jueves, 21 de mayo de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. DEL MURO Y EL FLACO, POR MARIO VARGAS LLOSA. PUBLICADO EL 21 DE MAYO DE 2017

 






Un buen reportaje puede ser tan fascinante e instructivo sobre el mundo real como un gran cuento o una magnífica novela. Si alguien lo pone en duda, le ruego que lea la crónica de Ioan Grillo Bring On the Wall que apareció en The New York Times el pasado 7 de mayo. Cuenta la historia del Flaco, un contrabandista mexicano que, desde que estaba en el colegio, a los 15 años, se ha pasado la vida contrabandeando drogas e inmigrantes ilegales a Estados Unidos. Aunque estuvo cinco años en la cárcel no se ha arrepentido del oficio que practica y menos ahora, cuando, dice, su ilícita profesión está más floreciente que nunca.

Cuando el Flaco empezó a traficar con marihuana, cocaína o compatriotas suyos y centroamericanos que habían cruzado el desierto de Sonora y soñaban con entrar a Estados Unidos, el contrabando era un oficio de los llamados coyotes, que trabajaban por su cuenta y solían cobrar unos cincuenta centavos por inmigrante. Pero como, a medida que las autoridades norteamericanas fortificaban la frontera con rejas, muros, aduanas y policías, el precio fue subiendo —ahora cada ilegal paga un mínimo de 5.000 dólares por el cruce—, los carteles de la droga, sobre todo los de Sinaloa, Juárez, el Golfo y los Zetas, asumieron el negocio y ahora controlan, peleándose a menudo entre ellos con ferocidad, los pasos secretos a través de los 3.000 kilómetros en que esa frontera se extiende, desde las orillas del Pacífico hasta el golfo de México. Al ilegal que pasa por su cuenta, prescindiendo de ellos, los carteles lo castigan, a veces con la muerte.

Las maneras de burlar la frontera son infinitas y el Flaco le ha mostrado a Ioan Grillo buenos ejemplos del ingenio y astucia de los contrabandistas: las catapultas o trampolines que sobrevuelan el muro, los escondites que se construyen en el interior de los trenes, camiones y automóviles, y los túneles, algunos de ellos con luz eléctrica y aire acondicionado para que los usuarios disfruten de una cómoda travesía. ¿Cuántos hay? Deben de ser muchísimos, pese a los 224 que la policía ha descubierto entre 1990 y 2016, pues, según el Flaco, el negocio, en lugar de decaer, prospera con el aumento de la persecución y las prohibiciones. Según sus palabras, hay tantos túneles operando que la frontera méxico-americana “parece un queso suizo”.

¿Significa esto que el famoso muro para el que el presidente Trump busca afanosamente los miles de millones de dólares que costaría no preocupa a los carteles? “Por el contrario”, afirma el Flaco, “mientras más obstáculos haya para cruzar, el negocio es más espléndido”. O sea que aquello de que “nadie sabe para quién trabaja” se cumple en este caso a cabalidad: los carteles mexicanos están encantados con los beneficios que les acarreará la obsesión antiinmigratoria del nuevo mandatario estadounidense. Y, sin duda, servirá también de gran incentivo para que la infraestructura de la ilegalidad alcance nuevas cimas de desarrollo tecnológico.

La ciudad de Nogales, donde nació el Flaco, se extiende hasta la misma frontera, de modo que muchas casas tienen pasajes subterráneos que comunican con casas del otro lado, así que el cruce y descruce es entonces veloz y facilísimo. Ioan Grillo tuvo incluso la oportunidad de ver uno de esos túneles que comenzaba en una tumba del cementerio de la ciudad. Y también le mostraron, a la altura de Arizona, cómo las anchas tuberías del desagüe que comparten ambos países fueron convertidas por la mafia, mediante audaces operaciones tecnológicas, en corredores para el transporte de drogas e inmigrantes.

El negocio es tan próspero que la mafia puede pagar mejores sueldos a choferes, aduaneros, policías, ferroviarios, empleados, que los que reciben del Estado o de las empresas particulares, y contar de este modo con un sistema de informaciones que contrarresta el de las autoridades, y con medios suficientes para defender en los tribunales y en la Administración con buenos abogados a sus colaboradores. Como dice Grillo en su reportaje, resulta bastante absurdo que en esa frontera Estados Unidos esté gastando fortunas vertiginosas para impedir el tráfico ilegal de drogas cuando en muchos Estados norteamericanos se ha legalizado o se va a legalizar pronto el uso de la marihuana y de la cocaína. Y, añadiría yo, donde la demanda de inmigrantes —ilegales o no— sigue siendo muy fuerte, tanto en los campos, sobre todo en épocas de siembra y de cosecha, como en las ciudades donde prácticamente ciertos servicios manuales funcionan gracias a los inmigrantes latinoamericanos. (Aquí en Chicago no he visto un restaurante, café o bar que no esté repleto de ellos).

Grillo recuerda los miles de millones de dólares que Estados Unidos ha gastado desde que Richard Nixon declaró la “guerra a las drogas”, y cómo, a pesar de ello, el consumo de estupefacientes ha ido creciendo paulatinamente, estimulando su producción y el tráfico, y generando en torno una corrupción y una violencia indescriptibles. Basta concentrarse en países como Colombia y México para advertir que la mafia vinculada al narcotráfico ha dado origen a trastornos políticos y sociales enormes, al ascenso canceroso de la criminalidad hasta convertirse en la razón de ser de una supuesta guerra revolucionaria que, por lo menos en teoría, parece estar llegando a su fin.

Con la inmigración ilegal pasa algo parecido. Tanto en Europa como en Estados Unidos ha surgido una paranoia en torno a este tema en el que —una vez más en la historia— sociedades en crisis buscan un chivo expiatorio para los problemas sociales y económicos que padecen y, por supuesto, los inmigrantes —gentes de otro color, otra lengua, otros dioses y otras costumbres— son los elegidos, es decir, quienes vienen a arrebatar los puestos a los nacionales, a cometer desmanes, robar, violar, a traer el terrorismo y atorar los servicios de salud, de educación y de pensiones. De este modo, el racismo, que parecía desaparecido (estaba sólo marginado y oculto), alcanza ahora una suerte de legitimidad incluso en los países como Suecia u Holanda, que hasta hace poco habían sido un modelo de tolerancia y coexistencia.

La verdad es que los inmigrantes aportan a los países que los hospedan mucho más que lo que reciben de ellos: todas las encuestas e investigaciones lo confirman. Y la inmensa mayoría de ellos están en contra del terrorismo, del que, por lo demás, son siempre las víctimas más numerosas. Y, finalmente, aunque sean gente humilde y desvalida, los inmigrantes no son tontos, no van a los países donde no los necesitan sino a aquellas sociedades donde, precisamente por el desarrollo y prosperidad que han alcanzado, los nativos ya no quieren practicar ciertos oficios, funciones y quehaceres imprescindibles para que una sociedad funcione y que están en marcha gracias a ellos. Las agencias internacionales y las fundaciones y centros de estudio nos lo recuerdan a cada momento: si los países más desarrollados quieren seguir teniendo sus altos niveles de vida, necesitan abrir sus fronteras a la inmigración. No de cualquier modo, por supuesto: integrándola, no marginándola en guetos que son nidos de frustración y de violencia, dándole las oportunidades que, por ejemplo, le daba Estados Unidos antes de la demagogia nacionalista y racista de Trump.

En resumidas cuentas, es muy simple: la única manera verdaderamente funcional de acabar con el problema de la inmigración ilegal y de los tráficos mafiosos es legalizando las drogas y abriendo las fronteras de par en par. Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Premio Cervantes. El País, 21 de mayo de 2017.


























DEL POEMA DE CADA DÍA. TODAS LAS SOMBRAS, I, POR INÉS MONTES. 21 DE MAYO DE 2026

 






TODAS LAS SOMBRAS, I



Miro caer la tarde desde lo mas alto, observo los últimos rayos del sol devorándose a sí mismos e impregnando la ciudad con su luz rojiza. He atravesado el resplandor del desierto, la opaca densidad de la noche, la  jauría de los tiempos. Quiero cerrar los ojos igual que la esfinge de Naxos para sonreír a la muerte y comprender la errática belleza de lo desconocido. Todos los signos me acercaron a ese lugar que está en otra parte, pero eran solo brasas desvanecidas en la memoria. El día se pierde en la oscuridad. Vuelo sobre los tejados de bronce y las columnas de humo. A lo lejos están las palabras que se niegan a ser borradas de la nada y escriben el último abrazo que pueda detener la incomprensible maquinaria del mundo.



INÉS MONTES

poetisa española



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Inés Montes es poeta y narradora. Nació en Málaga y en su universidad se licenció en Filología Hispánica, llegando a realizar los cursos de doctorado en Periodismo. Asimismo, se licenció en Teoría de la Literatura y Literaturas Comparadas en la Universidad de Granada. Su obra poética está recogida en diversas antologías, entre otras Mujeres de carne y verso (La Esfera de los Libros, 2002), así como en catálogos y revistas literarias. Una muestra de su narrativa apareció en El Maquinista de la Generación (Centro Cultural Generación del 27, 2007). Como fotógrafa, ha publicado trabajos gráficos en las revistas culturales de difusión nacional Puerta Oscura y Bulevar. Es autora de los poemarios La noche y los días (1992), Fronteras (2014), publicación traducida al francés, en la que desarrolla un discurso estético donde la imagen y la palabra se conjugan, El canto inaudito (2017, I Premio Literario Himilce de Poesía Escrita por Mujeres) y Un lugar al borde de las cosas (2018). En 2017 recibió el Premio Jábega como reconocimiento a su obra literaria. Su libro de relatos De repente, siempre es tarde (2020) obtuvo el Premio Andalucía de la Crítica 2021.
















DEL ASUNTO DEL DÍA. A LOS HECHOS, POR JOSÉ LUIS SASTRE. 21 DE MAYO DE 2026

 








Hay un auto, de más de 80 páginas. Recoge con detalle los indicios por los que, para un juez de la Audiencia Nacional, resulta razonable investigar al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Antes de formarse una opinión sobre el auto conviene al menos leerlo: y es difícil que alguien con voluntad de saber o de entender pudiera haberlo leído para cuando ya circulaban las primeras opiniones, fueran a favor o en contra de Zapatero. Corren antes las adhesiones que las opiniones, porque lo primero que hemos perdido es el tiempo, en un sentido literal: hace falta una opinión de inicio, antes de saber de qué asunto se trata. Al que dude o se pregunte lo llamarán tibio, y a los tibios les guarda Dante un lugar en la antesala del infierno.

En ese tiempo, y si el Gobierno cree en la inocencia de Zapatero, bastaría con apelar a la presunción de inocencia, que asiste a todo el mundo hasta que haya —si la hay— una sentencia en contra. Bastaría con eso si las palabras aún tuvieran sentido, antes de que se las hubieran lanzado a la cabeza escándalo tras escándalo. No se puede apelar a la ley e ignorar la presunción de inocencia, consagrada en la Constitución. El PP puso el primer tuit cuando aún se estaban redactando las noticias en las redacciones.

Tampoco se puede presumir del respeto a la justicia mientras se atribuye el auto a una suerte de conspiración política y judicial. El juez recoge indicios serios que ahora deberá esclarecer en su investigación. Al lanzar sospechas —¿qué investigaciones son creíbles y qué investigaciones no lo son?—, el PSOE tiene la obligación de explicar su fundamento. Si se basa en los precedentes, su discurso se lo complican los casos de José Luis Ábalos y de Santos Cerdán, a quienes —por cierto— asiste también la presunción de inocencia. Si es en otros precedentes, tendría que explicar la relación que establece entre el juez José Luis Calama de la Audiencia Nacional y, por ejemplo, el juez Juan Carlos Peinado.

Si el Gobierno está apuntando que esa persecución alcanzaría del Tribunal Supremo a la Audiencia Nacional —lo que implicaría una quiebra democrática— se diría que antes, para una denuncia de ese calado, debe hacerse con la credibilidad que exige, cuanto menos, haberse dado el tiempo para leer el auto. Por no mezclar unas cosas con otras. José Luis Sastre es escritor. El País, 20 de mayo de 2026.























SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA ESPAÑOLA. HOY JUEVES, 21 DE MAYO DE 2026 EN CASTELLANO

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Si digo que hoy tampoco quiero hablar de política, estoy haciendo política; si digo, como anoche, que algunos jueces y algunos políticos (o algunos políticos y algunos jueces; el orden de los factores no afecta al producto) son iguales de golfos, estoy haciendo política; si sospecho, y lo digo, que jueces y políticos se pasan la Constitución por la entrepierna cuando les interesa, estoy haciendo política… Vale, pues hoy no quiero hablar de política, porque el desprecio que siento por la mayoría de esos jueces y esos políticos (o de esos políticos y esos jueces, lo digo por eso de que los factores…), es tan absoluto y radical, que siento vergüenza de mí mismo por no atreverme a salir a la calle gritando: ¡Viva la anarquía! Espero que las entradas de hoy les resulten de interés. Tamaragua, amigos míos. HArendt



















ENTRADA NUM. 10580

miércoles, 20 de mayo de 2026

BUENAS NOCHES, FELIZ DESCANSO Y DULCES SUEÑOS. 20 DE MAYO DE 2026

 







Buenas noches, feliz descanso y dulces sueños a todos en esta noche del 20 al 21 de mayo de 2026. Falta un  mes para el comienzo del verano. Día soleado y espléndido en Las Palmas. Visita al Servicio Canario de Salud por la mañana para una sencilla intervención sin necesidad de preparación previa alguna: todo bien. Continúo leyendo el libro de Josephine Quinn (“Cómo el mundo creó Occidente”) del que les hablaba ayer. La imputación judicial al expresidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, es un hecho. Vale, sí, ¿y la presunción de inocencia, qué? Pues lo mismo cabe decir de la independencia judicial. Ambas están en la Constitución. Y ambas se la pasan políticos y jueces por el forro de sus test…… u ovar….. respectivos cuando les conviene. Que la diosa Fortuna y las benévolas Moiras les sean propicias. Saludos, amigos míos. Les quiero. Espero que las entradas de Desde el trópico de Cáncer de mañana les resulten interesantes. A partir de las 06:00 (hora de Canarias) las tienen a su disposición en el blog. Hasta mañana. HArendt





















DE LA TARDE QUE CAE. PEDRO SÁNCHEZ ENCABEZA LA OPOSICIÓN POLÍTICA A DONALD TRUMP. Y ESTÁ GANANDO, POR OMAR G. ENCARNACIÓN. 20 DE MAYO DE 2026

 







En abril, muchas de las luminarias progresistas del mundo, como el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, acudieron a Barcelona. En apariencia, estaban allí para mostrar su apoyo a la democracia y al multilateralismo frente a la amenaza que representa la extrema derecha. Pero sería comprensible pensar que el verdadero propósito de su visita era rendir homenaje al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. El líder de centroizquierda con más tiempo en el poder en Occidente últimamente es más conocido por otra cosa: encabezar la oposición mundial al presidente Donald Trump.

En contraste con el enfoque de “no provoques a la bestia” que han tomado la mayoría de los líderes extranjeros, Sánchez ha desafiado audazmente al presidente estadounidense: condenó la captura de Nicolás Maduro por parte de Trump y negó a Estados Unidos el uso de bases militares en España para la guerra en Irán. Estas posturas fueron precedidas por una serie de enfrentamientos con Washington. El año pasado, Sánchez fue el único líder de la OTAN que se opuso a la exigencia de Trump de un gran aumento del gasto militar, se enfrentó a la amenaza de aranceles y tomó la iniciativa de reconocer la existencia de un Estado palestino y calificar la guerra en Gaza de genocidio.

Para los detractores de Sánchez, este giro como némesis de Trump es la manifestación más reciente del “sanchismo”, una política populista y sin principios diseñada para conservar el poder a cualquier costo. Pero este apelativo peyorativo no da en el blanco. A lo largo de ocho años en el poder, Sánchez ha conseguido hacer de España el último bastión socialdemócrata en Europa, sobreviviendo—e incluso prosperando— en un entorno brutal para los políticos progresistas. Ha logrado esta hazaña al combinar ambición, idealismo y pragmatismo, junto con la oposición a Trump. Para los líderes de izquierda de casi cualquier tendencia, proporciona un modelo a seguir.

De una manera parecida a Trump, Sánchez llegó al poder como un disruptor impaciente. En 2017, recuperó el control del Partido Socialista Obrero Español, mediante un recorrido por toda España a bordo de su Peugeot 407 para difundir su mensaje antisistema y conectar con las bases del partido. Al año siguiente, orquestó la destitución del presidente del gobierno Mariano Rajoy —cuyo Partido Popular, de orientación conservadora, estaba inmerso en escándalos de corrupción— mediante una moción de censura en el Congreso de los Diputados. Después de lograr la caída de un gobierno por primera vez en la historia de España posterior al franquismo, Sánchez se convirtió en el líder del país.

Una vez en el poder, Sánchez hizo gala de una audacia notable. En 2023, después de convocar unas elecciones anticipadas, llegó a un controvertido acuerdo con los separatistas catalanes. A cambio de su apoyo, Sánchez ofreció una amnistía para toda persona vinculada al referendo ilegal sobre la independencia de Cataluña celebrado en 2017, incluidos quienes no mostraban remordimientos. Muchos miembros de la judicatura se opusieron al acuerdo, lo que provocó una crisis entre los conservadores y desencadenó enormes protestas públicas. Pero la apuesta valió la pena. Sánchez se mantuvo en el poder y, después de que se consagrara la amnistía, el apoyo a la independencia de Cataluña disminuyó significativamente.

Esta toma de riesgos ha estado al servicio de una agenda idealista que Sánchez denomina progresismo que funciona. Entre 2018 y 2025, aumentó el salario mínimo un 61 por ciento, además de introducir reformas laborales para reducir el desempleo, frenar los contratos de corta duración, dificultar el despido de trabajadores y proteger a las mujeres y a las personas de la comunidad LGBTQ de la discriminación laboral. Estas políticas, combinadas con mayores impuestos a los ricos y generosas ayudas a los trabajadores durante la pandemia, fueron el preludio de un relanzamiento triunfal de la economía española. En 2024, The Economist anunciaba que España era la “economía rica con mejores resultados del mundo”.

Sánchez también ha intentado exigir responsabilidades por el pasado dictatorial de España. En 2019, consiguió que se retiraran los restos del general Francisco Franco del Valle de los Caídos, el monumento público más grande de España, cuya construcción fue ordenada por el dictador para conmemorar su victoria en la guerra civil española. Y en 2022, contra la dura oposición de los conservadores, promulgó la Ley de Memoria Democrática. En particular, esta ley histórica obligó al gobierno a localizar, exhumar y volver a enterrar unas 2000 fosas comunes que contenían los restos de hasta 150.000 víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista.

Sin embargo, nadie debe confundir a Sánchez con un ideólogo. Su pragmatismo es inconfundible, especialmente en lo que se refiere a la economía. El llamado “milagro ibérico”, anclado en un sector turístico en auge, la exportación de servicios de alto valor, la fabricación de automóviles y las energías renovables, se ha visto acompañado por el cortejo de Sánchez a la inversión china. Otro pilar del milagro es una política de inmigración que, si bien es generosa —este año ha entrado en vigor una ley que regulariza la situación de 500.000 migrantes indocumentados—, da prioridad a los latinoamericanos que puedan asimilarse a España y a quienes estén dispuestos a ocupar puestos de trabajo que los españoles no desean.

Sin duda, reproducir el éxito de Sánchez en otros países no será fácil. Por un lado, la aversión de España a la extrema derecha —arraigada en su experiencia relativamente reciente con la dictadura— ha puesto límites al atractivo de la derecha radical, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares de Europa. Además, la presencia de fuerzas de importancia considerable a la izquierda de Sánchez le ha permitido tomar prestadas sus ideas sin perder su estatus de político responsable: puede adherirse a la izquierda o desprenderse de ella, según dicten las circunstancias. Su habilidad para superar estratégicamente a los oponentes de la derecha y esquivar los escándalos sería aún más difícil de igualar.

Sánchez ha anunciado su intención de presentarse a la reelección el año que viene. Su oposición a Trump seguramente ocupará un lugar destacado. Según encuestas recientes, la opinión pública española es la más antibelicista de Europa: un 51 por ciento de los españoles opinan que Estados Unidos supone una “amenaza” para Europa. Sánchez ya ha recibido un gran impulso en sus encuestas y en sus índices de aprobación por su enfoque mordaz hacia Trump. Pero sea cual sea el resultado el año que viene, ya ha consolidado su posición como uno de los líderes españoles más importantes de la era posfranquista.

La relevancia global de Sánchez es más sorprendente. A partir de la creencia de que los líderes de centroizquierda han gobernado durante demasiado tiempo como versiones deslucidas de sus homólogos de derecha, ha trazado una clara distinción entre ellos. En el proceso, Sánchez ha establecido una filosofía de gobierno alternativa al trumpismo, que además funciona. No es de extrañar que líderes afines, que navegan por un mundo tumultuoso, hayan venido a rendirle homenaje y a ver por sí mismos cómo pueden aprender de España. Omar G. Encarnación es periodista. The New York Times, 14 de mayo de 2026.
















DEL CAFÉ DE SOBREMESA. AMANECER EN NICARAGUA, POR SERGIO RAMÍREZ. 20 DE MAYO DE 2026

 






En la colección Carmen Thyssen del Museo Thyssen-Bornemisza, hay un melancólico cuadro de pequeño formato que muestra una laguna bajo una luz esfuminada, hasta cuya ribera llega una exuberante vegetación tropical de la que destacan unas palmeras reales. Un bote de vela surca las aguas entre la bruma. El cuadro, pintado en 1869, es de Martin Johnson Heade y se llama Amanecer en Nicaragua. No creo que muchos visitantes se fijen en él.

Heade llegó a Nicaragua en 1866, atraído por la lectura del libro Nicaragua, sus gentes y paisajes, de Efraín Squier, publicado en Estados Unidos en 1852, y quien había residido en el país por cerca de dos años, como ministro plenipotenciario de Estados Unidos. Squier habla con tono zumbón de los personajes de la política nacional, y con admiración de las bellezas naturales y de los tesoros arqueológicos, una buena muestra de los cuales saqueó a gusto, y ahora se exhiben en el Instituto Smithsonian.

El pintor había nacido en 1819 en la Pensilvania rural, un solterón de casi 50 años cuando hizo el viaje desde Nueva York a Greytown, el puerto del Caribe nicaragüense en la boca del río San Juan, y no se casaría sino más de una década después. En una foto de estudio, vestido de luto y la calva cercada por dos orlas de cabello que bajan por sus carrillos, tiene el aire de un austero pastor calvinista.

Había estudiado con un pintor cuáquero que ilustraba en sus cuadros el reinado de la paz que anuncia el profeta Isaías para el fin de los tiempos, cuando el lobo y el cordero vivirán en paz. Pero la preferencia de Heade no eran las escenas bíblicas sino los paisajes tropicales de selvas y marismas.

No encontró en Nicaragua lo mucho que había seducido a Squier, y su estancia fue breve. Pero hay otro cuadro suyo, de ubicación desconocida, que se llama Laguna en Nicaragua, expuesto en 1867 en la Academia Nacional de Diseño de Nueva York, y desestimada por la crítica porque tenía “suficiente miasma como para provocar fiebres leves en la galería”. Cuando murió en 1904, nadie sabía quién era.

Nadie sabía tampoco quién era Mark Twain cuando entre la Navidad del año 1866 y el año nuevo de 1867, poco después de la llegada de Heade, atravesó el territorio de Nicaragua viniendo de San Francisco con rumbo a Nueva York, desde donde viajaría a Europa. Tenía 31 años de edad, no había publicado aún ningún libro, y en el rol de pasajeros figuraba bajo su nombre verdadero, Samuel Langhorne Clemens.

Desembarcó en San Juan del Sur, en la costa del Pacífico, y pasajero de un tren de diligencias, “ambulancias rojas descoloridas” tiradas por mulas, “cuatro conejitos con la espalda dolorida enganchados a ellas”, atravesó el istmo hacia el puerto de La Virgen, en el Gran Lago, para navegar en un barco de rueda de paletas, como los del río Mississippi, hacia el puerto de San Carlos, allí donde las aguas del lago desembocan en el río San Juan, y luego en un bongo por el curso del río, hasta Greytown, donde se embarcaría hacia Nueva York.

De esta travesía dejó memoria en Viajes con Mr. Brown, que recoge sus cartas publicadas en el periódico Alta California de San Francisco. Igual que Heade, era uno de los miles de pasajeros que utilizaban la ruta del Tránsito, creada por el comodoro Cornelius Vanderbilt cuando en 1848 se descubrió oro en California; una vía más rápida, barata y segura que la del territorio continental de Estados Unidos, y cuya explotación hizo a Vanderbilt más rico y poderoso de lo que ya era.

En el lento trayecto por el río sinuoso, traicionero por sus rápidos, y remontado por tiburones de agua dulce, Twain dio cuenta de “las maravillosas cascadas de hojas verdes que se superponen con la misma maestría que las escamas de un pez”, y el milagro de la lluvia cayendo en una ribera y el sol esplendoroso brillando en la otra, y que Heade también debió contemplar.

Mark Twain vio alguna vez el cuadrito de Heade ahora desaparecido, Laguna en Nicaragua, y lo describió: “Había una escena tropical de ensueño: una isla boscosa en el centro de un lago cristalino bordeado por una selva impenetrable de árboles entrelazados con lianas y adornados con guirnaldas colgantes de flores; el lago en calma reflejado por todas partes con la belleza de sus orillas; dos pájaros solitarios que volaban hacia el otro lado, donde prados cristalinos, rocas cubiertas de musgo y una naturaleza salvaje de follaje teñido dormían en una bruma púrpura”. Es la misma atmosfera de la pintura que se exhibe en el Thyssen.

Ambos atravesaron el Gran Lago de Nicaragua donde los volcanes gemelos de la isla de Ometepe “vestidos con el verde más suave y más rico, salpicados de sombra y sol perforan las nubes ondulantes”, como escribe Mark Twain, quien hubiera querido quedarse en aquellos parajes, lejos de la civilización apresurada. Sergio Ramírez es escritor y Premio Cervantes. El País, 20 de mayo de 2026.


























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 20 DE MAYO DE 2026

 























DEL ARCHIVO DEL BLOG. ENCUESTA CRUCIAL, POR FERNANDO ARAMBURU. PUBLICADO EL 22 DE SEPTIEMBRE DE 2022

 







Pregunté a varias personas si aceptarían conocer la fecha y hora exactas de su muerte. Sugerí la posibilidad de que el dato constase en un documento oficial que todo recién nacido recibiría de manos de un funcionario del Ayuntamiento presente en el paritorio. A ninguno de los encuestados agradó la idea de vivir obsesionado con una cuenta atrás. Hubo quienes vacilaron; pero, después de imaginarse la situación con detenimiento, se pronunciaron a favor de permanecer en la comodidad de su incertidumbre. En lo que estuvieron todos conformes fue en la convicción de que, conocida la provisión de días, cambiaríamos de estrategia vital. A buen seguro aprovecharíamos el tiempo disponible en función de criterios prácticos. El consentimiento en el tedio alcanzaría rango de imprudencia temeraria. Con toda probabilidad concederíamos máxima importancia a muchas cosas que ahora nos cuesta poco posponer y al fin entenderíamos lo superfluas que son otras tras las que corremos desalados. Uno gestionaría con más cabeza la angustia existencial y conocería con precisión la hora de dejar resueltos sus asuntos administrativos y testamentarios.

Quiero creer que evitaríamos un sinnúmero de conflictos. ¿Para qué meterme en porfías si el próximo viernes estaré criando malvas? Como los condenados a la pena capital a quienes se concede un último deseo, presiento que, cercanos al desenlace, nos inclinaríamos por elegir algún disfrute: el viaje al país que siempre quisimos conocer, una fiesta por todo lo alto, la relectura de un libro venerado... Un aguafiestas me replicó que, si ya no hay margen para un juicio y un castigo, podríamos permitirnos toda suerte de fechorías. Allá él. Yo me inclinaría en el instante final por algo que nos diese gusto a mi gente y a mí. Y que la suerte, según reza un aforismo de Isabel Bono, “me encuentre dentro de casa con el paraguas abierto”. Fernando Aramburu es escritor.