sábado, 4 de abril de 2026

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, ¿PARA QUÉ LOS FILÓSOFOS? PUBLICADO EL 01/10/2016

 







En un bouquiniste de los alrededores de Nôtre Dame encontré, medio desecha por el tiempo y el manoseo de los paseantes, la primera edición de Pourquoi des philosophes? (1957), de Jean-François Revel. La compré y la volví a leer, medio siglo después de la primera lectura. Este panfleto volteriano con que Revel inició su carrera literaria conserva intacta su explosiva ferocidad y tal vez ella ha aumentado porque algunas de las figuras con las que se encarniza, como Heidegger, Jacques Lacan o Claude Lévi-Strauss, se han convertido desde entonces en referencias intelectuales intocables.

Como diría él mismo después, este libro fue su despedida tormentosa de la filosofía. Y, por cierto, de la universidad francesa y de sus profesores de humanidades, otro de sus blancos, a los que acusaba de estar muy por detrás de las universidades norteamericanas y alemanas, medio aletargados por el amiguismo mafioso y una retórica cada vez más incomprensible e insulsa. Este libro tuvo consecuencias muy provechosas para los lectores de Revel: lo sacó de un mundo académico donde acaso hubiera vegetado muy lejos de la actualidad y lo convirtió en el formidable periodista y pensador político que sería. Sus artículos y ensayos, con los de Raymond Aron, fueron un modelo de lucidez en esa segunda mitad del siglo XX, marcada en Francia por el predominio casi absoluto del marxismo y sus variantes, a los que ambos se enfrentaron con valentía y talento en nombre de la cultura democrática. Nadie los ha reemplazado y sin ellos los diarios y revistas francesas parecen haberse apocado y entristecido.

La palabra panfleto tiene ahora cierto relente ignominioso, de texto vulgar, desmañado e insultante, pero en el siglo XVIII era un género creativo y respetable, de alto nivel, del que se valían los intelectuales más ilustres para ventilar sus diferencias. En esa tradición se inscriben muchos de los libros de Revel, como ¿Para qué los filósofos?, un ajuste de cuentas con los pensadores de su tiempo y con la propia filosofía a la que, según este ensayo, los descubrimientos científicos, de un lado, y, de otro, la falta de vuelo, de originalidad y el oscurantismo de los filósofos modernos va encogiendo como una piel de zapa y —lo peor— volviendo cada vez menos legible. Revel sabía de lo que hablaba, tenía un conocimiento profundo de los clásicos griegos y todo su libro está plagado de contrastes entre lo que significaba “filosofar” en la Grecia de Platón y Aristóteles, o en la Europa de Leibniz, Descartes, Pascal, Kant y Hegel y el modesto y superespecializado quehacer (confinado a menudo en la lingüística) que usurpa su nombre en nuestros días.

Pero no sólo hay críticas severas en el libro contra los filósofos contemporáneos; también algunos elogios. De Sartre, por ejemplo, por El ser y la nada, que le parece a Revel una reflexión profunda, de gran audacia especulativa, y de Freud, de quien hace una reivindicación beligerante, sobre todo contra ciertos psicoanalistas, como Jacques Lacan, quien, a su juicio, no sólo frivoliza y enreda grotescamente las ideas de Freud, sino lo utiliza para levantarse un vanidoso monumento a sí mismo. Para quienes hemos perdido muchas horas tratando de entender a Lacan (sin conseguirlo), la dura crítica que le merece a Revel resulta alentadora.

Jean-François Revel y Raymond Aron se enfrentaron con valentía al marxismo y variantes

No así, sin embargo, las severas reprimendas a Claude Lévi-Strauss, cuyo libro sobre Las estructuras elementales del parentesco Revel cuestiona de raíz, acusando a su autor de ser un buen psicólogo pero no aportar nada desde el punto de vista sociológico al conocimiento del hombre primitivo. Esta aseveración la extiende al conjunto de los estudios sobre las sociedades marginales de Lévi-Strauss, con el argumento de que al reducir todo el análisis a describir la mentalidad primitiva, concentrándose en su intimidad psicológica, se desentendió de investigar lo más importante desde el punto de vista social: por qué las instituciones de la sociedad tradicional tuvieron determinado carácter, por qué se diferenciaban tanto unas de otras, qué necesidades satisfacían los rituales, creencias e instituciones de cada comunidad. La obra de Lévi-Strauss estaba todavía en proceso cuando Revel escribió este ensayo y tal vez otra hubiera sido su evaluación del gran antropólogo si hubiera tenido una perspectiva más amplia de su obra.

En el año 1971, con motivo de una reedición de ¿Para qué los filósofos?, Revel escribió un extenso prólogo pasando revista a lo que había ocurrido en el ámbito intelectual de Francia en los últimos 11 años. No rectificaba nada de lo que había escrito en 1957 y, por el contrario, encontraba en el “estructuralismo”, entonces de moda, las mismas insuficiencias e imposturas que había denunciado en los años del “existencialismo”. Sus críticas más acerbas las dirige a Althusser y a Foucault, sobre todo a este último, muy de actualidad desde la publicación de Las palabras y las cosas, quien había declarado que “Sartre era un hombre del siglo XIX” y cuyas aparatosas afirmaciones según las cuales “las humanidades no existen” y “del hombre, una invención reciente, se puede prever el fin próximo” hacían las delicias de los bistrots de Saint-Germain. (Todavía apedreaba policías y negaba la existencia del sida). Revel advierte que las modas van arrastrando a la filosofía a unos niveles de artificialidad y esoterismo que parece una forma de suicidio, empezando por el fuego graneado que los nuevos filósofos disparan contra el humanismo. Pero lo que excita más su humor sarcástico es la extraña alianza que se daba entre el esnobismo político —léase marxismo o, todavía más grave, maoísmo— y las especulaciones más alambicadas de las “teorías” que producían sin freno los literatos y críticos de una corriente estructuralista que abarcaba tantas disciplinas y géneros que ya nadie sabía sobre qué escribía. En esto se lleva todos los premios la revista Tel Quel, cuyo genio tutelar, el sutil Roland Barthes, acababa de explicar, inaugurando sus charlas en el Collège de France, que “la lengua es fascista”. El análisis de un número especial de Tel Quel que hace Revel, ridiculizando la pretensión de los discípulos de Barthes y Derrida de que sus teorías literarias y experimentos lingüísticos servirán al proletariado para derrotar a la burguesía en la batalla a muerte en que están trabados, no tiene desperdicio. Basta citar una frase: “La función ideológica de Tel Quel es muy clara: consiste en fabricar una cultura burguesa presentándola como antiburguesa. Ya que ella es antiburguesa y proletaria en la exacta medida en que la finca de María Antonieta, en el Petit Trianon, era antimonárquica y campesina”.

Las modas arrastran a la filosofía a niveles de artificialidad y esoterismo que parecen un suicidio

Por encima y por debajo de la virulencia intelectual que anima este ensayo de Revel, algo sigue ahora tan válido como entonces: la nostalgia de una vida intelectual creativa y responsable, que ayude a ver claro aquello que parece confuso, y en la que las ideas rivalicen y jueguen un papel central en la búsqueda de soluciones para los escalofriantes problemas que enfrenta el mundo de hoy. MARIO VARGAS LLOSA es premio Nobel de Literatura. Publicado en El País el 1 de octubre de 2016.



















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, ODA A LOS NIÑOS DE MADRID MUERTOS POR LA METRALLA, DE VICENTE ALEIXANDRE

 






ODA A LOS NIÑOS DE MADRID MUERTOS POR LA METRALLA




Se ven pobres mujeres que corren en las calles

como bultos o espanto entre la niebla.

Las casas contraídas,

las casas rotas, salpicadas de sangre:

las habitaciones donde un grito quedó temblando,

donde la nada estalló de repente,

polvo lívido de paredes flotantes,

asoman su fantasma pasado por la muerte.

Son las oscuras casas donde murieron niños.

Miradlas. Como gajos

se abrieron en la noche bajo la luz terrible.

Niños dormían, blancos en su oscuro.

Niños nacidos con rumor a vida.

Niños o blandos cuerpos ofrecidos

que, callados los vientos, descansaban.

Las mujeres corrieron.

Por las ventanas salpicó la sangre.

¿Quién vio, quién vio un bracito

salir roto en la noche

con la luz de sangre o estrella apuñalada?

¿Quién vio la sangre niña

en mil gotas gritando:

¡crimen, crimen!,

alzada hasta los cielos

como un puñito inmenso, clamoroso?

Rostros pequeños, las mejillas, los pechos,

El inocente vientre que respira:

La metralla los busca,

la metralla, la súbita serpiente,

muerte estrellada para su martirio.

Ríos de niños muertos van buscando

un destino final, un mundo alto.

Bajo la luz de la luna se vieron

las hediondas aves de la muerte:

aviones, motores, buitres oscuros cuyo plumaje encierra

la destrucción de la carne que late,

la horrible muerte a pedazos que palpitan

y esta voz de las víctimas,

rota por las gargantas, que irrumpe en la ciudad como un gemido.

Todos la oímos.

Los niños han gritado.

Su voz está sonando.

¿No oís? Suena en lo oscuro.

Suena en la luz. Suena en las calles.

Todas las casas gritan.

Pasáis, y de esa ventana rota sale un grito de muerte.

Seguís. De ese hueco sin puerta

sale una sangre y grita.

Las ventanas, las puertas, las torres, los tejados

gritan, gritan. Son niños que murieron.

Por la ciudad gritando,

un río pasa: un río clamoroso de dolor que no acaba.

No lo miréis: sentidlo.

Pequeños corazones, pechos difuntos, caritas destrozadas.

No los miréis: oídlos.

Por la ciudad un río de dolor grita y convoca.

Sube y sube y nos llama.

La ciudad anegada se alza por los tejados y alza un brazo terrible.

Un solo brazo. Mutilación heroica de la ciudad o su pecho.

Un puño clamoroso, rojo de sangre libre,

que la ciudad esgrime, iracunda y dispara




VICENTE ALEIXANDRE (1898-1984)

poeta español




***




Vicente Aleixandre y Merlo (1898-1984) fue un poeta español de la llamada generación del 27. Fue académico de la Real Academia Española desde 1950, ocupando el sillón de la letra O. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1933 por La destrucción o el amor, el Premio de la Crítica en 1963 por En un vasto dominio y en 1969 por Poemas de la consumación, así como el Premio Nobel de Literatura en 1977. Fuente: Wikipedia.

















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 4 DE ABRIL DE 2016

 





























viernes, 3 de abril de 2026

POR QUÉ ESTOY CORRIENDO. ESPECIAL TRES DE LA NOCHE DE HOY VIERNES, 3 DE ABRIL DE 2026

 







Amigos, ya no puedo quedarme de brazos cruzados. Con gran entusiasmo anuncio hoy públicamente mi decisión de presentarme como candidato. Espero contar con su apoyo. Me ha llevado años llegar a este punto. Pero sencillamente no puedo quedarme de brazos cruzados por más tiempo. Estoy decidido a hacerlo, y quiero que sepas que estoy totalmente comprometido con ello.

No me engaño pensando que será fácil. He visto a muchos otros intentarlo y fracasar. Pero estoy comprometido con correr, y correré de una manera que aproveche mi fuerza, mi resistencia y mi tenacidad. Hago este anuncio público hoy porque necesito su apoyo y su ánimo. Necesito que me apoyen al 100%. ¿Por qué me presento? Porque, como muchos de ustedes, estoy enfadado. Ya no aguanto más. No puedo quedarme de brazos cruzados. Mi conciencia me exige que actúe.

Miro a Trump y veo a alguien que tiene casi mi misma edad, pero es una vergüenza total. Gordo. Fuera de forma. Completamente fuera de sí. Y me digo a mí mismo: ¡Puedo hacerlo mejor! ¡Lo haré mejor! ¿Rubio o Vance? Podría superarlos en cualquier carrera. Los dejaría muy atrás.

Para serte sincero, nunca he ganado una sola carrera. La última vez que corrí, en Massachusetts, allá por 2002, bueno, no fue un espectáculo agradable. Pero ahora tengo que correr. Tengo demasiada grasa abdominal. Correr también me ayudará a recuperar la forma cardiovascular que tenía cuando era más joven. Así que, a partir de mañana, con vuestro apoyo y ánimo, correré media milla cada día. Feliz 1 de abril. ROBERT REICH es economista. Publicado en Substack el 1 de abril de 2026.

























LA PSICOLOGÍA DE LA INCOMPETENCIA MILITAR. ESPECIAL DOS DE LA NOCHE DE HOY MIÉRCOLES, 3 DE ABRIL DE 2026.

 








Cómo se perdió la guerra de Irán. Así pues, la mayor potencia militar del mundo entró en guerra contra una nación de cuarta categoría cuyo presupuesto militar sería insignificante comparado con nuestro gasto en defensa. Y parece que perdimos. Hola, soy Paul Krugman con una actualización nocturna, bueno, vespertina, algo que no suelo hacer, pero quería publicarla antes de que quién sabe qué pasará en las noticias mañana.

Es martes. Es el día en que la bolsa se disparó, el precio de los futuros del petróleo cayó en picado, todo por la feliz noticia de que Estados Unidos, al menos según la cuenta de Trump en Truth Social, parece estar rindiéndose. Trump publicó en Truth Social que, ya saben, no necesitamos abrir el estrecho de Ormuz. Si los europeos creen que lo necesitan, que lo hagan. Y es su decisión. Y esto es bastante sorprendente.

Por supuesto, la idea de que solo les importa a los europeos y que a nosotros no nos importa es completamente errónea. Y ese será el tema de una publicación en Substack próximamente. Pero en realidad es una confesión. Aunque se presenta como un "ganamos, ahora que otro se encargue de la limpieza", la realidad es que, en efecto, es una confesión de que, bueno, perdimos. No podemos hacer esto.

¿Cómo demonios logramos hacer esto? Es decir, la realidad objetiva es que esto nunca iba a ser posible... Quizás ni siquiera era factible. Había razones por las que no entramos en guerra con Irán, en particular por las que no entramos en guerra de una manera que básicamente se convirtiera en una amenaza existencial para el régimen, de modo que no tuvieran ningún reparo en causar mucho daño porque el resultado alternativo sería su aniquilación personal. Pero cualquiera que lo pensara aunque fuera por un par de minutos, cualquiera que supiera algo, en particular cualquiera que hubiera estado prestando atención a los cuatro años de guerra en Ucrania... sabemos algo sobre cómo es la guerra moderna y sobre la incapacidad de los países con fuerzas convencionales superiores para evitar daños importantes por parte de drones y misiles. Así que esto fue completamente, increíblemente estúpido.

¿Cómo llegamos hasta aquí? Bueno, Tobin Harshaw publicó un excelente artículo en Bloomberg, y aunque básicamente me baso en lo que escribió, creo que merece mayor difusión. Rescató un libro que había olvidado, un libro de 1976 de Norman Dixon titulado La psicología de la incompetencia militar. Si bien tenía un enfoque muy británico, sus enseñanzas son aplicables; Dixon analizó los grandes desastres militares de la historia británica.

Podría pensarse que hubo muchas razones por las que se tomaron decisiones tan desacertadas, pero él afirmó que existía un patrón consistente. Lo que sucedía era que los líderes militares, o quienes tomaban decisiones militares, compartían en su mayoría dos características. Primero, creían, de forma atávica y anacrónica, que la guerra se basa únicamente en la fuerza física y no en la inteligencia, algo que no es cierto desde hace mucho tiempo. Y segundo, argumentó que, en general, eran antiintelectuales y contrarios a la educación.

Así que, en cierto modo, todo se reduce a los músculos y no me vengan con todos esos intelectuales sabelotodo que me dicen por qué lo estoy haciendo mal. Es un retrato asombrosamente preciso de Pete Hegseth, hasta en detalles aparentemente insignificantes. El cristianismo muscular es uno de los síntomas que definen a los malos líderes militares británicos que Dixon analizó. Así que esto fue lo que pasó.

No se trata de errores de juicio específicos. En cierto modo, no se trata de los detalles del caso. Se trata de que fuimos conducidos a la guerra por personas que ejemplificaron a la perfección cómo se toman las malas decisiones militares. Y todo se reduce a creer en la fuerza bruta, la dureza y la virilidad —¡virilidad en la era de la guerra con drones!— y a odiar a los intelectuales, a odiar el aprendizaje.

Lo que realmente me sorprende es que, en una guerra donde el factor decisivo es tener cierto conocimiento intelectual de lo que se está haciendo, un régimen teocrático en Irán, que básicamente quiere volver a la Edad Media, haya acertado en gran medida.

Y el principal centro de pensamiento científico del mundo, o al menos lo éramos hasta la actual administración, se equivocó por completo. Es humillante. Es terrible. Y, como saben, todos pagaremos las consecuencias de esta increíble derrota, probablemente durante el resto de nuestras vidas. Que disfrutes de la velada. PAUL KRUGMAN es premio Nobel de Economía. Publicado en Substack el 31 de marzo de 2026.

























SIN AUTORIDAD. ESPECIAL UNO DE LA NOCHE DE HOY VIERNES, 3 DE ABRIL DE 2026

 








Amigos: Pensamiento radical. Trump es un administrador para las generaciones futuras, no un propietario. Hoy, el juez federal Richard Leon impidió que Trump continuara con la construcción de su salón de baile de 400 millones de dólares en el solar donde se ubicaba el Ala Este de la Casa Blanca, ahora demolida. Esto ha paralizado, al menos por ahora, uno de los esfuerzos más visibles de Trump por remodelar el centro simbólico del poder ejecutivo federal.

En un dictamen de 35 páginas , el juez Leon, nombrado por el presidente republicano George W. Bush, escribió que probablemente Trump no tenía la autoridad para realizar cambios en la Casa Blanca que pudieran perdurar durante generaciones sin consultar al Congreso.

Según mis cálculos, esta es la 89ª vez desde el inicio del segundo mandato de Trump que un juez federal dictamina que no puede simplemente hacer lo que quiera; sus acciones deben ser autorizadas por el Congreso.

Centrémonos por un momento en la palabra autorizado. Proviene del latín auctoritas y auctor , que significa originar, el originador.

En nuestro sistema de gobierno, el presidente no es quien origina el poder. El poder emana del pueblo. Y entre los tres poderes del Estado, el Congreso es el que mejor representa al pueblo. Este fue el propósito de los fundadores al plasmarlo en la Constitución, razón por la cual el primer artículo enumera las facultades del Congreso.

La decisión del juez Leon suspende el proyecto del salón de baile mientras continúa el litigio. Cuando un juez federal concede una orden judicial preliminar, significa que considera probable que los demandantes (en este caso, el National Trust for Historic Preservation) ganen el caso y que permitir que continúe lo que está sucediendo (en este caso, la construcción del enorme salón de baile de 90.000 pies cuadrados de Trump) les causará un daño irreparable.

En diciembre, el National Trust demandó a Trump después de que este demoliera el ala este (construida originalmente en 1902 y ampliada durante la presidencia de Franklin Roosevelt) para dar paso a lo que Trump dice que será el salón de baile "más elegante" del país.

Tal como fue diseñado, ese salón de baile es más grande que la Residencia Ejecutiva y el Ala Oeste juntas. De construirse, sería el edificio más imponente de la Casa Blanca, desplazando simbólicamente su atención del lugar donde el presidente trabaja y vive al lugar donde podría ofrecer suntuosas recepciones, como en el salón del trono de un rey.

Trump ha recalcado repetidamente que su salón de baile está financiado íntegramente por donantes privados, por lo que su costo no recaerá sobre los contribuyentes y no requiere una asignación del Congreso. Afirma haber recaudado más de 350 millones de dólares de patrocinadores personales y de cerca de dos docenas de empresas tecnológicas, de criptomonedas y de defensa para financiar la estructura sin apoyo gubernamental. Traducido: Ha extorsionado 350 millones de dólares a personas adineradas deseosas de congraciarse con él.

Pero el juez Leon insiste en que esto no le da a Trump autoridad para destruir parte de la Casa Blanca y erigir un salón de baile gigante en su lugar: "Ninguna ley se acerca a otorgarle al Presidente la autoridad que afirma tener".

El juez Leon añade: “El Presidente de los Estados Unidos es el custodio de la Casa Blanca para las futuras generaciones de Primeras Familias. ¡Sin embargo, no es el propietario!” [exclamación incluida]

La idea de que Trump sea el custodio de algo para las generaciones futuras, en lugar de un propietario, debe parecerle extraña. Dudo que el ex promotor inmobiliario haya considerado alguna vez la presidencia como una responsabilidad de administración.

Por eso, la idea de que no esté autorizado a hacer lo que quiera —demoler la Casa Blanca para construir un gran salón de baile, desplegar agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza para aterrorizar a los inmigrantes y asesinar a los estadounidenses que intentan protegerlos, atacar a Irán— le resulta inconcebible.

En su primera reacción pública a la orden judicial, Trump calificó al National Trust como "un grupo de lunáticos de la izquierda radical" que lo está demandando por un "salón de baile que está por debajo del presupuesto, adelantado al cronograma, se está construyendo sin costo alguno para el contribuyente y será el mejor edificio de su tipo en todo el mundo".

Para el promotor inmobiliario Trump, lo único que importa es mantenerse dentro del presupuesto, adelantarse a los plazos previstos y sin coste alguno para los contribuyentes. Incluso si demuele la Casa Blanca y erige una Torre Trump en su lugar. Incluso si extorsiona a todos los directores ejecutivos de Estados Unidos para que la paguen. Incluso si levanta un arco gigante sobre el río Potomac con su nombre grabado.

Pero el pueblo no le ha autorizado a hacer nada de esto. Lo que significa que, mientras tengamos un poder judicial federal independiente y alguna esperanza de un Congreso que le haga frente, no puede hacerlo. ROBERT REICH es economista. Publicado en Substack el 31 de marzo de 2026.