viernes, 6 de noviembre de 2026

ESPECIAL TRES DE HOY VIERNES: MADRID, NOVIEMBRE DE 1936, POR JOSÉ ANDRÉS ROJO

 





El 6 de noviembre de 1936, el Gobierno de la Segunda República salió huyendo camino de Valencia ante la inminente posibilidad de que la capital fuera tomada por las fuerzas franquistas que habían llegado ya a sus aledaños. El golpe de Estado de un grupo de militares que se inició el 17 de julio había fracasado y, España estaba desde entonces en guerra. Una guerra entre hermanos que, además, tomó unos cauces de violencia inusitada, de crueldad, desde que los rebeldes dictaron unas órdenes drásticas que procuraban la total liquidación del enemigo, y que desataron una represión exhaustiva y brutal. El golpe produjo además el colapso de las instituciones de la República que se vieron desbordadas por un complejo proceso revolucionario que facilitó que diferentes grupos armados tuvieran la oportunidad de asumir el poder en diferentes lugares y ejercer también la violencia. “Las atribuciones del Estado republicano fueron inmediatamente cuestionadas y suplantadas por comités dependientes de partidos políticos y sindicatos revolucionarios”, escribe Carlos Píriz a propósito de aquellos primeros momentos en La guerra civil española. Una historia global (Galaxia Gutenberg). “Esta atomización de la autoridad hizo que se convirtieran en verdaderos micropoderes en un marco de soberanía múltiple”.

Hubo verdaderas masacres, como la que realizaron en Badajoz las tropas franquistas en su avance hacia Madrid, y donde se estima que fueron asesinadas entre 1.800 y 4.000 personas. Pero lo terrible fue que en una multitud de lugares de todo el país se desencadenó una escalofriante sucesión de fusilamientos que llenó España de sangre e ignominia. “Casi la mitad de los asesinatos se concentraron en los primeros tres meses y el porcentaje alcanza el 80%, si añadimos hasta el final del año 1936, cuando aún quedaban otros 27 meses de contienda”, apunta José Luis Ledesma en otra de las piezas incluida en La guerra civil española.

El libro, coordinado por Javier Rodrigo, Miguel Alonso y David Alegre, procura hacer una lectura transnacional y comparada del conflicto para entenderlo “como parte de una dinámica europea de guerra civil y de violencia prolongada en la que España actúa como caja de resonancia y laboratorio de procesos que luego se expandirían por el continente”. La fórmula elegida resulta sugestiva: “Cincuenta capítulos, con una mayoría de autoras y autores por debajo de los 50 años”, que han resumido en alrededor de 3.000 palabras “una vida entera de investigación”.

Vuelta a noviembre de 1936. El Gobierno abandona la capital y la deja en manos de una Junta de Defensa con la orden de que la ciudad resista el embate del ejército rebelde. Para entonces, el Estado republicano ya había dado pasos para recuperar su hegemonía. A partir de octubre, legalmente, empezó a construirse el Ejército Popular. “La puesta en marcha de las primeras nuevas unidades regulares durante la batalla de Madrid fue providencial a la hora de mantener la capital”, explica Luis A. Ruiz Casero. Y es que los defensores de la ciudad, también las milicias y las Brigadas Internacionales que participaron en los combates, y los propios ciudadanos que se entregaron a realizar todo tipo de tareas, consiguieron lo que se daba por imposible, que las tropas franquistas no pasaran. Madrid resistió y se convirtió en el símbolo de la lucha contra el fascismo. Qué tristeza que semejante logro se viera empañado por “la peor atrocidad republicana de la Guerra Civil”, en palabras de Julius Ruiz. Empezó el 7 noviembre, hace 90 años, y se prolongó hasta principios de diciembre; fue el fusilamiento de unas 2.500 personas que se trasladaron desde las cárceles de Madrid a Paracuellos y Torrejón de Ardoz. José Andrés Rojo es historiador. Publicado en El País


























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