sábado, 9 de marzo de 2024

[ARCHIVO DEL BLOG] La humanidad ysu lugar en el universo. [Publicada el 04/10/2016]












Hace casi justamente un mes, el pasado 5 de septiembre, la revista Babelia , el suplemento literario dominical de El País, publicó un interesantísimo artículo escrito por Javier Sampedro comentando el libro de Christophe Galfard, El universo en tu mano, recién publicado en español por la editorial barcelonesa Blackie Books. Como suelo decir a menudo, a pesar de ser de "Letras" siento un profundo interés por todos los temas de divulgación científica, quizá por la sencilla razón de querer convencerme a mí mismo de que soy capaz de entenderlos, previsión esta que no siempre se cumple. Pero yo sigo intentándolo...
Llévate a la playa una caja de cartón, comienza diciendo Sampedro, de esas grandes que sueles usar para las mudanzas, y llénala de arena fina. Recluta mediante un crowfunding (Nota del autor del blog: "sablazo" en español castizo) a otros 300 voluntarios para que hagan lo mismo. Subid todos a lo alto de la estatua del almirante Nelson de la plaza de Trafalgar, en el mismo centro neurálgico de Londres. Y luego arrojad la arena sobre el asfalto y los adoquines intentando que cubra toda la plaza. Estaréis viendo una metáfora apta de la Vía Láctea, la galaxia que nos vio nacer y nos verá morir, donde cada grano de arena representa una estrella, probablemente con planetas que orbitan a su alrededor, de los que tal vez alguno, o quizá millones de ellos, albergue vida, quién sabe si vida inteligente. Con este tipo de imágenes, metáforas y conceptos profundos ha construido su libro Cristophe Galfard.
Galfard, sigue diciendo, es miembro de una élite de la inteligencia, la de los físicos teóricos, y se ha formado en Cambridge con Stephen Hawking, el maestro británico de esa disciplina donde se combinan los agujeros negros y el Big Bang, el espectáculo del cielo nocturno con el vértigo del tiempo, la cosmología de lo enorme y la física cuántica de lo minúsculo. Su libro se llama El universo en tu mano, y te aconsejo leerlo, seas un científico o un lego. Si eres científico, el libro te revelará una forma innovadora de narrar la física más avanzada de nuestro tiempo; si eres lego, te hará entender lo que hasta ahora te había resultado espeso o inaccesible. Hay otras formas de explicar la física al público —Brian Greene, Frank Wilczek, Steven Weinberg o el propio Hawking, por citar cuatro autores excelentes—, pero Galfard tiene algo nuevo que decir. No datos, toda esa mera información que nos satura y nos abruma en la web, sino algo mucho más valioso para el lector general: entendimiento. De eso van los libros científicos. Las tablas de logaritmos las podéis encontrar en Google. Pero el conocimiento, esa complejidad organizada de la que se nutre nuestro cerebro, sigue estando en los libros. La superficialidad de las redes sociales os va a acabar comiendo el cerebro. Volved al mundo de la inteligencia. Sabio consejo de Sampedro que no seguimos ninguno de nosotros.
Imagina, añade más adelante, hablando con usted, conmigo, como si estuviera en el cuarto de estar de nuestra casa, que estás en el espacio profundo, lejos del influjo gravitatorio de cualquier estrella de la galaxia, y que quieres romper el jarrón de porcelana que te ha regalado tu tía abuela, el último de una serie de jarrones esperpénticos que han jalonado tu vida adulta. Si estuvieras en tu Tierra natal, te bastaría tirarlo al suelo para hacerlo añicos, pero esa es una estrategia basada en la gravedad —y en la existencia de un suelo— y aquí no hay ni gravedad ni suelo: no hay manera de destruir el maldito jarrón. La llegada de un asteroide que os hace girar a ti y al jarrón alrededor de él, y luego de un planeta que os hace girar a ti, al jarrón y al asteroide alrededor de él, mejoran tus perspectivas de maneras complejas e interesantes. Así, poniendo al lector en medio del tejido del cosmos, inmerso en la mismísima sustancia del problema que quiere desarrollar, explica Galfard la física.
El universo en tu mano es una obra ambiciosa, sigue diciendo. Su objeto es nada menos que todo lo que existe. Es cierto que otros libros han tratado de lo mismo, y a veces con un enorme éxito; los cuatro autores que cité antes, añade, son referencias obligadas. La novedad que aporta Galfard es la narrativa: la misma cuestión que preocupa a los novelistas, referente al enfoque, el narrador y el punto de vista; a un lenguaje que permita al lector situarse en el escenario de la realidad física; a la manera correcta de explicar, de exponer, de hacer entender. Es en ese sentido, muy importante, en el que el autor propone un viaje al lector: un viaje al entendimiento, la mayor aventura que cabe en la vida vulgar que llevamos cada uno de nosotros.
Por ejemplo, señala a continuación, tras una breve descripción de la historia de Plutón, el pobre explaneta que fue expulsado de nuestro sistema solar en la década pasada, Galfard nos comenta que “transcurrió menos de uno de sus propios años [el tiempo que tarda Plutón en dar una vuelta al Sol] entre su descubrimiento y su bautismo como ­planeta y el momento en que fue desprovisto del título”. Eso fueron 76 años de los nuestros, pero ni siquiera uno de los de Plutón. El libro está preñado de estos aciertos comparativos, que de continuo van recordando al lector los espacios y los tiempos, las magnitudes y los conceptos, sin dejarle perderse, con una verdadera vocación explicativa. Si has llegado hasta aquí, nos recomienda Sampedro, lee el libro: te hará disfrutar y te deslumbrará con los conocimientos más profundos y fundamentales de nuestro tiempo. Ni que decir tiene que ya le he pedido a mi siempre entrañable Biblioteca Pública del Estado en Las Palmas que me lo busquen, o adquieran, si ese fuera el caso. Seguro que no me defrauda. Y a ustedes, espero que les resulte interesante esta entrada de hoy.
La misma revista, Babelia, en su número del pasado domingo, publicaba a su vez la entrevista que el periodista científico Manuel Ansede realizaba a Christophe Galfard sobre su reciente libro, pero también sobre el papel de la ciencia en el desarrollo de la humanidad, de su lugar en el universo, y de su relación con las religiones.
Afirmaba el nobel Richard Feynman que la física es a las matemáticas lo que el sexo es a la masturbación, comienza diciendo Ansede. Christophe Galfard, nacido en París en 1976, bromea y dice que primero se dedicó a la masturbación y después al sexo. Al sexo duro. Formado como matemático, se doctoró en física en la Universidad de Cambridge, bajo la tutela de Stephen Hawking. Durante siete años investigó con el científico más famoso del mundo los agujeros negros y el origen del universo, generando “más nuevas preguntas que respuestas”.
Pero aquella aventura intelectual acabó en 2006. Ahora, añade, abandonada la vida académica, Galfard se ha convertido en uno de los divulgadores científicos más exitosos del mundo. Su último libro, El universo en tu mano lleva 100.000 ejemplares vendidos en Francia. El volumen es, según él mismo ofreció a su editora, “un libro fácil de leer de ciencia divulgativa sobre todo lo que sabemos del universo desde antes del Big Bang hasta hoy”.
Galfard consigue su titánico objetivo en poco más de 400 páginas, continúa diciendo, llevando al lector de la mano por un universo infinito del que la mayor parte de la población solo puede ver 200 estrellas en una noche clara. Su editorial española ha colocado una faja en su libro que sostiene que Galfard es “el discípulo más brillante de Stephen Hawking”. “Es mentira, no lo soy, los hay mucho más brillantes que yo”, reconoce entre risas. Les dejo con la entrevista:
Pregunta. La Agencia Espacial Europea acaba de publicar el mapa más completo de nuestra galaxia, la Vía Láctea, con 1.000 millones de estrellas. Pero la galaxia en realidad tiene 300.000 millones de estrellas como nuestro Sol, con innumerables planetas. Y hay unos 400.000 millones de galaxias visibles. Sin embargo, solo en nuestro planeta hay más de 4.000 religiones diferentes y la gente se mata por ellas. ¿Cree que la humanidad es consciente de su lugar en el universo?
Respuesta. No es consciente, en absoluto. Es una de las razones por las que he escrito este libro: ofrecer información sobre el universo extraordinario que habitamos y sobre el potencial que representa para nosotros. Solo ahora empezamos a descubrirlo, a acceder a ciertos lugares, a ciertas ideas, a cierta filosofía del conocimiento. Somos la única especie terrestre capaz de descubrir estas cosas. Las hormigas son geniales, pero no lo han conseguido.
Pregunta. Napoleón, según la tradición, le señaló al astrónomo Pierre-Simon de Laplace que no había mencionado ni una sola vez a Dios en su obra Exposición del sistema del mundo (1796). Y Laplace le respondió: “Nunca he necesitado esa hipótesis”. Usted tampoco menciona a ningún dios. ¿Tampoco necesita esa hipótesis?
Respuesta. No, pero el objetivo de la ciencia no es encontrar razones que sostengan que dios existe o lo contrario, sino descubrir cómo funciona la naturaleza. No tiene nada que ver. Para algunos, la religión puede ser una fuente de inspiración. Para otros es un bloqueo absoluto. Depende de la gente y eso es independiente de la investigación científica. Si aceptamos respuestas, no es ciencia. Si aceptamos preguntas, entramos en una metodología científica. De momento, solo la metodología científica nos ha permitido descubrir cosas que no conocíamos antes. Ese choque entre ciencia y religión me da igual. En mi departamento de Cambridge había colegas de muchas religiones, como cristianos, musulmanes e hindúes, pero intentábamos descubrir las mismas cosas. La religión no era un obstáculo. Si metes a Dios en la ecuación, entonces ya no es ciencia. Dios no aparece en ninguna parte en el universo descrito por la ciencia.
Pregunta. El nobel Richard Feynman también dijo que "la física es como el sexo: seguro que da alguna compensación práctica, pero no es por eso por lo que la hacemos". ¿Está de acuerdo?
Respuesta. Totalmente. Las aplicaciones prácticas no forman parte de la ecuación en la ciencia teórica. Y no pasa nada. En general, las personas que descubren algo nuevo no son las que descubren sus aplicaciones prácticas. Llegan más tarde, cuando comprendemos el fenómeno. En el momento del descubrimiento, la aplicación tecnológica no existe. Toda la física cuántica, cuando fue descubierta hace un siglo, no tenía aplicaciones prácticas, más allá de entender nuestro mundo. Hoy en día no hay nada que no utilice la mecánica cuántica: ordenadores, teléfonos móviles, televisores… No hay que pensar en aplicaciones prácticas cuando se hace física teórica, porque no funciona así.
Pregunta. Usted confía mucho en la ciencia. En su libro sugiere que en el futuro podremos viajar por el universo a través de los llamados agujeros de gusano, atajos en el espacio-tiempo descritos en la teoría de la relatividad general de Albert Einstein.
Respuesta. Quién sabe. Puede ser, no lo sabemos. De la teoría de la relatividad general, que tiene un siglo como la mecánica cuántica, no tenemos casi aplicaciones. Tenemos el GPS y poco más. Quizá la teoría se descubrió demasiado pronto y todavía no hemos entendido cómo utilizarla. Pero estoy convencido de que llegarán las aplicaciones y de que algunas de ellas hoy no podemos ni imaginarlas.
Pregunta. El gran descubrimiento de los últimos tiempos es la confirmación de la existencia de las ondas gravitacionales descritas por Einstein, producidas por los cuerpos más violentos del cosmos y que deforman el espacio y el tiempo a su paso. Usted dice que es un nuevo ojo para ver el universo.
Respuesta. Sí, desde la aparición de la humanidad hasta hoy, todo lo que hemos sabido del universo ha sido a través de la luz. Ahora, por fin, tenemos otra cosa. De momento solo hemos abierto un poquito ese ojo y nos ha permitido detectar colisiones de agujeros negros. Veremos más cosas, espero. Y no sabemos qué serán.
Pregunta. Al final del libro, introduce esta reflexión: “Puede que te preguntes qué es lo que no nos esperamos. Si te digo la verdad, yo también. ¿Encontraremos pruebas de dimensiones adicionales? ¿Encontraremos algo en lo que nunca hemos pensado?”. ¿Qué espera usted? ¿Puede haber otras formas de vida diferentes?
Respuesta. Pueden existir formas de vida diferentes que todavía no hemos encontrado. Sería una revolución en la biología. Todavía no hemos encontrado nada vivo en la Tierra que funcione de manera diferente al resto. Conocemos una manera de hacer funcionar la vida, que es la que tenemos en la Tierra. ¿Hay otras maneras en el universo? Yo creo que sí, pero no sé a qué se parecerían ni cómo estarían fabricadas. Ni siquiera hemos conseguido crear la vida tal y como la conocemos. Estamos muy lejos de crear otra diferente.
Pregunta. El millonario ruso Yuri Milner patrocina un proyecto de 100 millones de dólares para buscar vida inteligente, la iniciativa Breakthrough, en la que participa Stephen Hawking. ¿Qué opina?
Respuesta. Me encanta. Es una iniciativa que busca vida inteligente que emita señales. Dependemos de la suerte. A lo mejor el universo está plagado de vida inteligente y no lo vemos. Como dice Hawking, primero habrá que encontrar vida inteligente en la Tierra.
Pregunta. Hay una brecha entre la ciencia y el público general. La gente vota sobre alimentos transgénicos, energía nuclear y muchísimos temas científicos sin el conocimiento necesario. ¿Cree que este divorcio afecta a la democracia?
Respuesta. Completamente. Por eso he escrito este tipo de libro: para que la gente pueda tener una opinión propia. Sin conocimiento científico, la democracia es más complicada. Los políticos dicen tantos disparates... La verdad no es muy importante para ellos, en general. En la investigación científica, en su conjunto, hay una honestidad. Los individuos siempre pueden decir tonterías, pero se puede confiar en el conjunto de la comunidad científica, porque hay un sistema de verificación. Hay una verdad actual, que puede evolucionar, pero que está ahí. Es agradable saber que hay una parte de la población mundial que sirve a la humanidad y no está ahí por el poder, sino por la alegría del descubrimiento.
Pregunta. Donald Trump ha dicho que el cambio climático es un invento de los chinos. Y parece que la mitad de EE UU le va a votar.
Respuesta. Sí, porque se lo creen, aunque no sea verdad. Esto no debería ser posible. La gente debería tener un mínimo conocimiento científico. Y no es su culpa, sino de las instituciones, que deberían mantener el contacto con el gran público. En Francia, Nicolas Sarkozy ha dicho hace dos semanas que el cambio climático ha existido desde siempre, lo que quiere decir que lo que ocurre ahora no es culpa de los humanos. No es responsable decir eso. No es verdad. Siempre ha habido variaciones climáticas, pero conocemos bien el origen del cambio climático actual: es humano.
Pregunta. El empresario estadounidense Elon Musk acaba de desvelar un plan para crear “una civilización autosuficiente” en Marte, con un millón de personas a lo largo de este siglo. ¿Es un brindis al sol?
Respuesta. Hoy no tenemos la tecnología, pero necesitamos locos como Elon Musk para acelerar este tipo de cosas. Él tiene los científicos, la potencia financiera y la locura para intentarlo. A mí me parece genial.
Pregunta. ¿Usted se ofrece como voluntario para ir a vivir a Marte?
Respuesta. No, pero hay muchísimos.
Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt












viernes, 8 de marzo de 2024

A las mujeres, en su Día

 






La fiesta de “la mujer”
NAJAT EL HACHMI
08 MAR 2024 - El País - harendt.blogspot.com

En la panadería de la esquina han creado unos bollos lilas especiales para el 8M y en un cartel presumen de que el 82% de la empresa (una cadena) son mujeres. No cuesta mucho imaginar que el restante 18% está en algún despacho contando beneficios, porque en los años que llevo siendo vecina de este establecimiento nunca he visto a un hombre de dependiente o fregando los baños. En mi pueblo, de hecho, el 100% de las que hacían el pan eran mujeres. Y de las que limpiaban. Y de las que cocinaban. Pero los dueños de la empresa no son los únicos responsables del despiste sobre lo que es o no el 8M. ¿Cuántas veces no se ha sacado como prueba irrefutable de feminismo el hecho de que haya mujeres en un sitio? A este paso, vendrá un jeque árabe a presentarse como defensor de la igualdad porque en su harén no hay más que hembras.
Yo trabajé en una fábrica en la que todas, absolutamente todas las operarias de línea eran mujeres y los encargados eran todos, absolutamente todos, hombres; incluso los pipiolos imberbes que hacían sustituciones de verano mandaban a las más veteranas. Será que ese era un entorno muy feminista y yo no me enteré. Después de la panadería me encuentro con un salón de estética que llama a “deslumbrar en el Día de la Mujer”, tiendas de ropa que ofrecen descuentos en tan señalada celebración, gimnasios con packs de entrenamientos “especiales para ti”. Nada mejor para acabar con un movimiento social que convertirlo en mercancía. Incluso hay una discoteca que hoy da bebidas gratis a las clientas.
Mucho antes de internet nosotras ya sabíamos que “si algo es gratis es que el producto eres tú”. ¿Y por qué no un proxeneta sumándose orgulloso a la fiesta porque cuida muy bien de las chicas a las que explota, compra, vende y alquila por horas? Ah, a este no le hace falta exponerse públicamente, porque para defender la prostitución como libertad o derecho ya están algunas voces que se dicen feministas, o académicas que, mediante una jerga incomprensible y oscura pero muy moderna, citando a Foucault por aquí o a Derrida por allá, manipulando a Beauvoir, nos hablarán de “trabajo sexual”, de lo bien que sienta ser puta a pesar de que ellas a la tarea no se han puesto nunca. Pero la treta no funciona, y el feminismo sigue donde ha estado siempre: defendiendo una vida digna para todas en todas partes y para eso hay que cerrar los prostíbulos, dignificar las condiciones de trabajo de ese 82% que no manda. Y ya luego la que quiera comerse un bollo que se lo coma. Najat El Hachmi es escritora.








De los buenos dictadores

 








Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes. La clave de las europeas de junio, escribe en La Vanguardia la economista Rocío Martínez-Sampere, no es que los mesías triunfen porque de pronto las poblaciones se han vuelto fascistas; es que ocupan el espacio que la democracia y su política va perdiendo por sus insuficiencias, por las carencias de sus dirigentes y porque no sabemos garantizar el progreso. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com










¿Hay dictadores buenos?
ROCÍO MARTÍNEZ-SAMPERE
02/03/2024 - La Vanguardia - harendt.blogspot.com

Escribía hace unos días un genial Sergio Ramírez sobre el parecido entre la política de personajes como Maduro y Bukele y la tira cómica: un mundo de colores planos donde la realidad sobra y ellos, los líderes, son invencibles e infalibles. Con magnífica ironía y esa sabiduría triste que le da su condición de doble exiliado, primero del régimen de Somoza y ahora del de Ortega –de quien fue vicepresidente en la época sandinista–, Ramírez reproducía las tiras de SuperBigote: el cómic que regalaron en Venezuela la pasada Navidad junto a 12 millones de figuritas del superhéroe.
La esposa entra en Miraflores y le pregunta a su marido: “¿Qué estás haciendo, Nico?”. Y él, sin dejar de mover la mano que firma, responde: “Estoy aprobando proyectos para beneficio del pueblo”. Pero ante la amenaza del monstruo americano, Nico se convierte en un superhéroe con capa y traje ajustado –rojo por supuesto– y se lanza en raudo vuelo a enfrentarlo con sus puños de hierro. ¡Otra tarea cumplida para SuperBigote, en defensa de la patria y la revolución!
Si no fuera tan escalofriante, sería ridículo. Pero de Maduro ya no me extraña nada. Distinto es el caso de Bukele. Intenten criticarle y, créanme porque me ha pasado, le mirarán mal. “Ha acabado con la inseguridad”. “Sí, sí –digo yo– …pero, ¿a qué precio?”. “Al que sea”, me responden, por eso ha vuelto a ganar con el 85% de los votos.
El problema de Bukele no es solo este estilo cómico de superhéroe cool, con la gorra hacia atrás y los vídeos de las megacárceles junto al concurso de Miss Universo. Bukele ganó las elecciones del 2019 y una supermayoría legislativa en el 2021. Más tarde, destituyó a los magistrados del Constitucional que terminaban su periodo en el 2027 y los reemplazó por afines, que reinterpretaron la Constitución para hacerle decir lo que no dice en seis de sus artículos: que Bukele se podía reelegir. Podemos también hablar de las torturas y los derechos humanos ignorados en las megacárceles, el retroceso dramático de la libertad de prensa, el fracaso de la criptomoneda o la emigración incesante por la falta de oportunidades.
Pero la única verdad es que en un país donde la inseguridad volvía la vida insostenible –como está pasando en muchos países latinoamericanos–, la brutalidad contra presuntos delincuentes y los indicios de autoritarismo no solo son aceptados, sino que, incluso, se convierten en votos. Y este es el nudo gordiano: la propia democracia avalando la ruptura de sus reglas, como el Saturno de Goya.
Hay que dejar de imitar a charlatanes, apreciar el talento más que la fidelidad, creerse falible
Lo estamos viendo por doquier y así lo indican los índices, que muestran un retroceso democrático global. Los ciudadanos empiezan a creer que es más importante solucionar sus problemas que la herramienta o el sistema con que se solucionen. En su encuesta de valores para el 2023, el CEO mostraba que un 22,6% de los jóvenes catalanes de entre 16 y 24 años prefiere que le aseguren el bienestar, aunque no haya democracia (frente a un 6,5% que prefiere al revés).
Y esa es la clave de las europeas de junio. No es que los mesías triunfen porque de pronto las poblaciones se han vuelto fascistas; es que ocupan el espacio que la democracia y su política va perdiendo por sus insuficiencias, por las carencias de sus dirigentes y porque no sabemos garantizar el progreso. Está muy bien y es necesario advertir sobre el nuevo autoritarismo, porque más pronto que tarde acaba siempre mal. Pero será necesario mientras tanto hacer algo más: trabajar más, dejar de imitar a charlatanes, apreciar el talento más que la fidelidad, creerse falible. Junio está a la vuelta de la esquina, estamos tardando. Rocío Martínez-Sampere es economista.
























[ARCHIVO DEL BLOG] La divergencia del futuro. [Publicada el 13/11/2017]











Las explicaciones que Darwin dio en su día sobre los procesos de adaptación y selección natural son insuficientes para dar cuenta de la complejidad del mundo actual, donde el peso de las rupturas y discontinuidades es esencial, comentaba recientemente el escritor franco-canadiense Hervé Fischer (1941), profesor en la Sorbonne-Paris V y en la École nationale supérieure des Arts décoratifs, titular de la cátedra Daniel Langlois de tecnologías digitales y bellas artes de la Université Concordia de Montreal, y siempre beligerante contra los integrismos religiosos imperantes. Les dejo con su artículo 
Cuando observamos la infinita diversidad de formas de vida que abundan en la flora y en la fauna, descubrimos cuán extraños, surrealistas, oscuros, imaginativos e incluso contradictorios son los fenómenos que se dan en la naturaleza. No hay que sorprenderse mucho si, entre todos los animales, son los hombres los que son capaces de tener las ideas más audaces para poder disponer del medio ambiente e, incluso, para modificar la evolución de su propia especie. La ética constituye así la mayor divergencia que tenemos para modificar nuestro destino. En términos universales puede parecer un detalle marginal, aun cuando lo llevemos con orgullo, pues es algo que no parece manifestarse en ninguna otra especie, ni en la naturaleza en general. De esta no estudiamos más que su evolución astrofísica, geológica y biológica, desde luego fabulosa pero amoral. Pero esa voluntad ética que consigue transformar nuestra evolución es una decisión exclusivamente humana, “antinatural” diría Darwin, pues protegemos a los débiles y ayudamos a los moribundos frente a la dura ley del más poderoso que domina la evolución. Asumimos el riesgo que deriva de nuestra empatía y solidaridad y tomamos el juego de cartas de la naturaleza para distribuirlo nosotros mismos con el objetivo de obtener, probando todas las combinaciones posibles, un estatus sobrenatural. Seremos dioses es el título de un libro mío.
No se puede explicar el genio creativo de Velázquez o de Don Quijote con la teoría darwinista de la selección natural. Tampoco el de Van Gogh o el de Antonin Artaud: su audacia los terminó aislando como artistas malditos y los condujo al asilo psiquiátrico y a la miseria. Tampoco se podría explicar la invención de la relatividad por Einstein o la de la mecánica cuántica por Niels Bohr. Y menos aún la emergencia de las tecnologías digitales. Los conceptos de Darwin no consiguen dar cuenta de estas innovaciones, que tienen una importancia evolutiva mayor para nuestra especie.
Resulta evidente que existe en la naturaleza, incluyendo en la naturaleza humana, un instinto de creación que procede por ruptura y que asume el riesgo de hacerlo así. Y, a pesar de que no es fácil demostrar su existencia, la afirmamos porque sus efectos son indudables. Las mayores ideas que han aparecido en la historia humana, son las que producen divergencias.
El origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, publicado en 1859, marcó una formidable ruptura —una divergencia— frente a las creencias que dominaban entonces Occidente, cuando el creacionismo bíblico constituía la teología oficial del cristianismo. Pero hecho este homenaje, conviene constatar también que esta teoría de la evolución por adaptación y selección natural, que sigue siendo fundamental para comprender la evolución de los reinos animales y vegetales, no permite explicar las rupturas que se producen en la evolución en general. La actual observación de la fauna y la flora nos obliga a reconocer que las adaptaciones por la selección natural solo son un proceso secundario de las especies. Lo que Darwin puso magistralmente en evidencia ya no consigue explicar las divergencias radicales de las que proceden hoy la multitud de fenómenos existentes. Observamos tales diferencias, tales incompatibilidades, tales contrastes, incluso tales contradicciones, entre los medios de vida, los géneros y las especies que es impensable atribuir semejantes procesos de evolución a la ley de Darwin. Sabemos que el stress del medio ambiente crea aceleraciones evolutivas estimulando las mutaciones. Pero no se trata de la transmisión a posteriori de caracteres adquiridos —decisivos en esta infinita diversificación de las especies—, ni de la novedad de las mutaciones posibles por saltos y diferencias creadoras. Son esas divergencias las que llaman la atención de los biólogos. Hay en la naturaleza, desde ahora en adelante, una fuerza de creación que nada tiene que ver con un dios. Está inscrita en el potencial de la naturaleza como motor de vida; esta voluntad-mundo explora y vuelve a combinar sin límites el alfabeto de la vida para crear otros escenarios biológicos.
No podría dar obviamente una prueba científica de lo que yo afirmo. Pero una diversidad tan grande, por su propia existencia, favorece la potencialidad de la divergencia de la naturaleza. La ley de la divergencia se toma hoy cada vez más en cuenta en la física; se impone también en biología y en las evoluciones sociales. El darwinismo estaba inscrito en el comportamiento lineal. Los procesos de divergencia se comportan en cambio como arabescos, como hemos constatado notablemente en las mutaciones virales y celulares que complican considerablemente las investigaciones de la medicina.
La evolución humana ha conocido numerosas repeticiones, adaptaciones y selecciones naturales. Se ha puesto en evidencia en el pasado que de la existencia de dos especies humanas, solo una ha sobrevivido. Pero sería muy difícil explicar el diferencial que ha crecido exponencialmente entre “nosotros” y las demás especies animales sólo por la selección natural y la transmisión de caracteres adquiridos. No cabe duda de que varias especies animales utilizan, como nosotros, herramientas a veces de manera asombrosa. El castor crea andamios sofisticados; las hormigas y las abejas, sociedades emprendedoras y trabajadoras; podríamos citar miles de ejemplos que contradicen la diferencia supuestamente radical entre el hombre y el animal, afirmada de manera errónea por tantos filósofos y antropólogos célebres, pero antropocentristas. En el caso concreto de la especie humana la divergencia es inevitable, permanente y espectacular. Y esta es desde ahora en adelante todo lo contrario de la ley darwiniana: el hombre que evoluciona en función de sus propios proyectos, sus saltos y rupturas, incluso sus locuras, crea su ecosistema y trasforma la tierra, hasta el punto de que los científicos hablan del Antropoceno para nombrar nuestra época.
El darwinismo no es falso; está científicamente demostrado, pero es insuficiente. Es un elemento parcial de explicación de la evolución. Frente a los actuales escenarios de la naturaleza, es necesario pasar de una ley de la adaptación a una ley de la divergencia, que no puede demostrarse desde la observación, pero que se impone a la vista del conjunto de las vías creativas y contradictoras que explora la naturaleza.
La divergencia no tiene que ver solo con las especies vivas. Se encuentra regularmente también en las leyes físicas de la naturaleza. Tomemos un ejemplo cotidiano: el paso del agua del estado líquido al estado gaseoso o sólido. Es fruto de variaciones de los lazos químicos entre las moléculas de agua, por discontinuidad, ruptura o divergencia.
La divergencia es una ley fundamental de la naturaleza mucho mas importante que la ley darwinista de la adaptación y selección natural. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt













jueves, 7 de marzo de 2024

De la policía del pasado

 






Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz jueves. Se ha constituido toda una organización dedicada a la depuración de lo que ha ocurrido, a la eliminación de todo aquello ofensivo, desagradable, o tan solo molesto, para las hipersensibilidades del presente, comenta en El País el escritor Antonio Muñoz Molina. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com












La Policía del Pasado
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
02 MAR 2024 - El País - harendt.blogspot.com

Poco a poco el pasado se va volviendo inaceptable, a no ser que su crudeza, sus convulsiones sombrías, sean sometidas a una especie de pasteurización, a un proceso de corrección y limpieza parecido al de las fotos de Instagram. El pasado es confuso, difícil de comprender, más alarmante todavía para las personas que habitan el presente como provincianos que no han salido nunca de su tierra, ni tienen deseo de hacerlo, y viven convencidos de que como en ella no se vive en ninguna parte, aunque la información que posean sobre el mundo exterior sea muy escasa, y en general reducida a lugares comunes. Hay un orgullo, un narcisismo, un nacionalismo del presente, y la frontera que lo separa de toda la extensión y la riqueza del pasado es cada vez más cercana, y más hermética, fortalecida por la ignorancia y el desdén.
En todas las ventanas de los trenes antiguos, que eran abatibles —una de las muchas deficiencias del pasado— había impresa una advertencia: “Es peligroso asomarse al exterior”. Ahora se nos avisa por todas partes de que es peligroso asomarse al pasado. Por eso abundan tanto los pasados seguros, de un exotismo confortable, como esos parques temáticos que recrean el Londres de Jack el Destripador o la Edad Media de los caballeros y los torneos, o esas exposiciones “inmersivas” en las que uno puede pasearse por los campos de trigo deslumbrantes de sol de Vincent van Gogh sin el menor peligro de sufrir una insolación o perder el juicio. Mucho más seguro que leer libros rigurosos de historia es leer novelas históricas. La Historia tiende a parecerse al “cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, carente de sentido” que según el monólogo tenebroso de Macbeth es la vida humana. Con dignas excepciones, las novelas históricas de ahora, y las series lujosas inspiradas por ellas, proyectan sobre el pasado los valores más ortodoxos del presente, y lo pueblan de mujeres guerreras empoderadas en el siglo XVII, o en la Europa ocupada por los nazis, o de diversidades étnicas imposibles, aunque meritorias, de hombres blancos rapaces y machistas y nativos o nativas de una integridad admirable, respetuosos de las identidades no binarias ni heteronormativas, cuidadosos del medio ambiente. Son los pasados ideales y pedagógicos de las películas de animación de Disney. La misma compañía que en otras épocas cultivó sin el menor escrúpulo y con inmensos beneficios los terrores infantiles y los peores estereotipos racistas ahora se ha afiliado a la beatería multicultural.
El pasado es un museo cavernoso que cada vez recibe menos visitas, una gran biblioteca donde se acumulan millones de libros escritos en idiomas que casi nadie se toma ya la molestia de estudiar o transmitir. Borges habla en un cuento del caudillo de un ejército invasor que hace quemar entera una biblioteca, temiendo que en alguno de aquellos libros pueda haber una palabra ofensiva contra su dios. De manera más meticulosa, y también más eficiente, ahora se ha constituido en el mundo toda una organización policial dedicada a la depuración del pasado, a la búsqueda y en caso necesario eliminación de todo aquello que pueda ser ofensivo, desagradable, dañino, o tan solo molesto, para las hipersensibilidades del presente.
Es una policía múltiple y secreta, omnipresente y también invisible. En algunos casos, la tecnología le concede unos poderes que no habrían podido ni soñar los esbirros de la vieja escuela. Tengo pruebas: la Policía del Pasado —creo que las mayúsculas le dan la importancia que merece— se infiltró hace algún tiempo en mi Kindle y provocó modificaciones significativas en varias novelas de James Bond que tenía guardadas en él, y que había leído en parte por puro deleite, en parte para documentarme, mientras escribía una novela, sobre esa masculinidad caricaturesca de tan extremada que retrató Ian Fleming, y que probablemente ayudó a inventar: era la masculinidad del cine de espías de los años sesenta, y de los anuncios de tabaco, de coches y alcoholes destilados, que se imprimían a toda página y a todo color en los semanarios internacionales de entonces, en los que las mujeres aparecían como apéndices y adoradoras de aquellos hombres triunfales, caballeros andantes con trajes de Mad Men que lo mismo disparaban una pistola automática igual que encendían un mechero de platino.
Ian Fleming era uno de esos escritores brillantes y algo banales que saben retratar reveladoramente la superficie de su tiempo, igual que la retrata un anuncio o una tendencia de la moda. Pero además tiene el grado suficiente de calidad de estilo para sugerir la ambivalencia y la ironía de la literatura. Ironía y ambivalencia no son valores muy apreciados por la Policía del Pasado. Sin avisarme ni pedirme permiso, alguno de esos agentes se ha ocupado de borrar en mi Kindle muchos de los términos racistas o sexistas o colonialistas de las novelas que yo leí hace años, no sé si para proteger mi sensibilidad, ya muy estragada, o para evitar que se me contagien los rasgos deplorables del carácter de James Bond, mucho más interesante en las novelas que en las películas inspiradas por ellas. Pero resulta que en Bond no hay nada que no sea deplorable, y que al mismo tiempo no sea paródico, un recrearse en el estereotipo que es también su burla. Corregir su vocabulario es como borrar digitalmente los cigarros y el humo que envuelven siempre a Humphrey Bogart.
En toda policía política se mezclan la eficacia y la incompetencia, lo temible y lo irrisorio. En estos días la Policía del Pasado, usando una de sus múltiples tapaderas, en este caso el British Board of Film Classification, ha encontrado un delito donde otro cuerpo policial dotado de menos perspicacia o recursos solo habría visto jubilosa y azucarada inocencia, nada menos que en Mary Poppins, la institutriz voladora, la eternamente virginal Julie Andrews. Ya no se puede confiar en nada. En esa película de 1964, en apariencia tan risueña, con sus colores simples de cuento ilustrado, un personaje lunático, un almirante retirado que dispara cada tarde un cañón a la puerta de su casa, dice dos veces la palabra “Hotentotes”, una de ellas dirigiéndose a los niños que tienen las caras ennegrecidas de hollín. En la prosa administrativa que es la lengua universal de esta policía, la Oficina de Clasificación dice que la película “incluye un término derogatorio originalmente usado por europeos blancos hacia pueblos nómadas del sur de África” y, por lo tanto, tiene “el potencial de exponer a los niños a lenguajes o comportamientos discriminatorios que a ellos pueden parecerles perturbadores y que pueden repetir sin darse cuenta de su carácter ofensivo”. Hasta ahora, Mary Poppins la podía ver cualquiera desde los cuatro años. Ahora la edad adecuada se retrasa a los ocho, y se aconseja “parental guidance”.
No tengo la menor nostalgia de los modelos de masculinidad que prevalecían en mi adolescencia, ni la menor duda sobre la brutalidad de la explotación colonial en África, o sobre la aceptación generalizada y vergonzosa del racismo. Precisamente para ejercitarnos contra los prejuicios y contra los abusos que muchas veces nadie ve es para lo que necesitamos conocer sin maquillaje el pasado: y mirarlo con los ojos y los oídos abiertos, sin miedo a las palabras, cobrando conciencia de que nosotros ahora, en nuestro presente, también estamos ciegos a injusticias que se volverán evidentes con el paso del tiempo, y quizás mereceremos ser juzgados con la misma dureza que nosotros dedicamos a quienes vinieron antes: se nos pedirán cuentas por el estado en que habremos dejado el mundo, y por la crueldad con que habremos tratado a los seres humanos más vulnerables y a los animales. Antonio Muñoz Molina es escritor y académico de la RAE.


























[ARCHIVO DEL BLOG] Nos escuchan y vigilan. [Publicada el 05/07/2019]












Nos escuchan. Lo sospechaba, pero esa fue la prueba definitiva. Mi móvil me escucha y luego va y se lo casca a quien pueda interesarle para venderme cosas, escribe en El País su columnista habitual la periodista Luz Sánchez-Mellado. Ayer estuve en el ginecólogo, comienza diciendo Sánchez-Mellado. Bueno, era ginecóloga, pero lo he escrito como lo pienso: así, en masculino, por esa inercia de siglos por la que seguimos diciendo que vamos al médico, o al notario, o al abogado aunque las mujeres sean mayoría en esos gremios. Al grano, que me disperso: fui a la ginecóloga, e iba, como siempre, en guardia. No solo porque allí ejerce un vecino obstetra que me atendió en un parto y del que huyo despavorida desde ese embarazosísimo episodio, sino porque, por mucho que una la adopte en la vida, no se acostumbra nunca a la postura del potro ginecológico. El caso es que hubo suerte y no me tocó el tocólogo, sino una colega más o menos de mi quinta con la que estuve departiendo de lo mío. Nada serio, gracias. Asuntos propios de personas de mi edad y mi sexo. Pues bien, al salir de la consulta, el móvil empezó a brasearme con anuncios de píldoras de soja, lubricantes vaginales, anticonceptivos de último minuto y, lo juro, páginas de citas para mayores de 50 años muy exigentes.
Lo sospechaba, pero esa fue la prueba definitiva. Mi móvil me escucha y luego va y se lo casca a quien pueda interesarle para venderme cosas. Me sentí tan invadida que lo pregoné en Twitter y fueron los tuiteros quienes me pusieron en mi sitio. Que no soy la única. Que a buenas horas, mi santa ira. Que eso lo saben hasta los párvulos. Que desactive el micro, la ubicación y el historial de búsquedas si quiero evitarlo. Lo intenté, palabra, pero no desactivé todo, porque si lo haces se te queda el móvil en nada. Sí, soy adicta, de acuerdo, pero por culpa de los camellos. Primero te dan la droga y luego te la cobran a precio de uranio. Intimidad por aplicaciones, el chantaje perfecto. Yo preocupada por si tenía que contarle mi vida de cintura para abajo a un vecino que me ha visto el útero y resulta que llevo al espía en la mano y todo Google sabe de qué ovario cojeo. ¿Merezco lo que me pase? Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt 












miércoles, 6 de marzo de 2024

Del fracaso de las democracias

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles. El profesor Geoff Mulgan, escribe en La Vanguardia el historiador Xavier Mas de Xaxàs, propone utilizar la tecnología para recuperar la confianza en las instituciones democráticas, porque cuando una familia de clase media sufre para llegar a fin de mes y, sobre todo, cuando tiene claro que sus hijos difícilmente tendrán una vida mejor, la confianza en el sistema se desmorona. Les recomiendo encarecidamente la lectura de su artículo y espero que junto con las viñetas que lo acompañan, en palabras de Hannah Arendt, les ayude a pensar para comprender y a comprender para actuar. Sean felices, por favor, aun contra todo pronóstico. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna lo permite. Tamaragua, amigos míos. harendt.blogspot.com














Hemos fracasado al reimaginar la democracia
XAVIER MAS DE XAXÀS
28 FEB 2024 - La Vanguardia  - harendt.blogspot.com

A nadie se le escapa que la democracia no pasa por un buen momento. La pérdida de confianza en las instituciones se aprecia desde hace años en Europa y Estados Unidos. Cada vez hay más líderes que hacen campaña sobre una base populista e, incluso, autoritaria. El auge de la extrema derecha es evidente en democracias tan estables como la neerlandesa, la sueca y la alemana. Donald Trump, además, puede volver a la Casa Blanca.
Las causas de esta decadencia democrática, como señala el profesor Geoff Mulgan, hay que buscarlas en el convencimiento de que, a partir de ahora, la vida será más dura para todos. Cuando una familia de clase media sufre para llegar a fin de mes y, sobre todo, cuando tiene claro que sus hijos difícilmente tendrán una vida mejor, la confianza en el sistema se desmorona.
Ahora, por primera vez, como apunta Geoff Mulgan, profesor de Inteligencia Colectiva, Políticas Públicas e Innovación Social en el University College de Londres, “una mayoría en muchos países presiente que la vida de sus hijos será peor que la suya”. La reacción más común en estos casos es aceptar los atajos a un mundo mejor que ofrecen los populismos.
Indonesia acaba de elegir a un presidente que, en el pasado, fue un ferviente antidemócrata. El mes que viene, Vladímir Putin tiene asegura la reelección en unas elecciones que son una pantomima. Esta primavera, Narendra Modi lo tiene todo a favor para ganar de nuevo la presidencia y acentuar su deriva nacionalista y autoritaria.
Este año, cerca de 4.000 millones de personas están llamadas a las urnas. Las elecciones más importantes son las europeas de junio y las estadounidenses de noviembre. “Creo que muchas de estas elecciones evidenciarán lo que no funciona de la democracia en lugar de mostrar el camino hacia delante”, afirma Mulgan. “Y creo que parte de la razón es que hemos fracasado al reimaginar la democracia”, añade.
“Hoy asistimos a un desequilibrio porque el I+D no se utiliza para resolver los problemas sociales”, dice. Existe una desconexión entre los científicos y la ciudadanía, y “aquí es donde entra en juego la innovación social, porque da a las personas una sensación de protagonism” que no abunda hoy en día y que es la esencia de la democracia. “Toda sociedad necesita una postura a favor de la innovación y del I+D, pero tendría que ser igual para los aspectos humanos y sociales como para los físicos”, concluye. Xavier Mas de Xaxàs es historiador.