sábado, 27 de junio de 2026

DEL ASUNTO DEL DÍA. ¿Y SI CUBA VOTARA VOLVER A ESPAÑA?, POR JOAQUIN LUNA. 27 DE JUNIO DE 2026

 







Si yo fuese asesor en la Moncloa y quisiera hacer méritos, aconsejaría al jefe una jugada audaz, eso que llaman un win-win (no confundir con un gin fizz): proponer a Cuba la reincorporación a España, antes de que lleguen otros y se la queden.

¿Nos llevamos bien? Sí. ¿Hicimos algo por la isla en tiempos? ¡Construir la primera línea de ferrocarril de España y la séptima del mundo (La Habana-Güines, en 1837, once años antes que la de Barcelona a Mataró). ¿Podría Cuba asociarse a la UE? ¡No iba a ser menos que Canadá!

Al jefe le hacen falta proyectos ilusionantes y la reincorporación de Cuba a España sería un gol por la escuadra. Nada de ir en plan chulo, todo conforme al derecho internacional, el derecho humanitario y el derecho romano.

Va el jefe a Cuba con su guayabera y propone a lo que queda del castrismo –¡a buenas horas quieren reformas como las de China, iniciadas en 1978!– un referéndum de asociación a España sobre los vínculos históricos, las maracas y la afición por el mestizaje. Al fin y al cabo, la población cubana solo asciende a 9,7 millones. Audacia, presidente: es el momento de ofrecer a Cuba que se asocie a España y a la UE

Los cubanos decidirían que ya son mayorcitos y peores tutelas han tenido (EE.UU., la URSS y Venezuela, por orden de aparición). Y el jefe adelantaría a todo el mundo por la izquierda, amén de soltarle un sopapo a la oposición.

La derecha española siempre se ha lamentado del 98, tiene abuelos a los que expropiaron fincas en Cienfuegos y podría disfrutar de la jubilación en Varadero y no en Torrelodones. Para el nacionalismo catalán, sentimental como pocos, agua de mayo: resurgirían las habaneras, los indianos y la estelada (cubana, eso sí). Y los vascos, por una vez, podrían pagarse algo. Joaquín Luna es periodista. La Vanguardia, 24 de junio de 2027.






















BUENOS DÍAS. SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY SÁBADO, 27 DE JUNIO DE 2026, EN ESPAÑOL

 




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Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado. Canarias sigue con el alma en vilo sobre el terremoto que ha asolado a Venezuela, porque su vinculación histórica con ese país y sus gentes es secular… Mientras llegan más noticias de la catástrofe vamos con las entradas del blog de hoy. La primera es este buenos días de hoy en lengua castellana, tan española como el catalán, el gallego y el vasco. La segunda, la firma el periodista Joaquín Luna, que se pregunta qué pasaría si los cubanos votarán en referéndum que quieren volver a ser españoles. El poema del día, en la tercera, se titula Explosión, y es de la famosa poetisa uruguaya Delmira Agustini. La cuarta es un archivo del blog de mayo de 2016, escrito por HArendt, sobre el origen del universo y la vida después de la vida; uno de esos artículos que le dejaron pero que muy satisfecho en su día, y hoy de nuevo, al releerlo. La quinta son las viñetas del blog. La sexta la firma el escritor Manuel Jabois y nos habla en ella del amor, los gatos y los volcanes: todos muy peligrosos. La séptima la escribe el abogado y exfiscal José María Calero, y en ella defiende la legalidad y el derecho de los ciudadanos a discrepar y criticar las sentencias judiciales, sean éstas del órgano que sean. Y la última, como siempre, es el Buena noches diario de HArendt a sus lectores, deseándoles de corazón que la diosa Fortuna y las benevolentes Moiras les sean favorables. Que pasen un buen día. Espero que las entradas del blog de hoy sean de su interés. Y nos vemos mañana de nuevo si la diosa Fortuna lo permite. Besos. Les quiero. HArendt





















ENTRADA NÚM. 10898

viernes, 26 de junio de 2026

BONES NITS, FELIÇ DESCANS I DOLÇOS SOMNIS. AVUI DIVENDRES, 26 DE JUNY DE 2026, EN CATALÀ

 







Hola de nou, amics. Bona nit, feliç descans i dolços somnis a tots aquesta nit de divendres del 26 al 27 de juny del 2026. Espero que hagin passat un bon dia en companyia de les seves famílies i amics. Gràcies de tot cor per haver-se fet una volta pel bloc. M'alegraria creure que han gaudit de la visita. Tamaragua, amics meus. Que la deessa Fortuna i les benvolents Moiras els siguin favorables. Fins demà. Els vull. Petons. HArendt






















DE LA TARDE QUE CAE. LLEGARÁ LO IMPENSABLE, POR FÉLIX RIERA. 26 DE JUNIO DE 2026

 






En Francia, como en España, el próximo año será clave para su futuro, al celebrarse las elecciones presidenciales y las elecciones generales. Ambas naciones deberán enfrentarse ante la posibilidad de que las posiciones extremas se impongan, dominen o condicionen la política, la moral, el debate público y la economía.

En los ámbitos académicos de Francia, la conversación gira en torno a la posibilidad de que, en la segunda vuelta de las presidenciales, haya que elegir entre Marine Le Pen o Jordan Bardella, de Reagrupamiento Nacional, y Jean-Luc Mélenchon, de La Francia Insumisa; entre la Francia que proclama “primero los franceses”, propia del nacionalpopulismo lepenista, y la “nueva Francia” que encarna Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis, que muestra la fuerza de una Francia joven y mestiza, formada por los nietos de la inmigración. En París, la conversación se centra en especular sobre la posibilidad de que el próximo presidente o presidenta sea de extrema derecha o de extrema izquierda.

Los franceses podrían vivir un hecho insólito: que quienes no creen en los extremos tengan que elegir entre dos fuerzas políticas extremas, antagónicas, que dividen y alimentan la polarización. Lo que entonces parecía improbable ahora podría suceder y llevar al Elíseo a Bardella, Le Pen o Mélenchon.

En España, la conversación se focaliza en la debilidad de Pedro Sánchez, a quien desde distintos ámbitos se le exige que adelante las elecciones debido a los supuestos casos de corrupción que asedian al Gobierno y que probablemente le impedirían aprobar los presupuestos. También gira en torno a Zapatero y sus joyas, convertidas en metáfora del triunfo de lo material y los intereses privados sobre el espíritu y los ideales de la izquierda.

Lo que está a punto de ocurrir en España es que una izquierda agotada por tanta tensión judicial y una derecha igualmente agotada de tanto esperar la caída de Sánchez sigan gobernando el país, al no conseguir ni la extrema derecha ni la extrema izquierda ilusionar a una mayoría social; ni con la prioridad nacional de Vox ni con el proyecto de una España plurinacional de izquierda nacionalista e independentista, que representa Rufián. Algo que sí han logrado Mélenchon y Le Pen –o Bardella–. En España, por el contrario, los extremos siguen siendo asimilados por el PP y el PSOE, como se constató con Sumar y como ahora algunos persiguen que ocurra con Vox respecto al PP. Francia sitúa a los extremos en el centro del escenario político; España los integra y los neutraliza dentro del bipartidismo. Así, mientras que en Francia puede llegar a producirse lo impensable, en la España bipartidista parece que todo seguirá igual. Felix Riera es periodista. La Vanguardia, 24 de junio de 2026.

























DEL CAFÉ DE SOBREMESA. LIMPIAR LA CALLE, POR PILAR MERA. 26 DE JUNIO DE 2026

 





“Yo tampoco me imaginaba que podía terminar en la calle”. No deja de resonar en mi cabeza esta frase que Andrés, un hombre de barba embarullada, ojos tristes y risa atronadora, me regaló en una de mis noches universitarias santiaguesas. Mis amigos y yo estábamos de botellón en la Alameda. Despedíamos uno de los mejores cursos que recuerdo haciendo planes y brindando a bajo precio antes de bajar a la zona nueva a bailar y seguir riendo. Entonces entró en juego lo que mi hermana llama mi yo oficina oficial de Turismo, que viene a ser la suma de un imán para que la gente me pare en cualquier sitio para preguntarme cualquier cosa y una tendencia natural a largas conversaciones con personas desconocidas. Terminé sentada en las escaleras que bajan al campus escuchando la historia de Andrés. Un buen trabajo, una familia feliz, unas decisiones equivocadas por aquí, un poco de alcohol por allá, deudas, vergüenza, más alcohol y una vida rota. “Te pareces a mi hija”, decía. Terminamos en una cabina a punto de llamarla, pero eran las tres de la mañana y le dio miedo. Con ojos llorosos prometió hacerlo al día siguiente. No volví a verlo. Me temo que no lo hizo, aunque me gustaría pensar que sí, que ese fue el primer paso de una nueva etapa. De una vida mejor.

Cualquiera puede terminar en la calle. Lo difícil es salir de ella. La voluntad no llega para superar el miedo, la vergüenza y las barreras materiales. Imagínate ir a una entrevista de trabajo sin ducharte, sin ropa limpia. O alquilar una habitación sin dinero. Querer es poder sólo es posible cuando poder es una opción. Mientras los Andrés de la calle sobreviven, su visión nos incomoda y preferimos no pensar en ellos. Quizás por eso no reaccionamos ante actuaciones como las del Ayuntamiento de Madrid, que ha decidido que el agua a presión se lleve por delante lo poco que tienen quienes duermen en sus calles. Da igual que sean cartones sucios, colchones o papeles de identidad, juguetes, fotografías o cualquier recuerdo. Limpiar, lo llaman. El derecho de la propiedad mengua en importancia cuando no cotiza en Bolsa.

Quizás Almeida y su vicealcaldesa no sabían nada hasta que lo leyeron en la prensa. Es la magia de las subcontratas. Te sirven de excusa mientras diluyen el valor de lo público, la calidad del servicio y la capacidad de control de quien contrata. Pero ya lo saben. No vale seguir negándolo o afirmar que sólo están dando “un futuro a personas que lo han perdido todo”. ¿Qué harán ahora? ¿Qué haremos ahora? Pilar Mera es profesora de la UNED y politóloga. El País, 23 de junio de 2026.





























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY VIERNES, 26 DE JUNIO DE 2026

 





























DEL ARCHIVO DEL BLOG. PURITANISMO, POR JUAN CRUZ. PUBLICADO EL 26 DE JUNIO DE 2017

 







Es saludable que se atreva uno a decir “no me gusta”, en el tiempo del “me gusta”, porque de ese modo se rompe el árbol de la complacencia. Javier Marías suele cumplir esa función, entre nosotros. Entre los ingleses tenían a Christopher Hitchens: se establecía una corriente, él iba por el otro lado. Aquí ha habido otros contradictorios, pero en este momento Marías, a juzgar por lo que es atacado, debe ser el adalid de los que se atreven a llevar la contraria. En un libro de Guillermo Cabrera Infante, que fue amigo de Marías, por cierto, se habla de una tribu, probablemente norteamericana, que se llama Los Contradictorios, que hasta se sientan al revés, para darle la razón a su denominación y a su origen.

Pero antes de hablar de lo que trae aquí a Javier Marías y a los contradictorios, déjenme que vaya al Parlamento y a la ya extinta moción de censura. Recuerden ustedes que en ella hubo un rifirrafe, que ahora se llama así el debate, entre el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y la diputada de Coalición Canaria Ana Oramas. Aquel la señaló a ésta con el dedo (acusador, por supuesto) y terminó llamándola tránsfuga. Y Ana Oramas lo llamó a él machista. Se pegaron, pues, lo normal. A pesar de que ella había introducido versos, sarcásticos, en su respuesta, así como cierta retranca canaria, la diputada Irene Montero optó por deducir que la oponente de su compañero estaba irritada y buscó en seguida, en el baúl de los recuerdos de uno de los suyos, una razón para explicar la irritación supuesta de Ana Oramas.

Llevada por ese ánimo justiciero, Montero reprodujo en Twitter la razón por la que, según ella, Ana Oramas estaba irritada. Era porque in illo tempore (in illo tempore ahora puede ser anteayer, o la semana pasada, o la última contienda electoral) el diputado podemita tinerfeño Alberto Rodríguez había contado en una reunión ante los suyos que la abuela de Ana Oramas, rica de La Laguna, había tenido a su propia abuela, la de Alberto Rodríguez, cosiendo y martirizada, mal pagada y humillada. Y exhibía Irene Montero, tan segura de sí misma como en el debate, esa pieza de documentación en la que se ve a su compañero narrando, con su correspondiente suspense, episodio tan ilustrativo.

Tour en 360º por la exposición de fotografías de Gloria Fuertes en el Centro Cultural de la Villa, Madrid.

No hubo reproches a Irene Montero por sacar tal documento para desmejorar, con una historia de antepasados, a la diputada presente, sólo con el deseo de dañar su reputación en función de la supuesta reputación de su abuela; no hubo compasión (por decir esta horrible palabra) con Ana Oramas. Las alusiones, machistas, sin duda, de Rafael Hernando, a la propia Montero en ese mismo debate, tuvieron un recorrido inmenso por las redes, pero a la diputada canaria nadie la salvó de la agresión, primero en el Parlamento y después en las dichosas redes sociales. Por otra parte, cualquier referencia a la identidad de las amistades propias de la diputada de Podemos alcanzan niveles de enorme agitación tuitera, pues el machismo irrita, y con razón, pero cuando la agitada es una persona que no tiene el aval de la ideología más dominante en Twitter, por ejemplo, el decibelio se queda a cero. Y eso tampoco es justo.

Pues, a lo que iba. Ahora se ha atrevido Javier Marías a tocar el árbol del me gusta y no me gusta y ha dicho algo que resulta muy normal decir, pues el gusto literario es el menos obligatorio de los gustos, y de los disgustos. Y ha dicho que Gloria Fuertes no es para tanto. Para que fue aquello. ¡Y además lo ha dicho en EL PAÍS! Pues leña al mono. Te puede disgustar Hemingway, e incluso Camus, o incluso te puede disgustar, cómo no, Javier Marías. Pero tocas las nuevas santidades y acabas chamuscado. Y Gloria Fuertes está entre las glorias intocables de este momento histórico. Qué atrevido Marías, arañar nombres de los recientes santorales. Ha chocado contra el renovado puritanismo, que apunta con letras de oro lo que siempre estuvo en la división de bronce de la muy vapuleada historia de la literatura menor española. Y tendrá su merecido en las redes sociales, que ahora ya lo están tratando de quemar en las hogueras en las que se quema a aquellos que desafían la corriente. Un día el nuevo puritanismo hará una lista de los intocables, para que Marías y otros desviados se fijen en ella. Juan Cruz es escritor. El País, 26 de junio de 2017.






















DEL POEMA DE CADA DÍA. LA BELLEZA, DE HERMAN HESSE. 26 DE JUNIO DE 2026

 







LA BELLEZA 



La mitad de la belleza depende del paisaje;

y la otra mitad de la persona que la mira…


Los más brillantes amaneceres; los más románticos atardeceres;

los paraísos más increíbles;

se pueden encontrar siempre en el rostro de las personas queridas.


Cuando no hay lagos más claros y profundos que sus ojos;

cuando no hay grutas de las maravillas comparables con su boca;

cuando no hay lluvia que supere a su llanto;

ni sol que brille más que su sonrisa……


La belleza no hace feliz al que la posee;

sino a quien puede amarla y adorarla.



HERMAN HESSE (1877-1962)

poeta suizo-alemán




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Hermann Karl Hesse (Calw, Reino de Wurtemberg, 2 de julio de 1877-Montagnola, Suiza, 9 de agosto de 1962) fue un escritor, poeta, novelista y pintor alemán, nacionalizado suizo en 1924, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1946.

















DEL ASUNTO DEL DÍA. SALVAR LA SOCIALDEMOCRACIA, POR ADELA CORTINA. 26 DE JUNIO DE 2026







Lo que nos pasa —decía Ortega— es que no sabemos lo que nos pasa. Se dice que la nuestra es una sociedad cansada, desilusionada, acelerada, conformista. Y últimamente, que vivimos tiempos de incertidumbre. Desconocemos qué nos deparará el futuro, ignoramos hacia dónde dirigirnos en este mundo de posveracidad, desinformación y polarizaciones enconadas. Sin embargo, si empezando por aquel entorno que nos resulta más accesible, por España, la Unión Europea y América Latina, pudiéramos construir un nosotros desde un diálogo abierto, ¿hacia dónde decidiríamos ir?

Tal vez descubriríamos que tan desnortados no estamos, que en cuanto habláramos en serio saldrían a la luz conquistas ya alcanzadas, de las que tenemos una buena experiencia cuando las hemos vivido, y a las que, por eso mismo no deberíamos renunciar, sino fortalecerlas y prolongarlas. Sobre ellas podríamos encontrar un acuerdo.

En principio, aceptaríamos que la comunidad política, siguiendo la sugerencia de Rawls, es un sistema equitativo de cooperación a lo largo del tiempo, desde una generación hacia las siguientes. No un campo de Agramante, ni siquiera un sistema de convivencia más o menos llevadero, más o menos injusto, sino un sistema de cooperación con el que todos deberíamos conseguir ventajas y por eso tiene sentido aceptar el pacto de colaborar. La justicia es la clave de ese contrato social que constituye nuestras sociedades democráticas y que resulta irrenunciable, porque fuera del pacto, a la intemperie, hace un frío insufrible, como el que narra la Nobel surcoreana Han Kang en su desgarradora novela Imposible decir adiós.

Dando un paso más, en nuestros países hemos experimentado ya la forma política, más o menos incorporada en la vida cotidiana, de un Estado social y democrático de derecho, es decir, una democracia liberal-social, que se compromete a tratar a sus ciudadanos como “ciudadanos sociales”, siguiendo el concepto de ciudadanía social de Marshall; es decir, debe proteger sus derechos civiles y políticos, pero también los económicos, sociales y culturales. Este es el modelo democrático de la Unión Europea, que se propone en sus documentos evitar cualquier exclusión, cualquier descarte, para que nadie quede atrás. Es la plasmación de las actuales propuestas de socialdemocracia, que aceptan la economía social de mercado, con intervención del Estado para corregir desigualdades, promover la justicia y mantener servicios públicos de calidad, creando con ello cohesión social en el mejor sentido de la palabra. Este es el modo de generar entre la ciudadanía una amistad cívica: la que nace entre quienes comparten un proyecto común desde el pluralismo y desde profundas discrepancias en el modo de llevarlo a cabo.

A diferencia del modelo de democracia neoliberal estadounidense, sobre todo en la versión MAGA, y frente al comunismo capitalista chino totalitario, que es radicalmente antidemocrático, la Unión Europea apuesta en sus documentos por la socialdemocracia, que se propone unir valores irrenunciables, como la libertad, la igualdad y la solidaridad. Cuando llega a encarnarse en las sociedades realmente, es capaz de unir lo justo y lo conveniente. Renunciar a ella sería un delito de lesa humanidad. Es el modelo que algunos universalizaríamos en una ciudadanía social cosmopolita, el modelo europeo hacia el cosmopolitismo, que también Habermas diseñó desde ese afán de entendimiento mutuo, que une razón y emoción. La reciente visita de León XIV a España ha demostrado una vez más que en ese diseño converge también la doctrina social de la Iglesia, iniciada por León XIII en 1891 con la Rerum novarum.

Ciertamente, cuando se está hablando de proponer un nuevo contrato social en el nivel mundial para responder a los retos de la inteligencia artificial, de modo que esté al servicio del bien común y no de unas cuantas compañías poderosas o del Estado totalitario, España tiene que estar preparada para sumarse a este diálogo e intentar tener una voz en el contexto europeo.

Ahora bien, una cosa son las propuestas, sobre las que deberíamos deliberar los ciudadanos en distintos foros y los representantes en el Parlamento, si es que queremos construir una democracia deliberativa, progresista, y no agregativa, reactiva, y otra cosa es decidir en manos de qué partido o partidos políticos sería razonable poner la responsabilidad de llevar adelante la propuesta socialdemócrata para que no desaparezca. Y en este punto, aunque nadie es perfecto, el nivel de corrupción de que tenemos noticia a diario en nuestro país ha conseguido liquidar la confianza en la política. Se extiende la desafección.

Y es que, por desgracia, más que la posverdad se ha impuesto la posveracidad, el hábito de mentir sin ningún problema y de justificar lo injustificable. Entonces sucede, como decía Hannah Arendt, que ya nadie se cree nada. No hace falta criticar la desinformación que extienden las plataformas, porque la mentira se ha normalizado y además sin penalización alguna. Pero entonces, como nuestra Constitución pone en manos de los partidos una gran parte de la gestión política, ¿a cuáles se puede confiar algo tan importante como llevar adelante la socialdemocracia?

¿Cómo confiar en quienes destruyen de hecho la separación de poderes al criticar públicamente las decisiones de los jueces cuando les incomodan, las atribuyen a una conspiración orquestada y perversa, pretendiendo convertirse en víctimas, en vez de practicar una elemental autocrítica?

Es bien conocida la afirmación de Kant en La paz perpetua, cuando asegura que hasta un pueblo de demonios, de seres sin sensibilidad moral, preferiría un Estado de derecho al estado de naturaleza, con tal de que tengan inteligencia. El estado de naturaleza es un estado potencial de guerra de todos contra todos en el que vence el más poderoso, no quien tiene razón, mientras que en un Estado de derecho el que está legitimado para resolver las disputas es el juez, y por eso debe ser imparcial e íntegro. Naturalmente, el juez puede equivocarse y el derecho a recurso debe estar instituido. Pero quien debe decidir entonces no es el gobernante; la separación de los tres poderes es irrenunciable para evitar el totalitarismo, destructor de la democracia. El derecho de la ciudadanía es sagrado.

Y como solo despiertan confianza algunas personas o grupos, en una democracia que quiera ser viva y flexible se hace necesario desacoplar la propuesta socialdemócrata de las siglas de un partido que en realidad no la defiende, y encomendarla a quienes sí parezcan estar dispuestos a ponerla en marcha desde un acuerdo básico. En este punto se hace imprescindible que la ciudadanía asuma también esa ética de la responsabilidad de la que hablaba Max Weber, que en una sociedad democrática no es sólo la que corresponde a los políticos de oficio sino a todos los ciudadanos. Una ciudadanía madura, crítica, es la que intenta discernir qué es lo más conveniente en cada contexto, sin ataduras dogmáticas.

Precisamente, la transición desde la dictadura a la democracia fue posible en España, entre otras cosas, porque se logró una sinergia entre un poder político democrático, el poder económico, el consenso entre todas las fuerzas sociales y la mano intangible de los hábitos, los valores éticos y las virtudes cívicas que valen por sí mismos y para que la democracia funcione. Una sinergia que es hoy necesario reconstruir en este tiempo nuevo para tener realmente razones para la esperanza de un mundo justo y compasivo. Contando también con la estabilidad que ofrece el suelo de una institución que ya tenemos, la Monarquía parlamentaria, que aporta un capital simbólico de imparcialidad en el juego partidario, unidad y permanencia del Estado, a largo plazo, y un muy valioso capital social internacional, especialmente como vínculo de unión con todos los países de América Latina, a los que llevamos cálidamente en el corazón.

Adela Cortina es catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y directora de la Fundación ÉTNOR. Su último libro es ¿Ética o ideología de la inteligencia artificial? (Paidós). El País, 24 de junio de 2026.-