miércoles, 27 de mayo de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. NUESTROS EX, POR DAVID TRUEBA. 27 DE MAYO DE 2026








 


Sería injusto pedirles a nuestros expresidentes que se recluyeran en la chacra, volvieran a conducir su viejo Volkswagen escarabajo y se dedicaran a leer a Montaigne al atardecer. Se sabe que cuando dejan el cargo les espera un vacío enorme, ciertas prebendas y un enorme equipaje de influencias, aunque nadie sabe muy bien qué hacer con ellas. La imputación de Zapatero marca un hito, pero habíamos rozado la raya varias veces. Hace apenas unos meses, saltó a la luz una denuncia de abusos sexuales a una menor por parte del expresidente Adolfo Suárez. El testimonio parecía sólido y bien fundamentado. La prescripción judicial invitó a la prensa a dormir el asunto, en algo tendría que favorecerte estar muerto. Suárez también vivió en sus carnes las salpicaduras de la financiación de su partido CDS y aquella amistad con el banquero Mario Conde, definido por el rey emérito en sus memorias como una mala influencia. Ay, las influencias. Felipe González, el más relevante de nuestros presidentes democráticos, terminó su mandato rodeado de casos de corrupción, aunque fue la guerra sucia de los GAL la que le acercó más al zarpazo judicial. Aún pesa en la memoria aquella pregunta del periodista Iñaki Gabilondo en una entrevista televisiva: “¿Es usted el señor X?“ Porque ese era el apelativo con que se designaba al político de más rango en aquella trama. Su cúpula de Interior, policías y guardias civiles fueron condenados a penas de cárcel y posteriormente amnistiados.

Con José María Aznar la corrupción llevó a la cárcel a varios de sus más poderosos ministros: Rodrigo Rato, Jaume Matas o Eduardo Zaplana. Eludió cualquier imputación y ni los negocios de su círculo ni la financiación de su fundación Faes han generado conflicto con su enorme influencia política. Seguramente este precedente pudo llevar a su sucesor, Zapatero, a decidirse por mantener un perfil alto y explorar el mundo de la consultoría política y económica. Según el auto de imputación traficó con sus influencias, lo que es una frontera ilegal. Por lo que respecta a Mariano Rajoy, el caso Gürtel llevó a la cárcel a cercanos colaboradores y hasta quedó probado el pago de las reformas de la sede nacional con dinero obtenido de mordidas a constructoras. En la trama de los sobresueldos le eximió la duda sobre la anotación: “M.Rajoy”. La bala silbó cerca. Hoy, el caso Kitchen de destrucción de pruebas en poder del contable Bárcenas que implicaran al partido y la fabricación de mentiras mediáticas con sello policial para perjudicar a contendientes políticos se está juzgando, aunque tras una instrucción que liberó al expresidente de toda responsabilidad.

Este recuento no pretende deprimir al lector. Tan sólo situarle en camino hacia la sobriedad. Ni abonarse al cinismo ni contribuir a esa desolación sobreactuada que tanto nos gusta. Zapatero tendrá oportunidad de explicar cómo manejaba sus influencias, esa mochila de contactos y filiaciones. Los tribunales también nos ayudarán a comprender dónde se marcan, a partir de ahora, las líneas entre lo que es delito y lo que es un bagaje, que es un término cuya etimología también proviene de mochila. Aquella fábula que presentaba a los expresidentes del Gobierno como un jarrón chino, valioso y delicado, pero que nadie sabe dónde poner, parece hacerse añicos cuando nos asomamos a la instrucción del caso Zapatero. A lo mejor, como cualquier persona vulgar, lo que un presidente del Gobierno se tendría que preguntar cuando deja el puesto es: ¿y yo, qué quiero ser de mayor? David Trueba es cineasta. El País, 26 de mayo de  2026.




























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