viernes, 16 de mayo de 2025

Del poema de cada día. Hoy, Cóndor, de Josip Sever

 






CÓNDOR



Cóndor cóndor se retorció


como vid como cerebro


y era odioso y horrible


y era él prior


de cada colina y su monasterio


y todos esos payasos


de ningún modo


dijeron a lo Savonarola


la verdad como aire súbito en los pulmones


después de la descompresión.




***




KONDOR




Kondor kondor se vio


kao loza kao mozak


i bje on mrzak i grozan


i bje on prior


svako brdo i njegov samostan


i svi ti klauni


niukoliko nisu


savonarolski rekli


istinu kao nagli zrak u pluća


nakon kesona


  



***





JOSIP SEVER (1938-1989)

poeta croata






















De las viñetas de humor de hoy viernes, 16 de mayo de 2025

 



































jueves, 15 de mayo de 2025

De las entradas del blog de hoy jueves, 15 de mayo de 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves, 15 de mayo de 2025. Europa no avanza más que a golpe de crisis porque solo las crisis convencen al poder de que no ceder soberanía es un suicidio, comenta en la primera de las entradas del blog de hoy el escritor y académico de la RAE, Javier Cercas. En la segunda, un archivo del blog de tal día como hoy de 2015, HArendt comentaba que para la mayoría de los universitarios españoles el paso por las aulas de su alma máter solía ser bastante anodino; lo único que buscaban era aprobar las asignaturas, completar el currículo, obtener su flamante título y engrosar las listas de parados del INEM... El poema del día, en la tercera, se titula "Lección de filosofía", es del poeta serbio Vasile "Vasko" Popa, y comienza con estos versos: "Nos sentamos en un banco/Frente al busto del poeta Lenau/Nos besamos/Y de paso hablamos/De versos". Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt










De la maldición de Jean Monnet

 







Europa no avanza más que a golpe de crisis porque solo las crisis convencen al poder de que no ceder soberanía es un suicidio, comenta en El País [La maldición de Monnet, 10/05/2025] el escritor Javier Cercas. En una entrevista publicada por este diario, comienza diciendo Cercas, Claudi Pérez le formulaba la pregunta clave a Jean-Claude Juncker: “¿Por qué la Unión Europea solo parece avanzar a golpe de crisis? ¿Por qué esa frase famosa de Monnet, ‘Europa se forjará en las crisis’, parece una maldición?”. Monnet es por supuesto Jean Monnet, uno de los fundadores del germen de la actual UE; en cuanto a Juncker, se trata del presidente de la Comisión Europea entre 2014 y 2019: viejo zorro de la política, Juncker no responde la pregunta, o no abiertamente. Pero yo, que no soy político, arriesgo una respuesta.

De entrada, reconozcamos que el vaticinio de Monnet fue exactísimo: una y otra vez se ha cumplido desde el fin de la II Guerra Mundial; también, como recuerda Pérez, en los últimos años. La crisis de 2008, que a punto estuvo de llevarse por delante el euro, acabó provocando lo contrario: la consolidación de la moneda común mediante los rescates a los países con problemas y el Mecanismo Europeo de Estabilidad, esencial para garantizar el equilibrio financiero de la zona euro. Por su parte, la crisis del coronavirus originó la federalización de la deuda europea: lo que el economista Antón Costas denominó “el momento hamiltoniano”, por Alexander Hamilton, el político que en 1790 abogó por que el flamante Gobierno estadounidense asumiese las deudas contraídas por los Estados federales para financiar su rebelión contra los británicos. Esos dos avances hacia la unidad europea eran para muchos, antes de que se produjesen, inaceptables, casi impensables; solo los aceptaron porque no quedó más remedio. ¿Ocurrirá otro tanto ahora con la defensa europea, cuando la invasión a gran escala de Ucrania y la amenaza de abandonarnos blandida por Donald Trump han revelado nuestra propia indefensión? No lo sé, por supuesto, pero los números cantan: los 30 países europeos de la OTAN invierten ahora mismo 420.000 millones de euros en defensa, mientras que Rusia invierte 129.000. ¿Cómo es posible que, gastando casi cuatro veces más que Rusia en defensa, no seamos capaces de disuadirla de que nos ataque y los europeos vecinos de Rusia estén temblando ante la posibilidad de que Estados Unidos deje de protegernos? La respuesta es obvia: porque 30 pequeños ejércitos aislados, cada uno con mandos, objetivos y organizaciones propios, son mil veces menos disuasorios que un gran ejército integrado por esos 30 pequeños, con un mando único, una misma organización y un objetivo común. Dicho esto, salta a la vista que lo que de verdad necesita Europa no es aumentar su gasto en defensa —ni siquiera aumentarlo “bajo la reserva de que se dé un paso adelante en la integración europea”, como ha escrito Jürgen Habermas—; lo que necesita es una auténtica integración defensiva, es decir, la creación de un ejército común, como vienen proponiendo desde hace tiempo políticos europeos de primera fila, desde Emmanuel Macron hasta el propio Juncker. Por lo demás, también es evidente que lo que vale para la guerra de los tanques de Putin vale para la guerra de los aranceles de Trump: ambos mandatarios confiaron en dividirnos para vencer; pero todo indica que, mientras no nos dividamos, no vencerán… Así pues, ¿por qué Europa padece la maldición de Monnet? Además de ser el proyecto político más revolucionario, urgente y ambicioso del siglo XXI, la Europa unida es un proyecto insólito, entre otras razones porque supone la unión de Estados que llevan mil años haciéndose la guerra y que, en consecuencia, y en aras del bien común, deben ceder soberanía; pero, igual que el dinero siempre quiere más dinero, el poder siempre quiere más poder: no está en su naturaleza ceder soberanía y únicamente la cede cuando la realidad lo obliga a hacerlo. De ahí la maldición de Monnet, por eso Europa no avanza más que a golpe de crisis: porque solo las crisis convencen al poder de que no ceder soberanía es un suicidio. ¿Significa esto que la unidad de Europa es inevitable o que la historia, que consiste en una sucesión de crisis, la volverá inevitable? En absoluto: al fin y al cabo, la vocación autodestructiva de Europa está más que acreditada. Javier Cercas es escritor y académico de la Real Academia Española.



















[ARCHIVO DEL BLOG] ¡Pobres universitarios!... Publicado el 15/05/2015












Para la mayoría de los universitarios españoles el paso por las aulas de su alma máter suele ser bastante anodino. Lo único que buscan es aprobar las asignaturas, completar el currículo, obtener su flamante título y engrosar las listas de parados del INEM...
Que en el transcurso de esa peripecia vital tropiecen con un profesor excepcional que les haga sentir que la universidad es "algo más" que una fábrica de expedición de títulos es algo excepcional. Y los alumnos que se encuentran con ellos no suelen olvidarlos. A mí me ha pasado, pero ya lo he contado con anterioridad en Desde el trópico de Cáncer: ese profesor se llamaba, y se llama, Emilio Lledó, y tampoco es cuestión de repetirme...
Recuerdo emocionado el artículo que el escritor y periodista que se esconde tras el seudónimo de Incitatus escribió en El Confidencial hace unos años sobre la lección recibida en su juventud de un excepcional profesor e historiador del Arte, Manuel Valdés Fernández, que recordaba y recreaba para sus lectores ante la visita efectuada al Museo del Prado, en Madrid, donde acababa de inaugurarse la exposición "El retrato del Renacimiento", seguramente "la más asombrosa que este caballo viejo ha visto en muchos años", dice de ella...
El relato de la entrada en el aula del profesor Valdés, su llegada a la pizarra, el trazado de una simple línea horizontal en la misma, el colofón final de una frase lanzada como un reto: "Esto es la realidad", y el comienzo a renglón seguido de una lección sobre la historia de la pintura y de los pintores del Renacimiento, casi a ritmo cinematográfico, es conmovedor y emocionante. No es extraño que para los afortunados destinatarios de aquella arenga, les quedara clavada en la retina y en el corazón como una jornada por la que habían merecido la pena todos los anodinos años de estudio...  Sean felices por favor, y ahora, como también decía Sócrates, "Ιωμεν": nos vamos. Tamaragua, amigos. HArendt















Del poema de cada día. Hoy, Lección de poesía, de Vasile "Vasko" Popa

 







LECCIÓN  DE POESÍA



Nos sentamos en un banco

Frente al busto del poeta Lenau


Nos besamos

Y de paso hablamos

De versos


Hablamos de versos

Y de paso nos besamos


El poeta mira hacia algún lugar

A través de nosotros

A través del banco

A través de las conchillas del sendero


En el parque de la ciudad de Vershats

Yo sin premuras voy aprendiendo

Qué es lo más importante en la poesía




VASILE “VASKO” POPA (1922-1991)

poeta serbio






















De las viñetas de humor de hoy jueves, 15 de mayo de 2025

 




































miércoles, 14 de mayo de 2025

De las entradas del blog de hoy miércoles, 14 de mayo

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 14 de mayo de 2025. Todavía quedan demasiadas preguntas sin respuestas, muchos aspectos por estudiar, profundos tabúes que rodean el final de la II Guerra Mundial, escribe en la primera de las entradas del blog de hoy el periodista Guillermo Altares. En la segunda, un archivo del blog de hoy hace justamente diez años, el filósofo Javier Gomá, se preguntaba: ¿Ahora que la vulgaridad, aquello que es común o general a todos, se ha convertido en paradigma, afortunadamente, de la democracia moderna por mor de la igualdad de todos los hombres en dignidad, cabe exigir de los funcionarios, los políticos, los gobernantes y las más altas instituciones del Estado una ejemplaridad pública, que no nos exijamos a nosotros mismos? La tercera es hoy un poema titulado "Metamorfosis", de la poetisa rumana Corina Oproae, escrito originalmente en español, que comienza con estos versos: "Una mañana,/hace unas cuantas vidas,/me desperté y decidí ponerme a prueba". Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt


















De las preguntas sin respuesta al final de la II Guerra Mundial en Europa

 







Todavía quedan demasiadas preguntas sin respuestas, muchos aspectos por estudiar, profundos tabúes que rodean el final de la II Guerra Mundial, escribe en El País [Ochenta aniversario del final de la II Guerra Mundial: ¿por qué un país cae en el abismo del odio?, 08/05/2025] el periodista Guillermo Altares. El final de la Segunda Guerra Mundial en Europa el 8 de mayo de 1945, comienza diciendo Altares, con la rendición incondicional de la Alemania nazi —aunque en Rusia se conmemora el 9—, del que se cumplen este jueves 80 años, dejó un continente devastado en el que, como explica el historiador Keith Lowe en Continente Salvaje (Galaxia Gutenberg), “no había moralidad, solo supervivencia”. En las ruinas todavía humeantes de Europa, mientras se iba a descubriendo la dimensión de los campos de exterminio y concentración nazis, con millones de refugiados y de personas sin techo y tras millones de muertos, un interrogante se imponía sobre todos los demás: ¿cómo pudo ocurrir? ¿Cómo se pudo llegar a esto?

Los primeros libros de investigación sobre el conflicto tardaron muy poco en aparecer. Hugh Trevor-Roper, un agente de inteligencia británico enviado a Berlín para reconstruir cómo fue el final del dictador nazi, publicó en 1947 Los últimos días de Hitler, que se convirtió en un éxito de ventas. Mucho de lo que damos por sabido sobre aquellos momentos finales en el búnker —y que reconstruye con brillantez la película El hundimiento (Filmin)— fue revelado entonces por primera vez. Aunque Hugh Trevor-Roper sufrió un tremendo revés en su prestigio cuando se equivocó al autentificar unos falsos diarios de Hitler —Robert Harris, el autor de Cónclave, cuenta aquel episodio magistralmente en Vender a Hitler (Pop Ediciones)—.

Desde entonces no es una exageración decir que se han publicado cientos de miles de libros en todos los idiomas que cubren todos los aspectos del conflicto. Dos de los grandes historiadores militares contemporáneos, Antony Beevor con La Segunda Guerra Mundial (Pasado y Presente) y Max Hastings con Se desataron todos los demonios (Crítica), se encuentran entre los investigadores que se han atrevido a redactar historias globales, a los que ahora se suma Olivier Wieviorka con Historia total de la Segunda Guerra Mundial (Crítica). La lista de libros recomendables es, sencillamente, interminable.

Sin embargo, quedan demasiadas preguntas sin respuestas, muchos aspectos por estudiar, profundos tabúes no del todo explorados. Muchos países que fueron víctimas del nazismo o del estalinismo o de los dos, como Polonia, Francia, Ucrania o los Bálticos, tuvieron a la vez una enorme responsabilidad en la Shoah. El antisemitismo no fue un invento de Hitler y muchos ciudadanos de los países ocupados se sumaron con entusiasmo al exterminio. Wieviorka dedica un capítulo a este asunto titulado ‘¿Una guerra racial?’.

En una de las últimas entrevistas que concedió, en el verano de 2017 en su casa de Budapest, la filósofa húngara Agnes Heller, superviviente del Holocausto, luego perseguida por el régimen comunista húngaro, respondía así a la pregunta de si cree que algún día podrá entender cómo fue posible la Shoah: “Se me escapa completamente. Quería entender ante todo dos cosas: ¿cómo es posible que las personas se sintiesen moralmente capaces de hacer eso? y ¿cómo las instituciones sociales y políticas se pueden deteriorar de tal forma que dejen que ocurra algo así? Nunca he logrado una respuesta”. Preguntada sobre la colaboración húngara en el exterminio —del millón de judíos exterminados en Auschwitz, 400.000 era húngaros—, respondía: “Adolf Eichmann vino aquí con 300 personas. Los nazis no pudieron matar a cientos de miles de ciudadanos sin la ayuda de los húngaros. Hubo una complicidad enorme”. Y eso es aplicable a demasiados países.

¿Cómo fue posible ese odio? ¿Cómo fue posible que se normalizase la idea de que unos ciudadanos eran inferiores a otros? ¿Cómo fue tolerado e implantado el racismo institucional? ¿Cómo una parte muy significativa de la sociedad —y es algo que Raul Hilberg ha demostrado en el clásico de los clásicos sobre la Shoah, La destrucción de los judíos europeos (Akal)— pudo participar en el exterminio, desde aquellos que elaboraban los horarios de trenes dando prioridad a los convoyes que viajaban hacia el Este llenos y volvían siempre vacíos hasta los funcionarios que identificaban por su origen a cada ciudadano?

En estos tiempos en los que la ultraderecha vuelve a campar a sus anchas por Europa y se trata de blanquear a regímenes fascistas como el franquismo o directamente al nazismo, la pregunta es más relevante que nunca. También lo es otra cuestión tremendamente incómoda: ¿qué hizo el mundo, aparte de cerrar las fronteras a los judíos que trataban de huir? Cuando se celebraron los Juegos Olímpicos en Berlín en 1936, con una nutrida presencia internacional, era imposible ignorar lo que pretendía el nazismo, porque ya había aprobado las leyes racistas de Núremberg. La persecución de los judíos era ya entonces una política de Estado.

Un artículo de Amanda Taub la semana pasada en The New York Times titulado ‘El terrorífico precedente del abismo legal de Trump’ recordaba un libro que está siendo muy citado últimamente en EE UU: El Estado dual. Contribución a la teoría de la dictadura (Trota), de Ernst Fraenkel. Su autor fue un judío alemán que logró ejercer el derecho hasta 1938, cuando huyó de su país porque tenía la certeza de que iba a ser detenido. Su libro, un clásico del derecho, plantea que en las dictaduras muchas personas viven como si nada pasase a su alrededor, mientras que otras se precipitan en un mundo de terror y muerte. “La observación crucial de Fraenkel”, escribe Taub, “fue que, en un Estado dual, el autoritarismo llega mucho antes para unas personas que para otras. Los que tuvieran la mala suerte de caer en el abismo legal se encontrarían sometidos a una violencia estatal incontrolada, mientras que la vida continuaría en gran medida con normalidad para los demás”.

Y prosigue en su análisis: “Episodios pasados de la historia estadounidense sugieren que Estados Unidos —a pesar de sus tradiciones democráticas— es vulnerable a la creación de zonas de autoritarismo. Pero la historia también demuestra que la zona de legalidad puede contraatacar. Cuando se fundó el país, el orden jurídico liberal se aplicaba a los colonos europeos, mientras que los nativos americanos y los esclavizados estaban sometidos a un sistema más autoritario y violento. Durante la época de Jim Crow, los estados del Sur funcionaban como regímenes autoritarios de partido único, que permitían o incluso fomentaban la violencia extralegal, como los linchamientos, mientras participaban en la democracia a nivel federal”.

En el fondo es una reinterpretación del famoso poema del pastor luterano Martin Niemöller —falsamente atribuido a Bertolt Brecht—: “Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista / Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista / Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío / Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre”. En la película Vencedores o vencidos (Filmin), el clásico de Stanley Kramer sobre el juicio de Nuremberg, existe una reflexión similar. Burt Lancaster interpreta a Ernst Janing, un jurista ficticio de enorme prestigio que, sin embargo, se dejó seducir por el nazismo—algunos piensan que estaba inspirado por el filósofo Martin Heidegger—. Se muestra totalmente arrepentido y cuando es condenado le dice al juez, Spencer Tracy: “Aquella pobre gente, aquellos millones de personas. Jamás supuse que llegaríamos a eso”. A lo que el juez replica: “Señor Janing. Se llegó a eso la primera vez que usted condenó a un hombre sabiendo que era inocente”.

¿Puede Estados Unidos, como algunos países europeos, estar en el principio de un proceso que desemboque en algo peor? ¿Vivimos en Estados duales? El Gobierno de Trump está saltándose cada día el habeas corpus, el derecho básico de todo detenido de comparecer hasta un juez, y personas están siendo arrestadas en la calle para luego desaparecer, pero, como en el poema, por ahora ninguno tiene pasaporte estadounidense. ¿Vivimos en Europa en Estados duales por la forma en que tratamos a los migrantes que carecen de papeles? La película, recién estrenada, La historia de Souleymane, que relata 48 horas en la vida de un migrante irregular en París, muestra muy bien lo que es vivir sin derechos en el corazón de los derechos y garantías que es la UE.

Tal vez la primera lección de la Segunda Guerra Mundial es que ninguna forma de racismo es aceptable y que, cuando nos damos cuenta de que hemos perdido la libertad, ya es demasiado tarde. Cuando los servicios secretos de Alemania sostuvieron la semana pasada que el partido ultra AFD era incompatible con la democracia trazaron una línea roja sobre la que muchos otros países europeos deberían reflexionar este 8 de mayo: “Para nuestra valoración es decisiva la idea del pueblo de la AfD, basada en los orígenes étnicos, que devalúa grupos de población enteros en Alemania y viola su dignidad humana”, sostenía un comunicado de los servicios secretos recogido en la crónica de Marc Bassets. “Su objetivo”, precisa, “es excluir a determinados grupos de población de una participación social igual a los demás, someterlos a un trato no igualitario que no es conforme con la Constitución y asignarles un estatus legal devaluado”. Los ultras de la Afd no están, ni mucho menos, solos en eso. Pero todavía no han venido por nosotros.