sábado, 20 de junio de 2026

DEL ASUNTO DEL DÍA. SEIS ARGUMENTOS CONTRA UN APOCALIPSIS LABORAL POR LA IA, POR TONI ROLDÁN. 20 DE JUNIO DE 2026

 







En su encíclica Magnifica humanitas, el papa León XIV muestra una profunda preocupación por cómo los avances en la inteligencia artificial (IA) pueden terminar debilitando el valor del trabajo humano. No está solo. Son muchos, especialmente desde dentro de la industria, los que muestran una visión apocalíptica del futuro del empleo. Sin ir más lejos, Dario Amodei, fundador de Anthropic, ha declarado que la IA podría destruir en poco tiempo hasta la mitad de los empleos de oficina. En España, en general, cuesta mucho encontrar voces en los debates públicos que digan cosas positivas sobre la IA.

Cualquiera que haya utilizado estas herramientas de forma mínimamente sofisticada entiende por qué estas advertencias resultan plausibles. En casi cualquier ámbito que podamos imaginar —desde el diseño de producto hasta la economía matemática, pasando por la abogacía o la investigación de materiales— tareas cognitivas que antes requerían horas de trabajo especializado hoy pueden completarse en minutos. Pero, ¿nos enfrentamos efectivamente al apocalipsis del empleo que algunos vaticinan? La realidad es que no lo sabemos. Pero pensar desde la economía puede ayudarnos a tener algunas claves para ser algo más optimistas.

Lo primero es que debemos dejar de pensar en términos de empleos y pensar en términos de tareas. Como explica muy bien Luis Garicano en su libro de reciente publicación Messy Jobs (“Trabajos caóticos”), los trabajos raramente consisten en hacer solamente una tarea. Y la exposición a la IA de las diferentes tareas que hacemos a lo largo de nuestra jornada puede variar mucho. Por ejemplo, piensen en un abogado. Es muy probable que una parte importante de las tareas que hacen abogados como resumir jurisprudencia o redactar denuncias vayan a ser automatizadas. Sin embargo, un abogado tiene que hacer muchas más cosas en un día: convencer a clientes para que le contraten, elegir los argumentos relevantes in situ para persuadir a un jurado o motivar a su equipo para trabajar duro.

Puede ser que esta nueva ola de automatización contribuya a premiar el juicio experto (como predicen Autor y Thompson) o las habilidades sociales. Sin duda, cambiará y mucho el tipo de tareas que los abogados realicen en un día —pasarán más tiempo revisando documentos que redactándolos, por ejemplo—. Pero eso es muy diferente a afirmar que esos trabajos van a desaparecer.

Un segundo argumento está relacionado con lo que los economistas llamamos la elasticidad de la demanda. Cuando una innovación hace que los precios caigan, la demanda puede reaccionar de diferentes maneras. En muchos casos, un precio más bajo puede llevar a que muchas más personas estén interesadas en comprar. El ejemplo clásico es el del transporte aéreo. A mediados del siglo pasado, volar en avión era muy caro. Sin embargo, al reducirse los costes, millones de personas nuevas empezaron a volar. El resultado fue un enorme aumento del tráfico aéreo y un montón de nuevos empleos creados en el sector.

Algo parecido puede estar pasando con el software y la demanda de programadores. Herramientas como Claude Code o Codex han reducido enormemente el coste de desarrollar software. Los propios creadores de Claude declaran que su código lo hace dicha herramienta de manera autónoma en un 80%. Es una transformación brutal. La intuición nos dice que estos cambios deberían llevar asociados una destrucción masiva de empleos. Sin embargo, aunque hay indicios de algunos efectos negativos en los trabajadores más jóvenes, no existe aún evidencia de impacto negativo en el empleo agregado de los programadores.

¿Por qué? Una posible explicación es que, al abaratarse el software, aumenta también su demanda. Por ejemplo, una pyme puede optar ahora por tener una página web mucho más potente, desarrollar nuevas aplicaciones internas o pensar en nuevos productos que antes no podía soñar. Lo relevante para el futuro del empleo de los programadores no es cuántos vamos a necesitar para hacer lo que hacíamos ayer, sino cuántos vamos a necesitar en un futuro dada la demanda al nuevo precio.

Hay un tercer argumento, relacionado con el anterior, que ha investigado en profundidad Alex Imas, de la Universidad de Chicago. Cuando una tecnología abarata mucho los costes, las personas pueden optar por usar esa renta liberada para consumir más de ese bien, pero también para comprar más de otras cosas. Imas usa el ejemplo de la agricultura: cuando su coste se fue abaratando con los progresivos cambios tecnológicos, no continuamos comiendo cada vez más. En un momento determinado, decidimos usar esa renta adicional en otras actividades, como el ocio o los cuidados. A medida que la IA vaya abaratando tareas intelectuales, según Imas, aumentará el valor de las actividades relacionales, puesto que lo humano —un médico que nos escucha o un profesor que nos motiva— será lo escaso. Aunque caiga la demanda de empleo en algunas áreas, crecerá en otras.

Esto tiene que ver con un cuarto argumento: la falacia de la cantidad fija de trabajo (lump of labor fallacy). Los humanos tendemos a centrar el foco en los trabajos que existen hoy y nos cuesta imaginar nuevas tareas o empleos que esa tecnología pueda generar. David Autor y otros investigadores muestran en un análisis con datos del censo estadounidense de un periodo de casi 80 años que alrededor de un 60% del empleo en 2014 se encontraba en ocupaciones que no existían en 1940. Imaginen: ¡en 1940 faltaban 30 años para los primeros ordenadores!

La prueba del algodón de esta realidad económica es la evolución de la población activa (el número total de personas que trabajan). A pesar de los gigantescos cambios tecnológicos, cada vez tenemos más personas ocupadas. En EE UU trabajaban aproximadamente 29 millones de personas en 1900 y hoy superan los 160 millones. La tecnología destruye tareas, pero también crea nuevas tareas, innovaciones y nuevas fuentes de demanda de empleo.

En muchos de esos empleos, el humano es el cuello de botella. Esa es la idea del O Ring, en alusión al desastre del transbordador espacial Challenger en 1986: al fallar una simple junta de goma (un o-ring), estalló toda la nave. Aplicada a la IA, la idea es que no basta con que el 95% de las tareas de un empleo se puedan automatizar. Si un humano es imprescindible para realizar el 5% restante, entonces ese empleo no se va a automatizar. Por ejemplo, si se automatiza el trabajo de cálculo de estructuras de un ingeniero, pero un humano sigue siendo el cuello de botella para revisar los cálculos o poner la firma para hacerse responsable jurídicamente del proyecto, su valor resulta insustituible.

Finalmente, los cambios suelen ser más lentos de lo que a primera vista puede parecer. Eso es lo que el economista de la Universidad de Standford Eric Brynjolfsson llama la curva J de productividad. En revoluciones previas con otras tecnologías de uso general, los cambios en la productividad tardaron mucho tiempo en verse (el rabito de la J). No es suficiente con inventar una tecnología, sino que ha de integrarse en los complejísimos entramados organizativos humanos: regulaciones, incentivos, gobiernos... Además, no basta con la primera ola de innovaciones. Para que haya cambios en el empleo y la productividad profundos ha de haber emprendedores que arriesguen y fracasen desarrollando tecnologías complementarias y aplicaciones diversas para, por ejemplo, crear un motor de combustión para automóviles que sea competitivo. Eso hace que la transición sea inevitablemente incremental y progresiva. Los ordenadores estaban disponibles desde los años setenta, pero las cifras de productividad no empezaron a cambiar hasta principios de este siglo.

Estos argumentos no son en ningún caso una invitación a la complacencia. Los efectos de la IA en el empleo resultarán sin duda muy profundos. Pero quizás el shock será menos catastrófico de lo que algunos pontifican. Toni Roldán-Monés es profesor de economía y políticas públicas en la Escuela de Políticas, Economía y Relaciones Internacionales (SPEGA) de IE University. El País, 18 de junio de 2026.






















EGUN ON. AGURRA NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN. GAUR, LARUNBATA, 2026KO EKAINAREN 20A, EUSKARAZ

 





Kaixo, egun on berriro guztioi, eta larunbat zoriontsua eta asteburu zoriontsua, amaitzen ari den udaberri honen azkena... Gaurko blogeko sarrerak ikustera goaz. Lehenengoa, eguneko gaiarekin, Toni Roldán ekonomialari eta irakasleak idatzi du, zergatik ez den zertan IA askok oinarririk gabe iragartzen duten lan-apokalipsia bihurtu behar argudiatuz. Bigarrena, beti bezala, gaurko eguneko poema da, Manuel Llorente poetarena, "Ez dut bizitzeko gogorik" izenburupean. Blogeko artxiboa, hirugarren sarreran, John Carlin idazle britainiarrak idatzi du, 2017ko ekainekoa da, eta Erresuma Batua Europar Batasunetik ateratzeko erreferendumari buruzkoa da. Laugarrena, beti bezala, gaurko umorezko marrazki bizidunak dira (batzuk nahiko ilunak). Afalosteko kafea, bosgarren argitalpenean, Sergio Ramírez idazleak idatzia, sasikume eta gaizkileei buruzkoa da. Eta eguneko seigarren argitalpena, Shlomo Ben Ami Israelgo ministro ohiak idatzia, Estatu Batuen eta Iranen arteko bakearen aldeko benetako borroka Libanon dagoela esaten digu. Azkena, beti bezala, blogaren egileak bere irakurleei egunero ematen dien Gabon agurra da, gaur, goizaldeko Egun On bezala, euskeraz. Tamaragua, lagunok. Fortuna jainkosa eta Patu onbera zuekin egon daitezela. Egun ona izan. Espero dut gaurko blog argitalpenak interesgarriak izatea zuentzat. Eta bihar ikusiko dugu elkar, Fortuna jainkosak uzten badizu. Musuak. Maite zaitut. HArendt
















ENTRADA NÚM. 10838

viernes, 19 de junio de 2026

PERSONAL: MI PROYECTO DE LECTURAS PARA EL AÑO EN CURSO. MODIFICACIONES. 19 DE JUNIO DE 2026

 









PLAN DE LECTURAS. INVIERNO 2025-INVIERNO, 2025/2026

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INVIERNO, 2026

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LA FUGITIVA (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VI), de Marcel Proust (leída).

HANNAH ARENDT, UNA BIOGRAFÍA INTELECTUAL, de Thomas Meyer (leída).

IDENTIDAD Y AMISTAD, de Emilio Lledó (leída).

EL TIEMPO RECOBRADO (A LA BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, T. VII), de Marcel Proust (leída). 

APOLOGÍA DE SÓCRATES, de Platón (leída).

WALDEN, de Henry David Thoreau (leída).

LOS GRANDES CEMENTERIOS BAJO LA LUNA, de George Bernanos (leída).

EL GRAN GATSBY, de F. Scott Fitzgerald (leída).

LA MARAVILLOSA HISTORIA DEL ESPAÑOL, de Francisco Moreno (leída).

FEDÓN, de Platón (leída).

SONETOS DE AMOR, de William Shakespeare (leída). 

ANA NO, DE Agustín Gómez Arcos (leída).

CAMINAR, de Henry David Thoreau (leída).

(Trece lecturas completadas).

     


PRIMAVERA, 2026

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LA SOCIEDAD DEL CANSANCIO, de Byung-Chul Han (leída).

ENEIDA, de Virgilio (leída).

BIOGRAFÍA DEL SILENCIO, de Pablo D’Ors (leída).

TRISTRAM SHANDI, de Laurence Sterne (leída).

CRÓNICA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, de la Real Academia Española (leída).

COMERÁS FLORES, de Lucía Solla (leída).

SAN MIGUEL, BUENO Y MÁRTIR, de Miguel de Unamuno (leída).

EL ARTE DE TENER RAZÓN, DE ARTHUR SCHOPENHAUER (leída).

SUITE FRANCESA, de Irène Némirovsky (leída).

ANTOLOGÍA GENERAL, de Pablo Neruda (leída).

EL PERIÓDICO DE LA DEMOCRACIA, de Javier Cercas (leída).

CÓMO EL MUNDO CREÓ OCCIDENTE, de Josephine Quinn (leída).

LENGUA MADRE, de Laura Spinney (leída)

(Trece lecturas completadas)


VERANO, 2026

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ANTOLOGÍA EN VERSO Y PROSA, de Gabriela Mistral (leyendo ahora).

POEMA DE GILGAMESH, Anónimo (leyendo ahora).

MARTÍ EN SU UNIVERSO, de José Martí (pendiente de lectura).

ORIGEN Y META DE LA HISTORIA, de Karl Jaspers (pendiente de lectura).

LA DECADENCIA DE OCCIDENTE - 2 TOMOS, de Oswald Spengler (pendiente de lectura).

ARTE SONORA, de Auserón (pendiente de lectura).

UNA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA, de Jürgen Habermas (pendiente de lectura).

HISTORIA ALTERNATIVA DE LA FELICIDAD, de Juan Antonio González Iglesias (pendiente de lectura).

POLÍTICA Y FICCIÓN, de Jorge Lagos y Pablo Bustinday (pendiente de lectura).

ESCRITOS 6, de Soren Kierkegaard (pendiente de lectura).

¿TIENE FUTURO LA VERDAD? de Georg Steiner (pendiente de lectura).

UN CABALLERO EN MOSCÚ, de Amor Towles (pendiente de lectura).

MANIFIESTO POR UNA DEMOCRACIA RADICAL, de Jordi Sevilla (pendiente de lectura).

GALDÓS, Yolanda Arencibia (pendiente de lectura).

CONTRA EL ESTADO, de James C. Scott (pendiente de lectura).

MOMO, de Michael Ende (pendiente de lectura).

LA MEMORIA RECUPERADA, de Antonio Iglesias (pendiente de lectura).

(Dieciséis lecturas pendientes, dos leyendo ahora).


OTOÑO, 2026

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ERASMO Y ESPAÑA, de Marcel Bataillon (pendiente de releer).

ULISES, de James Joycee (pendiente de releer).

ENSAYOS, de Michael de Montaigne (pendiente de releer).

OBRAS COMPLETAS, de Esquilo, Sófocles y Eurípides (pendiente de releer).

IBIS, de Vargas Vila (pendiente de releer).

ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA, de Friedrich Nietzsche (pendiente de releer).

¿QUÉ ES LA POLÍTICA?, de Hannah Arendt (pendiente de releer).

REPÚBLICA, de Platón (pendiente de releer).

ANTOLOGÍA GENERAl, de Pablo Neruda. (Pendiente de releer).

DON QUIJOTE DE LA MANCHA, de Miguel de Cervantes. (Pendiente de releer).

(Diez relecturas pendientes).

TOTAL DE LECTURAS PROGRAMADAS EN EL AÑO: 50.

















BOAS NOITES, DESCANSADE E DOCES SOÑOS. HOXE, VENRES, 19 DE XUÑO DE 2026, EN GALEGO

 






Ola de novo, amigos. Boas noites, descansade e doces soños a todos esta noite de venres, 19-20 de xuño de 2026. Espero que pasarades un bo día coas vosas familias e amigos. Grazas de corazón por pasarvos polo blog. Espero que disfrutarades da vosa visita. Tamaragua, meus amigos. Que a deusa Fortuna e o benévolo Destino vos acompañen. Ata mañá. Quérovos. Bicos. HArendt
















DE LA TARDE QUE CAE. SE TRATA DE LIDERAZGO, POR MIQUEL ROCA JUNYENT. 19 DE JUNIO DE 2026

 







La visita del papa León XIV ha sido un éxito. Ciertamente, no todas las valoraciones coinciden, pero resulta difícil no constatar que, desde posiciones diversas, se coincide en señalar que el Papa ha manifestado un liderazgo incontestable. Un liderazgo ejercido, lógicamente, desde su perspectiva religiosa, pero que se ha proyectado al conjunto de la sociedad con un mensaje humanista, valiente, coherente, integrador y respetuoso. Algunas opiniones tienden a hacer valoraciones más interesadas; a veces parece como si se quisiera sacar provecho de las palabras del Papa, en beneficio de posiciones predeterminadas. O a veces buscando cómo censurarlas por razones muy específicamente ideologizadas. Pero, como sea, lo que no debería discutirse es que el Papa, en su visita, ha ejercido un liderazgo que ha trascendido del escenario local y se ha proyectado en el conjunto del mundo.

Curiosamente, el mensaje más desacomplejadamente anti-Trump en defensa de la paz ha sido el del Papa. No ha tenido necesidad de descalificar a nadie; ha tenido suficiente con señalar, con contundencia, que lo que él representa se pone al servicio de la paz. Y no en términos ambiguos, genéricos o imprecisos. Se ha manifestado explícitamente a favor del multilateralismo y de la legislación internacional. Sin tapujos ni circunloquios: no a la guerra, sí a la paz. No a la imposición de la fuerza, sí al diálogo y al imperio de la ley internacional. No hacía falta decir nada más; sencillo, contundente, sin miedo. Así se construye un liderazgo; o, más cierto todavía, así se sirve un liderazgo.

El Papa habla de migración, de dignidad, reclama responsabilidad; todos aplauden, pero ¿se lo creen?

Y ¿cómo se fundamenta esta posición? La respuesta aún es más contundente y lógica. La polarización es siempre una amenaza para la paz; en el mundo, en su dimensión de confrontación belicista, pero también internamente para cada sociedad. La polarización entierra la necesidad del diálogo, del acuerdo, del respeto y, por tanto, para todo aquello que un Papa representa y conoce de la historia que lo precede, la polarización es el riesgo más grave para el progreso de la humanidad. La polarización entierra el argumento, el proyecto, la propuesta; tiene suficiente con condenar al adversario. Cuando el Papa invoca el respeto, no se separa de aquello que le es propio e invita a todas las confesiones religiosas a construir conjuntamente el escenario de la convivencia. Esto tiene autoridad. Vuelve a ser un ejercicio de liderazgo. Simple, compartido, entendedor. Liderazgo.

Y vuelve a ejercerlo cuando habla de los movimientos migratorios. No les da, ni le corresponde darles, solución. Pero habla de dignidad; la dignidad no tiene pasaporte! Y reclama sensibilidad, responsabilidad, eficacia. Todos aplauden, pero ¿se lo creen? El Papa no pide respuestas, se limita –con contundencia y sin miedo– a señalar lo que, desde la dimensión que a él le corresponde servir, entiende que es justo. El liderazgo se compromete siempre con un determinado mensaje; con un compromiso que descansa en las convicciones propias. Y se expone lo que resulta; guste o no. Sin miedo. Con determinación. Coherentemente con el liderazgo que le corresponde servir.

Y, circunscrito a su ámbito religioso, invita a las instituciones europeas a que asuman los valores que, como civilización, comparten. El Papa les requiere a las instituciones para que acepten defender los valores que dan vida al europeísmo. Y les recuerda que será desde la fidelidad a estos valores que podrán conseguir que su voz sea escuchada en el mundo. Es desde Europa que la paz gana en esperanza; es desde Europa que la libertad encuentra las más fuertes raíces; es desde Europa que la solidaridad se convierte en exigencia. Para respetar los derechos de las personas, primero se han de reconocer; el pluralismo tiene acento europeo. Ahora cuesta recordarlo y, para algunos, incluso aceptarlo. Pero el Papa sí que lo califica como deber de europeidad. Una vez más, liderazgo.

Pues sí. El viaje del Papa ha ido muy bien. Todo el mundo debería aceptarlo. Incluso para criticarlo. Más vale criticar que condenar o ignorar. Esta es la servitud del liderazgo. Proponer, sin miedo y aceptar, desde el respeto, la disconformidad. Pero mientras esta no coja consistencia, bienvenido sea un liderazgo desacomplejado, entendedor y valiente­. Miquel Roca Junyent es abogado. La Vanguardia, 17 de junio de 2026.





















DEL CAFÉ DE SOBREMESA. DEMOCRACIAS AMENAZADAS. POR LUIS GARCÍA MONTERO. 19 DE JUNIO DE 2026

 







No me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena. Eso afirmó Martin Luther King en su lucha por la dignidad humana y eso recuerda Baltasar Garzón al analizar las situaciones de la justicia en España y en el panorama internacional. Resulta muy peligrosa la estrategia que confunde el respeto a la justicia con el silencio, la indiferencia y el cerrar los ojos ante el comportamiento de algunos jueces y de las administraciones judiciales que deberían velar por la ciudadanía, no por los intereses más turbios de los ámbitos de poder. La literatura suele entrar en el interior de las vidas para preguntarse por los sentimientos de los seres humanos ante los hechos públicos. El nuevo libro de Baltasar Garzón, La democracia amenazada (Planeta, 2026), hace el camino contrario. Parte de las situaciones vividas por él, por Dolores Delgado o por Álvaro García Ortiz, para reflexionar con una detallada sabiduría profesional sobre los deterioros de la convivencia democrática y las responsabilidades de los poderes que manipulan la justicia. Tenía mucha razón Eugenio Raúl Zaffaroni, exjuez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, cuando afirmaba que el poder punitivo no es un fenómeno exclusivamente jurídico, sino esencialmente político.

La memoria nos lleva a recordar el nazismo, el franquismo o los golpes de Estado en América Latina. Pero los fangos actuales de la corrupción nos advierten de que las armas de los golpistas pueden ser desplazadas por los ruidos, las verdades y los bulos de las dictaduras silenciosas que buscan la dinámica del y tú más y del todos son iguales. Cuando se nos invita a renunciar a la política, resulta más necesario que nunca tomar medidas políticas para defendernos de la corrupción. Baltasar Garzón estudia el fango que entra en la justicia cada vez que los intereses económicos de las élites pretenden invadir las democracias. Luis García Montero es poeta y director del Instituto Cervantes. El País, 15 de junio de 2026.























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 19 DE JUNIO DE 2026
















 









DEL ARCHIVO DEL BLOG. ¿QUÉ ES LA MALDAD?, POR CÉSAR CASAL. PUBLICADO EL 3 DE JULIO DE 2019

 







¿Qué es la maldad?, se pregunta el periodista César Casal en La Voz de Galicia. La maldad va de Aylan ahogado en una playa de Turquía a Valeria ahogada en el río Bravo, comienza diciendo. Esos dos niños demuestran con sus muertes que la maldad existe. Son la prueba de la crueldad de Occidente, cómo el primer mundo se ensaña con el cuarto mundo. Cómo nos encanta mirar hacia otro lado. El tercer mundo hace mucho que no existe. Ahora hay un cuarto mundo que es el de los que no tienen nada. El de los padres de Valeria que la cogieron en El Salvador con apenas un año de vida y se la llevaron a cruzar Centroamérica, porque en su país no encontraban una manera decente de salir adelante. La llevaron para comprar el sueño de Estados Unidos. Un sueño que no existe. Que no tiene visa ni tiene nada. Que es una pesadilla monstruosa. Que es morirse en el fango del río Bravo por la inacción de los políticos o por su acción racista y excluyente. El relato de cómo fueron los hechos, cuya foto una vez más conmocionó a los que vivimos en los países ricos durante un rato, el rato que nos dura la imagen en la cabeza, mientras tomamos el café con cápsula, y luego nos encapsulamos de nuevo en el absurdo de nuestro mundo, en el que sí hay bienes, víveres, vacaciones, recursos. Un mundo en el que la palabra crisis es dura, pero muy distinta de lo que era la existencia para Óscar Alberto Martínez, de 24 años; y su mujer Tania Vanessa Ávalos, padres de Valeria.

El relato de la madre es espeluznante. Añade desastre al desastre. Aunque las versiones son confusas, cansados de esperar, el padre se decidió como tantos otros a cruzar el río, sin saber que no era río, sino que era la laguna Stigia, donde solo les esperaba Caronte. El caso es que logró pasar a la orilla de las barras y las estrellas, la de la supuesta salvación. Dejó allí a Valería, que a su año y pocos meses, pensó que todo era un juego como en la película La vida es bella. Su padre volvió a por la madre, al lado mexicano. Y ese bebé pensó que todo era broma y risa y se echó al agua otra vez, en lugar de esperar quieta, como le había dicho su padre. Al observar los padres que la corriente se la llevaba, él se tiró al río para volver a recogerla. Y no fue capaz. Su inmenso corazón, ese corazón que deja a la hija y que va a por la madre, para que pase la familia entera. Ese corazón que se tira para salvar a su cría de una muerte que se acerca. Ese corazón enorme se empapa y se hunde. Junto a su pequeña. Luego los dos son hallados, con Valeria metida debajo de la camiseta de su padre. La policía supone que Óscar la alcanzó y que la introdujo bajo la ropa para que no se la volviese a llevar la corriente. Así apareció con el pequeño brazo sobre el cuello de su padre, dos cuerpos muertos. Se acabaron las fuerzas. Se acabó el sueño. Se acabó la vida. Y este cuento también se ha acabado, sin más. Aquí nadie come perdices. La maldad.