domingo, 26 de abril de 2026

MARATÓN DE VIÑETAS DE HUMOR DE LA CUARTA SEMANA DE ABRIL DE 2026

 












































































































































































































sábado, 25 de abril de 2026

REVISTA DE PRENSA. EDUCAR ES ENSANCHAR EL MUNDO, POR PEDRO SILVERIO. ESPECIAL NOCHE TRES. 25 DE ABRIL DE 2026









«Educar es ensanchar el mundo, no encerrarlo en un catálogo de funciones productivas». Carlos Javier González Serrano (Madrid, 1985) es profesor de Filosofía en educación secundaria. Divulgador habitual de la filosofía en redes sociales y medios, ahora se ha adentrado en el ejercicio de su profesión de maestro para diseccionar lo que pasa en nuestro sistema educativo. En ‘El aula insurgente’ (Destino, 2026), aboga por recuperar la enseñanza en libertad como un valor principal por encima de las competencias y habilidades que tanto se promueven en la enseñanza. El conocimiento, no como una acumulación de datos, sino como el ingrediente que nos aporta la elaboración de criterio propio.

¿La educación se desvirtúa cuando se concibe solo como herramienta para adquirir habilidades profesionales? Seré contundente: la educación, y en general el ámbito social, se desvirtúa cuando el ser humano queda reducido y condenado a su dimensión meramente funcional. El asunto antropológico que discutir, de enorme hondura, no es tanto el de si hay que preparar al estudiantado para el mercado laboral (a trabajar se aprende trabajando) como el de los riesgos de trazar un perfil pedagógico de corte exclusivamente «competencial». Un perfil por competencias reduce al individuo a una serie de características estandarizadas, puntuadas de menor a mayor solvencia, conforme a las expectativas y exigencias que un sistema productivo en particular requiere de sus engranajes. Que encajemos, que estemos «fit», es lo que conviene a las élites financieras y políticas. Mi tesis es que el perfil competencial en educación reduce al estudiantado a una enfermiza funcionalidad, o lo que es peor, a la ilusión de ser funcionales y adaptativos. Sería absurdo negar la importancia de lo laboral en una vida en sociedad, pero no debemos dejar de recordar que el trabajo, o nuestra condición de fuerza de trabajo, no agota lo humano.

¿Por qué cree que cuesta tanto que la educación deje de ser un arma arrojadiza en la contienda política? A fin de cuentas, se trata de formar los mejores ciudadanos posibles. La educación no es un campo neutral, es el lugar, el espacio y el tiempo en el que se decide qué tipo de sociedad se quiere ser. Transformar al estudiante en un perfil optimizable («sé la mejor versión de ti mismo»), en un cúmulo de destrezas cuantificables o medibles al servicio del sistema productivo, es el intento de convertir la libertad en adaptabilidad. Si la educación se subordina a la productividad, deja de formar personas y pasa a replicar recursos humanos, y en este punto se da una renuncia política de enorme relevancia, porque educar debería ser lo contrario: abrir posibilidades, no cerrarlas. Educar significa ensanchar el mundo, no encerrarlo en un catálogo de funciones productivas. Defiendo con convicción que cualquier reforma educativa debería comenzar por blindar el conocimiento como un bien público y no como una herramienta subordinada al mercado o a la polarización política. Es urgente la creación de un pacto educativo que no se ciña a los aspectos técnico-pedagógicos, teñidos siempre de intereses partidistas, sino a los antropológico-culturales; un acuerdo que ponga de relieve el valor insustituible del conocimiento, la relevancia social del profesorado, del esfuerzo compartido por conservar lo común, la defensa del tiempo (lento) del aprendizaje. Un pacto educativo que estuviera centrado en el blindaje del conocimiento humanístico y científico como eje vertebrador del currículo, no subordinado a modas pedagógicas o demandas coyunturales del mercado; en el reconocimiento institucional, social y salarial del profesorado; en la protección efectiva del tiempo del aprendizaje; en la corresponsabilidad entre escuela y familias; y, por último, en la limitación de intereses tecnoeconómicos y políticos en la estructuración de los currículos. En definitiva, impedir la deriva ideológica del estudiantado para que puedan desarrollar un criterio propio al margen de cualquier vasallaje intelectual o emocional.

Señala que el exceso de estímulos que tenemos ahora dificulta la capacidad de comprensión. ¿Seremos capaces de adaptarnos a esta nueva realidad social o nos volveremos idiotas en el proceso.Adaptarnos, a qué precio y al servicio de quién. La adaptación no supone progreso, sino alineación (y alienación). De hecho, la adaptación a los imperativos productivos está teniendo efectos patentes, dentro y fuera del aula, con la pérdida progresiva de la atención (en niños, jóvenes y adultos) y de memoria y, lo que más me preocupa, el rapto de nuestra capacidad de comprensión. Cada vez cuesta más que un grupo de estudiantes pueda entender un texto complejo o disponer del tiempo necesario para hacerlo. El punto conflictivo respecto al exceso es que estimular no es solamente cognitivo, sino también político; quiero decir, que una sociedad que no puede mantener la atención o concentrarse es una sociedad polarizable, manipulable, dúctil. Se cumple el temor kantiano: es más cómodo delegar nuestra capacidad para decidir. Defiendo que, justamente, la escuela ha de ser ese espacio de resistencia ante la lógica de la delegación de nuestra libertad y nuestra responsabilidad. El aula es un (contra)tiempo que desacata los ritmos impuestos, y donde se defiende la emergencia de tiempos largos donde acontecen la lectura, la escritura, la reflexión, la conversación argumentada sin interrupciones.

Asegura que el mundo tiene que «realmarse» y eso solo puede comenzar en la escuela. ¿A qué se refiere? Estamos construyendo sociedades muy eficientes, pero profundamente desnortadas, desorientadas; sabemos hacer muchas cosas, e incluso la IA las hace por nosotros, pero no sabemos muy bien para qué hacemos lo que hacemos (y entonces aparecen los trastornos emocionales, la ansiedad, la depresión, las anhedonias, etc.). Más allá de esencialismos, con la expresión «realmar el mundo» me refiero al intento de devolver ese sentido al sinsentido de la inercia tecnoeconómica en la que nos encontramos. Existimos en la dimensión técnico-práctica (hago lo que sirve para tener más seguidores, para ser el que más gana, para tener relevancia), pero se está perdiendo la dimensión simbólica, ética y estética de la vida. Por eso niños, adolescentes y jóvenes se agotan, digamos, existencialmente a edades cada vez más tempranas, porque todo se mide por su utilidad. Realmar el mundo implica aceptar que no todo cotiza, que no todo ha de tener una rentabilidad. Que la rosa, como explica Angelus Silesius, florece porque florece, no tiene un porqué ni se le puede preguntar por él, al igual que a un niño que disfruta jugando. 

Sostiene que el alumno es alguien que llega «vacío» (sin alumbrar o sin cultivar). ¿Cree que el sistema actual permite o incentiva que adquiera conocimientos?. No me agrada la expresión «pensamiento crítico» porque suele usarse como si fuera una capacidad innata o una mera técnica. Lo principal es hacer ver a los jóvenes que está en su mano desarrollar un criterio propio para poder ver desde su propia perspectiva la realidad, generando un matiz. Cuando se difumina esta capacidad es cuando los jóvenes, pero también los adultos, caemos en la homogeneidad y en el criterio único. No se trata de enseñar «pensamiento crítico», que puede ser tan dogmático como otra competencia cualquiera de las que se intentan diseminar desde el sistema productivo, sino en hacer ver al alumnado que es posible desarrollar un criterio propio sobre la realidad.

Se habla mucho de que la educación debe centrarse más en habilidades que en conocimientos. ¿Tiene sentido hacer esta distinción? Me parece una dicotomía engañosa. No puede haber habilidad sin conocimiento, pero es lo que están intentando imponer: hacer sin saber por qué se hace lo que se hace. Automatismo, homogeneidad, inercia, sedación cognitiva e intelectual. Esta obsesión por las habilidades y las destrezas y las competencias ha degenerado en una pedagogía vacía en la que se habla de aprender a aprender pero se olvida el contenido del aprendizaje. Sin contenido no hay un pensar, un hacer, un responsable. El conocimiento importa. Es lo que más importa. Desde el aula deberíamos hacer ver al estudiantado que la rapidez, la aceleración y la falta de atención son síntomas, no hechos consumados.

Nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) están muy deslumbrados por el brillo de la popularidad que dan las redes sociales. ¿Cómo podemos convencerlos para que dejen de adorar ese becerro de oro y tengan más interés en el conocimiento? Nos jugamos todo en nuestro modo de ver el mundo. El mundo no es tanto «lo que es» como «lo que vemos» en él. Deberíamos preguntarnos no qué es el mundo, sino qué me permite ver mi mirada. Esa visión depende enteramente del material intelectual del que disponemos en nuestro acervo cognoscitivo: nuestra experiencia del amor se modifica cuando hemos leído a Shakespeare, nuestra perspectiva de la desigualdad cambia tras estudiar a Marx o Platón, nuestro modo de ver el totalitarismo se enriquece después de leer a Hannah Arendt, etc. El imperio de los algoritmos tiene mucha relación con la merma del conocimiento en las aulas. No es lo mismo la información que el conocimiento. La información nos invade y pretende polarizarnos emocionalmente; el conocimiento es el material intelectual desde el que nos es posible crear un criterio propio. Por eso es tan relevante hacer hincapié en la importancia del saber como fortín que nos permite defendernos de la manipulación intelectual y emocional. En este sentido, no sirve con condenar las dinámicas digitales de los jóvenes, debemos ofrecerles alternativas; el problema no es que niños y adolescentes busquen reconocimiento, eso es muy natural, sino que lo busquen y encuentren únicamente en espacios superficiales. 

Se ha debatido mucho sobre si es conveniente o no restringir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿De qué sirve la prohibición si el contexto sigue inalterado? Hay que combinar la regulación con la educación. Se habla mucho de una tal «alfabetización digital» mientras muchos niños y jóvenes son condenados a su presunta condición de «nativos digitales». Al parapetar a las generaciones más jóvenes bajo etiquetas como «nativos digitales» o «generaciones de cristal» ayudamos inconscientemente a que tengan la excusa perfecta para no cambiar sus modos de vida. Si se estimula a los jóvenes intelectual y cognitivamente, ellos responden. El error es suponer que no pueden reconfigurar sus hábitos y que la hiperestimulación es inevitable. Si nuestro cuerpo es un armario, debemos preguntarnos de qué lo estamos llenando.

Reivindica las vacaciones como un tiempo para desobedecer las servidumbres que nos imponemos. ¿Es posible que lleguemos a ser libres alguna vez? Me parece que la imaginación es uno de los goznes sobre los que debería girar la educación y la enseñanza en la actualidad, es decir, la capacidad para poder imaginar otras formas de ser y de estar en un mundo que nos exige una sola vía para medrar: rapidez, inconsciencia, gestión emocional, productividad, eficiencia. Dar vacaciones a nuestros imperativos: hacerlos nada, vaciarlos de sentido. ¿Qué tipo de realidad se nos presentará si solo pensamos en ser eficientes y dejamos de pensar en el Bien, en la Justicia, en la Verdad y en la Belleza? Es la máxima platónica: debemos tener la valentía de no olvidar lo inolvidable, lo que nos hace trascender el universo meramente productivo. La libertad no es una propiedad, es una acción, una praxis, y exige esfuerzo, denuedo, constancia: la libertad exige su continuo ejercicio. Las vacaciones tienen relación con un tiempo «libre» que nos ha sido arrebatado, con un tiempo propio. A mi juicio, educar también supone enseñar que no debemos estar permanentemente disponibles, que podemos decir no, que podemos elegir. Y que debemos hacerlo.

Habla de la necesidad de recuperar la tradición oral y el arte de la narración de historias. En un mundo cada vez más audiovisual puede sonar casi como algo que nos hace retroceder en el tiempo…El conocimiento está perdiendo peso en las aulas porque se supone que debemos transmitir competencias, habilidades y destrezas que nos ayuden a bregar en un mundo crecientemente tecnologizado. Ahora bien, sin el conocimiento, solo somos herramientas competenciales al servicio de sistema productivo, que únicamente desea tener nuevas piezas o engranajes dispuestas a cumplir con las funciones que nos son encomendadas para generar riqueza económica para que la rueda financiera no cese nunca. Por tanto, recuperar ese arte al que te refieres no significa retroceder, sino reconquistar una dimensión olvidada: la narración, la palabra compartida, la lectura en común, todo ello genera comunidad, urdimbre. Somos las historias que nos contamos, somos memoria construida y horizonte por construir y caminar.

Dice que la tarea del docente es habitar el aula. Estar. Siendo la profesión de docente una de las más denostadas por la sociedad («trabajan muy poco», «tienen muchas vacaciones», etc.), resulta llamativo que usted le reserve un papel tan pasivo. Antes de tener un teléfono móvil en nuestras manos deberíamos ayudar a los estudiantes a desarrollar un locus de control interno lo suficientemente fuerte como para que sepan y puedan elegir. Esa es la clave de nuestro tiempo histórico: seguir siendo poseedores de la potencia para elegir qué queremos hacer, y saber que nuestra voluntad está siendo constantemente espoleada por un sinfín de dispositivos tecnoeconómicos cuyo único cometido es el de desapropiarnos de nuestra capacidad de agencia y, por tanto, de nuestra capacidad de elección. La cuestión no es poder elegir entre muchas posibilidades, sino saber por qué elegimos lo que elegimos, reconquistar nuestra libertad. En este sentido, la presencia del profesorado ayuda. Ese «estar» al que aludes y que defiendo en el libro es un acto radical, un acto político. El docente no es un mero transmisor de contenidos, mucho menos un animador (como pretenden que seamos). El profesorado sostiene un espacio que cuida un tiempo insustituible, el del aprendizaje, y acompaña en procesos de pensamiento complejos, en el descubrimiento intelectual del mundo. Por eso, antes de llenar las aulas de dispositivos, necesitamos espacios donde alguien invite a pensar, a parar, a decidir con criterio propio. Si no animamos a desarrollar la capacidad para decidir, otros decidirán por nosotros. PEDRO SILVERIO es periodista. Publicado en Ethic el 17 de abril de 2026.




























REVISTA DE PRENSA. CUANDO ELLOS BAJAN EL NIVEL, NOSOTROS BAJAMOS… ESPECIAL NOCHE DOS. 25 DE ABRIL DE 2026

 





Amigos: La decisión de Virginia sobre la redistribución de distritos electorales del martes se ha descrito como una escalada en la "carrera armamentística" de redistribución de distritos entre estados republicanos y demócratas. No lo es. Cuando los demócratas se reunieron en Filadelfia en 2016, Michelle Obama declaró la famosa frase: "Cuando ellos bajan el nivel, nosotros lo subimos". Esa se convirtió en la supuesta disyuntiva moral a la que se enfrentaban los demócratas: o mantener la integridad y la dignidad de nuestras instituciones de gobierno o rebajarse al nivel de la destructividad republicana basada en la idea de que "el fin justifica los medios".

Eso fue entonces. Ayer, los demócratas de Virginia lograron aprobar uno de los distritos electorales para el Congreso con mayor manipulación electoral de Estados Unidos. El líder demócrata de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, declaró: «Cuando ellos actúan de forma mezquina, nosotros respondemos con contundencia».

Pero la verdadera disyuntiva no es entre subir o bajar los presupuestos. Lo que los estados demócratas están haciendo —y deberían dejar claro que lo están haciendo— es disuadir a los estados republicanos de bajar los presupuestos neutralizando cualquier ventaja política que estos últimos pudieran obtener de la redistribución de distritos.

Antes veía la elección exactamente como la describió Michelle Obama. Era bastante purista en lo que respecta a la manipulación de distritos electorales. Cuando presidía Common Cause, recorrí el país instando a los estados a crear comisiones independientes para decidir la forma de los distritos congresionales, en lugar de dejar esas decisiones en manos de los políticos.

Pero creo que Michelle Obama planteó una falsa disyuntiva. Prefiero que apuntemos alto, pero para ello primero es necesario disuadirlos de que apunten bajo. Aplaudo lo que han hecho los votantes de Virginia (y de mi estado, California). No lo veo como una traición a las reformas anteriores. La única manera de disuadirlos de que apunten bajo es igualarlos , no bajar más que ellos, sino igualarlos de una manera que elimine su incentivo para apuntar bajo en primer lugar.

Al fin y al cabo, todo empezó cuando el gobernador de Texas, Greg Abbott, siguiendo instrucciones de Trump, llegó al extremo de manipular drásticamente los distritos electorales del Congreso de Texas para conseguir cinco escaños republicanos adicionales y así permitir que los republicanos mantuvieran el control del Congreso tras las elecciones de mitad de mandato de 2026. El gobernador de California, Gavin Newsom, respondió redistribuyendo los distritos electorales de California, lo que probablemente le reportará cinco escaños a los demócratas.

Algunos temían que este ojo por ojo se convirtiera en una carrera hacia el abismo que erosionaría aún más la democracia estadounidense. Pero la amenaza de California en realidad tenía como objetivo salvar nuestra democracia neutralizando la probable ventaja de cinco escaños que los republicanos obtendrían gracias a la redistribución de distritos de Texas.

Posteriormente, los republicanos de Carolina del Norte y Misuri modificaron los distritos electorales para crear dos escaños con mayor probabilidad de ser republicanos, desequilibrando así la tregua establecida por los votantes de California. En esas circunstancias, Virginia actuó con justificación al responder para eliminar esa ventaja.

Anoche, el senador demócrata de Pensilvania, John Fetterman, expresó su consternación por la aprobación de la iniciativa de redistribución de distritos en Virginia, declarando: "Todos perdemos en este punto" porque "lo incorrecto no lo convierte en correcto". Fetterman advirtió que "si continuamos atacando al bando contrario, ya sea un estado republicano o demócrata, nuestra democracia se degrada".

No lo veo así. Si los demócratas contrarrestan lo que han hecho los republicanos —y nada más—, impiden que estos degraden la democracia. La medida de Virginia no es una traición a las reformas anteriores para limitar la injerencia política en la redistribución de distritos electorales. Forma parte de un esfuerzo continuo de los estados demócratas por igualar las acciones de los estados republicanos y, de este modo, disuadirlos de tomar nuevas medidas.

Los demócratas y los gobernadores de los estados demócratas deberían dejar claro que continuarán con la redistribución de distritos si los estados republicanos siguen recurriendo a la manipulación electoral extrema, y ​​que los estados demócratas no harán más de lo necesario para contrarrestar lo que hagan los estados republicanos.

Ohio podría impulsar un plan para eliminar dos escaños de la Cámara de Representantes en manos de los demócratas. Los republicanos de Florida también han propuesto rediseñar sus distritos electorales. Por ello, es importante que Nueva York, Maryland, Nueva Jersey e Illinois dejen claro que están dispuestos a redistribuir sus distritos para contrarrestar cualquier posible avance de los estados republicanos mediante la manipulación electoral.

Esto no es una carrera hacia el abismo. Es una forma de evitar tocar fondo. Cuando ellos caen bajo, nosotros también debemos hacerlo, pero solo para impedir que caigan aún más. ROBERT REICH es economista. Publicado en Substack el 22 de abril de 2026.














REVISTA DE PRENSA. KEVIN WARSH ES EL TÍTERE DE TRUMP, POR PAUL KRUGMAN. ESPECIAL NOCHE UNO. 25 DE ABRIL DE 2026

 






Kevin Warsh, el próximo presidente de la Reserva Federal, es un títere de Donald Trump. Pero eso ya lo sabíamos. La pregunta durante la audiencia de confirmación de ayer era si tenía el valor suficiente, si era lo suficientemente bueno actuando como para fingir que era algo más. Y la respuesta es no.

Hola, soy Paul Krugman con una actualización del miércoles. No vi ni escribí sobre la audiencia de Warsh porque no parecía que hubiera mucho en juego. De todas formas, será confirmado y hay muchas otras cosas sucediendo en el mundo. Pero pensé que debía dar mi opinión sobre lo que realmente aprendimos de la audiencia.

Ahora bien, sobre Warsh, es inteligente. Se le da muy bien decir cosas que suenan reflexivas e impresionantes, pero también es, y esto queda muy claro, un político partidista. Está a favor de la política monetaria restrictiva cuando un demócrata está en la Casa Blanca y a favor de la política monetaria expansiva cuando hay un republicano. Ha logrado afirmar que formó parte del gran rescate económico que tuvo lugar tras la crisis financiera mundial. Pero en aquel momento, aunque era miembro de la Reserva Federal, básicamente criticaba duramente a sus colegas por intentar hacer su trabajo.

Y a lo largo de los años ha formulado muchas críticas, pero siempre son muy selectivas. A menudo, cuando hace una declaración, uno se pregunta: ¿qué dijo exactamente? Porque suele usar un lenguaje complejo que suena sofisticado, pero cuando intentas descifrar su significado, es muy difícil de entender, salvo que, de nuevo, siempre hay problemas económicos si hay un demócrata en la Casa Blanca y facilidades económicas si hay un republicano.

Recientemente, Employ America, un grupo al que sigo, publicó un artículo sobre Warsh. No son muy partidistas; se dedican principalmente a análisis y predicciones de inflación, intentando anticipar cuál será la próxima cifra. Sin embargo, realizaron una crítica mordaz de sus posturas a lo largo de los años, en la que afirman que es un político partidista que ha optado por alinearse convenientemente con el presidente de turno, y que abandona sus principios "por lo que sea que convenga a sus intereses personales y partidistas". No es una descripción muy halagadora, pero parece bastante acertada.

Hubo una audiencia y prácticamente todo el mundo sabe quién es. Hay quienes, unos demócratas de centro, afirman encontrarle ciertas virtudes. Pero creo que todo es cuestión de estrategia. Creo que todos entienden lo que nos espera con Warsh. La pregunta en la audiencia era: ¿podría fingir? Porque suele ser bastante astuto. No es alguien que simplemente despotrica y suelta propaganda de MAGA.

Y le hicieron una pregunta que no tiene que ver con la política monetaria, pero que en realidad es una especie de prueba de fuego, no tanto para saber quién es, sino para ver qué está dispuesto a decir, al menos para no parecer un títere. Le preguntaron quién ganó las elecciones de 2020, una pregunta que no admite la menor duda. No hay nada en lo que la gente razonable pueda discrepar. Las acusaciones de fraude electoral no tienen fundamento, salvo que Donald Trump no puede admitir que perdió esas elecciones.

Y Warsh eludió la pregunta. Dijo: «Bueno, este organismo certificó esa elección, pero esa no es la cuestión». La cuestión es, básicamente, ¿está dispuesto a desafiar a Trump por una mentira tan obvia y grotesca? Uno pensaría que a Warsh le habría convenido decir: «Bueno, no, creo que Joe Biden ganó esa elección». Pero hacerlo implicaría mostrar cierta independencia, aunque no en la práctica, al menos retóricamente, de Donald Trump. Y él no lo haría.

También se le preguntó sobre el procesamiento infundado de Lisa Cook, sobre los cargos falsos presentados contra Jay Powell y se negó a tomar una postura en apoyo de las personas que serán sus colegas una vez que llegue a la Reserva Federal.

Así que lo que vimos no fue una prueba de su comportamiento, ni una prueba de sus posturas políticas. Es decir, no hubo debates políticos interesantes. Podríamos hablar sobre la reducción del balance de la Reserva Federal y otros temas similares, donde creo que las opiniones expresadas por Warsh son bastante erróneas. Pero eso no era lo que se estaba juzgando aquí.

Lo que se ponía a prueba era si podía al menos fingir que no era un completo inepto. Y la respuesta es no. Tiene miedo incluso de mostrar un mínimo de independencia verbal sin fundamento cuando se trata de Donald Trump, lo cual es grave.

Debería ser motivo de descalificación absoluta para el puesto, ya que presidir la Reserva Federal es una tarea importante. Requiere un juicio independiente y una gran credibilidad, puesto que la Reserva Federal es fundamental en momentos de crisis. Y en esos momentos, la gente, los mercados y, sobre todo, el público en general, necesitan creer que se trata de expertos serios que velan por los intereses de la nación, en lugar de por sus posturas políticas partidistas. Suspendió esa prueba estrepitosamente. Y, aun así, será confirmado. PAUL KRUGMAN es premio Nobel de Economía. Publicado en Substack el 22 de abril de 2026.



























DEL SABOR DEL CAFÉ. PP Y VOX, ABUSONES CONTRA LOS INMIGRANTES. ESPECIAL TARDE. 25 DE ABRIL DE 2026





 



En una interpelación digna de un repetidor de sexto de primaria, Santiago Abascal ha llamado Juanma Moruno al candidato popular a presidir la Junta de Andalucía. Hay que alabar la madurez del aludido, que no se ha dado por tal, a diferencia de su partido, que ha corrido a las faldas voxeras para demostrar que, a ellos, lo moruno no les gusta ni en pinchitos. De ahí los pactos en los que cierran el grifo a Cáritas (aunque luego lo medio abran), que se hagan la picha un lío exigiendo no sé qué arraigos a los extranjeros y boicoteen el proceso de regularización en las administraciones que controlan.

Además de los insultos paranomásicos, el ambiente de patio de recreo se nota en la actitud abusona del machote que acosa al débil. PP y Vox se han coligado para darle una buena tunda a los más desgraciados y frágiles. Los quieren humillar, que sufran una ordalía administrativa, vagando de ventanilla en ventanilla, haciendo colas de madrugada, desorientándolos en los laberintos burocráticos que manejan. Los ayuntamientos del PP se han propuesto hacer de cada trámite un pequeño infierno: tal vez no puedan frenar la regularización, pero se la van a hacer sudar, recordando a los beneficiarios en cada paso que no son nadie. Porque pueden. Como el bruto de la clase que pega collejas al pringadete.

Es tristísimo que un partido de Estado que ha gobernado y ha aprobado también varias regularizaciones y nunca ha desbarrado con asuntos migratorios se preste a un maltrato sobre los más débiles e indefensos de la sociedad, señalados por los ultras como la fuente de todo mal, solo porque un señor con rasgos morunos ha llamado Moruno a un candidato suyo. Basta echar un vistazo a la paciencia de estos desgraciados en las colas de los ayuntamientos, a sus ropas de segunda mano, al orden conmovedor de sus carpetas, listas para la inspección desdeñosa del funcionario, que ha recibido la instrucción de hacerles volver mañana, como cuando Larra; basta contemplar de lejos esa dignidad de suela gastada, digo, para encenderse de la rabia que ellos no pueden permitirse.

Indigna la frivolidad de los matones y asusta la impunidad con la que se asienta sobre una sociedad que ya no sanciona el racismo. Que moruno sea un insulto en el país del mudéjar y de Averroes, donde hablamos la única lengua romance que suspira invocando a Alá, donde hasta la capital tiene nombre islámico, y esta eligió como patrona a una deidad sincrética de etimología árabe, la Almudena, revela una ignorancia tan embrutecida que no sé cómo empezar a combatirla. Al menos, que conste mi asco. SERGIO DEL MOLINO es escritor. Publicado en El País el 22 de abril de 2026.

















AGURRA NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN. GAUR, LARUNBATA, 2026KO APIRILAREN 25A, EUSKARAZ

 







Kaixo, egun on berriro guztioi, eta larunbat zoriontsua. Liburuaren Egun zoragarria izan duzuela espero dut. Kanariar Uharteetan ez da tradiziorik elkarri liburu bat eta lore bat oparitzea, Katalunian bezala. Baina urteko lehen hilabete hauetan irakurri ditudan liburuen eta gainerako hilabeteetarako prestatu ditudanen balantzea egin nahi izan dut. Zehazki, neguaren hasieratik gaur arte, hemeretzi liburu irakurri ditut. Guztiak gustatu zaizkit, batzuk besteak baino gehiago, noski. Nire gogokoenak Marcel Proust-en *Denbora Galduaren Itzalean* liburuaren azken bi liburukiak izan dira; Platonen *Sokratesen Apologia*; Henry David Thoreauren *Walden*; Virgilioren *Eneida*; Laurence Sterneren *Tristram Shandy*; eta Lucía Sollaren *Loreak Jango Dituzu*. Aurtengo lehen hiru hiruhilekoetarako irakurketa plana osatzeko beste 21 liburu ditut irakurtzeko. Oso gomendagarriak dira. Baina gaurko blogeko sarreretara goaz. Lehenengoa, "Eguneroko gaia" atalean, Santiago Alba filosofoak idatzi du eta "Don Kixote eta Sánchez" izenburua du. Bertan, Don Kixoteren arrakasta, zeinaren lehen zatia 1605ean argitaratu zen, meteorikoa izan zen bere garaian, "inauteri itxurako" eleberri ezagunen artean salduenen zerrenda bat izan zen —Mikhail Bakhtinen terminoa erabiliz—, klase sozial guztiak barre eragiten zituena, baina hasieran ez zen literatur meritu handirik hartzen. Bigarrena 2017ko martxoko blog sarrera bat da, non Álvaro Delgado-Val filosofoak, "Politikan Iraultza Kontserbadoreari buruz" izeneko artikulu batean, Frantziako Iraultzak nola sortu zituen hainbat gertaera eztabaidatzen (idazten) zuen, batzuk besteak baino nabarmenagoak: Gizonaren eta Herritarraren Eskubideen Adierazpena, Marseillasa, hiru koloreko kokarda eta Bastillaren hartua, haurrek eskoletan ikasten duten edo filmek pantailan erakusten duten errepertorioaren parte direnak. Hala ere, alde hautemangarri gutxiago bat ere bazegoela argudiatu zuen: Iraultzak kontserbadurismoa ere sortu zuen. Eguneko poema, hirugarren atalean, "Ez dakizu zenbat urrun egin dudan" izenburua du, eta Fina García Marruz poeta kubatarrak idatzi du. Laugarren atalean, beti bezala, marrazki bizidun umoretsuak daude, eta amaitzeko, egunero bezala, "Arratsaldeko kafe ororen zaporea", gaur Sergio del Molino idazleak idatzia, "PP eta Vox, etorkinen aurkako jazarleak" izenburupean. Eta gaueko hiru saio bereziak, hurrenez hurren Paul Krugman ekonomialari Nobel saridunak sinatutakoak, "Kevin Warsh Trumpen txotxongiloa da" izenburupean; Robert Reich ekonomialariak, "Haiek langa jaisten dutenean, guk gurea jaisten dugu" izenburupean; eta Pedro Silverio kazetariak, "Heztea mundua zabaltzea da" izenburupean. Tamaragua, lagunok. Bihar arte, zorte andereñoak nahi badu. Zoriontsu izan zaitezte, otoitz egiten dizuet: merezi duzue. Musuak. Maite zaituztet. HArendt














ENTRADA NÚM. 10345

DEL TEMA DEL DÍA. DON QUIJOTE Y SÁNCHEZ, POR SANTIAGO ALBA RICO

 







El éxito del Quijote, cuya primera parte se publicó en 1605, fue fulminante en su época, un best seller de la novela popular “carnavalizante”, por decirlo con Mijaíl Bajtin, que hizo reír a todas las clases sociales, pero al que de entrada no se concedió un gran valor literario. Para que se incorporara al canon barroco español, junto a Lope, Góngora o Calderón, hubo que esperar 150 años, hasta los estudios del ilustrado valenciano Gregorio Mayans, muerto en 1781, quien reivindicó a un Cervantes neoclásico y formalmente conspicuo. Ahora bien, el Quijote (el Quijote) que conocemos, el que aprendimos y aprendemos en la escuela, el que opera en el imaginario universal a modo de un emblema, procede del siglo XIX; es decir, de esa combinación de romanticismo, nacionalismo y noventayochismo que acabó fijando, a través de Unamuno, Azorín y Ortega, la dimensión agonística del personaje, molde del “alma del pueblo español” y cifra de la oposición entre “lo ideal y lo real”. Es lo que se ha dado en llamar “quijotismo”, un concepto que se proyecta hacia atrás para cubrir el conjunto de la historia de España, siempre trágica y malograda, de la que podría decirse lo que el escritor Jorge de Sena decía de nuestro mellizo Portugal: “siempre hemos tenido grandes hombres que nacieron en el lugar equivocado”.

Hace poco volví a leer el Quijote y lo hice quizás desde un lugar en el que este “quijotismo” me resultaba, de pronto, un poco irritante. Lo confesaré sin ambages: esta vez don Quijote me ha caído mal. O mejor dicho: cuando el personaje logra ser don Quijote me enternece, aunque no me hace reír; cuando cede a la sombra de Alonso Quijano, me parece arrogante, regañón y clasista, un depresivo clínico atrapado en la conciencia de su irrelevancia y de su pobreza.

Sumiso al cliché decimonónico, George Orwell decía que todos llevamos dentro un don Quijote y un Sancho Panza y que nos toca decidir cuál de los dos queremos ser, dando por supuesto, claro, que lo mejor de nosotros se inclina del lado del caballero de la Triste Figura mientras que lo más bajo, lo más acomodaticio, lo más rastrero tira de nuestra alma hacia el escudero. No estoy seguro de esta visión. El “quijotismo” ha hecho mucho más daño a España que el sanchismo o, para evitar de momento el malentendido, que el sanchopancismo. El quijotismo, en efecto, ha prestigiado la derrota, el individualismo suicida y la defensa sin concesiones de los principios más abstractos, rasgos comunes al período que le tocó vivir a Cervantes y que han seguido alimentando, durante siglos, el imaginario nacional, tanto a la derecha como a la izquierda, y todos sus combates políticos. Las épocas quijotescas de España han sido las más violentas y las más frustrantes en un país que se ha sentido orgulloso muy a menudo de luchar contra molinos de viento mientras Europa fabricaba molinos de viento; y que ha empujado brutalmente a la locura a miles de hombres y mujeres dotados de planes sensatos y cuerdos. El Imperio español fue quijotesco, pero la defensa de la República entre 1936 y 1939 también sucumbió a este referente melancólico de heroísmo solitario y autodestructivo.

Frente a don Quijote, Sancho Panza me parece no solo inofensivo sino a menudo secretamente subversivo. Cuando cede a sus fantasías de títulos y rentas, es sin duda muy “español”, pero ocurre que casi siempre fracasa en este su proyecto de “españolidad”, tal y como su amo fracasa, al contrario, en su extravagante proyecto de “caballerosidad”. Cada vez que falla en su intento de ser “español”, en efecto, Sancho se revela muy poco convencional y casi anacrónico: tolerante con los extraños en un mundo castizo e inquisitorial, empático con los animales en un mundo egoísta y cruel, y ferozmente burlón con los poderosos en un mundo jerárquico e hipócrita. Pensemos, por ejemplo, en su encuentro con el morisco Pedro Ricote a la vuelta de la ínsula Barataria; o en sus lágrimas por el rucio en la aventura de las aceñas; o en su estancia en el palacio de los Duques, donde el escudero pone una y otra vez en evidencia la cortesía obsecuente, un poco servil, del caballero. Si hay dos Españas, Sancho representa, a mi juicio, la más sana y amable, la más preñada de posibilidades: una España popular, siempre traicionada por sus élites, que alberga, sí, el material humano de la “revolución pasiva” franquista —por evocar el título de una excelente obra de Villacañas— pero también los mimbres de una resistencia antropológica en la que han cabido y caben otros países posibles y varias naciones convergentes en una Europa compartida. Uno de los problemas de esta España histórica es que en ella todos, incluidos los Sanchos de izquierdas, en los momentos de crisis civil han querido parecerse a don Quijote y ser quijotescos.

Desde hace unas décadas España fabrica molinos de viento (y placas solares). Tiene la novena mejor sanidad pública y una de las mayores medias de longevidad del mundo. Registra los más bajos índices de criminalidad del continente europeo y los más altos de donación de órganos y de solidaridad en general. Ocupa los primeros puestos en todos los ranking de igualdad de género, libertad sexual y antirracismo. Plenamente integrada en Europa, España constituye hoy uno de los ejes económicos, políticos y éticos de la UE; y sigue siendo, contra la tendencia global, una democracia liberal relativamente bien asentada con un Gobierno tímidamente socialdemócrata. Estos logros insuficientes están hoy en peligro, lo sabemos, bajo el embate del neofascismo nacional e internacional, pero nos han permitido por primera vez acercarnos a la obra maestra de Cervantes de otra manera, fuera del molde interpretativo heredado del noventayocho y del franquismo, un molde que concebía el Quijote (y al Quijote) como Idea platónica del “alma nacional”, del ensimismamiento doloroso de nuestra historia y del heroísmo individual y derrotista de nuestro destino. Como decía Chesterton, una obra clásica es aquella que tiene un mensaje distinto para cada época. El Quijote ya no puede hacernos reír como en 1605, pero no tiene por qué hacernos llorar como en 1905. No solo nos sigue haciendo pensar, como todo hojaldre horneado en el tiempo histórico, sino que nos sugiere nuevos caminos que transitar y nuevas figuras que reivindicar.

En todo caso, si jugamos al juego de las “Españas”, podemos decir que hay al menos tres. La primera España es don Quijote, la segunda Sancho, la tercera “Sánchez”, ese apellido castizo (hijo de Sancho) que, además de nombrar al actual presidente del Gobierno, apela a esa España difícil, riña amortiguada entre naciones, cobijo de frikis, que legaliza inmigrantes, defiende el derecho internacional y se opone a la guerra; esa España que nunca ha sido más admirada fuera de nuestras fronteras con más o menos razón, pero por una razón honorable; esa España amenazada, en fin, por quienes querrían restablecer la bravuconería de los fuertes y la melancolía de los débiles, y la cochambre moral de los imperios.

Si hay que escoger entre don Quijote y Sancho, mejor Sancho. Pero si podemos leer hoy el Quijote al margen de esta oposición, entonces mejor “Sánchez”. Lo llamo “Sánchez” porque toda encrucijada colectiva necesita un epónimo. Mejor, es decir, el “sanchismo”, esa bicha promiscua cuyas loas entona nuestro amigo Jonatham Moriche con énfasis tragicómico y exacto y que tenemos que defender hoy no solo de la derecha neoimperial y sus trumpismos sino también de la izquierda izquierdista, del PSOE y del mismísimo Pedro Sánchez. SANTIAGO ALBA RICO es filósofo. Publicado en El País el 22 de abril de 2026.