domingo, 18 de febrero de 2024

De la independencia de juicio

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo. ‘Los grandes cementerios bajo la luna’, la gran obra de Bernanos, es un ejemplo extremo de coraje y humanismo que demuestra que la decencia moral no es patrimonio de ninguna ideología. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. HArendt. harendt.blogspot.com








Georges Bernanos: un escritor en guerra contra las guerrillas de hoy
SERGIO DEL MOLINO
14 FEB 2024 - El País - harendt.blogspot.com

Vivimos tan sobreactuados por la tragedia de la actualidad que hemos devaluado el concepto de acontecimiento. Cuando cada noticia es decisiva, cada declaración política, atronadora y cada Madrid-Barcelona, el partido del siglo, el grano no asoma entre la paja. Cuesta reconocer los acontecimientos cuando se presentan. Esta semana, por ejemplo, ha sucedido algo importante de lo que casi nadie va a enterarse: la editorial riojana Pepitas de Calabaza publica Los grandes cementerios bajo la luna, de Georges Bernanos.
Que un sello pequeñito rescate un libro de 1937 de un escritor francés al que nadie lee en España puede parecer algo tan anecdótico que no merecería una columna en el diario más importante de España, pero Mafalda nos enseñó hace mucho a distinguir entre lo urgente y lo importante, y esto no será urgente pero es importante. Los grandes cementerios bajo la luna es uno de los libros básicos sobre la Guerra Civil española y uno de los más influyentes y citados. Por una anomalía que no me explico, llevaba años descatalogado e inencontrable en español. En Francia, en cambio, es un libro muy conocido.
Bernanos fue un novelista famosísimo en los años treinta, y en 1936 vivía en Mallorca, donde le sorprendió la sublevación militar. Seguidor del ultraderechista Maurras, Bernanos era un reaccionario sin complejos, adscrito a un catolicismo montaraz y monárquico que le llevó a entusiasmarse con Falange (su hijo Yves militó allí) y a celebrar a los nacionales como salvadores de la fe frente a las hordas rojas. Pero muy pronto tuvo noticias de la represión en la isla, y le espantaron la crueldad totalitaria, el terror de los paseos y los muertos en las cunetas y en las tapias del cementerio. Con rabia de hombre decente, escribió las páginas arrebatadas de este libro, que son una acusación contra la curia, contra los obispos y sacerdotes que bendecían la matanza y la llamaban cruzada.
Los grandes cementerios bajo la luna es un ejemplo extremo de coraje y humanismo que demuestra que la decencia moral no es patrimonio de ninguna ideología. Bernanos murió señalado como un traidor por sus antiguos camaradas, y como un héroe por sus enemigos políticos. No fue ni una cosa ni la otra; tan solo fue un escritor libre y un buen tipo que nunca puso su pluma al servicio de nada que no considerase justo. Y eso, que así dicho suena tan poca cosa, es tan extraordinario en estos tiempos de muros y guerrillas culturales que merecería mucha más atención de la que va a recibir. Sergio del Molino es escritor.































[ARCHIVO DEL BLOG] Lucha de clases, izquierda y derecha. [Publicada el 18/02/2018]












A veces, la mejor manera de entender una noticia es leerla con otra al lado. Sólo una comparación así nos puede permitir discernir de qué se habla realmente, escribe en El Mundo el filósofo, crítico cultural, profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana, Slavoj Zizek.
Tomemos como ejemplo, comienza diciendo, las reacciones que despertó un texto incisivo: en el verano de 2017 David Wallace-Wells publicó La tierra inhabitable, un ensayo que se convirtió inmediatamente en leyenda. El texto describe clara y sistemáticamente todo aquello que amenaza nuestra supervivencia, desde el calentamiento global a los potenciales mil millones de refugiados climáticos, así como las guerras y el caos que todo esto generará. Más que centrarnos en las reacciones más predecibles al texto (acusaciones de alarmismo, etcétera), deberíamos leerlo teniendo en mente dos hechos relacionados con la situación que describe. En primer lugar, por supuesto, la descarada negación de Trump a las amenazas medioambientales. Y después, el obsceno hecho de que los mismos multimillonarios que apoyan a Trump se están preparando al mismo tiempo para el apocalipsis, invirtiendo en refugios subterráneos de lujo donde podrían sobrevivir aislados hasta un año, con acceso a verduras frescas, gimnasios, etc. 
Otro ejemplo es un texto de Bernie Sanders y una noticia sobre su persona. Sanders escribió no hace mucho un incisivo artículo sobre el presupuesto republicano con un título que lo decía todo: El presupuesto republicano es un regalo para los multimillonarios: es Robin Hood al revés. El texto está escrito de manera clara, lleno de datos convincentes y observaciones ajustadas; así que, ¿por qué no tuvo más repercusión? Deberíamos compararlo con la cobertura de los medios a la indignación que ha generado el anuncio de que Sanders será uno de los ponentes en la velada inaugural de la próxima Convención de las Mujeres de Detroit. Los críticos arguyen que no es bueno que Sanders, un hombre, hable en una convención dedicada al avance de las políticas para los derechos de las mujeres. No importa que sea sólo uno de los dos únicos hombres entre 60 ponentes, y que no haya ponente transgénero (en este caso, de repente, la diferencia sexual se aceptaba sin que supusiera ningún problema). Tras esta indignada respuesta se escondía, por supuesto, la reacción hacia Sanders del ala pro-Clinton del Partido Demócrata: su incomodidad con la crítica izquierdista de aquél al capitalismo global de hoy en día. Cuando Sanders hace hincapié en los problemas económicos, se le acusa de vulgar reduccionismo de clase, mientras que a nadie le preocupa cuando los líderes de las grandes corporaciones apoyan el movimiento LGTB.
Por lo tanto, ¿se desprende de todo esto que nuestra tarea es destituir a Trump cuanto antes? Cuando Dan Quayle, no precisamente conocido por su alto coeficiente intelectual, fue vicepresidente de Bush senior, corría un chiste según el cual el FBI tenía una orden secreta si Bush moría: matar a Quayle inmediatamente. Esperemos que el FBI tenga la misma orden para Pence en el caso de que Trump muera o sea impugnado. Pence es mucho peor que Trump, un auténtico cristiano conservador. Lo que hace que el movimiento de Trump resulte mínimamente interesante son sus incoherencias: recordemos que Steve Bannon no sólo se opone al programa fiscal de Trump, sino que aboga abiertamente por aumentar los impuestos a los ricos hasta un 40%, y defiende que rescatar bancos con dinero público es "socialismo para ricos". A buen seguro que a Pence no le gusta oír esto. Bannon ha declarado recientemente la guerra, pero, ¿a quién? No ha sido a los demócratas de Wall Street, ni a los intelectuales liberales, ni a cualquier otro de los sospechosos habituales, sino a la propia clase dirigente del Partido Demócrata. Desde que Trump lo despidiera de la Casa Blanca, Bannon lucha por la misión de aquel en su estado más puro, incluso si esto le lleva a luchar contra el propio Trump. No olvidemos que Trump está básicamente destruyendo el Partido Republicano. Bannon tiene como objetivo una revuelta populista de los menos privilegiados contra las élites. Interpreta el mensaje de Trump del gobierno por y para la gente de manera más literal de lo que se atrevería nunca el propio Trump. Hablando claro, Bannon es como las SA en relación a Hitler, el populista de clase baja del que Trump se tendrá que deshacer (o al menos neutralizar) para que la clase dirigente le acepte y pueda funcionar sin contratiempos como jefe de Estado. Por eso Bannon vale su peso en oro: es un recordatorio permanente del antagonismo que afecta al Partido Republicano. 
La primera conclusión que por fuerza debemos extraer de esta extraña cuestión es que ha vuelto la lucha de clases como factor determinante de nuestra vida política, un factor determinante en el buen y viejo sentido marxista de "determinación en última instancia": incluso aunque parezca que nos jugamos algo totalmente diferente, desde crisis humanitarias a amenazas medioambientales, la lucha de clases se esconde detrás y proyecta su inquietante sombra. La segunda conclusión es que la lucha de clases es cada vez menos trasladable de manera directa a la lucha entre partidos políticos, y se trata cada vez más de una lucha que tiene lugar dentro de cada uno de los grandes partidos políticos. En Estados Unidos, la lucha de clases afecta al Partido Republicano (la clase dirigente del partido contra los populistas al estilo Bannon) y al Partido Demócrata (el ala de Clinton contra el movimiento de Sanders). No deberíamos olvidar, por supuesto, que Bannon es el icono de la alt-right o derecha alternativa, mientras que Clinton apoya muchas causas progresistas como la lucha contra el racismo y el sexismo. Aun así, al mismo tiempo tampoco deberíamos olvidar que la lucha LGTB es algo de lo que también podría apropiarse el liberalismo convencional contra el "existencialismo de clase" de la izquierda. La tercera conclusión concierne por ello a la estrategia de la izquierda en esta compleja situación. Mientras cualquier pacto entre Sanders y Bannon queda descartado por razones obvias, un elemento clave de la estrategia de la izquierda debería ser explotar sin piedad la división en el campo enemigo y luchar por los seguidores de Bannon. 
Resumiendo, no hay victoria de la izquierda sin una gran alianza con todas las fuerzas anti-élites. No debemos olvidar que nuestro verdadero enemigo es la clase dirigente capitalista global, y no la nueva derecha populista que es simplemente una reacción a su estancamiento. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt
















sábado, 17 de febrero de 2024

Del auge de la ultraderecha en Europa

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado. El giro a la derecha previsto en las próximas elecciones europeas, dice en El País el analista de política internacional Wolfgang Münchau, tendrá un enorme impacto en el programa político de la UE, y si de verdad interesa derrotar a la ultraderecha, quizá deberían empezar por manifestarse contra la austeridad. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. HArendt. harendt.blogspot.com







Resolver el problema
WOLFGANG MÜNCHAU
12 FEB 2024 - El País - harendt.blogspot.com

Los alemanes han salido a la calle para manifestarse contra un partido de extrema derecha, Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán). Las protestas se han producido tras conocerse que algunos miembros de esta formación política participaron en una reunión conspirativa para preparar la expulsión masiva de extranjeros. Comparto el sentimiento y la indignación contra los viles organizadores neonazis de esa reunión. Pero dudo que estas manifestaciones surtan mucho efecto. ¿Recuerdan la marcha del millón en Londres contra el Brexit? Las marchas contra el Brexit son una advertencia de que las batallas políticas se ganan en las urnas. No tiene sentido manifestarse contra las urnas.
Las razones del auge de la ultraderecha en Europa son las mismas en todas partes: migración; desindustrialización; oposición a las políticas verdes; resistencia a los valores sociales y medioambientales metropolitanos. En Alemania, la AfD alcanza ahora el 21% en los sondeos. El nuevo partido de Sahra Wagenknecht, una conocida política de la izquierda dura, cuenta con el apoyo del 7%. En total, la franja radical representa un tercio del total.
En las elecciones europeas de junio, se espera que la extrema derecha obtenga grandes avances en casi todas partes. No “ganarán” las elecciones en el sentido clásico. Pero según el análisis del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés), los dos grupos de extrema derecha juntos llegarán a ser aproximadamente tan grandes como el principal bloque de centroizquierda: los socialistas y demócratas, y los verdes. Este cambio de poder tendrá una enorme repercusión en la política de la UE. La era del dominio de la izquierda en la UE está llegando a su fin.
En el Parlamento Europeo, la derecha dura está representada por dos grupos. Uno es el de los Conservadores y Reformistas Europeos, el antiguo grupo de los conservadores. Su representante más destacado es Giorgia Meloni, primera ministra italiana, lideresa de los Hermanos de Italia. También incluye al partido polaco Ley y Justicia. El otro grupo de partidos es Identidad y Democracia, de extrema derecha. Engloba a la AfD, a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, al Partido por la Libertad de Geert Wilders en Holanda y la Lega de Matteo Salvini.
El Parlamento Europeo no tiene coaliciones formales que formen gobiernos. En cambio, tiene coaliciones de voto cambiantes. Por ejemplo, puede que no influya en quién será el próximo presidente de la Comisión. Las apuestas se decantan por un segundo mandato de Ursula von der Leyen. Giorgia Meloni la apoya, así como el centroderecha, el Partido Popular Europeo.
Pero el giro a la derecha tendrá un enorme impacto en el programa político de la UE. Para empezar, acabará con el Pacto Verde de la UE, el proyecto de más prestigio de la actual Comisión. La parte más controvertida del programa ha sido la Ley de Restauración de la Naturaleza, aprobada el pasado julio por una estrecha mayoría. La ley obliga a los países a reservar el 20% de su superficie terrestre y marina a la restauración de la naturaleza de aquí a 2030. Es uno de los motivos de las protestas de los agricultores de toda Europa. Lo consideran un proyecto paisajístico impuesto por gente que vive en las ciudades. Al igual que sucedió con el Brexit, el conflicto político en la UE también juega cada vez más con las líneas divisorias políticas entre las zonas metropolitanas y las provincias. Según las proyecciones del ECFR, la Ley de Restauración de la Naturaleza no se habría aprobado. Existiría una mayoría estructural antiecologista en el Parlamento Europeo.
El centro tiende a responde a la derecha con indignación. Sería más inteligente que se centrara en las políticas que han dado lugar al surgimiento de la extrema derecha. Esta es mi breve lista de tareas:
Primero, acabar con la austeridad. La austeridad es una máquina apocalíptica política en tiempos de crecimiento económico débil. El freno a la deuda de Alemania es la peor y menos flexible de todas las normas fiscales procíclicas de la UE. En teoría, debería permitir políticas anticíclicas. En la práctica, nunca funciona así. Los gobiernos siempre acaban optando por la austeridad porque es la vía de menor resistencia.
Segundo, abordar la desindustrialización de manera adulta. Los Gobiernos de Francia y Alemania fingen que no está ocurriendo. Intentan revertirla con subvenciones masivas a empresas industriales que no tienen ninguna esperanza de volver a ser rentables. La reindustrialización es una promesa que el centro no puede cumplir y que dañará aún más su credibilidad. Hay razones por las que los países avanzados de Occidente se están desindustrializando. Lo que los gobiernos deberían hacer más bien es proponer una estrategia para un orden posindustrial. El tono del debate se ha vuelto demasiado defensivo. Todo el mundo habla de amenazas y muy pocos hablan de oportunidades.
Tercero, hay que ser realistas en lo que concierne a Ucrania. A medida que Estados Unidos abandona su apoyo financiero y militar, todo el peso de la carga financiera recae sobre la UE. En tiempos de nuevas restricciones fiscales, Ucrania es un regalo del cielo para la extrema derecha. La UE debería trabajar en una estrategia de salida, que no sea la victoria total.
Y, por último, tomarse en serio la migración. Resuelvan el problema. Yo preferiría una política mucho más activa de compromiso con África y Oriente Próximo. No creo que la UE pueda proteger nunca sus porosas fronteras marítimas y sus pasos montañosos únicamente mediante la fuerza.
Lo que está ocurriendo ahora es que los errores políticos en serie de la última década —en política energética, en políticas industriales, en políticas de defensa y en la zona euro— están confluyendo. Veo la fuerza de la extrema derecha en Europa como un indicador de los fracasos políticos del centro. El Brexit no fue la consecuencia de que personas malas mintieran a personas estúpidas, sino que se debió a que la relación entre el Reino Unido y la UE se había vuelto insostenible. Si de verdad les interesa derrotar a la ultraderecha, quizá deberían empezar por manifestarse contra la austeridad. Y resolver el problema. Wolfgang Münchau es director de www.eurointelligence.com
 





































[ARCHIVO DEL BLOG] ¡Malditas patrias! [Publicada el 17/2/2017]











Mi admirada Hannah Arendt, en su tesis doctoral El concepto de amor en San Agustín, leída en 1928 en la Universidad de Heildelberg bajo la dirección de Karl Jaspers, expone que el amor al prójimo es para Agustín simplemente un medio para el verdadero fin, según él, de la vida humana: el disfrute de Dios tras la muerte, no un fin en sí mismo. Arendt, dice su comentarista el profesor Alfonso Ballesteros en Innovación versus conservación. La tensión entre la política y el derecho en la obra de Hannah Arendt, partiendo de esa convicción llega a la conclusión final de que no se puede amar a un pueblo, una nación, una idea, un partido, una patria; que únicamente se puede amar a las personas, a personas concretas e individualizadas. Una opinión que comparto, de ahí, quizá, mi repulsa al fenómeno nacionalista.
Una de las entradas más leídas del blog, a día de hoy en 2415 ocasiones, es la titulada Federalismo mejor que nacionalismo. Publicada el 22 de abril de 2011 en un lenguaje bastante procaz, inhabitual en mí, era producto del cabreo que me había provocado el espectáculo de banderas españolas y catalanas flameando en la final de la Copa del Rey de aquel año entre el Real Madrid C.F. y el Barcelona F.C. 
Soy un federalista convencido, decía en ella. No solo creo que el federalismo es la mejor forma, la más perfecta, de organizar políticamente una sociedad, es decir, de organizar un Estado, sino que como expresaba y sigo expresando en la columna de presentación del blog, es también el mejor marco donde desenvolver y desarrollar la autonomía personal, el autogobierno de los pueblos y los Estados, y la democracia como procedimiento y fin en sí misma. 
Las palabras significan lo que significan, pero muchas veces hacemos mal uso de ellas. Algunos por ignorancia, sin mala intención; otros malévolamente, con intención insana de mentir y de hacer daño. Por ejemplo, con la palabra "patria". Una hermosísima palabra cuyo significado original (y cito al respecto el diccionario de la lengua española de la RAE) no es otro que el de la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. También, el lugar, ciudad o país en que se ha nacido. Y si nos atenemos a su etimología latina, el lugar de nuestros padres. Lo malo se produce cuando esa hermosa acepción latina de "la tierra de nuestros padres", y por extensión, la nuestra, acaba convirtiéndose en epítome de lo más repugnante que tiene el nacionalismo, excluyendo de su goce a todos los demás. Es lo que están pretendiendo los nacionalismos populistas que están corroyendo a marchas forzadas los fundamentos últimos de la herencia común europea, o por citar ejemplos más cercanos, los nacionalismos catalán o vasco. Que de momento ninguno de los dos esté poniendo bombas es de agradecer, por supuesto, pero su desprecio moral por el "otro", es el mismo. Y en el caso vasco, las bombas acaban de callar como quien dice, ayer mismo.
No sé si casualmente, lo recuerdan Fernando Savater y Mario Vargas Llosa en sendos artículos aparecidos el domingo pasada en El País. El primero, Odio, de Savater, que se inicia con una frase de Stendhal: "Lector, no desperdicies la vida en odiar y tener miedo", está dedicado a la memoria de Joseba Pagaza, jefe de la policía local de Andoáin, asesinado por ETA tal día como ayer de hace catorce años. 
El odio causa hoy especial inquietud pública, dice Savater. Caracteriza un tipo delictivo, fomenta el odio y provoca la exclusión y la persecución del prójimo. Es el odio contra individuos o grupos humanos que nos envenena por semejanza con lo odiado, añade. Al final de Lucien Leuwen, sigue diciendo, Stendhal recomienda al lector, no desperdiciar la vida en odiar y tener miedo. Habla del odio y el miedo a personas o a nosotros mismos, señala, pero odiar ciertas ideas o ciertos comportamientos creo que es una forma de salud mental, añade. No debe ser considerado delito, sino casi una obligación. Por ejemplo, detestar la idea más abominable, la que considera a alguien culpable o despreciable por lo que es y no por lo que hace. Una idea que vuelve a estar de moda, si es que alguna vez dejó de estarlo.
Mañana, comenta Savater, nos reuniremos en Andoáin para recordar el asesinato de Joseba Pagaza. Yo no odio a Gurutz Aguirresarobe, dice, su asesino, juzgado y condenado, que purga su pena en prisión. Ni siquiera odio a los espías del pueblo, que dieron la información necesaria para el crimen y siguen impunes. Ni a sus amigos y familiares que dieron una rueda de prensa exculpatoria en el Ayuntamiento de Hernani, donde fue detenido, auspiciada por la entonces alcaldesa y hoy parlamentaria Marian Beitialarrangoitia. Odio la ideología tribal y obtusa de quien ordenó su muerte, de quien la ejecutó, de los que la justificaron. La odio porque sigue activa, emponzoñando almas e instituciones.
El otro artículo que deseaba comentar se titula El país de los callados, y está escrito por nuestro Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, glosando los años de sangre y terror provocados por el terrorismo etarra con la excusa de reseñar la reciente novela de Fernando Aramburu, Patria.
Debo haber leído decenas de artículos sobre ETA, dice Vargas LLosa, y muchos ensayos, pero sólo Patria (Tusquets Editores), la novela de Fernando Aramburu, me ha hecho vivir, desde adentro, no como testigo distante sino como un victimario y una víctima más, los años de sangre y horror que ha sufrido España con el terrorismo etarra. La novela nos seduce, nos soborna con su magia verbal y sus astutas alteraciones de la cronología y los puntos de vista, hasta convencernos de que aquella historia no está escrita, que es la vida pura y simple, y que estamos sumidos en ella viviéndola a la par que sus personajes. Hace tiempo que no leía un libro tan persuasivo y conmovedor, tan inteligentemente concebido, una ficción que es a la vez un testimonio tan elocuente sobre una realidad histórica como lo fueron, en su momento, la novela de Joseph Conrad The Secret Agent, sobre los anarquistas londinenses del XIX, o La Condition humaine, de André Malraux, sobre la Revolución China.
La acción transcurre en un pueblecito innominado, sigue diciendo, cercano a San Sebastián, donde dos familias, hasta entonces muy unidas, se van enemistando, trastrocando la amistad en odio, por culpa de la política. Mejor dicho, de la violencia disfrazada de política. Al principio, se diría que todos los vecinos hacen causa común con la subversión; eso indicarían las pintas, las pancartas, las manifestaciones ante el Ayuntamiento pidiendo la liberación de los presos, los cupos revolucionarios que pagan los pudientes a Patxo, el patrón de la taberna, discreto responsable político de ETA, los insultos y el asco que inspiran los despreciables “españolistas”. Pero, a medida que nos vamos acercando a la intimidad de las familias, y las escuchamos hablar en voz baja, sin testigos, comprendemos que la gran mayoría de los vecinos disfraza sus sentimientos porque tiene miedo, un pánico que los acompaña como su sombra. No es gratuito, porque la pandilla de los que sí creen, los convencidos, son unas temibles máquinas de matar, implacables cuando toman represalias y ahí están como prueba irrefutable los cadáveres que de tanto en tanto aparecen en las calles. Que lo diga Txato, un empresario empeñoso y buena gente, que, además de su familia, adora jugar al mus y hacer dominicales travesías en su bicicleta. ETA le pide cada vez más dinero y él lo entrega, para llevar la fiesta en paz, pero las demandas son cada vez mayores y, pasado cierto límite, deja de hacerlo. Entonces, todas las paredes del lugar se llenan de inscripciones llamándolo traidor, vendido, cobarde y miserable. La gente deja de saludarlo; el repugnante párroco, don Serapio, le aconseja marcharse. Hasta que una tarde lluviosa le clavan cinco tiros por la espalda.
Su viuda, Bittori, irá al cementerio a conversar con su cadáver a lo largo de los años, a contarle los avatares de su destrozada familia y su angustiosa duda respecto al etarra que lo mató: ¿será Joxe Mari, el hijo de su ex íntima amiga Miren, al que de niño el pobre Txato enseñó a montar en bici y acostumbraba comprarle chocolates? Joxe Mari, personaje estremecedor, muchacho forzudo, inculto y un tanto bestia, se hace terrorista no por razones ideológicas —su información política no va más allá de creer que España explota a Euskal Herria y que sólo la lucha armada logrará la independencia— sino por amor al riesgo y una confusa fascinación por los violentos. Seguimos muy de cerca su educación de terrorista, en la clandestinidad de Bretaña, su aburrimiento con la teoría y su excitación con las prácticas donde le enseñan a fabricar bombas, preparar emboscadas y matar con rapidez. Estamos con él, dentro de él, cuando comete su primer asesinato, cuando la policía lo captura y es torturado, y durante los largos, lentos años de una cárcel de la que, acaso, nunca saldrá vivo.
Las gentes de Patria, sigue diciendo, son héroes epónimos ni grandes villanos, sino seres comunes y corrientes, pobres diablos algunos de ellos, que no tendrían el menor interés en otras circunstancias. Los más interesantes no lo son porque posean virtud excepcional alguna, sino por la ferocidad con que se abate sobre ellos la violencia física y moral, condenándolos a unas rutinas hechas de hipocresía y silencio en “este país de los callados”, y por la estoica resignación con que soportan su suerte, sin rebelarse, sometiéndose a ella como si se tratara de un terremoto o un ciclón, es decir, una tragedia natural inevitable.
La atmósfera en que discurren estas vidas, añade, es uno de los grandes logros de la novela: pesada, agobiante, repetitiva, amenazadora. El tiempo apenas circula, a veces se detiene. Consigue este efecto una estructura narrativa audaz, hecha de pequeños episodios que no se suceden cronológicamente sino saltando, atrás y adelante, violentando la secuencia temporal, alejados o acercados para establecer entre ellos un contrapunto esclarecedor, una cronología en la que a menudo las consecuencias preceden a las causas y el pasado y el futuro se entreveran hasta convertirse en un presente que funde lo que ha ocurrido con lo que luego ocurrirá. El lector no se pierde en estos saltos temporales; por el contrario, se impregna de esa eternidad instantánea —el elemento añadido— en que parecen ocurrir las peripecias de la historia.
La novela está escrita, dice, en un lenguaje en que el narrador y los personajes se alejan o se funden, un punto de vista sutil y complejo, en que estas mudanzas se suceden de manera imperceptible, confundiendo lo objetivo y lo subjetivo, el mundo de los hechos y el de las emociones y fantasías, las cosas que de veras ocurren y las reacciones que ellas suscitan en las mentes. La novela construye de este modo una totalidad autosuficiente, la máxima hazaña de un novelista.
El libro, una historia tan infeliz como hechicera, continúa diciendo, es también una clara toma de posición, una rotunda condenación de la violencia, de los fanatismos e ignorancias que la suscitan. Y una descripción muy sutil de la degradación moral que ella provoca en una sociedad, corroyendo sus valores, enemistando y envileciendo a la gente, destruyendo las instituciones y las relaciones humanas. Pero evita, con buen tino, las disquisiciones ideológicas, limitándose a mostrar, a través de episodios escuetos y siempre seductores, cómo, sin quererlo ni saberlo, toda una sociedad de gentes sanas, sin misterio, va siendo arrastrada poco a poco, concesión tras concesión, a la complicidad y a veces a las peores vilezas.
Cuando Patria termina, ETA ha renunciado a la lucha armada y decidido actuar sólo en el campo político. Es un progreso, por supuesto. ¿Pero, se vislumbra alguna solución al problema de fondo, el condenado nacionalismo? El libro resulta más pesimista de lo que el autor quisiera. En la página final, las dos examigas, Miren, la madre del terrorista, y Bittori, la madre del asesinado, se abrazan, reconciliadas. Es el único episodio de esta hermosa novela que no me pareció la vida misma, sino una pura ficción. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt