EL SOMBRÍO ENCANTO DE UN CIGARRILLO
Nadie me había enseñado a llevar
un gato sucio entre los brazos.
El teléfono colgaba junto al vano de la cocina.
Atisbé una sombra, otra más,
irrumpiendo en una casa llena de borrachos.
Y no pude entonces recordar las redondeadas lápidas
que asomaban de la corteza helada,
ni las insignias en sus estrías.
Fue un alivio. Como el lustre de mi piel
bajo la enfermiza claridad
de anuncios pasados de moda.
Ese sombrío encanto
de los cigarrillos más baratos,
de harapos flotando en las aguas
que drenaban las canaletas.
Hay ricos
que nunca terminan sus frases.
Lo más normal
es que hubiese preferido acompañar
a mi madre hasta la parroquia,
rociar con gasolina las rodilleras
de los reclinatorios.
Escribir sobre los matices del fuego.
No dejar que la nieve
cayese con tanta fuerza.
Gente como yo nunca lleva dinero.
MANUEL GARCÍA PÉREZ (1976)
poeta español


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