competición. Debo confesar que yo me contaba entre los que consideraba que España no podía ganar porque Trump no habría resistido entregar la copa a la selección de un país a quien detesta. Según sus propias declaraciones, “España es una causa perdida, son mala gente”. Pero todavía era más grave para él que la ‘Roja’ arrebatara el título mundial a la Argentina de su buen amigo Milei. Dado que Trump ha querido convertir este Mundial en una herramienta más de su particular política, no daba muchas opciones a la victoria de España por razones extradeportivas. Pero el buen juego ha podido más que la política, incluso para el mismo presidente estadounidense. ¡Felicidades campeones, sois muy buena gente! Enric Sierra es vicedirector de La Vanguardia. 20 de julio de 2026.



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