viernes, 23 de agosto de 2024

De las entradas del blog de hoy viernes, 23 de agosto de 2024

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 23 de agosto de 2024. Si Narciso hubiera existido, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy la socióloga Esther Peñas, en lugar de zambullirse en el agua, se hubiera golpeado contra el cristal de una pantalla. La segunda es un archivo del blog de hace hoy, justamente, dieciséis años, y estaba escrito por la periodista Barbara Probst Solomon e iba de la campaña presidencial de Barack Obama, pero también de cine e historia. La tercera es un poema titulado A la noche, escrito por la politóloga alemana Hannah Arendt; sí, también escribió poesías. Y la cuarta va, como siempre, de viñetas de humor de la prensa nacional. Espero que todas ellas les resulten interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico; al menos inténtenlo. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com








De la sociedad narcisista

 






Desde la antigüedad, escribe la socióloga Esther Peñas [La sociedad narcisista. Revista Ethic, 20/08/2024] un mito nos previene de las letales consecuencias de contemplarse en exceso: el de Narciso y su mortífero amor a sí mismo. Acaso Caravaggio fue quien mejor retrató esa fascinación seductora de quien queda prendado de su propio reflejo, hasta el punto de morir ahogado y convertirse en flor. Hoy, es la mejor representación de nuestra sociedad, que ha reemplazado la vida por la imagen.

Noventa y cinco millones de fotografías se suben cada día a Instagram, según datos de la propia red. Muchas de ellas, como sucede en otras plataformas, son anécdotas que carecen de la menor importancia: «Yo, comiendo en este restaurante», «Yo, con mi mejor amiga», «Yo y mi perro», «Yo, a solas»…; el yo en mayúscula se ha convertido en una imagen fractal hueca. Si cada cosa que hacemos es lo suficientemente importante para compartirla en el ciberespacio, ninguna lo es. Pero esta sociedad nos obliga a ser empresarios de nosotros mismos, a venderse, a autopromocionarse, porque el narcisismo «es el dar a ver y hacerse mirar», como asegura la psicoanalista Constanza Mayer.

Esa imagen que proyectamos rinde culto a los gimnasios, a las sonrisas forzadas, a los tratamientos de estética, a la esclavitud de la moda, consume experiencias con ansiedad bulímica (exposiciones, películas, series, viajes, gastronomía…). El negocio de la belleza mueve en España 9.250 millones de euros, y exporta más que el vino, el calzado o el aceite de oliva. El país es el segundo expendedor mundial de perfumes y el décimo de cosméticos. El cuerpo como símbolo, como valor añadido socialmente, como envase y diseño publicitario.

En su ensayo La epidemia del narcisismo, los psicólogos norteamericanos Jean Twenge y Keith Campbell comparan el origen del narcisismo con un taburete de cuatro patas. Una, la educación permisiva en la que cada uno aprende a ocupar su lugar sin preocuparse por los demás; la segunda, la cultura de la celebración instantánea; la tercera, internet y las redes sociales, y, la última, el consumo y dinero fácil, que llevan a pensar que todos los sueños pueden hacerse realidad.

Adquiere dimensiones tan desproporcionadas que no importa nada más que uno mismo. «La auténtica tragedia de Narciso no es que se enamorase de sí mismo, sino que no ve al otro, el otro se convierte en un objeto que utiliza a su antojo, deja de verlo como a un igual, como a un ser humano», explica el psicólogo Rodolfo Acosta. Y esto tiene consecuencias terribles. «El yoísmo feroz desdeña el amor y los vínculos sociales, imposibilita establecer lazos con los otros, ya que, si nada hace falta, no en el sentido de necesidad sino de la ausencia de algo, poco lugar se deja al vínculo y al amor hacia los otros», continúa Mayer, quien avisa del riesgo: «La exaltación de un «yo fuerte» implica el riesgo de la megalomanía, como se ve en los dirigentes políticos, que son elegidos por su audacia para potenciar el individualismo a ultranza en las coordenadas de la ley de la selva, y el totalitarismo como sistema, que excluye la diferencia y la diversidad entre las personas, promoviendo la segregación».

Si los otros están ausentes, porque los hemos desterrado de nuestra intimidad, no podremos preguntarnos cómo cambiar el mundo, preocupados únicamente en contarnos a nosotros mismos sin distancia crítica. Nos alejaremos de la vida pública, volcándonos en preocupaciones meramente personales.

El narcisismo como patología fue descrito por Freud. Una cosa es la autoestima, o un «sano narcisismo», esa visión benévola de uno mismo gracias a la cual se pueden desplegar los propios talentos y que se consigue con atención y afecto de los otros, y otra muy distinta es el narcisismo, «una relación consigo mismo exagerada y patológicamente recargada», en el decir del filósofo coreano Byung-Chul Han. De ahí que debilite la idea de lo colectivo. Hay narcisismo cuando fracasa la confianza en el «tú». El sujeto será su único cuidador y su jefe absoluto. No necesita nada, tampoco a nadie. «Esa fantasía de autosuficiencia denota una gran fragilidad y una inmensa carencia. Y tampoco es cierto que no necesite de los otros: necesita, por encima de todo, su reconocimiento y admiración», puntualiza Acosta.

Los narcisistas se sienten seres excepcionales, importantes, únicos. Pero lo cierto es que solo lo somos para aquellos que nos quieren. El amor es salir al encuentro del otro.

Si uno se queda recostado en sí mismo, no habrá posibilidad de relación alguna; tampoco afecto real. Se requiere tiempo para construir relaciones, y esta sociedad, en la que priman la inmediatez y el rédito, nos lo hurta.

Zygmunt Bauman nos recuerda que el compromiso es necesario para que una relación sea duradera, aunque cualquiera que se comprometa sin reservas corre el riesgo de quedar dañado si la relación se rompe. Pero la habremos vivido. La sociedad de nuestros días no permite el duelo, la tregua, la parsimonia que requiere lo importante. «Hoy se promueve la exaltación del yo. Si el individuo confía en sí, se supone que progresará, tendrá éxito. Esta posición hace que se abandone el interés por lo común, por los otros, por todo lo que no sea él mismo, y ello se refleja en lo familiar, lo social y lo político. El narcisista genera la paranoia de sentirse manejado por otro que quiere quitarle lo suyo, ahí está el peligro narcisista», expone la psicoanalista Carmen Bermúdez. Esta estructura paranoide, que desconfía por defecto del otro, que nos mantiene siempre al acecho, e incluso invita a atacar primero, está sostenida por el narcisismo.

En los años 70, el sociólogo norteamericano Christopher Lasch ya advertía en La cultura del narcisismo que la neurosis y la histeria que caracterizaban a las sociedades de principios del siglo XX habían dado paso al culto del individuo y la búsqueda fanática e insaciable del éxito personal. «Para la personalidad narcisista, solo cuentan los derechos, sus derechos, y esto puede derivar en la perversión de hacer el mal al otro por el placer de verle sometido», comenta Francesc Sáinz, psicoanalista y profesor de la Universidad de Barcelona. De ahí que la intolerancia a la frustración tenga que ver con el narcisismo.

Si el otro solo existe en tanto que espejo que devuelva una imagen grandiosa de nosotros, si se convierte en un valor logístico, se produce una falta de sensibilidad para las necesidades y deseos de los demás, una incapacidad de amar y respetar al otro en tanto que distinto. El narcisismo provoca un «minimalismo moral», en palabras de Lasch.

Las sociedades en las que se estimula a los ciudadanos no a satisfacer sus necesidades sino a consumir alteran la percepción del ego, generando un mundo de espejos. Una cultura cuyo eje sea el consumismo entrona al narcisismo, «pero no porque nos haga ambiciosos y autoafirmados, sino porque nos vuelve débiles y dependientes, porque mina la confianza en la propia capacidad para entender y modificar el mundo y proyectar necesidades propias y comunes», escribe Lasch. Esta sociedad nos infantiliza e incapacita emocionalmente.

Una sociedad de consumistas contempla la elección no como un acto de libertad, sino como la posibilidad de elegir cualquier cosa y en el acto. Pero la libertad es algo más que escoger la marca que vestimos, aunque el narcisista no lo vea.

La transformación de la política en gestión, el reemplazo del trabajo cualificado por maquinaria sofisticada, la redefinición de la educación como conjunto de capacitaciones laborales y, en definitiva, la absoluta asimilación de toda actividad a las exigencias del mercado, asegura Lasch, han generado una nueva y peligrosa forma de «ser uno mismo». Esther Peña es socióloga y diputada del Congreso.








Cine, historia y política. [Archivo del blog. Publicado el 23/08/2008]











¿Por qué solemos ser tan rematadamente malos los españoles cuando hacemos cine con pretensiones históricas? Lo digo, por contraste, con series de televisión tan magníficas como la de "Elisabeth", "El Ala Oste", "John Adams", "Roma", o la mítica "Yo, Claudio". En cine, son legión las excelentes películas rodadas al respecto, siempre fuera de nuestras fronteras... He visto hace unos días, en Punta Umbría (Huelva), "La conjura de El Escorial", de Antonio del Real. No es un bodrio completo, pero se le acerca bastante. Salvo los exteriores, muy bien elegidos, y la ambientación, todo lo demás decepciona... ¿Será por eso por lo que ningún productor serio se ha atrevido a sacar a escena en teatro, cine o televisión, la efemérides de 1808 que aún celebramos, o padecemos, según algunos...? En 1812 se conmemorará el 200 aniversario de la primera Constitución española. La primera Constitución de inspiración liberal de Europa. Se conservan (yo las he leído, no en su integridad) las actas de las sesiones de las Cortes que la elaboraron y aprobaron en Cádiz, en la Iglesia de San Felipe Neri. A pesar de las "vacas flacas", ¿no podría ser interesante que el Ministerio de Cultura subvencionara un concurso de ideas para "dramatizar" tan fausto acontecimiento y dárselo a conocer a los españoles de manera accesible e interesante?...
La periodista norteamericana Bárbara Probst Solomon escribe hoy en El País un interesante artículo sobre el poder del cine a la hora de influir en los comportamientos políticos de sus ciudadanos. en el que ellos, dice, se ven reflejados mejor que en cualquier otro medio. Se titula "Los mitos del cine van a las urnas". Me ha parecido muy interesante. Espero que a ustedes también. Disfrútenlo. Por cierto, les supongo enterados de la que le está cayendo encima a Woody Allen por su apoyo, ya explícito, a Barack Obama... Algunos políticos son como niños: follar, no sabemos si follan; pero joder, joden un montón... 
Los ciudadanos estadounidenses se encuentran reflejados en la gran pantalla, comienza diciendo Probst Solomon, y para poder ganar, tanto Obama como McCain deben intentar recuperar aquellas imágenes que mejor conecten con sus mensajes. A pesar de la maniobra del maestro de la manipulación de Bush, Karl Rove (ahora dedicado a la campaña, seguramente anti-Bush, de John McCain), que ha logrado interrumpir el debate sobre los temas importantes con la introducción de Sarah Palin como número estrella, Obama sigue teniendo ventaja en el colegio electoral, y los demócratas, el partido más numeroso, ganará casi con toda seguridad en el Senado y en la Cámara.
McCain, el inconformista que resistió las torturas en el Hanoi Hilton, cedió en el último momento a las presiones de sus responsables de campaña para que apaciguara a la base fundamentalista y escogió a Palin como compañera de candidatura. Por desgracia, no hay nada más peligroso que un hombre ambicioso y egocéntrico que siente que su última oportunidad de obtener el anillo de oro, en este caso la presidencia, se le escapa entre los dedos.
Desde luego, muchos grupos de mujeres están furiosos con las posturas extremistas de Palin contra el aborto, la educación sexual y el uso de anticonceptivos, mientras que otras mujeres se identifican con ella. Pero el verdadero problema moral es el de McCain y la falta de carácter que ha demostrado al escoger a una persona nada preparada para un puesto en el que estaría a un paso de ser comandante en jefe. A Sarah Palin no la sometieron a investigaciones previas. No hizo falta. El equipo de Karl Rove al servicio de McCain necesitaba un golpe publicitario que interrumpiera todo debate inteligente y animara a la base fundamentalista a votar. Sea hombre o mujer, ésa no es manera de escoger a un compañero de candidatura.
Deberíamos haber prestado atención cuando los republicanos decían que John McCain tomaba decisiones locas y precipitadas y era poco fiable, pero no lo hicimos porque McCain estaba peleado con Bush, y nosotros estábamos en contra de Bush. Deberíamos haber prestado atención cuando McCain mencionó a Britney Spears y Paris Hilton (con todos mis respetos para ellas) y comparó la celebridad de Obama con la suya. Nos reímos de la astuta respuesta de Paris Hilton, pero deberíamos habernos dado cuenta de que el equipo de McCain tenía envidia de la fama. Es evidente que McCain llevaba algún tiempo buscando la forma de contrarrestar el magnetismo de estrella de rock de Obama y que ése fue el verdadero motivo por el que se le ocurrió hablar de Paris Hilton.
Para seguir esta campaña, conviene fijarse en el cine. En la escena del restaurante de Cuando Harry encontró a Sally en la que Meg Ryan simula un orgasmo para disfrute de Billy Crystal, la mujer de la mesa de al lado pide a la camarera que le sirva "lo mismo que a ella". McCain también ha sustituido la sustancia por la apariencia. Hillary Clinton es una baza fundamental entre las mujeres, Palin es mujer (¿acaso no son intercambiables las mujeres?); Obama es joven, Palin es joven; Obama es de Hawai, ella es de Alaska o algún otro lugar remoto; Obama tiene una mezcla de razas y, si es necesario, Palin puede referirse a su marido, que es en parte esquimal. Y así sucesivamente.
No es la primera vez que el poder político se esconde detrás de un populismo pop (la mejor película estadounidense sobre el tema es Un rostro en la multitud, de Elia Kazan). En contraste con nuestras presentadoras televisivas de plástico, para las que la belleza se define como la falta de defectos personales, Palin tiene una sonrisa atractiva y la belleza tranquilizadora de la chica de al lado (aunque en el instituto la llamaban Barracuda Sarah). Leyó el guión que le había preparado Karl Rove con un estilo suelto y alegre que enmascaraba algunos de los ataques políticos más perversos que yo recuerdo (vuelvo a aconsejarles que vean Un rostro en la multitud). En un paso de danza rápido y magistral, Karl Rove hizo que 1) Palin anunciara el embarazo de su hija Bristol, de 17 años, que no está casada, 2) advirtiera a los medios y a los demócratas que no piensa hablar de su familia y 3) pidiera a los medios y a los demócratas que la "respetaran".
Temporalmente confusos, Biden y Obama, sin saber de dónde venía aquel misil extraterrestre, respondieron dócilmente que siempre han respetado a las mujeres. Mientras tanto, los temas de economía y política exterior que tenían tan preparados se derritieron con más rapidez que un huevo frito en el asfalto en pleno agosto. El equipo de Rove necesitaba tiempo para preparar a Palin y, durante unas semanas, se impidió que los medios que no la habían "respetado" como era debido pudieran entrevistarla. La fábrica de publicidad negativa de Karl Rove se apresuró a presentar a Obama y compañía como perros lobos salvajes de Alaska que pretendían cazar a la dulce Sarah (vean La llamada de la selva, de los años treinta, en la que Clark Gable y Loretta Young comparten la cabecera con una manada de perros lobos de Alaska).
Las opiniones extremistas y la falta de experiencia de Palin importan, claro que sí; Estados Unidos es el país industrializado con más embarazos de adolescentes solteras, y Alaska es, dentro del país, el Estado que tiene más embarazos de ese tipo, más violaciones y más incestos.
Después de varias semanas de no responder a preguntas de la prensa, Palin concedió su primera entrevista televisada a Charles Gibson, de ABC. Aunque se quedó en blanco cuando Gibson le pidió su opinión sobre la doctrina Bush -que él tuvo que explicarle-, supo mantener su aplomo. Sí, estaba preparada para servir, en caso necesario, como comandante en jefe. Koch, el pintoresco judío que fue alcalde demócrata de Nueva York, y que votó por George Jr. en las últimas elecciones, gruñó: "Qué miedo". Va a votar por Obama.
Las dos versiones cinematográficas definitivas de nuestra historia que sirven de referencia en estos momentos son la de Hollywood y la de los grandes documentales rodados durante la administración de Roosevelt, en la Gran Depresión. A Hollywood le gusta el hombre o la mujer de pueblo que, sin ninguna experiencia, vence mágicamente a un Washington o Nueva York corrupto (El secreto de vivir, Caballero sin espada, Un destino de mujer, Nacida ayer).
Pero el filme que es todo un símbolo es el western Solo ante el peligro, con Gary Cooper. Coop dejó de lado en alguna ocasión su tarea de salvar por sí solo nuestro país para intentar salvar España de los fascistas, pero no existe un equivalente europeo a Solo ante el peligro. La imagen del buen sheriff, solo pero triunfante, andando por la calle principal del pueblo, acompañado exclusivamente por la famosa banda sonora y su mujer, Grace Kelly (los habitantes del pueblo son demasiado cobardes para ayudarle en su pelea contra los malos), está grabada en la psique estadounidense. A los franceses les gustan las vidas destrozadas de figuras solitarias como la de Jean Paul Belmondo, que puso al día el modelo de Jean Gabin en Le jour se lève, los irlandeses son patriotas malditos, Don Quijote vivía a través de su imaginación, a Juana de Arco no le fueron muy bien las cosas. Pero Coop, el solitario, siempre triunfa, y ésa es la mitología que ahora se ha visto desempolvada en la cabeza de McCain -en todas nuestras cabezas- para conseguir votantes.
No obstante, los documentales financiados por el gobierno que se hallan en nuestros archivos siguen siendo el testimonio visual más poderoso de la pobreza en nuestro país. Las fotografías son extraordinarias; mis conocimientos sobre la Depresión proceden de ellas. Desde entonces, nuestra nación no había vuelto a estar tan amenazada como ahora por bancos en quiebra, fábricas cerradas, desempleo, ejecuciones de deudas, etcétera. Desde que soy adulta, sólo hemos conocido bolsas de pobreza, y en general nos hemos ocupado de ellas con el lenguaje de la política de sexos, franjas de edad y etnias, que es un lenguaje que ahora no nos sirve para nada.
La campaña de Obama se equivoca cuando critica a McCain por su ignorancia informática, que no es lo más importante. Y no es que Obama, para conectar con sus votantes, tenga que irse a tomar una cerveza con los trabajadores, aunque eso nunca viene mal. Lo que debe hacer, con esas tropas de base suyas tan magníficamente organizadas, es acudir a los Estados más disputados, mostrar esas fuertes imágenes visuales de la Depresión a la clase obrera y la clase media y decir: ahí es donde estuvo una vez este país, ahí es donde nunca más vamos a volver a permitirnos estar. Necesita que los votantes se apasionen, no por él, sino por la agobiante situación económica en la que se encuentran. Debe hacerles comprender que no es problema de ellos, sino del país. Y en el momento en que la clase trabajadora y la clase media sean conscientes de la indignidad de su circunstancia, entonces se identificarán con Obama, porque él les da permiso para identificarse consigo mismos. Las familias que no tienen trabajo no van a votar teniendo en cuenta el sexo. Y que McCain y Palin se dediquen a la publicidad estilo Hollywood. Sean felices, por favor. HArendt















El poema de cada día. Hoy, A la noche, de Hannah Arendt (1906-1975)

 






A LA NOCHE


Tú que consuelas, inclínate sobre mi corazón sin hacer ruido.

Tú que callas, dispensa alivio a mis dolores.

Interpón tu sombra ante todo lo que es demasiado claro

y tráeme el entumecimiento que me brinde una huida de lo estridente.

Déjame tu silencio, esa liberación atemperante.

Déjame que oculte el mal en la oscuridad.

Y cuando la claridad me mortifique con nuevas visiones

dame fuerzas para cumplir en todo momento con mi deber.


Hannah Arendt (1906-1975)

Filósofa alemana









Las viñetas de humor de hoy viernes, 23 de agosto de 2024

 















jueves, 22 de agosto de 2024

De las entradas del blog de hoy jueves, 22 de agosto de 2024

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 22 de agosto de 2024. Mientras gente como Netanyahu y Putin juegan al exterminio, dice en la primera de las entradas del blog de hoy la escritora brasileña Eliane Brum, un sistema vital podría colapsar y cambiar radicalmente algunas partes del planeta. La segunda es un archivo del blog del 29 de agosto de 2013, en la que el autor del blog ironizaba sobre los conceptos al uso acerca del sentido de la política en diversos tratadistas del tema en cuestión. La tercera es hoy el poema de Ángel García López titulado Contigo a las orillas del Atlántico, que fue profesor en el colegio en el que HArendt estudió entre 1956 y 1962. Y la cuarta va, como siempre, son algunas de las las viñetas de humor de la prensa nacional del día. Espero que todas ellas les resulten interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico; al menos inténtenlo. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. 






De esos patéticos hombrecillos...

 






Vivimos un momento de vergüenza suprema para lo que suele llamarse humanidad, afirma en El País [Patéticos hombrecillos que hacen guerras. 21/08/2024] la escritora brasileña Eliane Brum. La continuidad sin ninguna barrera real de la masacre del Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu sobre la población de Gaza, comenta, expone la quiebra de las instituciones creadas para el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial. La guerra que emprendió la Rusia de Vladímir Putin contra Ucrania es una brutalidad que parece haber sido asimilada como normalidad, lo que la convierte en una brutalidad aún mayor. Más de la mitad de la población de Sudán necesita ayuda humanitaria por la guerra civil, pero tanto esta como otras guerras del continente africano son invisibles en los noticiarios diarios, a pesar de que se viola, tortura y mata todos los días. Aun así, es un terreno conocido, ya que la capacidad aparentemente infinita de infligir dolor cuenta en gran medida la trayectoria humana. El territorio desconocido es otro. Y tiene una sigla nada familiar: AMOC, circulación de vuelco meridional del Atlántico en inglés.

Los nombres que dan los científicos no ayudan en la urgente tarea de llevar el conocimiento adonde tiene que estar, pero es importante saber que la AMOC es un conjunto vital de corrientes oceánicas del Atlántico que arrastra agua cálida superficial del hemisferio sur y la distribuye en el extremo norte, así como agua fría profunda del Norte para distribuirla en el Sur. El sistema natural disemina energía por todo el planeta y modula el calentamiento global, evitando que partes del hemisferio sur se sobrecalienten y partes del hemisferio norte se vuelvan insoportablemente frías. A la vez, esparce nutrientes que sustentan la vida en los ecosistemas marinos.

Afectada por el aumento de la temperatura de los océanos y el descenso de la salinidad causada por el cambio climático, recientes estudios científicos sugieren que la AMOC está colapsando. Todavía hay lagunas en las investigaciones, pero con cada nuevo estudio, lo que hace unos años era solo una posibilidad aparece como probable aún en este siglo. Uno de estos trabajos sugiere que podría ocurrir antes de 2050, e incluso a finales de la década de 2030. Cada vez más, el “si ocurre” se está convirtiendo en “cuándo ocurrirá”. Y cuando ocurra, algunas partes del planeta se volverán completamente irreconocibles.

Es una variable aterradora más en un planeta que hasta junio experimentó 13 meses seguidos de temperaturas récord. Pero incluso con este panorama, las corporaciones de combustibles fósiles, carne, soja, aceite de palma, agroquímicos y minerales siguen produciendo el colapso climático con la complicidad de los gobiernos y los parlamentos. Incluso con 12 meses en que la temperatura media mundial ha estado 1,64 grados centígrados por encima de la media preindustrial, hombrecillos como Netanyahu y Putin hacen guerras. Incluso con un julio con los tres días más calurosos de la historia, dictadores de izquierda como Nicolás Maduro y Daniel Ortega corrompen la democracia y la extrema derecha avanza actualizando el fascismo, con Donald Trump a la cabeza.

Algunos hombres juegan a la guerra sin darse cuenta de que en los próximos años o décadas puede que ya no haya territorio por el que luchar, porque o bien se lo han tragado los océanos o la vida humana se ha vuelto muy difícil o incluso imposible. Nunca había quedado tan claro que el narcisismo es el hermano siamés de la ignorancia, y lo letal que esta puede llegar a ser. O empezamos a actuar políticamente con gran celeridad, participando activamente en las decisiones, fortaleciendo la democracia y restaurando el bien común, apoyando y poniendo en el poder a personas capaces de enfrentar a los productores del colapso climático y producir adaptación, o seguiremos siendo rehenes de estos patéticos hombrecillos y su compulsión por exterminar, incapaces de ver un mundo que vaya más allá de la pelusa de su ombligo. Eliane Brum es escritora.













¿Hablamos de política? [Archivo del blog - Publicado el 29/08/2013]









¿Hablamos de política? Bien, porqué no... Pongámonos de acuerdo, si podemos, en que entendemos por política; en qué es la política. Está la definición clásica: política es el gobierno de la "polis"; está la trillada: política es el arte de lo posible; está la académica: perteneciente o relativo a la doctrina y la actividad política (que es como no decir nada), y están también las más elaboradas, como la de Hannah Arendt, que le dedicó al asunto uno de sus libros: "¿Qué es la política?" (Paidós, Barcelona, 1997), cuya reseña, en su artículo "El sentido de la política", hiciera la profesora Cristina Sánchez Muñoz en el número de mayo de 1999 de Revista de Libros.
Hannah Arendt trabajó entre 1956 y 1959 en el proyecto de una obra que debería llevar el título de "Introducción a la política", por encargo de la editorial alemana Piper, pero nunca llegó a terminarla. Treinta y cuatro años más tarde la socióloga alemana Ursula Ludz, alentada por la editorial que guardaba celosamente los materiales acumulados por Arendt, realizó un minucioso trabajo de reconstrucción, ordenación y presentación de los mismos que vieron la luz en 1993 con el título de "¿Qué es la política?". Pueden descargarse el libro en Internet sin coste alguno.
Para Hannah Arendt, que elaboró esas notas en plena guerra fría, la pregunta pertinente que surgía en aquel momento era la de si la política conservaba aun algún sentido: "Esta falta de sentido -dice- no es ninguna aporía científica; es un estado de cosas absolutamente real del que podemos darnos cuenta cada día si nos tomamos la molestia no solamente de leer los periódicos sino también de preguntarnos, en nuestro disgusto por el desarrollo de todos los problemas políticos importantes, cómo podríamos hacerlo mejor dadas las circunstancias. La falta de sentido en que ha caído la política en general se aprecia en que todos los problemas políticos particulares se precipitan a un callejón sin salida". ¿Les suena la letra de la cancioncilla?; parece escrita en un diario cualquiera de antes de ayer... Y poco más adelante, añadía como colofón: "Si partimos de la lógica inherente a estos factores y suponemos que nada que no nos sea hoy ya conocido determina ni determinará el curso del mundo, entonces solo podemos decir que un cambio decisivo para nuestra salvación solo sucederá por una especie de milagro".
Clavado; nos está retratando: así andamos ahora por España, Europa, y buena parte del mundo: esperando el milagro... Pero el milagro no va a llegar, porque como decía nuestro filósofo José Ortega y Gasset: "la nota más trivial, pero a la vez más importante de la vida humana, es que el hombre no tiene otro remedio que estar haciendo algo [luchar] para sostenerse en la existencia". Y si no lo hacemos nosotros, ningún espíritu ni fuerza divina nos lo va a resolver. Esa es la misión de la política.
La idea de esta entrada y su introducción, mediante el recurso al pensamiento de Hannah Arendt y de Ortega, me ha venido sugerida por una serie de artículos, a cada cual más interesante, aparecidos estos días en El País, que he recopilado y anotado para el blog.
El primero de ellos, "Tiempo de esperpento", escrito por uno de los más acreditados politólogos españoles, Josep Colomer, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, tan absurdamente castigado por el gobierno del partido popular. Dice el profesor Colomer en él que "en la vida pública española emerge de nuevo la burla, la sátira y la tragedia como elementos cotidianos [...] El Goya (pintor) de la España actual -dice- sería el pintor del impacto directo, el de los caprichos criminales, los disparates chocantes y el esperpento diario".
"Elogio del tópico", escrito por el profesor y ensayista Jordi Gracia, es el segundo de los artículos cuya lectura les propongo. Dice en él que "ser ciudadano europeo todavía significa vivir protegido como ningún otro ciudadano". ¿Hasta cuándo? deberíamos preguntarnos. "La social democracia parece hoy noqueada por la evidencia del fin del sueño conquistado [...] Para reconquistarlo -añade- hoy no necesitamos héroes: necesitamos ideólogos, ideólogos sin miedo a la palabra". ¿Pero dónde están?
Víctor Gómez Pin, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, escribe sobre filosofía, y lo hace a raíz de un Congreso de filósofos celebrado recientemente en Atenas. "Salvar a la ciudad", se titula. "La disposición filosófica -dice- suena hoy a sarcasmo en Grecia, el lugar donde surgió [...] Pero la disposición filosófica, añade, es una guerra abierta contra la estulticia; porque la estulticia -dice-, hace soportable lo que es contrario a la dignidad humana".
El último artículo cuya lectura les recomiendo: "La socialdemocracia y el desafío europeo", está escrito por Emilio Pérez Touriño, expresidente del gobierno de Galicia. "La izquierda está atrapada por aparatos burocráticos que no conectan con las nuevas demandas", dice. Y añade más adelante: "Para movilizar a la sociedad civil hace falta otra manera de hacer política [...] Ni los mercados ni la derecha son ciegos, sus intereses coinciden". Como ven, nada nuevo bajo el sol. Sean felices, por favor. Y como decía Sócrates: "Ιωμεν", vámonos. Tamaragua, amigos. HArendt













El poema de cada día. Hoy, Contigo a las orillas del Atlántico, de Ángel García López (1935)

 









CONTIGO A LAS ORILLAS DEL ATLÁNTICO

Amor, contigo sólo y con la ola
en risa nueva y prisa apresurada.
Que tu boca me aloca, desbocada,
con bocados de mar y caracola.
Amor, ¿estoy contigo a solas, o la
luna cambia mi sombra desvelada?
¿O es tu boca la poca, la tasada
punzada que me toca y que me inmola?
¡Oh, cuánto mar, amor, diese, daría,
si beso el vaso, el cántaro suave
de la boca que libo y que me aboco!
Si llego, llaga amante, a la bahía
del claro faro que remonta el ave
tu mucho pico que besando es poco.

Ángel García López (1935)
Poeta español










 



Las viñetas de humor de hoy jueves, 22 de agosto de 2024

 



















 


miércoles, 21 de agosto de 2024

De las entradas del blog de hoy miércoles, 21 de agosto de 2024

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 21 de agosto de 2024. La democracia debe desconfiar del poder y de la gente, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy el filósofo Daniel Innerarity, y eso es así porque la crisis actual de los sistemas democráticos deriva de la falta de autocrítica de su modelo liberal. La segunda entrada del día es un archivo del blog del 2 de agosto de 2015, en la que su autor, HArendt, a cuenta de dos artículos sobre las oprobiosas dictaduras que sacudieron el Cono Sur del continente americano, aludía a una anécdota personal que le impacto sobremanera. La tercera, el poema de cada día, es hoy el titulado Una muchacha, de Ezra Pound (1885-1972). Y la cuarta va, como siempre, con algunas de las las viñetas de humor de la prensa nacional. Espero que todas ellas les resulten interesantes. Y ahora, como decía Sócrates, nos vamos. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico; al menos inténtenlo. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com









De la valiosa incertidumbre de las democracias

 





Resulta paradójico que en un momento histórico en el que ha disminuido el número de golpes de Estado y hay más cambios de gobierno que se realizan a través de las elecciones, aumenten los diagnósticos que anuncian su recesión, comenta en El País el filósofo Daniel Innerarity [La democracia debe desconfiar del poder y de la gente. 19/08/2024]. La confianza en la democracia nunca había sido tan alta en Europa y no es cierto que se reduzca su apoyo entre las jóvenes generaciones. Y, aunque disminuya el grado de satisfacción con la democracia, eso no cuestiona una generalizada aceptación de su legitimidad como forma de gobierno. Se critican sus prestaciones, no su legitimidad. Si examinamos los casos en los que los llamados populistas han accedido al poder y el hecho de que los anunciados destrozos han sido mucho menores que los temidos, puede concluirse que la democracia tiene una notable capacidad de resistencia.

La cantidad de teorías sobre la crisis de la democracia, añade Innerarity, no es debida a que se prefiera otra cosa, sino a que no responde a las expectativas que le dirigimos. En este sentido, puede afirmarse que nuestra mayor exigencia es un signo de vitalidad democrática, y la percepción de la crisis de la democracia es tan profunda porque hay una gran distancia entre lo que nos proporciona y lo que demandamos de ella. Y en ningún caso, ni entre los acomodados ni por parte de los más exigentes, se apela a un modelo alternativo; las críticas se mantienen en su marco de valores y principios que, lejos de estar en cuestión, han vencido frente a sus concurrentes.

Si los diagnósticos sobre la crisis de la democracia dependen de la concepción que se tiene de ella, también es diverso el modo de concebir su deterioro. A grandes rasgos, esos diagnósticos se dividen entre quienes la ven deteriorada por el hecho de que la gente no tiene el poder que debería tener y quienes piensan que la gente tiene demasiado poder, por exceso o por defecto, podríamos decir, por la incompetencia de las élites o por la irracionalidad de los electores. Los diagnósticos del primer tipo suelen describir procesos de desempoderamiento popular, ya sea por el poder de las élites, del capitalismo incompatible con la democracia o de los algoritmos. Las propuestas lógicas de este campo suelen apuntar hacia una mayor participación y en la línea de una democracia deliberativa más directa. En el grupo de quienes lamentan que la democracia sea demasiado directa se critica el mito del votante racional, la falta de competencia y responsabilidad de los electores o simplemente el hecho de que el votante medio carezca de la formación y los conocimientos necesarios; como dice Brennan, o son hobbits (ciudadanos con baja información, poco interés y deseo de participación) o hooligans (demasiada información y opiniones fuertes con muchos prejuicios).

En mi opinión, cualquier balance ha de tener en cuenta que la democracia debe combinar adecuadamente la desconfianza hacia el poder y la desconfianza hacia la gente. El modelo que surgió tras la experiencia de los totalitarismos del siglo XX y que culminó en la tesis del final de la historia como victoria de la democracia liberal, acentuó el elemento de hiperprotección de las instituciones frente a la voluntad popular. La arquitectura institucional de la posguerra había fortalecido aquellas instituciones que limitaban la soberanía popular y parlamentaria. Por razones que son fáciles de entender, el consenso antitotalitario se tradujo en unas instituciones de democracia disciplinada, especialmente en la gran competencia que se concedía a instituciones sobre las que los ciudadanos no tenían poder electoral. Este es el modelo de democracia liberal que está en crisis, pese a cómo se entiende a sí misma por contraste con las llamadas democracias iliberales.

La contraposición entre democracia liberal y democracia iliberal explica pocas cosas y solo en parte da cuenta de las crisis actuales de la democracia. Tan cierto es que las llamadas democracias iliberales no son democráticas como que el liberalismo, en muchas de sus actuales manifestaciones, tiene graves déficits democráticos y que está dando lugar a ciertas disfuncionalidades, como se pone de manifiesto en el crecimiento de los populismos o de la extrema derecha. Entiendo por democracia liberal no la simple separación de poderes o el rule of law, sino un diseño institucional que concede un gran poder a instituciones no mayoritarias, organismos no electos, agencias independientes, revisión judicial, un constitucionalismo cerrado o que dificultaba su modificación constituyente, es decir, que resuelve la tensión entre soberanía popular y primacía del derecho con un claro desequilibrio hacia este segundo término. Estamos presentando el liberalismo como una víctima inocente de las pulsiones iliberales y no consideramos la posibilidad de que haya una fuerza expansiva del liberalismo que limita la democracia. Como ha sostenido Philip Manow, la crisis de la democracia liberal no equivale a la crisis de la democracia. Estamos ante una crisis de la democracia liberal y no ante una crisis de la democracia. La crisis actual de la democracia es la crisis del diseño institucional que se hizo en torno a los años ochenta y noventa del siglo pasado, en la ola de democratización tras la salida de las dictaduras en los países del sur y el este de Europa. Es una crisis consecuencia de una victoria, del triunfalismo y la falta de autocrítica del modelo liberal de democracia.

El problema de fondo es que seguimos sin equilibrar convenientemente liberalismo y soberanía popular, que interpretamos con ligereza como un conflicto entre demócratas y antidemócratas. Los demócratas (liberales) asegurarían la estabilidad del sistema, pero a costa de limitar en exceso el poder del demos; los populistas (iliberales) pondrían demasiadas cosas en manos del pueblo, hasta el punto de generar una inestabilidad institucional. Es una cuestión que desde la Revolución Francesa se ha planteado una y otra vez y que solo puede resolverse temporalmente: cuándo y de qué modo detener la dinámica política desatada por las revueltas populares. La representación es una de esas estrategias para conseguirlo, unas veces más popular y otras más oligárquica. Según el grado de calentamiento de la política, la relación entre liberalismo y soberanía popular se ha resuelto con una institucionalización más estricta o dando curso a una mayor espontaneidad popular. En el núcleo de las teorías de la democracia hay siempre una tensión entre inmediatez y construcción. Podríamos decir que la historia de la democracia es la sucesión de momentos de mediación y momentos de desintermediación, que hay tanto una construcción como un desorden democráticos.

En la celebración del formato actual de la democracia y su institucionalización se da a entender que no está abierta a futuras configuraciones. Pero una sociedad democrática es un espacio donde se hace valer la capacidad “jurisgenerativa” del activismo político (Seyla Benhabib). La democracia tiene una dimensión de incertidumbre, de juego imprevisible, de apertura y libre decisión, que puede ser limitada por las instituciones, pero no hasta el punto de eliminarla. Su estabilidad no consiste en dejarlo todo bien atado, en considerar que cualquier cuestionamiento equivale a abrir la caja de Pandora, en pensar que el poder constituido es superior al poder constituyente. Las democracias tienen que estar abiertas a la toma en consideración de nuevas perspectivas que habían sido desatendidas en los procesos instituidos. Mientras esto no sea posible, esté demasiado limitado o sea así percibido por la sociedad, no se desactivará la sospecha de que no es suficientemente democrática y tendremos populismo para rato. Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco y titular de la cátedra Inteligencia Artificial y Democracia del Instituto Europeo de Florencia.