El personaje de Walter White en 'Breaking Bad' Quizás sea el gran antihéroe de la historia de la ficción. La transformación de tímido profesor a peligroso narcotraficante logró trastocar hasta el rumbo de la propia serie, Breaking Bad, que pasó de la comedia al thriller con el paso de las temporadas. Los espectadores, prisioneros de Heisenberg, lo apoyaron de una forma tan incondicional que algunos incluso llegaron a acosar e insultar en la vida real a la actriz que interpretaba a su mujer en la ficción, Anna Gunn. Su lugar en la cultura pop millennial es incontestable.
Cuando González dice de Zapatero que no lo ve con capacidad para crear una ingeniería financiera utiliza el sarcasmo del que da por hecho que su adversario es tan tonto que sólo puede delinquir manipulado “por Maduro o por Delcy, que lo llama principito”. Es probable que a Felipe se le acabe poniendo cara de Hank Schrader, el poli de Breaking Bad al que no le cabía en la cabeza que Walter White, su gris cuñado enfermo de cáncer, de carácter endeble y siempre servicial, fuese el narcotraficante de MDMA más buscado de Estados Unidos, un tipo con asesinatos y secuestros en su haber, y un químico que alcanzó la excelencia no dando clases en su instituto sino fabricando cristal.
No, a González no le va a convencer la UDEF de que Zapatero es tan listo: lo prefiere inocente a listo de igual modo que los socialistas lo prefieren bueno a listo, y por tanto inocente biológico. Los extremos se tocan.
Así que “no me cuadra” es la frase de moda en el PSOE. Aún les queda: a Hank le llevó varias temporadas. Porque lo típico de quedar a cenar con tus amigos es que uno se sienta y les dice que esa tarde ha estado delinquiendo. El expresidente del Gobierno, concretamente. Ábalos les cuadraba, Cerdán les cuadraba menos pero les acabó cuadrando, Zapatero de momento están intentando cuadrarlo, aunque sin fortuna. Las acciones relatadas son incompatibles con el Zapatero que conocen, dicen. Y tienen razón.
Es lo más interesante de este escándalo: la imagen de Zapatero, su construcción como faro moral (ya devastada no por los ilegalidades investigadas, pues aún es inocente, sino por las legalidades asumidas, los cobros lobistas con la familia beneficiada de por medio en razón de su viejo cargo). Interesante porque le niegan a Zapatero sus defensores, y adversarios como Felipe, la capacidad de cambiar, en caso de que no fuese siempre así. Pero la gente toma notas, a veces se tuerce, aprende, las hijas crecen y hay que hacer dinero. Yo qué sé. Esa es la gran atracción de Breaking Bad: el proceso que va de White a Heisenberg, lo delicado que puede ser en la vida un cambio profundo. No digo que haya ocurrido con Zapatero; digo que no debe sorprender si ocurrió. Claro que White, cuando pudo enterrarse en dinero, siguió por la gloria, que es lo contrario de la corrupción. Manuel Jabois es escritor. El País, 27 de mayo de 2026.



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