viernes, 26 de junio de 2026

DEL CAFÉ DE SOBREMESA. LIMPIAR LA CALLE, POR PILAR MERA. 26 DE JUNIO DE 2026

 





“Yo tampoco me imaginaba que podía terminar en la calle”. No deja de resonar en mi cabeza esta frase que Andrés, un hombre de barba embarullada, ojos tristes y risa atronadora, me regaló en una de mis noches universitarias santiaguesas. Mis amigos y yo estábamos de botellón en la Alameda. Despedíamos uno de los mejores cursos que recuerdo haciendo planes y brindando a bajo precio antes de bajar a la zona nueva a bailar y seguir riendo. Entonces entró en juego lo que mi hermana llama mi yo oficina oficial de Turismo, que viene a ser la suma de un imán para que la gente me pare en cualquier sitio para preguntarme cualquier cosa y una tendencia natural a largas conversaciones con personas desconocidas. Terminé sentada en las escaleras que bajan al campus escuchando la historia de Andrés. Un buen trabajo, una familia feliz, unas decisiones equivocadas por aquí, un poco de alcohol por allá, deudas, vergüenza, más alcohol y una vida rota. “Te pareces a mi hija”, decía. Terminamos en una cabina a punto de llamarla, pero eran las tres de la mañana y le dio miedo. Con ojos llorosos prometió hacerlo al día siguiente. No volví a verlo. Me temo que no lo hizo, aunque me gustaría pensar que sí, que ese fue el primer paso de una nueva etapa. De una vida mejor.

Cualquiera puede terminar en la calle. Lo difícil es salir de ella. La voluntad no llega para superar el miedo, la vergüenza y las barreras materiales. Imagínate ir a una entrevista de trabajo sin ducharte, sin ropa limpia. O alquilar una habitación sin dinero. Querer es poder sólo es posible cuando poder es una opción. Mientras los Andrés de la calle sobreviven, su visión nos incomoda y preferimos no pensar en ellos. Quizás por eso no reaccionamos ante actuaciones como las del Ayuntamiento de Madrid, que ha decidido que el agua a presión se lleve por delante lo poco que tienen quienes duermen en sus calles. Da igual que sean cartones sucios, colchones o papeles de identidad, juguetes, fotografías o cualquier recuerdo. Limpiar, lo llaman. El derecho de la propiedad mengua en importancia cuando no cotiza en Bolsa.

Quizás Almeida y su vicealcaldesa no sabían nada hasta que lo leyeron en la prensa. Es la magia de las subcontratas. Te sirven de excusa mientras diluyen el valor de lo público, la calidad del servicio y la capacidad de control de quien contrata. Pero ya lo saben. No vale seguir negándolo o afirmar que sólo están dando “un futuro a personas que lo han perdido todo”. ¿Qué harán ahora? ¿Qué haremos ahora? Pilar Mera es profesora de la UNED y politóloga. El País, 23 de junio de 2026.





























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