El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
lunes, 16 de septiembre de 2024
¿Para qué sirven la Historia y los historiadores? [Archivo del blog. 25/09/2016]
El poema de cada día. Hoy, Hacia la página, de Jaime Siles (1951)
HACIA LA PÁGINA
Húmedas, ígneas, líquidas,
lejanas voces que resbalabais por el vértigo
con sonrisa mirífica y acuática.
Frías, fúlgidas, férvidas, selváticas
voces que me borrabais del idioma
la memoria marina de las algas.
Ácronas, créticas, crípticas, cromáticas
voces que conjurabais en la lengua
el lenguaje, el mundo, la palabra.
Voces sin signos, voces sin perfiles,
voces en el vivir visualizadas,
ponedme la pasión de poseeros
en el papel preciso de la página.
Jaime Siles (1951)
Poeta español
domingo, 15 de septiembre de 2024
De las entradas del blog de hoy domingo, 15 de septiembre de 2024
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo, 15 de septiembre de 2024. El escaso éxito de las arengas antipopulistas ha dejado un reguero de gente perpleja. ¿Son malos nuestros análisis o los votantes? ¿Cómo es posible que el pueblo tome soberanamente decisiones tan absurdas o vote a políticos tan indeseables?, se pregunta en la primera de las entradas del blog de hoy el filósofo Daniel Innerarity. En la segunda, un archivo del blog del 3 de septiembre de 2005, el autor del mismo comentaba que ya se había dicho casi todo sobre la crisis migratoria y que a este paso acabaría en el lugar donde se relegan las cosas sobre las que no queremos hacer nada al respecto: en la categoría de tragedia. La tercera del día nos trae hoy al blog el poema Disolución del sueño, del poeta español Guillermo Carnero (1947). Y la cuarta, como todos los días, son las viñetas de humor. Espero que les resulten de interés. Y ahora, como decía Sócrates nos vamos y nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Y sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt
Del déficit antipopulista
El escaso éxito de las arengas antipopulistas ha dejado un reguero de gente perpleja. ¿Son malos nuestros análisis o los votantes? ¿Cómo es posible que el pueblo tome soberanamente decisiones tan absurdas o vote a políticos tan indeseables?, escribe en La Vanguardia [Contra el antipopulismo. 14/09/2024] el filósofo Daniel Innerarity. Da la impresión de que el objetivo de esos interrogantes no es entender la causa de unas malas decisiones sino denunciar su irracionalidad. Por supuesto que el pueblo se equivoca, pero, como análisis, esa afirmación es insuficiente. También nos equivocaríamos quienes tratamos de entender lo que sucede si redujéramos todo a la cuestión: ¿Qué le está pasando a la gente? En vez de tomarlo como un motivo para investigar y cuestionarse, lo enfocamos como si se tratara de una extraña patología que no puede tener ningún fundamento objetivo.
El pueblo soberano, cuando protesta o vota, se nos ha convertido en el culpable de inaceptables sobresaltos, en una caja negra que nadie termina de entender, en una caja de sorpresas, que se equivoca ostentosamente (Brexit) o recupera por un momento la lucidez (segunda vuelta de las legislativas francesas). Así pensamos la soberanía popular y así hemos despotenciado el factor de imprevisibilidad que forma parte de la democracia, esa incertidumbre que se hace valer especialmente en los momentos electorales.
Soberanía significa poder desmentir los pronósticos y decepcionar las expectativas, algo que sucede muchas veces en las elecciones y las consultas. Por supuesto que la democracia no es solo democracia electoral, pero hay quien piensa que el problema de la democracia es la imprevisibilidad del pueblo en las elecciones. Son quienes proponen como solución salvarla disminuyendo su dimensión electoral o los asuntos que son dejados a la decisión popular, neutralizando constitucionalmente todo lo que sea posible, aunque sea a costa de estrechar el espacio de la política y generar nuevos conflictos.
Es así como en el debate actual acerca del populismo ha resurgido la antigua narrativa elitista del siglo XIX, el viejo miedo de los dominantes ante el poder político de la mayoría. De hecho, toda la tipificación del populismo (como indignados, negacionistas, emotivistas, irracionales) sigue teniendo un aroma paternalista y no está consiguiendo que lo entendamos mejor, que debería ser el punto de partida para hacerle frente. Uno de los principales argumentos contra el populismo es la apelación a las evidencias científicas, lo que manejado así puede ser percibido por muchos como un estrechamiento del pluralismo y la democracia, con un toque de arrogancia. Pero lo cierto es que las evidencias científicas no son tantas ni indiscutibles, ni es muy compatible con la democracia el ideal tecnocrático de depositar en la técnica la esperanza en la solución de los problemas políticos.
Con el objetivo de frenar el autoritarismo, podemos estar ofreciendo una idea de la ciencia y de la tecnología muy poco amables, dogmáticas. El diseño institucional que sustrae demasiados temas de la decisión colectiva y la instrumentalización de la ciencia y la tecnología para limitar la discusión pública tienen en común una deriva autoritaria. La política tiene que respetar el derecho y tomar en consideración las opiniones científicas, por supuesto. Pero no es una solución acertada apelar a las instancias absolutas del derecho y la verdad científica para resolver los problemas que plantea la incertidumbre democrática.
Seguiremos fracasando mientras el discurso populista, pese a su debilidad, siga pareciendo verosímil a amplias capas de la población. Es más útil analíticamente indagar en aquello que lo hace creíble que insistir en su falsedad. No está acertando la actual investigación sobre el populismo, que es fundamentalmente investigación sobre la desviación política, sobre la anormalidad democrática. Por este camino no iremos muy lejos en su comprensión. Tenemos que entenderlo en su vinculación con la democracia liberal, no como su contrario.
Hemos de explicar por qué ha proliferado ese populismo que los liberales califican como enemigo de la democracia liberal, pero que a mí me parece, más que un enemigo, un efecto causado por la concepción liberal de la democracia. El populismo no es el problema de la democracia representativa sino la señal de que esta tiene un problema.
No es fácil saber si la ola de constitucionalización que generó los regímenes liberales responde al deseo de protegerse del populismo o si es al revés y el populismo surge como respuesta a una excesiva limitación de los espacios de acción política. Puede que el populismo no sea el enemigo de la democracia liberal sino su espectro, la reacción que produce ese diseño institucional pensado para limitar al máximo un posible descontrol popular. El liberalismo no se encuentra sino que produce sus propios enemigos.
Populismo y antipopulismo forman parte del mismo marco de juego político. Declararse contra el antipopulismo no le convierte a uno, en virtud de una dialéctica elemental, en defensor del populismo, del mismo modo que criticar la tecnocracia no implica ser populista. La defensa de la democracia en este siglo XXI consiste en concebirla y practicarla de modo que no se plantee ese antagonismo, que no haya una ruptura tan radical entre el principio de realidad y el principio de placer, entre razones y emociones. Esta escisión es lo que pone de manifiesto que tenemos un problema que no se resuelve con la toma de posición por uno de sus términos. Daniel Innerarity es filósofo.
Si Europa fuera un país... [Archivo del blog. 03/09/2015]
El poema de cada día. Hoy, Disolución del sueño, de Guillermo Carnero (1947)
DISOLUCIÓN DEL SUEÑO
Nadie puede instalarse
en los sueños de otro: están fundados
en la incredulidad, la decepción y el miedo,
y su inquietud no admite compañía.
Juguetes rotos de una niñez tapiada
que no quiere arriesgar el privilegio
de mecerse en la paz de no haber sido;
un andrajo sin nombre
vacante en el umbral del paraíso
al no tener un cuerpo que lo vista.
El que contempla el Sol no ve su fuego,
cifrado en cenital circunferencia;
baja la vista, y teme. Lo confunde la luz;
sólo puede mirarla si se mezcla
a los colores turbios de las cosas.
Tampoco se permite
afrontar la arrogancia de sus sueños.
Finge que no lamenta su vacío
pues no los tiene ni jamás los tuvo,
o los destierra al sótano más hondo
sin calor ni alimento, hasta que mueren
y vagan insepultos y lo acosan
al apagar la luz en un cuarto de hotel;
y por fin engalana su cadáver,
lo corona de mirto y lo pasea
para ofrecerlo a quien lo pisotee,
y lo destierra al fin a la página escrita
para eludir su insulto de blancura,
salpicando de tinta su amenaza de espejo,
su insoslayable potestad de lirio.
Sueño: región más alta,
sonora en geometría cuyo color se vuelve
imán de la certeza del exilio.
La voz es una brisa que nos trae
los primeros jirones
de los aromas del jardín del sueño.
Ha de reburujarse como seda
o desplegarse cálida y redonda,
henchida al ascender en su ternura,
y volar sobre cumbres y estuarios.
Así tu voz, umbral de tantos mundos,
sabía concederlos resumidos
en la proximidad del horizonte
de la luz de la llama de una vela;
pero hoy vendría a mí tenue y descalza,
sobre la duda de cristales rotos
que esparciste en la estela de tu nombre.
Si rompieras a hablar, tu voz tendría
una pátina oscura de parajes
donde se pudre la lección del tiempo.
Ya no podré entenderte si me hablas:
sólo olvidando el lastre de las cosas
y las aristas negras de los nombres
tiene tu voz la pulcritud del sueño:
música en el estuche de su brillo.
En los sueños, los ojos son azules:
si son de otro color, no estás soñando.
El azul es un reino de dulzura.
Dulzura no es palabra suficiente
en lo espiritual y trascendido;
es la de los torrentes cuando llegan
a presentar en el Abril del valle
la rendición templada de su hielo,
conservando en color de las alturas
la transfiguración del aire límpido;
la del rumor de guijas y de conchas
que resuena en las playas por la noche,
llenando de sí misma
la conciencia de estar oculto y solo.
Cuando abrías los ojos levantabas
una cúpula azul sobre la tierra,
coronada de flámulas ardientes;
un recinto tan alto
y en su ofrenda de luz tan silencioso
que toda voluntad se deslizaba
por la pendiente del desasimiento.
Así unos ojos pueden encender
la latitud inaugural del mundo
diáfana y trasparente sin frontera,
y entrecerrar su propio laberinto
de heces y esquirlas de rumor taimado.
No quiero su amenaza
en la consternación del aire turbio:
sólo el azul extático y redondo.
La curvatura es vocación del río
con inflexiones lentas de meandro
en el arroyo que desciende al valle,
es consuelo en el círculo del Sol
cuando tiñe de rojo la parábola
en que la luz dibuja el horizonte,
espiral aguzada
en el brillo del brote de la hoja,
convexidad en la tensión del fruto,
densidad y turgencia
en todo lo colmado y lo creciente.
La redondez es signo de la carne
de mujer, salvación,
oasis de volumen
en la angustia del plano y de la recta;
pero ha de ser jardín al que no lleve
la ausencia de un camino no trazado.
Esa es la norma capital del sueño,
lo que confiere elevación de nube
y resplandor solar de paraíso
a la entereza de un jardín redondo
retirado al secreto
de su concavidad, sin que el dardo del tiempo
-serpiente rectilínea que hiere con la ciencia
del veneno sin paz de la memoria-
tenga puerta cerrada en que clavarse.
Pero tú oscureciste el horizonte
donde pudo brillar el más diáfano
silencio precursor de voz primera,
y trajiste al preludio
de su estación redonda la maldición del tiempo:
un largo corredor de palabras caídas
pudriéndose en la sombra de su otoño.
Así llegué al umbral del paraíso
como Moisés en su último viaje;
y en la desolación de la memoria
y la miseria del entendimiento
se desvanecen un jirón azul,
geometría sin voz, música abstracta.
Guillermo Carnero (1947). Poeta español
sábado, 14 de septiembre de 2024
De las entradas del blog de hoy sábado, 14 de septiembre de 2024
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz sábado, 14 de septiembre. Para comprender la profundidad de la crisis político-institucional que atraviesa Francia, conviene detenerse en el carácter del hombre al mando. El país vecino siempre ha sido crítico con sus presidentes, escribe en la primera de ellas la historiadora Lilith Verstrynge. En la segunda, un archivo del blog de hace justamente doce años, el autor del blog hablaba de lo que para él significaba y había significado la publicación de Revista de Libros. La tercera es hoy el poema Olvidaré tus ojos cargados de ternura, de la escritora inglesa Mary Shelley (1797-1851). Y la cuarta, como siempre, las viñetas de humor de cada día. Espero que les resulten interesantes de leer. Y ahora como decía Sócrates, nos vamos. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Tamaragua, amigos míos. HArendt
































