El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
viernes, 5 de septiembre de 2025
jueves, 4 de septiembre de 2025
DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY JUEVES, 4 DE SEPTIEMBRE DE 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 4 de septiembre de 2025. Entre las ideas más provocadoras del pensamiento moderno está la noción de voluntad de poder, formulada por Friedrich Nietzsche no como una escuálida pulsión de dominación externa, sino como una fuerza vital, una energía interna que atraviesa todo lo que vive, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el filósofo Alejandro Villamor. En la segunda, una entrada del blog de marzo de 2013, HArendt les proponía la realización del afamado test de autoubicación política del politólogo estadounidense David Fraser Nolan. El poema del día se titula Retrato, es del poeta español Antonio Machado, y comienza con estos versos: Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,/y un huerto claro donde madura el limonero;/mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;/mi historia, algunos casos que recordar no quiero. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt
DE LA VOLUNTAD DE PODER
Entre las ideas más provocadoras del pensamiento moderno está la noción de voluntad de poder, formulada por Friedrich Nietzsche (1844-1900) no como una escuálida pulsión de dominación externa, sino como una fuerza vital, una energía interna que atraviesa todo lo que vive, escribe en la revista Ethic [La voluntad del poder, 26/08/2025] el filósofo Alejandro Villamor. «En todos los lugares donde encontré seres vivos encontré voluntad de poder; e incluso en la voluntad del que sirve encontré la voluntad de ser señor», se lee en su Así habló Zaratustra. No se trata de conquistar al otro, sino de afirmarse uno mismo, de imponerse sobre las circunstancias, de troquelar el mundo con el sello propio. Esta voluntad –más honda que la voluntad de vivir schopenhaueriana– se expresa en cualquier ámbito de la vida, comienza diciendo Villamor..
En pleno siglo XXI, lejos del contexto filosófico decimonónico, esta tesis mantiene su vigor. Es cierto que no como una doctrina explícita que alguien pregone en voz alta, pero sí como una fuerza subterránea, casi litúrgica, que estructura nuestra forma de actuar, de hablar, de vincularnos. Lo que Nietzsche advirtió es que detrás de cada gesto hay una motivación no confesada. Nada es inocente ni neutral.
Hoy, muchas de nuestras interacciones se escudan en discursos de buena voluntad, pero la voluntad de poder no se esfuma bajo ese barniz, se camufla. Cuando alguien se muestra excesivamente moralista en redes sociales, cuando se exhibe una postura ideológica con vehemencia, o incluso cuando se corrige al otro con cierto tono paternalista, hay un deseo oculto de superioridad. Más que una malicia consciente, esta es una tendencia primaria: la de afirmarse ante los demás.
Nietzsche lo vio con claridad al denunciar lo que –especialmente en su Genealogía de la moral– acuñó como «moral de esclavos». Bajo la apariencia de humildad y compasión, es la actitud que esconde un resentimiento transformado en virtud. Esa moral sigue funcionando con nuevas formas.
El lenguaje, aparente instrumento neutro, también está impregnado de esta dinámica. Cada palabra puede funcionar como una pieza armada con una intención estratégica. El modo en que hablamos, los términos seleccionados, las pausas, las entonaciones, todo configura un pequeño campo de batalla simbólico. Preguntar «¿no crees?» al final de una frase no es únicamente una consulta, es una presión para encauzar el pensamiento del otro.
Cuando se habla de poder, pensamos habitualmente en gobiernos o estructuras de control amplias. Pero la tesis nietzscheana engloba algo más. El poder no se ejerce solamente desde arriba, también actúa entre iguales, entre amigos, en el amor, incluso en la compasión. En una pareja, verbigracia, la necesidad de tener razón en una discusión nunca se justifica por un amor a la verdad. En su lugar, suele esconder una necesidad de prevalencia. Algo análogo sucede en el ámbito laboral cuando alguien asume tareas con excesivo tesón, no por compromiso sino por reconocimiento. Incluso el altruismo puede funcionar como una forma de imponer gratitud.
Nietzsche no propone un mundo cínico donde el acto de generosidad sea despreciable, pero sí solicita rascar la costra de la superficie. La voluntad de poder no es malvada per se. Puede expresarse de modo creativo, en la capacidad de transformar el entorno o de inventar nuevas formas de vida. Es lo que impulsa al artista a crear, así como al científico o al filósofo a imaginar nuevos relatos sobre el mundo.
Lo inquietante del pensamiento nietzscheano es que no deja resquicio donde refugiarse. No hay lenguaje aséptico ni pensamiento desinteresado. Todo lo que hacemos está atravesado por esa voluntad de afirmación. Acorde a su parecer, ciertas filosofías y religiones –como la cristiana– han impuesto su voluntad para domeñar el ánimo y el cuerpo de las masas. Por esto, cuanto antes lo asumamos, antes podremos usar esa energía con honestidad, en lugar de sufrirla o disfrazarla. Antes podremos vivir de acuerdo con nuestro propio interés, libre de la fusta ajena.
En esta línea, el mundo digital ha amplificado esta lógica hasta lo grotesco. Cada opinión es un ejercicio de poder. Al compartir ideas, vídeos, imágenes, se procura construir una imagen pública, ganar visibilidad, posicionarse. La viralidad es un modo contemporáneo de dominio simbólico. Quien logra que su mensaje circule hasta territorios más lejanos, gana. No importa si el contenido es verdadero o siquiera útil. Lo que importa es que se eleve en el prado de la atención colectiva.
Tal vez el mayor aporte del autor de Más allá del bien y del mal a nuestra época sea su exigencia de lucidez moral. No una ética reglada, sino una suerte de ética que parte de una verdad incómoda. A saber, que todo lo que hacemos –desde un tuit hasta una tesis doctoral, pasando por el contenido de Instagram— lleva consigo un trasfondo emotivo. El peligro no es tener un impulso egoico –esto es inevitable– sino el no reconocerlo o, incluso, el ocultarlo tras las bambalinas de una supuesta virtud. La suya es una descripción, no una prescripción, que no conduce a una renuncia moral, sino todo lo opuesto. A no pregonar virtudes que no se practican. A no construir liturgias vacías en torno al deber. A mirar al frente con sinceridad, sin excusas ni máscaras. Alejandro Villamor es graduado en Filosofía con premio extraordinario por la Universidad de Santiago de Compostela. Máster en Formación de Profesorado por la misma institución y Máster en Lógica y Filosofía de la Ciencia por la Universidad de Salamanca. Actualmente ejerce como profesor de Filosofía en Educación Secundaria en la Comunidad de Madrid.
ARCHIVO DEL BLOG. AUTOUBICACIÓN POLÍTICA: EL TEST DE NOLAN. PUBLICADO EL 13/03/2013
Dicen los versos de Antonio Machado en una de las estrofas de su poema "Retrato":
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno...
Si se me permite la presunción, diría que a mí me pasa lo mismo: en algunos momentos me hierve la sangre por las injusticias del mundo y por las que veo a mi alrededor, pero en todo caso mis palabras intentan siempre resultar serenas y ecuánimes como las suyas. Al menos lo intento... Será por la edad, y por aquello que se cuenta, pienso que con razón, de que el joven que a los veinte años no quiere cambiar el mundo es que no tiene sangre en las venas, y el que quiere cambiarlo a los setenta es que es imbécil. Próximo a cumplirlos, me conforme con que el mundo no me cambie a mí.
¿Tienen ustedes interés en conocer con bastante grado de aproximación cuál es realmente su autoubicación ideológica y política en relación con los problemas del mundo actual? Si se animan a ello, les propongo contesten las sencillas veinte preguntas que se recogen en el denominado test-diagrama de Nolan, que recibe ese nombre por su creador, el politólogo norteamericano David Fraser Nolan (1943-2010), del Massachussetts Intitute of Technology (MIT).
Partidario tanto de las libertades económicas como personales, Nolan consideraba hasta cierto punto reduccionista la división política entre posiciones de derecha e izquierda, y entre aquellos que solo abogan por la libertad personal y los que solo defienden la libertad económica.
Para resolver esa dicotomía, David F. Nolan creó un gráfico en el que situaba en el eje "X" la posición política respecto de las libertades económicas, y en el eje "Y" la posición política respecto a las libertades personales, dando lugar con ello a un cuadrante en el que se sitúa a los que se califican como izquierdistas o progresistas en el cuadrante izquierdo, a los derechistas o conservadores en el derecho, a los liberales o libertarios en el superior, y a los autoritarios o populistas en el inferior.
De las respuestas que se den a las veinte preguntas del test, el diagrama ubica ideológica y políticamente a la persona que lo realiza en un punto del diagrama que muestra su proximidad o alejamiento de cada una de las posiciones citadas.
Les invito a realizarlo. No lleva apenas tiempo. Son preguntas sencillas y claras que deben responderse con honestidad, claro está, para que la prueba resulte eficaz. Les aconsejo que previamente lean las notas que figuran al comienzo del test en las que se explica con claridad el procedimiento a seguir.
Yo he vuelto a realizarlo y confieso que me he sentido satisfactoriamente ubicado ideológica y políticamente con el resultado y posicionamiento que el diagrama me otorga, que está adaptado al panorama político español actual. Y si no es así en su caso, pues seguramente es que el test no está bien planteado. En todo caso, estoy seguro que les resultará entretenido e interesante. Pueden acceder al test desde este enlace: “testpolitico.com”. Disfrútenlo. Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt
EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, RETRATO, DE ANTONIO MACHADO
RETRATO
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
?ya conocéis mi torpe aliño indumentario?,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
?quien habla solo espera hablar a Dios un día?;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
ANTONIO MACHADO (1875-1939)
poeta español
miércoles, 3 de septiembre de 2025
DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 3 DE SEPTIEMBRE DE 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 3 de septiembre de 2025. La obsesión por la reputación y la creación del relato deja en un lugar secundario a los hechos y las ideas, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el filósofo Pau Luque. En la segunda, un archivo del blog de septiembre de 2018, el polemista intelectual y abogado José María Ruiz Soroa, mantenía firmemente que la sociedad, las naciones, el Estado, todo, existe para el ser humano, y nunca al revés, y que esa es la esencia del liberalismo y una de las razones de su éxito. El poema del día, en la tercera, lleva el título de Acrópolis, está escrito por la poetisa argentina Nicole Brezin, y comienza con estos versos: Es una cuesta empinada. Delante de nosotros,/un hombre intenta despertar/el entusiasmo de su hijo:/Ya verás cuando lleguemos a la Acrópolis./Todo se ve desde allí arriba, todo. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "ἡμεῖς ἀπιοῦμεν" (nos vamos); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt
LA REALIDAD Y SUS PROBLEMAS
La obsesión por la reputación y la creación del relato deja en un lugar secundario a los hechos y las ideas, escribe en El País [Problemas de realidad, 24/8/2025] el filósofo Pau Luque. En una conversación reciente entre dos periodistas estadounidenses progresistas, comienza diciendo Luque, uno le preguntaba al otro: “¿Crees que Israel tiene un problema de imagen?”. Y el otro respondía: “Creo que Israel tiene un problema de realidad”.
Detecto últimamente unas pocas y casi imperceptibles grietas en la tiranía de la comunicación y el marketing políticos. La obsesión por la reputación, la creación de relato y el posicionamiento estratégico dejó en un lugar secundario hace unas décadas a los hechos y las ideas, el material del que está hecha la realidad.
En España, fue Podemos quien más temprano apostó por crear una imagen (casta versus pueblo) en detrimento de dar la batalla por las ideas (simplificando: izquierda versus derecha). Sus grandes dilemas iniciales se dirimían en términos de cómo evitar problemas de imagen: había que plantear las propuestas de manera que Podemos no diera miedo, pero sin dejar de trazar una línea entre buenos (el pueblo) y malos (la casta); había que ser simpáticos con los nacionalismos periféricos, pero sin resultar antipáticos para quienes se sentían españoles; había que aparentar que se pertenecía a los de abajo vistiendo como —según los estereotipos— visten los de abajo. Fue hasta tal punto evidente que la imagen lo era todo que en las primeras elecciones a las que concurrieron, las correspondientes al Parlamento Europeo en 2014, fue literalmente una imagen la que aparecía en la papeleta: la cara de Pablo Iglesias. Pero 11 años después de su creación, Podemos no tiene problemas de imagen, sino de realidad: es parlamentariamente marginal. A pesar de lo desastrosa que resultó esa obsesión por tener atención mediática, construir una imagen y forjar un relato, Podemos sigue en ayuno de ideas.
Yendo ahora más allá de España, es la derecha la que parece haber tomado la delantera a la hora de recuperar un papel importante para las ideas en la gran conversación pública. Para J.D. Vance, la política consiste no sólo en la batallita mediática de turno, sino en la defensa de unas ideas. Entendámonos: se trata de ideas reaccionarias, a menudo siniestras y siempre terribles. Pero son ideas. El verdadero peligro de Vance es que, defendiendo unas ideas y no su reputación, está creando una cultura política.
En cambio, y salvo por unas pocas grietas, la izquierda —a ambos lados del Atlántico— sigue firme en su misión de parir eslóganes y relatos y cultivar su adicción a lo que digan los comunicólogos, los expertos en imagen y demás magos del pan para hoy y hambre para mañana.
Se dice que un buen político en el siglo XXI tiene que ser un buen comunicador. Y es verdad. Pero no es lo mismo un buen comunicador que difunde ideas que uno que difunde un relato, cultiva una imagen y se posiciona estratégicamente. El primero, crea una cultura política. El segundo, se crea a sí mismo. Pau Luque Sánchez es profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México y filósofo.
ARCHIVO DEL BLOG. LA ESENCIA DEL LIBERALISMO: EL HOMBRE LO PRIMERO. PUBLICADO EL 15/09/2018
Me dan cierta aprensión, aunque los síntomas no sean fácilmente perceptibles a simple vista, las personas a las que no se les caen de la boca palabras altisonantes y grandilocuentes, siempre pronunciadas con mayúsculas, como Dios, Libertad, Justicia, Patria, Nación, Estado, Pueblo, Democracia, Partido, República, Verdad, Razón, Política, Sociedad, y otras de tal cariz. Pienso, como escribe en El País el polemista intelectual y abogado José María Ruiz Soroa, que la sociedad, las naciones, el Estado, todo, existe para el ser humano, y nunca al revés, y que esa es la esencia del liberalismo y una de las razones de su éxito.
Giovanni Sartori debía estar un poco harto de la murga hegeliana acerca de las supuestas filosofías de la historia, comienza diciendo Ruiz Soroa, cuando escribió sarcásticamente que “el liberalismo sigue siendo la única ingeniería de la historia que no nos ha traicionado”. Pero era verdad. Esa humilde doctrina, que se cimenta en una observación tan simple como la de que todo poder tiende a causar miedo y sufrimiento a las personas pero que su supresión total es inviable y solo cabe embridarlo como a una bestia mediante normas impersonales y abstractas, esa humilde verdad es la que ha hecho posible el progreso de la humanidad. Un progreso que no es lineal, constante ni uniforme, ni es igual para todos y en todos los sitios, pero que es patente para quien quiera mirar y contar. Contar con cifras no con jeremiadas, claro.
¿Qué es el liberalismo? ¿Una doctrina, un partido, una cultura, un talante, una forma de actuar? Difícil responder, como todo lo que es histórico no se puede dar un concepto del liberalismo. Pero sí se puede dar algún rasgo nuclear suyo.
Por ejemplo, que el liberalismo es lo contrario del radicalismo. El radical va a la raíz de los problemas para solucionarlos de una vez por todas. El liberal predica en contra de ello, defiende que es más prudente tratar sólo los síntomas de esos problemas, mediante la contención y el reformismo progresivo. Cualquier doctrina que se sustente en un cambio antropológico de la condición humana como base de futuro es sospechosa de conducir al desastre. Las relaciones de poder, de arriba abajo, nunca desaparecerán y es peligroso hipotetizar un camino que nos pretenda llevar a un mundo sin dominación. Marx, que era un liberal en cuanto al futuro final que defendía, incurrió en ese error.
El liberalismo aprecia y defiende la limitación como una herramienta imprescindible para convivir. ¿Limitación de qué? Pues de todo, pero sobre todo limitación de la voluntad política. Decía Pierre Rosanvallon que en el mundo moderno laten escondidas dos utopías que pelean incansables: la utopía de la voluntad y la utopía de la regla impersonal. Pues el liberalismo se apunta decidido a la segunda: su ideal es el de un mundo en que el poder esté despersonalizado mediante reglas anónimas. Y eso vale para la política y para la economía: el mercado del liberal quiere ser el reino de una regla que no pueda estar a la disposición de nadie.
Apreciar la limitación significa creer firmemente que la política misma es una actividad parcial y limitada. No es el ámbito privilegiado de realización del ser humano, ni mucho menos. Y apreciar la limitación implica también defender con convicción y a contracorriente que la democracia posible es una democracia muy limitada. Limitada mediante la exclusión del pueblo del Gobierno y mediante la exclusión de muchos asuntos del ámbito de lo decidible. Anatema para la política correcta, claro.
El liberal es individualista. Acérrimo e irreductible. La persona individual es el único agente moral relevante a la hora de construir el mundo de las reglas sociales. Estas existen solo para propiciar el desarrollo de la autonomía personal en la construcción de la propia vida, mediante su generalidad y su predictibilidad. Naturalmente que el humano es un ser socialmente construido y que precisa de la sociedad, pero ello no cambia nada en su valoración: el mundo humano es un reino de fines, nunca de medios. La sociedad, las naciones, el Estado, todo, existe para el ser humano, nunca al revés.
El liberal cree que la sociedad debe estar organizada de forma que el ser humano pueda perseguir autónomamente su felicidad. No para hacerle feliz, sino para permitirle construir su felicidad. La suya. Algo que suena muy mal en esta España nuestra en la que eso de la pursuit of happiness siempre ha sonado a egoísta, ñoño y simplón comparado con la profundidad de los mensajes redentoristas que nos prometen un mundo justo y cabal. O de los nacionalismos que nos prometen una identidad satisfecha. O del perfeccionismo que quiere construirnos felices él solito. O prohibirnos pensar autónomamente acerca del pasado y del presente, como nos guste. Candidatos a profetas es lo que sobra en nuestro pasado y presente, liberales a la Stuart Mill es lo que falta. Y se nota. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt
EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, ACRÓPOLIS, DE NICOLE BREZIN
ACRÓPOLIS
Es una cuesta empinada. Delante de nosotros,
un hombre intenta despertar
el entusiasmo de su hijo:
Ya verás cuando lleguemos a la Acrópolis.
Todo se ve desde allí arriba, todo.
¿Se ve casa desde arriba?, pregunta el niño,
y yo recuerdo cuando a tres voces
le pedíamos a papá
que nos marcara la dirección a casa
en esa época en la que un padre
funciona un poco como una brújula:
sus ojos recorrían el paisaje como la aguja
que oscila levemente hasta identificar el norte,
luego fijaba la mirada en un punto del horizonte
y señalaba con el dedo a la distancia.
Por muy lejos que estuviéramos,
papá siempre sabía dónde estaba casa.
La infancia era desconocer los mapas,
no tener que recordar esquinas,
árboles, carteles,
alejarse sin miedo a no poder volver.
Cuando llegamos a la Acrópolis,
el hombre deja atrás su promesa
y le enseña el Partenón al hijo.
Yo pienso en mi padre y miro
desorientada alrededor.
Las rendijas de luz entre las rocas me recuerdan
lo que una vez estuvo suelto,
lo que una vez fue escombro y hoy
reclama devoción en su lugar:
allí, donde otros ven esplendor,
yo solo veo fragmentos,
como no veo
en un rompecabezas un cuadro
sino solo
piezas reunidas,
grietas.
Mientras camino,
giran los barquitos de papel
que llevo por pendientes. Ayer,
cuando los compramos, te dije:
un barquito mira al norte,
el otro al sur. Era mentira.
También mi dolor
está hecho de fragmentos.
Me gustaría preguntarte
dónde queda casa,
pero vas pensativo,
recolectando imágenes: veo
los poemas flotando a tu alrededor
como abejas inquietas a punto de pincharte.
Por los huecos de tus sandalias, tus pies
se ensucian del mismo polvo que cae
sobre la antigüedad.
Si repitieras el gesto de mi padre
me señalarías un lugar distinto.
Nunca te dije por qué
me gustan tanto los barcos de papel:
su simetría
impide saber a dónde se dirigen.
Me recuerdan al reloj que hice de niña
con agujas del mismo largo:
solo se podía leer la hora
cuando las dos apuntaban
al mismo sitio.
Vuela una mariposa blanca.
Me gustaría preguntarte
dónde queda casa.
NICOLE BREZIN (1993)
poetisa argentina






































