miércoles, 23 de abril de 2025

Del poema de cada día. Hoy, Una nueva estación se anuncia, de Anise Koltz

 







UNE NOUVELLE SAISON S’ANNONCE



Dans les arbres la sève descend

dans tout ce qui vit

et respire

le battement de mon cœur rebelle


Où est le sens dissimulé

de ce théâtre saisonnier

Où le souffle s'accorde

aux brumes matinales


Dans le tournoiement fou

de l'univers

j'éteins le jour

comme une bougie


 


 

***

 


 


UNA NUEVA ESTACIÓN SE ANUNCIA


 


En los árboles la savia baja


en todo lo que vive


y respira


el latido de mi corazón rebelde


 


Dónde está el sentido oculto


de este teatro temporal


Donde el aliento concuerda


con las neblinas de la mañana


 


En el remolino loco


del universo


apago el día


como una vela


 


 

***




ANISE KOLTZ (1928-2023)

poetisa luxemburguesa


 




















De las viñetas del blog de hoy miércoles, 23 de abril de 2025

 



































martes, 22 de abril de 2025

De las entradas del blog de hoy martes, 22 de abril de 2025

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 22 de abril de 2025. Las palabras importan, alteran la percepción, excitan las emociones y serán cruciales para influir en el rumbo de los acontecimientos políticos, se comenta en la primera de las entradas del blog de hoy: ¿Es posible que los votantes estadounidenses hayan llevado al poder a un Gobierno fascista? En la segunda, un archivo del blog fechado en mayo de 2019, se comentaba que entre las muchas cosas que podíamos pedir a los políticos, la de entrar al fondo de las cuestiones no estaba en su lista de prioridades. La tercera, con el poema del día, es el titulado Tarta Charlotta, de la poetisa belga Charlotte Van den Broek, que publico en flamenco y español, y comienza con estos versos: Cuando te diste la vuelta y en vano intentamos/todavía hacer un postre con nuestras piernas de flan/supe que hacía tiempo que allí no me soportabas. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt

















Del fascismo trumpista

 








Las palabras importan, alteran la percepción, excitan las emociones y serán cruciales para influir en el rumbo de los acontecimientos políticos, comenta en El País [El fascismo en Estados Unidos, 18/04/2025] la escritora Siri Hustvedt. Mi padre solía decir, comienza diciendo Hustvedt: “Cuando el fascismo llegue a América, lo llamarán americanismo”. ¿Es posible que los votantes estadounidenses hayan llevado al poder a un Gobierno fascista?

En mi barrio de Brooklyn, todo sigue aparentemente igual. Las tiendas están abiertas y la gente camina dedicada a sus cosas. Sin embargo, la rutina está teñida de miedo. Al otro lado del puente, en el Upper West Side de Manhattan, se encuentra la Universidad de Columbia, donde estudié y obtuve mi doctorado en Literatura en 1986 y que ahora está en apuros con el nuevo Gobierno. Mi difunto esposo, Paul Auster, era estudiante en Columbia en 1968. Fue uno de los centenares de personas que ocuparon un edificio; recibió patadas y golpes de la policía y pasó una noche en la cárcel. Mi cuñado, el artista Jon Kessler, es profesor en la Escuela de Artes de Columbia. En definitiva, es una universidad que siento muy cercana. Después de que hubiera en ella manifestaciones propalestinas durante la pasada primavera, el Gobierno de Trump, para castigarla, le ha retirado millones de dólares de fondos federales con el pretexto del antisemitismo. La universidad ha capitulado ante las draconianas exigencias.

“Las universidades son el enemigo”, se titulaba un discurso pronunciado en 2021 por J. D. Vance, ahora vicepresidente de Estados Unidos y que, irónicamente, se graduó en la Facultad de Derecho de Yale.

Las palabras importan. Alteran la percepción humana, excitan las emociones e influyen en el rumbo de los acontecimientos políticos.

Desde el ascenso de Trump en 2015, se han publicado incontables artículos en distintos medios de comunicación que plantean una pregunta: ¿MAGA es o no es fascista? Jason Stanley, profesor de Yale y autor de Facha, y Ruth Ben-Ghiat, de la Universidad de Nueva York, que publicó Strongmen en 2020, han señalado muchos paralelismos entre el trumpismo y el fascismo europeo. Robert Paxton, autor de La Francia de Vichy: vieja guardia y nuevo orden, 1940-1944, llegó a la conclusión de que MAGA tenía características fascistas al presenciar los actos violentos del 6 de enero de 2021.

La respuesta de los principales medios de comunicación (y muchos académicos) ha sido que realizar esas comparaciones es “irresponsable”. Que los únicos que asocian a Trump con Hitler son los alarmistas de izquierdas. Los Estados Unidos de 2025 no son la Alemania de 1933.

La insistencia en que no se puede utilizar la palabra “fascismo” para hablar del Partido Republicano corresponde al pensamiento convencional. El discurso vocinglero de la extrema derecha es cada vez más habitual en la política. Para situarse en un terreno intermedio, los llamados medios de comunicación tradicionales, que están vinculados a intereses empresariales, tienen miedo de perder el acceso al poder y desean mantener un tono de moderación y continuidad, han decidido recurrir a las paráfrasis. Los berridos racistas, xenófobos y misóginos y las frases incoherentes de Trump pasan a ser declaraciones fluidas y racionales. La técnica tiene un nombre: sanewashing, dar un aire de sensatez a lo que no es más que una locura. Varios periodistas —entre ellos Paul Krugman, excolumnista del periódico— han acusado a The New York Times de caer en ello.

El racismo descarado a la hora de buscar chivos expiatorios entre las personas no blancas y los inmigrantes; la demonización de feministas y marxistas; la evocación de una edad de oro triunfal pero ilusoria que se va a recuperar gracias al gran macho líder, cuya virilidad teatral y beligerante encarna una voluntad cuasi religiosa del “pueblo”; el borrado de la historia; el despido de profesores; la prohibición de libros; la restricción de los derechos de la mujer y la insistencia en que los roles sexuales “tradicionales” son “lo natural”; la alarma por el descenso de la tasa de natalidad; el discurso eugenésico de los “genes malos” y la mágica transformación del grupo que domina una sociedad en víctima son elementos presentes en todos los movimientos fascistas (del siglo XX) y neofascistas (del siglo XXI) del mundo entero.

Hay que destacar que el auge del fascismo en Europa y el ascenso del Ku Klux Klan, la histeria contra los inmigrantes y la popularidad de la eugenesia en Estados Unidos se produjeron después de una pandemia mundial de gripe. La segunda encarnación de MAGA surgió inmediatamente después de la covid-19.

La propaganda, que conecta con los sentimientos colectivos de malestar, proporciona a los espectadores unos cómodos objetos a los que culpar y odiar. Convierte una irritación colectiva sin causa identificable en un diagnóstico específico: son los judíos; es lo woke (que abarca a todo lo que no son hombres blancos heterosexuales). Resulta apropiado llamarlo propaganda. La propaganda es el lenguaje que tiene una misión.

“No hay nada que confunda tanto a la gente como la falta de claridad o de rumbo”, escribió en 1931 Joseph Goebbels, futuro ministro de propaganda nazi, en Wille und Weg. “El objetivo no es presentar al hombre común todas las teorías distintas y contradictorias posibles. La esencia de la propaganda no está en la variedad, sino en la contundencia y la persistencia con las que se seleccionan ideas del pensamiento en general y se inculcan en las masas utilizando los métodos más diversos”.

Goebbels, un hombre con un doctorado en Filología, entendía qué es lo que hay que hacer con el mensaje. Cuando se repite una y otra vez, se consigue el objetivo. Hoy, los medios de comunicación de derechas estadounidenses, como hacía la maquinaria de propaganda nazi, repiten y amplifican las frases de Trump. Hace poco oí a un locutor de radio repetir una y otra vez “FRAUDE Y ABUSOS”, el mantra con el que Elon Musk y sus secuaces justifican el asalto a organismos gubernamentales y el despido de decenas de miles de trabajadores. Un ciudadano estadounidense que no escuche o vea más que los medios de comunicación MAGA está tan aislado como lo estaba el alemán ario cuando los nazis tomaron el control total de los medios de comunicación.

Se ha filtrado a la prensa una lista de 199 palabras marcadas como sospechosas por el Gobierno, entre ellas, negro, diverso, gay y mujer. Blanco, homogéneo, heterosexual y hombre no están incluidos. La purga sería cómica y absurda si no fuera por el miedo que inspira. Los científicos y académicos que aspiren a recibir subvenciones oficiales deben evitar estas palabras. También figuran en la lista mujer y género. Vigilar el lenguaje no es exclusivo del fascismo; es un mal endémico de los regímenes autoritarios.

El filósofo ruso M. M. Bajtín escribió La imaginación dialógica en época de Stalin, cuando emplear la palabra que no tocaba podía suponer el Gulag. El libro, un análisis de la novela, no se publicó hasta 1975. Para Bajtín, el género literario se distingue por tener una variedad de perspectivas y estilos lingüísticos que él llamó heteroglosia. El discurso autoritario, por el contrario, es unitario e inflexible y se impone desde arriba. Está “indisolublemente unido a su autoridad —al poder político, a una institución, a una persona— y se sostiene y cae junto con esa autoridad”.

El poder del lenguaje democrático, de la auténtica libertad de expresión, reside en la igualdad, la variedad, la contradicción, la interpretación y el diálogo: una polifonía encarnada en distintos oradores en diferentes situaciones, cuyas palabras cambian sin cesar porque reaccionan a las palabras con las que se expresan los demás.

La mitad de los votantes de este país no han elegido el neofascismo. A pesar de que hay cada vez más miedo, también hay cada vez más oposición. Mi marido y yo, junto con otros escritores, fundamos en 2020 Writers Against Trump (Escritores contra Trump), ahora llamada Writers for Democratic Action (WDA, siglas en inglés de Escritores por la Acción Democrática), que cuenta con más de 3.000 miembros y es una de las muchas organizaciones de resistencia que están emprendiendo acciones colectivas. Las palabras importan. Las palabras son acción. Hablar y escribir públicamente, o en la clandestinidad si se agrava la represión, será crucial para contribuir a que la segunda versión de Trump conserve o pierda su autoridad. Siri Hustvedt es escritora, ensayista y poeta, premio Princesa de Asturias de las Letras 2019.













[ARCHIVO DEL BLOG] Dados, debates y Dios. Publicado el 01/05/2019










Entre las muchas cosas que podemos pedir a los políticos, “entrar al fondo de la cuestión” no está en la lista, escribe Javier Sampedro,  científico y periodista español, doctor en genética y biología molecular, e investigador en dicha especialidad del Centro Severo Ochoa de Madrid y del Laboratorio del Medical Research Council de Cambridge. 
Esto es un metaanálisis de los debates, comienza diciendo: vamos a analizar a quienes analizan los debates. Una queja común entre ellos es que los candidatos se han enredado en el fuego cruzado y no han penetrado en el fondo de las cuestiones. Es un punto de vista imposible de rechazar —¿quién puede oponerse a entender las cosas?—, pero también una crítica injusta. Si los dos debates hubieran seguido el formato de un seminario TED, como sería necesario para empezar a penetrar en el “fondo de las cuestiones”, los nueve millones de audiencia se habrían encogido como un jersey de conejo de angora lavado en agua hirviendo.
Esto no es culpa de los candidatos, ni de sus equipos ni de las televisiones que los han acogido en su prime time. La culpa es nuestra, de los ciudadanos, que antes nos iríamos a un café teatro que aguantar una discusión sosegada entre políticos. El primer debate nos pareció a todos demasiado tieso de almidón protocolario, y nos ganamos así una segunda vuelta teñida de un añil más tabernario y candidatos hablando de tres en tres como si no hubiera un mañana. Los deseos del público son órdenes para el aspirante. Eso es un debate en nuestros días. La clave de Balbín se extinguió hace mucho y no da signos de resucitar. Y los seminarios tipo TED no se meten en campañas políticas, al menos de momento.
Veamos el mejor ejemplo de debate que nos ofrece la ciencia. Comenzó hace un siglo con uno de los relatos más seductores de la historia del conocimiento. Pese a toda su fama de revolucionario, Einstein creía en un universo ordenado y predecible. Su teoría de la relatividad general era —y sigue siendo— el paradigma de la elegancia y la parsimonia, con las estrellas curvando suavemente el espacio y las curvas del espacio determinando el movimiento de los planetas y las galaxias en una eterna armonía cósmica. Mientras tanto, Niels Bohr y su prodigiosa escuela de Copenhague estaban revelando un mundo cuántico donde la probabilidad sustituía a la certeza. Un mundo inaceptable para Einstein.
¿Podemos imaginar un debate entre Einstein y Bohr al estilo de los que nuestros políticos han mantenido estos días? Sí, podemos, porque los dos físicos ya nos dieron en la época los tuits necesarios para ello. “No creo que Dios juegue a los dados”, dijo Einstein, y Bohr le respondió: “Deja de decirle a Dios lo que debe hacer”. Breve, brillante y directo al punto: el sueño de cualquier asesor electoral.
Pero hoy sabemos que los dos contendientes tenían razón. La relatividad de Einstein es el fundamento de la cosmología moderna, la ciencia de lo muy grande, y la mecánica cuántica de Bohr reina en el mundo microscópico. Ambas predicen la realidad con un montón de decimales. Pero son tan incompatibles entre sí como ya lo eran los puntos de vista de Einstein y Bohr hace un siglo. Uno de los físicos teóricos más provocadores de nuestro tiempo, Lee Smolin, acaba de publicar Einstein’s Unfinished Revolution (La revolución inacabada de Einstein), donde sostiene que, pese a todo el inmenso éxito que puede exhibir la mecánica cuántica, que es el alma de los ordenadores y las comunicaciones modernas, la teoría es incorrecta. Cien años después del gran debate, Smolin sigue creyendo que Dios no juega a los dados. Entre las muchas cosas que podemos pedir a los políticos, “entrar al fondo de la cuestión” no está en la lista. Pobres. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 



















Del poema de cada día. Hoy, Charlotte taart / Tarta Charlotta, de Charlotte Van den Broek

 






CHARLOTTE TAART


Toen je je omdraaide en we tevergeefs probeerden nog een dessert te maken met onze puddingbenen wist ik dat je me daar allang niet meer uitstond.

En dat terwijl ik me in talloze smaken presenteer: — Charlotte met schuimig frambozensorbet. — Charlotte met sinaasappel en muntgelei. — Kerstcharlotte. — Charlotte met advocaat. — Charlotte met ham op z'n Bourgondisch. Nietwaar?

Toen probeerde ik dwaas romantisch de sproeten op je linkerschouderblad te tellen, het waren er veel en ik raakte de tel kwijt, toen we elkaar al niet meer goedendag zeiden, daarna stopte je met "hallo" te zeggen, je noemde me grof voedsel om te consumeren tussen soep en aardappelen, gekweekt en geslacht op een McDonald’s boerderij die van mooie kalfjes goedkope hamburgers maakt.

Ik ben je big-and-tasty-quarter-pounder-bbq-bacon- southern-style-crispy-chicken- premium-grilled-double-cheeseburger.

Smaak ik je?, wil je nog een keer?

Als ik lach, verandert de omtrek van mijn gezicht, kijk maar.

Ik weet niet wat je esthetischer vindt, maar geluk is maakbaar volgens bepaalde afdelingen in de boekhandels dus begin mijn gezicht te kneden en geef het de vorm die het moet hebben tot het lijkt op het masker van je komedie.

Ik ben minder tragisch dan je denkt.




***






TARTA CHARLOTA



Cuando te diste la vuelta y en vano intentamos


todavía hacer un postre con nuestras piernas de flan


supe que hacía tiempo que allí no me soportabas.


 


Y eso que me presento en multitud de sabores:


―Charlota con helado espumoso de frambuesa.


―Charlota con naranja y jalea de menta.


―Charlota navideña.


―Charlota de licor de huevo.


―Charlota de jamón a la borgoñesa.


¿Que no?


 


Entonces intenté bobamente romántica


contar las pecas en tu paletilla izquierda,


eran muchas y me perdí, cuando ya ni siquiera


 


nos dábamos los buenos días, luego dejaste


de decirme «hola», me llamaste comida basta


para consumir entre potaje y patatas, criada


y sacrificada en una granja McDonald’s que hace


de hermosas terneras hamburguesas baratas.


 


Soy tu big-and-tasty-quarter-pounder-bbq-bacon-


southern-style-crispy-chicken-


premium-grilled-double-cheeseburger.


 


¿Te gusto?, ¿quieres repetir?


 


Cuando me río,


cambia el contorno de mi cara,


míralo.


 


No sé qué encuentras más estético,


pero la felicidad es realizable


según determinadas secciones de las librerías


así que ponte a amasar mi cara


y dale la forma que sea


hasta que se parezca a la máscara de tu comedia.


 


Soy menos trágica de lo que piensas.



***




CHARLOTTE VAN DEN BROEK (1991)

poetisa belga