LA GENERACIÓN ENCONTRADA
Empuñemos la vida aunque vayamos a perderla.
Desde el callejón oscuro de la edad silenciada,
contra el muro infame de «las cosas no cambian».
Es la hora del grito ingenuo y poderoso,
el momento de que los cuerpos en primavera
fabriquen verdades honestas
para la gran revolución.
Viajemos miles de kilómetros
hasta encontrar unos labios que amar.
Huyamos de la oficina segura,
que el pan no amordace nuestra esperanza.
Azotemos las aceras durmientes,
desnudemos a mordiscos la rutina.
Protejamos las amistades vertiginosas,
abrazando los defectos, mimando el imprevisto.
Decidamos armados de honradez
porque no hay peor engaño
que el que se hace uno mismo.
Removamos pueblos y ciudades
en busca de políticos limpios.
¡Demos un paso al frente cuando suene esa maldita música!
La de «esto funciona así», la de «este es el mundo real».
Protejamos el instante que es nuestro.
Caminemos millonarios de diferencias
porque serán invencibles puestas en común.
Demostremos al jefe que lo nuevo puede ser bueno,
que el entusiasmo debutante no se paga con dinero.
Adiós a las banderas del odio, a las patrias inflamadas.
Adiós a las sonrisas condescendientes que nos disparan.
Basta de diluir la fuerza en opio y anestesia,
basta de quejas sin sudor,
¡basta de autocomplacencia!
A las trincheras, que el tiempo se acaba.
Conspiremos desde nuestros parlamentos,
que son los bares con servilletas de papel.
Ese lugar más justo está en alguna parte.
Empujemos cuando nos digan que no,
lleguemos exhaustos al atardecer de la decepción.
Porque entonces, y sólo entonces,
nos suplicará la eternidad:
Quédate,
quiero saber de tu pasado.
DANIEL RAMÍREZ (1992)
poeta español


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