Leer los periódicos es como caminar por las ciudades. Pregunto por los vecinos en las porterías, en el bar de siempre, en las teclas de mi ordenador, y tomo conciencia del mundo que habitamos, una miseria más que añadir al problema de la vivienda. Las elecciones de Israel se han celebrado después de muchos bombardeos, duros castigos y más de 75.000 muertos en Gaza. Ya nos hemos acostumbrado a caminar por los escombros y doblar la esquina de los derechos humanos. Pasan los días como pasan los camiones de la basura en busca de las tiendas de campaña, los contenedores y los ruidos nocturnos que conducen hasta Irán. Una señora llamada Agencia Efe me comenta que otra amiga, relatora de la ONU, habla de las penas de muerte y la represión interna, agravada por los ataques militares de Estados Unidos e Israel. La impunidad reinante de unos y otros eleva la cifra de víctimas a miles de cadáveres.
Aunque es difícil precisar el número de víctimas provocadas en Ucrania por la invasión rusa, Wikipedia, el pan nuestro y la enciclopedia libre de cada día, nos habla de 25.000 civiles ucranios y 200.000 soldados de ambos bandos. Y si le preguntamos a la vecina del quinto por Ceuta, nos dice que lo ha leído en EL PAÍS. Además de la invasión de unas 70.000 personas desde Marruecos, y además de los 141 fallecidos y otros posibles devorados por el mar, Amnistía Internacional presentó en septiembre un informe muy grave sobre las agresiones a los refugiados cometidas por la Legión y por el Tercio de Regulares. Cuando vuelvo a mi casa, me encuentro en las escaleras con RTVE y me habla de 69 muertos en el accidente de tren de Toledo, una exministra, una atleta, un inspector de Hacienda, un guardia civil…. y numerosos heridos. Lo que faltaba. Busco en los bolsillos, no encuentro las llaves de mi casa, no sé cómo voy a entrar. Miedo de mí, miedo de mi vecindario y miedo del mundo en el que vivo. Luis García Montero es poeta y director del Instituto Cervantes. Publicado en El País.


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