lunes, 6 de julio de 2026

DEL POEMA DE CADA DÍA. DENTRO DE MUCHOS AÑOS, HIJA, POR ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ. 6 DE JULIO DE 2026

 






DENTRO DE MUCHOS AÑOS, HIJA



Habrá una tarde triste

—no sé por qué se espera

siempre a las tardes tristes

para cuadrar las cuentas—


en que hagas el balance

de una larga existencia.

Te estoy viendo ordenando

las sucesivas penas


y las satisfacciones

en dos hondas hileras.

¡Y no podré advertirte

(no estaré) que una pena


no vale la mitad

de cualquier dicha! Echa

con cuidado tus números

y, antes de hacer la resta,


no dejes de apuntar

lo que tú no recuerdas.

Que nos diste naciendo

la alegría perfecta.



ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ (1969)

poeta español




***




Enrique García-Máiquez (Murcia, 1969) es un poeta, crítico literario, escritor, profesor, columnista y traductor español. En 2022 fue nombrado académico de número a la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras. En 2023 fue nombrado académico correspondiente en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.



















DEL ASUNTO DEL DÍA. EL OCASO DEL SOCIALISMO, POR VICTORIA CAMPS. 6 DE JULIO DE 2026

 







Hace años que el socialismo ha dejado de ser un proyecto ilusionante. La socialdemocracia tuvo sus “treinta gloriosos”, tras la Segunda Guerra Mundial, cuando se proclamaron los derechos sociales y se consolidó en Europa el Estado de bienestar. Un logro que debería recordarse en momentos de desconfianza y desmoralización como los actuales, recordar que son posibles cambios radicales cuando las voluntades se unen aunque sólo sea para prevenir o evitar daños mayores. No estamos en esa tónica. La cooperación y la voluntad de llegar a acuerdos no son ingredientes del discurrir político, y la sociedad civil está lejos de organizarse y se siente impotente para revertir las tendencias dominantes.

Pero por agoreros que sean los pronósticos relativos al fin no ya de la socialdemocracia sino incluso del liberalismo, es difícil imaginar otro marco mental que nos permita seguir creyendo en los valores de libertad e igualdad que vertebran la declaración de derechos humanos. Si la libertad individual ha tenido un avance imparable desde que se proclamó como principio de cualquier otro derecho, el objetivo de la igualdad, la llamada “cuestión social”, condición necesaria para universalizar la libertad, ha tenido una aceptación menos unánime que ha cedido fácilmente a la voracidad de unas clases dirigentes ávidas de acumular riqueza e insensibles a las exigencias de la justicia social.

Que combatir las desigualdades que deshumanizan y excluyen a quienes las padecen debe seguir siendo un objetivo político y social está fuera de toda duda razonable. El modelo de un “estado mínimo” que suscriben las posiciones más neoliberales no merecería el apoyo de nadie que hubiera disfrutado de la protección de un estado social como el que tenemos en España y en Europa. Lo saben los inmigrantes que buscan ser acogidos por los países más desarrollados y lo saben incluso los votantes de Vox que aplauden el argumento de la “prioridad nacional” que rechaza la acogida a los no autóctonos a los que ven como usurpadores de unas prestaciones que no merecen. La crisis del Estado de bienestar no se explica por agotamiento del modelo, sino por estancamiento de una idea que nació como respuesta a los desafíos de la industrialización, que no son los desafíos de la actualidad. El reto de la justicia social, de la redistribución o de la equidad hay que verlo hoy desde la perspectiva de las nuevas formas de desigualdad que acechan a los países más desarrollados, las cuales están demandando una atención y protección distinta del estado providencia inicial, destinado a eliminar las inseguridades sociales más básicas.

Dichas formas de desigualdad están poniendo en cuestión derechos fundamentales que siguen defendiéndose en abstracto pero que no se ven garantizados de forma satisfactoria. Los primeros catorce años de gobierno socialista en España consiguieron universalizar el derecho a la educación y a la sanidad escolarizando a todos los niños hasta los dieciséis años y desplegando un sistema sanitario que, incluso a día de hoy, sigue siendo uno de los proyectos estrella de nuestra democracia. No podemos decir lo mismo de la preocupación hoy mayoritaria, la vivienda, un derecho que tras medio siglo de democracia nunca ha merecido la atención de los gobiernos progresistas, sumisos ellos también a las directrices de los poderes económicos y financieros.

Las sociedades cambian y aparecen necesidades nuevas que deberían dar lugar a prioridades políticas y sociales inéditas hace unos años. El objetivo de la equidad que debe seguir definiendo a la socialdemocracia ha de centrarse hoy no en la escolarización o en la protección de la salud para todos, objetivo ya conseguido, sino en el fin de corregir las nuevas desigualdades que están afectando de un modo especial a las sociedades más desarrolladas. La educación universal no consigue evitar el fracaso de los que acuden a la escuela con más desventajas de origen. La sanidad pública ha descuidado la atención primaria, menos glamurosa en cuanto a políticas públicas que la construcción de grandes hospitales, las políticas de transplantes y los tratamientos de enfermedades graves. La población longeva aumenta sin parar, llegar a los cien años ya no es una extravagancia, pero fallan los cuidados de larga duración y la atención a los dependientes. Han tenido que pasar veinte años para que la ley de dependencia empiece a contar con el soporte económico imprescindible para cumplir sus objetivos.

La socialdemocracia perece víctima de sus propios logros, algunos de los cuales han sido adoptados por posturas conservadoras pero que ya no pueden sustraerse al progreso que han conseguido, por ejemplo, las políticas feministas. Por eso, si el socialismo quiere seguir liderando el progreso social y la lucha contra las desigualdades ha de poner el foco en demandas que son cualitativamente distintas de las que atendió en su origen. Ya no se trata de activar una protección o seguridad social universal, que también, sino de evitar o corregir la exclusión de los que, a pesar de las protecciones, siguen siendo demasiado desiguales por lo que no pueden aprovechar las oportunidades que teóricamente se les ofrecen. Pierre Rosanvallon ha propuesto pasar de un “estado providencia pasivo” a un “estado providencia activo”, que contemple algo así como el “derecho a la inserción”. Si en tiempos hubo que atender por encima de todo a la subsistencia, hoy ese objetivo ya es insuficiente; gracias a los logros alcanzados, hoy hay que apuntar a algo más ambicioso que sobrevivir a base de subsidios. Lo que importa —escribió Víctor Hugo y ha repetido Pascal Brukner— no es vivir sino existir.

Asumir dicha perspectiva implica corregir bastantes inercias como la de limitar la protección social a las subvenciones. Los desempleados de larga duración no se sienten insertados con el subsidio de paro, quieren trabajar, requieren políticas de empleo activas. A su vez, no es de recibo combatir el paro de los jóvenes que buscan su primer empleo con salarios por debajo del salario mínimo. Si las empresas se quejan de que no encuentran trabajadores adaptados a sus necesidades, habrá que empeñarse con más éxito en coordinar mejor la formación que se ofrece con la demanda de trabajos.

No me imagino que pueda caer el Estado de bienestar por causa de maquinaciones espurias de quienes lo declaran insostenible. El modelo es too big to fail, pero si no se pone al día y no responde a los nuevos retos, no recuperará la credibilidad que está perdiendo. Desentenderse del esfuerzo que esto requiere y esperar que los ciclos políticos cambien por arte de magia sería un error imperdonable para el ideario socialista que quiero creer que aún pervive, aunque apenas se note, en la Unión Europea.

No nos faltan propuestas ni ideas; lo que falla es la voluntad, esa voluntad de hacer las cosas bien que, según Kant, era lo único bueno sin excepción. ¿Por qué las ideas progresistas no prosperan ni concitan adhesiones? Lo que convence de que algo está bien no es la teoría sino los resultados. El esfuerzo por lo menos de intentarlo y no las proclamas. Dejémonos de propuestas de regeneración democrática, de control de la corrupción, de cumbres progresistas. Lo que nutre la esperanza en que el cambio es posible son los hechos. La desafección hacia la política crece porque debajo de las declaraciones de futuro sólo hay humo.

El gran problema, sin embargo, es que para que los principios se transformen en hechos hay que agregar voluntades, algo que está en las antípodas de la manera actual de hacer política. Mientras no se purifique el aire de bronca y confrontación continua que se respira en el Parlamento, todo será inútil. Lasciate ogni speranza. Victoria Camps (Barcelona, 1941) es filósofa especializada en ética y política. Es autora de libros como Elogio de la duda (2016) y Tiempo de cuidados (2021), ambos en Arpa. El País, 2 de julio de 2026.






















HOLA, BONS DIES A TOTS I FELIÇ DILLUNS, 6 DE JULIOL DE 2026. AVUI EN CATALÀ

 






Hola, bon dia a tots i feliç dilluns i inici de setmana. Cap novetat: el món segueix de mal en pitjor, així que anem amb les entrades del bloc d'avui. A la primera, la prestigiosa filòsofa Victoria Campos, escriu: "Fa anys que el socialisme ha deixat de ser un projecte il·lusionant. La socialdemocràcia va tenir els seus "trenta gloriosos", després de la Segona Guerra Mundial, quan es van proclamar els drets socials i es va consolidar a Europa l'Estat de benestar. Un èxit que s'hauria de recordar en moments de desconcert radicals quan les voluntats s'uneixen encara que només sigui per prevenir o evitar danys més grans”. A la segona el poeta Enrique García Máiquez escriu un poema que comença amb aquests versos: “Hi haurà una tarda trista/—no sé per què s'espera/sempre a les tardes tristos/per quadrar els comptes—”. A l'arxiu de bloc d'avui, de juliol de 2017, l'escriptor John Carlin deia del president Trump (i això que era en el seu primer mandat): “el més increïble i el més aberrant de l'època en què vivim, és que el Congrés, la Cort Suprema, els governadors i els membres del gabinet presidencial dels Estats Units perillós de la terra, que no l'hagin destituït pel bé del seu país i el de la humanitat”; així, sense anestèsia ni res. I després de les vinyetes d'humor, al cafè de sobretaula, l'escriptor Ignacio Martínez de Pisón, escrivia: “La d'Ahmed Tommouhi, detingut el 1991 per unes violacions que no havia comès, és una història trista amb final feliç. passats a la presó”. La penúltima del dia, la de la tarda que cau, la firma el director de La Vanguardia, Jordi Juan, que hi diu. “El PP i Vox sembla que han après la lliçó del fiasco de les eleccions del 2023. Pedro Sánchez va aconseguir més vots dels esperats a la recta final d'aquella campanya amb l'argument que només ell podia parar l'arribada de la ultradreta al poder. decisivament a la victòria de Sánchez. Això ja no tornarà a passar. I, finalment, com sempre, hi ha les bones nits diàries d'HArendt als seus lectors, desitjant-los tot el millor de part de la Deessa de Fortuna i de les Moires benvolents. Que tinguen un bon dia. Espero que trobin interessants les entrades de hui. Tamaragua, amics. HArendt












ENTRADA NÚM. 10993


domingo, 5 de julio de 2026

BONA NOX, QUIES BONUM ET DULCIA SOMNIA. HODIE, DIE SOLIS, V IULII, MMXXVI, LATINE

 






Salvete iterum, amici. Bona nox, quies bona et dulcia somnia omnibus hac nocte dominica/mane lunae, V-VI Iulii, MMXXVI. Spero vos diem bonum cum familiis et amicis vestris egisse. Gratias ex imo corde ago quod blog visitastis. Libenter existimarem vos visitatione vestra fructum esse. Tamaragua, amici mei. Dea Fortuna et Parca benevola vobiscum sint. Ad cras. Amo vos. Oscula. HArendt















REVISTA DE PRENSA DOMINICAL, 10. LA LECTURA HA MUERTO, Y NOSOTROS LA HEMOS MATADO, POR LEONORA BARCLAY. 5 DE JULIO DE 2026

 







A principios de este año, la editorial Hachette retiró del mercado la próxima novela de terror "Shy Girl" de Mia Ballard, tras las acusaciones de que Ballard había recurrido a la inteligencia artificial para escribirla. Mientras tanto, la mitad de los novelistas en el Reino Unido temen ser reemplazados por completo por la IA. A medida que la inteligencia artificial continúa suplantando actividades creativas consideradas exclusivamente humanas, existe el temor de que la ficción se aleje cada vez más de la experiencia humana, con tramas predecibles y diálogos y personajes simplistas. La literatura comenzará a funcionar como comida basura sintética para el cerebro.

Lamentablemente, no necesitábamos IA para esto. La literatura ha sido funcionalmente artificial durante años, mucho antes de que ChatGPT apareciera en escena. No fueron las computadoras quienes lo hicieron, fuimos nosotros: editores, agentes, escritores y lectores. En los últimos 20 años, las novelas modernas se han vuelto más cortas , con un lenguaje más simple y oraciones más breves . Al mismo tiempo, la gente lee menos. En 2023, el número de estadounidenses mayores de 15 años que leían más de 20 minutos al día era del 15 %, en comparación con el 22 % en 2003. En cierto modo, las novelas más cortas pueden ser una bendición (sé que se supone que es la mejor novela de Charlotte Brontë, pero pasé la mayor parte de Villette deseando que el personaje principal se decidiera a seguir adelante), pero es preocupante que los autores ahora escriban para una capacidad de atención reducida.

Una de las principales causas del empobrecimiento de la literatura es el auge de la cultura de los influencers, incluyendo a aquellos que se hacen pasar por lectores. BookTok es una de las comunidades más grandes de TikTok. Los usuarios comparten qué libros están leyendo (o, más precisamente, comprando) y reseñan sus favoritos, a veces combinándolos con una estética particular. En 2025, hubo más de 35 millones de videos con el hashtag #BookTok, con un total de 370 mil millones de visualizaciones. Solo en Estados Unidos, se estima que BookTok generó alrededor de 59 millones de dólares en ventas de libros impresos en 2024. Los usuarios suelen ser jóvenes y pasan un promedio de 1,5 horas al día en TikTok.

Este contenido es necesariamente breve, lo que significa que debe ser fácil de buscar. Los libros destacados se clasifican por temas, incluyendo populares como "de enemigos a amantes", "romantismo" y "gruñón x alegre" (este último describe la relación entre una persona infeliz y otra feliz). Estas etiquetas, que también funcionan como hashtags, facilitan encontrar un libro que se ajuste a tu estado de ánimo o preferencia, sin sorpresas ni complejidades. De esta manera, BookTok emula los espacios de fan fiction en línea, donde los lectores pueden seleccionar a sus personajes favoritos de cualquier libro popular y disfrutar de una historia sobre la relación apasionada entre ellos, sin grandes sorpresas ni méritos literarios.

Al reducir los libros a sus tópicos clave, BookTok dificulta encontrar nuevas obras fuera de la selecta lista de libros favorecidos por el algoritmo. La autora Stephanie Danler, al reflexionar sobre su experiencia con BookTok, comentó : «Parecía imposible descubrir ficción diferente. Eran los mismos 20 libros una y otra vez». Categorizar los libros de esta manera evidencia las limitaciones de las etiquetas: es difícil imaginar a Tolstói reduciendo Anna Karenina a «gruñona x alegre».

Eso no ha impedido que editores y agentes intenten anticiparse a la próxima tendencia de BookTok y responder a la demanda del mercado. Muchos, por ejemplo, están optando por priorizar la novela romántica. Las editoriales se encuentran en un aprieto: este tipo de libros se venden (y mucho), pero cuando la lista de los más vendidos está dominada por lecturas fáciles impulsadas por creadores de contenido breve en internet que les ponen etiquetas de "fáciles de digerir", algo falla en la industria.

Esto no quiere decir que todos los libros de género sean inútiles. El clásico de Donna Tartt de 1992, * La historia secreta* , que sin duda no es superficial, se usa a menudo como ejemplo de "academia oscura", una tendencia que combina libros con una estética de ropa gótica y poses melancólicas entre edificios antiguos. Pero incluso así, el problema con las tendencias es que pasan rápidamente. Leer libros de "academia oscura", independientemente de su mérito literario, puede parecer algún día tan anticuado como usar pantalones ajustados o una gorra de panadero.

Una característica fundamental de BookTok es su predominio femenino. El grupo más numeroso de usuarias de BookTok son mujeres de entre 25 y 34 años, seguidas por las de entre 18 y 24. Esto tiene sentido, ya que las mujeres leen más ficción que los hombres, una tendencia que se mantiene a pesar de que hace apenas unas décadas ambos sexos leían menos. Las usuarias de BookTok también tienden a ser predominantemente millennials y de la Generación Z, lo que ofrece una perspectiva valiosa sobre cómo la cultura online está moldeando la niñez y la juventud femenina. Las jóvenes de hoy se debaten entre la presión de proyectar una imagen pública en internet y la presión de demostrar que son más que su apariencia. Es comprensible que, como reacción a estas presiones contradictorias, intenten demostrar que leen.

Las obras de escritoras como Sally Rooney y Jia Tolentino se etiquetan como " libros para chicas guapas”. Internet afirma que uno se vuelve más atractivo simplemente leyendo o incluso sosteniendo obras de estas autoras. "Leer mientras se está guapa" reduce los libros a un accesorio de moda, el equivalente sofisticado de Labubus .

Esta obsesión por la apariencia se ve reforzada por los cambios en el estilo de las portadas de los libros. Las más populares son aquellas que se reconocen al instante en vídeo —sobre todo si indican qué temas aborda la obra—. Muchos vídeos idealizan la elección de un libro basándose únicamente en lo atractiva que sea su portada, como si la principal función de un libro fuera combinar con la ropa o la decoración del hogar.

Lo que lees influye en lo que piensas, y BookTok no solo limita la exposición a nuevas obras de ficción y temas complejos, sino que también hace que la crítica literaria sea más breve, concisa y superficial, ya que los análisis que antes habrían sido ensayos o largos vídeos de YouTube se comprimen en unos pocos minutos o segundos. Además, la cultura de la cancelación sigue muy presente en BookTok, quizás por su similitud con sitios de blogs para adolescentes como Tumblr. En junio de 2025, Ali Hazelwood, una autora de novelas románticas popular en BookTok, fue víctima de acoso en Instagram tras expresar que prefería otro interés amoroso para la protagonista de la saga juvenil Los Juegos del Hambre . Mientras tanto, blogs y vídeos señalan por qué los tópicos románticos comunes son «perjudiciales». Y, por supuesto, solo los más valientes admitirían en BookTok que todavía leen a J.K. Rowling.

Leer libros de baja calidad es uno de los grandes placeres de la vida. Pero presentarlos como gran literatura solo porque todo el mundo los lee impide que los lectores accedan a obras más complejas pero gratificantes que realmente los desafíen. A primera vista, BookTok parece fomentar la lectura, pero a largo plazo refleja la crisis más amplia de las humanidades. Las grandes obras literarias ya no son un vehículo para el desarrollo personal ni para comprender la vida interior de los demás. Los libros se han convertido simplemente en otra forma de construir una imagen superficial en línea, incluso cuando leemos —y comprendemos— cada vez menos. Leonora Barclay es la directora de podcasts de Persuasion. Substack, 30 de junio de 2026.




















REVISTA DE PRENSA DOMINICAL, 9. NACIDO EN ESTADOS UNIDOS, POR ROBERT REICH. 5 DE JULIO DE 2026

 





Amigos: Hoy, la Corte Suprema anuló la orden ejecutiva de Trump, emitida el primer día de su mandato, que cancelaba el derecho a la ciudadanía por nacimiento. Bien. Dicha orden ejecutiva establecía que los niños nacidos en Estados Unidos no serían considerados ciudadanos si sus padres residían ilegalmente en el país o lo visitaban con visas temporales.

La orden ejecutiva nunca entró en vigor. Fue rápidamente bloqueada por varios tribunales inferiores porque parecía contravenir directamente la 14ª Enmienda, que establece que «todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos y sujetas a su jurisdicción son ciudadanos de los Estados Unidos».

El gobierno de Trump apeló las sentencias de los tribunales inferiores, argumentando que la disposición sobre ciudadanía de la 14.ª Enmienda había sido malinterpretada durante más de un siglo. La administración sostuvo que los redactores de la enmienda se centraron en garantizar la ciudadanía a los hijos de antiguos esclavos, y que la enmienda nunca tuvo la intención de extender la ciudadanía a los hijos de personas que no residían legalmente en el país.

Trump y su procurador general, quienes defendieron este caso ante el Tribunal, también afirmaron que restringir la ciudadanía por derecho de nacimiento era necesario para prevenir el "turismo de natalidad", la práctica de inmigrantes que vienen a Estados Unidos para dar a luz allí y obtener la ciudadanía para su hijo.

Desde que entró en política en 2015, Trump ha prometido intentar cambiar la ley, argumentando que la 14.ª Enmienda se redactó específicamente para consagrar los derechos de los esclavos liberados. Sus críticos han replicado que siempre se concibió para aplicarse también a los hijos de inmigrantes. Una decisión de la Corte Suprema de 1898 confirmó que los hijos de padres inmigrantes nacidos en Estados Unidos tienen derecho a la ciudadanía estadounidense.

Hoy, el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, escribió que la arraigada convicción de que prácticamente toda persona nacida en suelo estadounidense es automáticamente ciudadana de los Estados Unidos quedó consagrada en la Constitución con la aprobación de la 14.ª Enmienda en 1868: «La ciudadanía, entonces y ahora, era el derecho a tener derechos, a participar libremente en nuestra comunidad política», escribió Roberts. «Los redactores de la Decimocuarta Enmienda extendieron esa promesa a toda persona nacida libre en este país. Hoy mantenemos esa promesa».

En otra época, esto habría sido obvio. Ningún abogado constitucionalista que conozco pensó que el Tribunal decidiría de otra manera. Los tribunales federales inferiores habían fallado de forma sistemática y unánime en contra de Trump.

Si Trump hubiera ganado, probablemente habría causado pánico entre los inmigrantes recientes y sus familias. Aunque Trump insistió en que su política se aplicaría solo a los nacimientos futuros, no estaba nada claro que la lógica de una posible victoria suya no se aplicaría retroactivamente si un futuro presidente (¿JD Vance? ¡Dios no lo quiera!) quisiera seguir por ese camino.

Lo que me resulta preocupante es que la decisión fue de 5 a 4 en lugar de unánime o casi unánime, como debería haber sido.

Solo cinco de los nueve magistrados fallaron en contra de Trump por motivos constitucionales. Brett Kavanaugh discrepó por motivos legales; si bien coincidió en que la orden ejecutiva de Trump era ilegal, argumentó que el tribunal debería haber resuelto el caso conforme a la ley federal de inmigración en lugar de la Constitución.

Los tres magistrados más conservadores del Tribunal —Clarence Thomas, Neil Gorsuch y Samuel Alito— discreparon. Thomas escribió en nombre del grupo: «El Tribunal se suma a la triste historia de la Decimocuarta Enmienda, que fue diseñada y entendida para garantizar la igualdad de derechos para los negros liberados, pero que en cambio ha sido utilizada para proyectos políticos que el Congreso de la Reconstrucción no apoyó». Puras y absolutas tonterías.

Thomas, Gorsuch y Alito son tan conservadores que sus opiniones sobre este caso y otros asuntos deberían considerarse descabelladas. Sin embargo, lo más preocupante es que a Trump le falta tan solo un juez para tener una mayoría en la Corte Suprema que le habría favorecido en esta interpretación absurda de la 14.ª Enmienda.

Es evidente que la Corte Suprema debe ser reformada, ya sea aumentando el número de magistrados o estableciendo límites de mandato para sus miembros. La Constitución permite ambas soluciones.

Quizás lo mejor de la decisión mayoritaria de hoy es que supone un rechazo directo a Trump, quien desde hace tiempo se ha interesado personalmente en este tema. Durante su campaña de 2024, convirtió la restricción de la ciudadanía por derecho de nacimiento en un elemento clave de su programa de inmigración.

Cuando el tribunal supremo escuchó los argumentos del caso en abril, Trump dio el paso sin precedentes de presentarse en persona a la audiencia, convirtiéndose así en el primer presidente en ejercicio en asistir a una audiencia ante la Corte Suprema.

Que el Tribunal rechace hoy de forma tan directa la postura de Trump es, sin duda, una humillación para él. Pero claro, la humillación requiere la capacidad de sentir vergüenza, y él ha demostrado repetidamente que carece de ella. Robert Reich es economista y profesor. Substack, 30 de junio de 2026.

























REVISTA DE PRENSA DOMINICAL, 8. LA CAÓTICA POLÍTICA ESTADOUNIDENSE SOBRE LA IA, POR FRANCIS FUKUYAMA. 5 DE JULIO DE 2026

 







El vicepresidente, el senador Mark Warner, pronuncia un discurso de apertura durante una audiencia del Comité de Inteligencia del Senado sobre amenazas mundiales en el edificio de oficinas del Senado Hart el 18 de marzo de 2026 en Washington, DC (Foto de Win McNamee/Getty Images).

Este año ha sido una época caótica en lo que respecta al tratamiento que Washington da a la inteligencia artificial, y el ritmo se ha acelerado en las últimas semanas. Esta serie de acontecimientos comenzó en febrero, cuando el secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró a la empresa líder en IA, Anthropic , como un "riesgo para la cadena de suministro", lo que significaba que ni el Pentágono ni sus contratistas podían utilizar los modelos de Anthropic sin arriesgarse a incurrir en responsabilidades legales.

En abril, Anthropic anunció que su último modelo, Mythos, era tan potente que solo se distribuiría a un número limitado de organizaciones. Según se afirmaba, Mythos tenía una capacidad extraordinaria para infiltrarse en sistemas informáticos, y se solicitó a estas primeras organizaciones que lo utilizaran para probar y proteger sus sistemas. En junio, el senador Mark Warner declaró ante el Comité Bancario del Senado: «Menos mal que fue Anthropic. Cuando el director de la NSA y del Comando Cibernético llegó y dijo: “Esta herramienta se infiltró en casi todos nuestros sistemas clasificados, no en semanas, sino en horas”,… no vamos a resolver este problema si dependemos de un director ejecutivo con una ética cuestionable que opera únicamente basándose en pruebas voluntarias».

Más tarde, los expertos añadieron matices a esta descripción de las capacidades de Mythos 5, pero es evidente que la política de regulación de la IA ha cambiado drásticamente en el último mes. La administración Trump llegó al poder el año pasado asesorada por figuras del sector tecnológico como David Sacks y Marc Andreessen, quienes se oponían a cualquier forma de regulación de la IA. Este último, de hecho, creó una organización llamada Leading the Future que invirtió una cantidad considerable de dinero en actividades de cabildeo contra la regulación de la IA. No obstante, la Casa Blanca de Trump intervino contra Anthropic, pero solo por lo que parecían ser razones políticas típicamente reprobables. Según Hegseth, la empresa era demasiado "progresista"; de lo contrario, la postura habitual de la administración era oponerse a toda regulación.

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Esto ha cambiado. La comunidad de seguridad nacional se ha percatado de que los últimos modelos de IA representan un peligro claro e inminente para la seguridad de los datos gubernamentales. No se trata de una hipótesis a futuro, sino de una realidad actual. La facción de Sacks y Andreessen no puede rebatir esto, por lo que la opinión generalizada sobre la necesidad de regulación —al menos, la aprobación previa de nuevos modelos de IA— se ha inclinado a favor de la intervención. El último giro es que el Departamento de Comercio ha dado luz verde a Anthropic para que entregue sus últimos modelos Mythos 5 a un grupo de «socios de confianza» para que detecten vulnerabilidades en la seguridad de sus sistemas. De forma similar, OpenAI anunció la semana pasada que su modelo más reciente estaría restringido a unas pocas organizaciones aprobadas por el gobierno. Así pues, la Casa Blanca se ha sumado al consenso generalizado en la comunidad tecnológica que cree que, por muy útil que sea la IA, necesita regulación.

El problema radica en que la política de IA de la administración Trump suele ser caótica. No está claro quién tiene la autoridad final para emitir nuevas normas sobre IA ni con qué fundamento. Al parecer, el giro hacia la regulación está impulsado por personas serias de la comunidad de seguridad nacional que plantean preocupaciones importantes, y no por un intento ridículo de actores políticos como Pete Hegseth para castigar a los enemigos progresistas. Pero, ¿cómo se toman estas decisiones y cómo se tomarán en el futuro?

Hasta ahora, el problema radicaba en que los defensores de la regulación no podían definir con claridad los tipos de daños que esta pretendía prevenir. Ahora existe un daño evidente (la ciberseguridad), por lo que se puede iniciar un esfuerzo de diseño institucional más reflexivo. Dicho esfuerzo debería responder a las siguientes preguntas:

¿Necesitamos un organismo regulador especializado en IA, o es una función que se puede añadir a organismos ya existentes como la NSA o los Departamentos de Defensa o Comercio?

Independientemente de la entidad gubernamental que regule, ¿cómo podemos dotar a la burocracia de la capacidad suficiente para que pueda tomar decisiones bien fundamentadas? La capacidad del gobierno estadounidense en este ámbito es lamentablemente deficiente. El enfoque habitual en el pasado ha sido externalizar la capacidad estatal a actores privados, pero en las circunstancias actuales esto podría fácilmente conducir a la captura regulatoria por parte de grandes empresas con intereses propios.

¿Cómo puede un organismo regulador supervisar y hacer cumplir las normas que él mismo crea? La industria de la IA es enorme y crece día a día; además, países como China poseen capacidades significativas, muy similares a las de Estados Unidos. Si consideramos que una determinada capacidad de IA es peligrosa, ¿cómo sabremos que se está desarrollando y cómo haremos cumplir las normas que la limitan? Como indican las declaraciones del senador Warner, actualmente dependemos de las buenas intenciones de los directores ejecutivos de las grandes empresas.

¿Hasta qué punto deberíamos delegar autoridad discrecional al nuevo regulador? En el pasado, las leyes especificaban las normas que el regulador debía hacer cumplir. Pero el campo de la IA evoluciona tan rápidamente que cualquier intento de plasmar dichas especificaciones en una ley estricta quedará casi de inmediato obsoleto ante el cambio tecnológico.

Estas son solo algunas de las cuestiones de diseño institucional del mundo real que debemos abordar para regular adecuadamente la inteligencia artificial. Sospecho que, efectivamente, necesitaremos un organismo regulador especializado, dado que la IA es un sector muy diferente de otras partes de la economía. Cuando el transporte por carretera se convirtió en un medio importante para el transporte de mercancías a principios del siglo XX , el Congreso decidió otorgar autoridad reguladora a la Comisión de Comercio Interestatal (ICC). Pero esto fue un error: la ICC fue diseñada para regular los ferrocarriles, y la economía del transporte por carretera es muy diferente a la del transporte ferroviario. Por eso, la llegada del transporte aéreo propició la creación de agencias especializadas como la FAA y la CAB.

Es hora de dejar de debatir si necesitamos un regulador de la IA; los peligros son reales y debemos actuar con rapidez. El debate debe centrarse en un análisis mucho más profundo y específico sobre cómo regularla, entendiendo que los peligros que plantea la IA probablemente cambien con el tiempo. Nuestro principal competidor, China, avanza en esta dirección: el país no está gobernado por un grupo de libertarios que quieren dejar que la tecnología se desarrolle sin control, pase lo que pase. Esa pudo haber sido nuestra postura en el pasado, pero no puede definir nuestra política actual. Francis Fukuyama es investigador principal de la cátedra Olivier Nomellini en la Universidad de Stanford. Su libro más reciente es El liberalismo y sus descontentos . También es autor de la columna « Frankly Fukuyama », publicada en Persuasion , que anteriormente aparecía en American Purpose. Substack, 29 de junio de 2026.