A menudo la Historia se representa con una flecha, que avanza siempre: del románico se pasó al gótico y del gótico al barroco. La Historia, entonces, sería una sucesión de años y revoluciones que resbalan las unas sobre las otras. Resbalan o estallan: vivir una vida de paz es, en realidad, un prodigio histórico. En todas las épocas existen también resistencias que discuten la idea de progreso y proponen volver hacia atrás: anclan la flecha al suelo o tratan de revertir su sentido para buscar esencias en el pasado. De esa tensión surge la historia, y por eso con frecuencia adopta la forma del círculo: como si muchas cosas que ya pasaron pudieran volver a pasar. Hasta que pasan.
La Historia, que está aún por escribirse, se ha definido siempre a partir de grandes crisis que se repiten por siglos. Vendrán nuevos fenómenos, claro, y asistiremos a cambios que quizá no alcanza siquiera a imaginar la inteligencia artificial. Pero eso no acabará con aquello que ha marcado a la humanidad desde el principio, y que fue siempre igual: las guerras, las plagas, los éxodos. El exilio. La pulsión de las emociones, tan políticas como las ideologías: la ilusión, el miedo, la esperanza, el odio. El deseo de dar a los hijos una vida mejor. La necesidad de escapar de la violencia y del hambre. De vivir en libertad. La aspiración de una vida digna. Nada de eso pertenece a nadie, sino a todo el mundo. Todos hemos sido eso en algún momento. Por destino o por azar. Por haber nacido en un momento o un lugar.
Todos esos fenómenos tan antiguos se seguirán dando pueblo a pueblo, por mucho que cambien sus formas y se vuelvan híbridos. Se siguen dando hoy guerras y plagas que no eligieron las poblaciones que las sufren: nunca se eligen. Pensar que hay pueblos condenados a sufrir esos castigos, o incluso que los merecen, implica un prejuicio o una maldad que se combaten rápido: con el sencillo gesto de abrir un libro de Historia.
Los hijos y los nietos nos recuerdan que fuimos guerra y exilio, y lo fueron los pueblos más desarrollados y ricos. En su memoria están inscritos el conflicto, el hambre, la emigración y hasta del odio civil. También la solidaridad y la ayuda. Eso lo enseña el círculo de la Historia a aquellos que hoy presumen de su falta de empatía o de humanidad: que todo lo que ahora les pasa a los demás no solo les pasó ya a quienes vivieron en ese pasado al que anhelan volver, sino que puede volver a pasarnos. José Luis Sastre es escritor. Publicado en El País.



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