sábado, 28 de febrero de 2026

EL ATAQUE DE LOS ARANCELES ZOMBI. ESPECIAL UNO DE HOY SÁBADO, 28/02/2026

 







Un cerebro es algo terrible de haber comido, escribe en Substack (24/02/2026) el premio nobel de economía Paul Krugman. Los funcionarios de la administración Trump, comienza diciendo,  intentan mostrarse valientes ante la dura reprimenda que acaba de emitir la Corte Suprema al dictaminar que la mayoría de los aranceles impuestos desde abril de 2025 (los aranceles de la IEEPA) son ilegales. Trump, que nunca ha aceptado limitaciones a su poder, se apresuró a imponer nuevos aranceles utilizando una cláusula oscura, la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974. Los aranceles de la Sección 122 tienen un límite de 150 días, tras el cual expiran. Por ello, los funcionarios de Trump ahora afirman que encontrarán maneras de reconstruir los aranceles utilizando otras lagunas legales antes de que expiren.

No sé qué tan bien funcionará esta estrategia. Si funciona, estaremos en las garras de aranceles zombi: aranceles que deberían estar extintos, porque se impusieron claramente de forma ilegal, pero que, por alguna razón, siguen a flote.

¿Por qué este intento desesperado de mantener los aranceles altos? Un partidario de MAGA diría que es para preservar lo que esos aranceles ilegales han logrado. Pero incluso antes de su derogación, los aranceles no habían logrado ninguno de sus objetivos declarados. De hecho, los habían alejado aún más de su alcance.

El Día de la Liberación, Trump justificó los aranceles ahora declarados ilegales diciendo al público estadounidense que nuestros déficits comerciales eran prueba de que Estados Unidos estaba regalando dinero a otros países. En su despotricada conferencia de prensa tras la decisión de la Corte Suprema, justificó sus acciones diciendo:

Observen los déficits que teníamos con algunos de estos países. Fue vergonzoso que se salieran con la suya durante muchas, muchas décadas.

Está fundamentalmente equivocado en la economía de los déficits comerciales. Pero incluso dejando eso de lado, los aranceles no están reduciendo esos déficits. De hecho, el déficit comercial de EE. UU. para todo 2025 fue aproximadamente el mismo que en 2024.

Trump aparentemente cree lo contrario. En una publicación reciente en Truth Social, declaró:

EL DÉFICIT COMERCIAL DE ESTADOS UNIDOS SE HA REDUCIDO EN UN 78% DEBIDO A LOS ARANCELES QUE SE APLICAN A OTRAS EMPRESAS Y PAÍSES

¿De qué hablaba? Probablemente de esto: El déficit comercial estadounidense se disparó a principios de 2025, ya que las empresas se apresuraron a importar antes de que entraran en vigor los aranceles de Trump. Luego se desplomó brevemente, ya que las empresas redujeron sus abultados inventarios antes de importar más. Al final, el déficit comercial de 2025 fue aproximadamente igual al de 2024. Por lo tanto, lo que Trump citó fue una cifra engañosa y manipulada que no se corresponde con la realidad.

Trump también afirmó que sus aranceles revitalizarían la industria manufacturera estadounidense. De hecho, el empleo manufacturero ha disminuido desde el Día de la Liberación. Pero en esa conferencia de prensa, Trump afirmó que se avecinan grandes cosas:

Empezarán a ver los resultados dentro de un año, cuando se pongan en marcha todas esas fábricas que están en construcción ahora mismo. Verán, las cifras de construcción son muy buenas.

¿Qué cifras tiene en mente? Los datos más recientes disponibles sobre la construcción manufacturera muestran que está disminuyendo gracias a la cancelación por parte de Trump de los subsidios a la energía verde de Biden.

Finalmente, a Trump le gusta presumir de los inmensos ingresos generados por los aranceles. Y, en efecto, generaron ingresos: los aranceles son impuestos, y los impuestos generan ingresos. Pero no son la fuente de ingresos que Trump afirma. El informe más reciente de la Oficina de Presupuesto del Congreso sobre las perspectivas fiscales , publicado antes del fallo contra los aranceles de la IEEPA, mostró que los ingresos por aranceles aduaneros aumentaron del 0,3 % del PIB antes de Trump 47 al 1,3 % en 2026 y después. Eso representa un aumento neto de alrededor del 1 % del PIB. No es trivial, pero tampoco es enorme.

Los ingresos provenientes de los aranceles de Trump, incluso antes de la Corte, no fueron suficientes para reducir significativamente el déficit. Es más, ni siquiera cubrirían el aumento del déficit causado por la aprobación de la Ley de Recortes Fiscales de Trump. Tampoco serían suficientes para cubrir la propuesta de Trump de un aumento del 50% en el gasto militar, un aumento tan grande que la Casa Blanca aún no ha presentado un presupuesto, dos semanas después de la fecha límite legal, porque el Pentágono no ha podido determinar cómo gastar esa cantidad.  Entonces, ¿cómo exactamente se supone que los aranceles reducirán simultáneamente el déficit y pagarán los cheques de Trump?

En realidad, para cuando se dictó el fallo de la Corte Suprema, la afirmación de Trump de que los aranceles son una solución mágica para todos los problemas no convencía a nadie. Los votantes independientes desaprobaron su política arancelaria por un margen de tres a uno . Por consiguiente, cuando se conoció el fallo de la Corte, algunos demócratas temieron de inmediato que el fallo beneficiara políticamente a Trump, brindándole una vía de escape a una política impopular e ineficaz. Así lo expresó G. Elliott Morris: En mi opinión, al anular los aranceles de Trump, la Corte le permitió dar marcha atrás desafiantemente en una de sus políticas más impopulares; podría simplemente haber culpado al poder judicial y seguir adelante. Pero no lo hizo. ¿Por qué?

Ha quedado claro desde el principio que una de las principales motivaciones de los aranceles fue que empoderaban personalmente a Trump. Le permitieron castigar a gobiernos que no le gustaban, exigir servilismo a otros países como precio a cambio de aranceles más bajos y ofrecer exenciones a empresas que le aportaban dinero. Y quizá Trump no soporta la idea de perder ese poder.

Sin embargo, ya lo ha hecho. El texto de la Sección 122 exige un arancel fijo para todos. Esto significa que las naciones que Trump intentó castigar, como Brasil, que enfrentó altos aranceles por atreverse a juzgar a Jair Bolsonaro por traición, acaban de recibir un gran alivio. Mientras tanto, las naciones que se sometieron a Trump, como el Reino Unido, acaban de descubrir que se humillaron por nada.

En otras palabras, Trump habrá perdido mucho poder incluso si logra evitar una gran reducción de los aranceles promedio. Entonces, ¿por qué persistir? La respuesta obvia es que Trump no se atreve a reconocer la derrota. Su estrategia arancelaria está, desde cualquier punto de vista razonable, muerta, y los aranceles también deberían estarlo. Pero no se quedarán muertos; simplemente siguen avanzando a trompicones.
























AGURRA NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN. GAUR, LARUNBATA, 2026KO OTSAILAREN 28A, EUSKARAZ

 







Kaixo, egun on berriro guztioi, eta larunbat zoriontsua, 2026ko otsailaren 28a. Otsaila amaitzen ari da, bihar martxoan sartuko gara, hiru aste barru, udaberria... Ea guztiok onik ateratzen garen. Gaurko blogeko sarreretara goaz. Lehenengoan, Estefanía Molina politologoak dio klase ertaina ez dela asmakizun faxista bat, baizik eta ezkerrak bere diskurtsoa aldatu duela desberdintasunaren normaltasun berrira egokitzeko, iraganeko idealak berreskuratu beharrean. Bigarrenean, 2017ko otsaileko blogeko sarrera artxibatu batean, Moisés Naím idazleak galdetu zuen ea Donald Trump AEBetako presidenteak nortasun narzisistaren sintomak erakusten ote zituen, eta baietz ondorioztatu zuen. Eguneko poema, hirugarren sarreran, "Denbora aldatzen ari da" izenburua du, eta María Martínez Bautista poeta espainiarrarena da. Eta laugarren eta azken zatia, beti bezala, marrazki bizidun umoretsuak dira. Tamaragua, lagunok. Zoriontsu izan. Bihar arte, Zorte Andereak nahi badu. Musuak. Maite zaituztet. HArendt













ENTRADA NÚM. 9883

DEL FIN DE LA CLASE MEDIA

 








La clase media no es un invento facha, escribe en El País, la politóloga Estefanía Molina, y la izquierda ha virado su discurso para acostumbrarse a la nueva normalidad de la desigualdad, en lugar de recuperar los ideales de antaño. 

Se ha puesto de moda negar que la clase media haya existido alguna vez en España. Algunos dirán que todo es clase obrera; algunos, porque son ciudadanos que dependen de su trabajo, y otros, que es porque no poseen los medios de producción. El sistema tiende a negarle a la gente aquello que ya no puede ofrecerle. La realidad es que si hoy la Constitución de 1978 se ve impugnada por el auge de la ultraderecha es porque —probablemente— los ideales clasemedieros alguna vez existieron en nuestro país de forma más realista que ahora.

A fin de cuentas, la clase media fue condición necesaria para que arraigara la democracia en Occidente. Es la existencia de una capa de individuos, ni muy ricos ni muy pobres, lo que induce a pulsiones moderadas y a la legitimación del sistema. Cuando la gente siente que puede realizar su proyecto de vida quiere que el modelo perdure. Para ello, es fundamental ese componente aspiracional: la sensación de que existen incentivos, de que uno puede ir a más gracias a las herramientas del Estado del bienestar, que es lo que permite a la clase trabajadora trascender su situación de partida. Al contrario, cuando la gente siente que ya no puede llevar una vida digna, empiezan los cuestionamientos: hoy sabemos que un 26% de nuestros jóvenes varones —una generación precaria en vivienda y salarios— no vería problema en tantear opciones autoritarias en algunos casos. La democracia no solo se legitima por sus bondades políticas; también por sus resultados. Muestra de que a partir de los años ochenta se fue consolidando ese paradigma de clase media es que la generación del baby boom, de hecho, es la que tiene la mayor adherencia a la democracia.

El caso es que el auge de la ultraderecha nos habla de un sentimiento de engaño generacional entre los jóvenes actuales. Si en 2011 los indignados del 15-M llenaron plazas pensando que jamás podrían ser propietarios, hoy el drama es no poderse pagar ni una habitación de alquiler en el piso de un tercero. Si entonces la impugnación al sistema vino de Podemos, y había esperanza, hoy es Vox su principal beneficiario desde el nihilismo, a la luz de su auge entre la juventud. El bipartidismo, que no es otra cosa que un modelo de dos partidos de izquierda y derecha tendientes al centro y al constitucionalismo, recibe hoy un fuerte envite, como también entonces.

El problema es que hemos estado anestesiados en la última década como para darnos cuenta de que, mientras el sistema político daba apariencia de haber cambiado —más partidos, más espectáculo— los números muestran otra cara. Según el INE, entre 2008 y 2023 hubo una pérdida de poder adquisitivo de tres puntos en España. Según la OCDE, entre 1994 y 2024, los salarios reales solo crecieron un 2,76%, frente al 30% de media en los países de la OCDE. Según Eurostat, la renta real disponible solo ha crecido un 3,94% en España entre 2008 y 2024, mientras que en la media de la UE fue de un 14,29%.

El drama es que la izquierda ha virado su discurso para acostumbrarse a esa nueva normalidad, en vez de tratar de recuperar los ideales clasemedieros. Podemos popularizó ese componente asistencial que hoy el PSOE replica con triunfalismo, pero sin mayor horizonte que sus socios. Mientras el Gobierno aboga por la subida del salario mínimo para dignificar a muchos trabajadores, el drama es que casi es ya el más frecuente. Ello habla de que nuestra sociedad se ha deslizado económicamente a la baja, pero ningún partido de izquierdas tiene un discurso sobre reflotar aquellos anhelos de la clase media de antaño. Si la socialdemocracia pretendía emancipar a los individuos de sus condicionantes, hoy sabemos que el ascensor social está averiado.

No es de extrañar, pues, el auge de discursos liberales. Soñar con progresar mediante el propio esfuerzo, gracias a los servicios públicos, no es un relato que haya inventado uno de esos streamers huidos a Andorra. Estamos hablando de la que fue la mayor promesa de la socialdemocracia: fabricar individuos autónomos, que trasciendan al origen de su familia, gracias a las oportunidades de lo público. Poco de eso ocurre ahora: el bienestar se lo proveen los padres a sus chavales, como prueba de cómo de desigual y gripado está el sistema que sube —y de la poca justicia social que lo adorna. La gente tenderá a buscar sus ideales donde todavía se los prometan, aunque sean en forma de criptobros u otras derivadas.

En definitiva, la negación del cambio de paradigma solo puede normalizar lo que está pasando. Si entre 1985 y 2005 el PIB per capita crecía un 69% en España, entre 2005 y 2024 lo hizo en un 11%, según el Banco Mundial. Todo ello conduce a una conclusión desesperanzadora: puesto que la clase media fue el mayor antídoto contra los proyectos totalitarios en la Europa de posguerra —y no un invento facha— es de suponer que algo está pasando, a la luz de ciertos giros ideológicos en nuestro país o el continente. Dado que los anhelos de la clase media fueron motor de bienestar y democracia, su debilitamiento no augura pulsiones moderadas, sino lo contrario. Las etiquetas también pueden llegar a definirse solas cuando los efectos son tan clamorosamente reales.


















DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, ¿ESTÁ LOCO TRUMP? PUBLICADO EL 25/02/2017

 







El actual presidente de EE UU exhibe síntomas propios de una personalidad narcisista, comenta en El País (25/02/2017) el escritor Moisés Naím. Llevo años estudiando el poder y a quienes lo tienen o lo han tenido, comienza diciendo. Mi principal conclusión es que, si bien la esencia del poder -la capacidad de hacer que otros hagan o dejen de hacer algo- no ha cambiado, las maneras de obtenerlo, usarlo y perderlo han sufrido profundos cambios. Otra observación es que la

Llevo años estudiando el poder y a quienes lo tienen o lo han tenido. Mi principal conclusión es que, si bien la esencia del poder -la capacidad de hacer que otros hagan o dejen de hacer algo- no ha cambiado, las maneras de obtenerlo, usarlo y perderlo han sufrido profundos cambios. Otra observación es que la personalidad de los poderosos es tan heterogénea como la humanidad misma. Los hay solitarios y gregarios, valientes y cobardes, geniales y mediocres. Sin embargo, a pesar de su diversidad, todos tienen dos rasgos en común: son carismáticos y vanidosos. Según la Real Academia Española, carisma es "la especial capacidad algunas personas para atraer o fascinar".

Los líderes carismáticos inspiran gran devoción e, inevitablemente, los aplausos, la adulación y las loas inflan su vanidad. Es fácil que la vanidad extrema se convierta en un narcisismo que puede ser patológico. De hecho, estoy convencido de que uno de los riesgos profesionales más comunes entre políticos, artistas, deportistas y empresarios exitosos es el narcisismo. En sus formas más moderadas, este narcisismo, el encanto consigo mismo, es irrelevante. Pero, cuando se vuelve más intenso y domina las actuaciones de quienes tienen poder, puede ser muy peligroso. Algunos de los tiranos más sanguinarios de la historia mostraron formas agudas de narcisismo y grandes empresas han fracasado debido a los delirios narcisistas de su dueño, por ejemplo.

La Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos ha desarrollado criterios para diagnosticar el narcisismo patológico. Lo llama “Desorden de Personalidad Narcisista” (DPN) y, según las investigaciones, las personas que lo padecen se caracterizan por su persistente megalomanía, la excesiva necesidad de ser admirados y su falta de empatía. También evidencian una gran arrogancia, sentimientos de superioridad y conductas orientadas a la obtención del poder. Sufren de egos muy frágiles, no toleran las críticas y tienden a despreciar a los demás para así reafirmarse. De acuerdo al manual de la organización de psiquiatras estadounidenses, quienes sufren de DPN tienen todos o la mayoría de estos síntomas:

1) Sentimientos megalómanos, y expectativas de que se reconozca su superioridad. Algunos de los tiranos más sanguinarios de la historia mostraron formas agudas de narcisismo

2)Fijación en fantasías de poder, éxito, inteligencia y atractivo físico.

3)Percepción de ser único(a), superior y formar parte de grupos e instituciones de alto status.

4)Constante necesidad de admiración por parte de los demás.

5)Convicción de tener el derecho de ser tratado(a) de manera especial y con obediencia por los demás.

6)Propensión a explotar a otros y aprovecharse de ellos para obtener beneficios personales.

7)Incapacidad de empatizar con los sentimientos, deseos y necesidades de los demás.

8)Intensa envidia de los demás y convicción de que los demás son igualmente envidiosos respecto a él (ella).

9)Propensión a comportarse de manera pomposa y arrogante

Y ahora hablemos de Donald Trump.No hay duda de que el actual presidente de Estados Unidos exhibe muchos de estos síntomas. ¿Pero lo inhabilita eso para ocupar uno de los cargos de mayor responsabilidad de nuestro planeta? Un grupo de psiquiatras y psicólogos cree que sí. Enviaron una carta a The New York Times en la cual señalan:

“Las palabras y las acciones del señor Trump demuestran una incapacidad para tolerar puntos de vista diferentes a los suyos, lo cual le lleva a reaccionar con rabia. Sus palabras y su conducta sugieren una profunda falta de empatía. Los individuos con estas características distorsionan la realidad para adaptarla a su estado psicológico, descalificando los hechos y a quienes los transmiten (periodistas y científicos). En un líder poderoso, estos ataques tenderán a aumentar, ya que el mito de su propia grandeza parecerá haberse confirmado. Creemos que la grave inestabilidad emocional evidenciada por los discursos y las acciones del señor Trump lo incapacitan para desempeñarse sin peligro como presidente”.

"El antídoto contra una distópica edad oscura trumpiana es político, no psicológico”

Esta carta es, por supuesto, muy controvertida. No solo por la posición que toma con respecto al presidente Trump, sino también porque viola el código de ética de la Asociación Americana de Psiquiatría. El código mantiene que no se puede diagnosticar a nadie –especialmente a una personalidad pública- a distancia. La evaluación en persona es indispensable. Sin embargo, en la carta los firmantes sostienen: “Este silencio ha llevado a que no hayamos podido ofrecer nuestra experiencia a periodistas y miembros del Congreso preocupados por la situación en tan críticos momentos. Tememos que haya demasiado en juego para seguir callando”. Alexandra Rolde, una de las psiquiatras que firmó la carta, le dijo a la periodista Catherine Caruso que su propósito y el de sus colegas no era diagnosticar a Trump, sino enfatizar rasgos de su personalidad que les preocupan.

Rolde no cree que se deba hacer un diagnóstico sin haber examinado al paciente, pero opina que es apropiado hacer ver cómo la salud mental de una persona puede afectar a otros o limitar su capacidad para desempeñarse adecuadamente.

Otros psiquiatras no están de acuerdo: “La mayoría de los aficionados que se han metido a hacer diagnósticos se han equivocado al etiquetar al presidente Trump con un desorden de personalidad narcisista. Yo escribí los criterios que definen este desorden y el señor Trump no encaja en ellos. Él puede ser un narcisista de categoría mundial, pero eso no lo convierte en enfermo mental, ya que no sufre de la angustia y la discapacidad que caracterizan un desorden mental. El señor Trump genera severas angustias en otras personas, pero él no las sufre y, más que penalizado, ha sido ampliamente recompensado por su megalomanía, egocentrismo y falta de empatía”.

Quien esto escribe es el médico psiquiatra Allen Francis, director del grupo de trabajo que elaboró la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Desórdenes Mentales (D.S.M. IV). La sorpresa es que el doctor Francis va más allá de su especialidad. “Los insultos psiquiátricos son una manera equivocada de contrarrestar el ataque del señor Trump a la democracia. Se puede, y se debe, denunciar su ignorancia, incompetencia, impulsividad y afanes dictatoriales. Pero sus motivaciones psicológicas son demasiado obvias como para que tengan algún interés, y analizarlas no detendrá su asalto al poder. El antídoto contra una distópica edad oscura trumpiana es político, no psicológico”.

Una de las conclusiones del doctor Francis es fácil de compartir y otra menos. La fácil de aceptar es que más importante que la salud mental del presidente es la salud política del país. La capacidad de las instituciones para resistir los intentos de Trump de concentrar el poder es la batalla más importante que se libra en Estados Unidos. Sus resultados tendrán consecuencias mundiales. La otra conclusión de Francis es que la estabilidad mental de Donald Trump es irrelevante. No estoy de acuerdo. Trump lleva pocas semanas en la Casa Blanca y su conducta ya es causa de justificada alarma. Los problemas y frustraciones del presidente se van a agudizar. Y eso no es bueno para su salud mental.



















DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, EL TIEMPO ESTÁ CAMBIANDO, DE MARÍA MARTÍNEZ BAUTISTA

 







EL TIEMPO ESTÁ CAMBIANDO



El bien es una estrella o una isla
sin puentes con el mal,
y el camino es amargo
por el mundo dormido.

No va hasta allí la sensación ardiente
de que la vida va a ninguna parte,
ni la nieve grisácea de las viejas costumbres.

Habrá un desfiladero,
un bosque de dudosas decisiones,
tantas bifurcaciones como pasos.

Aléjate de aquello que siega la inocencia,
y de los perezosos barrizales,
y del perno cautivo.
Nunca elijas el mal ni por inercia,
ni por placer, ni por las muchedumbres.
No ignores la virtud si la conoces.

Cuando llegues al borde del abismo,
piensa que la inocencia es el vacío,
el lago sin maldad que lleva al bien,
la destrucción de toda la miseria.
De esta manera aceptarás la muerte.



MARÍA MARTÍNEZ BAUTISTA (1990)

poetisa española


























DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY SÁBADO, 28 DE FEBRERO DE 2026

 




























viernes, 27 de febrero de 2026

BOICOTEAR EL DISCURSO SOBRE EL ESTADO DE LA UNIÓN. ESPECIAL DE HOY VIERNES, 27/02/2026

 







Amigos, escribe en Substack (23/02/2026) el profesor Robert Reich, Trump no merece nuestra atención. No voy a ver el discurso del Estado de la Unión el martes por la noche. Les recomiendo que tampoco lo hagan. Espero que Nielsen (o quienquiera que haga esas estimaciones hoy en día) descubra que muchos menos estadounidenses vieron el discurso del Estado de la Unión de Trump que cualquier otro discurso del Estado de la Unión en la historia reciente. Volverá loco a Trump.

Hay muchas otras razones para no mirar. Primero, no merece nuestra atención. Ha abusado y profanado la presidencia estadounidense, incluso peor que en su primer mandato.

Ha aceptado sobornos abiertamente. Ha usurpado descaradamente los poderes del Congreso. Ha utilizado abiertamente al Departamento de Justicia para castigar a quienes considera sus enemigos e indultar a sus leales. Ha rechazado deliberadamente el estado de derecho, ha incumplido tratados, ha destruido literalmente parte de la Casa Blanca, se ha burlado de nuestros aliados (incluidos nuestros vecinos más cercanos y hasta ahora leales) y ha incumplido por completo su deber constitucional de velar por el fiel cumplimiento de las leyes. Miente como la mayoría de la gente. Es un fraude y un traidor.

En segundo lugar, ya sabemos lo que va a decir porque ya ha repetido sus mentiras una y otra vez en cada oportunidad. Dice que la economía está en plena forma, que ha resuelto seis guerras, que ha traído la paz a Oriente Medio, que ha hecho que Estados Unidos sea más seguro y protegido, que le robaron las elecciones de 2020, hasta la saciedad.

Él asume que si repite estas mentiras con suficiente frecuencia, la gente las creerá. ¿Por qué deberíamos darle más audiencia para sus mentiras?

En tercer lugar, se niega a ser presidente de Estados Unidos, sino sólo del pueblo que votó por él en 2024. Habla con elogios de “mi” pueblo mientras denigra a “ellos”: aquellos de nosotros que no votamos por él, que todavía lo desaprobamos o que nos negamos a darle todo lo que quiere.

Ni siquiera financiará a los llamados estados demócratas. En lo que va de año, ha recortado más de 1.500 millones de dólares en subvenciones para estos estados, contrariamente a la voluntad del Congreso. Si él no cree que es mi presidente, ¿por qué debería tratarlo como mi presidente y ver su discurso sobre el Estado de la Unión?

En cuarto y último lugar, ya conozco el verdadero estado del sindicato. Es una mierda. La economía ha sido buena para las grandes empresas y los estadounidenses ricos, pero pésima para las pequeñas empresas y el estadounidense promedio trabajador.

Aunque Trump prometió repetidamente que sus aranceles reducirían las importaciones estadounidenses, disminuirían el déficit comercial y propiciarían una reactivación de la industria manufacturera estadounidense, ha ocurrido lo contrario. El déficit comercial anual de bienes alcanzó un máximo histórico el año pasado . Y los fabricantes estadounidenses eliminaron 108.000 empleos.

En las elecciones de 2024, Trump también prometió bajar los precios, pero la inflación sigue avanzando a pasos agigantados. Los precios crecieron a una tasa anual del 3 % en diciembre. Está tan desconectado de lo que la mayoría de los estadounidenses padecen que califica la crisis de asequibilidad de "noticias falsas".

Prometió controlar la inmigración, pero 6 de cada 10 estadounidenses piensan que ha ido “demasiado lejos” al enviar agentes federales a ciudades estadounidenses que han causado caos y asesinatos.

Prometió evitar enredos extranjeros, pero secuestró al presidente de Venezuela, mató a más de 150 venezolanos y ahora planea atacar a Irán.

Su amenaza al Medio Oriente ha creado otro riesgo inflacionario: la posibilidad de que se interrumpa una ruta clave de exportación de petróleo ha hecho que el precio del crudo Brent se dispare.

Por todas estas razones, no voy a ver el discurso del Estado de la Unión de Trump. Les recomiendo que tampoco lo hagan.

Sus senadores y representantes en el Congreso también deberían boicotearlo. Podrían llamar a sus oficinas para sugerirlo. (Algunos demócratas ya planean no asistir, optando en su lugar por un evento de contraprogramación en el National Mall llamado "El Estado de la Unión del Pueblo". ¡Genial!)

¿Y por qué carajos deberían aparecer los jueces de la Corte Suprema, especialmente después de que dice que está "avergonzado" de los seis que decidieron que sus aranceles excedían su autoridad, llamando a los tres designados demócratas una "vergüenza para nuestra nación" y a los tres conservadores que votaron en su contra "tontos y perros falderos de los RINO y los demócratas radicales de izquierda", "muy antipatriotas y desleales a nuestra Constitución", "influenciados por intereses extranjeros" y "una vergüenza para sus familias"? Boicotear el Discurso del Estado de la Unión. Es lo mínimo que podemos hacer.

PD: En un tema no menos relacionado, el viernes les pedí a muchos de ustedes su consejo sobre si debía aceptar una invitación a cenar, sabiendo que “Jim”, un fuerte partidario de Trump, estaría allí. El 31 por ciento de ustedes pensó que debía ir pero no hablar de Trump, mientras que el 29 por ciento me recomendó que enviara disculpas.

Bueno, acepté la invitación y fui a la cena anoche. Fue un desastre. Intenté no hablar de Trump, pero Jim me incitó. Gané la discusión, pero quedé en ridículo. Debería haber escuchado a quienes me aconsejaron no ir.
























SAÚDOS NAS LINGUAS DA MIÑA TERRA. HOXE, VENRES, 27 DE FEBREIRO, EN GALEGO

 







Ola, bos días de novo a todos e a todos, e feliz venres 27 de febreiro de 2027. Hoxe estamos a piques de rematar a semana e de rematar o mes. E pasadomañá, en marzo, estamos a só 21 días da primavera. O tempo voa… Tempus fugit, como dicían os clásicos. Imos ás entradas do blog de hoxe. A primeira, do historiador Timothy Garton Ash, pregúntase: Que debería vir despois do liberalismo? E a resposta non podería ser máis clara: un mellor liberalismo. Na segunda, unha entrada do blog arquivada de abril de 2017, o profesor Félix Ovejero dixo que queixarse ​​da mala calidade das nosas democracias liberais se convertera nunha especie de deporte nacional, pero que nin a clase política nin a cidadanía común ofrecían solucións realistas. O poema de hoxe, na terceira sección, titúlase "A Xeración Atopada", e é do poeta español Daniel Ramírez. E a cuarta e última sección, coma sempre, son as viñetas humorísticas. Tamaragua, amigos meus. Sede felices. Ata mañá, se a sorte quere. Bicos. Quérovos. HArendt













ENTRADA NÚM. 9877