sábado, 15 de junio de 2019

[ARCHIVO DE BLOG - 2008] A extramuros de la literatura





No soy un lector exquisito. Por el contrario, tengo y reconozco gravísimas carencias lectoras de buena literatura. Por ejemplo, no puedo con los clásicos rusos... Y la novela realista de finales del XIX me pone de los nervios. Mi primer libro fue "La isla del tesoro", regalo de mis abuelos maternos. Y a los diez años me leía las novelas de Marcial Lafuente Estefanía como se fabrican churros: a una por hora y tres o cuatro al día... A las cuatro o cinco páginas ya era capaz de adivinar cual de los personajes era el bueno, quién el malo, la chica que iba a morir, la que se casaba con el bueno...

Con el tiempo, los años, la edad, más lecturas y más discriminadas, se me fue depurando el gusto literario, si es que eso no es una perogrullada, que no estoy muy seguro de que no lo sea... En términos generales soy más lector de ensayo que de ficción, pero no desdeño ni mucho menos las novelas, Y en esa estamos. 

Nunca fui un lector compulsivo, al estilo de "todo vale", aunque leía de treinta a cuarenta libros al año, académicos aparte. Ahora selecciono muchísimo mis lecturas, porque con el poco tiempo que me queda no quiero perderlo leyendo tonterías. Por ejemplo, no leo los Premios Planeta, sobre todo los de los últimos años. Me mosquean los "superventas", y desconfío de todo lo que se exhiba en los anaqueles de las "grandes superficies" rotulados del "Uno" al "Diez"...

Me ha encantado el artículo que escribe hoy en El País Antonio Muñoz Molina sobre buena y mala literatura, sobre escritores integrados y apocalípticos, y en el que cita los ejemplos de Carlos Ruiz Zafón, al que clasifica entre los "integrados" y de Juan Goytisolo, al que encuadra entre los "apocalípticos".

Y sobre escritores malditos, o maldecidos, ayer leí también un magnífico artículo del editor y crítico literario Constantino Bértolo titulado "El juego de la silla y la literatura de la transición", sobre el escritor José Antonio Gabriel y Galán y su "Diario, 1980-1993" (Editora Regional de Extremadura, Mérida, 2007) que publica Revista de Libros en su último número que pueden leer aquí, y del que reproduzco algunos fragmentos del "Diario" citados por el comentarista: "La crítica me trató bien en general, pero no sabía dónde situarme, yo era fronterizo. No entraba en las listas generacionales, ni en las recopilaciones críticas". O esta otra, bastante triste: "A mi me emparejaron con Félix de Azúa: él representaba la belleza y yo el compromiso. Malentendidos semejantes fueron institucionalizándose. Se creó una atmósfera poco grata..." Y por último, este demoledor fragmento que rezuma ¿rencor, menosprecio?: "El mundo es un inmenso desierto por el que no cruza la sombra de ningún escritor español, si exceptuamos a Lorca, que se permite el lujo de ir en camello y descansar en los oasis. Sólo existe él, todo para él, nada para los demás, del marqués de Santillana a nuestros días. En nombre del marqués, de Quevedo y de Luis Cernuda, por ejemplo, grítese el resentimiento, reclámese la justicia".

De Carlos Ruiz Zafón sólo he leido "La sombra del viento". Y con ella me sobra para no volver a leerle. Tengo mucho más claro lo que no me gusta que lo que sí, y aunque nunca se puede saber a priori lo que te vas a encontrar, la veteranía es un grado, como se decía en la extinta mili... No es un juicio de valor, ni literario, ni estético, ni de ningún tipo: simplemente no me gustó. Y lo mismo me pasó con el otro gran superventas español: "La Catedral del Mar", de Ildefonso Falcones. Y aunque la esperanza es lo último que se pierde, prefiero no probar de nuevo con ninguno de los dos. De Juan Goytisolo he leido "Crónicas sarracinas""Makbara" y "Reivindicación del Conde don Julián". Desde luego, si tuviera que elegir entre ellos, me quedo con Goytisolo...

Junto al artículo de Muñoz Molina he rescatado de la hemeroteca una reciente entrevista que la hacen a Carlos Ruiz Zafón, un artículo de Juan Goytisolo, lleno de sarcasmo sobre los "superventas" y una referencia, asimismo de Goytisolo, y bastante irónica -dicho sea de paso-, a la obra de escritores como Ruiz Zafón o Dan Brown, el autor de "El Código da Vinci" o la detestable (el juicio es mio) "Ángeles y demonios".




Antonio Muñoz Molina


"El integrado, el apocalíptico", por Antonio Muñoz Molina

Los escritores de vez en cuando enuncian las leyes universales de la literatura, las cuales suelen corresponderse con el caso particular de cada uno. A los escritores, en las mesas redondas o en las entrevistas, les entra a veces un curioso afán legislador: explican que la literatura ha de ser de una cierta manera y no de otra y apelan para demostrarlo al ejemplo de algunos grandes nombres, que casualmente son los modelos que a ellos los inspiran. No te engañes, me avisa la presencia querida: cuando un escritor dice admirar mucho a un maestro lo que está haciendo es admirarse y vindicarse por su mediación a sí mismo; ¿no te has dado cuenta de que sólo admiran a los que creen parecerse?

Estaría bien admirar a aquellos de cuyas virtudes carecemos. Leer los cuentos de Chéjov, los de Bernard Malamud, los de Rulfo, los de Alice Munro o Raymond Carver si tenemos una tendencia excesiva a las amplitudes de la prosa; incluso, para mayor disciplina, frecuentar la poesía más estricta. Cuando de manera casi automática nos inclinemos por las tramas laboriosas y cerradas, haríamos bien en fijarnos en los maestros de lo insinuado, de lo dicho a medias, porque a la ficción le pedimos que nos cuente un cuento y que nos cuente el mundo, que transmita la experiencia en el estado más puro posible y a la vez que le dé forma, y entre esos dos polos magnéticos andamos a tientas buscando el punto inseguro de equilibrio. Algunas veces, por pudor o por cobardía, o por miedo al exceso, o por no molestar, nos sometemos con demasiada mansedumbre al decoro: entonces está bien que admiremos a los grandes desvergonzados, a los que han llamado a las cosas por sus nombres más crudos, atreviéndose a contar lo que siempre se calla, con el júbilo del niño que repite palabras obscenas atragantándose con sus propias carcajadas. El gusto cambia, modificado en parte por el influjo de las obras más innovadoras: lo muy minoritario puede hacerse masivo, lo abrumadoramente popular desaparece sin rastro, lo que fue distinguido y exquisito se queda fósil, lo desdeñado por vulgar resulta ser lo más sofisticado con el paso del tiempo.

Por eso cansan tanto los axiomas de los escritores, que cuando se repiten mucho revelan una herida que no quiere mostrarse. En los mismos días y en este mismo periódico se entrecruzan dos voces, la de Juan Goytisolo y la de Carlos Ruiz Zafón, y aunque parece que no tienen nada en común uno reconoce al escucharlas ese tono del escritor que se vindica a sí mismo convirtiendo en ley la circunstancia personal, anticipándose a mostrar su desdén precisamente hacia lo que cree que sin justicia se le niega. Ruiz Zafón vende a toda velocidad no sé cuántos millones de libros, y considera que la literatura ha de contar historias claras y directas, que los personajes, igual que en una buena película o en una serie de televisión, "deben definirse a través de sus acciones y de sus palabras, no echando un rollo patatero en un párrafo inmenso". Zafón celebra la cultura de masas y detesta los "mundillos literarios" españoles, habitados por críticos rancios y por novelistas tristemente obsoletos que escriben -escribimos- rollos patateros en párrafos inmensos, alimentando un resentimiento disfrazado de superioridad hacia quienes sí conectan con el público.

Juan Goytisolo también se ve a sí mismo como un forastero en el mundo literario español, que le parece tan desolador como a Ruiz Zafón, pero por razones distintas: salvo él, Goytisolo, y alguno más, los escritores están entregados a la comercialidad más baja, a los caprichos del mercado, a la fabricación de groseros bestsellers escritos en una prosa que él mismo parodiaba hace poco en estas mismas páginas con sus conocidas dotes humorísticas. Juan Goytisolo viene repitiendo desde hace tiempo las siguientes leyes de la literatura universal: los grandes escritores -el Arcipreste de Hita, Blanco White, Jean Genet, el propio Goytisolo, por poner unos cuantos ejemplos- son heterodoxos y renegados que sufren persecución por su rebeldía, y que escriben obras tan rompedoras, tan arriesgadas, tan radicales, que no hay sitio para ellas en sociedades literarias regidas por el borreguismo y por la venalidad comercial, y que por lo tanto sólo son apreciadas plenamente por una minoría exquisita de lectores. Goytisolo es generoso: juzga que está bien que existan escritores de masas como Carlos Ruiz Zafón, ya que gracias a los beneficios económicos que producen sus libros las editoriales pueden costearse el privilegio de publicarlo a él.

En los términos inventados por Umberto Eco, Goytisolo sería un apocalíptico, y Ruiz Zafón un integrado. Para el uno, la maestría y la popularidad son incompatibles; el éxito de una obra es su argumento definitivo contra ella. Al otro no le basta haber vendido más de cien millones de libros con sus historias claras, de párrafos bien medidos y personajes que se definen por sus palabras y sus actos: quiere que esa sea la vara de medir la literatura. En el caso de Zafón, la prueba irrefutable de su talento sería que lo lee todo el mundo; en el de Goytisolo, que no lo lee casi nadie. Goytisolo prefiere no acordarse de la extraordinaria popularidad que disfrutaron casi instantáneamente muchas obras maestras, prolongada a lo largo de los siglos, resistente a la ignorancia y a las malas traducciones, incluso a la desaparición de la cultura en la que fueron originadas. Un novelista puede ser grande y tener mucho éxito, incluso impúdicamente ambicionarlo: Balzac, Dickens. Otro igual de grande puede no tener ninguno, al menos en vida: Stendhal. Con mucha frecuencia hay más gente que lee una novela infame que una novela magnífica. Pero también hay novelas magníficas que seducen a millones de lectores -Lolita, Vida y destino, Bella del Señor, Anna Karenina- y su número no es inferior al de las novelas infames que fracasan.

Historias transparentes que se leen en unos minutos pueden tener profundidades y matices que no agota ninguna lectura; otras parece que sólo se nos entregan después de un largo asedio, exigiéndonos una atención obstinada y ferviente, revelándose de pronto en su intensidad cegadora. Los muertos se lee en un viaje corto con una placidez estremecida de melancolía: El ruido y la furia sólo empieza a penetrarse después de leerla dos veces. Una requiere claridad y sugerencia: la otra tinieblas, arrebato y delirio. Que una obra de arte tenga mucho éxito dice tan poco sobre ella como que no tenga ninguno. John Coltrane urdió algunas de sus improvisaciones más desaforadas sobre un vals tan inmensamente popular como My favorite things. Bajo el volcán estuvo una o dos semanas en la lista de los libros más vendidos del New York Times.

Que cada uno haga su trabajo, pues, según pedía Camus, como sepa o como pueda, porque más allá de la página y del gusto o el desaliento de escribir no hay nada seguro, ni la calidad de lo que hacemos, ni la resonancia que tendrá. Sólo dos cosas son ciertas para casi todos los que nos dedicamos a este oficio: nunca venderemos ni una ínfima parte de lo que vende Ruiz Zafón; nunca nos consagrarán tantas tesis doctorales, congresos, homenajes, como a Juan Goytisolo. (Babelia, 07/06/08)



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Carlos Ruiz Zafón


"Aquí la literatura es un gueto de mediocridad y pretensión". Carles Geli entrevista a Carlos Ruiz Zafón.

El rojo terciopelo del sofá, la estética modernista del local, el cuerpo en semipenumbra tras la gran lámpara circular y su bigote con perilla confieren a Carlos Ruiz Zafón (Barcelona, 1964) un aire mefistofélico que encaja a la perfección con el dramatis personae de su última novela, El juego del ángel (Planeta). Nadie diría, viéndole picotear con parsimonia unos frutos secos, que ahí está uno de los autores españoles más vendidos: 10 millones de La sombra del viento y un millón en apenas 43 días, según su editorial, de su última novela, de la que se han impreso ya 1.600.000 ejemplares y a los que desde ayer se añaden 100.000 más en catalán. Y eso a las puertas de la Feria del Libro de Madrid. Sin duda, ha habido algún tipo de pacto con el diablo.

Pregunta. La presión con la que debió escribir esta novela tras el éxito de la anterior se antoja insoportable...

Respuesta. La presión estaba, claro, pero sólo la noté cuando me acercaba al final y además provenía del proceso mismo de escribir. En verdad, he sufrido más en otros libros que en éste, por tener la sensación de que no eran exactamente lo que yo buscaba. La presión me la puse yo. El resto son factores que estaban fuera de mí. En cualquier caso, el ruido posterior no tiene nada que ver conmigo, sino con la percepción de un personaje público que se ha fabricado de mí y que tiene poco que ver con la realidad.

P. ¿No le gusta la imagen que se da de usted?

R. Bueno, es que se han dicho cosas tan dispares que tampoco hay un retrato fijo: que si soy distante, arrogante, raro... Después, que quizá no soy tan antipático como parecía, y entonces se me perdona la vida... ¿Pero de dónde lo sacan? Me genera perplejidad que una persona que no sabes ni que existe te odie a muerte.

P. El protagonista de la novela, David Martín, medita sobre el mundo literario: "No has querido ser uno de ellos, te encierras en tu caserón". ¿Es su voz?

R. No hay nada en ese mundo que pueda interesarme, para mí es exactamente como la asociación de amigos de la zarzuela; no tengo un interés particular, ni para mal ni para bien, en hacer capillitas o tomar cafés... eso es mucho de aquí. Se participa en estas cosas por necesidad, no por gusto, los autores se involucran porque así sobreviven: un trabajito por aquí o por allí; todo lo que se dice en esos ámbitos es por intereses disfrazados de principios. He tenido la buena fortuna de poder pasar de lado de todo eso. El supuesto mundillo literario es 1% literario y 99% mundillo. Uno entra en él, insisto, porque no tiene más remedio, porque quien tiene remedio, no entra.

P. En El juego del ángel pesa mucho más el thriller, la intriga, lo gótico, que en La sombra del viento. En ese sentido, parece menos literaria... ¿Fue una salida inconsciente para asegurarse el éxito y sacarse la presión?

R. En el contexto español, haberme decidido tras La sombra... a hacer un libro donde se juega con el género fantástico, lo negro y todo eso es quizá la decisión menos comercial que podía tomar. Sé que todo lo que viene de los géneros está mal visto en este país.

P. Leyendo su obra, se nota el peso de su experiencia como publicitario y guionista de cine.

R. De guionista, mucho; de publicitario, mucho menos. Lo de la publicidad fue mi primer trabajo, tenía 19 o 20 años y sí, empecé de copy y acabé de director creativo; aprendí mucho y me ganaba muy bien la vida... Muchos escritores, como Don Delillo, han trabajado en publicidad porque está tocando a la literatura. Ahí aprendes a ver el lenguaje, las palabras como imágenes. Es igual que los novelistas que han sido periodistas. Michael Connelly, un tipo que me interesa mucho, fue periodista de tribunales en Los Ángeles y sin esa formación su literatura sería muy distinta, sin duda. Pero lo que sí impacta en mi obra y nunca se dice es mi trabajo dentro del cine.

P. Quizá eso explica la fluidez de su prosa y de sus diálogos y el dibujo de unos personajes que se describen hablando...

R. Exacto. Los personajes deben definirse a través de sus acciones y sus palabras, no echando un rollo patatero en un párrafo inmenso. Eso es básico en la construcción dramática. Y aquí estamos tan acostumbrados a que esto no se haga... Lo triste es que la narrativa profesional y con decoro esté ahora en las series de televisión.

P. ¿Alta literatura en televisión?

R. El 99% de la mejor narrativa que se hace hoy, de la literatura de calidad, de la gente profesional sin pretensiones ni pedantería ni pose, de la que de verdad sabe construir personajes e historias, o sea, de los que de verdad saben escribir, está en la televisión o en el cine, pero sobre todo en la primera. Gente con ambición, oficio y talento ya prácticamente no está trabajando en literatura. Ésta se ha convertido en un gueto de mediocridad, de aburrimiento, de pretensión y de pose.

P. Quién iba a decir que la buena literatura acabaría en la tele...

R. Sí, la televisión es hoy el equivalente a las cuadras de Shakespeare. La caracterización viene a partir del diálogo: un personaje hay que poder visualizarlo, sentirlo, sus palabras han de connotar siempre acción, la escena te está proyectando un movimiento, ves cómo un personaje se mueve por una sala sin descripción alguna, todo viene de lo que dice. En fin...

P. ¿Se percata de todo eso el lector?

R. Claro, todo esto los lectores lo perciben rápidamente porque están muy por delante del comentario oficial de la crítica, ese búnker de los años setenta que se ha quedado clavado y al que la gente le ha pasado por encima. Cualquier lector tiene ahora una cultura cinematográfica, televisiva, del cómic o de la fotografía... Hay tantas cosas que sabemos leer y que ya son referentes inconscientes...

P. ¿Qué tipo de cine le influyó como escritor?

R. El que vi de niño y que llegaba de EE UU, esa nueva generación de Spielberg, Lucas, De Palma, Scorsese, Coppola... Todo eso me pilló con 10-12 años, con películas como Tiburón y Encuentros en la tercera fase... Yo a los cuatro años quería ser escritor ya, pero cuando vi todo eso aluciné.

P. En sus libros no hay nada al azar. ¿Cómo los arma?

R. Mi método de trabajo está dividido por capas. Escribo como se hace una película, en tres fases. La primera es la preproducción, en la que creas un mapa de lo que harás; pero cuando te pones a hacerlo ya te das cuenta de que vas a cambiarlo todo. Luego viene el rodaje: recoger los elementos con los que se hará la película; pero todo es más complejo y hay más niveles de los que habías previsto. Entonces, a medida que escribes, ves capas y capas de profundidad, y empiezas a cambiar cosas.

P. ¿Y ahí está la novela?

R. De alguna manera, pero en esa fase es cuando empiezo a preguntarme: "¿Y si cambiase los cables, o el lenguaje, o el estilo?". Ahí creo la tramoya, que para el lector ha de ser invisible: el lector ha de leer como agua, le ha de parecer todo fácil... Pero para que sea así hay que trabajar mucho.

P. Cada personaje tiene en sus novelas un doble, un contraespejo. Es algo tan literario como inquietante.

R. Me interesa mucho narrativamente. Siempre he pensado que cada uno de nosotros acaba siendo una versión de lo que hubiéramos podido ser. En otras circunstancias hubiéramos sido personas similares; y en circunstancias extremas, personas radicalmente distintas. En parte, lo que acabamos siendo depende de nosotros y en otra muy importante, no. Casi un 50-50%.

P. Un porcentaje muy alto.

R. No somos conscientes, pero creo que es así. Es muy interesante explorar por qué la gente ha acabado siendo como es. Y eso me intriga tanto en la literatura como en la vida real. ¿Por qué es así, por qué cree y actúa así? Narrativamente es fascinante jugar con personajes que tienen dobles y reflejos. Stephen King habla de la metáfora del filtro en el cerebro: en él se nos atascan cosas a unos o a otros y por eso escribimos de ellas.

P. Lo que somos y lo que pudimos ser o aparentamos, un tema de rabiosa actualidad, ¿no?

R. Vivimos el espejismo continuo, todo es mentira y somos conscientes de que todo lo es, pero no sabemos explicarlo o no sabemos dónde están exactamente los agujeros. Aun así, somos conscientes de que la vida y las relaciones que tenemos son una farsa y un juego que aceptamos en función de nuestra situación de fuerza.

P. De alguna manera, el misterioso editor Corelli aborda eso en la novela.

R. Sí, Corelli plantea: ¿por qué creemos en las cosas, qué significa, qué relación hay entre la biología, las creencias, la emotividad...? Son cosas que están en el aire, racional o irracionalmente. Lo ambiento en los años veinte del siglo pasado, pero hablo de cosas que al lector de hoy le son muy próximas, porque yo escribo para la gente, no para mí mismo, quiero que al lector le toquen de muchas formas pero sin que se dé cuenta quizá... Eso es lo bonito.

P. ¿Arte manipulador?

R. No, arte inteligente, que es el que juega contigo sin que tú te des mucha cuenta. El arte inteligente es el que se mete en nuestro cerebro, en nuestro corazón, sin darnos cuenta.

P. ¿Qué busca en la Barcelona de los veinte o en la de posguerra? ¿Por qué nunca la Barcelona actual?

R. Lo que me interesa de Barcelona como escenario es la que va de la revolución industrial a la Guerra Civil. Desde entonces, en Barcelona no ha pasado nada particularmente interesante en ningún aspecto, y desde hace unos años, cero absoluto. No veo nada sobre lo que escribir.

P. Hace cuatro años resaltó la falta de ambición en Barcelona y en España en general. Con su ir y venir desde Los Ángeles, ¿cómo se ve el patio?

R. En los últimos años se nota una desesperanza histriónica, que no sé hasta qué punto es real. Lo que pasa es que este país está acabando de hacer la transición. Hay una evolución demográfica que crea desajustes traumáticos, por eso vivimos este momento extraño, que desde fuera parece una histeria colectiva. Mucha gente me pregunta: "¿Por qué se pelean tanto ustedes en España?".

P. ¿Es mejor el panorama en Los Ángeles o en Berlín, donde se planteó instalarse hace unos años?

R. Sí, sí, en música, en cine, en narrativa. En España vivimos en la burocratización, mediatización y mediocrización de la cultura, parece que la Administración nos haya de decir qué es la cultura. Hay una cantidad de consejos organizadores y subvencionadores brutal. Eso genera mediocridad.

P. El libro cada vez se vende más en las grandes superficies y tiene una vida más corta en las librerías. ¿Es preocupante eso?

R. El modelo económico afecta a todo, y pensar que el sector cultural va a quedar indemne es ridículo.

P. Claro que usted siempre estará en los dos sitios.

R. Cuidado, yo no estaba en la gran superficie: he llegado después. Durante el primer año y medio de vida de La sombra del viento me harté de oír que era uno de los libros menos comerciales que se podía hacer en el panorama editorial español. Esta situación en EE UU ya ha sucedido, y allí lo que ha acabado ocurriendo es una depuración del mercado, que ha dejado unos independientes muy fuertes que le dan una caña brutal a los grandes superficies comerciales y que saben de verdad de libros, sin tonterías. El que ha desaparecido es el librero independiente pequeño muy esnob. Pasa en todo, y pensar que eso no tocará a los libros es de ilusos. (El País, 30/05/08)



Juan Goytisolo


"Ruiz Zafón y Dan Brown permiten que las editoriales puedan publicar libros como el mío" (EFE, Roma, entrevista a Juan Goytisolo)

El novelista Juan Goytisolo sostiene en una entrevista que no le importa "estar o no de moda". El escritor español Juan Goytisolo ha afirmado que no le importa "estar de moda o no", que éxitos literarios como los de Carlos Ruiz Zafón o Dan Brown permiten a las editoriales publicar libros como los suyos y que por ello "sería de mal gusto si un parásito criticase el cuerpo del que se aprovecha".

"No me importa estar de moda, ya que si se está de moda, antes o después se pasa a estar demodé. Es inevitable. Yo, por el contrario, me comprometo con creaciones puramente literarias", afirmó Goytisolo en una entrevista que hoy publica el diario italiano Corriere della Sera.

En la entrevista, fechada en Granada, el escritor, de 77 años y afincado en Marraquech (Marruecos), manifestó que él cuando no tiene nada que contar está "callado" y que cada uno de sus libros es una propuesta literaria "diferente, no un simple cambio de tema".

"Jamás me he repetido", precisó el escritor, que preguntado por los libros de gran éxito, como los "best seller" de Carlos Ruiz Zafón y Dan Brown subrayó que "esos son fenómenos literarios, productos editoriales que siempre han existido y gracias a los cuales las casas editoriales pueden permitirse el lujo de publicar textos literarios, y escritores como yo podemos existir".

Goytisolo agregó que "sabe bien" como funciona ese tema y por ello añadió: "bienvenida sea la literatura de consumo, sería de mal gusto si un parásito criticase el cuerpo del que se alimenta.

El escritor aseguró que hoy día es "difícil" publicar textos literarios y como prueba precisó que si en esta época mandase bajo un nombre falso su libro "Don Juan" a una editorial, "seguro que lo rechazarían".

Goytisolo manifestó que más que nuevos lectores busca "re-lectores" y señaló que le interesa la cultura popular, la relación entre escritura y oral. (El País, 29/05/08)





"Yo, superventas", por Juan Goytisolo

Fui violada por mi padre a los ocho añitos mientras mi madre fotografiaba la escena y se masturbaba con ayuda de un vibrador. Azuzados por los hurras de mis progenitores, mis tres tíos me sodomizaron por turno al tiempo que mi propio hermano se orinaba en mi cuerpecillo maltrecho. Después de soportar un sinfín de vejámenes, logré huir a un centro de acogida de niños maltratados con la ilusión de empezar una nueva vida. Pero mi supuesto tutor resultó ser un pedófilo consumado y me sometía a diario a crueles suplicios: me amarraba a un potro de gimnasia y acallaba mis gritos con una mordaza de cuero. Acabé por escapar de sus garras y me refugié en un monasterio en la creencia pueril de arribar a buen puerto. ¡Pobrecilla de mí! El prior me arrastró a una cripta gótica y, en presencia de los demás monjes, no sé si cátaros, priscilianistas o alumbrados, se ensañó conmigo con mayor ferocidad que sus antecesores. Luego, él y los exorcistas que pretendían arrancarme el diablo del cuerpo filmaron la ceremonia para enviarla, según me dijeron, a un cardenal de la curia romana aficionado a hechicerías y ritos milenaristas. Un día conseguí burlar la vigilancia de mis custodios, resuelta a vivir al fin y a actuar por mi cuenta. Me prostituía en un bosque frecuentado por catadores de carne fresca hasta que un chulo me forzó a currar para él. Abusaba de mí y se apropiaba de mi dinero. Con la flaqueza propia de mi sexo, me enamoré de su sonrisa: soñaba que un día se retiraría del oficio y se casaría conmigo. Creía la dicha al alcance de la mano, pero la mafia me secuestró en el pinar de mis trabajos y penas. Eran cuatro, cuatro afganos barbudos que, para esclavizarme, me violaron y sujetaron a la barbarie de sus creencias. Trabajé en adelante en un club de alterne y, cuando me resignaba ya a su explotación y maltrato, una banda islamista rival, especializada en el tráfico de drogas y trata de blancas a fin de reunir fondos y comprar armas para sus atentados suicidas, irrumpió en el local a tiro limpio y lo cubrió de regueros de sangre y casquillos de bala. ¡Para qué seguir si esto es sólo el comienzo! Ahora, mi agente está negociando la venta de mi historia con los medios de comunicación y hay una verdadera arrebatiña para su adaptación cinematográfica y televisiva. Y no digo más hasta que inicie la campaña de promoción. Mi producto, dicen, está destinado a arrasar y situarse a la cabeza de los más vendidos del año. Me piden ya una segunda y tercera parte, y no lo duden: ¡la tendrán! (Babelia, 24/5/2008)








Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt





HArendt




Entrada núm. 4980
Publicada originariamente el 12/6/2008
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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

[SONRÍA, POR FAVOR] Al menos hoy sábado, 15 de junio





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. También, como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Un servidor de ustedes tiene escaso sentido del humor, aunque aprecio la sonrisa ajena e intento esbozar la propia. Identificado con la primera de las acepciones citadas, en la medida de lo posible iré subiendo periódicamente al blog las viñetas de mis dibujantes favoritos en la prensa española. Y si repito alguna por despiste, mis disculpas sinceras..., aunque pueden sonreír igual. 




















Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




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Entrada núm. 4979
elblogdeharendt@gmail.com
La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)

viernes, 14 de junio de 2019

[SONRÍA, POR FAVOR] Al menos hoy viernes, 14 de junio





El Diccionario de la lengua española define humorismo como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. También, como la actividad profesional que busca la diversión del público mediante chistes, imitaciones, parodias u otros medios. Un servidor de ustedes tiene escaso sentido del humor, aunque aprecio la sonrisa ajena e intento esbozar la propia. Identificado con la primera de las acepciones citadas, en la medida de lo posible iré subiendo periódicamente al blog las viñetas de mis dibujantes favoritos en la prensa española. Y si repito alguna por despiste, mis disculpas sinceras..., aunque pueden sonreír igual. 




















Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




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Entrada núm. 4976
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jueves, 13 de junio de 2019

[ARCHIVO DEL BLOG - 2008] Irritación






Hay días en que uno, al levantarse, debería hacerse la firme promesa de no leer prensa alguna -ni siquiera la "rosa", y mucho menos la "amarilla"-, escuchar la radio o ver la televisión... Se ahorraría una casi segura irritación de la mucosa intestinal y la necesidad de tomarse un antiácido para poder sobrellevar la jornada.

Pero normalmente no hacemos caso de nuestras intuiciones y caemos en tentación... Lo primero que me encuentro son las declaraciones de la flamante y joven ministra de Igualdad: "Lo de miembros y "miembras" fue un lapsus", se disculpa la ministra... Pues nada, señora ministra, si usted dice que fue un lapsus tendremos que creerla... Yo pienso que es pura y simple gilipollez, pero en fin... La verdad que era mejor no haber explicado nada y dejarlo como estaba... Se hubiera entendido como un guiño suyo a la galería del feminismo radical; un poco tonto, desde luego, pero podía haber colado... Al pretender arreglarlo lo único que ha demostrado es su ignorancia, o su candidez...

Los "piquetes informativos" de los camioneros cortan las autopistas, pinchan ruedas, tiran mercancía y destrozan vehículos... ¿Eso es ejercitar el derecho de huelga?... He sido sindicalista durante más de treinta años y he participado en una decena de huelgas... "Eso" no es ejercer el derecho de huelga -constitucionalmente protegido-; eso es salvajismo, y debe ser reprimido con toda contundencia por los propios sindicatos y por la policía. Sin más.

Los católicos de base, es decir, los de a pie; es decir, todos, menos los del báculo, el birrete y los oropeles episcopales, demandan del gobierno de la nación que denuncie el Concordato vigente entre España y el Vaticano al objeto de garantizar la mutua independencia de la Iglesia y del Estado... Y hasta los teólogos se permiten, con toda razón, criticar al gobierno por su continua, reiterada y escandalosa bajada de pantalones ante las exigencias preconciliares de la curia episcopal española... ¡El mundo al revés!...

Que el problema de la Justicia española no es de dinero, ni de personal, ni de medios informáticos, -al menos sólo de eso-, está claro... El problema es del propio sistema judicial, que posibilita que determinados jueces se crean auténticos señores de horca y cuchillo medievales, sujetos únicamente a su arbitraria interpretación de la ley, y sabedores de la protección que un obsoleto sentido corporativista de los servidores de la justicia les presta. Las pruebas, recientes, están en la mente de todos. Y como muestra, una más, la carta abierta que reproduce El País de hoy dirigida al magistrado Ferrin Calamita por una familia que fue objeto de su sanción "moral" y jurídica... Sean felices si pueden. A mi la prensa, la radio y la televisión de hoy casi me amargan el día... Mis nietos me lo salvaron.



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"Carta abierta al Juez Ferrín Calamita"

Señor Ferrín Calamita lamento mucho su estado, solo le voy a contar una historia que viví en primera persona y a lo mejor le suena de algo: Me llamo Jaime Pérez y soy de Toledo llevo casado dos años y medio con mi esposa y seis viviendo juntos. Cuando conocí a mi esposa se estaba separando de su entonces marido, fruto de esa relación nacieron dos niñas preciosas que contaban con nueve y siete años. Relación en la que mi esposa fue maltratada, y su ex condenado a diecinueve meses de prisión que no cumplió, como usted bien sabe.

Cuando su ex-marido se enteró de la relación que tenía conmigo intentó a toda costa, arruinar la vida de mi mujer y de sus hijas. Y ahí empezó el verdadero calvario de mi esposa, no fueron los puñetazos y palizas que este señor como usted bien sabía le profería, no, fue mucho peor, fué de la forma más vil, cruel y dónde más daño se le hace a una madre, con los hijos. Nunca se planteó este individuo quitarle la custodia de las niñas, pero no encontró otra forma, sabiendo que las niñas no querían estar con él, le tenían miedo.

El procedimiento se llevó a cabo en su juzgado, Juzgado nº 9 de Familia de Murcia, va entendiendo porque esta carta la dirigimos a usted. Pues bien la custodia se la otorgó usted su padre y paso por alto todos los antecedentes que este señor tenia por malos tratos tanto hacia su esposa como hacia su hija mayor de 9 años.

Obviaron todo cuanto sabían, y en el informe que elaboró su psicóloga de su gabinete psicosocial se atrevió a escribir que este señor es una persona ejemplar y no tiene ningún problema ni antecedentes,

Ahí comenzamos a pelear, pero todo fue inútil, acusaron a mi mujer de manipuladora, de no ejercer buena influencia. A las niñas les destrozó su infancia, y su paso a la adolescencia, pero eso a usted parecía no importarle. En aquellos momentos mi mujer y yo esperábamos un hijo, y las dos niñas un hermano, pero eso a usted y a su gabinete también le dió igual.

Mi esposa cayó en una crisis de "alteración del estado anímico" que casualidad, si es lo mismo que a usted le esta pasando. Nos vinimos a vivir a Toledo mi ciudad natal, y aquí empezamos a buscar apoyos y ayuda, en Murcia se negaban a enfrentarse a usted, quizá no supimos tocar la puerta adecuada, pero le aseguro que tocamos muchas, esa es otra historia, que no descartamos contar en su momento.

Veíamos a las niñas cada quince días, no nos rendimos nunca y cada vez que nos tocaban las visitas hacíamos 400 Km. de ida y otros tantos de vuelta los viernes, y los domingos para dejarlas en Murcia volvíamos a hacer 800Km. entre lágrimas, llantos, dolorosas despedidas, y un dolor inexplicable.

Solicitamos una modificación de medidas, las niñas no querían vivir con el padre, lo estaban pasando muy mal. Esta vez SSª pidió hablar con las niñas para saber su estado y escucharlas, y preguntarles con quién quería vivir, las dos niñas le contestaron firmemente que con su madre. Pero el gabinete psicosocial adscrito a su juzgado volvió a decir que la madre no ejercía buenas influencias y que manipulaba a las menores, esa era una de las causas del rechazo de las niñas al padre, la influencia negativa de la madre. Presentamos 5 informes de la Junta de Castila la Mancha pero para este gabinete ninguno era valido porque, según su gabinete, carecían de profesionalidad. Y usted, como es juez y de niños no tenía porque entender creyó a pies juntillas los disparates que le estaban diciendo.

Al día siguiente de celebrarse el juicio dónde solicitaba la guardia y custodia de las niñas, salio la sentencia dónde siguió otorgándole la guardia y custodia al padre a pesar de que tener condena firme y ratificada por la audiencia por malos tratos continuados hacia la persona de su esposa y las hijas, a pesar de todo ello usted no dudo de decir que "es mejor tener un mal padre que ninguno".

Seguía pasando el tiempo y las niñas nos venían siempre con sus quejas y el dolor que estaban pasando. Usted condeno a las niñas sin haber cometido delito alguno, el padre no acudió a la cárcel a cumplir su sentencia, pero las hijas si cumplieron sentencia, fueron victimas inocentes que usted condenó.

El año pasado la niña mayor, sin que el padre y la abuela paterna se enteraran fué a denunciar a su padre en Murcia, por haberle pegado, llevaba moratones en los brazos, pero lejos de atenderla, la echaron diciéndole que ella no podía denunciar por no ser mayor de edad, solo podía denunciar con un adulto.

Cuando nos lo contó, acudimos a Murcia y la acompañamos a denunciar, pero otra vez tropezamos con su ley, no con la ley, porque para usted su padre tenia todos los derechos del mundo, pero se le olvidó que los niños también tienen derechos, y eso no debía de haberlos olvidado, pero los olvidó una vez más.

Pero esto no quedó ahí, esta denuncia supuso que la psicóloga de su gabinete recomendase que no pudiésemos ver a las niñas ni los fines de semana, porque esa denuncia era fruto de la gran manipulación de la madre y lo que las niñas manifestaban eran palabras de mi esposa puestas en su boca, ¿pero usted piensa que los niños son tontos?

Así que decidió que no pudiese la madre acercarse a ver a sus hijas, como invirtió los papeles usted, de víctima pasó a verdugo. Estuvimos un años sin ver a las niñas, estuvo un año mi hijo sin ver a sus hermanas, estuvieron un año esas niñas viviendo una agonía que usted ordenó ejecutar. Usted arruinó la vida de las niñas, de mi hijo, de mi mujer y la mía, respaldándose en su ley personal.

Muchas gracias señor Calamita usted nos enseño lo que es la fuerza y la constancia, porque a pesar de todo ello hemos seguido luchando y creyendo en la justicia, un año sin saber nada de las niñas si vivían o estaban muertas, porque su padre no las dejaba comunicarse con nosotros, y a mi esposa le prohibió cualquier tipo de acercamiento. Las niñas a escondidas escribieron cartas, cartas desgarradoras, pidiendo ayuda, cartas que pusimos en su conocimiento y una vez más nos siguió condenando a toda mi familia a una muerte en vida, cartas que fueron devueltas e ignoradas.

Cómo es la vida señor Calamita, nos tuvimos que mantener en silencio por el bien de las niñas y no agravar su situación las queríamos, y queríamos recuperarlas, ellas ya no podían aguantar más, así nos lo hacían saber en las cartas.

Ahora me dirijo a usted pero no por hacer leña del árbol caído sino para preguntarle ¿qué tipo de dios permite tal sufrimiento de tres menores, tres hermanos?

Todos estos hechos relatados son ciertos, los cuales señor Calamita puede tirar de su archivo en el juzgado y ponerse al día del sufrimiento que a causado, sólo espero con la ayuda de los profesionales y creyendo en la justicia que el daño causado por usted, no se vuelva a repetir, y que ningún juez se tome a la ligera la vida de un menor, ya que las madres a veces no pueden decir lo que está pasando porque se les pone la etiqueta de manipuladoras, hablamos con conocimiento de causa.

Gracias a dios, que nos dió fuerza para seguir creyendo en la justicia, pero no en la que usted impartía. Seguiremos rezando por usted, para que su mente pueda descansar algún día en paz.

Hoy puedo gritar de alegría porque las niñas llevan viviendo en Toledo con nosotros 2 meses, tras 5 años de infierno y torturas, cuando el caso logramos sacarlo de Murcia, dos meses maravillosos y espero que algún día olviden el horror del juzgado nº 9 de Familia de Murcia.

Me despido de usted Sr. Fernando Ferrín Calamita, yo no entiendo de leyes pero me voy a permitir decirle que para ser un buen juez hay que saber de leyes, hay que tener sentido común, y ante todo hay que ser una buena persona.

Me dirijo al director de este periódico suplicándole encarecidamente que me de la oportunidad de replica por parte del señor Calamita agradeciéndole encarecidamente su consentimiento para ello. (El País, 11/06/08)



Ferrín Calamita



Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt




HArendt




Entrada núm. 4974
Publicada originariamente el 11/6/08
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La verdad es una fruta que conviene cogerse muy madura (Voltaire)