domingo, 24 de noviembre de 2024

[ARCHIVO DEL BLOG] Himno, pitidos y libertad de expresión. Publicado el 01/06/2015











Dice Fernando Savater en su artículo "Fobia a las fobias", incluido en su librito "Voltaire contra los fanáticos" (Ariel, Barcelona, 2015) que eso de que todas las opiniones son respetables es un tópico bobo y falso. Que lo debido es el respeto a las personas sean cuales fueren sus opiniones. La frase coincide casi literalmente con la que yo expresaba hace unos días en una de las últimas entradas del blog como algo que me habían enseñado mis profesores en la universidad, así que me alegra coincidir de nuevo con las apreciaciones de tan insigne filósofo.
Unos minutos después de concluida la final de la Copa del Rey de fútbol entre el Barcelona y el Atlético de Bilbao, celebrada en Barcelona el pasado sábado, un buen amigo y antiguo compañero de trabajo se lamentaba en su página del Facebook de la pitada que hinchas de ambos equipos habían proferido durante la interpretación del himno nacional de España y ante la presencia del Rey. Mi respuesta a vuelapluma a esta buen amigo fue la de que no merecía la pena sacar las cosas de quicio. Que eso de la pitada al himno nacional formaba parte del folclore nacionalista que necesitaba de desahogos emocionales como ese para sentirse importante. Y que al fin y al cabo, siempre sería preferible que silbaran a que pusieran bombas.
En la gran democracia estadounidense hay un consenso generalizado en lo que respecta a la libertad de expresión que consiste en admitir que uno puede quemar banderas nacionales, defecar sobre ellas o pitar el himno, pero que como cojas un ladrillo o un palo para pegar a alguien o romper una propiedad pública o privada la hostia que te llevas es más segura que eso de que Dios es Cristo. Podíamos aprender un poco de ellos en eso del uso y abuso de la libertad de expresión y el ejercicio de la democracia, tan despreciados ambos por estos lares.
A punto de conocerse la resolución de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte sobre lo ocurrido en el Camp Nou, mi opinión personalísima, en nada respetable, es que sería mejor dejar las cosas como están. Y no lo digo por cobardía, sino por prudencia. "Si un particular o una institución se sienten calumniados, insultados o difamados harán bien en acudir a los tribunales a defender su causa", dice de nuevo Savater al final del artículo citado. En eso están los que se sienten ofendidos. Yo pienso que España y sus símbolos están por encima de esas gilipolleces y que insistir en hacerse los ofendidos es seguirles el juego a los ofensores.
En realidad, y concluyo ya, en mi opinión los que queman una bandera o pitan un himno, sean los de España o Batusolandia, son unos cafres incívicos merecedores de echarles de comer aparte, pero eso sí, con perdón de los cafres sudafricanos, que ninguna culpa tienen en esta querella. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt
















Del poema de cada día. Hoy, Raíces, de Julia Uceda (1925-2024)

 






RAÍCES


Si ya soy una vela estremecida

colmada por tu viento. Si has llegado

al último escalón. Si me has tomado

por la raíz más honda y más henchida.

Si yo soy ya tu colmo y tu medida

y estás dentro de mí, secreto, hallado.

Si ya sobre la frente me has soplado

para hacerme vivir, ciega y ardida,

antes de irte rompe mis raíces.

Quiero que las arranques, que las trices

al alba con tu mano firme y fuerte.

De no hincarse en tu tierra poderosa

no quiere mi raíz ninguna cosa

si no es andar hacia la muerte.


Julia Uceda (1925-2024)

poetisa española











De las viñetas de humor de hoy domingo, 24 de noviembre de 2024

 


















































sábado, 23 de noviembre de 2024

De las entradas del blog de hoy sábado, 23 de noviembre de 2024

 








Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 23 de noviembre de 2024. Es probable, se dice en la primera de las entradas del blog de hoy, que Luis García Berlanga le hubiera sacado punta a la intervención llena de insultos y a toda voz, en español, de la eurodiputada del PP Dolors Montserrat durante el examen para ratificar a Teresa Ribera como vicepresidenta de la Comisión, que tuvo lugar la semana pasada en el Parlamento Europeo. En la segunda del día, un archivo del blog de diciembre de 2018, se hablaba de que los debates de opinión no pueden fundar una ética; que era precisa una educación sentimental que nos acercara al otro. El poema de hoy, en la tercera, de la poetisa Chantal Maillard, comienza con  estos versos: Desciendo/desciendo al cuerpo y veo/la lombriz de mi espíritu/ alojada en mi vientre. Y la cuarta, como siempre, son las viñetas de humor del día. Espero que todas ellas les resulten de  interés. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos de nuevo mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt













De la cínica deslealtad de algunos

 






Es probable que Luis García Berlanga le hubiera sacado punta a la intervención llena de insultos y a toda voz, en español, de la eurodiputada del PP Dolors Montserrat durante el examen para ratificar a Teresa Ribera como vicepresidenta de la Comisión, que tuvo lugar la semana pasada en el Parlamento Europeo, escribe en La Vanguardia [El secuestro de Europa, 18/11/2024] la economista Mar Jiménez. O, teniendo en cuenta la gravedad del momento, quizás hubiera sido el genio del expresionismo alemán, F.W. Murnau, el que se hubiera inspirado ante las maniobras del PP para boicotear a Ribera, que han puesto en jaque a toda la Comisión en el momento menos oportuno. Decidan ustedes quién encarnaría a Nosferatu.

La portavoz del PP en el Parlamento Europeo, Dolors Montserrat, ofrece una rueda de prensa, en la sede del PP, a 5 de agosto de 2024, en Madrid (España). Durante la comparecencia, la portavoz del Partido Popular en el Parlamento Europeo, ha pedido al presidente del Gobierno, que censure al ex líder socialista José Luis Rodríguez Zapatero ''por su papel como observador del proceso electoral venezolano''.

La eurodiputada popular Dolors Montserrat  Fernando Sánchez/ Europa Press

Bromas cinéfilas aparte, lo que está haciendo el PP en Bruselas con la complicidad de los ultras es de extrema gravedad. “Desgraciado”, “vergonzoso”, “programa de mierda”, “show de trolls”. Son, cito literalmente, algunos de los atributos con los que en los círculos europeos se describió la ofensiva de la derecha y ultraderecha contra Ribera durante su examen en el Parlamento Europeo. Guiados por intereses personales y partidistas, los populares han secuestrado las instituciones comunitarias. Y no solo están haciendo tambalear el bloque europeísta sobre el que se construyó el proyecto comunitario, sino que están bloqueando la ratificación de la nueva Comisión, debilitando con ello la presidencia de Ursula von der Leyen.

Lo que está haciendo el PP en Bruselas con la complicidad de los ultras es de extrema gravedad

Europa afronta el momento más delicado desde su fundación. El malestar social no para de crecer, las guerras rodean al continente y cada nuevo nombramiento de Trump hace realidad los augurios más pesimistas. Por todo esto, el nuevo Gobierno comunitario debería empezar a andar lo antes posible para abordar la crisis del coste de la vida, los desafíos asociados al cambio climático y la imperiosa necesidad de reforzar la autonomía estratégica. Sin embargo, el PP ha preferido lanzar una ofensiva ignominiosa contra Ribera y de forma indirecta contra Von der Leyen para tapar la incompetencia de Mazón, paralizando Europa en un momento crítico. En vez de asumir responsabilidades, han tomado un camino peligroso de final incierto. 

Esta ofensiva sin sentido no solo puede hacer descarrilar el Gobierno europeo, sino que alimentará aún más la ola antipolítica. Que, por supuesto, también se llevará a los de Feijóo por delante. Murnau estaría encantado.













[ARCHIVO DEL BLOG] El semejante. Publicado el 01/12/2018













Los debates de opinión no pueden fundar una ética; es precisa una educación sentimental que nos acerque al otro, escribía hace unos días la poetisa y filósofa española Chantal Maillard. ¿Puede un hecho fundar y justificar una ética?, se preguntaba Jacques Derrida al reflexionar sobre la idea del semejante. “Es un hecho que experimento, en este orden, más obligaciones para con aquellos que comparten mi vida de cerca (los míos, mi familia, los franceses, los europeos, aquellos que hablan mi lengua o comparten mi cultura, etcétera). Pero este hecho nunca habrá fundado un derecho, una ética o una política”.
Y es que lo que “de hecho” ocurre es que lo que nos importa es tan solo lo que nos concierne. Y lo que hoy en día nos pone a salvo de que todo lo que ocurre en el mundo nos concierna es que lo recibimos por los mismos medios y en el mismo recuadro en el que recibimos la ficción. Nos pone a salvo el hecho de que las emociones generadas por lo que vemos en la pantalla sean las propias del espectáculo, emociones transformadas por la representación y, por tanto, neutralizadas en cuanto germen de rebeldía. Porque si recibiésemos lo representado no “en directo”, sino directamente, es decir, en presencia viva, el impacto sería de tal magnitud (o al menos eso quiero pensar) que no nos dejaría indiferentes en nuestra diferencia. De repente nos sentiríamos concernidos. De repente el otro, los otros, todo lo otro habría saltado la valla.
La moral del semejante deriva de una antigua fórmula de reciprocidad: no le hagas al prójimo (próximo) lo que no quieras para ti, compartida por muchas tradiciones. La encontramos tanto en las Analectas de Confucio como en el Mahabharata, en el Talmud o en Libro de Tobías. Era una fórmula sin duda eficaz dentro de un cerco restringido, pero ineficaz en un mundo global que tenga conciencia de que todos y todo —lo que llamamos vivo y lo que no— está relacionado y es interdependiente.
La moral del semejante crea el diferente, aquel del que tenemos que defendernos. Siempre que hay prójimo (hermano, próximo, igual) hay otro y, entre ambos, fronteras que designan y circundan lo propio, y donde hay propiedad hay codicia, y donde hay codicia hay guerra. En un mundo global hemos de pensar en términos ya no de moral, sino de ética, que es algo bien distinto. La moral es un conjunto de costumbres o reglas de convivencia; la ética es un habitar. La primera defiende lo que creemos que nos pertenece; la segunda, cuida el lugar al que todos pertenecemos. Pasar de la moral a la ética implica necesariamente ensanchar el marco de pertenencia. Y esto no puede hacerse de otra manera que entendiendo lo que a todos nos asemeja: el hambre, el miedo, el dolor, la pérdida. A menudo he hablado de una ética de la compasión. Soy consciente de que la palabra está lastrada y presta a equívoco. Puede confundirse con la piedad, concepto con el cual no tiene, sin embargo, nada que ver, o con el sentimentalismo, del cual se aleja por completo. Compadecer es comprender que todo, en este universo, responde a las mismas leyes. Aparición y desaparición y, entretanto, el esfuerzo por sobrevivir. ¿Cómo no aplicar, entonces, la fórmula de reciprocidad a cada uno de estos efímeros conglomerados de partículas (cuerpos, le llamamos) que luchan desesperadamente por mantenerse unidos por más tiempo?
Del yo al nosotros hay un largo camino. No es de tierra ni de asfalto, tampoco cruza fronteras ni las salta. Es un camino inverso. O invertido, según cómo uno se sitúe con respecto a sí mismo. Porque es preciso desplazar al yo en cierta medida para que quepan otros dentro del cerco. Dentro del cerco está lo que creemos que nos pertenece: mi vida, mi pareja, mi familia, mi grupo, mi país, mi especie, mi planeta, mi universo... No nos damos cuenta de hasta qué punto el mundo y la (im)propia vida se nos escapan de entre los dedos. Pero el mi es fuerte, se adhiere a lo que nos rodea con la misma intensidad con que los sentimientos se adhieren a las opiniones con las que nos manifestamos. “Yo siento”, decimos. En los sentimientos creemos. Y ellos dictan el pensar, el habla, la acción.
Nada menos ecuánime que los sentimientos. Nada menos racional, por eso, que las opiniones. Es tiempo de recordar la antigua distinción platónica entre la opinión (doxa) y el saber (episteme). Ningún debate de opinión conduce a pensar y a actuar correctamente porque la opinión nunca parte de una premisa sopesada y ecuánime. Nada menos ético, por tanto, que un debate de opinión. Y nada más vulnerable y manipulable que un individuo que no sea capaz de pensar con neutralidad sentimental. Y es que sin neutralidad emocional no hay diálogo posible, no hay dialógica, no hay política. Solo combate.
No, ni los hechos pueden justificar una política, ni los debates de opinión fundar una justicia o una ética. De ahí la necesidad, acuciante, de un aprendizaje en ese sentido. Una educación senti-mental que nos enseñe a tomar distancia del mí, del nos, en definitiva, del miedo. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 















Del poema de cada día. Hoy, Axis Mundi, de Chantal Maillard (1951)

 






AXIS MUNDI


Desciendo

desciendo al cuerpo y veo

la lombriz de mi espíritu

alojada en mi vientre.

Subo, subo en espiral

hacia el motor del mundo

huyendo

huyendo del mareo

del mal de ser sola

tan sola entre las vísceras

subo al latido

me alojo

en su arritmia y descubro

mi rostro de lombriz

adherida a las válvulas

y asciendo

sigo ascendiendo en busca

de una razón que diera

sentido a mi existencia

me deslizo en la tráquea

bloqueo las palabras

asciendo

resbalo. Hay un agua

viscosa tras los ojos

resbalo y se me pegan

imágenes de un mundo

apenas insinuado

asciendo y al llegar

a la cúpula descubro

que sus paredes lisas

transparentes, vacías

tienen la textura

carnosa de mi vientre.

He bajado al espíritu

he subido al instinto.

La misma lombriz tensa

el eje que mantiene

erguida mi cintura.

El nombre que le ponga

ahora será el tuyo

pero su nombre es el

de aquellos que he amado

de aquellos que amaré

es todos y ninguno

el eje que mantiene

erguida mi cintura

me previene de ti

te crea a mi medida

y asume el reto

de ser muchos

de ser tantos

que da la impresión

que no cabrá mi espíritu

adentro de este cuerpo

que no cabrá este cuerpo

adentro de mi espíritu

por eso muero un poco

cada vez que te nombro

y sin nombrarte apenas

alcanzo a definirme.

Mi vientre es quien pronuncia

las sílabas secretas

que se inscriben arriba

en la cúpula.

Mi existencia es señal

de un fuego

que arde eternamente

en sí mismo.


Chantal Maillard (1951)

poetisa española