lunes, 6 de agosto de 2012

Seis años de "Desde el trópico de Cáncer"





Portada de "Una noche en Tel Aviv"



El pasado 1 de agosto cumplió este blog seis años. Mil setecientas quince entradas después y con una media de ochenta mil visitas anuales sigo planteándome para qué lo cree y porqué sigo escribiendo en él. No tengo una respuesta clara. Lo más aproximado a lo que sería una justificación sobre las razones para mantenerlo vivo las he encontrado por azar -sí, de nuevo el azar- en un libro que regalé a mi mujer hace quince años, y que contra mi costumbre, no había leído hasta hace unos días. Ignoro el porqué.

"-Escribir es como un acto de exorcismo -dije, interrumpiéndola-, sacar a la luz los malos espíritus para  librarse de ellos, y, al igual que la magia negra, clavar agujas a muñecos para vengarse un método para que los débiles y los cobardes retornen a un mundo violento y salvaje sin tener que enfrentarse con el opresor. Es vudú practicado con un procesador de textos.
-¿Podría tratarse de un proceso purificador? -preguntó.
-Más bien creo que es como un "bypass" coronario que te permite sobrevivir. 
Dejé a la joven de mi ensueño sin habla."
   
El texto que acabo de reproducir se encuentra al comienzo de la novela "Una noche en Tel Aviv" (Círculo de Lectores, Barcelona, 1996), escrita por Rachel Elboim-Dror, profesora de la Universidad Hebrea de Jerusalén, licenciada en Literatura y Sociología, reputada especialista internacional en políticas y sociologías educacionales y doctora por la Universidad estadounidense de Harvard. Es su única obra de ficción hasta el momento.

¿Pero todo lo que cuenta en ella es ficción? No puedo saberlo, pero soy de los que piensan que toda obra de literatura es siempre una suerte de autobiografía. Como la protagonista de la novela, Ruth Lavin, bióloga y profesora de universidad en Tel Aviv, su autora, Rachel Elboim-Dror, llegó a Palestina procedente de la Europa oriental siendo una niña aún en fechas inmediatamente anteriores al inicio de la II Guerra Mundial. Como ella, pasa su infancia en un kibutz a orillas del Jordán, estudia en la Universidad Hebrea de Jerusalén y como ella también, llega a oficial de las fuerzas armadas israelíes y profesora universitaria.

La protagonista de la novela es una mujer de edad madura, rondando los cincuenta años, madre de dos hijas ya emancipadas, casada con un prestigioso cirujano y director de una clínica universitaria en Tel Aviv. Ella es bióloga y profesora en un Instituto de investigación de biología molecular y está entregada en cuerpo y alma a su familia y a sus tareas investigadoras, sin buscar ni esperar otra cosa que el reconocimiento de su marido y de sus colegas universitarios. Hasta que, a pesar de sus esfuerzos y méritos, es preterida profesionalmente en favor de otros investigadores más proclives a la vida social que al trabajo de campo y al laboratorio. Es en ese momento cuando mira a su interior y hacia atrás en el tiempo y reflexiona y hace recuento de lo que ha sido su vida desde aquel lejano día en que abandonó Europa con sus padres para emigrar a la tierra prometida a sus ancestros. Y lo que nos cuenta, en un diálogo introspectivo consigo misma y con nosotros es un espectáculo desolador. Una vida de frustraciones, sacrificios y renuncias, una relación castradora, a fuerza de cariño, con su madre, y un marido solo atento a su propio éxito personal.

Creo no exagerar al decir que es una de las novelas más desoladoras que he leído nunca. Sin un atisbo de esperanza. Soledades en compañía en estado puro. Triste y desgarradora hasta la repulsión. Y a pesar de ello, o quizá, por ello, atrayente y hermosa, hasta el grado de sentirme identificados íntimamente con su protagonista.

¿Acaso la vida no es así en realidad? Yo diría que sí, que la vida está llena de frustraciones y renuncias, que carece de sentido, pero que es lo único que tenemos, que después no hay nada y que merece la pena vivirla a pesar de todo.

"Mi mundo se derrumba por dentro. -Dice la protagonista casi al final de la novela-. Todo se cierra sobre mí. Las puertas me dan en las narices, los pasillos se  estrechan cada vez más, mi espacio vital implosiona. Me hallo en un punto muerto, en un camino hacia ninguna parte, todos los cruces están bloqueados."

Entonces, ¿para qué escribir?, sigo preguntándome. Y me respondo a mi mismo, como la protagonista de la novela, Ruth Lavin, simplemente para sobrevivir... Abrumado, termino de leer la novela ayer domingo por la tarde e impulsado por una especie de resorte emocional buscó por internet alguna referencia de la autora y encuentro su dirección de correo electrónico en la Universidad de Jerusalén. La escribo contándole la honda conmoción que me ha producido la lectura de su libro. Y apenas una hora después recibo su amigable respuesta. Reconfortante...

Les deseo que sean felices, por favor. A pesar del gobierno, a pesar de todo. Al menos inténtenlo. Merece la pena. Tamaragua, amigos. HArendt




La profesora Rachel Elboim-Dror



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Entrada núm.1716
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"Tanto como saber, me agrada dudar" (Dante)
"La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura" (Voltaire)
"La historia del mundo no es un suelo en el que florezca la felicidad. Los tiempos felices son en ella páginas en blanco" (Hegel)

4 comentarios:

Juan Tejera dijo...

Coincido en que la vida está llena de frustaciones y renuncias y en cuento a escribir ¿para qué? en mi modesta opinión, es una forma de descargar las inquietudes que todos llevamos dentro y un no confesado por rubor de afán de reconocimiento.

HArendt dijo...

Creo que tienes bastante razón en lo que dices, querido Juan. Muchas gracias por tus palabras, y por leerme... Un abrazo.

Prof. Rachel Elboim-Dror dijo...

Dear Carlos Campos
I could not open my computer for a few days, and was glad to see this morning your email and your Web site discussing my novel. It is very well written and reminds me of the reaction of other readers after the book was published. One reader told me that she became sick while reading the novel, and her husband asked her not to go on reading it. Others called me and asked why I did not write an happy ending.
These are interesting reactions, that reaffirm what psychological research showed many times, that people do not wish to deal with painful issues. From human survival point of view it is a good protective survival characteristic. But it also means to close our eyes to the misery around us and inside ourselves, without looking for ways out of it.
Thank you so very much for your interest.
I wish you all the best.
Rachel

HArendt dijo...

Muchísimas gracias, profesora Elboim-Dror, por sus amables comentarios que comparto plenamente. Un saludo muy afectuoso para usted.