domingo, 18 de enero de 2026

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY. ESPECIAL UNO DE HOY DOMINGO, 18 DE ENERO DE 2026

 























































































ENTRADA NÚMERO 9732

sábado, 17 de enero de 2026

DE VOX, ABASCAL Y LA MONARQUÍA DE LEONOR. ESPECIAL UNO DE HOY SÁBADO, 17 DE ENERO DE 2026

 







En el Vox en la España de Leonor, algunas corrientes de la ultraderecha consideran a Felipe VI como la cúspide del sistema político que pretenden destruir, dice,sin ambages en El País (31/12/2026), la politóloga Estefanía Molina. A algunas voces de la ultraderecha les ha empezado a incomodar la monarquía parlamentaria, como institución, dentro de su idea de España. El Rey no solo simboliza la Constitución de 1978, sino también un orden que se ha ido consolidando durante los últimos 40 años en torno a dos grandes partidos tendientes al centro y a unos consensos básicos. En ese sentido, Vox aspira a convertirse en la primera fuerza política del país —en sustitución del Partido Popular— dándole la puntilla a nuestro bipartidismo clásico. Tal vez sea ese el motivo por el que algunas corrientes de derecha antisistema la tienen tomada con el monarca Felipe VI, como cúspide del actual modelo constitucional.

Aunque el partido de Santiago Abascal no se ha pronunciado explícitamente en contra de la institución, resulta evidente que Vox surfea la ola que algunos quieren promover contra el jefe del Estado. Comenzó como un pequeño reducto entre los jóvenes que protestaban en Ferraz contra la amnistía. Se añadió Alvise Pérez junto a algunos seguidores, a quienes no les sentó bien que el Rey cumpliera con su función de sancionar la citada ley, aprobada en las Cortes Generales. Desde entonces, Abascal también ha ido teniendo actitudes poco esperadas: ha optado por no acudir a varios actos en los que estaba presente Felipe VI, alegando que se trataba de una protesta contra Pedro Sánchez. En las redes sociales, es llamativo cómo los bulos sobre la Casa Real se han hecho notar estos días entre algunos usuarios: desde quienes afirmaban que el Rey no había felicitado la Navidad —algo falso, pues el mensaje aparecía en la portada de la postal oficial de la institución— hasta quienes aseguraban que en su discurso no había signos navideños, pese a que al fondo de la sala del Palacio Real se podía ver un belén.

Así pues, existen pulsiones en la ultraderecha antisistema que, aunque sean minoritarias, se abonan ahora a una especie de revisionismo sobre el papel de la monarquía en España. Piensan que quizá habrían preferido una república antes que un monarca que no “le pare los pies” a Sánchez, en defensa de la unidad nacional. La distorsión es clamorosa: precisamente, los independentistas pusieron el grito en el cielo por el el discurso de Felipe VI del 3 de octubre de 2017. Por tanto, lo que algunos parecen anhelar ya no es un monarca constitucional que cumpla estrictamente con sus funciones legales y democráticas, sino otra figura, a saber de qué tipo. El bipartidismo se está quedando así como el principal baluarte en defensa de la España de la Transición. Mucho se critica al PSOE desde la derecha, pero fue Alfredo Pérez Rubalcaba ―símbolo del felipismo― quien pilotó el partido durante el proceso que llevó de la abdicación del Rey emérito a la sucesión de Felipe VI. Además, fue con Sánchez cuando el emérito salió del país, dando paso a una familia real con la mirada puesta en el Rey actual y en su heredera.

El caso es que el ecosistema reaccionario ha visto una oportunidad cuestionando la forma en que la derecha clásica venía entendiendo varios de sus pilares. Mientras el PP defiende a la Conferencia Episcopal, Abascal critica a los obispos por defender la doctrina social de la Iglesia en materia de inmigración. Mientras los altavoces de dentro de la M-30 veneran a José María Aznar o al proyecto de Isabel Díaz Ayuso, Vox ha ido arrinconando a los liberales para dar más peso a quienes promueven la estrategia de la lepenización, dentro de su deriva más proteccionista. El país en el que un partido salido de los extremos podría cosechar una mayoría absoluta probablemente no pivote sobre los mismos códigos que hemos conocido hasta ahora: existe una ventana generacional para socializar a muchos jóvenes en nuevas lógicas. Si la izquierda más antimonárquica fuera plenamente consciente de lo que sube en España, quizá se apresuraría a defender las instituciones surgidas de la Constitución de 1978, a modo de parapeto. Algunos círculos de ultraderecha anhelarían promover una eventual reforma constitucional si PP y Vox lograran la mayoría suficiente. Aunque independentistas y cierta izquierda lleguen a creer que les conviene esa pinza tácita, deberían saber que difícilmente saldría de ahí su “república plurinacional y laica”, sino un modelo más centralista.

En consecuencia, las miradas están puestas en el país en el que por edad probablemente reine la princesa Leonor: la de la generación Z. El orden constitucional actual todavía sigue teniendo fuerte arraigo entre quienes vivieron la Transición, en parte porque el miedo a la involución cimentó la adhesión democrática durante décadas. A ello se sumó la prosperidad de los años ochenta, que permitió avanzar a una generación ―la del baby boom— a diferencia de la precariedad que hoy sufren sus hijos. Las condiciones materiales también moldean sistemas políticos. Fabricar jóvenes antisistema, sin expectativas vitales, no solo catapulta el voto a la ultraderecha, sino que probablemente también tendrá un coste para algunos aspectos de nuestra Constitución, nuestras instituciones o la propia democracia a largo plazo. Ya solo queda saber el papel que piensa jugar Vox en la futura España de Leonor.













ENTRADA NÚMERO 9731

DE LAS ÉLITES EN TRANSICIÓN

 







Leía estos días con asombro algunos intentos de comparar lo sucedido en Venezuela con la Transición española, escribe en El País (13/01/2026) la politóloga Pilar Mera. En un contexto internacional con la ultraderecha y el populismo al alza, comienza diciendo, un presidente norteamericano decide saltarse el orden internacional con desparpajo y nos deja en apenas una semana una secuencia vertiginosa. Bombardeos. Una operación militar para secuestrar al tirano. Declaraciones señalando que la urgencia es el control estadounidense del petróleo venezolano; lo de la democracia, ya se verá. Una líder de la oposición exiliada simpática, pero que tiene poco que aportar, salvo un Nobel de la Paz. Una vicepresidenta que se queda al mando para colaborar. Una reunión en la Casa Blanca con las principales petroleras del mundo para repartirse el negocio. Mientras, en el país del líder liberador, las unidades paramilitares son legales, los agentes pueden pegar tiros a las activistas y las deportaciones masivas cuentan con el respaldo de la autoridad. Sin una bola de cristal en la mano es difícil saber si el azar, el destino o Donald planean una colección de giros inesperados que aterrice en un paisaje similar, pero por ahora la actualidad venezolana tiene difícil rima con la España de hace 50 años.

Se me ocurre que tal vez no hemos hablado suficiente de la Transición y que quienes trabajamos sobre el pasado deberíamos contarla más y mejor. Así, nos chirriaría que el rey emérito nos cuente que empezó en 1962, con la llegada de los tecnócratas al Gobierno, o que en 1976 el país se beneficiaba de las aportaciones del franquismo, o que fue él quien graciosamente nos trajo la democracia. Este relato tan repetido, el de la Transición que llegó gracias a la generosidad de las élites políticas que un día decidieron sacrificarse por el bien de España, ha ocupado demasiado espacio, quizás porque así permitía a esa generación adaptarse y sobrevivir, y a sus descendientes, esquivar pasados incómodos, sintiéndose unos arte y todos parte de la democracia. Una democracia que surgió del acuerdo y la cesión, pero también del miedo. Y el consenso que la sustentó, del ruido de sables y de las voces de protesta en las calles. Porque el dictador murió en la cama, pero la oposición y la resistencia fueron reales desde la posguerra. Desbordada la movilización en los años setenta, sin dictador y en un contexto favorable a la democracia, las élites apoyaron el cambio. Quizás ahí esté el paralelismo. En el pragmatismo de las élites de un régimen tirano y corrupto, que siempre buscan sobrevivir.

















ENTRADA NÚMERO 9730

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY: LAS RAZONES DE LA OPOSICIÓN. PUBLICADO EL 08/01/2017

 








En pocas semanas, el Congreso de los Diputados se ha convertido en el corazón de la actividad política y ha adoptado medidas, unas con el acuerdo del partido gobernante y otras a pesar suyo. En todas ellas ha estado presente el PSOE, escribe en El País de hoy el exsecretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. Si el PSOE no se hubiera abstenido en el pleno del Congreso de octubre pasado, en estas Navidades a la cena de Nochebuena, a las 12 uvas y a las cabalgatas de Reyes se habrían sumado unas elecciones generales, las terceras en poco más de un año. Las encuestas, unánimes, aseguraban que el PP mejoraría sus resultados en esas hipotéticas terceras elecciones. La comparación de los datos obtenidos por las distintas formaciones políticas en las elecciones de junio con los de diciembre del año pasado apuntaba en la misma dirección. Unas nuevas elecciones habrían colocado a los electores frente al dilema de poner fin con su voto a la incapacidad de los partidos de alcanzar un acuerdo sobre un candidato para presidir el Gobierno, y no albergo ninguna duda de que lo habrían hecho en el sentido que señalaban los sondeos electorales.

No es pues una osadía imaginar que en estos días estaríamos a punto de asistir a la investidura de un Rajoy con más escaños que los que tiene en la actualidad y con una izquierda, en particular con un PSOE, instalado en la irrelevancia política. Como no lo es que una repetición electoral habría supuesto un desgaste para nuestras instituciones democráticas, empezando por los propios partidos, necesitadas justamente de lo contrario: de un esfuerzo sostenido de revitalización.

Puestas así las cosas, el PSOE habría dejado escapar la oportunidad que los resultados electorales de junio le habían proporcionado: la de ser determinante en el desarrollo de los acontecimientos parlamentarios. Una oportunidad estratégica, a mi entender. Porque, como he escrito en otra ocasión, nuestros problemas nacieron con la crisis y su resolución está ligada, en buena medida, a la superación de esa crisis, a nuestra capacidad para desarrollar una oposición útil capaz de conseguir con sus iniciativas y sus críticas que la recuperación económica no consagre los retrocesos sociales de los Gobiernos del PP. Es decir, que la recuperación sea justa.

Estos poco más de dos meses de legislatura demuestran que no se trata de una pretensión inalcanzable. Se ha incrementado, sustancialmente, el salario mínimo que afecta a cientos de miles de españoles, decisión que, además, envía una señal a los agentes económicos sobre la necesidad de mejorar los sueldos del conjunto de los trabajadores. Se ha paralizado la aplicación de la LOMCE, al tiempo que se han corregido algunos de sus aspectos más discriminatorios. Se han aumentado los recursos disponibles de las comunidades autónomas, lo que va a repercutir en la mejora de la sanidad y de la educación, las políticas con mayor peso en sus presupuestos. Se ha hecho frente a los problemas derivados de la denominada pobreza energética de las familias españolas más necesitadas. Se ha iniciado la tramitación de una ley para impedir los abusos en la subcontratación, que al amparo de la reforma laboral del PP ha conducido a una flagrante desigualdad salarial para muchos trabajadores. Se revisará la regla de gasto para aumentar la capacidad inversora de los Ayuntamientos, y se han comenzado a destopar las cotizaciones de los salarios más altos, una decisión que debe aliviar a corto plazo las dificultades de tesorería de la Seguridad Social.

Llama la atención el empeño de algunos progresistas en despreciar al Parlamento. En estas pocas semanas, el Parlamento se ha convertido, de verdad, en el corazón de la actividad política en España. También en lo que se refiere a algunas políticas de Estado. Se ha alcanzado un compromiso para la elaboración de un pacto para luchar contra la violencia de género, al que el PP se opuso sistemáticamente en la anterior legislatura; y, al paralizar la LOMCE, se han sentado las bases para alcanzar otro gran acuerdo en materia educativa, reclamado de forma unánime por los distintos sectores educativos. El Gobierno ha reconocido —no le quedaba otro remedio— que se va a modificar la denominada ley mordaza, para elaborar una ley de seguridad ciudadana que debería ser objeto de otro acuerdo no muy complicado de alcanzar: basta con volver a la anterior.

Por cierto: en esta materia parlamentaria, llama poderosamente la atención el empeño de algunos sectores progresistas en despreciar el valor de las decisiones del Congreso de los Diputados. Lejos de criticar la antidemocrática actitud del PP a la hora de cumplir acuerdos que los representantes de los ciudadanos adoptan por mayoría en nuestra Cámara baja, a los que despectivamente denominan acuerdos simbólicos, ponen el énfasis en subrayar la inutilidad de los esfuerzos de la oposición parlamentaria. Curiosa manera de defender la democracia representativa.

Hay que conjurar el pesimismo de quienes vaticinan, uno y otro día, el fin de la legislatura

Algunas de las medidas enumeradas se han alcanzado mediante acuerdos parlamentarios con el partido gobernante. Otras se han adoptado a pesar de la oposición del PP. En todas ha estado presente el PSOE. Para unos, estos acuerdos son meras componendas. Para otros, la forma en la que los socialistas quieren hacerse perdonar la abstención en la investidura de Mariano Rajoy o una manera de combatir a sus adversarios en la izquierda. Los actuales dirigentes del PSOE lo explican de forma más sencilla: todos esos pactos, con el PP o contra el PP, constituyen un ejercicio de oposición útil, útil a los ciudadanos, a los estudiantes y a los profesores, a los trabajadores, a las mujeres que sufren la violencia machista, a los pensionistas, a las familias más vulnerables…,  la oposición responsable de un partido que ha sido Gobierno y que aspira a volver a serlo.

La legislatura no ha hecho más que comenzar. Queda, pues, mucho trabajo por hacer. Algunos de nuestros problemas, del conjunto de los españoles, están ahí, esperando soluciones. Pienso en la necesaria revisión del pacto territorial que alumbró la Constitución de 1978, para, entre otras cosas, abordar el problema de Cataluña. O en las dificultades por las que atraviesa nuestro sistema de pensiones; es decir, en la revisión de otro pacto, en este caso, el pacto generacional que permite vivir dignamente a quienes han alcanzado la edad de jubilación mediante las aportaciones de quienes todavía están trabajando. Y, por supuesto, en el problema del empleo, de los jóvenes y de aquellos que pasados los 50 parece que ya están condenados a esperar la jubilación; en la necesidad de crear empleos dignos, algo incompatible con la reforma laboral del PP. Mucho trabajo por hacer. Si los partidos se esfuerzan y, sobre todo, si el Gobierno asume la nueva situación política, es posible que, entre todos, sean capaces de abordar estos problemas, convirtiendo la fragmentación parlamentaria en fortaleza democrática. Y así conjurar el pesimismo de quienes vaticinan, un día sí y otro también, el final de la legislatura. Es posible que, al final, no sea corta, y que acabe siendo útil. Que eso, y no otra cosa, es lo que demandan los españoles.























DEL POEMA DE CADA DÍA: HOY, NO COJAS LA CUCHARA, DE GABRIEL CELAYA

 







NO COJAS LA CUCHARA


.


“No cojas la cuchara con la mano izquierda.


No pongas los codos en la mesa.


Dobla bien la servilleta.


Eso, para empezar.


Extraiga la raíz cuadrada de tres mil trescientos trece.


¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?


Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.


Eso, para seguir.


¿Le parece a usted correcto que un ingeniero haga versos?


La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.


Si sigues con esa chica, te cerraremos las puertas.


Eso, para vivir.


No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.


No bebas. No fumes. No tosas. No respires.


¡Ay sí, no respirar! Dar el no a todos los nos.


Y descansar: morir”.




GABRIEL CELAYA (1911-1991)

poeta español
























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 17 DE ENERO DE 2026