viernes, 15 de mayo de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. ANDALUCÍA, OTRO CLAVO EN EL ATAÚD DE LA IZQUIERDA, POR SERGIO DEL MOLINO, 14 DE MAYO DE 2026

 








Los titulares del domingo tras las elecciones andaluzas se centrarán en las tres incógnitas de las encuestas: si Juanma Moreno mantiene su mayoría absoluta, si el PSOE acaba en la UCI o con traumatismos leves y si Vox toca techo (de momento). Pero hay una letra pequeña que nunca había sido tan pequeña e ilegible: ¿qué pasa con Antonio Maíllo y la unidad de la izquierda?

Pues no parece que pase mucho. En el mejor de los casos, rascarán medio punto, con un escaño arriba o abajo. Es decir, perseverarán en la irrelevancia. La unidad tan suspirada y tan aplaudida no tiene apenas efecto. El votante fatigado no se traga el cuento y nadie puede extrañarse, pues los actores lo han puesto en escena con mucha desgana: Maíllo habla más de los líos internos de la nebulosa de organizaciones a las que representa que de las políticas de Moreno a las que se opone o de sus ideas para Andalucía, si es que tiene alguna.

La paradoja está servida: pocas veces ha habido mejores argumentos para movilizar a un electorado de izquierdas a la izquierda del oficialismo socialista (crisis de la vivienda, amenazas existenciales al Estado del bienestar que gestionan las comunidades autónomas, transformaciones económicas que afectan a las vidas de los trabajadores más frágiles, desigualdad galopante, etcétera) y pocas veces ha habido una izquierda orgánica tan incapaz de comprender y dar forma programática al malestar legítimo de una gran parte de la población. Algo están haciendo catastróficamente mal.

La cosa no va de siglas ni de líderes molones. La tragedia que presenciamos se debe a un vacío ideológico desolador que se manifiesta en la incapacidad misma de bautizarse. Si no sabemos cómo nombrar eso que Yolanda Díaz llama “espacio” es porque los políticos que lo ocupan tampoco saben qué hacer con ello ni de qué tradición de pensamiento político se nutre. Ni siquiera está claro a qué sujeto defienden ni qué coordenadas usan para ordenar la sociedad.

Y lo peor es que ese sujeto existe, pero no lo encuentran ni lo escuchan ni le hablan. Hay una parte de la sociedad que sabe bien lo que quiere: un Estado social más radical que mitigue y combata los abusos de una economía de tiburones. Perpleja y a la intemperie política, esa parte de la sociedad se pregunta a qué juegan los partidos que dicen defender el Estado social. ¿En qué teologías posmodernas se han enredado y en qué jergas de politólogo hípster se les han perdido los votantes y los argumentos? Andalucía es solo otro clavo en su ataúd. Para cuando quieran resucitar, no van a quedar ni los esqueletos. Sergio del Molino es escritor. El País, 13 de mayo de 2026.




















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