jueves, 5 de marzo de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, VERDAD, HISTORIA Y JUSTICIA. PUBLICADA EL 22/10/2009 (REEDITADA)

 







He escrito "historia y justicia", a propósito, con minúsculas. "Verdad", no; por simple coherencia gramatical, al ser palabra inicial de escrito. Y las escribo con minúscula por no contradecirme a mi mismo, que soy bastante relativista en asuntos políticos, y de eso hablamos, de "política" (con minúscula), cuando nos enfrentamos a decisiones tan extravagantes como la de procesar a un juez que quiere saber la "verdad"...

Buscar la "Verdad" (con mayúscula) es labor de los historiadores; al menos intentarlo. También debería ser misión de los jueces, pero quizá eso sea pedir peras al olmo, pues bastante hacen si son capaces de aplicar la ley sin caer en el absurdo. Dejar la "Justicia" a cargo de un hipotético dios en una hipotética vida futura, resulta lo más cómodo para todos; sobre todo para los jueces. Así pués, me quedo con la "Historia", aunque sólo sea por deformación profesional.

Si de vez en cuando pongo por escrito una digresión de esas que el subconsciente me dice que debería contar hasta diez antes de escribirla, ésta es una de ellas; pero en fin, cada uno es cada uno, y yo soy como soy... Y todo, desencadenado por la entrada del Blog "Del alfiler al elefante" que hoy publica en El País mi admirado periodista y analista internacional Lluís Bassets sobre las "verdades" implícitas en las "historias" de Katyn y Auschwitz, y en esas otras "historias" españolas que, algunos jueces, se empeñan en desvelar y, otros, en ocultar... Cosas veredes, Sancho... 

Uno a uno, con un tiro en la nuca. Así hasta 21.857. La flor y nata de la oficialidad polaca, pero también millares de profesionales de toda condición. La élite de un país que no quería conformarse a su desaparición y al reparto de sus despojos entre Alemania y la Unión Soviética, las dos grandes potencias que lo habían ocupado en septiembre de 1939. Sucedió en la primavera de 1940, en los mismos días en que las cárceles y cuarteles de la España franquista se habían convertido también en un matadero de hombres, ejecutados también por razones políticas aunque de significado contrario.

El exterminio se realizó a propuesta de Beria, en carta dirigida a Stalin, fechada el 5 de marzo de 1940, y clasificada como ultrasecreta. El escrito ordena a la NKVD (la policía de Estado soviética) que juzgue en tribunales especiales, sin comparecencia de los detenidos y sin acta de acusación, mediante la mera producción de certificados de culpabilidad y que "se les aplique el castigo supremo: la pena de muerte por fusilamiento".

Meses más tarde, el 22 de junio de 1941, Hitler invadió la Unión Soviética. De los más de 22.000 polacos detenidos por los soviéticos 448 se salvaron del exterminio, fueron amnistiados y se integraron en el ejército polaco en el exilio al mando del general Anders. Los soviéticos y el propio Stalin se hicieron los locos respecto al ejército polaco aparentemente esfumado, hasta que los alemanes dieron la primera noticia del crimen cuando llegaron a Smolensko y descubrieron unas fosas comunes en el bosque de Katyn.

Tres fueron los campos de ejecución, pero sólo en Katyn, donde se asesinó al aire libre al pie de las fosas, quedaron evidencias suficientes de la matanza. Goebbels convirtió el descubrimiento en un arma propagandística, que le permitió neutralizar las noticias que empezaban a llegar sobre los campos de exterminio nazis. La reacción soviética fue salvaje: reconocer Katyn como el crimen soviético que era se convirtió en signo de colaboración con el nazismo. Los aliados actuaron sumisamente ante el dictador soviético: tanto el Roosevelt admirado por Obama y los progresistas como el Churchill adorado por Aznar y los neocons se sumaron al negacionismo de Katyn para complacer a su aliado.

En España, en cambio, se supo la verdad en seguida; verdad de un lado sin la verdad todavía más terrible del otro: a los españoles de los años 50 y 60 se les contaba una historia de Europa en la que estaba Katyn pero no Auschwitz. Lo contrario de lo que les sucedía a los otros europeos y americanos, que sabían de Auschwitz sin Katyn. En la historia soviética era peor: ni Auschwitz ni Katyn, todo confundido en la Gran Guerra Patria contra el nazismo con un solo héroe llamado Stalin; ni eran judías las víctimas de los campos, ni eran soviéticos los verdugos de Katyn.

La documentación probatoria, con la carta de Beria incluida, fue guardada celosamente en los archivos del PCUS, sin que tuvieran noticia de ella más que los máximos responsables soviéticos. Gorbachov eludió todas las peticiones para su publicación, incluidas la del general Jaruzelski, pero no pudo impedir que la perestroika lanzada por él mismo terminara haciendo luz sobre la matanza. En 1988, finalmente, Moscú admitió la responsabilidad de su policía de Estado en el crimen, aunque la presentación de las disculpas no se produjo hasta octubre de 1990. El día en que cedió el poder a Borís Yeltsin, en diciembre de 1991, le entregó personalmente la carpeta que contenía la carta de Beria a Stalin, con una indicación: "Temo que puedan surgir complicaciones internacionales. Pero eres tú quien tiene que decidir". En 1992, Yeltsin entregó la documentación al tribunal supremo de la Federación Rusa para que la adjuntara al proceso contra el PCUS como organización criminal, así como al presidente polaco Lech Walesa.

Se conoce casi todo de Katyn. Los nombres de los ejecutores y los responsables, los móviles del crimen y los documentos probatorios. Nadie ha sido acusado y ni siquiera interrogado en Rusia acerca de todo ello. Andrzej Wajda hizo hace dos años un filme estremecedor, que ahora se ha estrenado en España. Pero en la Rusia de Putin, la niebla cubre de nuevo la memoria del estalinismo. No es extraña la inquietud actual de los polacos.

Katyn tiene la misma edad que los hechos de similar crueldad cometidos por unos españoles contra otros españoles. Pero nuestro Tribunal Supremo ha querido procesar a Baltasar Garzón, el juez que quiere saberlo todo sobre aquellos crímenes. Es Katyn sin Buchenwald, Mauthausen y Auschwitz, todavía. (Fuentes: La matanza de Katyn, de Victor Zaslavsky y A puerta cerrada. Historia oculta de la Segunda Guerra Mundial, de Laurence Rees, también resumido en el artículo Katyn de la revista Claves de Razón Práctica, nº 191).



















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, LA ESPINA, DE TADEUSZ RÓZEWICZ

 







LA ESPINA




No creo

no creo desde que abro los ojos

hasta cerrarlos


no creo desde una orilla

hasta la otra

de mi vida


no creo

con la misma profundidad

con que mi madre

creía


no creo

al comer pan

al beber agua

al amar un cuerpo


no creo

en sus templos

en sus curas en sus signos


no creo

al pasar por la calle de una ciudad

por el campo

bajo la lluvia en el aire

dentro del resplandor

de la anunciación


leo sus parábolas

rectas como la espiga del trigo

y evoco a un dios

que no sabía reír


pienso

en un dios

pequeño y sangrante

que yace

en los blancos lienzos de la infancia


pienso

en una espina que desgarra

nuestros ojos nuestras bocas

ahora

y en la hora de la muerte




TADEUSZ RÓZEWICZ (1921-2014)

poeta polaco


























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 5 DE MARZO DE 2026

 





























miércoles, 4 de marzo de 2026

EL ESPECTÁCULO MÁS ESTUPIDO, TRISTE Y SÓRDIDO. ESPECIAL DOS DE HOY MIÉRCOLES, 4 DE MARZO DE 2026

 







Amigos, lo que le pasó a mi maravilloso y antiguo departamento es un ejemplo típico de lo que Trump le está haciendo a nuestro gobierno. Trump dice que no es responsable de lo que suceda en Irán. "Es responsabilidad de los iraníes". Actúa como si ni siquiera fuera responsable de lo que ocurre en su propio gobierno. Después de que agentes federales asesinaran a dos personas en Minneapolis y el jefe de la Patrulla Fronteriza, Greg Bovino, fuera despedido, Trump explicó con poca convicción: «Bovino es muy bueno, pero es un tipo bastante excéntrico. En algunos casos eso es bueno, tal vez no lo fue aquí».

Ayer la Casa Blanca destituyó silenciosamente a los dos principales asesores de Lori Chávez-DeRemer en el Departamento de Trabajo porque, bueno, ellos también eran bastante excéntricos. Parafraseando a Daniel Webster cuando habló ante la Corte Suprema sobre el Dartmouth College en 1819, el DOL es un departamento pequeño, pero hay quienes lo adoran. Me encantó desde el momento en que entré al edificio Frances Perkins en Constitution Avenue como secretario de Trabajo en enero de 1992. Me encantó su misión: proteger y elevar el nivel de vida de los trabajadores estadounidenses. Me encantó su historia. La primera secretaria de Trabajo, Frances Perkins —nombrada por Franklin D. Roosevelt en 1933—, también fue la primera secretaria del Gabinete de Estados Unidos. Fue la figura clave detrás de la creación de la Seguridad Social, la semana laboral de 40 horas, la Ley Nacional de Relaciones Laborales y mucho más. Su cuadro colgaba detrás de mi escritorio en mi enorme oficina del segundo piso. Siempre que me sentía desanimada, la miraba y me animaba. (Aunque soy judía, la llamaba Santa Francisca). Admiraba al personal de carrera del Departamento de Trabajo, dedicado a ayudar a los trabajadores estadounidenses. Me impresionaron profundamente los subsecretarios, el subsecretario, el jefe de gabinete y otros funcionarios designados con quienes trabajé arduamente, a menudo seis o siete días a la semana, desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche. Nunca antes ni después tuve el privilegio de trabajar con personas tan talentosas que se preocupaban tanto por lo que estaban logrando para el pueblo estadounidense y que tuvieron un impacto tan positivo en tantas vidas. Aumentamos el salario mínimo por primera vez en muchos años, incluso con un Congreso controlado por los republicanos. Implementamos la Ley de Licencia Familiar y Médica. Luchamos contra las fábricas clandestinas. Nos enfrentamos a las grandes corporaciones que estafaban a sus empleados. Mantuvimos a los trabajadores seguros. Bueno, podría seguir y seguir. (Y lo he hecho en mi libro "Encerrados en el Gabinete" , que también pueden encontrar aquí , pero por favor, no lo pidan desde aquí ).

¿Por qué les cuento todo esto? Porque me parte el corazón. El maravilloso departamento que una vez amé se está convirtiendo en una mierda. Culpo a Trump. Él fue quien nominó a Chávez-DeRemer como su secretaria de Trabajo. ¿Es inapropiado que una exsecretaria de Trabajo critique a una actual? Quizás, pero me da igual. Se lo merece. Como he señalado, ayer la Casa Blanca les dijo a sus dos principales asesores —el jefe de gabinete Jihun Han y la subsecretaria Rebecca Wright— que renuncien o serán despedidos. Los investigadores afirman que la pareja creó un ambiente laboral tóxico. Supuestamente, abusaban verbalmente del personal, silenciaban a los críticos dentro del departamento y organizaban viajes de placer financiados con fondos públicos para Chavez-DeRemer, buscando conferencias o charlas donde pudiera presentarse y luego escabullirse. Creo que Han y Wright están cargando con la culpa por Chavez-DeRemer, quien todavía enfrenta acusaciones de beber durante la jornada laboral de un "escondite" de alcohol en su oficina, llevar a subordinados a un club de striptease de Oregon durante un viaje oficial y tener una aventura con un miembro de su equipo de seguridad. En enero, fuentes anónimas describieron a Chávez-DeRemer como la “jefa del infierno” y dijeron que exigía a sus empleados que hicieran recados personales para ella o realizaran otras tareas menores no relacionadas con sus trabajos en el gobierno. Mientras tanto, a su esposo se le ha prohibido la entrada al Edificio Frances Perkins después de que el personal femenino lo acusara de insinuaciones sexuales no deseadas. Su abogado afirma que las acusadoras están conspirando con empleados del departamento para obligar a Chavez-DeRemer a dejar el cargo.

Más de dos docenas de empleados del departamento de todo el espectro político describen en entrevistas con The New York Times un lugar de trabajo tóxico caracterizado por una secretaria ausente, asistentes hostiles y un personal profundamente desmoralizado. Es un jodido desastre. Por lo que he oído, otros departamentos están casi igual de mal. El Departamento de "Guerra" de Pete Hegseth sufre una crisis constante. El Departamento de Seguridad Nacional de Kristi Noem está en ruinas. El Departamento de Justicia de Pam Bondi es un desastre.

Casi todos los departamentos y agencias del gobierno federal se han convertido en un nido de ratas traicioneras. Un caos total. Personal de carrera contra funcionarios políticos y viceversa, funcionarios políticos contra otros funcionarios políticos. Malversación flagrante del dinero de los contribuyentes, tráfico de influencias, conflictos de intereses, depredación sexual y abusos a empleados de bajo nivel.

Esto es lo que pasa cuando tienes un presidente y un equipo de la Casa Blanca a quienes les importa un bledo a quién nombran para puestos de poder, salvo su lealtad a Trump y su imagen en televisión. Además, hay republicanos en el Congreso que no supervisan estos departamentos porque les da igual.

La única razón por la que la Casa Blanca expulsó ayer al adjunto y jefe de gabinete de Chávez-DeRemer fue para protegerla, con el fin de proteger a Trump.

A Trump y a sus asistentes de la Casa Blanca les parece bien que sus designados destruyan nuestro gobierno porque no les importa. ¡Diablos!, llegaron al gobierno para destrozarlo. Si la gente pierde la confianza en, por ejemplo, el Departamento de Trabajo, no hay problema. Si el Congreso recorta drásticamente sus fondos, mucho mejor. Me enfurece porque he visto al gobierno trabajar para la gente. He visto a servidores públicos que se preocupan profundamente y se esfuerzan al máximo por este país. Sé lo importante que puede ser el gobierno si cumple con su deber. Amaba al Departamento de Trabajo porque ha mejorado la vida de millones de estadounidenses. Trabajé con ahínco como secretario de Trabajo porque creía en lo que hacíamos. Que ahora lo traten como basura es un insulto a generaciones de empleados del Departamento de Trabajo que se esfuerzan, a los trabajadores estadounidenses, a Estados Unidos.

Lo mínimo que podemos hacer todos es cambiar el gobierno del Congreso en noviembre, para que los senadores y representantes que se preocupan por este país puedan supervisar estos departamentos y tratar de remediar algunos de los daños que han causado Trump y sus designados. Robert Reich es profesor de la Universidad de California en Berkeley. Artículo publicado en Substack el 4 de marzo de 2026.























LA REALIDAD SE IMPONE EN LA NUEVA GUERRA DE TRUMP. ESPECIAL UN0 DE HOY MIÉRCOLES, 04/03/2026

 






¡Sorpresa! La guerra en medio de los yacimientos petrolíferos más importantes del mundo tiene consecuencias. El lunes, la reacción del mercado a la guerra de Trump/Netanyahu con Irán fue sorprendentemente moderada. Las acciones se mantuvieron prácticamente sin cambios. Los precios de los futuros del petróleo y el gas subieron, pero solo moderadamente. Ayer la realidad aparentemente empezó a imponerse, aunque las acciones recuperaron la mayor parte de sus pérdidas iniciales. Éste será un post breve, con algunas malas noticias y algunas buenas noticias.

La mala noticia viene en dos partes. En primer lugar, cualquier esperanza de que esta guerra sea extremadamente breve se desvanece. La administración Trump quizá imaginó que decapitar al gobierno iraní traería un cambio de régimen rápido, pero el Estado Islámico no es un gobierno de simples matones; sí, son matones malvados, pero también son fanáticos religiosos serios que enfrentan lo que para ellos es una amenaza existencial, y su control del poder no es fácil de romper. Además, es dolorosamente obvio que Trump y compañía no tenían otro plan que bombardear Irán, asesinar a sus líderes actuales y esperar que algo bueno sucediera.

En segundo lugar, una guerra en medio de la región petrolera más importante del mundo —que también es una fuente clave de gas natural licuado— inevitablemente tiene graves consecuencias para los precios de la energía. En otros tiempos, la superioridad aérea de Estados Unidos e Israel podría haber limitado la capacidad de Irán para dañar a sus vecinos. Pero en una época en la que incluso potencias de tercera categoría tienen la capacidad de lanzar misiles y drones, Irán cuenta con un enorme arsenal de drones y también con misiles balísticos destructivos, difíciles de interceptar y con un alcance de 1930 kilómetros.

La embajada de Estados Unidos en Arabia Saudita fue atacada por dos drones . Los aeropuertos de Dubái, Abu Dabi y Doha, así como el consulado estadounidense en Dubái, también fueron atacados.

Las autoridades estadounidenses han instado a todos los estadounidenses de la región a irse, pero lo hicieron después de que casi todos los vuelos hubieran sido cancelados. Solo ahora anuncian que organizarán vuelos en aviones militares y chárter, un puente aéreo que tendrá que ser inmenso, dado que seguramente hay decenas de miles de estadounidenses varados actualmente. ¿Mencioné que Trump y compañía claramente fueron a la guerra sin un plan?

Los objetivos potenciales en riesgo incluyen partes clave de la infraestructura energética de la región. Sobre todo, la guerra amenaza el tráfico de petroleros a través del Estrecho de Ormuz, vía por la que la mayor parte del petróleo y el gas de Oriente Medio llega normalmente a los mercados mundiales. Y el riesgo de ataques iraníes ha cerrado el Estrecho. Ayer, Trump, obviamente esforzándose por limitar los daños, declaró que está ordenando a la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo de Estados Unidos que proporcione "garantías para la seguridad financiera de todo el comercio marítimo, especialmente el energético, que transita por el Golfo", además de ordenar a la Armada que proporcione seguridad. ¿Tenemos los recursos para hacer todo eso? Por si te lo estás preguntando, hay 42 galones en un barril.

De hecho, es difícil entender por qué los precios del petróleo no han subido aún más. "¿Por qué el petróleo no ha alcanzado los 100 dólares por barril?", pregunta el Financial Times . La mejor respuesta parece ser que, incluso ahora, los operadores apuestan a que el estrecho de Ormuz no permanecerá cerrado más que unos pocos días. Ojalá me equivoque, pero preveo que el estrecho permanecerá cerrado durante semanas a pesar de las garantías de Trump.

Ahora, la buena noticia: incluso si los precios del petróleo suben mucho, a 100 dólares por barril o más, no necesariamente desencadenará una crisis económica. El lunes expliqué por qué : Estados Unidos y otras naciones avanzadas dependen mucho menos del petróleo que en la década de 1970, cuando las crisis petroleras sí causaron importantes perturbaciones económicas.

Es cierto que Europa, que depende en gran medida del GNL importado tanto de Oriente Medio como de Estados Unidos, se verá más afectada que nosotros. Sin embargo, incluso con un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz, Europa se enfrentará a un impacto menor que el que sufrió tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.

Mis cálculos aproximados indican que un aumento de 15 dólares por barril en el precio del petróleo, como ha ocurrido hasta ahora, incrementará los precios al consumidor en Estados Unidos en aproximadamente un 0,3 %. Un aumento de 50 dólares por barril desde el nivel previo al bombardeo, que elevaría el precio a más de 120 dólares, incrementaría los precios al consumidor en aproximadamente un 1 %. Para ponerlo en perspectiva, eso es aproximadamente lo que han hecho los aranceles de Trump. Sin embargo, estos aranceles, aunque han sido perjudiciales, no han causado una inflación galopante ni una recesión. El aumento de los precios del petróleo por sí solo tampoco lo hará , incluso si superan con creces los 100 dólares por barril.

Sin embargo, la clave es que esta última crisis económica no se produce por sí sola. Los aranceles —y la enorme incertidumbre que generan para el futuro— no han desaparecido. Tampoco las draconianas políticas antiinmigrantes y su creciente lastre económico. Existe una preocupación generalizada por la IA, tanto como una burbuja que podría estallar como un factor que impulsa la pérdida de empleos. Y muchas personas, incluyéndome a mí, estamos preocupadas por la estabilidad financiera: en muchos sentidos, hemos recreado los riesgos de la «banca paralela» que posibilitaron la crisis de 2008. Ahora hemos añadido un nuevo nivel de incertidumbre masiva. Tengan en cuenta que esta ni siquiera es una guerra por elección; es una guerra caprichosa, marcada por una falta casi total de planificación.

No se deben exagerar las consecuencias económicas de esta guerra. Pero no ocurre de forma aislada: nuestra economía está sometida a muchas presiones, y esta podría ser la gota que colma el vaso, una gota que se vuelve más pesada cuanto más se prolonga la guerra. Además, si Trump se muestra tan errático ahora, ¿qué hará a medida que se acercan las elecciones intermedias? Paul Krugman es premio nobel de economía. Artículo publicado en Substack el 4 de marzo de 2026.

















SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA. HOXE, MÉRCORES, 4 DE MARZO DE 2026, EN GALEGO

 







Ola, bos días de novo a todos e a todas, e feliz mércores 4 de marzo de 2026. Unha vez máis, ao achegarnos ao punto medio da décima semana do ano, o mundo segue igual: xirando sobre o seu eixo e arredor do Sol. Un bo sinal… Imos ás entradas do blog de hoxe. Na primeira, o escritor Sergio del Molino comenta o fenómeno tan actual dos "therian", sinalando que a antiga pudor burguesa das novelas do século XIX, base do antisemitismo do século XX, se está a renovar en formato dixital pero coa mesma agresividade. Na segunda, unha entrada do blog arquivada de abril de 2017, o escritor Javier Marías, falando sobre as procesións de Semana Santa, dixo que era estraño observar como algúns costumes infantís sobreviven mentres que outros se esquecen para sempre. O poema de hoxe, na terceira sección, titúlase "O anuncio da nova economía", do poeta español Juan Antonio Bernier. E a cuarta e última sección, como sempre, presenta as viñetas humorísticas do día. Ata mañá, amigos meus. Se a Deusa Sorte ten a bondade, ata mañá. Sede felices. Bicos. Quérovos. HArendt















ENTRADA NÚM. 9919

OJALÁ TE SALGA UN HIJO THERIAN

 











El viejo recato burgués de las novelas del XIX, base del antisemitismo del XX, se renueva en formato digital pero con la misma agresividad, comenta en El País el escritor Sergio del Molino. He aprendido estos días que los therians son chavales a los que les gusta disfrazarse de animales, comienza diciendo. He aprendido también, gracias a un reportaje de Paola Mendoza y Ángel Munárriz, que su existencia, hasta ayer secreta, fue aventada primero por agitadores ultras argentinos, hasta que millones de personas los señalaron como otro sello que se rompe en el apocalipsis de la civilización. Figúrense: gente que se cree perro, el final de la especie, la degradación última de lo woke, el lodo cultural al que nos ha llevado todo este libertinaje sexual. También he visto a miles de garrulos burlándose de una niña de 15 años que acudió a la Puerta del Sol con la ilusión de encontrarse con otros therians y se quedó atrapada en una red de teléfonos móviles y acosadores, la plaza convertida en un patio de colegio superpoblado de matones.

La pobre niña aguantando el tipo ante una masa de desalmados me desgarró. Era una alegoría perfecta de la soledad y la crueldad de un mundo radicalmente intolerante y violento. Entiendo los mecanismos de la agitación y la propaganda, y cómo los agentes provocadores usan una subcultura minoritaria para azuzar el odio, pero la jugada no les saldría tan redonda si el balón no rodase sobre un suelo muy bien abonado. No hay ningún propagandista bulero tan poderoso como para despertar una agresividad tan unánime hacia críos indefensos. Tan solo están recogiendo la cosecha que muchos otros sembraron hace años.

Conforme la democracia se agrieta y se vuelve temblona e indecisa, crece la hostilidad hacia los raros. Una nueva normalidad se impone con insultos y risotadas, la normalidad de quien se siente mayoría, legítimo representante de la gente (antes lo llamaban pueblo) y abanderado del sentido común, que es el más abyecto de los sentidos, pues en su nombre se han montado las peores carnicerías. El viejo recato burgués de las novelas del XIX, sobre el que cabalgaron los cuatro jinetes del antisemitismo del XX, se renueva en formato digital pero con la misma agresividad. Hoy, como ayer, señala como amenaza cualquier vida distinta, cualquier manifestación de libertad, cualquier diversión que violente su muy estrecho sentido del decoro.

Unos hijos therian les deseo a toda esa gentuza que parece que se corta el pelo en la misma peluquería y se viste en la misma tienda. Ahora que han popularizado un fenómeno inexistente, ojalá se vuelva masivo y descubran que sus hijos adolescentes quedan los sábados para olerse el culo con máscaras de scottish terrier, en vez de emborracharse con garrafón y vomitar entre los coches aparcados, como hacen las personas decentes.



















DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, A CALLES TÉTRICAS, FESTÍN PAGANO. PUBLICADO EL 18/04/2017

 










Es extraño cómo perviven algunas costumbres de la infancia, comenta el escritos Javier Marías en El País (02/04/2017) mientras que otras se olvidan para siempre. Para parte de mi generación, de la anterior y de la siguiente, la horrorosa Semana Santa tiene un lado divertido y festivo cuyo origen, sin embargo, se remonta a uno de los rasgos más siniestros de aquélla. Hoy cuesta creerlo, pero durante todo el católico-franquismo, la Iglesia logró arrancarle al régimen no pocas imposiciones para el conjunto de la ciudadanía. De niño y adolescente odiaba esa época con todas mis fuerzas: no era sólo que las calles –exactamente igual que ahora– se vieran tomadas impune y abusivamente por tétricas procesiones de encapuchados, enlutadas señoras ceñudas, penitentes descalzos que se azotaban los lomos y ominosas trompetas y tambores, como si los zombies más atroces se apoderaran del espacio público, o quizá el Ku-Klux-Klan con libertad plena para sus aquelarres crematorios. Era que durante ocho interminables jornadas –o eran diez, desde el llamado Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección que ponía fin a la pesadilla–, la radio y la televisión tenían prohibidas las canciones “alegres”, es decir, casi todas las canciones; los cines se veían obligados a interrumpir sus programaciones normales y a proyectar películas “piadosas”, por lo general sórdidas y soporíferas; en los hogares católicos (y el de mis padres lo era, sin la menor exageración, por suerte), a los niños se nos reprendía si cantábamos o silbábamos –en aquellos tiempos se cantaba y silbaba mucho, y por eso los españoles sabían entonar y no hacer gallos, a diferencia de hoy: la educación musical abandonada como la de la Filosofía y la Literatura–. “No debéis mostrar alegría”, nos regañaban las abuelas, “porque estos son días de luto y de gran lamento”. No entendíamos que se lamentara por decreto una imprecisa leyenda con veinte siglos de retraso. ¿Teníamos que estar tristes por eso críos de nueve o diez años, tendentes al contento? Ni un cine desobedecía: supongo que los multaban o cerraban si alguno se atrevía a exhibir un western, o una bélica o de risa, no digamos una comedia como Con faldas y a lo loco, que la Iglesia consideraba obscena.

Los niños temíamos aquella eternidad de capirotes malignos, de efigies feas y tenebrosas, aquella celebración malsana (¿cuántas procesiones diarias?, ¿cuántas sigue habiendo en 2017?) de remotas truculencias. No nos engañemos: aquellas Semanas Santas se parecían enormemente a los territorios hoy controlados por el Daesh o por los talibanes, en los que todo está vedado: la alegría, la música, el tabaco, el alcohol, la risa, el fútbol, el baile, la cara afeitada, un centímetro de piel descubierta, todo. Al menos aquí no se latigaba ni degollaba al infractor. Pero el espíritu era similar.

Durante ocho interminables jornadas, la radio y la televisión tenían prohibidas las canciones “alegres” y los cines debían proyectar películas “piadosas”.

Sin embargo, había un resquicio. Entre las películas “piadosas” se aceptaban las bíblicas y las que sucedían en tiempos de Cristo, con mayor o menor presencia de lo religioso. Lo cual significaba, en la práctica, que se proyectaban masivamente “las de romanos”, como entonces se las conocía (el término peplum se popularizó más tarde). Y como algunas de las de aquella época eran excelentes, y principalmente de aventuras, los niños nos refugiábamos en ellas y así huíamos de Molokai, Marcelino pan y vino y Fray Escoba, que nos resultaban tostoníferas. Nos acostumbramos a ver cada año, en estas fechas, Ben-Hur y Quo Vadis, Barrabás y Los diez mandamientos, Rey de Reyes y La túnica sagrada, Espartaco y La caída del Imperio Romano, de las que tanto copió Gladiator hace ya decenio y medio. Pues bien, conozco a bastantes personas, entre ellas la por mí más querida, que, cuando llega la Semana Santa todavía insoportable en las calles, se las prometen muy felices ante la perspectiva de ponerse en DVD –otra vez– todas esas películas. O de pillarlas en televisión, pues no son pocos los canales que se apuntan a esa costumbre o nostalgia y vuelven a programarlas. Es como si las fechas nos dieran licencia para atracarnos de películas “de romanos”, algo que no solemos permitirnos en otoño, invierno o verano. La vieja imposición de la infancia –mejor dicho, el viejo resquicio por el que respirábamos– se convierte en patente de corso para abandonarnos sin mala conciencia a un festín de bajas pasiones e inauditas crueldades de la antigüedad más vistosa. Ahora tocan las carreras de cuadrigas, los combates de gladiadores y los envenenamientos en palacio, toca ver al malvado Frank Thring interpretando a Herodes, al despiadado Ustinov a Nerón y al histriónico Christopher Plummer a Cómodo. A Jack Palance con sus escalofriantes risotadas silenciosas y a Stephen Boyd o Messala con sus turbios odios y amores. Las apariciones del Cristo o de San Juan Bautista o la Magdalena son aburridos paréntesis que pagamos con gusto. Hemos heredado eso: licencia para sumergirnos en el incomparable mundo romano ficticio. Lo pagano en su apogeo.