lunes, 20 de octubre de 2025

DEL ARCHIVO DEL BLOG. ANTIPATRIOTISMO ANTROPOLÓGICO. PUBLICADO EL 23/10/08

 






Desconfío, por decirlo suavemente, de todos aquellos que hablan de Dios o la Patria en primera persona y poniéndolos siempre por delante como justificación de sus acciones. Me dan miedo. Y me repelen. Desde luego mi antipatriotismo no llega a los límites de exacerbación que refleja el escritor y académico Javier Marías en su artículo del pasado domingo en El País Semanal, titulado "Cómo se llamará esta afección". Me ha parecido excesivo; desgarrador en todo caso. Aunque comparto con él ese sentimiento de "patriotismo negativo" al que alude en su texto: aquel que nos hace avergonzarnos de muchos de nuestros compatriotas y de muchas de las cosas que se han hecho y dejado de hacer en nombre de la patria.

Leyéndolo he recordado un libro del también escritor e ilustre filósofo, Fernando Savater, que me impresionó sobremanera cuando lo leí, por su atrevimiento y la dureza de sus planteamientos contra el propio concepto de nación. Se titulaba "Contra las patrias" (Tusquets, Barcelona, 1987), y no se si don Fernando seguirá sosteniendo lo que en el decía contra "todas" las patrias".

También ignoro si Javier Marías ha leído la reciente biografía de la teórica de la política norteamericana de origen judeo-alemán, Hannah Arendt , escrita por la periodista y escritora francesa Laure Adler ("Hannah Arendt". Destino, Barcelona, 2006). Pero tengo la sospecha de que sí. Al menos si nos llevamos de la sorprendente coincidencia, casi literal, entre lo que escribe Marías sobre el "amor patrio" y lo que pone Laure Adler en boca de su biografiada, sobre ese mismo concepto de amor a la patria, o al pueblo...

Dice Marías: "Siempre me ha costado mucho entender el patriotismo. Las proclamas del tipo "Amo España" (o Inglaterra, Escocia, Italia, Cataluña o Galicia, lo mismo da) me han sonado falsas y huecas, además de inverosímiles, porque nadie está capacitado para "amar" así, en bloque, un país entero, menos aún una metáfora o un concepto. Uno ama, como mucho, a unas cuantas personas a lo largo de su vida, sin que nos importen su lugar de nacimiento ni la lengua que hablen."

Y esto es lo que dice Hannah Arendt (pág. 426, Laure Adler) cuando la reprochan que no muestre su apoyo a Israel cueste lo que cueste: "Tiene usted toda la razón: no me anima ningún amor de esa clase, y eso por dos motivos: jamás en toda mi vida he amado a ningún pueblo, a ninguna colectividad; ni al pueblo alemán, ni al francés, ni al norteamericano, ni a la clase obrera, ni nada de todo eso. Yo amo únicamente a mis amigos y la sola clase de amor que conozco y en la que creo es en el amor por las personas."

¿Plagio inocente e inadvertido? Es lo más posible. No me preocupa. Como Marías, yo también me pregunto como se llamará "esa afección que nos hace incapaces de enorgullecernos junto a la capacidad de avergonzarnos por lo ajeno vecino". En todo caso, como él, estoy seguro de que no somos los únicos españoles que la padecemos.

Mi paisano Nicolás Estébanez, (1838-1914), militar y político de prestigio, y sobre todo poeta, escribió un hermosísimo poema sobre el mito de la patria, que el gran don Miguel de Unámuno, censuró con sorna. Se titula La sombra del almendro. Les dejo con él. 

La patria es una roca,

la patria es una fuente,

la patria es una senda y una choza.

Mi patria no es el mundo;

mi patria no es Europa;

mi patria es de un almendro

la dulce, fresca, inolvidable sombra.

A veces por el mundo

con mi dolor a solas

recuerdo de mi patria

las rosadas, espléndidas auroras.

A veces con delicia

mi corazón evoca,

mi almendro de la infancia,

de mi patria las peñas y las rocas.

Y olvido muchas veces

del mundo las zozobras,

pensando de las islas

en los montes, las playas y las olas.

A mi no me entusiasman

ridículas uotpías,

ni hazañas infecundas

de la razón afrenta, y de la Historia.

Ni en los Estados pienso

que duran breves horas,

cual duran en la vida

de los mortales las mezquinas obras.

A mi no me conmueven

inútiles memorias,

de pueblos que pasaron

en épocas sangrientas y remotas.

La sangre de mis venas,

a mi no se me importa

que venga del Egipto

o de las razas céltica y godas.

Mi espíritu es isleño

como las patrias rocas,

y vivirá cual ella

hasta que el mar inunde aquellas costas.

La patria es una fuente,

la patria es una roca,

la patria es una cumbre,

la patria es una senda y una choza.

La patria es el espíritu,

la patria es la memoria,

la patria es una cuna,

la patria es una ermita y una fosa.

Mi espíritu es isleño

como las patrias costas,

donde la mar se estrella

en espumas rompiéndose y en notas.

Mi patria es una isla,

mi patria es una roca,

mi espíritu es isleño

como los riscos donde vi la aurora...

Y ahora con el texto de Marías: Cómo se llamará esta afección.

Siempre me ha costado mucho entender el patriotismo. Las proclamas del tipo "Amo España" (o Inglaterra, Escocia, Italia, Cataluña o Galicia, lo mismo da) me han sonado falsas y huecas, además de inverosímiles, porque nadie está capacitado para "amar" así, en bloque, un país entero, menos aún una metáfora o un concepto. Uno ama, como mucho, a unas cuantas personas a lo largo de su vida, sin que nos importen su lugar de nacimiento ni la lengua que hablen. Casi siempre se pertenece a un sitio por accidente. A ese sitio nos acostumbramos, sí, y durante un tiempo es nuestro único mundo. En él desarrollamos nuestros primeros afectos: creamos vínculos fuertes con algunas personas y paisajes, adquirimos hábitos que nos son gratos y que hasta pueden llegar a sernos indispensables. Por lo general nos sentimos cómodos, y bastaría con que nos viéramos condenados al exilio -como ha sucedido a tantos españoles a lo largo de la historia- para que echáramos desmedidamente en falta esos paisajes y esos hábitos. La mayoría de la gente vive donde vive porque se encontró allí al nacer y se incorporó a lo que ya estaba en marcha. Se instaló naturalmente y ya no se plantea moverse, a no ser que sienta un profundo descontento o aburrimiento, o sea inquieta y quiera hacer lo que antes se llamaba "conocer mundo", o vea que su lugar no es el adecuado para abrirse camino en su profesión. Pero todo es principalmente una cuestión de costumbre, y el amor tiene poco que ver en ello.

Esto es normal y comprensible, y lo es también la probable simpatía hacia un lugar que uno conoce bien y que, a diferencia de la mayoría, no equivale a un mero nombre o a una visita de pocos días. Conoce a sus habitantes o a una parte de ellos, y si el equipo de fútbol de la ciudad gana un partido, se alegra porque piensa que esos habitantes estarán contentos. Uno tiende a compartir las alegrías y penas de quienes le son cercanos. Pero también en la cercanía suele estar lo que uno más detesta, lo que le hace sufrir y la vida imposible. No hay odio mayor que el que tiene destinatario concreto, visible. Como sabemos allí donde se han padecido guerras civiles, es infinitamente más fiero y genuino el odio que se profesa a un individuo al que se ve a diario que el que se nos inculca hacia "los franceses" o "los americanos". Éstos son postizos, abstractos, impostados. Lo mismo sucede con esa clase de amores, y por eso quienes declaran "amar España" no dirían nunca que "aman a los españoles", que sería más propio. Es más, jamás he oído a un español decir semejante cosa, ni a un catalán otro tanto de los catalanes, ni a un vasco de los vascos, porque a la vuelta de la esquina se encontrarían con un ejemplo de lo contrario: "Qué mal me cae ese tipo", "A esa tía es que no la puedo ni ver".

También me resulta difícil enorgullecerme de mi tierra porque alguno de mis paisanos descuelle en algo. Si Nadal, Alonso o cualquier deportista español gana un trofeo, no logro sentir que eso me haga mejor en ningún aspecto: no he tenido en ello arte ni parte, y me parecería ridículo -además de demente- exclamar "Somos los mejores en tenis o en automovilismo" cuando jamás he sostenido una raqueta ni un volante. Y aunque sí lo hubiera hecho, no vería qué relación tenía eso con la habilidad o la pericia de unos jóvenes que no me han sido presentados. Si un cineasta español gana un Oscar, o un escritor el Nobel, no me puedo sentir en modo alguno partícipe de su reconocimiento particular, ni siquiera con el de mi gremio, y nada me resulta más patético que los periodistas que dicen "Éste es un triunfo para España", o los galardonados que sueltan "En mí se ha querido distinguir a toda la literatura española". ¿Cómo se me iba a distinguir a mí, por ejemplo, cuando se premió a Cela en Estocolmo, si considero su literatura rancia y de fogueo y estábamos en las antípodas?

Sólo comprendo el patriotismo, extrañamente, por la vía negativa, es decir, hay personas y cosas con las que nada tengo que ver y que sin embargo, por ser de mi país, me avergüenzan y logran contaminarme. Los méritos de otros no me contagian ni me ennoblecen, y en cambio las ignominias sí me alcanzan. Hay individuos y hechos con los que por nada del mundo querría que se me asociara. Me avergüenza que mi región la gobierne alguien tan bruto como Esperanza Aguirre, que se gasta millón y medio de euros nuestros en una fiesta cutre suya y destruye el sistema sanitario. Me avergüenza que tengan poder decisorio Ibarretxe y Carod-Rovira, en el País Vasco y Cataluña, respectivamente. Que haya en Valencia un sujeto y Presidente llamado Camps que obliga -imbecilidad suprema- a que en sus escuelas se imparta una clase en supuesto inglés, con traductor a esa lengua incluido, para que ningún chaval entienda nada. Que a Zapatero le entre el pánico cada vez que ve a un obispo y para calmarse lo forre a billetes a cargo del contribuyente. Que nuestro poder judicial conozca sólo el chalaneo. O que las calles de mi país estén llenas de vociferantes unga-ungas que sirven de pretexto para la "protección de los grandes simios" decretada por nuestros congresistas. Me pregunto cómo se llamará esta afección: la incapacidad de enorgullecerse junto a la capacidad de avergonzarse por lo ajeno vecino. No es que me consuele, pero estoy segurísimo de no ser el único español que lo padece. (El País Semanal, 19/10/08)












DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, SERÉ NADIE, DE JULIA POVEDA

 






SERÉ NADIE Y SERÉ OLVIDO


Seré nadie
y seré olvido.
Los copos de nieve
del invierno helado
limpiarán, suaves,
los restos del tiempo
atado a otras vidas
con eslabones,
que se irán rompiendo.
Seré nadie
y seré olvido.
Mi presencia se irá desvaneciendo.
La lluvia fina borrará la huella de mis pisadas,
los besos de mis recuerdos.
Arrebatarán las olas a la arena
los dibujos de mi cuerpo.
Seré nadie
y seré olvido.
De haber sido, sólo quedará el amor…
El amor se quedará en el aire
suspendido…,
será un ángel para nuestros hijos.
El amor no muere,
se impregna en todo,
fundido
vive en la naturaleza…,
su cómplice y compañera.
Seré nadie
y seré olvido,
pero mi amor permanecerá,
saltará generaciones…,
rezumará por la tierra…
Y esta ilusión de infinitud
no será un delirio.



JULIA POVEDA (1961)
poetisa española












DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, IGLESIAS CERRADAS, DE ANA BLANDIANA

 







IGLESIAS CERRADAS



Iglesias cerradas

Como casas cuyos propietarios se han marchado

Sin decir por cuanto tiempo,

Y sin dejar dirección.

Alrededor de la ciudad,

Dan vueltas tranvías y bicicletas,

Bocinas, reclamos,

Los habitantes apresurados

Venden y compran, venden y compran,

Comen de pie,

Y, de vez en cuando, cansados,

Se sientan a tomar café

En una terraza

Próxima a una catedral del siglo Xi,

A la que miran sin ver,

Puesto que hablan por teléfono

Y no preguntan

Quién es aquel que ha vivido

Alguna vez en

Una casa tan grande.





ANA BLANDIANA (1942)

poetisa rumana






















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY LUNES, 20 DE OCTUBRE DE 2025

 




























domingo, 19 de octubre de 2025

DE UNA PETICIÓN DE PERDÓN. ESPECIAL 11 DE HOY DOMINGO, 19 DE OCTUBRE DE 2025

 







Quiero pedir perdón. Este artículo es más largo de lo normal, pero creo que merece la pena aclarar las cosas, escribe e InfoLibre el poeta Luis García Montero [18 de octubre de 2025]. La verdad es que uno a veces no se da cuenta de las furias, los intereses y los complejos que puede desatar, comienza diciendo García Montero. Quiero pedir perdón. En un desayuno del Foro de Nueva Economía, me preguntaron si el director de la RAE y yo nos llevábamos bien. Busco mi respuesta en los vídeos de Internet. Empiezo por mostrar mi respeto a la labor de la Academia representada por filólogos como don Fernando Lázaro Carreter, don Víctor García de la Concha y don Darío Villanueva. Y después digo que hay diferencias entre el nuevo director y yo. Soy un catedrático de filología y un poeta, y él es un catedrático de derecho administrativo que tiene un despacho de abogados muy conocido por llevar asuntos de dinero. Es normal que haya diferencias.

Cuando a mí me llaman poeta y filólogo, no me siento ofendido. Por lo visto fue una ofensa llamarle lo que es al director de la RAE. Pido perdón por mi prudencia. Tal vez debería haber explicado con detalle que la organización del Congreso de la Lengua había sido difícil por las presiones de un señor que se negaba, por ejemplo, a que tomase la palabra el ministro de Cultura de España, ¡eso es politizar!, mientras pretendía invitar a Cayetana Álvarez de Toledo como experta en saberes culturales. Podía haber explicado, por ejemplo, el machismo galopante a la hora de establecer los actos principales, eso de poner mujeres es una demagogia barata. Podía haber recordado sus mensajes ofensivos para las autoridades peruanas. Podía haber hablado de su orgullo imperial a la hora de creer que puede dirigir, desde la RAE, el futuro del español, faltándole el respeto a las otras Academias que representan el 91% del idioma. Si se fijan en las fotos de la inauguración y de la rueda de prensa del Congreso realizado en Perú, no está el director de la Academia peruana. Basta con que esté el líder glorioso de los académicos españoles. Si no fuese por el Instituto Cervantes, tampoco abundarían las mujeres.

Pido perdón por no haber caído en la cuenta de que al indicar su condición de abogado en asuntos económicos se removería la mala conciencia de quien se vio envuelto en los escándalos del llamado caso Telecinco, con personajes como Miguel Durán. El juez Baltasar Garzón le puso una fianza de 150 millones de pesetas para concederle la libertad condicional. Si uno lee la sentencia, que está en internet, se alegra humanamente de que el procesado no acabase en la cárcel, pero descubre también el mundo en el que se formaban los trabajos y los días del director actual de la RAE.

Al sugerir que considero conveniente que la RAE esté dirigida por un filólogo, no caí en la cuenta de que se estaba preparando ya la sucesión para que ocupe su lugar otro académico no filólogo, con más de 80 años, con un pasado empresarial muy conocido y colaborador en la prensa de extrema derecha. Pido perdón. Académicos amigos y respetados, que tengo unos cuantos, me dicen que fue él, por la cuenta que le trae, quien se encargó de hacer un comunicado duro contra mí y el Instituto Cervantes, Ay, lo siento.

Y le pido perdón a Álvaro Pombo. No sabía que pasaba por debilidades económicas –las debilidades biológicas sí las conozco– antes de recibir el Premio Cervantes, con el apoyo entusiasta del director de la RAE. Al académico que me lo recuerda le digo que entiendo su artículo, y me dice que más bien parece una conversación telefónica con Pombo que alguien se encargara de escribir después. Parece que es una costumbre firmar aquello que uno no ha escrito. Pido perdón por olvidarme de la situación en la que vive alguna prensa estercolero. Álvaro tiene razón. Soy mucho peor poeta de lo que yo quisiera, ya lo siento, y soy un poeta blando porque escribo poemas de amor. Sí, he tenido la suerte de vivir un largo amor feliz. Eso no le gusta a Álvaro. Quien conozca su trágica y esperpéntica historia de amor, lo comprenderá. También yo lo comprendo. También comprendo que me llame con insistencia comunista. Bueno, lo asumo, y no voy a detenerme en explicar la historia de un Partido que en España se comprometió con la lucha por la libertad y la democracia contra el franquismo, esa lucha que él admira. Pero pido perdón por haber provocado sus reacciones. En sus palabras parece que la RAE estuviese viviendo en los años 40, con la moral de los tiempos de Pemán, y no es para tanto. Lo más triste es que en su furia acaba por darme la razón, porque viene a decir que se llamó al director, no por sus méritos intelectuales, sino porque la Academia estaba en quiebra y había que buscar soluciones a los números rojos. ¡Rojos!

Y, finalmente, me pido perdón a mí mismo por haber despertado la furia de Arturo Pérez Reverte. ¡Es que no duermo! Su mensaje tiene la virtud de acercar mi labor a la figura del ministro de Exteriores, algo que me viene bien según están las cosas. ¡Pero después me tacha de mal poeta! Confieso que me ha quitado el sueño. No puedo dormir desde que un escritor tan calmado, tan progresista, tan respetado en el mundo de la literatura, tan valorado por la crítica, tan admirado más allá de los ambientes coyunturales del best seller, desprecie mi poesía. Intentaré que me perdone. En vez de dedicarme a organizar homenajes a Mario Vargas Llosa en Arequipa, Perú, prometo hacerle un gran homenaje a Arturo Pérez Reverte. Seguro que encuentro académicos que quieran hablar bien de su calidad literaria.

Y aprovecho para pedir perdón por no haber incluido entre mis admiraciones a don Manuel Alvar. Admiré que en 1989, siendo director de la RAE, organizase un ingreso simbólico del poeta Antonio Machado. Este 2025, el director actual se olvidó de don Manuel y organizó para su autobombo un nuevo ingreso, como si el anterior no hubiese existido. La familia Alvar protestó, no sé para qué. Así están las cosas. Luis García Montero es poeta y director del Instituto Cervantes.


















TRUMP ES 10O DÍAS MAYOR QUE YO, PERO YO SOY AÑOS MÁS JOVEN. ESPECIAL 10 DE HOY DOMINGO, 19 DE OCTUBRE DE 2025

 








Mi envejecimiento, el envejecimiento de Trump. Él es 10 días mayor que yo, pero yo soy años más joven. Aquí les explico por qué, escribe en Substack [16 de octubre de 2025] el economista Robert Reich. Amigos, comienza diciendo Reich, recientemente tuve un pequeño susto de salud, algo que no es inusual cuando uno se acerca a los 80 años. Todo está bien, al menos por ahora.Pero me hizo pensar. Trump me lleva 10 días. No parece un modelo de salud robusta. Aunque tenemos casi la misma edad, Trump tiene un gran problema de salud que yo no tengo: su odio. “Odio a mis oponentes”, dice.

El odio es corrosivo. Destruye la salud. Ataca el sistema nervioso central de quien odia, liberando hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina. Afecta el sistema cardiovascular, con hipertensión y enfermedades cardíacas. Debilita el sistema inmunitario, haciéndolo más vulnerable a todo tipo de enfermedades. Debilita el sistema gastrointestinal, causando dolor de estómago, náuseas y otros problemas digestivos. Dificulta conciliar el sueño y mantenerlo. Provoca tensiones musculares que dañan la mandíbula y el cuello, como apretar y rechinar los dientes, y contribuye a dolores de cabeza y migrañas.

El viernes, Trump pasó aproximadamente tres horas en el Hospital Naval de Bethesda para lo que su médico, el capitán de la Marina Sean Barbabella, llamó una "evaluación de seguimiento programada". (Mientras estuvo allí, tengan en cuenta los antivacunas, Trump también recibió su vacuna anual contra la gripe, así como una dosis de refuerzo contra la COVID-19).

La Casa Blanca describió inicialmente la visita de Trump al Walter Reed como un "chequeo médico anual de rutina", aunque Trump se realizó su examen físico anual en abril. Posteriormente, la Casa Blanca calificó la visita al Walter Reed como un "chequeo médico semestral".

Incluso sin odio, un cuerpo que se acerca a los 80 años sufre el desgaste que acompaña al envejecimiento.

Cuando me reúno con viejos amigos, nuestro primer ritual es un recital de órgano: ¿cómo está la espalda? ¿La rodilla? ¿El corazón? ¿La cadera? ¿El hombro? ¿La audición? ¿La próstata? ¿Las hemorroides? ¿La digestión? El recital puede durar mucho tiempo (y arruinar) un almuerzo entero. Dudo que Trump dé recitales de órgano con viejos amigos. Eso es porque no creo que tenga viejos amigos.

En lo que respecta a otras personas, Trump no es relacional . Es transaccional. Cada interacción es un trato. Las transacciones no fomentan la amistad (excepto, quizás, con Jeffrey Epstein).

Sin embargo, como dirán los gerontólogos, una de las formas más importantes de mantenerse saludable en la vejez es a través de las buenas amistades.

Otra cosa que he estado notando cuando me reúno con viejos amigos es el sutil y incómodo problema del deterioro mental.

No surge directamente. No nos preguntamos: "¿Cómo va la demencia?". En cambio, escuchamos en silencio y observamos: ¿Se confunden las palabras? ¿Son coherentes los pensamientos? ¿Tiene sentido la sintaxis?

Me estoy volviendo más olvidadiza. Hago listas largas intentando recordar lo que debo hacer. Luego olvido dónde las puse.

Inevitablemente, las mentes empiezan a perderse. La de Trump parece estar desapareciendo a un ritmo particularmente rápido. Basta con obtener una transcripción de las declaraciones completas que hizo hace varias semanas a los altos mandos militares. La demencia está escrita por todas partes.

En su examen físico de abril, Trump pasó una breve prueba de detección para evaluar sus funciones cerebrales. Antes, Trump presumió de lo bien que le había ido en su última prueba cognitiva. "Tuve una puntuación perfecta. Y uno de los médicos dijo que casi nunca había visto una puntuación perfecta. Tuve una puntuación perfecta. La más alta. Y eso me hizo sentir bien". Déjame preguntarte: ¿Consideras mentalmente sano a alguien que necesita alardear de sí mismo constante y continuamente?

Otra forma importante de medir la salud mental es el sentido del humor, especialmente el autocrítico. A medida que envejezco, he descubierto que incluso mis amigos más perspicaces conservan una gran capacidad para reírse de sí mismos.

No creo haber visto ni oído jamás a Trump hacer una broma a su costa. De hecho, que yo sepa, no tiene sentido del humor. Probablemente el mejor predictor de cuánto vivirás es cuánto vivieron tus padres. Los genes no lo son todo, pero sí casi todo. Mi madre falleció a los 86 años. Estuvo enferma los dos últimos años de su vida. Mi padre estuvo con nosotros hasta dos semanas antes de cumplir 102 años, y su mente se mantuvo lúcida. La madre de Trump murió a la edad de 88 años; su padre a los 93. A Fred Trump le diagnosticaron Alzheimer a la edad de 86 años .

Ochenta es el número de años de vida que establece la Biblia. La tecnología moderna y las grandes farmacéuticas deberían añadir al menos una década y media, a menos que RFK Jr. se salga con la suya. Ahora se considera un poco decepcionante que una persona muera antes de los 85.

Pero al acercarse a los 80, no solo se avecina la esperanza de vida. También se avecina la esperanza de vida saludable : cuántos años uno se siente bien, se siente capaz y conserva su sano juicio.

Si Trump puede causar tanto caos y sufrimiento como lo hace todos los días, al menos puedo seguir escribiendo y hablando de lo horrible que es, todos los días. Después de todo, soy 10 días más joven que él. Robert Reich es economista.













¿A QUIÉN LE IMPORTA LA LEY HATCH? ESPECIAL 9 DE HOY DOMINGO, 19 DE OCTUBRE DE 2025

 







¿La Ley Hatch? ¿Qué más da? ¿A quién le importa? La propaganda que emana de los departamentos y agencias de Trump es ilegal, afirma en el blog Substack [15 de octubre de 2025] el prestigioso. Amigos, comienza diciendo Reich, ya es bastante malo que los aviones se retrasen debido al cierre del gobierno. Ahora, miles de pasajeros varados tienen que ver a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, culpar a los demócratas en un video donde dice:

La principal prioridad de la TSA es garantizar que usted tenga la experiencia más agradable y eficiente posible en el aeropuerto, a la vez que lo mantenemos seguro. Sin embargo, los demócratas en el Congreso se niegan a financiar al gobierno federal, por lo que muchas de nuestras operaciones se ven afectadas y la mayoría de nuestros empleados de la TSA trabajan sin sueldo. Lo mismo ocurre en gran parte del gobierno federal cerrado.

Si su granja está perdiendo clientes globales porque otras naciones están tomando represalias por los aranceles de Trump y usted va al sitio web del Departamento de Agricultura para ver si tiene algún recurso, ahora lee que el gobierno está cerrado " debido al cierre de los demócratas de izquierda radical".

Si intenta comunicarse con la Administración de Pequeñas Empresas para verificar su préstamo SBA, recibirá un mensaje telefónico automático: "Estaré fuera del cargo por el futuro previsible porque los demócratas del Senado votaron para bloquear un proyecto de ley de financiación federal limpio (HR 5371) que conduce a un cierre del gobierno que impide que la Administración de Pequeñas Empresas de EE. UU. (SBA) preste servicio a los 36 millones de pequeñas empresas de Estados Unidos".

Si revisas el sitio web del Departamento de Justicia verás un cartel que dice "Los demócratas han cerrado el gobierno".

Cuando serví en el gobierno federal —una vez en una administración republicana, luego en dos demócratas— se me prohibió hacer cualquier comentario público o tomar cualquier acción que pudiera considerarse “partidista”. Me dijeron que ni siquiera podía firmar una carta pidiendo a los residentes de mi estado natal (en aquel entonces Massachusetts) que se aseguraran de votar en las próximas elecciones federales.

En ese entonces trabajaba en el Departamento de Justicia de Gerald Ford. El membrete era del Departamento de Justicia y varios de nosotros, de Massachusetts, estábamos dispuestos a firmar.

"No puede hacer eso", dijo el abogado del Departamento. "Viola la Ley Hatch, que prohíbe a los empleados del poder ejecutivo federal participar en actividades partidistas".

«Pero esta carta no es partidista », recuerdo haber argumentado. «Solo insta a la gente a votar».

"No lo entiendes", respondió el abogado. "Lo dices como empleado del Departamento de Justicia en una administración republicana, así que podría interpretarse como un respaldo republicano". Y ahí acabó todo.

La Ley Hatch se aprobó en 1939. Su propósito era garantizar que los programas federales se administraran de manera no partidista y proteger a los empleados federales de cualquier coerción política en el trabajo.

La Ley Hatch sigue vigente. Al igual que la Ley Anti-Cabildeo de 1919, que prohíbe el uso de fondos asignados para actividades diseñadas para «apoyar o rechazar la legislación pendiente ante el Congreso».

Entonces, ¿qué pasa con todos los empleados del gobierno de la administración Trump difundiendo propaganda partidista durante el cierre?

¿Puede Kristi Noem decirles a los pasajeros del aeropuerto que los demócratas son los culpables del cierre? ¿Pueden el Secretario de Agricultura, el director de la Administración de Pequeñas Empresas o el Fiscal General anunciar en las páginas web y respuestas automáticas de los departamentos que el cierre se debe a que los demócratas se han negado a financiar al gobierno federal?

La respuesta en todos estos casos es no . Estas declaraciones y mensajes violan la obligación legal de los empleados de la agencia de brindar un servicio imparcial a sus electores. Todos implican que Trump o sus designados exigen a funcionarios públicos imparciales que participen en acciones altamente partidistas.

Según la ley, las sanciones por violar la Ley Hatch pueden resultar en la destitución de un cargo federal y sanciones civiles de hasta $1,000.

Pero, como ocurre con tantas cosas en el mundo de Trump, las acciones ilegales no tienen consecuencias. No existe ningún mecanismo para exigir responsabilidades a nadie.

Se han presentado varias quejas en virtud de la Ley Hatch contra secretarios del gabinete y agencias que publican mensajes partidistas. Sin embargo, las violaciones a la Ley Hatch son investigadas por la Oficina del Consejo Especial de la Casa Blanca, por lo que terminan en el expediente circular.

La buena noticia es que algunos administradores a nivel de base, literalmente, están haciendo cumplir la Ley Hatch por su cuenta.

Muchas autoridades aeroportuarias simplemente se niegan a mostrar el vídeo de Noem.

Kara Hansen, portavoz del Puerto de Portland en Oregón, explicó en un comunicado que el puerto no lo mostraría porque el vídeo violaba la Ley Hatch.

Ken Jenkins, el ejecutivo del condado de Westchester, Nueva York, que se negó a mostrar el video en el aeropuerto de White Plains, dijo que el video es "inapropiado, inaceptable e inconsistente con los valores que esperamos de los principales funcionarios públicos de nuestra nación". Exactamente. Robert Reich es economista.


















CHINA YA HA SUPERADO A ESTADOS UNIDOS. ESPECIAL 8 DE HOY DOMINGO, 19 DE OCTUBRE DE 2025

 







China ha superado a Estados Unidos y las políticas de Trump garantizan que nunca nos pondremos al día, escribe en Substack [15 de octubre de 2025] el premio nobel de economía Paul Krugman. En 1957, la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial, el Sputnik, La respuesta estadounidense rozó el pánico: la Guerra Fría estaba en su punto más frío y existía el temor generalizado de que los soviéticos estuvieran tomando la delantera en ciencia y tecnología.

En retrospectiva, esos temores eran exagerados. Con la caída del comunismo, descubrimos que la economía soviética estaba mucho menos avanzada de lo que muchos creían. Aun así, los efectos del « momento Sputnik » fueron beneficiosos: Estados Unidos invirtió recursos en ciencia y educación superior, contribuyendo a sentar las bases de un liderazgo duradero.

Hoy, el liderazgo estadounidense se ve nuevamente desafiado por un régimen autoritario. Y en términos de poder económico, China es un rival mucho más serio que la Unión Soviética. Algunos lectores se mostraron escépticos cuando señalé el lunes que la economía china es, en términos reales, ya considerablemente mayor que la nuestra. Lo cierto es que el PIB en paridad de poder adquisitivo es una medida muy útil, pero si parece demasiado técnico, ¿qué tal si nos fijamos en la generación de electricidad, que está fuertemente correlacionada con el desarrollo económico? Como muestra el gráfico que encabeza esta publicación, China genera actualmente más del doble de electricidad que nosotros.

Sin embargo, en lugar de vivir otro momento Sputnik, ahora estamos atrapados en un momento Sputnik inverso. En lugar de reconocer que Estados Unidos corre el riesgo de ser superado permanentemente por la destreza tecnológica y económica de China, la administración Trump está recortando drásticamente el apoyo a la investigación científica y atacando la educación. En nombre de derrotar a los fantasmas de la "conciencia social" y el "estado profundo", esta administración se opone activamente al progreso en sectores críticos, mientras que les da a estafadores como la industria de las criptomonedas todo lo que desean.

El ejemplo más obvio de la guerra de Trump contra un sector crítico, y el más trascendental para la próxima década, es su vendetta contra las energías renovables. El proyecto de ley "One Big Beautiful Bill" de Trump revirtió los incentivos fiscales de Biden para las energías renovables. El gobierno está intentando actualmente eliminar un enorme parque eólico marino, casi terminado, que podría abastecer a cientos de miles de hogares, así como cancelar 7000 millones de dólares en subvenciones para paneles solares residenciales . Parece haber logrado eliminar un enorme proyecto de energía solar que habría abastecido a casi 2 millones de hogares. Ha cancelado 8000 millones de dólares en subvenciones para energías limpias, principalmente en estados demócratas, y, según se informa, planea cancelar decenas de miles de millones más .

Mientras Trump proclama “Perfora, nena, perfora”, el crecimiento proyectado de la energía solar y eólica en Estados Unidos se ha visto frenado, y quizás incluso estancado, por la hostilidad de la administración:

En su inconexo discurso en las Naciones Unidas, Donald Trump insistió en que China no utiliza energía eólica: «Usan carbón, gas, casi cualquier cosa, pero no les gusta el viento». No sé de dónde saca Trump esta desinformación; quizá de las mismas fuentes que le dicen que Portland está en llamas. Pero esta es la realidad:

Chris Wright, secretario de energía de Trump, afirma que la energía solar no es fiable : "Hay que tener energía cuando el sol se esconde tras una nube y al ponerse el sol, lo cual ocurre casi todas las noches". Así pues, el secretario de energía de la nación más avanzada tecnológicamente del planeta desconoce la revolución energética impulsada por el drástico progreso tecnológico en baterías. Y esta revolución está ocurriendo ahora mismo en Estados Unidos, en lugares como California. Así era el suministro eléctrico durante un día normal en California en junio:

¿Cuál es el origen de esta asombrosa ignorancia y hostilidad al progreso? Es natural culpar a los intereses de los combustibles fósiles de los ataques a las energías renovables y la ciencia del clima. Además, no debemos olvidar que Trump es un hombre increíblemente mezquino que detesta ver turbinas eólicas marinas desde su campo de golf escocés.

Pero ninguno de estos factores explica la cruzada de la administración contra las vacunas ni los ataques a la investigación y el aprendizaje en muchas otras áreas. Estrechamente relacionado con esto está la aceptación por parte de Pete Hegseth de la estupidez —perdón, me refiero al "ethos guerrero"— como clave para la fuerza militar. Esto ignora las realidades de la guerra del siglo XXI , actualmente visibles para cualquiera que preste atención a la guerra en Ucrania. En un campo de batalla moderno, dominado por drones y fuego de artillería de precisión, la postura de tipo duro es peor que inútil.

Dejando a un lado los intereses particulares y la mezquindad de Trump, tengo la sensación de que algo más profundo está ocurriendo. Una facción poderosa en Estados Unidos se ha vuelto profundamente hostil a la ciencia y a la experiencia en general. Como prueba, basta con considerar el extraordinario desplome del apoyo republicano a la educación superior durante la última década:

Sin embargo, lo cierto es que la hostilidad hacia la ciencia y la experiencia siempre ha formado parte de la tradición estadounidense. ¿Recuerdan la lección de historia sobre el juicio del mono Scopes? Fue necesaria una sentencia de la Corte Suprema , tan reciente como en 2007, para impedir que los políticos obligaran a las escuelas públicas a enseñar el creacionismo. Y con la Corte Suprema actual, ¿quién puede estar seguro de que el creacionismo no volverá?

El anticientificismo es una actitud generalizada en la derecha religiosa, un componente clave del movimiento MAGA (Hacer Grande su Gran Acción). Sin embargo, en décadas pasadas, las fuerzas del humanismo y la investigación científica lograron prevalecer contra el anticientificismo. En parte, esto se debió al reconocimiento de que la ciencia estadounidense era esencial para la seguridad y la prosperidad nacionales. Pero ahora tenemos una administración que afirma proteger la seguridad nacional imponiendo aranceles a los gabinetes de cocina y los tocadores de baño , mientras desmantela los CDC y la EPA.

¿Significa esto que Estados Unidos está perdiendo la carrera contra China por el liderazgo mundial? No, creo que esa carrera está prácticamente acabada. Incluso si Trump y su equipo de saboteadores pierden el poder en 2028, todo lo que veo indica que para entonces Estados Unidos se habrá quedado tan atrás que es improbable que alguna vez podamos alcanzarlo. Paul Krugman es premio nobel de economía.