El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
miércoles, 28 de agosto de 2024
martes, 27 de agosto de 2024
De las entradas del blog de hoy martes, 27 de agosto
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes, 27 de agosto. No tiene ni idea de cuándo terminará la guerra en Ucrania, dice en la primera de las entradas del blog de hoy el analista de política internacional Wolfgang Münchau, pero cree que puede suponer cómo terminará: que será algo similar al último intercambio de prisioneros entre Rusia y Occidente de estos días atrás. La segunda es un archivo del blog de agosto de 2016 en la que el periodista Fernando Garea contaba los entresijos del pacto que tramaban PP y Ciudadanos para conseguir la investidura de Mariano Rajoy como presidente del gobierno. La tercera, con el poema de cada día, viene hoy de la mano de la poetisa costarricense Eunice Odio (1919-1974), con el titulado Poema primero. Y la cuarta son las viñetas de humor de todos los días. Espero que todas ellas les resulten interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico; al menos inténtenlo. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos.
Del final de la guerra de Ucrania
No tengo ni idea de cuándo terminará la guerra en Ucrania, pero creo que puedo suponer cómo terminará, escribe en El País [Cómo acabará la guerra de Ucrania, 26/08/2024] el analista de política internacional Wolfgang Münchau. Será algo similar al último intercambio de prisioneros entre Rusia y Occidente. Ha sido un acuerdo completamente inesperado, fruto de una diplomacia discreta. Occidente se aseguró la liberación de 16 prisioneros, en su mayoría occidentales, entre ellos el periodista estadounidense Evan Gershkovich. Vladímir Putin consiguió que su asesino a sueldo favorito, Vadim Krasikov, saliera de una cárcel alemana. En 2019, Krasikov mató a Zelimkhan Khangoshvili, exjefe de una tropa de combate de los rebeldes chechenos, que más tarde trabajó para los servicios de inteligencia georgianos identificando a espías rusos. El tribunal alemán que condenó a Krasikov afirmó que era un hecho que Krasikov actuaba en nombre del Gobierno ruso. No está del todo claro por qué Putin quería liberar a Krasikov, pero sí ha quedado claro que estaba muy interesado en él.
La diplomacia para poner fin a la guerra llevará más tiempo, pero también tendrá lugar de forma sigilosa y en secreto, y supondrá una sorpresa para los partidarios de Ucrania en Occidente, algunos de los cuales posiblemente siguen creyendo que Ucrania puede lograr la victoria total, incluida la liberación de Crimea, y tal vez incluso el cambio de régimen en la propia Rusia. El problema para Ucrania ha sido que sus partidarios occidentales no tienen un objetivo de guerra comúnmente acordado.
La guerra en Ucrania terminará cuando ambas partes se den cuenta de que el coste de seguir luchando supera los beneficios. Aún no hemos llegado a ese punto. Las tropas rusas han seguido adentrándose en territorio ucranio a lo largo de los dos últimos meses, aunque solo han conseguido avances modestos.
La ofensiva ucrania en la región fronteriza rusa de Kursk constituye un giro interesante. Es una maniobra arriesgada. Si tiene éxito, podría llevar a una reubicación de las tropas rusas lejos de la línea del frente en Ucrania. Podría dar a Ucrania una baza en las negociaciones de paz. Pero me cuesta ver cómo Ucrania puede reconquistar los territorios ocupados por Rusia, del mismo modo que me cuesta ver cómo Rusia puede ocupar más territorios ucranios más allá de unos cuantos pueblos aquí y allá.
La invasión de Kursk ha supuesto sin duda una inyección de moral. Ucrania atrae ahora algunos titulares positivos. Pero esta guerra no se va a ganar a base de proezas. Lo que es poco probable que mejore es la fatiga en el apoyo a Ucrania, que avanza sin prisa, pero sin pausa en países como Estados Unidos y Alemania. Ni siquiera estoy seguro de que el resultado de las elecciones estadounidenses vaya a cambiar mucho las cosas. Una vez que entremos en el tercer año de la guerra, con las líneas de batalla prácticamente sin cambios, mucha gente en Occidente querrá que esto termine, no solo los admiradores de Putin en la ultraderecha. A menos que uno de los bandos logre un avance militar, el escepticismo crecerá.
Una de las razones para el lento apoyo occidental es económica. La ayuda para Ucrania compite con el gasto interno. Los presupuestos militares son ajustados en todas partes. El precio del gas ha empezado a subir de nuevo en los mercados energéticos debido al papel fundamental que desempeña la provincia de Kursk en el suministro de gas ruso a Europa. Ucrania ha ocupado la ciudad de Sudzha, en Kursk, que se encuentra cerca de donde el gas ruso entra en la red de gaseoductos ucranios. Hace dos años, cuando los gasoductos Nord Stream en el Mar Báltico volaron por los aires, el gas ucranio siguió fluyendo por el punto de tránsito de Sudzha. Ucrania también explota grandes instalaciones de almacenamiento de gas de las que Europa Occidental depende en gran medida para sus suministros. Si se interrumpen estos suministros de gas, Europa será más vulnerable. Ambas partes están atacando ahora las infraestructuras energéticas de la otra.
Las sanciones económicas occidentales no han conseguido aumentar la presión sobre Rusia para que abandone. Su economía ha registrado mejores resultados que las economías occidentales. Desde el principio he alertado del peligro de sobreestimar el impacto de las sanciones económicas, porque el continente euroasiático es grande y sus múltiples rutas comerciales son difíciles de controlar. China, India y Rusia han reforzado su alianza estratégica. Rusia adquiere armas de Corea del Norte e Irán.
Pero los recursos de Rusia tampoco son infinitos. En estos momentos, Rusia se beneficia del efecto de la economía de guerra. Eso acabará por desaparecer. Aunque no creo que sea una buena idea retar a Putin a un juego de resistencia económica, tampoco deberíamos llegar a la conclusión contraria de que Putin querrá luchar eternamente. A menos que se produzca un cambio fundamental en la situación militar para el año que viene, realmente no tendría sentido para él continuar esta guerra. Lo mismo puede decirse de Ucrania.
El presidente Volodímir Zelenski afirma que no aceptará nada que no sea una retirada total de Rusia. Rusia quiere cuatro provincias ucranias. El derecho internacional apoya plenamente la posición de Ucrania, pero esta guerra no se resolverá en los tribunales. Desde una perspectiva militar, los objetivos declarados por ambas partes parecen poco realistas. Mi hipótesis de partida es que se pondrán de acuerdo sobre algún punto intermedio, quizá el año que viene. Aún hay mucho en juego, pero nadie conseguirá todo lo que quiere. Será un acuerdo en el que no habrá vencedores, pero que permitirá a ambas partes cantar victoria. Será un trato sucio, lanzado al mundo como un hecho consumado, igual que un intercambio de prisioneros. Wolfgang Münchau es director de www.eurointelligence.com
El paripé de la investidura. [Archivo del blog. Publicado el 29/08/2016]
El poema de cada día. Hoy, Poema primero, de Eunice Odio (1919-1974)
POEMA PRIMERO
Ven
Amado
Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche.
Tu cuerpo acabará
donde comience para mí
la hora de tu fertilidad y tu agonía;
y porque somos llenos de congoja
mi amor por ti ha nacido con tu pecho,
es que te amo en principio por tu boca.
Ven
Comeremos en el sitio de mi alma.
Antes que yo se te abrirá mi cuerpo
como mar despeñado y lleno
hasta el crepúsculo de peces.
Porque tú eres bello,
hermano mío,
eterno mío dulcísimo,
Tu cintura en que el día parpadea
llenando con su olor todas las cosas,
Tu decisión de amar,
de súbito,
desembocando inesperado a mi alma,
Tu sexo matinal
en que descansa el borde del mundo
y se dilata.
Ven
Te probaré con alegría.
Manojo de lámparas será a mis pies tu voz.
Hablaremos de tu cuerpo
con alegría purísima,
como niños desvelados a cuyo salto
fué descubierto apenas, otro niño,
y desnudado su incipiente arribo,
y conocido en su futura edad, total, sin diámetro,
en su corriente genital más próxima,
sin cauce, en apretada soledad.
Ven
Te probaré con alegría.
Tú soñarás conmigo esta noche,
y anudarán aromas caídos nuestras bocas.
Te poblaré de alondras y semanas
eternamente oscuras y desnudas.
Eunice Odio (1919-1974). Poetisa costarricense
lunes, 26 de agosto de 2024
De las entradas del blog de hoy lunes, 26 de agosto
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes, 26 de agosto. Con la superación de antiguos tabúes, la aparición de los teléfonos inteligentes y la exuberancia de amistades en redes sociales, el futuro auguraba un desconocido esplendor de conversaciones y conexiones, dice en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora Irene Vallejo, y sin embargo, hoy nos descubrimos atrincherados mentalmente y más solitarios que nunca. La segunda, es como siempre, un archivo del blog de noviembre de 2015 en el que el filósofo Manuel Fraijó nos hablaba del difícil acomodo que Dios encuentra hoy, al menos en la geografía occidental. La tercera entrada va, como siempre también, de poesía, en el caso de hoy del poeta palestino Rashid Hussein (1936-1977), con su poema Me opongo. Y la cuarta y última, con algunas de las viñetas de humor de la prensa nacional. Espero que todas ellas les resulten interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico; al menos inténtenlo. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. HArendt
Del placer de conversar
Era una promesa tentadora. La utopía del tercer milenio presagiaba la comunicación sin límites. Con la superación de antiguos tabúes, la aparición de los teléfonos inteligentes y la exuberancia de amistades en redes sociales, el futuro auguraba un desconocido esplendor de conversaciones y conexiones. Y, sin embargo, hoy nos descubrimos atrincherados mentalmente y más solitarios que nunca, comenta en El País [El don de la conversación, 25/08/2024] la escritora Irene Vallejo. Aunque compartimos una honda sed de atención y escucha,comienza diciendo Vallejo, hacemos oídos sordos y nos hablamos con hostilidad o indiferencia. En todas partes aflora una queja recurrente: la falta de consideración. Unas pocas personas reciben todo el reconocimiento, mientras una inmensa mayoría se siente desatendida, acallada y aislada.
Buena parte de las conversaciones cotidianas son distraídas y rutinarias. Se arrojan palabras al vacío para llenar el tiempo y conjurar la incomodidad. Nos educan para temer el silencio como algo hostil, pero lo esquivamos con torpeza. Seríamos personas distintas si los encuentros que decidieron el rumbo de nuestra vida hubieran sido menos mudos y superficiales, si de verdad hubiéramos intercambiado pensamientos. Quizás este mundo hechizado por la exuberancia de información empieza a añorar el placer —y el poder— de la conversación. Como dijo Luis Buñuel: “Yo adoro la soledad a cambio de que un amigo venga a hablarme de ella”.
En su Historia íntima de la humanidad, Theodore Zeldin recuerda dos momentos decisivos en la crónica de los hallazgos parlantes de nuestra especie. La primera de esas etapas estelares tuvo lugar cuando la filosofía griega descubrió el diálogo. Hasta entonces, el modelo de aprendizaje era el monólogo: el hombre sabio o el dios hablaban, y los demás escuchaban. Los tempranos filósofos helenos proclamaron que los individuos no podían ser inteligentes por separado, sino que necesitaban el acicate de otras mentes. Sócrates fue el primero en sostener audazmente que dos personas pueden aprender interrogándose mutuamente y examinando las ideas heredadas hasta detectar sus fallos, sin atacarse ni insultarse. Sócrates admitía con humor que, siendo extraordinariamente feo, luchó por demostrar que todo el mundo puede resultar hermoso por su forma de hablar.
Aquel caudal revolucionario y parlanchín desembocó en Roma. Cicerón, líder político y pensador, heredó la misma fascinación por las palabras entretejidas en común. Afirmó que “quien entabla una conversación no debe impedir entrar a los demás, como si fuera una propiedad particular suya; debe pensar que, como en todo lo demás, también en la conversación general es justo que haya turnos”. Sus escritos no eran ensayos concluyentes, sino diálogos a varias voces en los cuales él desempeñaba solo un pequeño papel y que terminaban sin un claro vencedor. Cicerón, gran conocedor de los entresijos del poder y a la vez enamorado de la filosofía, se adiestraba en el debate de ideas, que nos ayuda a encontrar archipiélagos de concordancia entre los océanos del desacuerdo.
Tras los hallazgos antiguos, el Renacimiento alumbró un nuevo escenario de pasión parlante, protagonizado ahora por mujeres. En los círculos intelectuales, las damas se cansaron de la conducta tosca y ostentosa de los cortesanos, que se pavoneaban como gallos de pelea. El movimiento brotó en las principales ciudades italianas, se extendió por Francia e Inglaterra y finalmente por el resto de Europa y América. Frente a la arrogancia, nacía otro ideal: cortesía, delicadeza, tacto y cultura. El modelo más imitado fue el de Madame de Rambouillet, que inventó a principios del siglo XVII la orquesta de cámara de la conversación. Enseñó a sus contemporáneos a filtrar sus ideas a través de mentes ajenas. Sus reuniones dieron vida a epigramas, versos, máximas, retratos, panegíricos, música y juegos. Sobre todo, derribaron el modelo de debate orientado a aplastar a los demás: acordaron que la seriedad sería liviana, que la razón escucharía a la emoción, que practicarían la cortesía sin asfixiar la sinceridad. Aunque ese baremo del gusto y el refinamiento fue privilegio de círculos aristócratas, aquellos salones —casi siempre liderados por sabias anfitrionas— dieron cobijo a las ideas ilustradas. En ocasiones, el diálogo se volvió vanidoso y pedante, encantado de su propio lustre, hasta derivar en manierismos impostados, pero aquella costumbre dejó un valioso legado: la cultura de la conversación. Según la ensayista Benedetta Craveri, lo extraordinario de aquellas charlas de salón fue que aspiraban a la claridad, la mesura, la elegancia, y el respeto por el amor propio ajeno.
Estas sendas humanistas ofrecen rutas para los retos de hoy. Aún debemos aprender el arte de hablarnos con respeto, incluso entre desconocidos, conscientes del impacto de nuestras palabras sobre el equilibrio, a veces frágil, del ánimo de los demás. En el siglo pasado, filósofos como Martin Buber o Emmanuel Levinas pensaron que, en esencia, somos seres de encuentros: el yo emerge del diálogo con un tú, el otro, el diferente. La conversación real entre dos personas que se escuchan es la mejor herramienta para derribar barreras en un mundo tan desigual como enfrentado, donde la ausencia de comunicación se está convirtiendo en un gran problema sumergido en el silencio. El aislamiento prolongado daña la salud y, si perdura en el tiempo, el sufrimiento de no poder hablar libremente, sin máscaras ni miedo a la incomprensión, puede derivar en estados de angustia. Un número creciente de jóvenes empieza a confesar que sufren soledad no deseada, cuando solía ser la franja de edad menos amenazada. Se extiende la sensación de distancia, de frustración, presión y falta de calidez en los encuentros con otras personas. De ver pasar los días y la vida desde una prisión de cristal o tras la trinchera de una pantalla, donde nadie puede llegar hasta ti. Una clave esencial para entender los estallidos y los aullidos de nuestro tiempo es esa ira que se puede mitigar con escucha o, al contrario, azuzar en una espiral de agresividad.
Toda auténtica colaboración precisa conversación, esos diálogos donde, mientras jugamos —sin juzgarnos— con las ideas, forjamos alianzas. La acción colectiva gana fuerza cuando somos capaces de verbalizar nuestras debilidades y complejidades. Sin miedo, asumiendo el peligro, ya que al escuchar corremos el riesgo de que nos convenzan. De hecho, “conversar” proviene del latín versare, “girar”. Se refiere a convivir, converger, pero también cambiar, darse la vuelta en compañía. De alguna forma, con-versar es una actividad de calado político y poético —tejer versos con otras personas—. En lugar de trenzar palabras vivas, nos agazapamos tras nuestras caras pantallas para no hablar cara a cara. Los teléfonos nos silencian más a menudo que nosotros a ellos. Mientras nuestros dedos escriben hipnotizados a un rostro lejano, no miramos a quienes nos rodean: estamos desperdiciando experiencias, protagonizando huidas fallidas. El inconveniente de esta edad de oro de la comunicación y la información es que todavía no hemos aprendido a hablarnos. Humanizamos y amamos a nuestros aparatos, mientras somos cada vez más maquinales con otras personas. El error fue creer que la tecnología nos enseñaría a conversar. Para el algoritmo, una persona queda reducida tan solo a un mero “cliente”, “seguidor” o “usuario”. Cuando la red digital nos atrapa en nichos de mercado, y el griterío político nos enclaustra en bandos enfrentados, la antigua invitación al diálogo mantiene viva la esperanza de abrir jaulas, serenar estridencias y construir encuentros. Tal vez más que nunca, de la conversación depende la conservación de la comunidad. Irene Vallejo es filóloga y escritora.
El Dios de cada uno. [Archivo del blog - 04/11/2015]
No sé a ciencia cierta si el pensamiento de Teilhard de Chardin podría definirse como panteísta, si entendemos como panteísmo la creencia o concepción del mundo y la doctrina filosófica según la cual el universo, la naturaleza y Dios son equivalentes: "todo es Dios y Dios está en todo". Pero si no es así, se le parece bastante. Y esa es también mi idea, aproximada, de Dios, al que yo (y otros) llamamos Azar; así, con mayúsculas.
Contra lo que puede parecer a más de uno, a mí, personalmente, el fenómeno religioso no me deja indiferente. Puedo no creer, y de hecho no creo, como decía al comienzo de esta entrada, en una divinidad personal creadora de todo lo existente, ni en la vida eterna ni en la resurrección de los muertos, pero eso no significa ni por asomo que la vida del espíritu me resulte ajena. No me atormentan las dudas que atormentaban a Pascal, ni a la filósofa y pensadora francesa de origen judío Simone Weil (1909-1943), que dejó plasmadas en un hermosísimo librito titulado "Carta a un religioso". Hay dos frases de ella en ese libro que mí me conmueven especialmente y que dejo expuestas sin comentarlas. La primera, que es casualmente, con la que termina el libro dice así: "¡Cuánto cambiaría nuestra vida si se viera que la geometría griega y la fe cristiana han brotado de la misma fuente!". La segunda, y con ella termino, dice: "Si el Evangelio omitiera toda mención de la resurrección de Cristo, la fe me sería más fácil. La Cruz sola me basta". A mí también, y en ese sentido me gustaría añadir que si se pudiese ser cristiano sin tener que creer en un Dios, y bastara con ser seguidor del Jesús de Nazareth histórico y presente en los Evangelios, yo no tendría empacho alguno en declararme como tal. Pero supongo que es imposible. Y así sigo. Y ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν", nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt








































