viernes, 22 de mayo de 2026

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 22 DE MAYO DE 2026

 





















DEL ARCHIVO DEL BLOG. LA PALABRA JUDÍO. POR MARTÍN CAPARRÓS. PUBLICADO EL 22 DE MAYO DE 2024

 








¿Qué significa ser judío? Yo debo serlo: mi madre lo es porque su madre lo fue porque su madre lo fue. Así que soy judío, aunque, en la práctica, me define más ser escritor o hincha de Boca. Pero lo soy, aun si no termino de saber qué es eso. Ser judío, dijo algún judío, es preguntarse qué significa ser judío.

No es, sin duda, una religión, y esa es su originalidad. Nadie diría soy católico porque sus antepasados lo fueron. Diría, si acaso, soy español, soy mexicano, soy croata, y católico si creyera en su dios. Los judíos no: para ser uno, alcanza con ser hijo de una. No es una decisión, es una herencia; no es una creencia, es una tradición.

Ser judío es, para mí, una manera de leer la historia, recordar un recorrido de milenios por todo tipo de vicisitudes, recordar tantos filósofos y músicos y sastres y obreros que lo fueron, recordar que a mi bisabuela Gusztawa Rosenberg la asesinaron los alemanes en Treblinka, y recordar con orgullo que los judíos fueron uno de los muy pocos pueblos que vivieron siglos sin Estado ni reyes ni dinero ni cárceles. Esa era su distinción, su diferencia —que les valió persecuciones y matanzas. Todavía, en castellano, la palabra judío puede ser un insulto. Lo sostiene el Diccionario de la RAE: una de sus acepciones es “persona avariciosa o usurera”. Y los señores académicos la mantienen y muchos hispanoparlantes lo creen. Como se creen, ahora, que judío e israelí son sinónimos.

Fue una pena: a mediados del siglo pasado, cuando la masacre superó todo lo previsible, la respuesta de algunos judíos consistió en perder su diferencia, armar un Estado, armarlo, parecerse a los otros. Yo lamento que se haya creado ese país: hubiera sido mejor seguir mezclándonos, moviéndonos, descreyendo de ejércitos y jefes. Pero entonces no parecía posible, y ahora somos muchos los que lamentamos que Israel —como Irán, Arabia, El Salvador— haya sido secuestrado por una camarilla de extrema derecha y que, so pretexto de haber sido víctimas, haga víctimas a otros.

Soy judío, decía. Y eso, pese a lo que suponen muchos ignorantes, no supone que defienda a Israel. Por eso lamento también que tantos españoles y ñamericanos se crean —o pretendan creer— que judío e israelí son la misma cosa y, peor, que israelí y Gobierno israelí también lo son. Son muchos los israelíes y somos muchos los judíos que no compartimos sus políticas —como fueron muchos los norteamericanos que no quisieron pelear contra Vietnam, muchos los españoles que no apoyaron los asesinatos franquistas.

Por eso me duele que la violencia del Estado de Israel sirva para refrescar el antisemitismo clásico. Me duele, por ejemplo, la ligereza con que tantos periodistas atribuyen el apoyo norteamericano a Israel a un supuesto “lobby judío”, tan poderoso y rico que obliga al Gobierno de EE UU a defender a sus correligionarios. Es la versión actual de esa panfletería que, durante siglos, pretendió que todos los judíos eran ricos, avaros, prestamistas rapaces, mentirosos: la vieja “conspiración judeo-masónica”, el Diccionario de la RAE. ¿No es más simple entender que Estados Unidos necesita una avanzada en una de las regiones más explosivas del planeta y que por eso sostiene a Israel desde hace casi 80 años? ¿O que cuando vende innúmeras armas a Israel el que gana fortunas es el famoso complejo industrial-militar norteamericano, sus fabricantes de armas —todos muy gentiles—, que forman un lobby tanto más poderoso que cualquier junta judía? ¿O que por eso el desdichado presidente Biden sigue perdiendo votos pero no detiene la masacre de Gaza?

Parece que no: que nos resulta más familiar hablar de esos “lobbies judíos”, oscuros y siniestros, en la mejor tradición del antisemitismo europeo. El Gobierno ultra de Netanyahu mata por la misma razón que muchos otros: para aferrarse a su poder. Es lo que hizo el general Galtieri cuando quiso invadir las Malvinas o el cabo Hitler cuando quiso hacerse con Europa. Más allá de que ese hombre sea judío o mahometano o hincha de River Plate, lo que importa son sus ambiciones, su política, su idea del mundo —que se parece mucho más a las de Trump, Orban o Bukele que a las de millones de judíos.

Yo —ya queda dicho— soy judío: no tengo nada que ver con señores como Netanyahu, de la misma forma en que soy español y rechazo a Abascal, argentino y rechazo a Milei. Pero a muchos les conviene mantener la confusión: que el Gobierno israelí no lo hace por ultraderechista, que lo hace por judío. La falacia es el producto de siglos de discriminación: sería bueno aprovechar esta desgracia para empezar a corregirla. Martín Caparrós es escritor.























DEL POEMA DE CADA DÍA, JUNTO A LAS PALABRAS, POR MIGUEL FLORIANO. 22 DE MAYO DE 2026

 







JUNTO A LAS PALABRAS



Cuando dejo de comprender, me acuerdo

de tu forma de guardar silencio.

Así estabas cerca,

mucho más cerca que un latido.

Después de todo, puedo decir que del único deseo

de ser realmente felices

nos queda todavía

lo que la vida confunde y trae a veces,

despierto inútilmente tras un cuerpo

o acaso delante de los ojos.

Sus rostros, idénticos a nubes.

Igual que ellas, nuestros pasos inciertos.

Sobreviven en cualquier cosa sencilla.

El dolor, sabio en los límites, antiguo como la distancia,

más allá de sí mismo, nos hacía ser iguales

a una música que aún nos huye.


Hoy me miras, pero no me sabes ya

tranquilo y humilde, verdadero.

Cuánto me gustaría haberte acompañado

en tu renuncia, haberme cuidado más,

mientras el tiempo, sucediéndose,

olvidaba su beso sobre los agravios.

Apenas reconozco a quien está conmigo,

no reconozco a nadie, y tampoco estas lágrimas

parecen mías.


Por eso deja que te recuerde

un momento tan solo, ahora que no comprendo,

junto a las palabras que quise para ti.



MIGUEL FLORIANO (1992)

poeta español



***



Miguel Floriano, poeta español (Oviedo, Asturias, 1992). Ha publicado los libros de poemas Diablos y virtudes (Seleer, 2013), Tratado de identidad (Oblicuas, 2014), Quizá el fervor (La Isla de Siltolá, 2015) y Claudicaciones (Renacimiento, 2016). Ha preparado, junto al poeta Antonio Rivero Machina, la antología Nacer en otro tiempo (Renacimiento, 2016). Sus versos se recogen también en revistas como Anáfora o Estación Poesía. Poemas suyos forman parte de la antología Re-generación (Valparaíso, 2016).





















DEL ASUNTO DEL DÍA. DEL 15-M AL IMPUTADO ZAPATERO, POR ESTEFANÍA MOLINA. 22 DE MAY0 DE 2026

 






Quizás Pedro Sánchez solo haya sido un espejismo político. El de pensar que España podía evitar más casos de corrupción presunta alrededor de un Gobierno. El de creer que el PSOE había superado la crisis existencial que 2011 dejó en el partido. Del 15-M que se montó cuando gobernaba José Luis Rodríguez Zapatero, hasta la derrota en Andalucía del pasado domingo hay algo más que 15 años de diferencia: asistimos también al fin de un ciclo político en la izquierda española, que coincide además con la investigación al expresidente socialista.

Si Sánchez existe como lo entendemos hoy es porque antes existió Zapatero. Es decir, el miedo a la pasokización cuando Podemos irrumpió en el tablero político impugnando la ortodoxia de Bruselas, que no solo aplicó Mariano Rajoy, sino que el PSOE había inaugurado en 2010 mediante los primeros recortes y la posterior reforma del artículo 135 de la Constitución para priorizar el pago de la deuda. Y también existió la sentencia del Estatut: una crisis territorial que Rajoy exacerbó, pero que el PSOE no pudo suturar frente a las ansias de mayor autogobierno de Cataluña. En definitiva, Pedro Sánchez solo ha sido el heredero natural de aquel momento político. De ahí su pánico a tener que hacer ajustes, que ha suplido a costa de deuda pública, del favor europeo y de la subida de las cotizaciones sociales, entre otras medidas. De ahí también su entendimiento con el independentismo mediante los indultos y la amnistía, para evitar a toda costa una gran coalición con la derecha.

En ese contexto, la imputación de Zapatero aparece casi como una alegoría, aun con el respeto a su presunción de inocencia. La izquierda que más ha bebido de su legado vuelve a navegar sin rumbo claro coincidiendo con la investigación al expresidente. Resulta curioso que el partido de los indignados, que fue Podemos, recele tanto de cualquier acción judicial sobre el PSOE, cuando ellos decían querer fiscalizar al bipartidismo más que nadie. Ferraz también debería reflexionar sobre hasta dónde ha llegado cierto populismo en sus relatos, si hoy mucha gente es incapaz de asumir una imputación sin cuestionamiento previo, con independencia de si el expresidente termina o no exonerado.

Pese a ello, la crisis de la izquierda no tendrá tanto que ver con Zapatero como con Sánchez: tan orientado a corregir las debilidades de su predecesor, finalmente ha terminado por completar su propia obra. El presidente no solo ha logrado impedir cualquier sorpasso entre sus competidores, erigiéndose hoy en líder el indiscutible de su espacio político, sino que ha devuelto el poder de la Generalitat al PSC. Su problema es que España está girando a la derecha y, en ese giro plurinacional de un PSOE que ya solo mira a Euskadi y Cataluña, el partido ha empezado a secarse en el interior y en el sur, donde difícilmente podrá volver a gobernar en mucho tiempo, como el reciente ciclo de elecciones autonómicas ha hecho evidente.

El resultado de ese agotamiento se nota en que Sánchez solo puede pivotar ya en torno a la bunkerización de su proyecto. Primero, porque probablemente la estrategia de enviar ministros a competir en los territorios jamás buscó ser exitosa. Quizás el objetivo era tomar el poder territorial con afines a Ferraz y acallar a las federaciones que pudieran ser críticas de cara a las municipales: muchos alcaldes y concejales se tiran de los pelos porque no quieren ir a elecciones locales antes de que haya generales. Tal vez se haya asumido desde La Moncloa que sacrificar a las autonomías era el mal menor a cambio de mantener el relato de los pactos entre el Partido Popular y Vox, procurando además el blindaje orgánico de aquí a 2027.

Segundo, Sánchez ni siquiera tendría hoy socios con quienes regresar al poder, aun si ganara las elecciones. Gabriel Rufián, convertido en fiel escudero del PSOE, probablemente no lo sepa, pero el poder no se casa con nadie. Si su tándem junto a Irene Montero no cuaja, pronto aparecerán alternativas más sugerentes. Sería lógico pensar que en La Moncloa estén contando escaños tras observar el auge de Adelante Andalucía, Chunta Aragonesista, BNG o Bildu: otro eco de la era post Zapatero. Los brotes verdes de la izquierda no están hoy en Yolanda Díaz, sino en las izquierdas de proximidad, con aire regionalista. Generan ilusión entre parte de la gente joven frente al auge de Vox, y lo hacen por delante de marcas como Podemos, que parecen hablar ya solo desde la virtualidad política e irradiar sus campañas desde el centralismo madrileño.

Sin embargo, los brotes verdes tienen un problema, como también supo Zapatero: es cuestión de fe creer en ellos. El PSOE da hoy síntomas de final de ciclo político, y esta vez no parece que vaya a resolverse sin una travesía por el desierto. Del 15-M a la imputación del expresidente en 2026, la izquierda española va camino de reinventarse, pero esta vez ni el populismo indignado es un reto, ni la secesión es ya una prioridad en Cataluña. España es otra tras 15 años. Todo proyecto político es también —y debería serlo— el producto del tiempo que les tocó vivir a sus ciudadanos y a sus líderes a cada momento. Estefanía Molina es analista política. El País, 21 de mayo de 2026.



























SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA. HOXE, VENRES, 22 DE MAIO DE 2026, EN GALEGO

 






Ola, bos días de novo a todos e feliz venres. Nunca me gustaron nin compartín as teorías da conspiración, o que a Real Academia Española e o seu Dicionario definen como "conspiranoia". Nin sequera as que hipoteticamente poderían favorecer os meus hipotéticos intereses políticos —intereses, non persoais— que non adoito revelar agás aos meus amigos máis próximos. O último rumor que circula, como sempre, polas redes sociais, e que escoito de xente que me importa (porque eu mesmo non os leo, aínda que publico neles), é que a acusación, ou sexa cal sexa o termo xurídico, do expresidente Zapatero é unha estrataxema do propio presidente Sánchez para garantir que o seu xuízo e probable absolución teña lugar en España. A consecuencia xurídica, entón, é que, dado que ninguén pode ser xulgado dúas veces polo mesmo delito, os Estados Unidos de Trump (xa me está custando dicir os Estados Unidos de América) non poden solicitar nin obter a súa extradición para ser xulgado alí, na EUT. Cada persoa ten os seus límites. Eu teño os meus, por suposto, pero non vos vou falar deles. Pero si quero compartir un: hai que ter unha enorme capacidade de credulidade para confiar nun sistema de xustiza como o da EUT, cun Tribunal Supremo á cabeza, absoluta e radicalmente submiso ás parvadas do seu sempre tan eloxiado presidente, que os deuses o maldigan. Espero que atopes interesantes as publicacións de hoxe. Tamaragua, amigos meus. HArendt














ENTRADA NÚM. 10588

jueves, 21 de mayo de 2026

BUENAS NOCHES, FELIZ DESCANSO Y DULCES SUEÑOS. 21 DE MAY0 DE 2026

 






Buenas noches, feliz descanso y dulces sueños a todos en esta noche del 21 al 22 de mayo de 2026. Día normal; hasta anodino. Ayudar a mi esposa en las tareas de la casa; trajinar con el blog; leer a Josephine Quiin, cada página más fascinante que la anterior... Sigo con mi manía de subrayar los libros (los que son míos, claro). Dos afirmaciones que comparto ya desde las primeras páginas introductorias. Una: “Son las conexiones, no las civilizaciones, las que impulsan los cambios históricos”. Dos: “No son los pueblos los que hacen la historia, sino las personas y las conexiones que crean entre sí”. Que la diosa Fortuna y las benévolas Moiras les sean propicias. Tamaragua, amigos míos. Les quiero. Espero que las entradas de Desde el trópico de Cáncer de mañana les resulten interesantes. A partir de las 06:00 (hora de Canarias) las tienen a su disposición en el blog. Hasta mañana. HArendt



















DE LA TARDE QUE CAE. UNA ÉTICA DE LA ATENCIÓN, POR ALEJANDRO VILLAMOR. 21 DE MAYO DE 2026

 








Tratemos la ética de la atención en la obra de la pensadora parisina Simone Weil (1909-1943). Detengámonos y atendamos, por mucho que cueste. Porque costará, y así lo expresa Weil en su A la espera de Dios: «Hay algo en nuestra alma que rechaza la verdadera atención mucho más violentamente de lo que la carne rechaza el cansancio. Ese algo está mucho más próximo del mal que la carne. Por eso, cuantas veces se presta verdadera atención, se destruye algo del mal que hay en uno mismo. Si la atención se enfoca en ese sentido, un cuarto de hora de atención es tan valioso como muchas buenas obras».

Más que una concentración en sentido técnico o un esfuerzo intelectual sostenido, la atención es una disponibilidad. Consiste en suspender, al menos durante un instante, la voluntad nietzscheana, el impulso de imponer nuestras categorías de la realidad. En su lugar, se deja un espacio para que algo aparezca.

La dimensión moral de esa reclamación puede ser obvia para quien enmarque a Weil en su época, repleta de guerras –ella participó activamente en la Guerra Civil española y en la Segunda Guerra Mundial con la Resistencia francesa– y de odios. Las convicciones ideológicas esconden una ceguera involuntaria que se torna, al final, en una incapacidad moral: la de percibir el sufrimiento ajeno.

Weil trabajó en fábricas, participó en movimientos obreros y conoció la podredumbre de la guerra. Escarbó, por ende, en las condiciones reales del mundo moderno. Y es así como comprende que la injusticia se produce con la piel de la rutina vivida por todos. Ante ello, la atención se presenta como punta de lanza de la justicia. Antes de intervenir, incluso de opinar, el primer acto moral, el verdaderamente revolucionario, radica en reconocer la existencia del otro como algo irreductible. Mirar de verdad a alguien, interpretarlo como sujeto y no como objeto, ya es ayudarlo al retirar el manto de invisibilidad que lo envolvía.

Platón hablaba de la contemplación del bien por parte del alma. Weil desplaza la mirada y su contemplación ya no se dirige hacia la difusa luz de lo eterno, sino hacia lo vulnerable. El bien hace su acto de presencia donde alguien presta atención a lo que habitualmente pasa desapercibido.

Es por ello que la ética de Simone Weil no tiene la forma de un catálogo de reglas ni propone fórmulas universales para cada situación. Con una pátina que recuerda a las éticas de la virtud, aquí se invita a cultivar una sensibilidad que pasa por renunciar al protagonismo y resistir la tentación de responder con diligencia. Las prisas son sospechosas, pueden ser síntoma de falta de reflexión, la manifestación de una convicción demasiado sólida. Al actuar deprisa se corre en riesgo de actuar en nombre de ideas abstractas.

En los escritos de Weil aparece con frecuencia el concepto de «decreación» para referirse al esfuerzo por reducir la pesadez del ego. Sin él, el mundo podrá mostrarse sin deformaciones. Esta relación renovada podría auspiciar un vínculo menos violento. El planteamiento influirá a autoras como Iris Murdoch (1919-1999), quien entendió la atención como una forma de amor intelectual.

Para Weil, atender es resistir la cómoda indiferencia, es negarse a dibujar el dolor ajeno como un aspecto del paisaje social, es una responsabilidad silenciosa. Con las palabras de la propia filósofa: «La capacidad de prestar atención es la forma más pura y rara de generosidad».

Por todo lo dicho, no es extraño que la propuesta weiliana haya encontrado resonancias profundas en algunas de las corrientes filosóficas más exigentes del siglo XX. En Emmanuel Levinas (1906-1995) se reconoce una afinidad significativa con la prioridad ética del rostro del otro, que interpela antes de cualquier elaboración teórica. En Albert Camus (1913-1960), hay una sensibilidad cercana a la exigencia de fidelidad a la dignidad concreta frente a las abstracciones que sacrifican al individuo en nombre de metas superiores. Asimismo, la reflexión de Weil sobre la atención, la desgracia o la despersonalización motivada por las estructuras sociales, anticipa algunas de las preocupaciones centrales de Hannah Arendt (1906-1975).

Simone Weil no perfila una ética sistemática en el sentido clásico, pero sí una exigencia radical de lucidez que pasa por aprender a observar sin imposición y a responder sin absorber al interlocutor con la propia mirada. Alejandro Villamor es escritor. Ethic, 14 de mayo de 2026.


    
























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. LOS JUECES TÍMIDOS, POR MANUEL JABOIS. 21 DE MAYO DE 2026

 






Le estoy explicando a un amigo uno de los muchos asuntos amorales que rigen mi vida, nada escandaloso pero ciertamente incómodo de contar (por tanto muy divertido, por eso lo he citado: para hacer reír a un amigo, nada mejor que la humillación propia), y de repente me dice muy satisfecho: “Tranquilo, que yo escucho pero no juzgo”. Ya empezamos. No es la primera vez: sé que la frase es famosa y se dice con mucha naturalidad, a veces de manera cómica y otras profundas. “No, yo escucho, pero no juzgo”. Pues juzga, hombre, si juzgar es una de las cosas más divertidas que hay. ¿Estudiaste para juez? No, ¿verdad? Pues juzga. Si total nos importa un pimiento si juzgas o no. ¿Qué nos importa tu decisión? Esa cara de condescendencia, la típica cara de quien se atribuye un poder que no tiene y que nos da igual a todos. “Yo no juzgo”. Tú qué vas a juzgar, gilipollas. Tú no juzgas y yo no hago cirugías. Juzgar es gratis, es cómodo y es muy divertido, y no tiene consecuencias, así que juzga. Lo complicado, lo durísimo, es escuchar. Yo por eso no escucho pero juzgo igual, sin saber la historia, que no me importa lo más mínimo. Te llama alguien: “Oye, tengo un problema, ¿me escucharías? Pero no me juzgues”. No, mira, cuéntaselo a tu padre, yo te quiero juzgar: te vas a la residencia en donde lo metiste y se lo cuentas a él a ver si te juzga o no. Yo, si tengo que aguantar una chapa, es porque al final tengo una recompensa, que es juzgarte. Hay que juzgar, juzgar es propio de seres irónicos y autocompasivos, pero hay que juzgar sin más, no hacer ruedas de prensa para decirnos qué vas a hacer. Juzga sin más, juzga y punto. Decir que no juzgas es, de hecho, la manera más oscura y cobarde de juzgar a alguien. Tú juzga y cállate, pon una sentencia y dale al martillo ese de goma de la feria. Nos sentencias a todos y nos vamos derechos a una cárcel de chocolate, a ver si así te quedas contento. Eso, o apruebas la oposición. Manuel Jabois es escritor. El País, 20 de mayo de 2026.





















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 21 DE MAYO DE 2026