El jueves, el PP emitió un comunicado a raíz de la sentencia del Tribunal de la UE que avalaba el fin conciliador de la amnistía, donde incluía la siguiente frase: “Todavía diez años más tarde, Catalunya intenta recuperarse de ese gran proceso tóxico”. No aclaraba la nota en qué ha contribuido el PP a la recuperación, pero sobre todo no aportaba una pista de qué plan tiene para que Catalunya supere su pasado y mire con optimismo al futuro si las próximas elecciones generales los llevan a la Moncloa.
Si el proceso ha sido tóxico, tal como lo califican los populares, los catalanes tenemos todo el derecho a saber cuál va a ser su manual de primeros auxilios para recuperarnos. Cuando alguien ha consumido algo tóxico, mientras llega el médico, se recomienda alejar a la persona de la fuente de peligro, ventilar el área, identificar el tóxico y ponerla en posición de seguridad para que no se ahogue. En esta década a la que se refiere el PP, no parece que haya hecho una gran contribución al sosiego, ni a la recuperación del enfermo.
Catalunya es una asignatura pendiente del PP y, aun siendo cierto que últimamente Alberto Núñez Feijóo ha venido con frecuencia a este territorio, debería ampliar su ámbito de encuentros y perfilar un plan que contemple cuestiones que los catalanes tenemos tan interiorizadas como una mejor financiación y unas mejores infraestructuras. En su última intervención en el Cercle d’Economia, dijo que “Catalunya no debería seguir aspirando a lograr las cosas ni por colisión ni por coacción, sino por convicción”. ¿De verdad cree el presidente del PP que a los catalanes nos falta convicción sobre el país que queremos? ¿No será que la colisión ha sido el resultado de no haber sabido atenderse las necesidades básicas de un territorio mal financiado al que han llegado más de dos millones de inmigrantes, porque les hacían falta a la industria y a los servicios, que han colapsado no solo Rodalies o las autopistas, sino también la sanidad, la educación o la vivienda?
Para recuperarnos de toxicidades pasadas, se necesita algo más que unos golpecitos en la espalda o un botiquín de urgencia. El PP debería explicarnos cuál es su fórmula magistral. Si es que la tiene. Màrius Carol es consejero editorial de La Vanguardia. 19 de julio de 2026.


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