Jürgen Habermas (Düsseldorf, 18 de junio de 1929-Starnberg, 14 de marzo de 2026) fue un filósofo y sociólogo alemán conocido por sus trabajos en filosofía política, ética y teoría del derecho, así como en filosofía del lenguaje. Gracias a una actividad regular como profesor en universidades extranjeras, especialmente en Estados Unidos, así como por la traducción de sus trabajos más importantes a más de cuarenta idiomas, sus teorías son conocidas, estudiadas y discutidas en el mundo entero. A lo largo de su carrera, Habermas fue el miembro más eminente de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt y uno de los exponentes de la Teoría crítica desarrollada en el Instituto de Investigación Social. Entre sus aportes más destacados se encuentran la construcción de la teoría de la acción comunicativa, la ética del discurso y la teoría de la democracia deliberativa.
Estudió filosofía, historia, psicología, literatura alemana y economía en las universidades de Gotinga, Zúrich y Bonn. Nicolai Hartmann, Wilhelm Keller, Theodor Litt, Johannes Thyssen, Hermann Wein, Erich Rothacker y Oskar Becker fueron algunos de sus profesores durante los estudios de licenciatura. En 1954, bajo la dirección de los dos últimos profesores citados, defendió en la Universidad de Bonn su tesis doctoral sobre el tema «El Absoluto y la historia: De las discrepancias en el pensamiento de Schelling», que aún hoy en día sigue inédita. En sus años de estudios trabó amistad con Karl-Otto Apel, una fructífera relación intelectual que duró hasta la muerte de Apel.
En 1953 publicó su primer artículo que tuvo resonancia, una recensión crítica de la obra de Heidegger Introducción a la metafísica, que tituló significativamente «Pensar con Heidegger contra Heidegger» (Mit Heidegger gegen Heidegger denken), artículo de prensa en el que crítica a Heidegger por su adhesión al nacionalsocialismo. En los siguientes años siguió publicando artículos para un público amplio en destacados medios de comunicación.
De 1956 a 1959 fue ayudante y colaborador de Adorno en el Instituto de Investigación Social de Fráncfort. En 1961 defendió en Marburgo (bajo la dirección de Wolfgang Abendroth) su escrito de habilitación, centrado en la transformación estructural de la «esfera pública» (titulado Strukturwandel der Öffentlichkeit en alemán, traducido al español como Historia y crítica de la opinión pública). Entre 1964 y 1971 ejerció como catedrático en la Universidad de Fráncfort, convirtiéndose en uno de los principales representantes de la segunda generación de la Teoría Crítica. En 1968 publicó Conocimiento e interés, libro que le concedió una enorme proyección internacional.
De 1971 a 1983 fue director en el Instituto Max Planck para la «investigación de las condiciones de vida del mundo técnico-científico». En 1983 volvió a la Universidad de Fráncfort como catedrático de filosofía y sociología, donde permaneció hasta su jubilación en 1994. Se mantiene, no obstante, activo como docente, especialmente en calidad de «Permanent Visiting Professor» de la Northwestern University (Evanston, Illinois) y como «Theodor Heuss Professor» de The New School (Nueva York).
En 1986, recibió el Premio Gottfried Wilhelm Leibniz de la Deutsche Forschungsgemeinschaft, considerado como la máxima distinción en el ámbito alemán de investigación. En 2001 obtuvo el Premio de la Paz que conceden los libreros alemanes y en 2003, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.
Fue doctor honoris causa por las universidades, entre otras, de Jerusalén, Buenos Aires, Hamburgo, Northwestern University Evanston, Utrecht, Tel Aviv, Atenas y la New School for Social Research de Nueva York, así como miembro de la Academia Alemana de la Lengua y la Poesía.
El pensamiento de Habermas posee un alto grado de originalidad, pero ello no le impide apoyarse en la obra de quienes le precedieron: «está sobre hombros de gigantes y desarrolla su propio pensamiento en un diálogo imaginario y en una confrontación crítica con los grandes espíritus de la tradición».
Habermas bebe de múltiples fuentes y eso explica quizás la complejidad y a la vez la monumentalidad de su obra. De autores como Kant, Hegel y Marx recupera la noción de crítica como emancipación. De Wittgenstein, especialmente de sus Investigaciones filosóficas, retoma su filosofía del lenguaje; de Mead, el interaccionismo simbólico; de Austin y Searle, la teoría de los actos del habla; de Gadamer se apropia críticamente de elementos de su hermenéutica; de Weber, su énfasis en formación de sistemas culturales de acción. A partir de la fenomenología de Husserl y del pensamiento de Schutz construye su propia concepción del mundo de la vida; de la confrontación crítica con Luhmann surge su propia concepción de la sociedad como sistema. Entre otros, Kant, Marx, Weber, Freud, Mead, Austin o Searle tienen, pues, un destacado lugar en la obra de Habermas, aunque ninguno de ellos sea la referencia decisiva. Por lo demás, es explícito el entroncamiento de su pensamiento con la Teoría Crítica de la Escuela de Fráncfort: su trabajo está orientado a poner los fundamentos de la teoría social con los que busca analizar las sociedades del capitalismo avanzado.
El estrecho vínculo entre una filosofía de la razón, muy ambiciosa en términos normativos, y una teoría empírica de la sociedad, es una característica del pensamiento de Marx que Habermas hace suya y lo distingue de otros contemporáneos, en particular del sociólogo Niklas Luhmann y del filósofo John Rawls, con quienes, no obstante, comparte preocupaciones comunes.
La integración de filosofía y ciencia social en una teoría crítica de la sociedad es el rasgo distintivo de la obra habermasiana. Aunque Habermas se vale del concepto filosófico de razón y lo emplea explícitamente en términos de filosofía del lenguaje, lo hace con el fin de poder desarrollar una teoría crítica de la sociedad. De ahí que resulte unilateral entender a Habermas como mero filósofo de la fundamentación argumentativa y de la ética discursiva.
Su primera gran obra fue su escrito de habilitación (1962), traducido al español como Historia y crítica de la opinión pública. En este análisis de la transformación estructural de la esfera pública se aproxima de forma crítica al concepto de opinión pública y recupera la visión eminentemente democrática del mismo, con su distinción entre opinión pública manipulada y opinión pública crítica.
En algunas de sus obras posteriores, Habermas tratará de reconstruir el materialismo histórico en el contexto de las nuevas problemáticas de las sociedades del capitalismo tardío. En este sentido, la gran crítica que realizará a Karl Marx será que este, en su opinión, reduce la praxis humana a una techné, en el sentido de que Marx le otorga la importancia fundamental al trabajo como eje de la sociedad, en demérito del otro componente de la praxis humana que Habermas rescata como esencial: la interacción mediada por el lenguaje.
A diferencia de Marx, Habermas entiende que el cambio social debe darse también en un ámbito simbólico, en el ámbito de la comunicación y el entendimiento entre los sujetos. De ahí, Habermas repensará la distinción entre trabajo - enfocado racionalmente a una finalidad - e interacción como dos momentos irreductibles de la acción, y tratará de incluir en la labor productiva (el trabajo) componentes de la interacción comunicativa. De este modo, Habermas toma distancia de los planteamientos de Theodor Adorno y Max Horkheimer, que se encontraban aún situados en el paradigma de la filosofía de la conciencia, y desarrolla un concepto de razón basado en las estructuras de una intersubjetividad que se transmite mediante el lenguaje. A partir de este planteamiento, Habermas se propuso la ingente tarea de construir una teoría de la racionalidad humana por medio del análisis de las precondiciones universales de la comunicación, labor que dio como resultado la teoría de la acción comunicativa, con base en la teoría social de Weber y Parsons, así como en filosofía del lenguaje, no imponer una ley, sino proponer una teoría con aspiración universal.
A partir de la publicación en 1981 de su obra fundamental, la Teoría de la acción comunicativa, sus análisis y reflexiones se orientaron hacia la fundamentación de la ética discursiva, la defensa de la democracia deliberativa y de los principios del Estado de derecho, así como hacia las bases normativas requeridas para configurar una esfera pública trasnacional.
Si bien Habermas inicialmente vio la integración europea como un evento principalmente económico para la liberalización del comercio, en el transcurso de la década de 1980 se mostró como un europeo acérrimo y acompañó el desarrollo de la Unión Europea con declaraciones políticamente comprometidas, las más importantes y recientes de las cuales se resumen en su publicación "Sobre la Constitución de Europa" (2011). En ella entiende a la UE como una "comunidad política de alto nivel", como un "paso decisivo en el camino hacia una sociedad mundial políticamente constituida". Fuente: Wikipedia.


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