miércoles, 15 de julio de 2026

DEL ASUNTO DEL DÍA. EL CONSENTIMIENTO DE LOS PERDEDORES EN LA DEMOCRACIA, POR DANIEL INNERARITY. 15 DE JULIO DE 2026

 





Una democracia funciona bien cuando cualquiera puede ganar las elecciones y quienes pierden aceptan la legitimidad de los ganadores; deben darse las condiciones para que a nadie se le impida ganar y que quien ha perdido pueda aceptar el resultado electoral. En ocasiones no se dan estas condiciones, pero incluso cuando las elecciones se han desarrollado con normalidad democrática sigue habiendo actores que no aceptan su derrota, no reconocen la victoria del adversario y declaran ilegítimo al Gobierno que surge del resultado electoral. Se produce una peculiar degradación de la vida política cuando no contamos con eso que Christopher Anderson denominó el consentimiento de los perdedores. Una de las propiedades más importantes de la democracia es que, más allá de la mera existencia de la oposición, se asegure la lealtad de quienes deseaban otro gobierno, de las minorías que han quedado fuera de la mayoría gubernamental, de manera que sus decisiones —por muy contrarias e incluso equivocadas que les parezcan— sean consideradas vinculantes y legítimas también por parte de quienes no están a favor del gobierno.

Hay ocasiones en las que es muy difícil aceptar la derrota y quien pierde tiene todo el derecho de impugnar el resultado. Me refiero a las manipulaciones electorales y a la modificación ventajista de las reglas de la competición. En Estados Unidos hay una larga tradición de modificar los distritos para maximizar las ventajas electorales (una distorsión que se conoce como gerrymandering), algo que también se ha llevado a cabo en otros países.

Pero los casos más preocupantes son aquellos en los que se impugna el resultado de las elecciones sin aportar ninguna prueba que justifique esa impugnación. Guardamos en la memoria el asalto al Capitolio de Washington en 2021 y a las instituciones de Brasilia en 2023. Una versión preventiva de esta deslegitimación del triunfo ajeno es anticipar un posible fraude a través del voto por correo o la sospecha de que la regularización de emigrantes obedezca a la pretensión de modificar el censo electoral. Esta anticipación no necesita una prueba; le basta con crear un estado de opinión para justificar una posible retirada de reconocimiento en el caso de una futura derrota. Hay en amplios sectores sociales una creciente incredulidad en el funcionamiento ordinario de las instituciones y una desmesurada credulidad ante cualquier explicación conspiratoria. Ciertas formas de populismo viven en esta contradicción: se alimentan de la desconfianza social que ellos mismos generan, aunque su comportamiento no la justifique. De hecho, Trump no dejó de utilizar el voto por correo en las elecciones del Estado de Florida y Feijóo defendió una regulación de emigrantes cuando era presidente de la Xunta de Galicia muy similar a la que ahora ha puesto en marcha el Gobierno y que ha calificado como ingeniería electoral. Por supuesto que la limpieza de las elecciones no dependerá de que se cumplan determinados requisitos sino de que ganen quienes han alimentado la sospecha. No se conoce el caso de alguien que haya lanzado esas acusaciones y las mantenga después de ganarlas; solo valen si se pierden. Lo que cabe adivinar cuando se anticipa esa sospecha es que la oposición intuye que no está tan clara su victoria en las próximas elecciones.

Hay unas razones estructurales en nuestra cultura política (o incultura) que explican el hecho de que se haya extendido tanto la desautorización de los resultados electorales. Vivimos en una cultura de la urgencia, de la satisfacción inmediata y las recompensas en el corto plazo que está abreviando despiadadamente la vida política de los candidatos. Antes, con ritmos políticos más lentos, quien perdía unas elecciones sabía que gozaría de nuevas oportunidades en el futuro. Hoy hemos tensado tanto nuestras demandas de éxito que partidos y electores apenas conceden nuevas oportunidades; al primer fracaso se declara agotado el liderazgo y se lo remplaza. El mandato político es considerado como una especie de “última oportunidad” que ha de aprovechar quien gobierna y quien está en la oposición. Esta prisa explicaría algunos errores de los que han ganado, que a veces gobiernan como si no hubiera un mañana, y de una oposición que actúa confundiendo la construcción de una alternativa con la destrucción de la mayoría gobernante. Como en muchos otros aspectos de la vida, solo hay manuales para ganar y nadie te prepara para gestionar bien la derrota. La democracia necesita gobernantes competentes y gobernados críticos, pero también requiere perdedores a la altura de la situación. Necesitamos unos buenos perdedores tanto o más que buenos ganadores. Un buen perdedor es aquel que reconoce la legitimidad de quien ha ganado y juega sus cartas en la oposición sin poner en peligro los procedimientos que le permitirían volver a gobernar. Es más difícil hacer una buena oposición que gobernar y se acredita para esto quien ha sabido hacer aquello.

Da la impresión de que no terminamos de entender que ganar es lo que pasa antes de perder y que perder es el preludio de una futura victoria. Una democracia se caracteriza porque no hay nada definitivo. Ganar y perder son algo provisional, aunque la ansiedad de los actores políticos lo experimenten como una última oportunidad (de acabar definitivamente con la corrupción, de asaltar los cielos, cambiar o asegurar el régimen actual, salvar la democracia o la nación) y, de su fracaso se seguiría la muerte política personal y la definitiva desaparición de los valores que pretenden monopolizar. Que los perdedores no reconozcan la victoria justa dice mucho de la gravedad de la fractura social, algo más serio que eso que llamamos polarización. El respeto a los adversarios es necesario para que, ganen o pierdan, formen parte de nuestra comunidad política. Y eso es lo que delata la retirada injustificada de legitimidad al adversario: que en el fondo pensamos que no son de los nuestros, que solo son tolerables en posición subordinada.

En España el consentimiento de los perdedores tiene un carácter asimétrico. Todos perdemos mal, por supuesto, pero solo la derecha, cuando pierde, en vez de ejercer su derecho y obligación de criticar al nuevo Gobierno lo declara ilegítimo desde el principio. Esto explica que el tensionamiento de la vida política sea como una corriente alterna, más intenso cuando la derecha está en la oposición, como si gobernar fuera su estado natural y ser desalojada del poder, una anomalía. En ocasiones esta tensión ha sido y es insoportable, pero me pregunto qué grado de toxicidad y qué crisis de gobernabilidad podría producirse si la retirada del consentimiento de los perdedores fuera general, en la derecha y en la izquierda; si una eventual victoria de la derecha en unas próximas elecciones no fuera entendida por la opinión pública progresista como resultado de que los electores hubieran preferido las alternativas ofrecidas por la derecha, sino la consecuencia de un brutal asedio a la actual mayoría gobernante, con la colaboración interesada de otros actores de carácter policial o judicial que estuvieran haciendo lo que pueden para alterar las reglas del juego. Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política, investigador Ikerbasque en la UPV-EHU y titular de la cátedra Inteligencia Artificial y Democracia del Instituto Europeo de Florencia. Su último libro es El futuro de la democracia (Galaxia Gutenberg). El País, 13 de julio de 2026.

























HOLA, BONS DIES A TOTS I FELIÇ DIMECRES, 15 DE JULIOL DE 2026. AVUI EN CATALÀ

 






Hola, bon dia a tots i feliç dimecres, 15 de juliol de 2026. Bé, doncs ja està, Espanya, a la final de la Copa del Món de Futbol. Anem ara amb les entrades del bloc d'avui. Una democràcia funciona bé quan qualsevol pot guanyar les eleccions i els que perden accepten la legitimitat dels guanyadors; s'han de donar les condicions perquè a ningú no se li impedeixi guanyar i que qui ha perdut pugui acceptar el resultat electoral; ho diu a l'assumpte d'avui el filòsof Daniel Innerarity. El poema d'avui, el poeta mexicà Jaime Sabines (1926/1999), el comença amb aquests versos: Deixa'm reposar/afluixar els músculs del cor/i posar a adormir l'ànima/per poder parlar. L?arxiu del bloc d?avui és del maig del 2016, el firmava HArendt, i anava d?un dels seus assumptes preferits: la Justícia a Espanya. Després de les vinyetes d'humor del dia, el cafè de sobretaula el signa l'escriptora Marta Peirano, i va del dol i de com és de difícil acompanyar-lo quan no és el teu; consolar és un talent que no s'ensenya a classe i, potser per això, gairebé ningú no ho practica bé, diu en ell. El de la tarda que cau ho firma l'economista Mar Jiménez, que hi parla de Finlàndia, comentant que si és any rere any, el país més feliç del món, és per la seva relació amb la naturalesa, que és part intrínseca de la seva quotidianitat, encara que costa pensar que un país que viu els hiverns en la foscor i on cada conjunt residencial té un refugi ciutadans tan feliços. Finalment, com sempre, van les bones nits diàries de l'autor del bloc als seus lectors, desitjant-los tot el millor de part de la deessa de Fortuna i de les Moires benvolents. Que tinguen un bon dia. Espero que trobin interessants les entrades de hui. Tamaragua, amics. HArendt














ENTRADA NÚM. 11101

martes, 14 de julio de 2026

GAU ON, ATSEDAN ON ETA AMETS GOZOAK IZAN. GAUR, ASTEARTEA, 2026KO UZTAILAREN 14A, EUSKARAZ

 





Kaixo berriro, lagunok. Gau on, atseden on eta amets gozoak izan guztioi astearte gau honetan, 2026ko uztailaren 14-15ean, asteazkenera arte. Espero dut egun ona izan duzuela zuen familiekin eta lagunekin. Eskerrik asko bihotz-bihotzez bloga bisitatzeagatik. Pozten naiz zuen bisita gustatu izana pentsatzeaz. Tamaragua, lagunok. Fortuna jainkosa eta Moirai onberak izan daitezela zuekin. Bihar arte. Maite zaituztet. Musuak. HArendt















MI PLAN DE LECTURAS PARA EL INVIERNO 2025/2026-INVIERNO 2026/2027 (MODIFICACIONES). 14 DE JULIO DE 2026








 MI PLAN DE LECTURAS PARA EL INVIERNO 2025/2026-INVIERNO 2026/2027 (MODIFICACIONES)

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INVIERNO, 2025/2026

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LA FUGITIVA (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VI), de Marcel Proust (leída).

HANNAH ARENDT, UNA BIOGRAFÍA INTELECTUAL, de Thomas Meyer (leída).

IDENTIDAD Y AMISTAD, de Emilio Lledó (leída).

EL TIEMPO RECOBRADO (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VII), de Marcel Proust (leída). 

APOLOGÍA DE SÓCRATES, de Platón (leída).

WALDEN, de Henry David Thoreau (leída).

LOS GRANDES CEMENTERIOS BAJO LA LUNA, de George Bernanos (leída).

EL GRAN GATSBY, de F. Scott Fitzgerald (leída).

LA MARAVILLOSA HISTORIA DEL ESPAÑOL, de Francisco Moreno (leída).

FEDÓN, de Platón (leída).

SONETOS DE AMOR, de William Shakespeare (leída). 

ANA NO, DE Agustín Gómez Arcos (leída).

CAMINAR, de Henry David Thoreau (leída).

(Trece lecturas completadas).


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PRIMAVERA, 2026

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LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO, de Byung-Chul Han (leída).

ENEIDA, de Virgilio (leída).

BIOGRAFÍA DEL SILENCIO, de Pablo D’Ors (leída).

TRISTRAM SHANDI, de Laurence Sterne (leída).

CRÓNICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, de la Real Academia Española (leída).

COMERÁS FLORES, de Lucía Solla (leída).

SAN MIGUEL, BUENO Y MÁRTIR, de Miguel de Unamuno (leída).

EL ARTE DE TENER RAZÓN, DE ARTHUR SCHOPENHAUER (leída).

SUITE FRANCESA, de Irène Némirovsky (leída).

ANTOLOGÍA GENERAL, de Pablo Neruda (leída).

EL PERIÓDICO DE LA DEMOCRACIA, de Javier Cercas (leída).

CÓMO EL MUNDO CREÓ OCCIDENTE, de Josephine Quinn (leída).

LENGUA MADRE, de Laura Spinney (leída).

(Trece lecturas completadas).


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VERANO, 2026

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POEMA DE GILGAMESH, Anónimo (leída).

REPÚBLICA, de Platón (leída).

IBIS, de José María Vargas Vila (leída).

CLÁSICOS SIN FILTRO, de Mary Beard (leyendo ahora).

ANTOLOGÍA EN VERSO Y PROSA, de Gabriela Mistral (pendiente de lectura).

EL FUTURO DE LA DEMOCRACIA, de Daniel Innerarity (pendiente de lectura).

MARTÍ EN SU UNIVERSO, de José Martí (pendiente de lectura).

UNA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA, de Jürgen Habermas (pendiente de lectura).

¿TIENE FUTURO LA VERDAD? de Georg Steiner (pendiente de lectura).

LA LIEBRE Y YO, de Chloe Dalton (pendiente de lectura).

DESMITIFICANDO LA EDAD MEDIA PENINSULAR, de Alejandro García Sanjuán (pendiente lectura).

ORIGEN Y META DE LA HISTORIA, de Karl Jaspers (pendiente de lectura).

HISTORIA ALTERNATIVA DE LA FELICIDAD, de Juan Antonio González Iglesias (pendiente de lectura).

(Tres lecturas leídas, una leyendo ahora y nueve pendientes)


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OTOÑO, 2026

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LA DECADENCIA DE OCCIDENTE, de Oswald Spengler (pendiente de lectura).

ARTE SONORA, de Auserón (pendiente de lectura).

POLÍTICA Y FICCIÓN, de Jorge Lagos y Pablo Bustinday (pendiente de lectura).

ESCRITOS 6, de Soren Kierkegaard (pendiente de lectura).

UN CABALLERO EN MOSCÚ, de Amor Towles (pendiente de lectura).

MANIFIESTO POR UNA DEMOCRACIA RADICAL, de Jordi Sevilla (pendiente de lectura).

GALDÓS, Yolanda Arencibia (pendiente de lectura).

CONTRA EL ESTADO, de James C. Scott (pendiente de lectura).

MOMO, de Michael Ende (pendiente de lectura).

LA MEMORIA RECUPERADA, de Antonio Iglesias (pendiente de lectura).

EL FENÓMENO HUMANO, de Teilhard de Chardin (pendiente de releer)

ERASMO Y ESPAÑA, de Marcel Bataillon (pendiente de releer).

ULISES, de James Joycee (pendiente de releer).

(Trece lecturas pendientes). 


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INVIERNO, 20O26/2027

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ENSAYOS, de Michael de Montaigne (pendiente de releer).

OBRAS COMPLETAS, de Esquilo, Sófocles y Eurípides (pendiente de releer).

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA, de Friedrich Nietzsche (pendiente de releer).

¿QUÉ ES LA POLÍTICA?, de Hannah Arendt (pendiente de releer).

DON QUIJOTE DE LA MANCHA, de Miguel de Cervantes. (Pendiente de releer).

POLÍTICA, de Aristóteles (Pendiente de releer).

(Seis lecturas pendientes).


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TOTAL DE LECTURAS PROGRAMADAS: 58

14 DE JULIO DE 2026.





















DE LA TARDE QUE CAE. EL PRESTIGIOSO CLUB DE LOS RESENTIDOS, POR ELVIRA LINDO. 12 DE JULIO DE 2026

 







Viendo el pasado mes de mayo la inauguración de la Biblioteca Presidencial de Obama en Chicago con todos los ex presidentes americanos vivos y sus flamantes esposas (célebres se han hecho las carantoñas entre un Bush reconvertido en entrañable abuelito y una siempre exultante Michelle), me dio por pensar en qué sentiría al contemplar estas imágenes ese individuo que no fue invitado y que habita en la Casa Blanca como uno de esos reyes injustos y malcriados de los cuentos. O tal vez estaba en Miami echando humo por su mininariz mientras se desahogaba en un tuit afirmando que el centro no es más que un cubo de basura y que él se elevaría a sí mismo un Centro Trump que contuviera, además, una mole comercial y hasta un aquapark. Y aunque la controvertida mole de Obama ya ha contado con numerosas críticas por su desmesura, nuestro rey iracundo ha puesto a su yerno a recaudar dinero para cuadriplicar el presupuesto y aplacar ese resentimiento que alimenta cualquiera de sus erráticas decisiones políticas. Sintió como el rencor volvía, aquel rencor antiguo de sus inicios de magnate cuando no era admitido por una clase alta neoyorquina que siempre lo consideró un hortera. El resentimiento. Si un experto en emociones, en vez de un analista político, definiera esta época, convertiría el resentimiento en la clave de esta enloquecida situación. Se habla mucho de esa masa amorfa y resentida, que sintiéndose ninguneada vota a la extrema derecha para volcar su desafección, pero poco del resentimiento de quienes lo tienen todo.

El resentido privilegiado lo es desde la cuna. Desde niño encontrará motivos para alimentar esa tara emocional. Comenzará comparándose con su hermano y la clave, más que en sus complejos, la debemos buscar en su soberbia. Siempre considerará que merecía más. Hay resentidos en todos los ámbitos del privilegio. Desde el artista resentido que aun teniendo el Nobel desea el Cervantes, como así le ocurría a Cela, hasta el escritor que vendiendo a puñados se resiente por el poco amor de la crítica, o al revés, el que siendo el preferido de las reseñas quisiera ganar más dinerito. Está el resentido que habiendo gozado del poder en su juventud, y habiéndolos perdido ambos, poder y juventud, no puede evitar denigrar a los que ahora con mayor o menor acierto lo ostentan. Encontramos al resentido que a punto estuvo de alcanzarlo, el poder, y no habiéndolo logrado siente que se lo arrebataron, y aunque su posición sea en sí afortunada, no puede evitar ver el mundo desde aquel pellizco del pasado que lo atormenta. Escribo en masculino, porque el poder suele ser cosa de hombres, pero también las hay resentidas, siempre hay en todo género quien considera que las otras tienen más y que viviendo Cela en una constante comparación no se relaja y desea lo que otras, en su opinión menos merecedoras de su posición, han obtenido. El resentido no disfruta de lo que tiene porque siempre aspira a poseer lo que le arrebató el de al lado. Bezos está resentido. Uno de los hombres más poderosos del mundo se resiente de que a otro oligarca, el simpar Musk, le están favoreciendo en la estúpida carrera espacial. Hay artistas resentidos que gozando de un aplauso bastante unánime se detienen en esa pequeña crítica que apareció en un periódico local. Hay quien teniéndolo todo se resiente por la alegría de los humildes y la desprecia como si fuera poco profunda y elevada.

El resentimiento del que nada en la abundancia no parte de la experiencia, más bien surge de una idea desmesurada de uno mismo y por tanto de lo que merecería. Harta estoy de quien teoriza con la idea de que si a Hitler le hubieran aprobado el dibujo se hubiera evitado el nazismo. Las ideas totalitarias son propias de quien aspira a ser dios, o por ser más exactos, el diablo. El mundo se ha plagado de diablos y aspirantes. No precisaron de un trauma que les alentase, vinieron así de fábrica. Elvira Lindo es escritora. El País, 12 de julio de 2026.

























ESPECIAL 3 DE HOY. ACLARADO, POR DAVID TRUEBA. 14 DE JULIO DE 2026

 





En el baloncesto, antes de sofisticarse, había una jugada que consistía en barrer la zona de ataque para que el más dotado se lanzara en solitario a la canasta. Era algo así como el servicio colectivo para la jugada individual. Pues en la política también se practica algo similar. Los que rodean a Alberto Núñez Feijóo han decidido que ha llegado la hora de que se juegue a solas la canasta definitiva. Esta impaciencia por hacerse con el Gobierno de la nación, cuando se disfruta de la gran mayoría de gobiernos autonómicos, provoca una perversa sensación de debilidad en el líder de la oposición. Lo chocante ha sido que en un momento en que la crisis por el precio de la vivienda se ha alzado como el gran problema de los españoles, especialmente los jóvenes, la dialéctica le haya empujado hacia postular los derechos registrales del concebido no nacido. Y por si faltaba ironía al asunto, resulta que coincide con la crítica algo errática contra la regularización de inmigrantes, una medida demandada por los empresarios, que son quienes piden cubrir sus necesidades de mano de obra.

La derecha ha decidido inhibirse en el problema de la vivienda, para el que sigue repitiendo que lo mejor es no hacer nada, pero vete a saber por qué le entra un deseo irrefrenable de solucionar el problema de inquilinato que tiene el concebido no nacido ya en el vientre de su madre. El poder se erige una vez más en autoridad sobre lo que concierne a la intimidad de la mujer. Bajo ningún concepto los hombres tolerarían que se legislara sobre sus decisiones reproductivas y he aquí el agravio más significativo que sigue humillando a la mujer. Por supuesto, los que han leído a fondo la reforma legislativa que plantea la derecha se han dado cuenta de que tan solo es una ayuda para acelerar la contabilidad de las familias numerosas. Se adelanta nueve meses el reconocimiento del derecho a ver rebajado los billetes de tren y avión y la matrícula escolar y alguna otra de las pocas ventajas de las que gozan.

Sin embargo, en el terreno simbólico, todas las mujeres han entendido que conceder un registro al concebido no nacido lo que hace es ampliar los márgenes para llegado el momento prohibir, como lo estuvo antaño, cualquier legislación que permita el aborto en las primeras semanas de gestación. Menos importancia se le ha dado a la picaresca que desencadenará, pues se registra a alguien que hasta nueve meses después no está forzado a comparecer en persona. Y además al drama de perder un hijo en la gestación de manera involuntaria, algo que sucede demasiado habitualmente, pues el ser humano es un mamífero de fertilidad frágil, se le añade ahora el tener que reiniciar los trámites para borrar del registro al nasciturus perdido. Todo esto es un dislate cargado de ideología. La misma que lleva años pervirtiendo la justificación racional en la que se apoya cualquier legislación sobre el aborto. Que consiste en asumir que el aborto existe y se practica aunque se persiga y se empuje a la ilegalidad. La mujer, sin una ley, es forzada a salir del país o someterse a intervenciones sin garantías, furtivas y con enorme riesgo para su salud. No se legisla para incitar al aborto, sino para regular lo que de otra manera se practica en los márgenes y la indignidad. La derecha siempre ha tenido un problema con los derechos de las mujeres, pero conviene averiguar a quién tratan de engañar ahora con esta pamema registral. David Trueba es cineasta. 14 de julio de 2026.


















ESPECIAL 2 DE HOY. RAJOY Y LOS GALOS, POR JOAQUÍN LUNA. 14 DE JULIO DE 2026

 






Hay un país en el mundo capaz de convertir un éxito deportivo en una trifulca y no es Suiza. Del coso de Pamplona a la pluma de Rajoy, los éxitos de la selección son el argumento de la obra: el país está fracturado. Mucho pirómano para tan pocos bomberos.

Viernes 10 de julio, plaza de toros de Pamplona. Llenazo. Segundos antes del paseíllo, unos espectadores despliegan dos grandes pancartas: “Puta España” y “Puta selección”. ¡Los viejos buenos tiempos de la kale borroka !

Del estupor a la reacción. Una mayoría abuchea la provocación –cosas de la libertad de expresión, que ampara la mala leche–, todo el mundo se olvida de que está allí para divertirse. Unos corean el ¡Viva España! de Manolo Escobar, hombre de paz, y otros, menos, el infame “Pedro Sánchez, hijo de ...”.

Resultado: mal ambiente en las dos horas y media de función. Como en los peores días de la transición y los días de plomo, pero una gran diferencia: los grandes partidos y el pueblo estaban por rebajar la tensión. Hoy, están por agravarla con fines electoralistas, ese asfixiante ¿qué hay de lo mío?

Solo hay un país capaz de convertir el éxito de su selección en una trifulca y no es Suiza

Impropio de un gallego con luces y, por tanto, obligado a la retranca y el humor inteligente (véase Camba, Cunqueiro o Cela), Mariano Rajoy ha metido la pata y antes de que le diera tiempo a rectificar –institucionalidad obliga– ya le estaba llamando “zoquete postfranquista corrupto” todo un ministro de Transportes, justo cuando mi AVE a Madrid llegaba con 75 minutos de retraso.

El Gobierno ha olido sangre y está encantado de propagar el incendio mientras que el PP se resiste a llamar a capítulo a Rajoy, cuyo artículo exige una pausa de hidratación o incluso el cambio por Merino –para que el expresidente me entienda–.

Si hubiese dicho que no son galos, la cosa cambiaría porque son franceses, pero no sé yo si galos, sinónimo anacrónico del que abusamos los periodistas. Boyante el III imperio (1870-1940), en todas las escuelas de Francia, Gabón o Vietnam incluidos, los libros de historia empezaban con el colonialista “Nos ancêtres, les gaulois”. Y que hoy gane el mejor y tengamos la fiesta en paz. Joaquín Luna es periodista. La Vanguardia, 14 de julio de 2026.





















DEL CAFÉ DE SOBREMESA. OTRO RAPTO DE HELENA, POR MANUEL VICENT. 14 DE JULIO DE 2026

 







Entrar a saco por sorpresa en la tribu vecina y llevarse a las mujeres es un hecho que se habrá repetido innumerables veces en la prehistoria. El hombre primitivo ya sentía la necesidad de introducir sangre nueva para mantener el vigor genético de la tribu porque suponía por puro instinto que la consanguinidad endémica era causa de muchas y terribles enfermedades. Este acto, que al principio sería sumamente violento, pasó a formar parte de la mitología. El rapto de Helena lo realizó el príncipe troyano Paris, quien se llevó a la esposa del rey Menelao, desde Esparta hasta Troya, y bien se realizara el rapto con fuerza o se tratara de una fuga amorosa lo cierto es que desencadenó la famosa guerra de Troya. La fundación de Roma fue presidida por otro suceso mitológico que se conoce como el rapto de las Sabinas. Debido a la falta de mujeres Rómulo organizó una fiesta a la que invitó a todas las tribus vecinas. En el momento culminante del sarao los romanos raptaron a unas treinta mujeres de la tribu de los sabinos para convertirlas en sus esposas. A partir de los años sesenta del siglo pasado, en España se dio un fenómeno muy significativo: los jóvenes más avanzados comenzaron a emparejarse con chicas extranjeras. Era la versión moderna del rapto de Helena, del mismo modo que la bajada de las nórdicas a las playas del sur era un remedo del rapto de las nuevas sabinas, el acto fundacional de nuestra modernidad. Estaba de moda buscar sangre nueva más allá de los Pirineos hasta el punto que lo progresista era tener una novia francesa, inglesa, holandesa o alemana. Puesto que Ortega decía que la salvación de España estaba en Europa muchos intelectuales y artistas empezaron a llevar a cabo el rapto de Helena o a liarse con las sabinas. Desde el inicio de la historia ha sido necesario mezclar la sangre para la supervivencia de la tribu. Parece evidente que la pureza de la raza es la causa de su decadencia. Pero hay quien busca montar con esto otra guerra de Troya. Manuel Vicent es escritor. 12 de julio de 2026.























ESPECIAL 1 DE HOY. VEINTISÉIS FRANCESES, POR LAMIA EL AARAJE. 14 DE JULIO DE 2026

 







Este martes 14 de julio, el día en que la República francesa celebra su nacimiento, veintiséis franceses saltarán al césped de Dallas para enfrentarse a España en una semifinal de la Copa del Mundo. Veintiséis franceses. Por lo visto, hay que recordarlo.

Porque un expresidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, creyó oportuno escribir, en una columna publicada el viernes, que Francia alineaba una plantilla “de altísimo nivel, eso sí, sin franceses”. 23 de esos veintiséis jugadores nacieron en Francia; los otros tres son franceses. Lo escrito no es, pues, solo odioso: es falso. Unos días antes, una senadora paraguaya comparaba a Kylian Mbappé con un animal; una vicegobernadora argentina se burlaba del “equipo africano, sin modales”. Tres cargos electos, tres continentes, una semana. No son deslices. Es una doctrina.

A esa doctrina la conocemos bien. En junio de 1996, Jean-Marie Le Pen consideraba “artificial traer a jugadores extranjeros y hablar de selección de Francia”. Era entonces un paria de la vida política europea; sus palabras provocaban un escándalo. Treinta años después, las encontramos bajo la pluma de un hombre que gobernó uno de los grandes países de la Unión Europea, publicadas tranquilamente, sin disculpa, sin rectificación. El veneno no ha cambiado. Es el dique el que ha cedido.

¿Qué dice ese veneno? Que existirían dos categorías de franceses: los que nunca tienen nada que demostrar y aquellos a quienes siempre se les pedirán los papeles. Franceses hasta el pitido final, extranjeros desde el penalti fallado: esa es la lógica de quienes no soportan que un francés pueda tener un rostro distinto del que ellos decidieron imaginar. Y se nos explicará que solo era humor, una ocurrencia. No. Una broma que les retira la nacionalidad a veintiséis franceses ya no es una broma. Es una ideología que avanza sonriendo.

Pero esto es lo que el señor Rajoy no vio, o no quiso ver: su lógica descalifica también a la Roja. ¿Qué hace con Lamine Yamal, hijo de padre marroquí y de madre ecuatoguineana, que llevará el martes sobre sus hombros las esperanzas de toda España? ¿Con Nico Williams, hijo de ghaneses que lo atravesaron todo para ofrecer un futuro a sus hijos? ¿Con Robin Le Normand, nacido en Bretaña y español por elección, campeón de Europa con su camiseta? Si la selección de Francia no es francesa, entonces la España que levantó la Eurocopa de 2024 no es española. Puestos a elegir entre absurdos, que juzgue el lector. España, por lo demás, conoce este veneno desde dentro y lo combate: los insultos contra Vinícius Júnior obligaron a todos a mirarse en el espejo, y la justicia española dictó las primeras condenas por racismo en un estadio. Nuestros dos países libran la misma batalla.

Francia, por su parte, ha respondido con el derecho: la Fiscalía de París ha abierto una investigación, porque entre nosotros el racismo no es una opinión sino un delito. Y el presidente de la Federación Francesa de Fútbol recordó que nuestros jugadores no tienen que recibir de nadie ningún certificado de nacionalidad.

Nadie lo tiene. Ni siquiera yo. Nunca me ha gustado hablar “en calidad de”: hago política como republicana, no como embajadora de mis orígenes. Pero el señor Rajoy me obliga. Nací en Rabat —como el padre de Lamine Yamal nació en Marruecos—. Llegué a Francia a los diecisiete años, para estudiar. Ese país me lo ha dado todo, y hoy lo sirvo como primera teniente de alcalde de su capital. Mi abuelo marroquí, por su parte, sirvió en el ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial, como cientos de miles de hombres venidos de África a quienes nadie exigía un certificado de francesidad a la hora de liberar Europa. Aquellos a los que llaman “no del todo franceses” han salvado a Francia más de una vez.

Porque eso es ser francés —y quiero creer que eso es también ser español—. Una nación no es una etnia, ni un pedigrí, ni una carta de colores. Es una promesa política: un contrato que cada uno firma con lo que da, no con lo que hereda. Se puede pertenecer a una nación por la sangre recibida o por la sangre derramada, por nacimiento o por elección; nunca se pertenece a ella por el color. Eso es lo que hace de nuestras naciones algo más que tribus, y eso es precisamente lo que los nacionalistas de todos los países no les perdonan.

Que nadie se equivoque de adversario, sin embargo. El mío no es España, gran país amigo. El señor Rajoy escribe, por cierto, que no le gustan “ni los diablos ni los rojos”. Permítame recordarle que los primeros soldados que entraron en el París insurrecto, la noche del 24 de agosto de 1944, eran precisamente “rojos” españoles: la Nueve, aquellos republicanos exiliados de la 2ª División Blindada del general Leclerc cuyos vehículos se llamaban Madrid, Teruel, Guadalajara. París les dedicó un jardín, no lejos de mi despacho del Ayuntamiento. Los “rojos” que no le gustan al señor Rajoy liberaron la ciudad de la que hoy soy representante electa.

El adversario es una internacional reaccionaria que, de Madrid a Mendoza pasando por Asunción, recicla la misma obsesión racial y pone a prueba, partido tras partido, lo que nuestras democracias están dispuestas a tolerar. A esa internacional del odio debe responder una internacional de la dignidad. No me corresponde a mí decirle al partido del señor Rajoy lo que debe hacer; le corresponde a la España democrática decir si esa frase habla en su nombre. Que la FIFA, tan rápida a la hora de sancionar un tifo, se dote por fin de un protocolo contra el racismo cuando este viene de las tribunas oficiales. Que Europa deje de considerar la banalización racista como una opinión más.

El martes por la noche, en Dallas, se enfrentarán dos grandes naciones: dos equipos que se parecen mucho más de lo que los nacionalistas de ambas orillas querrán admitir jamás, herederos ambos de historias que no necesitaron ser puras para ser grandes. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, encontró las palabras justas, y las hago mías para terminar: que gane el mejor y que pierda el racismo. Lamia El Aaraje es primera teniente de alcalde del ayuntamiento de París. El País, 14 de julio de 2026.


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