domingo, 12 de julio de 2026

DEL MARATÓN DE VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY DOMINGO, 12 DE JULIO DE 2026

 
























































































































































































MANIFESTUM PRO LINGUA LATINA UT FRANCISCO EUROPAE. XII IULII, MMXXVI

 





Salvete, bonum mane omnibus, et felicem diem Dominicum. Hodie modo marathonem hebdomadalem iocorum imaginum in diario publico. Vellem vos, saltem hodie, cum illis relaxare sine cogitatione de mundo quem indesiderabiles sicut Trump, Netanyahu, aut Putin liberis et nepotibus nostris relinquunt. De lingua Latina, vos certiores facio eam non esse linguam mortuam, sed potius codicem geneticum Europae. Ita, eam ut linguam francam adoptando, Unio Europaea vocem neutralem, communem et profundam recuperare posset quae fines transcendit, hereditatem nostram classicam cum futuro identitatis communis sine hegemonia linguistica coniungens, cum lingua Latina ut symbolo unitatis nostrae. Videbimus vos proxima die Dominico, si Fortuna permittit. Tamaragua, amici. Oscula. Amo vos. HArendt














ENTRADA NÚM. 11075

sábado, 11 de julio de 2026

ESPECIAL 7 DE HOY. Y TRUMP NOS PERDONÓ LA ROJA, POR JORDI ÉVOLE. 11 DE JULIO DE 2026

 







Es muy difícil organizar un Mundial y que el presidente del país anfitrión acabe cayéndote peor que antes de empezar la competición. Normalmente pasan desapercibidos. No recuerdo a ninguno convirtiéndose en protagonista. Como mucho, y en plan simpático, Sandro Pertini rompiendo el protocolo en el palco del Bernabéu, celebrando los goles de Italia, mientras el rey Juan Carlos, en el apogeo de su campechanía, intentaba calmar su euforia.

Faltaban 24 años para que al frente de un país organizador estuviese alguien de otra liga: Donald Trump. Ha contado que llamó al organizador de todo el sarao, Infantino, para que le perdonase la tarjeta roja a un jugador estadounidense. Y el otro va y se la perdona. Trump style a saco. Y nunca pasa nada, haga lo que haga. Ya sea continuar con una guerra de la que lleva meses anunciando su final, publicar un vídeo de la franja de Gaza convertida en un resort o mostrar su machismo con Giorgia Meloni. Esta semana en la cumbre de la OTAN parecía que iba a acabar a hostias con Pedro Sánchez y se va de la cumbre diciendo que España ya se porta mejor. Nos ha perdonado la roja.

Reconozco que les escribo todo esto un poco para rellenar. Hoy el diario se leerá con estados de ánimo antagónicos, dependiendo de lo que haya pasado ayer. Me ha sido imposible entregar el artículo después del España-Bélgica, aunque he ido a Los Ángeles para verlo in situ. Planifiqué el viaje cuando todavía no se habían sorteado ni los grupos del Mundial. Lo único que tenía claro eran las ganas de vivir un Mundial como aficionado. Eso y el calendario.

Los cuartos se jugaban a partir del día 9. No sabía ni si España llegaría, ni con quién se cruzaría, ni nada. Así que pillé un vuelo para llegar a Miami el 6 de julio y a partir de ahí ir moviéndome en función de dónde jugase la selección. La casualidad quiso que durante ese vuelo comprado en noviembre se jugase el cruce España-Portugal. Podía haber aterrizado con una cara de tonto que no se me hubiese borrado viendo un Portugal-Bélgica de cuartos en Los Ángeles.

El wifi del avión funcionó hasta el minuto 88. Se ve que los 25 euros que valía no alcanzaban para ver el gol de Merino. Fue la tripulación la que después de unos minutos de incertidumbre –“parece que ha marcado España”– confirmó la victoria.

Fue muy loco comprar los vuelos en noviembre, con la ilusión de un crío, por vivir el Mundial

En Miami he vivido la remontada de Argentina a Egipto en casa de mi amigo Diego. Durante el partido, como buen argentino, fue preparando un asado, sin temor alguno a que el partido se complicase. Y se complicó. Hasta que Messi volvió a burlarse del edadismo futbolístico. Celebramos como nuestro el centro de Lautaro y el cabezazo de Enzo Fernández, mientras Diego se lamentaba como en un tango: ¿por qué sufrir tanto? La gesta vino acompañada de otra gesta: comerse un asado carbonizado en casa de un argentino. ¿Qué importa?

Vi en una pantalla gigante, en pleno South Beach, los penaltis del Colombia-Suiza, con ganas de abrazar a los colombianos que lloraban su eliminación. Un venezolano nos dedicó en un karaoke el tema Loco y un camarero hondureño que nos pilló el acento nos narró como un auténtico profesional de la radio latina un hipotético gol de España en la final. Leer esto hoy si nos han eliminado será jodido.

Ojalá el próximo artículo lo escriba camino de Nueva York, sin saber cómo acaba una final entre España y, por ejemplo, Argentina. Solo plantearlo es una locura, sobre todo viendo jugar a Francia. Pero también fue muy loco comprar unos vuelos en noviembre, con la ilusión de un crío, y superar todas las contradicciones a las que nos somete el fútbol moderno. Por más que se empeñen, también este Mundial estará por encima de Trumps e Infantinos. Jordi Évole es comunicador televisivo. La Vanguardia, 11 de julio de 2026.



















BUENAS NOCHES, FELIZ DESCANSO Y DULCES SUEÑOS. HOY SÁBADO, 11 DE JULIO DE 2026, EN ESPAÑOL

 







Hola de nuevo, amigos. Buenas noches, feliz descanso y dulces sueños a todos esta noche de sábado a domingo, del 11 al 12 de julio de 2026. Espero que hayan pasado un buen día en compañía  de sus familias y amigos. Gracias de todo corazón por haberse dado una vuelta por el blog. Me alegraría creer que han disfrutado de su visita. Tamaragua, amigos míos. Que la diosa Fortuna y las benevolentes Moiras les sean favorables. Hasta mañana. Les quiero. Besos. HArendt




















DE LA TARDE QUE CAE. SECRETOS A VOCES, POR JAVIER MELERO. 11 DE JULIO DE 2026

 






Una de las conquistas del Estado liberal que surgió de la Revolución Francesa fue acabar con la opacidad de las causas criminales y establecer la publicidad del juicio. El objetivo estaba bastante claro: prevenir los abusos del poder y acabar con los juicios a puerta cerrada. En lo que no pensaban los enciclopedistas era en convertir el proceso penal en un culebrón.

Pero a la vista está en lo que pueden acabar las conquistas liberales. Entre otras patologías muy al día, en la divulgación sistemática de actuaciones judiciales que deberían permanecer reservadas, y en el uso tóxico que se hace después de esa información. El reciente caso Andic vale como paradigma de un sumario convertido en espectáculo y del que sabemos demasiadas cosas que no deberíamos saber.

Es razonable que la muerte de un empresario importante y la investigación contra su propio hijo despierten interés público. Pero, a partir de ahí, la catarata de filtraciones solo produce asombro y chismorreo. Acaba dando la impresión de que esperamos con impaciencia que el hijo haya matado al padre. Cuanto más dinero, más disputas familiares y más perversión, mejor.

Solo así puede construirse ese serial rayano en lo pornográfico sobre el supuesto exotismo de los ricos, un voyeurismo social que solemos confundir con el interés público. Porque ¿qué añade realmente a la formación de una opinión libre conocer los mensajes privados entre padre e hijo? ¿Qué aporta saber que el fallecido tenía una nueva compañera sentimental, cuánto dinero ha podido percibir esta o que una psicóloga amenazara con abandonar el tratamiento si no aumentaban los honorarios del vástago? Todo esto resulta, sencillamente, insano.

Pero vayamos a lo concreto. ¿Cómo nos llega toda esta información? Muy sencillo: porque alguien con acceso legítimo al procedimiento decide vulnerar la ley. Las actuaciones son secretas para quienes no son parte, aunque ese secreto, en España, se parezca cada vez más a un chiste. O sea que la filtración solo puede proceder del juzgado, la fiscalía, la policía, la defensa o cualquier funcionario con acceso al expediente.

Para más inri, no es que se filtre un sumario; se filtran fragmentos. El ciudadano cree estar conociendo la investigación cuando, en realidad, solo conoce la versión que una de las partes ha decidido poner en circulación. Porque contra lo que se suele decir, las filtraciones no aumentan nuestro conocimiento: lo contaminan.

Y eso que los Andic, al fin y al cabo, son particulares extraordinariamente adinerados, que jamás han mercadeado con su intimidad ni han pretendido erigirse en referentes morales dando la lata al respetable. El caso cambia cuando hablamos de Zapatero. Un personaje público que aparece investigado por unas conductas francamente sonrojantes que, sean o no delictivas –esa es otra discusión–, bastan para considerar una simpleza su credibilidad política. Tiene sentido que esos hechos lleguen a conocimiento público: el hallazgo de las joyas o cualquier actuación relacionada con el eventual abuso del poder son, legítimamente, noticia. Lo que cuesta entender es qué aporta al debate democrático saber que él y su secretaria llamaban “las lobas” a sus hijas, dónde cenaba (Hörcher, por cierto), si Julio era “Julito” o cualquier otro detalle de su vida privada carente de interés para el derecho penal. Cuando esa información está en la calle, además, la instrumentalización es instantánea: cada filtración se convierte en munición que se airea con indignación cuando perjudica al adversario y se silencia con prudencia cuando salpica al propio bando.

Los que tenemos una cierta edad recordamos cuando los volcados telefónicos los hacía un policía de carne y hueso. Al llegar a una charla doméstica, una confidencia sexual o cualquier otro pasaje irrelevante, el funcionario anotaba escuetamente: “Sin interés para la investigación”, y no la transcribía.

Hoy la tecnología permite incorporar al procedimiento miles de mensajes y conversaciones completas. El progreso técnico ha eliminado aquel elemental filtro de prudencia que imponía la ley y el sentido común. Entre eso y las divulgaciones interesadas, el espectáculo está servido gracias a la torpe confusión entre la capacidad de conservarlo todo y la malicia de divulgarlo todo. Y así, sagazmente, hemos perfeccionado una formidable máquina de triturar la intimidad humana. Gran negocio. Y ahora, vayan a contarle todo esto al jurado. Javier Melero es escritor. La Vanguardia, 8 de julio de 2026.

























ESPECIAL 6 DE HOY. ISABEL DÍAZ AYUSO, LA PROVIDA DE SCHRÖDINGER, POR ANA IRIS SIMÓN. 11 DE JULIO

 





Isabel Díaz Ayuso tiene un talento indiscutible: lanzar anzuelos. Es como una pescadora que va al río de buena mañana con distintos engodos —que si un discurso, que si una declaración incendiaria, que si un apodo faltón para el presidente del Gobierno— y regresa siempre a casa con la cesta cargada de merluzos.

En esta ocasión, el señuelo no han sido unas palabras sino una ley: la del concebido no nacido. Una medida anunciada a bombo y platillo como la propuesta natalista y provida definitiva, pero que se resume en poder pedir algunas ayudas en las que influye el número de miembros de la unidad familiar antes del nacimiento del bebé en gestación. Una propuesta útil pero con muy poco alcance para las familias, que lo que necesitan no son migajas sino escuelas infantiles públicas suficientes, viviendas dignas cuyo precio no se coma los salarios, estabilidad laboral y una legislación que proteja su derecho a criar y cuidar.

El caso es que Ayuso ha vuelto a casa con el cestillo lleno de peces gracias a un sencillo trile: llamar a este paquete de medidas puramente administrativas “ley del concebido no nacido” en lugar de, por ejemplo, “plan de ayuda familiar”. Así, por una razón lingüística más que jurídica, una propuesta testimonial y que lleva aplicándose más de una década en Galicia de manera similar está siendo debatida como una gran amenaza para la legislación vigente sobre el aborto. Y, en las próximas elecciones, algún simpatizante de Vox o algún provida despistado votará a Ayuso; no por la ley del concebido no nacido, sino por lo que dicen de ella sus detractores.

Pero la postura del PP sobre el aborto es la más perversa de todo el espectro político. Al contrario que la mayoría de sus defensores, que afirman que un ser humano empieza a ser tal en el plazo que dice la ley vigente en nuestro país —que difiere con la de otros— ellos sostienen que “el concebido es persona desde el primer minuto”, en palabras de Ayuso. A su vez, defienden el aborto “como un derecho de la mujer”, en boca de Alberto Núñez Feijóo. Todo ello sin ningún dilema ético, sin reparar en que reconocer que hay vida desde la concepción y defender como un derecho acabar con ella implica legalizar y proteger el asesinato, siempre que se realice dentro del vientre materno y en nombre de la libertad.

Por eso yerra la izquierda al llevarse las manos a la cabeza por esta medida tibia de nombre rimbombante. Como yerra al pensar que el del aborto es un debate cerrado; eso solo lo cree quien no ha vivido en primera o segunda persona uno, quien no ha sido testigo de las dudas y pesares de quien aborta. Como yerra al creer que las posturas críticas con el aborto vendrán de la mano de una derecha que ha purgado a todo aquel que ha dado un paso adelante en la defensa de la vida: Ruiz-Gallardón en el PP, García-Gallardo en Vox.

Pueden llamarme loca, probablemente esté de acuerdo con ustedes. Pero apuesto a que la defensa de la vida vendrá en el futuro, no sé si cercano o lejano, no sé si también o sobre todo, de lugares ahora insospechados. De un feminismo abolicionista del aborto que tome el testigo de Clara Campoamor en defensa del no nacido y de la mujer que lo lleva en el vientre. De un humanismo que, en la línea de Delibes, Pasolini o Nat Hentoff, defienda a quienes aún no han nacido como defiende a otros sin voz. La defensa de la vida no vendrá de las mentiras de nuestros políticos, sino de la verdad de algunos corazones. Y para sostenerla no harán falta triles ni anzuelos. Ana Iris Simón es escritora. El País, 11 de julio de 2026.

























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. LA FOTO DE LA IA, POR MIRIAM GONZÁLEZ DURÁNTEZ. 11 DE JULIO DE 2026

 







La foto del anuncio de la gigafactoría de inteligencia artificial de Móra la Nova (Ribera d’Ebre) la semana pasada vale más que mil palabras para entender por qué no puntuamos en IA.

Lo único que tiene en común la foto con el mundo de la tecnología es que en la primera fila casi todos eran hombres y en la segunda casi todo mujeres; un guiño al espíritu de Silicon Valley, que es el sitio más masculino que conozco (a excepción del Vaticano).

Las gigafactorías se anunciaron en febrero del 2025 como la respuesta europea a la necesidad de dotarnos de capacidad computacional propia para reducir nuestra dependencia de China y Estados Unidos. Se anunciaron con una inversión de 20.000 millones de euros, una cifra que ya entonces parecía insuficiente (y encima la mayoría es dinero reciclado de otros anuncios anteriores). Es parte del programa europeo InvestAI, con el que se aspira a movilizar 200.000 millones de inversión público-privada en cinco años.

Solo por comparar, las inversiones en centros de datos anunciadas por las tecnológicas americanas superan los 725.000 millones de dólares ¡en tan solo el 2026! Hasta hoy no se ha empezado a construir ninguna gigafactoría y es difícil que se pongan en funcionamiento antes del 2029. En España, lo que se ha anunciado es tan solo un consorcio público-privado, que ni siquiera ha sido elegido para liderar una de las gigafactorías europeas, porque la convoca­toria de la Comisión Europea no está ni lanzada.

En la foto se observa al presidente del Gobierno, el de la Generalitat, el ministro del ramo y directivos de dos empresas parti­cipadas por el Estado (Telefónica y Multiverse Computing), un banco (sector muy reglamentado por el Estado) y una constructora de toda la vida. Es normal que en una gran obra el Estado otorgue permisos, licencias, etcétera, y también es normal que ponga una parte de la inversión inicial para facilitar la financiación. Pero en este consorcio tenemos al Estado en todas sus versiones: estatal, autonómica, empresa participada, compañía muy regulada y empresa dependiente de la contratación pública. Todo queda en casa.

Tenemos poco dinero, mucha burocracia, demasiado Estado y gente que no sabe de tecnología al frente

Por si no había suficiente componente estatal, la inversión del Gobierno se hace a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), que es el equivalente digital de la infame SEPI. Ambas son brazos empresariales del Gobierno, interpuestos entre este y las empresas públicas o participadas. Su utilidad pública es mínima, pero su utilidad política es máxima (sirven para colocar a más gente del partido, y para diluir los controles administrativos que habría si esas empresas y participaciones públicas se gestionasen directamente desde los ministerios).

La Sociedad de Transformación Tecnológica no está dirigida por un experto en tecnología, sino por un político que es abogado especializado en extranjería y asilo, Antonio Hernando. Lo normal… en España. Tan normal como tener de ministro para la Transformación Digital a Óscar López, un licenciado en Ciencias Políticas, exasesor, exparlamentario y ex jefe de gabinete del presidente del Gobierno.

En resumen: tenemos poco dinero, mucha burocracia, demasiado Estado y gente que no sabe de tecnología al frente. ¡Cómo no vamos a tener desfase con Estados Unidos! El mayor superordenador dedicado a la IA allí opera con una capacidad de 1.250 megavatios; el mayor de Europa alcanza apenas los 83. Mientras ellos tienen un 80% de la capacidad mundial de computación, Europa solo tiene el 5%.

En una reciente discusión con el director del Centro de IA de la Universidad de Alicante, me decía que la IA debería ser una emergencia nacional. Efectivamente, debería serlo. Pero para activar esa emergencia, hay otra que hay que atacar en paralelo: la modernización de nuestro sistema político. En un país donde se va demasiado dinero en el mantenimiento de la clase política y sus redes clientelares, en el que la burocracia es tan grande como el número de cargos políticos, en el que el Estado se infiltra en todo y en el que prima el carnet político sobre el talento, es imposible engancharse a la era de la IA. Hay que empezar a ver las cosas en toda su crudeza: nuestro sistema político nos condena a no poder competir en tecnología. Miriam González Durántez es abogada. La Vanguardia, 8 de julio de 2026.