viernes, 27 de marzo de 2026

PENSAR CON LA HISTORIA DE ESPAÑA. ESPECIAL DOS DE LA NOCHE DE HOY VIERNES, 27 DE MARZO DE 2026





 


Pensar con la historia no es lo mismo que pensar sobre la historia. Así lo indicó hace algún tiempo el historiador estadounidense Carl E. Schorske en una obra de título homónimo y elegante factura académica que compilaba algunos de sus trabajos dedicados al estudio del significado de la civilización europea en el tránsito a la modernidad. En el último de los supuestos ―nos dice Schorske―, pensar con la historia supone reflexionar sobre la historia como método general de construcción de pensamiento, como vienen haciendo los filósofos y teóricos de las distintas corrientes historiográficas que surgieron en Europa tras la Primera Guerra Mundial como revulsivo a la hegemonía intelectual que representaba el positivismo impulsado por el historiador alemán Leopold von Ranke. Y en su primera deriva consiste en utilizar los materiales del pasado (documentos oficiales y de curso restringido, obras literarias y de arte, testimonios orales) y los marcos con los que los interpretamos, para orientarnos en el presente que vivimos, escurridizo y sujeto a interpretación cuasi constante por el uso que de él hacen algunos políticos. En este sentido, la historia se manifiesta como un objeto estático (un cuadro o una escultura), o como un proceso dinámico (la creación de un estado y una nación, el desarrollo de una revolución), donde los elementos inmóviles se enlazan o disuelven dentro de un modelo narrativo de cambio que busca una explicación razonada y perdurable en el tiempo.

Breve Historia de España (en adelante BHDE), obra de Juan Sisinio Pérez Garzón (Gójar, Granada, 1950), catedrático emérito de historia contemporánea de la Universidad de Castilla-La Mancha y experto en historia política de España del siglo XIX y de los movimientos sociales, se enmarca en ese modelo de análisis dinámico de los acontecimientos históricos que menciona Schorske, y ofrece respuestas novedosas y ponderadas a una serie de hechos de primera categoría sujetos a interpretaciones metahistóricas por parte de ciertos pseudohistoriadores que no parecen conocer las reglas del oficio o métier de historiador, que estableciera Marc Bloch en su Apologie pour l’histoire (París, 1949). Este sería el caso, por ejemplo, de las brillantes páginas que dedica Pérez Garzón a la cultura andalusí, a la expulsión de España de varios cientos de miles de españoles que profesaban distinta fe (judíos y moriscos) e ideas (austracistas, liberales y republicanas) al poder hegemónico del momento; o el de aquellas otras que se ocupan de la naturaleza de la revolución liberal, del fracaso de la segunda república o del actual clima de polarización política, resultado este último de la sustitución ―hacia 2018, señala Pérez Garzón― del bipartidismo del PP y PSOE por el bibloquismo1. 

El punto de partida para el análisis de los hechos descritos se le proporciona al lector en las páginas introductorias de esta BHDE. El resultado es esclarecedor y oportuno. Frente a otras historias de España, nucleadas en las gestas de los reyes o en los excluyentes esencialismos que proporcionan los mitos fundacionales, las banderas y otros símbolos identitarios, BHDE hace una apuesta firme por una historia desde abajo, au niveau du sol, de sus habitantes ―hombres y mujeres― y de las distintas formas de organización que adoptaron (gremios, sindicatos, partidos políticos, asociaciones vecinales) con el propósito de obtener derechos y libertades que les eran negados desde la estructura política, económica y social vigente en cada momento. Es esta una postura honesta y valiente, quizá demodé paraalgunos críticos, pero sin duda acorde a lo que nos encontramos de principio a fin: algo más de tres mil años de historia de España desde la óptica que proporciona la llamada «gente sin historia» (célebre expresión del antropólogo estadounidense Eric R. Wolf) y sus ganas y voluntad de progresar.

Ya sea privilegiando los acontecimientos políticos, o los económicos, sociales y culturales, otros historiadores de generaciones distintas a la de Juan Sisinio Pérez Garzón también han proporcionado notables síntesis de historia de España, resultado de una larga experiencia docente e investigadora. Este sería el caso de Pierre Vilar (Histoire de l’Espagne, París, 1947), Jaume Vicens Vives (Aproximación a la historia de España, Barcelona, 1952), Antonio Domínguez Ortiz (España, tres milenios de historia, Madrid, 2000), Juan Pablo Fusi (Historia mínima de España, Madrid, 2012) y Eduardo Manzano Moreno (España diversa, claves de una historia plural, Barcelona, 2024). Sin embargo, acaso la síntesis más sintética que caracteriza nuestro pasado se condensa en las dos palabras que hiciera célebre Ramón Carande: «demasiados retrocesos». BHDE se entronca en este patrón que propuso Carande, sobre todo para el siglo XIX, un continuo tejer y destejer de pronunciamientos y contrapronunciamientos, de constituciones que nacen y mueren. Así lo advertían en su correspondencia cruzada el Conde de Toreno y Juan Valera, espectadores de excepción de este periodo.

Tiene toda la razón Juan Sisinio Pérez Garzón cuando, al final de su libro, en el apartado dedicado a las orientaciones bibliográficas, apunta que los estudios e investigaciones en Historia Contemporánea realizados durante estas primeras décadas del siglo XXI, a diferencia de otras cronologías, han crecido exponencialmente. Entre las razones que explican este fenómeno se encuentran la buena acogida que ofrecen ciertos sellos editoriales de peso mediático para publicar «nuevos» trabajos (tesis doctorales, sobre todo) acerca de la guerra civil y el franquismo. Gracias a ello, un público más o menos amplio e interesado puede conocer los más recientes debates académicos y las distintas posturas defendidas por los historiadores sobre las cuestiones indicadas.

Naturalmente, BHDE glosa algunos de estos resultados. Pérez Garzón, por ejemplo, señala que la mayoría de los españoles en 1936 no quiso hacer la guerra. Los voluntarios en la zona republicana fueron 120.000, y unos 100.000 en la sublevada. De un país de 24,7 millones de habitantes, dos millones y medio de jóvenes fueron forzados a enfrentarse (1,3 por los republicanos, y 1,2 por el bando sublevado), lo que obliga a matizar el relato épico de la guerra. Ello no es óbice para insistir también en una cuestión que resultó extraordinariamente nociva para el régimen republicano: la captación de jóvenes para la acción violenta, tanto en las izquierdas (FAI y milicias socialistas) como en las derechas (FE de las JONS). E incluso para subrayar que el ganador de la guerra, el general Francisco Franco, tras su proclama de política económica autárquica de 1939 («España es un país privilegiado que puede bastarse a sí mismo. No tenemos necesidad de importar nada»), hizo uso de la hambruna para terminar de rematar a una población ya de por sí muy dañada (recordemos que en la guerra civil española hubo más pérdidas humanas que las ocurridas en Francia e Italia durante la Segunda Guerra Mundial). El dato aportado es escalofriante: de 200.000 muertos en el momento álgido (1939-1942), un 10% murió por inanición, y el 90% restante por enfermedades agravadas por la malnutrición.

Es probable que los capítulos que abarcan los siglos XVI y XVII ofrezcan menos «novedades» a un lector especializado que las páginas dedicadas al XX y XXI, o al resto de las etapas históricas (prehistoria, épocas romana, antigua y medieval). El enrocamiento en el que han caído algunos debates sobre la Edad Moderna («¿existió un estado y una nación antes de la constitución de 1812? ¿Sí o no?»), unido al interés político con el que algunos sectores conservadores reconducen y rebajan otras fascinantes disputas intelectuales («España, generadora de la primera globalización») explica en parte este fenómeno. Ello no obsta para señalar que, además de ocuparse de esas «gentes sin historia» y de sus relaciones, hubiera sido deseable encontrar en BHDE alguna alusión a los «dependientes» que había en las casas nobiliarias españolas, es decir, todos aquellos hombres y mujeres que eran libres pero que en muchos casos trabajaban y vivían en condiciones inferiores a los esclavos. Hasta ahora, desconocemos cómputos locales y globales, lo que no significa que su repercusión en la economía y cultura de la época fuera desdeñable (véanse las investigaciones de Roser Salicrú i Lluch y Fabienne P. Guillén). Y lo mismo hay que advertir a propósito de los cientos de miles de españoles que permanecieron en las poblaciones del islam Mediterráneo (Marruecos, Argel, Túnez y Turquía) de resultas del enfrentamiento entre la monarquía de los Austrias, el Imperio otomano y sus aliados, las regencias berberiscas. En recientes trabajos se demuestra que las condiciones de vida y el horizonte de expectativas entre los «infieles» no eran peores que las que dejaron atrás en sus poblaciones de origen, todo lo cual quizás explica el alto número de renegados que hubo en el Mediterráneo durante la Edad Moderna (un millón proponen Lucetta Scaraffia y Salvatore Bono).  

A pesar de esto, BHDE es una sólida síntesis con tesis, como apuntábamos al comienzo de estas páginas. Que quema entre las manos y se lee casi de un tirón gracias a lo bien escrito que está («lo que se sabe sentir se sabe decir», Miguel de Cervantes dixit), al margen de los tecnicismos a los que somos tan propensos los especialistas. Josep Fontana, uno de los historiadores españoles más importantes y preocupados por la metodología, ya anunció las consecuencias que se derivarían de realizar una historia solo para los miembros de la tribu de historiadores, y reivindicó ese compromiso cívico en el análisis de «la compleja articulación de trayectorias diversas que se enlazan, separan y entrecruzan, de bifurcaciones en que se pudo elegir entre diversos caminos posibles, y no siempre se eligió el que era mejor en términos del bienestar de la mayor parte de los hombres y mujeres, sino el que convenía a aquellos grupos que disponían de la capacidad y la persuasión y la fuerza represiva necesaria para imponerla»2. Juan Sisinio Pérez Garzón sigue esta fecunda línea de trabajo y demuestra que la interacción entre pueblos distintos entreteje diversos presentes. Ya sea en el romano, el andalusí o en el reciente pasado, presente o futuro, lo que caracteriza a la historia de España no es una identidad eterna, sino el cambio y la lucha constante por el progreso. Reseña del libro Breve Historia de España, de Juan Sisinio Pérez Garzón. Madrid, Los Libros de la Catarata, 2025. JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ TORRES  es catedrático de Historia Moderna en la UNED. Publicado en Revista de Libros el 20 de marzo de 2026.


























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