martes, 25 de julio de 2023

De las identidades electivas

 






Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz martes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del filósofo Bernat Castany, va de las identidades electivas. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.












Las identidades electivas
BERNAT CASTANY PRADO
23 JUL 2023 - El País

Cuando le preguntaron al mariscal Ferdinand Foch por qué no escribía sus memorias, respondió: “Porque no tengo nada que ocultar.” Lamentablemente, hoy en día abundan los políticos que no cesan de hablar de la identidad, para ocultarse entre sus ramas, o bajo sus raíces. Hablan de su identidad española, catalana, vasca o andaluza. Hablan de su identidad masculina, femenina, trans o fluida. Hablan de su identidad cristiana, musulmana, judía, blanca, negra o mestiza. Pero, en la mayor parte de las ocasiones, esas identidades tan grandes sólo son, como en el cuento de la Caperucita Roja, para comernos mejor… Y todos caemos en la trampa, pues somos como el dependiente del chiste, que, al oír que un cliente le pedía una “blrblrblá” de pipas, preguntó: “Una bolsa ¿de qué?” Y es que nuestra hipocondría identitaria nos lleva a abalanzarnos sobre nuestros adjetivos preferidos, como si tuviésemos la menor idea de lo que significa un sustantivo tan diferido como el de “identidad”. Pero, como dijo Vicente Huidobro, “el adjetivo, cuando no da vida, mata”. Lo cual, aplicado al caso que nos ocupa, cobra unas resonancias inquietantes. Pues son muchos los millones de sujetos que acabaron murieron por sus atributos. Siendo así que in principio era el sustantivo...
Si nos diésemos el tiempo de reflexionar, comprenderíamos que el concepto “identidad” es una madeja de paradojas. Porque preguntarse por la identidad es preguntarse por la identidad de la identidad; porque es un concepto invisible que se halla en la base misma de la gramática, de modo que es tan difícil hablar acerca de él como saltar más allá de nuestra sombra; porque es una palabra omnipresente, que significa cosas muy diferentes, según la manejen la lógica, la filosofía, la publicidad o la política; porque toda identidad está compuesta por elementos heredados y recreados; porque puede servir tanto para liberar como para dominar; porque puede entenderse a la vez como aquello que nos diferencia de los demás y como aquello que nos identifica con un gran número de personas; porque puede concebirse como una esencia inmutable dada de antemano o como una existencia resultante de nuestras acciones libres; y porque —¡paradojas de paradojas!— la idea que nos formemos acerca de la identidad, no sólo depende de nuestra identidad, sino que, al mismo tiempo, la condiciona. Como diría John Keats, no es posible destejer el arcoíris. Y, aun así, no son pocos los que se han adentrado en ese laberinto, y han sido devorados por el minotauro de la locura y el catoblepas del fanatismo.
¿Quiere decir esto que la identidad no existe, que es un mero constructo, o que sería mejor no hablar de ella? En absoluto —o en relativo—, pues afirmar tales cosa supondría lanzarse en paracaídas al centro del laberinto. Mas debo confesar que hubo un tiempo en que lo creí así. Como el lord Chandos de Hugo von Hofmannstahl, se me pudría esa palabra en la boca. Estaba encantado de haberme desconocido. Y concebía la identidad como una picadura de mosquito que debíamos abstenernos de rascar. Entonces tuve hijos. Y, aunque en un primer momento fantaseé con educarlos en una especie de anabaptismo identitario, consistente en no darles una identidad hasta que tuviesen la madurez suficiente para dársela ellos mismos, al cabo de un tiempo comprendí que, si yo no les hablaba de ello, otros estarían encantados de hacerlo por mí. Y que corría el peligro, tan frecuente, de morir por sobredosis de antídoto. Así que tuve que asumir que, aunque la identidad haya sido secuestrada, una y otra vez, en tanto que alma cristiana, espíritu nacional, empresa unipersonal o estrategia política, a las ideas importantes no se las abandona, sino que se las rescata, como a los hijos, a los amigos, y a los libros prestados... De modo que, como decía Samuel Beckett, es necesario seguir hablando.
Pero para não falar merda también es necesario recuperar una concepción sustantiva de nuestro ser, que no se suba a la parra de la identidad, andándose por las ramas de los atributos, sin haber descendido antes hasta las raíces del nombre. Pues, ¿qué importa ser muy español, muy catalán, muy hombre, muy mujer o muy fluido, si se es poco libre, poco valiente, poco justo, o poco sabio? El núcleo de la identidad no se diferenciaría mucho de aquello que Aristóteles llamó “carácter ético”, y que podemos definir como el conjunto de hábitos, perjudiciales o beneficiosos para la vida, que poseemos o nos poseen. Los antiguos los llamaron virtudes y vicios. Yo prefiero llamarlos potencias o impotencias. Porque no se trata de que cumplan o incumplan unos mandatos divinos o trascendentes, sino de que desplieguen o bloqueen nuestras potencias, dando lugar a una vida más o menos alegre, siempre en el sentido spinoziano. Podemos imaginar ese núcleo ético de muchas otras maneras. Lo importante es, como diría Guillermo de Ockham, que las identidades no deben ser multiplicadas innecesariamente.
Lo cual no sólo atañe a nuestra identidad individual, sino también a la colectiva. Nuevamente, no importa si un grupo concuerda o no con su identidad imaginada, sino si fomenta la educación y la libertad, si es capaz de templar sus miedos excesivos y sus esperanzas exageradas mediante el debate público razonado, si se atreve a criticar y a cambiar aquellos aspectos que considera perjudiciales para la comunidad, y si posee un sentimiento de justicia que le lleve a luchar contra la miseria y la sumisión. El resto es ruido, y furia.
No creo que esto implique negar, o invisibilizar, aquellas cuestiones que nos hemos precipitado en llamar “identitarias”, sino sólo subordinarlas a esta otra dimensión ética, sin la cual todo lo demás es vano. Pues de nada sirve que nos sintamos sentirnos libres de sentirnos lo que queramos, si estamos esclavizados por nuestra propia ignorancia, soledad, adicciones o miseria. Por eso el neoliberalismo se ha mostrado siempre dispuesto a concedernos todos los derechos identitarios que queramos, a cambio de que no le exijamos ningún derecho social. Y, ahora, que nos ha llevado a la quiebra con este mal negocio, llega la ultraderecha, dispuesta a arrebatárnoslo todo, a cambio de repartir las migajas de sus identidades asesinas (uf qué mal, o qué Maalouf). Lo cual es tratar de salvarse de la horca tirando de la cuerda hacia arriba.
Necesitamos, en fin, una revolución copernicana, que atraviese la falsa dicotomía entre “política identitaria” y “política tradicional”. Porque toda política es identitaria, en un sentido ético, ya que se ocupa, o se desocupa, de las acciones que posibilitan que una sociedad asimile hábitos justos, sabios, valerosos y libres; y ninguna debería serlo, en un sentido patético, como es el de exaltar las pasiones tristes del narcisismo, el miedo, el odio o la paranoia, con el objetivo de obtener un rédito económico o político.
Hablemos, pues, de la identidad, sí, pero en los términos adecuados. Pues nadie puede esperar ganar un duelo si deja que sea el otro quien escoja las armas.



































lunes, 24 de julio de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] Seis años de Desde el trópico de Cáncer. [Publicada el 06/08/2012]











El pasado 1 de agosto cumplió este blog seis años. Mil setecientas quince entradas después y con una media de ochenta mil visitas anuales sigo planteándome para qué lo cree y porqué sigo escribiendo en él. No tengo una respuesta clara. Lo más aproximado a lo que sería una justificación sobre las razones para mantenerlo vivo las he encontrado por azar -sí, de nuevo el azar- en un libro que regalé a mi mujer hace quince años, y que contra mi costumbre, no había leído hasta hace unos días. Ignoro el porqué.
"-Escribir es como un acto de exorcismo -dije, interrumpiéndola-, sacar a la luz los malos espíritus para  librarse de ellos, y, al igual que la magia negra, clavar agujas a muñecos para vengarse un método para que los débiles y los cobardes retornen a un mundo violento y salvaje sin tener que enfrentarse con el opresor. Es vudú practicado con un procesador de textos.
-¿Podría tratarse de un proceso purificador? -preguntó.
-Más bien creo que es como un "bypass" coronario que te permite sobrevivir. 
Dejé a la joven de mi ensueño sin habla."
El texto que acabo de reproducir se encuentra al comienzo de la novela "Una noche en Tel Aviv" (Círculo de Lectores, Barcelona, 1996), escrita por Rachel Elboim-Dror, profesora de la Universidad Hebrea de Jerusalén, licenciada en Literatura y Sociología, reputada especialista internacional en políticas y sociologías educacionales y doctora por la Universidad estadounidense de Harvard. Es su única obra de ficción hasta el momento.
¿Pero todo lo que cuenta en ella es ficción? No puedo saberlo, pero soy de los que piensan que toda obra de literatura es siempre una suerte de autobiografía. Como la protagonista de la novela, Ruth Lavin, bióloga y profesora de universidad en Tel Aviv, su autora, Rachel Elboim-Dror, llegó a Palestina procedente de la Europa oriental siendo una niña aún en fechas inmediatamente anteriores al inicio de la II Guerra Mundial. Como ella, pasa su infancia en un kibutz a orillas del Jordán, estudia en la Universidad Hebrea de Jerusalén y como ella también, llega a oficial de las fuerzas armadas israelíes y profesora universitaria.
La protagonista de la novela es una mujer de edad madura, rondando los cincuenta años, madre de dos hijas ya emancipadas, casada con un prestigioso cirujano y director de una clínica universitaria en Tel Aviv. Ella es bióloga y profesora en un Instituto de investigación de biología molecular y está entregada en cuerpo y alma a su familia y a sus tareas investigadoras, sin buscar ni esperar otra cosa que el reconocimiento de su marido y de sus colegas universitarios. Hasta que, a pesar de sus esfuerzos y méritos, es preterida profesionalmente en favor de otros investigadores más proclives a la vida social que al trabajo de campo y al laboratorio. Es en ese momento cuando mira a su interior y hacia atrás en el tiempo y reflexiona y hace recuento de lo que ha sido su vida desde aquel lejano día en que abandonó Europa con sus padres para emigrar a la tierra prometida a sus ancestros. Y lo que nos cuenta, en un diálogo introspectivo consigo misma y con nosotros es un espectáculo desolador. Una vida de frustraciones, sacrificios y renuncias, una relación castradora, a fuerza de cariño, con su madre, y un marido solo atento a su propio éxito personal.
Creo no exagerar al decir que es una de las novelas más desoladoras que he leído nunca. Sin un atisbo de esperanza. Soledades en compañía en estado puro. Triste y desgarradora hasta la repulsión. Y a pesar de ello, o quizá, por ello, atrayente y hermosa, hasta el grado de sentirme identificados íntimamente con su protagonista.
¿Acaso la vida no es así en realidad? Yo diría que sí, que la vida está llena de frustraciones y renuncias, que carece de sentido, pero que es lo único que tenemos, que después no hay nada y que merece la pena vivirla a pesar de todo.
"Mi mundo se derrumba por dentro. -Dice la protagonista casi al final de la novela-. Todo se cierra sobre mí. Las puertas me dan en las narices, los pasillos se  estrechan cada vez más, mi espacio vital implosiona. Me hallo en un punto muerto, en un camino hacia ninguna parte, todos los cruces están bloqueados."
Entonces, ¿para qué escribir?, sigo preguntándome. Y me respondo a mi mismo, como la protagonista de la novela, Ruth Lavin, simplemente para sobrevivir... Abrumado, termino de leer la novela ayer domingo por la tarde e impulsado por una especie de resorte emocional buscó por internet alguna referencia de la autora y encuentro su dirección de correo electrónico en la Universidad de Jerusalén. La escribo contándole la honda conmoción que me ha producido la lectura de su libro. Y apenas una hora después recibo su amigable respuesta. Reconfortante... Les deseo que sean felices, por favor. A pesar del gobierno, a pesar de todo. Al menos inténtenlo. Merece la pena. Tamaragua, amigos. HArendt










Del olvido del latín

 






Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz lunes. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del escritor Ignacio Peyró, va del olvido del latín. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.










Lo mejor del mundo era el latín
IGNACIO PEYRÓ
15 JUL 2023 - El Paísharendt.blogspot.com

Estamos más cerca de alcanzar la inmortalidad humana o de poder vivir en Júpiter que del retorno del latín al currículo escolar, pero pedirlo pertenece a una categoría superior a la de las causas perdidas: la de las causas hermosas. No propongo llegar a los extremos de la escuela de Shelley, en la que, a fin de “domar el ardor adolescente”, todo alumno “había leído dos veces a Homero, había expurgado a Horacio y podía componer unos pasables epigramas latinos sobre Wellington”. Sí, nos queda lejos la época en que -leemos en Maurois- las ciencias eran facultativas, la danza obligatoria y la religión se estudiaba con el firme compromiso de no hacerle mucho caso. Pero si era criticable la “sensata frivolidad” de aquellos estudios, ahora lo preocupante es que los profesores de latín pasen a ser más infrecuentes que los linces ibéricos.
A estos profesores los retrató como nadie Evelyn Waugh en el personaje de Scott King, con sus chaquetas color caca y su ligero aire anacrónico: seres más bien ornamentales, que tal vez se sonríen al leer unos versos licenciosos de Catulo para aliviar las horas dedicadas a la sequedad de la sintaxis, y que han venido al mundo a recordar al ignaro que las comas no están para salpimentar el texto o que Venus no sólo es un nombre de club de carretera. A mí me resulta imposible no tenerles afecto: con Hazlitt, venían a mostrar que hay una dimensión distinta a la sumisión fatal a los poderes del día. “Algo calvo y algo corpulento”, como el propio Scott King, yo mismo estuve a un tris (del griego tris, trijós: cabello, pelo) de dedicarme al latín: para mi sorpresa, las Catilinarias me dieron un diez en Selectividad, y entendí aquello como una señal del cielo para dejarlo todo y estudiar Clásicas. Ante una manifestación tan nítida del destino, yo no pude menos que -por supuesto- desobedecer y matricularme en Románicas: en mi descargo puedo decir que no lo hice por afán de lucro. Hoy me arrepiento, pero es difícil no mirar a la propia juventud sin pensar que uno era un poco idiota.
Iba a estudiar la lengua muchos años, en todo caso, y aún recuerdo que, al comprar la Introducción al latín vulgar de Veikko Vaananen en la librería, una profesora me dijo que ella misma se recordaba comprándolo tres décadas antes. Al cabo, si un estudiante de primero de medicina sabe más que Hipócrates, el latín nos ponía en pie de igualdad –de humildad- con los mejores de todo tiempo, de los monjes culones a los grandes ilustrados, y con los años sorprende ver cuánto latín pervive en un párrafo de Jovellanos, un discurso de Lincoln o una tirada de Burke y, por el contrario, cuánto de su fuste echamos de menos en las prosas. Como la lectura o la poesía, la familiaridad con el latín es una gracia diferencial que -al mismo tiempo- no cabe en los CV y distingue a las personas.
Es posible que el latín se les amargara a muchos, pero de alguna manera dejaba el convencimiento de participar de una importancia superior. Al sublime entrecejo de Alain Delon no le suele acompañar el carácter de un Gandhi y, como todo lo hermoso, el latín tampoco lo pone fácil: tras siete años de fatigas, uno solo logró sacar en claro que Ovidio va a ser siempre más listo -y más retorcido- que tú. El primer acercamiento al latín, de hecho, solía ser un flechazo de repulsión: el aprendizaje de las declinaciones es un arte combinatoria que solo puede gustar a quien esté destinado, más adelante, a fetichismos tan alambicados como el derecho procesal. Pero créanme que el del latín es un amor que compensa, capaz -en mi caso- de sobreponerse a un profesor que me profesaba una antipatía ardiente o a un catedrático de gramática latina con más lamparones que camisa.
En El rector de Justin, la gran novela de Louis Auchincloss, el carácter opcional del latín marca el momento en que la modernidad entra en su mundo como una bomba fétida arrojada por la ventana. La vieja escuela deja de ser la vieja escuela y -cabe suponer- al poco llegarían el “conocimiento del medio” y la pretecnología. Bromas aparte, el hurto de las lenguas clásicas a las generaciones jóvenes ha sido una estafa para crear gentes sin raíces y sin una conciencia de lo pasado. De igual modo que una batería en el presbiterio terminaba con siglos de liturgia, al quitar el latín creían limar tiempo para una lengua y cortaban con -literalmente- milenios de transmisión cultural.
De cuando en cuando el latín vuelve a la moda: unos finlandeses –Vaananen lo era- emiten un noticiero en latín o el Vaticano incluye ‘bikini’ en su glosario como vesticula balnearis Bikiniana. Son espejismos. Por supuesto, siempre hay quien defiende el latín como gimnasia mental, o para mejor conocer la propia lengua, o por el gusto por la etimología. Pero la etimología está llena de trampas, para el cerebro lo bueno es leer, y el propio tránsito del latín al español nos hace conscientes de emplear un idioma adecuado a nuestro estado postadánico. A muchos les quedará, de su bachillerato, el recuerdo de que los romanos no hablaban más que de flechas y campamentos, pero alguna suavidad había en una lengua que abordábamos por su flanco más dulce: la conjugación de amar. ¿Por qué el latín? Ni siquiera por la utilidad de lo inútil, por un tributo a la Historia, por afirmar una superioridad cultural. Al final lo amamos porque es de las pocas cosas que -como la rosa, rosae- no necesitan un porqué.






























domingo, 23 de julio de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] Desvergüenza. [Publicada el 10/08/2015]










La reunión que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el exvicepresidente Rodrigo Rato mantuvieron el pasado 29 de julio respondía a una petición de este último para tratar de una cuestión de carácter “exclusivamente personal” y “completamente al margen de la situación procesal” en la que se encuentra, según un comunicado emitido este lunes por el ministerio. 
El ministro accedió a reunirse con Rato el pasado miércoles a las doce de la mañana y la entrevista concluyó antes de la una, según la nota. Fernández Díaz "consideró que lo correcto era recibirle en la sede del Ministerio del Interior porque garantizaba absoluta transparencia y no había nada que ocultar. Sin duda era más adecuado hacerlo en la sede del ministerio que en el reservado de un restaurante o en un lugar similar", prosigue Interior.
El ministro "no ha realizado ningún tipo de gestión ni ninguna iniciativa que tenga que ver absolutamente nada ni directa ni indirectamente con la situación procesal del señor Rato", según la explicación remitida por el ministerio. 
Interior asegura que las investigaciones sobre el expresidente de Bankia "las están dirigiendo la autoridad judicial, la Fiscalía Anticorrupción y la Unidad de Inteligencia Financiera (UNIF) de la Agencia Tributaria".
"Cualquier otra actuación que sea requerida de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado lo será en su condición de policía judicial y, por tanto, actuarán en todo momento bajo la dirección de las autoridades judiciales y en ningún momento bajo la autoridad del Ministerio del Interior".
No obstante, la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil está realizando investigaciones sobre el caso después de ser requerida por el juez de instrucción de Madrid que llevaba hasta hace unos días el asunto de blanqueo que se imputa al expresidente de Bankia. El juez aceptó utilizar a la UCO para las gestiones pertinentes a petición de la Fiscalía Anticorrupción, la cual señaló que los nuevos datos que aparecieran en las pesquisas debían ser aportados a "una pieza separada secreta con objeto de salvaguardar el buen fin de la investigación".
Los principales grupos de la oposición han pedido este lunes la comparecencia del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, para dar explicaciones sobre la reunión que tuvieron el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y Rodrigo Rato, exvicepresidente del Gobierno, el pasado 29 de julio en la sede de Interior. Algunos de los grupos políticos incluso han solicitado la dimisión de Fernández Díaz y del propio Rajoy.
El PSOE, a través de su portavoz en el Congreso, Antonio Hernando, considera "inconcebible" que Rajoy no estuviera al tanto de la reunión mantenida entre Rato y Fernández Díaz. "Esto implica también al presidente del Gobierno y tendrá que terminar dando explicaciones en sede parlamentaria", ha dicho Hernando.
"El Gobierno ha perdido la decencia y la vergüenza y tiene que dar explicaciones", insistía Hernando en declaraciones a la Cadena Ser. "Fernández Díaz tiene que comparecer ante los medios de comunicación; en el Congreso con pelos y señales; sobre quién llamó a quien; por qué se decidió hacerlo en el Ministerio; de qué hablaron. Tenemos derecho a saber de qué hablaron", ha exigido el portavoz socialista.
Hernando ha apuntado que esto es "lo nunca visto" y que desde el Gobierno se desprende una "sensación de impunidad terrible". "Creíamos que el Gobierno no nos iba a sorprender nunca más en materia de corrupción y de delincuencia, pues Jorge Fernández se ha superado", ha señalado. En el PSOE consideran una "interferencia del poder Ejecutivo en una investigación del poder judicial" la reunión.
Ciudadanos también ha apostado porque Fernández Díaz dé explicaciones y, una vez lo haga, valorarán qué reacción le pedirán. "Nos parece absolutamente falto de todo rigor institucional que un ministro se reúna con una persona imputada en dependencias públicas y del Ministerio del Interior, que es el que tiene encomendado por parte del Estado la persecución de los delitos, y entre otros los que está imputado Rato", ha señalado José María Espejo-Saavedra, subsecretario de Organización y Relaciones con partidos políticos de la formación.
Espejo-Saavedra ha considerado que es comprensible que Fernández Díaz "pueda tener una relación de amistad o privada con Rato, que está imputado por delitos graves, pero eso no le da legitimidad para utilizar su cargo para reunirse en dependencias del ministerio". Espejo-Saavedra ha apuntado que "cuando uno es presidente, es responsable de lo que hagan sus ministros, conozca o no" lo que hagan.
Por su parte, la secretaria general de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, ha advertido este lunes de que es "la espina dorsal" del PP y "no solo manzanas" las que están "podridas". Rodríguez ha señalado que el PP se "empeñará en decir que Rodrigo Rato era también una manzana podrida", pero, en su opinión, esta reunión demuestra que "el alma máter de la política económica del PP sigue siendo reconocida por su cúpula".
UPyD ha pedido la dimisión del ministro de Interior y del presidente del Gobierno. Andrés Herzog, portavoz de la formación, ha asegurado que "es intolerable un Gobierno que ampara y protege a los corruptos, y además utiliza para ello los recursos y medios públicos". "Es un nuevo caso de indecencia política del Gobierno del PP, que en vez de perseguir la corrupción, la ampara y la protege", ha añadido Herzog. 
Para el Portavoz de UPyD, "nos encontramos ante una nueva reedición del ya conocido 'Luis, sé fuerte', referido a Bárcenas, pero esta vez con Rato de protagonista". Rosa Díez, portavoz en el Congreso del partido, ha registrado una petición de comparecencia de la vicepresidenta del Gobierno en la Comisión Constitucional y del propio Fernández Díaz en la Comisión de Interior.
IULV-CA también ha pedido este lunes la dimisión del ministerio de Interior, ya que "evidencia que la justicia no es para todos igual". Así lo ha señalado uno de los miembros de la dirección de Izquierda Unida Antonio Ortiz, quien ha apuntado que su partido se une a esta petición de dimisión.
"El encuentro es una evidencia de que la justicia no es para todos igual, hay puertas delanteras y traseras por las que algunos pretenden escaparse", ha subrayado Ortiz. El portavoz de la formación en la Comisión de Interior, Ricardo Sixto, considera "inasumible" que un miembro del Gobierno "reciba en su propio despacho" a una persona con "varias causas penales abiertas" todavía por dirimir, y, menos aún, que el encuentro se produjera "con cordialidad", como explicaron fuentes del ministerio.
Por ello, ha asegurado que su grupo "seguirá de cerca" las consecuencias que puedan derivarse de esta reunión y no descarta exigir en el futuro "un mayor grado de responsabilidad política" a Fernández Díaz por unos hechos que sí están siendo investigados por unidades pertenecientes a su departamento, concretamente por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, tras la decisión del juez de Madrid de incorporarla al caso por petición expresa de la Fiscalía Anticorrupción". (El País, 10/8/2015).
La reunión en sede ministerial entre Rodrigo Rato y Jorge Fernández Díaz, poco antes de que el juez del caso Rato remitiese la instrucción a la Audiencia Nacional, es un flagrante ejemplo de irresponsabilidad política que exige una aclaración inmediata. Según ha informado este periódico, el pasado 29 de julio el titular de Interior recibió, en un ambiente de "cordialidad" y durante dos horas, al ex vicepresidente del Gobierno, imputado en varias causas y sobre el que pesan gravísimos delitos fiscales y de blanqueo de capitales. Fuentes del Ministerio enmarcaron la reunión en la relación de amistad que les une desde hace años y aclararon que los cuerpos de seguridad adscritos a su departamento son ajenos a las investigaciones que la Agencia Tributaria lleva a cabo sobre las actividades del que fuera todopoderoso ministro de Economía. Sin embargo, ambos argumentos son insuficientes.
El primero de ellos, porque un ministro lo es a tiempo completo y no puede desdoblar su personalidad mientras está en el cargo. Además, la reunión se produjo en el despacho de Fernández Díaz, lo que la convierte automáticamente en oficial. Por eso tienen razón tanto PSOE como UPyD al exigir que el ministro acuda al Parlamento a informar sobre el porqué de ese inoportuno encuentro y sobre el contenido del mismo. 
Pero, sin duda, lo más grave es que el Ministerio no ha dicho la verdad en la segunda de sus alegaciones. A petición de la Fiscalía Anticorrupción, desde hace meses la Guardia Civil colabora con los técnicos de Hacienda a través de la Unidad Central Operativa (UCO). El juez encargó expresamente a esta unidad especializada la investigación referida al posible delito de blanqueo, cuyos indicios han motivado el traslado de la causa a la Audiencia Nacional. De esta forma, la reunión en el Ministerio del Interior adquiere unos razonables tintes de sospecha que ni el Gobierno ni el PP pueden pasar por alto.
Dados los cargos de máxima responsabilidad política nacionales e internacionales desempeñados por Rato, su caso se ha convertido con razón en uno de los asuntos que el PP debe gestionar de la manera más transparente posible. No hay que olvidar que quien estuvo a punto de ser nombrado sucesor de Aznar y cuya gestión económica se ha presentado como modélica posee una fortuna de orígenes no justificados y tiene abiertas varias causas sobre su nefasto papel en Bankia, coronado con el deshonroso episodio de las tarjetas 'black'. A todo eso se añaden los cinco delitos fiscales que pesan sobre él y la nueva acusación de blanqueo de capitales. Tal y como informamos hoy, existe la sospecha de que el ex ministro ha invertido en el hotel que posee junto a su mujer en Berlín, 420.000 euros provenientes posiblemente de comisiones ilegales, obtenidas dureante su etapa al frente de Bankia. Las acusaciones revisten una enorme gravedad si se tiene en cuenta que la investigación sospecha que la cuantía total defraudada ronda los dos millones de euros. Por todo ello, es normal la intranquilidad de Rato, ya que la las penas de los delitos fiscales sumadas a las de blanqueo llevan aparejadas importantes penas de prisión.
Para evitar que las razonables sospechas que la reunión ha despertado entre la oposición y en la Asociación Unificada de la Guardia Civil, que ha pedido la dimisión del ministro, Fernández Díaz debe explicar personalmente cuanto antes los detalles de lo ocurrido". (El Mundo, 10/8/2015).
Sobra todo comentario. En cualquier Estado democrático del mundo mundial el Ministro del Interior estaría ya en su casa, dimitido, porque no habría sido necesario cesarle. En política los errores, que no los delitos, y este evidentemente no lo es, se pagan con la dimisión, pero aquí no. El presidente del gobierno de España, su componentes y el partido que los sustenta están vacunados contra toda tentación de asumir responsabilidades. Ellos, a lo suyo, que desgraciadamente no es lo nuestro. Pero las especulaciones sobre el contenido de esa conversación quedan en el aire mientras el señor ministro del Interior no de las explicaciones pertinentes en sede parlamentaria. El problema es que, a estas alturas, diga lo que diga, no le van a creer ni los suyos, y los ciudadanos corrientes y molientes tenemos todo el derecho del mundo a pensar mal mientras no se nos demuestre lo contrario, aunque lo jure el Ministro del Interior sobre los Evangelios. O quizá precisamente por eso... Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos. HArendt













De la vileza en política

 






Hola, buenas tardes de nuevo a todos y feliz domingo. Mi propuesta de lectura de prensa para hoy, del escritor y académico Antonio Muñoz Molina, de la vileza en política. Se la recomiendo encarecidamente y espero que junto con las viñetas que la acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.











La era de la vileza
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
15 JUL 2023 - El País
harendt.blogspot.com

En los sedimentos acumulados en el fondo de un lago de Canadá un equipo de geólogos asegura haber encontrado la prueba de que en Tierra, hacia 1950, empezó la era del Antropoceno, marcada por las perturbaciones de la acción humana sobre el planeta. No es improbable que en un futuro próximo los historiadores sitúen en estas décadas recientes el comienzo definitivo y radical de una nueva época no geológica sino política y moral, y hasta psicológica, que me apresuro a bautizar por mi cuenta como la era de la vileza: aquella en la que habrán desaparecido todos los límites a la manipulación y a la mentira, y en los que la calumnia se difundirá con la desenvoltura de una sonrisa publicitaria y con la eficiencia multiplicadora del estercolero inmundo de la prensa sin escrúpulos y de las redes sociales.
En una fascinante indagación que retrocede milenios, los científicos han encontrado a profundidades distintas, bajo las aguas inmóviles del lago Crawford rastros de polen de maíz que atestiguan los primeros pasos de la agricultura en el continente americano, huellas de las emisiones de carbón en los comienzos de la Revolución Industrial, incluso partículas radiactivas de las primeras explosiones atómicas. Sería urgente alcanzar un grado parecido de precisión al documentar los orígenes, los primeros pasos inadvertidos, las rachas de avance devorador de esta nueva era de la vileza. Lo nuevo tarda en advertirse, incluso cuando se tiene ya delante de los ojos. Sin darnos cuenta llevamos mucho tiempo respirando la vileza sin darnos plena cuenta de su toxicidad, igual que todo el mundo recibía dosis dañinas de radiación ultravioleta antes de que unos científicos dieran la alarma sobre la destrucción acelerada de la capa de ozono.
Que los gases de la vileza ya han invadido sin remedio el aire de la vida pública española lo hemos sentido de golpe al escuchar por todas partes ese eslogan siniestro, “que te vote Txapote”, que provoca una reacción no ya moral sino física, como esa arcada que desata un olor a podrido. Es el tipo de gracia que se hace en un grupo de amigotes unidos por una recia carcajada española, cuando alguien advierte de que no va a ser “políticamente correcto” y cuenta a continuación un chiste de violaciones o de negros. La diferencia es que en la nueva era el chiste y la risotada desbordan el grupito confidencial y se hacen públicos sin pudor ni vergüenza, con chulería desafiante, con un clamor de chusma beoda en el calor tórrido de una plaza de toros. Las redes sociales han universalizado la antigua grosería de la barra de bar y el muro del retrete. La rima cruel, la gracia, la consigna, ahora la repiten en público personas que ocupan cargos públicos y que están seguras de poseer una educación exquisita, y se ve estampada en los laterales de un autobús electoral de un partido político ya agitado de antemano por una inminencia de victoria.
La gracia consiste en asociar al presidente del Gobierno y candidato socialista a un asesino etarra. Y para acompañarla, aunque sin decirla, con cazurrería y descaro, Alberto Núñez Feijóo invocó el aniversario de alguien que merecería al menos el respeto sagrado que se debe a los inocentes y a las víctimas. Un rasgo de la edad de la vileza es la repetición metódica del abuso, la injuria y la mentira. Al volverse habituales no pierden su veneno, pero cada vez provocan menos escándalo. Es posible que los primeros sedimentos de esta nueva época fueran sembrados por este personaje público, siempre más o menos en la sombra, Miguel Ángel Rodríguez, que según dicen asesoró a Feijóo antes del debate, y que hace 15 años usó por primera vez en público, en programas de televisión, a sabiendas de que lo hacía, la calumnia contra una persona del todo honorable. Los residuos de vilezas pasadas los olvida todo el mundo, salvo los que las sufrieron. En 2008, en plena campaña derechista para desacreditar la sanidad pública en Madrid, Miguel Ángel Rodríguez llamó reiteradamente nazi en varias tertulias de la televisión al doctor Luis Montes, antiguo coordinador de Urgencias del hospital de Leganés, acusándolo de haber abusado de las sedaciones de enfermos graves para acelerarles la muerte. El embustero sabe que a partir de un cierto grado la mentira tiene un efecto paralizador, como lo tiene siempre un acto de violencia súbita, un grito, una bofetada. Las mentiras de Miguel Ángel Rodríguez trastornaron la vida y la carrera de un hombre íntegro, que ya había sido objeto de una sostenida persecución política. Los tribunales confirmaron la inocencia del doctor Montes, y condenaron por un delito de injurias a Rodríguez. Ya no importaba nada. El daño estaba hecho. Había enfermos que se negaban a ser atendidos por el médico injuriado. Y el mentiroso y condenado por la justicia convirtió su indecencia en un mérito para su currículum, que ha vuelto a situarlo en lo más alto de la influencia política en España.
En el registro sedimentario de la era de la vileza resaltarán dos fechas aún más fundacionales, dos mentiras tan desvergonzadas como las de Miguel Ángel Rodríguez, pero de mucha mayor resonancia: en 2003, la mentira sobre las supuestas armas de destrucción masiva almacenadas en Irak por Sadam Husein; en 2004, la mentira del Gobierno de José María Aznar sobre los atentados del 11 de marzo en la estación de Atocha. Colin Powell, que tuvo que defender ante las Naciones Unidas una invasión basada en argumentos que él sabía embusteros, se arrepintió siempre de haber sido cómplice de una guerra que destruyó un país entero y provocó más de un millón de muertos. No sin hipocresía, Tony Blair expresó en 2016 “más dolor, remordimiento y disculpa de lo que puede creerse”, aunque siguiera defendiendo la guerra. Incluso George W. Bush habló del “mayor remordimiento de toda” su presidencia, justificándolo, no sin cinismo, en los errores de las agencias de espionaje. De aquel grupo de embusteros, el único que no ha dado muestra alguna de remordimiento ni pedido disculpas ha sido José María Aznar. Sin duda, el aprendizaje de la mentira durante la guerra de Irak le fue muy útil cuando él, su Gobierno y sus afines atribuyeron a ETA los muertos del 11 de marzo, y siguieron alimentando los bulos y sembrando dudas conspirativas sobre esa autoría durante mucho tiempo.
La vileza nos intoxica a todos con solo respirarla. Pero a quien más ofende es a quienes más sufrieron, a las víctimas de un terrorismo y del otro, a los inocentes que perdieron sus vidas y a los que quedaron dañados para siempre, los heridos, los supervivientes, las personas cercanas para las que el paso del tiempo no trae consuelo ni olvido. Para quienes recordamos los días trágicos de julio de hace veintiséis años en los que tuvo lugar el secuestro, la condena, la ejecución de Miguel Ángel Blanco, lo que ha quedado en la memoria es la pena y la ira ante el crimen y la emoción civil de aquellas multitudes que inundaron las plazas de toda España, mostrando con serena contundencia el asco hacia los asesinos y la solidaridad hacia los que sufrían. Hace falta mucha vileza para convertir la memoria de aquel hombre tan joven en un sórdido navajazo político, como hizo la otra noche Núñez Feijóo. Este verano de la nueva era son sus fieles enfervorecidos los que repiten festivamente a coro, esa rima infame que ensucia los oídos de cualquiera, pero sobre todo la boca que la dice. Estoy seguro de que sus residuos van a seguir durando mucho tiempo, infectándolo todo.




























sábado, 22 de julio de 2023

[ARCHIVO DEL BLOG] Wikileaks o el escándalo de las filtraciones. [Publicada el 01/08/2010]








 




Presuponiendo que lo se cuenta es verdadero y cierto, ¿entre el derecho a la información y la libertad de expresión, pilares fundamentales del sistema democrático, y la seguridad nacional y la defensa del Estado, qué debe prevalecer en caso de conflicto? Dilema casi insoluble, que corresponde resolver en cada caso a los tribunales de justicia en función de cada circunstancia concreta, y siempre a toro pasado. Personalmente, pienso que la libertad de expresión y el derecho a la información deben ceder paso únicamente ante el hecho de que lo divulgado acarré la segura pérdida de vidas humanas inocentes o un incuestionable peligro de muerte para determinadas personas. Pero a priori, y puestos ante el hecho concreto, ¿quién le pone el cascabel al gato?...
"A nadie le es dado anular lo que ha acontecido, pero a todos nos es lícito analizarlo y valorarlo". La frase es del catedrático de Filosofía de la Universidad de Pisa, Nicola Badaloni, y está en el Prólogo que escribió para "La esencia del cristianismo", del filósofo alemán Ludwig Feuerbach (1804-1872), editada por el Círculo de Lectores (Barcelona, 1996) para su Biblioteca Universal de Filosofía. La leía hace unos días por las misma fechas en que saltaba a los medios de comunicación el escándalo de "Wikileaks", y pienso que viene como anillo al dedo para plantearse una toma de posición sobre el alcance y los límites de los conceptos citados al comienzo de este comentario: libertad de expresión, libertad de información, seguridad nacional y seguridad del Estado.  Por cierto, hay una estupenda frase al respecto atribuida al que fuera tercer presidente de los Estados Unidos de América, Thomas Jefferson (1743-1826): "Prefiero vivir bajo un gobierno tiránico, con libertad de prensa, que bajo uno democrático, sin periodicos".
La web especializada en filtraciones "Wikileaks", (en español "Wikifiltraciones") saltó a la fama hace unos meses con la filtración de un video clasificado en el que soldados estadounidenses, en julio de 2007, disparaban de forma indiscriminada en un barrio de Bagdad contra un grupo de civiles y mataban a un cámara de la agencia Reuters. El escándalo sobre los papeles desclasificados de la guerra de Afganistán que "Wikileaks" acaba de publicar en Internet es aún mayor. ¿Cómo consiguió desclasificar documentos ultrasecretos y comprometedores en tan poco tiempo? Según han revelado algunos medios de comunicación y agencias de prensa el mecanismo no es muy complicado: consiste en crear una web donde se invita a los usuarios a “donar” documentos —texto, audio o video— a cambio de no identificar jamás la fuente. Desde que se creó en 2006 la organización ha acumulado más de un millón de documentos.
El fundador de "Wikileaks", el periodista australiano Julian Assange, aseguraba hace unos días que nunca había publicado información que no estuviera contrastada o revisada, y denunciaba que lo relevante de lo filtrado es que la guerra es una cosa maldita detrás de otra, como la continua muerte de niños.
El pasado día 26 el periodista Fernando Navarro firmaba en El País un artículo en el que se preguntaba como una simple página de Internet sin publicidad ni ayudas públicas podía destapar y publicar documentos comprometidos, de alcance internacional, como la ideología xenófoba de un partido político en Reino Unido, el ataque indiscriminado del Ejército de EE UU contra un cámara de la agencia Reuters o, ahora, los papeles que revelan muertes de civiles y el doble juego de Pakistán en la lucha contra los talibanes. Y la respuesta, dice,  solo es una: "sí", desde que existe "Wikileaks".
Un día después, el 27 de julio, el subdirector de El País, y responsable de su sección de Internacional, el periodista Lluís Bassets, en su blog "Del alfiler al elefante", publicaba otro artículo titulado "El poder de la información", en el que analizaba las enormes implicaciones acarreadas por la revelación de "Wikileaks". No sólo por cuestionar la actuación y los métodos empleados por el ejército norteamericano en Iraq y Afganistán, o la lealtad de países presuntamente aliados como Pakistán, sino también, y muy especialmente, porque lo relatado por "Wikileaks" permite a dicha agencia codease ahora de tú a tú con los grandes medios de información y dictarles la agenda ante el hecho, divulgado por su fundador, de que tiene documentos secretos de todos los países del mundo con más de un millón de habitantes, documentos que a estas horas, dice, están afluyendo a decenas con informaciones reservadas, reportajes censurados e historias bloqueadas de muchos países donde el periodismo se halla en dificultades.        
El único problema, concluye Bassets, es que "Wikileaks", a pesar del enorme poderío demostrado no ha tenido todavía un correlato de transparencia interna sobre el funcionamiento, financiación y organización de esta entidad, algo señalado también, añade, por el influyente "Financial Times", que se extraña por la escasa transparencia sobre sus actividades de alguien que se dedica precisamente a exigir transparencia a los otros, y que debería llevarla a desvelar lo antes posible todos los datos sobre su propia actividad, antes de volver a efectuar un nuevo golpe informativo de dimensión mundial. Y este blog, "Desde el Trópico de Cáncer", cumple hoy su cuarto año de vida. Espero que disfruten con su lectura. Sean felices. Tamaragua, amigos. HArendt