lunes, 5 de mayo de 2025

Del poema de cada día. Hoy, "Верлен и Сезанн" / "Verlaine y Cézanne", de Vladímir Mayakovski

 






“ВЕРЛЕН И СЕЗАНН”



Поэзия -

та же добыча радия.

Единый грамм добычи,

год труда.

Изводишь единое слово ради слова

тысячи тонн

словесной руды.


Но разве забудешь

радость первую -

в сокровище слово

ввести?

Разве забудешь,

как в землю мертвую

вдруг вонзились

растущие листы?


Вонзите!

Чтоб стих

зажегся стих,

чтоб дымом пороховым

рассудок плавил!

Чтоб стих

рванулся,

рассек,

разрыл,

чтоб конь

в зубах везды

удила плавил!


Вонзите ж!

Чтоб в крике

"Распни!"

вдруг стало слышно:

"Радуйся!"

Чтоб в громе

"Возьми!"

узнали вдруг:

"Пожалуйста!"


Художник,

что ты нам

нарисовал?

Зачем ты мучил

полотно в дыму?

"Да это ж

вылез

нос кривой

из тьмы

веков,

навстречу кому?"


Поэзия -

та же живопись:

поэты

губами сухими

по выжженной

сердцем

пустыне

гонят

верблюдов стиха.


А живопись -

та же поэзия:

художник

вымачивает

в черной туши

зубья

лет,

чтоб время

могло

сказать.


Вот так и я

кричу,

в столетье ввинчиваясь,

чтоб в черепе

дня

запомнили

звон катящихся

строк.




***




VERLAINE Y CÉZANNE




La poesía

es la misma extracción de radio.

Un solo gramo de extracción,

un año de trabajo.

Agotas una sola palabra por la palabra

miles de toneladas

de mena verbal.


¿Pero acaso olvidarás

la primera alegría -

introducir

una palabra en el tesoro?

¿Acaso olvidarás

cómo en la tierra muerta

de repente se clavaron

hojas que crecen?


¡Clavad!

Para que el verso

encienda verso,

¡para que el humo de pólvora

funda la razón!

Para que el verso

se lance,

corte,

excave,

¡para que el caballo

en los dientes de la estrella

funda el freno!


¡Clavad, pues!

Para que en el grito

"¡Crucifícale!"

de repente se oyera:

"¡Alégrate!"

Para que en el trueno

"¡Toma!"

de repente reconocieran:

"¡Por favor!"


Artista,

¿qué nos

has dibujado?

¿Por qué torturaste

el lienzo en el humo?

"Pues esto es

una nariz torcida

salió

de la oscuridad

de los siglos,

¿al encuentro de quién?"


La poesía

es la misma pintura:

los poetas

con labios secos

por el desierto

del corazón

quemado

arrean

camellos de versos.


Y la pintura

es la misma poesía:

el artista

empapa

en tinta negra

los dientes

de los años,

para que el tiempo

pueda

hablar.


Así también yo

grito,

atornillándome al siglo,

para que en el cráneo

del día

recuerden

el sonido de las

líneas que ruedan.




***




VLADÍMIR MAYAKOVSKI (1893-1930)

poeta ruso






















De las viñetas del blog de hoy lunes, 5 de mayo de 2025

 





















































domingo, 4 de mayo de 2025

De los moros inocentes. Especial único de hoy domingo, 4 de mayo de 2025

 






¿Cómo vamos a sentirnos tan de “aquí” como el que más si sabemos que la discriminación puede llegar hasta la Audiencia Nacional?, comenta en El País [A nadie le importa un moro inocente, 02/05/2025] la escritora Najat El Hachmi, sobre la negativa de la Audiencia Nacional a indemnizar a Ahmed Tommouhi. Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, comienza diciendo El Hachmi, fueron condenados por varias violaciones que no cometieron. El segundo murió en la cárcel, y el primero ha pasado en ella 15 años de su vida, aunque su inocencia fue demostrada cuando ya había cumplido seis de condena. Ahora la Audiencia Nacional le ha negado la indemnización que pedía por ese terrible error judicial. Cinco magistrados han decidido que este hombre cuya vida cambió para siempre no merece que le sea restituida la inocencia y que el Estado compense el daño que le ha causado. Y no solo eso. También lo condenan a pagar las costas del proceso. Cuesta mucho comprender esta decisión y más cuesta no atribuirla a factores que no sean judiciales. ¿Cómo pueden afirmar sus señorías que no fue un fallo no tener en cuenta otra prueba que la del reconocimiento? ¿Acaso se puede privar de libertad a una persona inocente y que no pase nada? Margarita Robles, que fue una de las juezas que dictó la sentencia de Tommouhi, no ha pedido perdón por tan craso error. Y, por supuesto, esa derecha antifeminista que se pasa el día diciendo que las denuncias por violación son falsas tampoco ha salido en defensa de ese moro, que por moro algo haría.

Es perturbador darnos cuenta de que la judicatura parece tener un sesgo por procedencia. Es difícil no acordarnos de cuántas veces se ha confundido a un moro con otro moro (es que a mí me parecéis todos iguales, me han llegado a decir, como los chinos) y no relacionar este trato injusto con la construcción del estereotipo del moro como salvaje violador. No parecen atender los jueces a cómo perjudican casos como este el proceso de integración de los nuevos españoles en un país que ya consideran suyo. ¿Cómo vamos a sentirnos tan de aquí como el que más si sabemos que la discriminación puede llegar hasta la Audiencia Nacional? ¿Y por qué este caso, que es un escándalo, una flagrante injusticia, no está estremeciendo de indignación a la opinión pública? ¿Cambiaría algo si en vez de Tommouhi el damnificado se llamara García o Fernández? En todo el tiempo que ya se sabía que los dos hombres eran inocentes, ¿por qué nadie movió un dedo por ellos? Las vidas de los moros, se diría, no valen igual que las vidas de los ciudadanos patrios. Eso sí, luego vendremos a expresar nuestra indignación por la muerte de George Floyd y el racismo en Estados Unidos y que si Donald Trump es de lo peor. De lo peor es la indiferencia ante el maltrato continuado a un inocente.
















sábado, 3 de mayo de 2025

De las entradas del blog de hoy sábado, 3 de mayo de 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 3 de mayo de 2025. Los partidos políticos añoran hoy en sus rivales las mismas ideas y nombres que denostaron con dureza en el pasado escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el filósofo Manuel Cruz. En la segunda del día, un archivo del blog de marzo de 2017, el politólogo Víctor Lapuente escribía que no asistimos a una lucha global entre fascismo y liberalismo, sino entre verdad y mentira. El poema del día, en la tercera, de la poetisa lituana Greta Ambrazaité, se titula "El mundo termina así", y comienza con estos versos. "No con un estruendo, sino con un susurro./Alguien dice: basta./Y todo se disipa/como la niebla matutina sobre los campos". Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt











Del futuro que se nos viene encima

 






Los partidos políticos añoran hoy en sus rivales las mismas ideas y nombres que denostaron con dureza en el pasado escribe en El País [Cuerpo a tierra, que viene el futuro, 28/04/2025] el filósofo Manuel Cruz. En el debate político de nuestro país se ha instaurado poco menos que como una costumbre el hecho de que los partidos reprochen a sus adversarios no lo perverso de su ideario sino justamente lo contrario, esto es, el incumplimiento de —cuando no la traición a— sus principios doctrinales básicos, comienza diciendo Cruz. Así, la izquierda lleva mucho tiempo declarando que lamenta profundamente que la derecha no se conduzca como una fuerza auténticamente liberal-conservadora y que, en lugar de ello, haya sustituido tan respetable convencimiento por una querencia de matriz cavernícola que la aproxima a la extrema derecha, cuando no hace que se confunda con ella. Otro gallo nos cantara, se nos dice, desde el punto de vista del buen funcionamiento de la esfera pública, si los responsables de la derecha abandonaran esos inquietantes coqueteos y se decidieran a comportarse como sus mejores homólogos europeos.

El argumento es simétrico al utilizado por la derecha que, en especial cuando critica a los socialistas, lo que también les reprocha es precisamente el abandono de las posiciones que en el pasado habían defendido hasta el punto de que constituían sus más genuinas señas de identidad. Es en este contexto en el que se escenifica una sobrevenida y repentina añoranza de aquellos líderes progresistas que gobernaron este país en los primeros compases de la democracia, aunque en su momento, por cierto, eran objeto de despiadados reproches por parte de quienes tanto declaran añorarles ahora. Tal es el caso de figuras enormemente denostadas entonces, como Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba, Alfonso Guerra y algunos otros de la misma sintonía política. Pues bien, sería la ausencia de este tipo de figuras, remata la derecha su razonamiento, lo que se encontraría en el origen de todos los bandazos y desvaríos erráticos que andan cometiendo sus adversarios de izquierda de un tiempo a esta parte.

Como doy por descontado que ambos sectores son conocedores de la célebre máxima de Napoleón (“cuando el enemigo se equivoca no hay que distraerle”), me permitirán que ponga en duda la sinceridad de sus lamentaciones y tienda a pensar que en el fondo de su corazoncito celebran lo que de puertas afuera proclaman lamentar. Sobre todo si tenemos en cuenta que las mencionadas críticas suelen ir acompañadas de un consejo que difícilmente podría merecer otro adjetivo que el de farisaico. Me refiero al recurrente: “les iría mucho mejor a ustedes si se comportaran como…”, y a continuación la reivindicación del pasado del adversario que en cada caso convenga al crítico. Pero quizá lo importante aquí no sea tanto la sinceridad de tales planteamientos (francamente cuestionable) sino lo que en sí mismos tienen de síntoma.

Porque está lejos de ser obvia una crítica al adversario consistente en reconocer las virtudes y potencialidades de su propuesta política y en censurar a los representantes actuales de la misma que se aparten de su inspiración fundacional. De hecho, uno de los enfoques más recurrentes en el debate político era, desde bien antiguo, de signo opuesto. Era el que denunciaba hasta qué punto los errores del adversario en el pasado, lejos de ser casuales, podían ser considerados como estructurales y, en esa misma medida, resultaban premonitorios de sus desaciertos presentes. Pues bien, no solo parece haberse renunciado a impugnar la totalidad de las propuestas teórico-políticas del rival, sino que, simultáneamente, parece haberse renunciado a presentar las propias como remedio futuro para los desaciertos actuales.

De forma sutil, con la boca pequeña, casi por defecto, se ha ido deslizando hasta generalizarse la idea de que tal vez lo mejor (o, si más no, lo menos malo) sea intentar traer al presente algo de lo que en un momento anterior demostró ser de utilidad, en ocasiones incluso con independencia de que lo ahora reivindicado hubiera sido promovido en su momento por los predecesores de los actuales adversarios. Tanto se ha generalizado el convencimiento que no constaría poner ejemplos de signo completamente opuesto. Por un lado, es lo que se viene haciendo últimamente desde el govern socialista de la Generalitat de Cataluña con la figura de Josep Tarradellas, presentada como modélica desde el punto de vista político, a pesar de pertenecer a otra formación, distinta al PSC. Pero también es lo que, del otro lado, se ha comentado que está ocurriendo en Andalucía, donde el actual presidente de la Junta, el conservador Moreno Bonilla, parece estar convencido que la mejor estrategia para mantenerse en el gobierno andaluz es, en ausencia de un específico modelo propio para gestionar su autonomía, no abandonar el grueso de políticas que le permitieron a la izquierda mantenerse en el poder durante décadas.

Sin duda gran parte de tales reacciones se dejan interpretar en términos de resaca tras la extraordinaria agitación de la década pasada, tan presuntamente inaugural. A lo largo de la misma, tuvimos la oportunidad de asistir a una auténtica explosión de discursos marcadamente rupturistas tanto en lo político-social como en lo territorial, los cuales impugnaban la totalidad de la herencia colectiva recibida en nombre de un proyecto de futuro ilusionante para muchos —no debería haber el menor inconveniente en reconocerlo— a pesar de su imprecisión. Pues bien, lejos de convertirse en hegemónicos, como su inicial éxito electoral podía hacer pensar, tales discursos fueron incapaces de cristalizar en ninguna específica propuesta.

Pero la resaca, por más que haya existido, no lo explicaría todo. Por idéntico motivo, constituiría un severo error centrar en quienes ocuparon durante un tiempo el centro del escenario público la completa responsabilidad tanto de lo sucedido como, sobre todo, de lo no sucedido. Porque la estéril inanidad en la que han terminado desembocando determinadas actitudes políticas, que se presentaban como regeneradoras de todo lo precedente, más allá de que resulten en parte comprensibles a partir de las condiciones subjetivas de sus actores principales, tiene una base objetiva, un fundamento in re. Aquellos fugaces protagonistas de la obra toparon, por así decirlo, con la dureza de lo real. La misma dureza que empuja a quienes, resacosos, les han sucedido en el ejercicio del poder o en la representación a volver la vista atrás, a dirigir su mirada hacia aquellos momentos del pasado que todavía parecen conservar alguna virtualidad para el presente.

Ahora bien, esa mirada, en caso de resultar inevitable, tendrá que ser necesariamente crítica. Porque no se trata de buscar en un pasado que, por definición, no puede regresar el refugio ante las inclemencias del presente. Si en un momento determinado conviene retroceder a lo anterior ha de ser para intentar detectar el momento en el que pudimos tomar el camino equivocado o en el que dimos lugar con nuestro obrar a unos efectos que ahora valoramos como indeseables, por más bienintencionadas que fueran las causas que los generaron. Porque no cabe olvidar que también somos eso: productores de incertidumbre cuando no, directamente, de nuevos y constantes errores. Con un añadido insoslayable, y es el de que nos podemos equivocar no solo en lo que hacemos, sino también en lo que pensamos, esto es, en las teorías que elaboramos para entender lo que nos pasa.

Así las cosas, tal vez las fuerzas políticas deberían de una vez por todas abstenerse de producir ese ruido confuso, consistente en recomendar a sus rivales a qué etapa anterior (más o menos mítica) les convendría regresar para, en lugar de eso, aplicarse a analizar ellas mismas no sólo qué errores prácticos cometieron en el pasado sino también qué pensaron mal, esto es, hasta qué punto las herramientas conceptuales y discursivas con las que iban pretendiendo interpretar la realidad no conseguían explicarla adecuadamente. Quizás así conseguirían abrir alguna grieta en ese futuro que ahora tiende a percibirse como impenetrable. Deberían tenerlo presente sobre todo quienes tanto gustan de externalizar la tarea y endosar al adversario político una responsabilidad que en realidad solo a ellos compete (por más que se empeñen en esquivarla). Manuel Cruz es catedrático de Filosofía y expresidente del Senado.




















[ARCHIVO DEL BLOG] 1984. Publicado el 07/03/2017

 






No asistimos a una lucha global entre fascismo y liberalismo, sino entre verdad y mentira, escribe en El País [1984, 07/03/2017] el politólogo Víctor Lapuente. Se han disparado las ventas de 1984, comienza diciendo Lapuente, la novela de George Orwell sobre la vida en un régimen totalitario. Quieren convertirla en un musical de Broadway. Y es que el pasatiempo intelectual de moda es encontrar paralelismos entre la política actual, con sus Trump, Le Pen o Putin, y el fascismo. Es un error.

El mundo no está viviendo una deriva totalitaria, sino autoritaria. No es una diferencia semántica, sino de sustancia. Los regímenes totalitarios, como el fascismo, el nazismo o el comunismo, tienen un objetivo positivo. Quieren unos ciudadanos comprometidos con la causa. Para ello montan sistemas propagandísticos, como el Ministerio de la Verdad descrito por Orwell, que transmiten sus mentiras. Los líderes totalitarios necesitan la credulidad de los súbditos. Consecuentemente, tratan de controlar los intercambios de información.

Por el contrario, los líderes autoritarios tienen un objetivo negativo. No quieren que los ciudadanos crean noticias falsas, sino que no crean nada. Ni sus mensajes ni los de la oposición. Anhelan que los ciudadanos desconfíen de cualquier fuente de información y así no abracen causa política alguna. Para ello es bueno que la información circule de forma contradictoria y descontrolada.

Los autócratas más longevos cultivan la desafección. La base social del franquismo no eran unos ciudadanos comprometidos, sino apáticos. Que no se creían las mentiras del régimen, pero tampoco las verdades de la oposición. Así consiguió Franco durar más que todos los dictadores totalitarios de entreguerras. Y morir en la cama.

Ese es el peligro al que nos enfrentamos. No asistimos a una lucha global entre fascismo y liberalismo, sino entre verdad y mentira. No ha sido la polarización ideológica, sino las mentiras (conspiraciones sobre el 11-S, terrorismo o inmigración) lo que ha traído a los líderes del nuevo autoritarismo. No les venceremos intentando persuadir a los ciudadanos de las bondades de un mundo democrático, abierto y liberal, sino confrontando sus mentiras con verdades neutras y asépticas. No es el liberalismo, sino la verdad la que nos hará libres. Victor Lapuente es politólogo.

















Del poema de cada día. Hoy, "Pasaulis baigiasi sitaip" / "El mundo termina así", de Greta Ambrazaité

 







PASAULIS BAIGIASI SITAIP



Ne trenksmu, o šnabždesiu.

Kažkas pasako: gana.

Ir viskas išsisklaido

kaip rytinis rūkas virš laukų.


Lieka tik vėsus oras

ir keistas jausmas,

kad kažko labai trūksta,

nors nežinai ko.


Tai lyg pabudus sapne,

kurio nepamename,

bet žinome, kad buvo kažkas svarbaus,

kas dabar dingo be pėdsakų.




***




EL MUNDO TERMINA ASÍ 



No con un estruendo, sino con un susurro.

Alguien dice: basta.

Y todo se disipa

como la niebla matutina sobre los campos.


Solo queda el aire fresco

y una extraña sensación

de que falta algo mucho,

aunque no sepas qué.


Es como despertar de un sueño

que no recordamos,

pero sabemos que hubo algo importante,

que ahora se ha ido sin dejar rastro.



***



GRETA AMBRAZAITÉ (1993)

poetisa lituana