martes, 17 de marzo de 2026

EL SABOR DEL CAFÉ. ESPECIAL TARDE DE HOY MARTES, 17 DE MARZO DE 2026

 






Solíamos decir que cuando el aceto balsámico, las berenjenas con miel o el rulo de cabra en ensalada llegaran al restaurante El Cruce sería porque la nueva cocina había tocado fondo. En cambio, el guiso popular se adapta a los fogones sofisticados con naturalidad porque cualquier potaje está testado por millones de bocas que a lo largo de los siglos encontraron en ese sabor espeso y cálido la fórmula del consuelo ante la intemperie. El viaje gozoso de los sentidos, del olfato al gusto, del gusto a la barriga. La barriga caliente, el mejor inductor al sueño de niños y viejos.

Con el lenguaje ocurre igual: dura más aquello que viaja de abajo a arriba. La expresión que se inventa en la calle, o alguna otra que brilla en la literatura popular, se pone en boca del pueblo, se asienta en la lengua y al cabo de los siglos pierde la autoría y casi el origen, aunque el diccionario de Manuel Seco indague en ese viaje fascinante. Está ocurriendo ahora un caso a estudiar: abundan en tal grado los contertulios y sus consabidas tertulias políticas que, cuando alguno introduce una palabra nueva, que puede ser local o un anglicismo recién importado, y tiene éxito y cunde, se produce el milagro: los tertulianos se enamoran de la nueva expresión y se aferran a ella como si no hubiera otra que pudiera sustituirla. A esto se añade que, cuando un término novedoso se comparte con tu gremio, sientes que estás definitivamente integrado en una élite de personas bien informadas que saben desentrañar lo que nos pasa.

Como no hay manera de ponerse frente a la tele y que no haya una tertulia diseccionando la muy consabida batalla del relato, expresión que se amolda a las necesidades de cualquier asunto, y como la tele solo la ven en la actualidad las personas de cierta edad, me encuentro esperando a que dicha batalla del relato llegue a la boca de mis mayores (todavía tengo mayores). Me da cierto dolor de corazón que las personas que tantos cuentos han narrado a hijos y nietos puedan usar la palabra relato en esta nueva acepción, que ha desterrado otros términos sólidos, como punto de vista, versión o interpretación de los hechos, y que ahora parece servir tan solo para describir justificaciones políticas, dejando su viejo sentido literario, policial, incluso oral escondido en el baúl de los recuerdos.

Es una palabra secuestrada. Estoy esperando a que mi nonagenaria tía, la que tantas veces contó El enano saltarín, la que tiene la cabeza mejor que usted y que yo y que por un problema de cadera, ay, esas caídas, pasa unas horas escuchando a tertulianos, interviniendo eso sí desde la butaca ergonómica con un vocabulario envidiable, me suelte un día de estos lo de la batalla del relato. Lo espero y lo hará, porque pensará que es su manera de decir “aún sigo aquí”.

Pero en este futuro que nos roba el presente y no nos deja vivir en paz, la palabra “relato”, en el uso que se le da para definir las excusas que los poderosos nos dan para ejecutar sus tropelías, ha perdido todo el sentido. Espero que se den cuenta los que desde los medios se aferran cada día al término como a un madero en alta mar. Ya no se puede ganar la batalla del relato porque ya no hay relato. El relato ha muerto. Quedó en brazos de Bush como un cadáver irresucitable el día en que se descubrió que aquello de las armas de destrucción masiva era un cuento chino, y que lo sabían. Parece que Aznar es el único que no se ha enterado y se ve que por eso no pide perdón. Ya no hay relato. No hay intención de encubrir las acciones bélicas con buenas razones. Ya no importa aquello de exportar la democracia, ni lo de liberar a mujeres de la esclavitud; ahora se sobreentiende que la infancia bombardeada es un efecto colateral. Estamos ante una crueldad sin argumento. Y quien aún viva en la época en que hablar de relato tenía sentido, quien crea que el gran Patán piensa antes de actuar, ignora de qué va el cuento. ELVIRA LINDO es escritora. Este artículo se publicó en El País del día 15 de marzo de 2026 con el título de La célebre batalla del relato.






















ENTRADA NÚM. 10016

SALUDOS EN LAS LENGUAS DE MI PATRIA. HOY MARTES, 17 DE MARZO DE 2026, EN CASTELLANO

 







Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz martes. Ha muerto Jürgen Habermas, una de las voces que mejor reflejaba los ideales de esta vieja Europa que se niega, con toda razón, a dejarse enredar en los tejemanejes guerreros de Trump, Netanyahu y Putin. Y a tres días de la primavera vamos con las entradas de hoy. La primera, de HArendt, es un texto laudatorio en memoria Habermas. La segunda es un archivo del blog de febrero de 2017 del analista político Moisés Naím, sobre Trump, que nueve años después sigue completamente vigente. El poema del día, en la tercera, es el famoso Soneto LXII de William Shakespeare. La cuarta, como siempre, son las viñetas de humor, y para terminar, como cada día, El sabor del café de todas las tardes y los especiales de la noche, si los hubiera. Tamaragua, amigos míos. Nos vemos mañana si la diosa Fortuna está por la labor. Sean felices. Besos. Les quiero. HArendt














ENTRADA NÚM. 10015

JÜRGEN HABERMAS. IN MEMORIAM

 








Jürgen Habermas (Düsseldorf, 18 de junio de 1929-Starnberg, 14 de marzo de 2026) fue un filósofo y sociólogo alemán conocido por sus trabajos en filosofía política, ética y teoría del derecho, así como en filosofía del lenguaje. Gracias a una actividad regular como profesor en universidades extranjeras, especialmente en Estados Unidos, así como por la traducción de sus trabajos más importantes a más de cuarenta idiomas, sus teorías son conocidas, estudiadas y discutidas en el mundo entero. A lo largo de su carrera, Habermas fue el miembro más eminente de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt y uno de los exponentes de la Teoría crítica desarrollada en el Instituto de Investigación Social. Entre sus aportes más destacados se encuentran la construcción de la teoría de la acción comunicativa, la ética del discurso y la teoría de la democracia deliberativa.

Estudió filosofía, historia, psicología, literatura alemana y economía en las universidades de Gotinga, Zúrich y Bonn. Nicolai Hartmann, Wilhelm Keller, Theodor Litt, Johannes Thyssen, Hermann Wein, Erich Rothacker y Oskar Becker fueron algunos de sus profesores durante los estudios de licenciatura. En 1954, bajo la dirección de los dos últimos profesores citados, defendió en la Universidad de Bonn su tesis doctoral sobre el tema «El Absoluto y la historia: De las discrepancias en el pensamiento de Schelling», que aún hoy en día sigue inédita. En sus años de estudios trabó amistad con Karl-Otto Apel, una fructífera relación intelectual que duró hasta la muerte de Apel.

En 1953 publicó su primer artículo que tuvo resonancia, una recensión crítica de la obra de Heidegger Introducción a la metafísica, que tituló significativamente «Pensar con Heidegger contra Heidegger» (Mit Heidegger gegen Heidegger denken), artículo de prensa en el que crítica a Heidegger por su adhesión al nacionalsocialismo. En los siguientes años siguió publicando artículos para un público amplio en destacados medios de comunicación.

De 1956 a 1959 fue ayudante y colaborador de Adorno en el Instituto de Investigación Social de Fráncfort. En 1961 defendió en Marburgo (bajo la dirección de Wolfgang Abendroth) su escrito de habilitación, centrado en la transformación estructural de la «esfera pública» (titulado Strukturwandel der Öffentlichkeit en alemán, traducido al español como Historia y crítica de la opinión pública). Entre 1964 y 1971 ejerció como catedrático en la Universidad de Fráncfort, convirtiéndose en uno de los principales representantes de la segunda generación de la Teoría Crítica. En 1968 publicó Conocimiento e interés, libro que le concedió una enorme proyección internacional.

De 1971 a 1983 fue director en el Instituto Max Planck para la «investigación de las condiciones de vida del mundo técnico-científico». En 1983 volvió a la Universidad de Fráncfort como catedrático de filosofía y sociología, donde permaneció hasta su jubilación en 1994. Se mantiene, no obstante, activo como docente, especialmente en calidad de «Permanent Visiting Professor» de la Northwestern University (Evanston, Illinois) y como «Theodor Heuss Professor» de The New School (Nueva York).

En 1986, recibió el Premio Gottfried Wilhelm Leibniz de la Deutsche Forschungsgemeinschaft, considerado como la máxima distinción en el ámbito alemán de investigación. En 2001 obtuvo el Premio de la Paz que conceden los libreros alemanes y en 2003, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

Fue doctor honoris causa por las universidades, entre otras, de Jerusalén, Buenos Aires, Hamburgo, Northwestern University Evanston, Utrecht, Tel Aviv, Atenas y la New School for Social Research de Nueva York, así como miembro de la Academia Alemana de la Lengua y la Poesía.

El pensamiento de Habermas posee un alto grado de originalidad, pero ello no le impide apoyarse en la obra de quienes le precedieron: «está sobre hombros de gigantes y desarrolla su propio pensamiento en un diálogo imaginario y en una confrontación crítica con los grandes espíritus de la tradición».

 Habermas bebe de múltiples fuentes y eso explica quizás la complejidad y a la vez la monumentalidad de su obra. De autores como Kant, Hegel y Marx recupera la noción de crítica como emancipación. De Wittgenstein, especialmente de sus Investigaciones filosóficas, retoma su filosofía del lenguaje; de Mead, el interaccionismo simbólico; de Austin y Searle, la teoría de los actos del habla; de Gadamer se apropia críticamente de elementos de su hermenéutica; de Weber, su énfasis en formación de sistemas culturales de acción. A partir de la fenomenología de Husserl y del pensamiento de Schutz construye su propia concepción del mundo de la vida; de la confrontación crítica con Luhmann surge su propia concepción de la sociedad como sistema. Entre otros, Kant, Marx, Weber, Freud, Mead, Austin o Searle tienen, pues, un destacado lugar en la obra de Habermas, aunque ninguno de ellos sea la referencia decisiva. Por lo demás, es explícito el entroncamiento de su pensamiento con la Teoría Crítica de la Escuela de Fráncfort: su trabajo está orientado a poner los fundamentos de la teoría social con los que busca analizar las sociedades del capitalismo avanzado.

El estrecho vínculo entre una filosofía de la razón, muy ambiciosa en términos normativos, y una teoría empírica de la sociedad, es una característica del pensamiento de Marx que Habermas hace suya y lo distingue de otros contemporáneos, en particular del sociólogo Niklas Luhmann y del filósofo John Rawls, con quienes, no obstante, comparte preocupaciones comunes.

La integración de filosofía y ciencia social en una teoría crítica de la sociedad es el rasgo distintivo de la obra habermasiana. Aunque Habermas se vale del concepto filosófico de razón y lo emplea explícitamente en términos de filosofía del lenguaje, lo hace con el fin de poder desarrollar una teoría crítica de la sociedad. De ahí que resulte unilateral entender a Habermas como mero filósofo de la fundamentación argumentativa y de la ética discursiva.

Su primera gran obra fue su escrito de habilitación (1962), traducido al español como Historia y crítica de la opinión pública. En este análisis de la transformación estructural de la esfera pública se aproxima de forma crítica al concepto de opinión pública y recupera la visión eminentemente democrática del mismo, con su distinción entre opinión pública manipulada y opinión pública crítica.

En algunas de sus obras posteriores, Habermas tratará de reconstruir el materialismo histórico en el contexto de las nuevas problemáticas de las sociedades del capitalismo tardío. En este sentido, la gran crítica que realizará a Karl Marx será que este, en su opinión, reduce la praxis humana a una techné, en el sentido de que Marx le otorga la importancia fundamental al trabajo como eje de la sociedad, en demérito del otro componente de la praxis humana que Habermas rescata como esencial: la interacción mediada por el lenguaje.

A diferencia de Marx, Habermas entiende que el cambio social debe darse también en un ámbito simbólico, en el ámbito de la comunicación y el entendimiento entre los sujetos. De ahí, Habermas repensará la distinción entre trabajo - enfocado racionalmente a una finalidad - e interacción como dos momentos irreductibles de la acción, y tratará de incluir en la labor productiva (el trabajo) componentes de la interacción comunicativa. De este modo, Habermas toma distancia de los planteamientos de Theodor Adorno y Max Horkheimer, que se encontraban aún situados en el paradigma de la filosofía de la conciencia, y desarrolla un concepto de razón basado en las estructuras de una intersubjetividad que se transmite mediante el lenguaje. A partir de este planteamiento, Habermas se propuso la ingente tarea de construir una teoría de la racionalidad humana por medio del análisis de las precondiciones universales de la comunicación, labor que dio como resultado la teoría de la acción comunicativa, con base en la teoría social de Weber y Parsons, así como en filosofía del lenguaje, no imponer una ley, sino proponer una teoría con aspiración universal.

A partir de la publicación en 1981 de su obra fundamental, la Teoría de la acción comunicativa, sus análisis y reflexiones se orientaron hacia la fundamentación de la ética discursiva, la defensa de la democracia deliberativa y de los principios del Estado de derecho, así como hacia las bases normativas requeridas para configurar una esfera pública trasnacional.

Si bien Habermas inicialmente vio la integración europea como un evento principalmente económico para la liberalización del comercio, en el transcurso de la década de 1980 se mostró como un europeo acérrimo y acompañó el desarrollo de la Unión Europea con declaraciones políticamente comprometidas, las más importantes y recientes de las cuales se resumen en su publicación "Sobre la Constitución de Europa" (2011). En ella entiende a la UE como una "comunidad política de alto nivel", como un "paso decisivo en el camino hacia una sociedad mundial políticamente constituida". Fuente: Wikipedia.

























ENTRADA NÚM. 10014

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, ¿ESTÁ LOCO TRUMP? PUBLICADO EL 25/02/2017

 







Trump regresa al mitin-espectáculo hacia sus fieles en plena crisis interna. Llevo años estudiando el poder y a quienes lo tienen o lo han tenido. Mi principal conclusión es que, si bien la esencia del poder -la capacidad de hacer que otros hagan o dejen de hacer algo- no ha cambiado, las maneras de obtenerlo, usarlo y perderlo han sufrido profundos cambios. Otra observación es que la personalidad de los poderosos es tan heterogénea como la humanidad misma. Los hay solitarios y gregarios, valientes y cobardes, geniales y mediocres. Sin embargo, a pesar de su diversidad, todos tienen dos rasgos en común: son carismáticos y vanidosos. Según la Real Academia Española, carisma es "la especial capacidad algunas personas para atraer o fascinar".

Los líderes carismáticos inspiran gran devoción e, inevitablemente, los aplausos, la adulación y las loas inflan su vanidad. Es fácil que la vanidad extrema se convierta en un narcisismo que puede ser patológico. De hecho, estoy convencido de que uno de los riesgos profesionales más comunes entre políticos, artistas, deportistas y empresarios exitosos es el narcisismo. En sus formas más moderadas, este narcisismo, el encanto consigo mismo, es irrelevante. Pero, cuando se vuelve más intenso y domina las actuaciones de quienes tienen poder, puede ser muy peligroso. Algunos de los tiranos más sanguinarios de la historia mostraron formas agudas de narcisismo y grandes empresas han fracasado debido a los delirios narcisistas de su dueño, por ejemplo.

La Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos ha desarrollado criterios para diagnosticar el narcisismo patológico. Lo llama “Desorden de Personalidad Narcisista” (DPN) y, según las investigaciones, las personas que lo padecen se caracterizan por su persistente megalomanía, la excesiva necesidad de ser admirados y su falta de empatía. También evidencian una gran arrogancia, sentimientos de superioridad y conductas orientadas a la obtención del poder. Sufren de egos muy frágiles, no toleran las críticas y tienden a despreciar a los demás para así reafirmarse. De acuerdo al manual de la organización de psiquiatras estadounidenses, quienes sufren de DPN tienen todos o la mayoría de estos síntomas:

1)Sentimientos megalómanos, y expectativas de que se reconozca su superioridad.

Algunos de los tiranos más sanguinarios de la historia mostraron formas agudas de narcisismo

2)Fijación en fantasías de poder, éxito, inteligencia y atractivo físico.

3)Percepción de ser único(a), superior y formar parte de grupos e instituciones de alto status.

4)Constante necesidad de admiración por parte de los demás.

5)Convicción de tener el derecho de ser tratado(a) de manera especial y con obediencia por los demás.

6)Propensión a explotar a otros y aprovecharse de ellos para obtener beneficios personales.

7)Incapacidad de empatizar con los sentimientos, deseos y necesidades de los demás.

8)Intensa envidia de los demás y convicción de que los demás son igualmente envidiosos respecto a él (ella).

9)Propensión a comportarse de manera pomposa y arrogante

Y ahora hablemos de Donald Trump. No hay duda de que el actual presidente de Estados Unidos exhibe muchos de estos síntomas. ¿Pero lo inhabilita eso para ocupar uno de los cargos de mayor responsabilidad de nuestro planeta? Un grupo de psiquiatras y psicólogos cree que sí. Enviaron una carta a The New York Times en la cual señalan: “Las palabras y las acciones del señor Trump demuestran una incapacidad para tolerar puntos de vista diferentes a los suyos, lo cual le lleva a reaccionar con rabia. Sus palabras y su conducta sugieren una profunda falta de empatía. Los individuos con estas características distorsionan la realidad para adaptarla a su estado psicológico, descalificando los hechos y a quienes los transmiten (periodistas y científicos). En un líder poderoso, estos ataques tenderán a aumentar, ya que el mito de su propia grandeza parecerá haberse confirmado. Creemos que la grave inestabilidad emocional evidenciada por los discursos y las acciones del señor Trump lo incapacitan para desempeñarse sin peligro como presidente”.

"El antídoto contra una distópica edad oscura trumpiana es político, no psicológico”: Esta carta es, por supuesto, muy controvertida. No solo por la posición que toma con respecto al presidente Trump, sino también porque viola el código de ética de la Asociación Americana de Psiquiatría. El código mantiene que no se puede diagnosticar a nadie –especialmente a una personalidad pública- a distancia. La evaluación en persona es indispensable. Sin embargo, en la carta los firmantes sostienen: “Este silencio ha llevado a que no hayamos podido ofrecer nuestra experiencia a periodistas y miembros del Congreso preocupados por la situación en tan críticos momentos. Tememos que haya demasiado en juego para seguir callando”. Alexandra Rolde, una de las psiquiatras que firmó la carta, le dijo a la periodista Catherine Caruso que su propósito y el de sus colegas no era diagnosticar a Trump, sino enfatizar rasgos de su personalidad que les preocupan.

Rolde no cree que se deba hacer un diagnóstico sin haber examinado al paciente, pero opina que es apropiado hacer ver cómo la salud mental de una persona puede afectar a otros o limitar su capacidad para desempeñarse adecuadamente.

Otros psiquiatras no están de acuerdo: “La mayoría de los aficionados que se han metido a hacer diagnósticos se han equivocado al etiquetar al presidente Trump con un desorden de personalidad narcisista. Yo escribí los criterios que definen este desorden y el señor Trump no encaja en ellos. Él puede ser un narcisista de categoría mundial, pero eso no lo convierte en enfermo mental, ya que no sufre de la angustia y la discapacidad que caracterizan un desorden mental. El señor Trump genera severas angustias en otras personas, pero él no las sufre y, más que penalizado, ha sido ampliamente recompensado por su megalomanía, egocentrismo y falta de empatía”.

Quien esto escribe es el médico psiquiatra Allen Francis, director del grupo de trabajo que elaboró la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (D.S.M. IV). La sorpresa es que el doctor Francis va más allá de su especialidad. “Los insultos psiquiátricos son una manera equivocada de contrarrestar el ataque del señor Trump a la democracia. Se puede, y se debe, denunciar su ignorancia, incompetencia, impulsividad y afanes dictatoriales. Pero sus motivaciones psicológicas son demasiado obvias como para que tengan algún interés, y analizarlas no detendrá su asalto al poder. El antídoto contra una distópica edad oscura trumpiana es político, no psicológico”.

Una de las conclusiones del doctor Francis es fácil de compartir y otra menos. La fácil de aceptar es que más importante que la salud mental del presidente es la salud política del país. La capacidad de las instituciones para resistir los intentos de Trump de concentrar el poder es la batalla más importante que se libra en Estados Unidos. Sus resultados tendrán consecuencias mundiales. La otra conclusión de Francis es que la estabilidad mental de Donald Trump es irrelevante. No estoy de acuerdo. Trump lleva pocas semanas en la Casa Blanca y su conducta ya es causa de justificada alarma. Los problemas y frustraciones del presidente se van a agudizar. Y eso no es bueno para su salud mental. MOISÉS NAÍM es analista político. Este artículo se publicó en El País el 25 de febrero de 2017.
























ENTRADA NÚM. 10013

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, SONETO LXII, DE WILLIAM SHAKESPEARE

 







SONETO LXII




El pecado de amarme se apodera

de mis ojos, de mi alma y de mí todo;

y para este pecado no hay remedio

pues en mi corazón echó raíces.


Pienso que es el más bello mi semblante,

mi forma, entre las puras, la ideal;

y mi valor tan alto conceptúo

que para mí domina a todo mérito.


Pero cuando el espejo me presenta,

tal cual soy, agrietado por los años,

en sentido contrario mi amor leo


que amarse siendo así sería inicuo.

Es a ti, otro yo mismo, a quien elogio,

pintando mi vejez con tu hermosura.




WILLIAM SHAKESPEARE (1564-1616)

poeta inglés 





***



William Shakespeare (1564-16169 fue un dramaturgo, poeta y actor inglés. Conocido en ocasiones como el Bardo (el Bardo de Avon), se le considera el escritor más importante en lengua inglesa y como uno de los más célebres de la literatura universal. Fuente Wikipedia






















ENTRADA NÚM. 10012

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MARTES, 17 DE MARZO DE 2026

 





























ENTRADA NÚM. 10011

lunes, 16 de marzo de 2026

ACORRALADO EN EL ESTRECHO DE ORMUZ. ¿Y AHORA QUÉ, TRUMP? ESPECIAL TRES DE HOY LUNES, 16 DE MARZO DE 2026

 






Amigos, ayer les planteé a muchos de ustedes la siguiente pregunta: ¿Qué hará Trump ahora que está acorralado en el estrecho de Ormuz? Observé que el nuevo líder supremo de Irán, en su primer mensaje oficial desde que sucedió a su padre asesinado, afirmó que Irán continuará bloqueando el estrecho de Ormuz bombardeando los petroleros que intenten atravesarlo. Es posible que Irán también esté colocando minas en el estrecho.

El cierre del estrecho ha provocado «la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial», según la Agencia Internacional de Energía. El petróleo ha alcanzado los 100 dólares por barril, el precio de la gasolina ha subido casi un 20 % desde el inicio de la guerra y la bolsa sigue en declive. El alza de los precios del petróleo también está elevando el coste de los alimentos, los medicamentos, la electricidad y los billetes de avión.

Trump sabe que todo esto podría llevar al Congreso a manos de los demócratas en las elecciones intermedias. Así que, con el Estrecho de Ormuz bloqueado y el nuevo régimen iraní sonando más beligerante que nunca, ¿qué hace ahora ?

Ofrecí cuatro opciones: 1. Declara la victoria y abandona Oriente Medio en pocos días, a pesar de que el estrecho de Ormuz sigue bloqueado, con la esperanza de que Irán lo desbloquee para vender su propio petróleo. Observé que esto supone un alto riesgo político para Trump. La mayoría de los estadounidenses se oponían a la guerra desde un principio. Si los precios del combustible se mantienen altos y Trump no tiene mucho que mostrar a cambio de su guerra, es casi seguro que él y los republicanos sufrirán un duro revés en las elecciones de mitad de mandato.

2. Desbloquea el estrecho de Ormuz con buques de guerra estadounidenses escoltando petroleros, luego declara la victoria y se retira. Esto conlleva riesgos militares. El Pentágono ha rechazado solicitudes para escoltar petroleros a través del estrecho, argumentando que la amenaza de bombardeos iraníes y posibles minas para los buques de guerra estadounidenses es demasiado alta. Oficiales de la Armada afirman que los drones y misiles antibuque iraníes podrían convertir la zona en una zona de alto riesgo para los marineros estadounidenses. Por lo tanto, intentar abrir el estrecho ahora conlleva el riesgo de que mueran más militares estadounidenses.

3. Pasa las siguientes dos semanas intentando diezmar lo que queda de la capacidad de misiles y drones de Irán, así como de su armada, con la esperanza de que todo vuelva a la normalidad una vez que Irán quede neutralizado. Luego declara la victoria y se retira. Observé que esto conlleva riesgos por otra razón. Irán ha demostrado una notable capacidad de resistencia al mantener sus ataques con misiles y drones, incluso después de que Estados Unidos e Israel destruyeran gran parte de ellos. Si Trump declara la victoria y la beligerancia de Irán persiste, los precios del combustible podrían mantenerse altos y la supuesta victoria resultaría ser una farsa. El peor escenario posible para Trump.

4. Consigue que Rusia, Venezuela y sus aliados productores de petróleo en Oriente Medio aumenten drásticamente la producción, con la esperanza de que esto reduzca los precios del petróleo y contenga la caída del mercado bursátil estadounidense. Esto será muy difícil de lograr. La capacidad excedente de la OPEP es limitada. La producción venezolana también lo es; incluso si las petroleras estadounidenses aumentaran drásticamente su inversión allí, se necesitarían muchos meses para incrementar la producción. Rusia está vendiendo su petróleo a China e India. Incluso con suministros adicionales, el Departamento de Energía advierte que es improbable que los precios del gas vuelvan a los niveles anteriores a la guerra hasta mediados de 2027.

El 42 por ciento de ustedes pensaba que elegiría la opción número 1: declarar la victoria y retirarse en cuestión de días. Solo el 6 por ciento de ustedes pensó que elegiría la opción número 2: desbloquear el estrecho con buques de guerra estadounidenses escoltando a los petroleros. El 32 por ciento de ustedes eligió la opción n.° 3, creyendo que Trump continuaría bombardeando Irán durante al menos dos semanas más, si no más. El 9 por ciento eligió la opción número 4: obtener más petróleo de otro lugar. (El 10 por ciento de ustedes tenía otras ideas sobre lo que haría).

El asunto se está agravando incluso antes de lo que imaginaba. Parece que se decantará por la opción 2. Trump afirma que las operaciones de escolta comenzarán "muy pronto" y, en un par de publicaciones en redes sociales hoy, hizo un llamamiento a otros países para que ayuden a mantener abierto el estrecho. ROBERT REICH es economista y profesor de la Universidad de California en Berkeley. Este artículo se publicó en Substack el 14 de marzo de 2026.





















ENTRADA NÚM. 10010