lunes, 22 de junio de 2026

EL ASUNTO DEL DÍA. EL BUEN NOMBRE DE ZAPATERO, POR ANA IRIS SIMÓN. 22 DE JUNIO DE 2026

 






Hay algo más valioso que cualquier patrimonio o título: el honor. Por eso Pedro Sánchez encomendó a los suyos defender “el buen nombre de Zapatero” en cuanto supimos que igual no era ese cándido cervatillo que muchos nos habían querido vender durante años.

A José Luis Rodríguez Zapatero le había ocurrido lo que Fidel Castro predecía para sí mismo: la Historia le había absuelto. Había sido un juicio rápido, además. En apenas diez años, el que fuera el impulsor del mayor austericidio ejecutado en la democracia española hasta entonces, el hombre que se pasó meses negando que la crisis económica más terrible que habíamos vivido en décadas fuera una crisis, vio como su imagen pública resurgía cual ave fénix. Incluso algunos de los que participaron en las protestas contra sus recortes, esos que venían para asaltar los cielos y se conformaron con apoltronarse en una nube, olvidaron todo aquello.

Porque Zapatero abrió la senda que recorrería el progresismo en las décadas que siguieron a su Gobierno: centrarse en las cuestiones de representación ante la dificultad (o la incapacidad) para abordar las de redistribución. Aprobar el matrimonio igualitario, la Ley de la Memoria Histórica y la de Igualdad mientras abaratas y facilitas el despido, reduces el salario de los empleados públicos, congelas las pensiones, eliminas ayudas a las familias o recortas los servicios públicos.

Y, al tiempo, recibir detallitos por parte de petromonarquías. Porque según ha difundido el entorno del expresidente en los últimos días, la bisuta de esmeraldas y zafiros que se encontró en la caja fuerte de su despacho dataría del año 2007 y habría sido un regalo de Arabia Saudí. Algo que entonces no era ilegal y que no había que declarar. Algo que, según el exministro Miguel Sebastián, parecía entrar dentro de la normalidad institucional. “¿Hay alguien que se crea que somos los únicos que hemos recibido regalos?”, se preguntaba irónico en La Sexta, repitiendo el argumento estrella de nuestra casta político-mediática estos días: el “y tú también”, que a veces se torna en “y tú más”.

Porque la polarización, sembrada a conciencia por las élites de izquierdas y de derechas, no sólo divide sino que también altera la escala moral con la que juzgamos las realidades. Cuando algo tan serio como la política, actividad presuntamente orientada a la gestión de lo público, se convierte en un partido de fútbol, los hechos importan cada vez menos; lo que cuenta es el color de la camiseta. Ya no hay ciudadanos críticos sino hinchas. Por eso hay a quien no se le hace raro que Zapatero cobrara 500.000 euros por trabajos de asesoramiento que, según sus propias explicaciones, respondían en buena medida a encargos verbales, no formalizados por contrato. O, en el otro lado, a quien no le extraña que el novio de Isabel Díaz Ayuso facturara cuatro millones a Quirón por trabajos de consultoría justo después de iniciar su relación con la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Y más allá del Congreso, de los juzgados y de los platós, la vida sigue: las familias hacen por vivir con salarios menguantes y precios crecientes, la idea de acceder a una vivienda digna cada vez se parece más a una utopía y los servicios públicos van de mal en peor. Pero en el próximo CIS nos llevaremos las manos a la cabeza porque los chavales desconfíen cada vez más de los partidos, rechacen cada vez más las instituciones y crean cada vez menos en la democracia. Porque, entre tanto intento por salvar nombres propios, nuestros representantes políticos se olvidan de no hundir los colectivos. Ana Iris Simón es escritora. El País, 20 de junio de 2026.























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