martes, 26 de marzo de 2024

De la revisión de las fronteras

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes. En el desconcierto de las guerras en curso, escribe en El País la politóloga Eva Borreguero, parece que lo impensable está ocurriendo: la redefinición del trazado de los mapas y la revisión de las fronteras. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com








Emerge el revisionismo de las fronteras
EVA BORREGUERO
22 MAR 2024 - El País - harendt.blogspot.com

El BRP Sierra Madre de la Marina filipina es una nave oxidada de la II Guerra Mundial, deliberadamente encallada en un arrecife del mar de China Meridional, que con un puñado de marinos a bordo y la bandera nacional izada trae de cabeza a Pekín. Su aspecto ruinoso contrasta con lo intrépido de su misión. Con las placas cubiertas de herrumbre y caparazón carcomido, el Sierra Madre ofrece la viva estampa de El Holandés Errante —el legendario barco fantasma— en versión acorazada, con la misión de frenar el señoreo de la Marina más poderosa del mundo en las islas Spratly, reclamadas en su totalidad por China en contra de las protestas de Taiwán, Vietnam, Malasia y Filipinas. La tripulación sobrevive en condiciones de penuria, expuesta a los tifones y al sol abrasador, y gracias al abastecimiento de la Marina filipina, reiteradamente boicoteado por las fuerzas chinas a la espera de que la nave se derrumbe y la tripulación abandone.
A principios de marzo, cuatro barcos de la Guardia Costera de Filipinas se dirigían por aguas internacionales al Sierra Madre cuando fueron interceptados por un convoy de la Milicia Marítima china que, tras rodearlos, les dispararon con cañones de agua, hiriendo a cuatro marinos. A bordo se encontraba un equipo televisivo de la CNN que grabó y difundió lo que ha sido uno de los enfrentamientos más graves entre los dos países hasta la fecha.
El incidente habría sido uno más en una serie de altercados que vienen produciéndose en los últimos tiempos, si no fuese por el momento crítico que vivimos: dos años de guerra en Ucrania y la demoledora respuesta de Israel al ataque de Hamás del 7 de octubre. Guerras hasta hace poco inimaginables, que adquieren una nueva dimensión bajo el estado general de ánimo inaugurado por la pandemia de la covid de que “todo es posible”. Incluida la transgresión del principio sacrosanto de la inamovilidad de las fronteras reconocidas internacionalmente y amparadas por el derecho. Ahora, en el desconcierto de las guerras, parece que lo impensable está ocurriendo: la redefinición del trazado de los mapas.
Una oportunidad, por otra parte, para aquellos que ven en el sistema de la pos Guerra Fría un invento de las democracias liberales al servicio de sus intereses y que finalmente comienza a decaer junto con la hegemonía de Estados Unidos y sus aliados europeos, encaminados como estarían hacia la irrelevancia, signo inequívoco de la irremediable transición hacia un orden mundial presidido por fuerzas no occidentales. Entre quienes participan de esta visión, existe la convicción de que el fin de la unipolaridad norteamericana brindará la oportunidad de cambiar el statu quo por medio del revisionismo. Sería la cara oculta, aunque cada vez menos, de la multipolaridad. La esperanza de rasgar unas costuras territoriales que aprietan y constriñen. Y la guerra de Ucrania, la ocasión de Rusia para exportar a países amigos un revisionismo que inaugure una etapa histórica inédita, su contribución a la formación de un nuevo sistema internacional. Idea que sintetiza el investigador Viacheslav Shuper, que recoge el think tank ruso Club de Debates Valdai: “Nosotros (...) luchamos según mapas ajenos; utilizamos la imagen del mundo creada por Occidente en su propio interés. Solo su profunda revisión nos permitirá tener éxito en el enfrentamiento con Occidente y ganarnos la simpatía de los países no occidentales que necesitan urgentemente una imagen alternativa del mundo, pero que no disponen de los recursos intelectuales necesarios para crearla”.
Esta declaración de intenciones sin ambages ve en la derrota de Ucrania una conquista que va más allá de la mera reparación territorial de un agravio nacional. Aquí la victoria tiene naturaleza de hecho histórico necesario en el comienzo a una nueva era, un embate a la clave de bóveda que sujeta la arquitectura internacional. Golpe que, por otra parte, ya asestó Rusia al invadir Ucrania en flagrante violación de los principios de la Carta de Naciones Unidas y en condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad.
Así, mientras la atención del mundo se centra en Ucrania y Gaza, otros conflictos en escenarios distantes apuntan a que podríamos estar adentrándonos en una era de revisionismo geopolítico.
En el sur del Cáucaso, el pasado año Azerbaiyán ocupó y disolvió el enclave armenio de Nagorno Karabaj, con el apoyo político y económico de Turquía. Ello deja en evidencia —escribe Mira Milosevich-Juaristi para el Instituto Elcano— el fracaso de la participación internacional de la Unión Europea, la pérdida de influencia de Rusia en el espacio pos-soviético y el auge de la “reimperialización” de Turquía, actor clave cuya influencia se extiende por el mar Negro y el Mediterráneo Oriental.
En Asia Oriental, dos importantes aliados de Putin actúan en esta dirección. En Corea del Norte, Kim Jong-un ha renunciado a la reunificación pacífica de la península coreana. En enero, Pyongyang lanzó más de 200 proyectiles de artillería en dirección a Corea del Sur y definió los vínculos con Seúl como “una relación entre dos países hostiles… dos beligerantes en plena guerra”. China se emplea imponiendo por tierra, mar y aire una política de hechos consumados. Un work in progress de apropiación de territorio, aguas internacionales y espacio aéreo que entra en conflicto con países menos poderosos, pero también con potencias como la India. Una maniobra consistente en acotar unilateralmente y por sorpresa las demarcaciones territoriales y marítimas de los mapas, ampliando lo que considera espacio soberano por cuenta propia, y a partir de ahí pasar a la acción coercitiva. Al último episodio con Filipinas en el ya de por sí caldeado mar de China Meridional, hay que añadir la reciente protesta de Vietnam por la nueva demarcación que Pekín ha realizado sobre el golfo de Tonkín que afecta a la zona económica exclusiva de Vietnam. Otros potenciales escenarios incluyen la región del Sahel, estructuralmente disfuncional y donde Rusia se esfuerza en implementar su visión “multipolar” del mundo. En Etiopía, el primer ministro Abiy Ahmed opera para conseguir un puerto marítimo mediante un acuerdo con Somalilandia, Estado que se separó de Somalia hace 20 años, a cambio de un cierto reconocimiento diplomático que no tiene en el ámbito internacional. Sudán se hunde en el caos de la guerra y la hambruna, con una crisis humana y de refugiados que desestabilizará la ya de por sí inestable región.
El agitado Oriente Próximo también podría beneficiarse: Irán, los hutíes o Benjamín Netanyahu y sus acólitos de la extrema derecha con su versión del Gran Israel. Sin olvidar los casos de irredentismo que bullen en territorio europeo. No hace mucho, Viktor Orbán asistió a un partido de futbol vistiendo una bufanda que mostraba el mapa histórico de Hungría, previo a la I Guerra Mundial, que incluía partes de Austria, Croacia, Rumania, Serbia, Eslovaquia y Ucrania. O una situación cercana a nosotros, el caso de Maduro en Venezuela, que ha llevado a cabo un referéndum para anexionarse Esequibo, territorio de la Guyana rico en recursos naturales.
La invasión rusa de Ucrania ha asentado el precedente de cuestionar la legitimidad de las fronteras internacionales, avivando las esperanzas del nacionalismo irredentista que ve en el mundo pos América un aval a sus aspiraciones y la oportunidad de zanjar de una vez por todas conflictos arrastrados durante décadas y de redibujar el trazado de los mapas. Hechos que colocan a Europa en una situación particularmente complicada, que lo será todavía más si en Estados Unidos Donald Trump gana las próximas elecciones. Convendría tener en cuenta que la onda expansiva de la guerra en Ucrania tiene un largo alcance y que el apoyo europeo es determinante para el escenario que emergerá cuando finalice. Eva Borreguero es politóloga.
 





























 





[ARCHIVO DELBLOG] Afectos. [Publicada el 26/03/2020]











Cuando ya hemos llenado la despensa de garbanzos, arroz y huevos, y hemos intentado vislumbrar lo incierto de nuestro futuro, aterrizamos en el presente curador. Ese presente es nuestro mapa de afectos y el acopio de amor deviene vital, escribe la psicóloga y periodista Sílvia Cóppulo [El mapa de los afectos. El Periódico, 26/3/2020] en el A vuelapluma de hoy.
Cada día analizamos, -comienza diciendo Cóppulo- casi sin entender, las gráficas de la evolución de la crisis. Líneas que se resisten a descender, cifras que aquí continúan yendo al alza. Las informaciones dan cuenta de ello a todas horas. Pero, de repente, cuando la frialdad de los números desaparece, en nuestra gente, en nuestros pueblos y ciudades, emergen iniciativas desde la solidaridad, nítida plasmación del amor. Son el anverso de la moneda y nos reconfortan.
También en la agenda personal, cada día ocupa más tiempo el cuidado afectivo de los nuestros. Nos atrevemos mucho más no solo a preguntar un cómo estás, sino a atender de verdad a la respuesta, adivinando contenidos de pausas y silencios. Buscamos entonces el tono y las palabras que signifiquen apoyo, y se nos abre la oportunidad de empatizar con los temores de los demás. No estamos solos cuando aprendemos a escuchar. Traducimos bien aquello que esconden los mensajes cortos en un wasap; nos reímos mientras no acabamos de conseguir colocar en nuestro ordenador un chat grupal con nuestros amigos o con nuestra familia: ¡Hey, mañana repetimos, eh, que al final lo hemos conseguido! Llamamos por teléfono a nuestros mayores, y hoy les agradecemos que continúen estando ahí, ¡no sabíamos cuánto les necesitábamos! Aprendemos también a consolar a los que han enfermado y a los que en esta partida ya han perdido.
En nuestro silencio interior, les propongo que dibujen lentamente su mapa de afectos. Verán como en él aparecen muchos puntitos, que yacían olvidados en la agenda del pasado. Tantos otros eran simples contactos en el móvil con los que nunca contactábamos. Atrévanse, llamen por teléfono, escriban, conéctense. Por propia experiencia sé, que entonces el miedo y la soledad se alejan, deslizándose en el calendario. El abrazo virtual alimenta y nos sostiene. Somos más fuertes y recomenzamos a vivir.  Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt














lunes, 25 de marzo de 2024

De Yolanda y Sumar

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz lunes. El espacio a la izquierda del PSOE atraviesa una crisis ideológica, territorial y organizativa, afirma en El Pais la politóloga Estefanía Molina, y al fracaso en Galicia se le sumará probablemente el del País Vasco. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com












El partido de Yolanda Díaz no existe
ESTEFANÍA MOLINA
21 MAR 2024 - El País - harendt.blogspot.com

El partido de Yolanda Díaz no existe, nunca ha existido: solo fue una plataforma para sostener a la izquierda alternativa ante el ciclo electoral de 2023. Y esa realidad cruda aflora ya con el batacazo en Galicia —que probablemente se repita en el País Vasco— e incluso con la falta de autoridad de Díaz frente a los comunes ante la caída de los presupuestos de Cataluña, o la ruptura con Podemos en el Congreso. Hete ahí la verdad incómoda: la vicepresidenta segunda no resulta tan buena líder como prometía en su papel de ministra de Trabajo.
Aunque no todo es culpa suya. La principal tarea de Díaz era recomponer un espacio ya muy debilitado, pese a que los fans de Pablo Iglesias insistan en que venía a “enterrar” el 15-M. Es falso: el surgimiento de Podemos en 2014 respondió a una crisis económica y de sistema, cuya esencia se ha ido diluyendo de forma natural en estos años de cambio político. Por ejemplo, el debate sobre monarquía o república no está hoy en la agenda como entonces; el conflicto territorial en Cataluña se busca saldar con una amnistía al procés; la economía ha remontado, pese a la inflación, con medidas sociales distintas a la austeridad de 2010. En definitiva: la izquierda alternativa ha sufrido la pérdida de sus banderas antisistema, algo acentuado con su paso por el Gobierno.
Por ello, el espacio a la izquierda del PSOE atraviesa una crisis velada que tapó la creación de Sumar y ahora se le ven las costuras. Quitando a formaciones como Más Madrid, Compromís o En Comú Podem, o la zona de Andalucía, el erial es notorio a escala nacional. A las marcas citadas les funciona presentarse en Cataluña, la Comunidad Valenciana o Madrid como izquierdas federalistas centradas en la gestión. En cambio, a nivel estatal Díaz no encuentra un papel muy diferenciado en el tablero político.
El motivo es que ni Sumar ni Podemos son ya una fuerza de choque. Ninguno serviría hoy de contrapeso frente al PSOE: no dejarían caer a este Ejecutivo si el caso Koldo se agravase, por mucho que Ione Belarra lleve al Gobierno al límite en algunas votaciones o Díaz afee la situación en público. Ambos han tragado, además, con carros y carretas en banderas importantes para la izquierda, como que el ministro Marlaska siga en el puesto pese a las devoluciones en caliente. A la postre, las estrategias de Díaz o Belarra serán distintas, pero ninguna aborda los problemas estructurales de la economía. Podemos critica a los dueños de supermercados o de empresas textiles enarbolando una suerte de populismo que canaliza el malestar, pero no transforma el sistema. El pragmatismo de Sumar pivota sobre el salario mínimo para los más vulnerables, gravar las fortunas de los ricos e, incluso, limitarse a garantizar más tiempo libre a los trabajadores, sin ambición por resolver el problema de fondo, que es el hundimiento de la clase media
La izquierda a la izquierda del PSOE también ha perdido su componente disruptivo en lo relativo a su impugnación frente a ciertos poderes. Curiosamente, Pedro Sánchez y los independentistas capitalizan hoy mejor la refriega judicial a cuenta de la ley de amnistía que el propio Podemos, que hizo de las llamadas “cloacas del Estado” su bandera política.
En consecuencia, es esperable que la derrota de Sumar y Podemos se repita en Euskadi, como ya ocurrió en Galicia. Los partidos emergentes en esos territorios son Bildu y el BNG, no casualmente. A menudo se ha tendido a creer que Podemos les dio alas con su discurso plurinacional en 2015, pero no es cierto. Al contrario: el partido de Iglesias sirvió de parapeto para su crecimiento, como vía posibilista, pero tras su caída, el trasvase no tiene freno. El BNG se volvió el voto útil de la izquierda el pasado 18-F sin aludir a los problemas identitarios. En Euskadi, las nuevas generaciones de jóvenes no vivieron el terrorismo, y muchos votantes de la izquierda abertzale son más socialistas que nacionalistas. Ambos casos deben ser entendidos como “izquierdas de proximidad”, combativas o alternativas, del nuevo tiempo.
Con todo, sería óptimo que ni En Comú Podem, ni Compromís, Más Madrid o IU quisieran fundirse bajo Sumar, sino mantener su autonomía. Son la locomotora de la plataforma, frente a un espacio político residual en la España interior o rural. Díaz cometería un error al imponer el mismo centralismo organizativo de Iglesias.
Así que quizás el papel de la vicepresidenta en adelante no sea fundar una marca nueva, ni aspirar a que Sumar sea un partido más al uso, sino quizás apostar por crear un tinglado político utilitarista. Es decir, entender a qué elecciones debería presentarse, y a cuáles no, o cómo hacerlo para que el PSOE y sus socios maximicen sus votos. En algunas zonas serán más fuertes las marcas plurinacionales (ERC, Bildu, BNG…) que su plataforma. Y podría incluso ser una opción coaligarse con el PSOE allí donde realmente no existe espacio para que ambos compitan. A fin de cuentas, si el partido de Yolanda Díaz no existe, es momento de que evolucione hacia otros fines. De ese debate podría ir también, este sábado, su cónclave político. Estefanía Molina es politóloga.
























[ARCHIVO DEL BLOG] Conocimiento. [Publicada el 25/03/2020]











Por primera vez desde que tenemos memoria, -comenta ["El regreso del conocimiento". El País, 25/3/2020] el escritor Antonio Muñoz Molina en el A vuelapluma de hoy-, las voces que prevalecen en la vida pública española son las de personas que saben; por primera vez asistimos a la abierta celebración del conocimiento y de la experiencia, y al protagonismo merecido y hasta ahora inédito de esos profesionales de campos diversos cuya mezcla de máxima cualificación y de coraje civil sostiene siempre el mecanismo complicado de la entera vida social. En los programas de televisión donde hasta hace nada reinaban en exclusiva charlistas especializados en opinar sobre cualquier cosa en cualquier momento, ahora aparecen médicos de familia, epidemiólogos, funcionarios públicos que se enfrentan a diario a una enfermedad que lo ha trastocado todo y que en cualquier momento puede atacarlos a ellos mismos. Cada tarde, a las ocho, sobre las calles vacías, estalla como una tormenta súbita un aplauso dirigido no a demagogos embusteros sino a los trabajadores de la sanidad, que hasta ayer mismo cumplían su tarea acosados por los continuos recortes, la falta de medios, el desdén a veces agresivo de usuarios caprichosos o quejicas. Ahora, salvo en los reductos consabidos, no escuchamos eslóganes, ni consignas de campaña diseñadas por publicistas, ni banalidades acuñadas por esa especie de gurús o aprendices de brujo que diseñan estrategias de “comunicación” y a los que aquí también, qué remedio, ya se llama spin doctors: engañabobos, embaucadores, vendedores de humo.
La realidad nos ha forzado a situarnos en el terreno hasta ahora muy descuidado de los hechos: los hechos que se pueden y se deben comprobar y confirmar, para no confundirlos con delirios o mentiras; los fenómenos que pueden ser medidos cuantitativamente, con el máximo grado de precisión posible. Nos habíamos acostumbrado a vivir en la niebla de la opinión, de la diatriba sobre palabras, del descrédito de lo concreto y comprobable, incluso del abierto desdén hacia el conocimiento. El espacio público y compartido de lo real había desaparecido en un torbellino de burbujas privadas, dentro de las cuales cada uno, con la ayuda de una pantalla de móvil, elaboraba su propia realidad a medida, su propio universo cuyo protagonista y cuyo centro era él mismo, ella misma.
Yo iba por la calle y me fijaba en que casi todo el mundo a mi alrededor se las arreglaba para vivir dentro de su espacio privado, exactamente igual que si estuviera en el salón de su casa, en su dormitorio, hasta en su cuarto de baño: la diadema de los cascos gigantes para no oír el mundo exterior y estar alimentado a cada momento por un hilo sonoro ajustado a sus preferencias; la mirada no en la gente con la que te cruzas, sino en la pantalla a la que miras; la voz que habla en el mismo tono que en una habitación cerrada, tan descuidada de los otros que era habitual asistir involuntariamente a conversaciones íntimas embarazosas, a peleas, a estallidos de lágrimas.
“Usted tiene todo el derecho del mundo a sus propias opiniones, pero no a sus propios hechos”, escribió el gran senador demócrata y activista cívico Patrick Moynihan. Lo dijo antes de que un portavoz de Donald Trump acuñara el término “hechos alternativos”, y de que la penuria económica de los medios de comunicación los llevara a alimentarse de opiniones más que de hechos, ya que siempre será mucho más caro, más trabajoso y hasta más arriesgado investigar un hecho que emitir una opinión. Se suma a esto una difusa hostilidad colectiva, que los medios alientan, hacia todo lo que parezca demasiado serio, pesado, poco lúdico. El entrevistador no disimula su impaciencia ante el invitado que suena premioso en cuanto se esfuerza en una explicación. Lo interrumpe: “Dame un titular”. Investigar con rigor y explicar con claridad requiere conocimiento y experiencia, que es el conocimiento más profundo que solo se obtiene con el tiempo y la práctica: son las cualidades necesarias para ejercer una tarea pública comprometida, desde asistir a un enfermo en una sala de urgencias a mantenerla limpia, o conducir una ambulancia, o montar de la noche a la mañana un hospital de campaña.
Pero entre nosotros la experiencia había perdido cualquier valor y todo su prestigio, y el conocimiento provocaba recelo y hasta burla. Cuando todo ha de parecer ostentosamente joven y asociado a la última novedad tecnológica, la experiencia no sirve para nada, y hasta se convierte en una desventaja para quien la posee; cuando alguien cree que puede vivir instalado en la burbuja de su narcisismo privado o de ese otro narcisismo colectivo que son las fantasías identitarias, el conocimiento es una sustancia maleable que adquiere la forma que uno desee darle, igual que su presencia personal queda moldeada por los filtros virtuales oportunos. Y la política deja de ser el debate sobre las formas posibles y siempre limitadas de mejorar el mundo en beneficio de la mayoría para convertirse en un teatro perpetuo, en un espectáculo de realidad virtual, no sometido al pragmatismo ni a la cordura, una fantasmagoría que se fortalece gracias a la ignorancia y que encubre con eficacia la cruda ambición de poder, el abuso de los fuertes sobre los débiles, la propagación de la injusticia, el despilfarro, el robo de dinero público.
En España, la guerra de la derecha contra el conocimiento es inmemorial y también es muy moderna: combina el oscurantismo arcaico con la protección de intereses venales perfectamente contemporáneos, que son los mismos que impulsan en Estados Unidos la guerra abierta del Partido Republicano contra el conocimiento científico, financiada por las grandes compañías petrolíferas. La derecha prefiere ocultar los hechos que perjudiquen sus intereses y sus privilegios. La izquierda desconfía de los que parezcan no adecuarse a sus ideales, o a los intereses de los aprovechados que se disfrazan con ellos. La izquierda cultural se afilió hace ya muchos años a un relativismo posmoderno que encuentra sospechosa de autoritarismo y elitismo cualquier forma de conocimiento objetivo. Ni la izquierda ni la derecha tienen el menor reparo en sustituir el conocimiento histórico por fábulas patrióticas o leyendas retrospectivas de victimismo y emancipación.
Curiosamente, en España, la izquierda y la derecha se han puesto siempre de acuerdo en echar a un lado o arrinconar a las personas dotadas de conocimiento y experiencia en el ámbito público, y someterlas al control de pseudoexpertos y enchufados. Maestros y profesores de instituto llevan décadas sometidos al flagelo de psicopedagogos y de comisarios políticos; los médicos y los enfermeros en la sanidad pública se han visto sometidos al capricho y a la inexperiencia de presuntos expertos en gestión o en recursos humanos cuyo único talento es el de medrar en la maraña de los cargos políticos.
Nos ha hecho falta una calamidad como la que ahora estamos sufriendo para descubrir de golpe el valor, la urgencia, la importancia suprema del conocimiento sólido y preciso, para esforzarnos en separar los hechos de los bulos y de la fantasmagoría y distinguir con nitidez inmediata las voces de las personas que saben de verdad, las que merecen nuestra admiración y nuestra gratitud por su heroísmo de servidores públicos. Ahora nos da algo de vergüenza habernos acostumbrado o resignado durante tanto tiempo al descrédito del saber, a la celebración de la impostura y la ignorancia".
A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. La reproducción de artículos firmados en este blog no implica compartir su contenido. Sí, en todo caso, su  interés. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt











domingo, 24 de marzo de 2024

Del arte de sonreir

 









Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz domingo. Saber cuándo sonreír, comenta en El País el escritor Manuel Jabois, es un arte no más fácil que saber cuándo dejar de hacerlo. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com










Perros
MANUEL JABOIS
20 MAR 2024 - El País - harendt.blogspot.com

Hace unos días, un hombre se cruzó con un amigo en la calle de Eduardo Dato de Madrid. Conversaron unos minutos y al despedirse, el hombre lo hizo con una sonrisa mientras se giraba para seguir su camino. Soy un gran observador de los comportamientos sociales, y este es uno de mis preferidos: el momento en que uno se da la vuelta sonriendo tras despedirse de alguien, y durante unos segundos mantiene esa sonrisa ya solo.
Ahora no le está sonriendo a nadie, es la resaca de una sonrisa anterior que no tiene destinatario. Tiene que hacer un esfuerzo leve, que es el dejar de sonreír: recomponer poco a poco la cara, seguir su camino con el mismo gesto que tenía antes de encontrarse a su amigo; no puede hacerlo bruscamente, pues parecería que el encuentro no le ha hecho ninguna gracia y la sonrisa podría parecer hipócrita.
Ese tiempo mínimo es un prodigio de una arquitectura social fascinante. Se roza el ridículo (¿qué hace ese hombre sonriendo solo?) en nombre de una cortesía que solo concierne ya a uno mismo, pues su interlocutor no está mirando: eres tú y el eco de un encuentro; es tu cara obedeciendo a un convencionalismo de difícil manejo que la evolución ha convertido en algo natural.
Hay quien lo hace con soltura, hay quien aguanta con esa sonrisa quizá en señal de respeto, quizá porque mantiene en la memoria unos segundos la felicidad del encuentro, quizá porque no encuentra el modo amable de dejar de sonreír. Saber cuándo sonreír es un arte no más fácil que saber cuándo dejar de hacerlo. Pocos manejan el arte de la sonrisa como los dueños de los perros.
Cuando sus perros se saludan o juegan entre ellos, sus dueños se cruzan sonrisas que son arte mayor: un gesto apenas perceptible, a menudo solamente con los ojos; una amabilidad espontánea que no necesita lenguaje porque son sus animales los que hablan entre ellos. Me pregunto cómo sería de llevarse mal entre ellos, los dueños, si sus perros se buscan para jugar y correr juntos, qué corriente de afecto imprevisible se levantaría a su pesar. Si se despedirían secos, y al girarse, cuando el otro ya no los ve, sonreirían por fin. Manuel Jabois es escritor.