sábado, 7 de noviembre de 2026

ESPECIAL DOS DE HOY SÁBADO: CONTRA SÁNCHEZ VIVÍAMOS MEJOR, POR ANA IRIS SIMÓN

 





Entre el anuncio de convocatoria de elecciones y el terrible accidente de Urda me aposté un par de comidas a que el PSOE tenía alguna oportunidad de formar Gobierno. Con una izquierda —la de Podemos y el Frente Amplio— más muerta que viva y una derecha de parranda, incapaz de abordar una partida cuyo tablero, el de la vivienda, había impuesto Sánchez, la idea no me parecía del todo descabellada.

El movimiento, convocar unas elecciones al calor de la indignación y las protestas surgidas a raíz del caso Maricarmen, se me hacía moralmente regulero pero electoralmente efectivo, así que nada nuevo bajo el sol. A pesar de que la medida estrella de su partido había sido pedirle a los caseros solidaridad por boca de la ministra Isabel Rodríguez, el presidente convertía lo que iba a ser un plebiscito sobre sí mismo en un plebiscito sobre la vivienda, emergencia de la que se había dado cuenta tras casi ocho años en el Gobierno.

Pero el pasado 28 de octubre la campaña terminó sin haber siquiera arrancado y las posibilidades del PSOE, ya de por sí escasas, se evaporaron. La errática gestión de la dimisión de Óscar Puente, que un día se quedaba por responsabilidad y al otro día se iba por lo mismo, que ha sido provocada por una nefasta gestión, tanto política como comunicativa, pero que se nos ha querido vender como signo de virtud, le ha dado la última estocada a Pedro Sánchez.

Y ahora que parece que el sanchismo tiene los días contados, se avecina una tragedia para quienes llevan años viviendo de él. No tanto para sus asesores, cargos de confianza o periodistas de cabecera, que tendrán que buscarse otra manera de ganarse el pan, sino para quienes han hecho de combatirlo su oficio, su identidad y casi su razón de levantarse cada mañana. ¿Cómo van a llenar horas y horas de tertulia quienes llevan años analizando hasta la última esquina de las saunas del suegro de Sánchez? ¿Qué van a hacer ahora todos esos sagaces investigadores de exclusiva diaria y entrevistas pagadas? ¿Se pondrán a escrutar los tejemanejes del entorno de Isabel Díaz Ayuso o quizá las entrañas de Disenso, la fundación de Vox? ¿Qué va a hacer la propia Ayuso, que con la dimisión de Óscar Puente se quedó sin su homólogo en marrullería y quinquismo y ahora se va a quedar también sin su némesis? ¿Le tocará sentarse a escuchar a los profesores o a gestionar el caos de la atención primaria en Madrid?

Sánchez consiguió contra viento y marea que habláramos de la vivienda cuando todo el mundo quería hablar, con razón, de él. De su pésima gestión de la crisis de Ceuta, de las preguntas que aún quedan sin responder, de qué le debe su partido a Marruecos, de cuál es su modelo migratorio. Aprovechó la coyuntura y unas protestas que en buena parte se fraguaron contra su gestión en materia de vivienda o su ausencia de ella y convocó elecciones. Ahora que muy probablemente las pierda toca comprobar si quienes llevan años prometiendo que España será un lugar mejor cuando Sánchez se marche tienen algo que ofrecerle al país además de su ausencia. Porque una cosa es ponerse de acuerdo para echar a alguien y otra qué hacer después.

Hay una vieja ironía de la izquierda antifranquista que decía que contra Franco vivíamos mejor. Sospecho que, cuando llegue el momento de gobernar, a algunos en la derecha política y mediática les entrará una nostalgia parecida. Y descubrirán, quizá sin sorpresa, que contra Sánchez vivían mejor. Ana Iris Simón es escritora. Publicado en El País.























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