lunes, 26 de octubre de 2026

ESPECIAL TRES DE HOY LUNES: ECHAR A SÁNCHEZ, POR DIEGO S. GARROCHO

 






Mi primer objetivo es que Sánchez se vaya. La frase la pronunció Alberto Núñez Feijóo en su entrevista con Aimar Bretos en la Cadena Ser. Aunque durante la conversación se le percibió algo incómodo, aquella declaración no fue un lapsus ni una torpeza. Resume a las claras la prioridad programática de su proyecto político. Pero, en su simplicidad, revela también algunas cosas.

Si las encuestas no mienten y los populares no se pegan algún tiro en el pie durante la campaña, es probable que la suma del PP y Vox supere holgadamente la mayoría absoluta. Esta previsión hace muy factible que Feijóo alcance su principal objetivo: echar a Sánchez. El problema es que, con ese propósito obsesivo, ha descuidado buena parte de la responsabilidad que le corresponde como líder de un partido llamado a abrir un ciclo político.

Es posible que las derechas sumen, pero los últimos sondeos coinciden en señalar una pérdida relevante de apoyos del PP frente a un ascenso de Vox. Ante el avance de la derecha populista, la tradicional ha optado por sacrificar el carácter institucional de su mensaje en redes, degradar la palabra pública y olvidar su deber de preservar la ortodoxia democrática dentro de su espacio político. Los más convencidos insisten en que hay que “quitarse complejos”, pero es la inseguridad la que puede acabar disolviendo la personalidad reconocible de la propia marca. Al macarra de la clase no se le imita por falta de complejos, sino precisamente por miedo.

Feijóo es algo más que el líder del PP. Dirige la primera fuerza parlamentaria y tiene ante sí la responsabilidad de devolver a este país la amistad civil y la estabilidad institucional, así como de activar una urgente agenda regeneracionista. Todas estas misiones colisionan frontalmente con los planes de los de Abascal y rebasan, con mucho, ese pobre propósito de echar a Sánchez.

El antisanchismo no es más que la expresión de una servidumbre intelectual y política. Y se trata, robándole la expresión a Sartre, de algo parecido a una pasión inútil. Es posible que Feijóo cumpla su sueño. Pero, si lo hace con un Vox al alza y un Sánchez resiliente o incluso victorioso en las urnas, habrá satisfecho tan solo la parte más modesta de su encomienda. España merece afianzar sus instituciones democráticas y, para ello, hay que combatir con la misma vehemencia tanto el populismo de inspiración kirchnerista como el que comienza a contagiarle desde la derecha. No emular aquello que se dice querer combatir podría ser un buen principio. Diego S. Garrocho es escritor. Publicado en El País.























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