jueves, 29 de enero de 2026

DEL POEMA DE CADA DÍA. HOY, EL ANUNCIO DE LA NUEVA ECONOMÍA, DE JUAN ANTONIO BERNIER

 








EL ANUNCIO DE LA NUEVA ECONOMÍA




En las distintas formas


de vida que orientaban


sus yemas hacia el sol,


podía vislumbrarse la belleza


de un mundo sin nosotros.


 


Las formas nos miraban desatentas,


sin apasionamiento,


centradas en su curso


de aves o de nubes.


 


Era el tiempo y la hora,


floración inminente.


 


Todo


nos remitía


 


al deseo de antes.




JUAN ANTONIO BERNIER (1976)

poeta español













ENTRADA NÚM. 9783

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY JUEVES, 29 DE JUNIO DE 2026

 




























ENTRADA NÚM. 9782

miércoles, 28 de enero de 2026

SALUTACIONS A LES LLENGÜES DE LA MEVA PÀTRIA. AVUI DIMECRES, 28 DE GENER, AL CATALÀ

 








Hola, bon dia de nou a tots i feliç dimecres, 28 de gener de 2026. El temps vola i ja gairebé som a l'equador de l'última setmana del primer mes de l'any de gràcia de 2026. Espero que els resultin interessants les entrades del bloc d'avui. La primera està escrita per la filòloga Lola Pons i va de la polèmica suscitada per l'acadèmic de la RAE i escriptor, Arturo Pérez Reverte, sobre que l'Acadèmia mai no hauria de donar normes en calent, sinó treballar amb dades, perspectiva històrica i prudència. L'arxiu del bloc d'avui, a la segona, escrit pel filòsof Jorge Urdanoz el gener de l'any passat, anava de la, a parer seu, veritable història del procés de legalització del Partit comunista espanyol durant el període de la Transició a la democràcia, que no va ser com ens els van explicar. El poema del dia, a la tercera, és el Sonet II de la famosa poetessa Maria Teresa León. I la quarta i última, les vinyetes d?humor dels dies. Sigueu feliços, si us plau, fins i tot contra tot pronòstic. Ens veiem demà si la deessa Fortuna ho permet. Tamaragua, amics meus. Petons. Els vull. HArendt













ENTRADA NÚM. 9781

DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y EL CONTROL DE LA LENGUA

 








Resulta más necesaria que nunca una Academia que no dé normas en caliente, sino que trabaje con datos, perspectiva histórica y prudencia, escribe en El País (24/01/2026) la filóloga Lola Pons. Tiene razón Arturo Pérez-Reverte, comienza diciendo Pons, en lo que dijo en su tribuna hace unos días: “La Academia se repliega ahora hacia posiciones más descriptivas que normativas”. Pero esto, que preocupa al escritor y académico y que ha motivado la escritura de su texto, es, en mi opinión, el único principio científico defendible si se quiere tener una Real Academia Española (RAE) a la altura de sus capacidades. En las líneas que siguen hablo como filóloga sobre el sentido que creo debe tener hoy el principio de “limpia, fija y da esplendor”.

En todo lo que tiene que ver con la lengua, es imposible anticiparse a los hablantes. Y eso lo declara el propio lema: se limpia o se fija lo que ya se ha dicho y escrito. La cuestión que se debate es qué principio usar para la limpieza, si el uso de un conjunto de hablantes o el avalado por un autor prestigioso. La RAE construyó a partir del siglo XVIII sus diccionarios con las autoridades que tuvo a su disposición. Hoy las obras académicas se construyen sobre materiales más amplios, estudiados por una disciplina nacida después de la Academia: la Filología. Esta nos ha permitido conocer la diversidad interna del español y lo importante que es el estándar como marco de referencia, pero también nos ha mostrado que los juicios prescriptivos tajantes que antaño podían formularse sin demasiado rubor hoy ya no tienen sentido.

Un fenómeno como el dequeísmo ilustra bien hasta qué punto la corrección es una noción poco categórica geográficamente: censurado en España, resulta, en cambio, frecuente en amplias zonas del habla culta americana. En la pronunciación ocurre algo similar con la caída de la —d— en los participios en —ado, que es hoy audible sin escándalo en cualquier tribuna pública española, pero se percibe aún como vulgar por muchos hablantes americanos.

¿Debe la Academia reflejar los usos o dirigirlos?, ¿debe legitimar las modas o resistirse a ellas? Responder a estas preguntas supone asumir una eficacia del poder académico sobre la lengua que no ha tenido ni podrá tener nunca. Pensemos en lo que ocurre con el léxico, especialmente elusivo al control, una palabra que elijo a sabiendas: control, hoy voz del español general, se calificó durante décadas como galicismo sustituible por comprobación o registro; no se normalizó en los diccionarios de la RAE hasta 1970.

Pese a ello, es engañoso que sostengamos la simplificación de que la lengua es de los hablantes y que ellos mandan. Como afirma Pérez-Reverte, la lengua se establece de abajo arriba y es enriquecida de arriba abajo. Esta es una doble dirección constante históricamente, pero el arriba de hoy no es el de ayer. Si decimos estando así las cosas es porque tradujimos la expresión sic stantibus rebus de los escritos notariales en latín; si decimos talante es porque Cervantes decidió ponerlo en boca de don Quijote y con la canonización de su obra se canonizó su lengua. Pero desde el XIX ese arriba empieza ser otro: la prensa y la novela exitosa difunden usos al mismo tiempo que las canciones o las películas.

Precisamente por eso es más necesaria que nunca una RAE que no dé normas en caliente ni se deje arrastrar por el pánico, sino que trabaje con datos, perspectiva histórica y prudencia. Porque, en efecto, los hablantes otorgan o quitan el prestigio a rasgos a partir de convenciones basadas en argumentos socioeconómicos, y no en razones lingüísticas. Pero esos mismos hablantes también buscan modelos firmes de corrección sobre el estándar de su tiempo. Y en la construcción de ese estándar para el español, la Academia tiene un papel activo ante el que no parece haberse encogido de hombros: asistí al Congreso Internacional de la Lengua celebrado en Arequipa y creo que la sesión más contundente desde el punto de vista científico fue la presentación de obras recientes de las academias americanas y española: Gramática y Ortografía renovadas, actualización del Panhispánico de dudas, clásicos en ediciones de bolsillo, un nuevo corpus y, lo que me resultó especialmente emocionante, por fin el nuevo Diccionario histórico. Esta enorme aportación científica cae sobre una sociedad alfabetizada a la que debemos recordar que si hoy se redacta peor no es como consecuencia de una RAE indulgente sino porque leemos pocos textos elaborados.

Cierto es que el prestigio social y educativo de la Academia no es unánime y que en los últimos años hemos vivido la impugnación de su rumbo institucional. Pérez-Reverte, de hecho, reclama una mayor visibilidad pública de la RAE en las intervenciones políticas sobre la lengua. Desconozco si tal reclamación responde a cuestiones internas que se me escapan, pero convendría recordar que en los últimos años la Academia no ha permanecido muda. En 2022, ante la mal concebida reforma de la Selectividad impulsada por el Ministerio de Educación, la RAE emitió una nota en la que advertía de las consecuencias nocivas que ese modelo de examen tendría para la enseñanza de la lengua. Su intervención, poco estruendosa, contribuyó a frenar un nuevo empobrecimiento del Bachillerato.

En un clima reciente de sospecha generalizada hacia cualquier institución normativa, las academias son caricaturizadas como cenáculos de mayoría masculina donde un conjunto de señores, ajenos a la vida real de la lengua, dicta desde arriba cómo deben hablar millones de personas. El resultado es que defender a la RAE se ha convertido paradójicamente en un gesto de resistencia contracultural. Pero estoy segura de que, en esa defensa, los escritores y los filólogos, ambos grupos conscientes de esa maravilla incontrolable que es la lengua, no estamos en facciones distintas.














ENTRADA NÚM. 9780

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, HISTORIAS DE LA TRANSICION: LA LEGALIZACIÓN DEL PCE. PUBLICADO EL 04/01/2025










La legalización del Partido Comunista no sucedió como comunmente se ha aceptado, escribe en En El País [La Transición y sus relatos, 28/01/2025] el filósofo Jorge Urdanoz. La reciente serie de RTVE Las abogadas recoge en su capítulo cinco la Matanza de Atocha y la reacción del PCE a la misma. Una reacción que fue, como es sabido, modélica. El cortejo fúnebre por las calles de Madrid se convirtió en la mayor manifestación popular de la oposición democrática hasta la fecha. Los propios militantes del partido se ocuparon de la seguridad de la marcha, abogando, en el epicentro de un abrumador dolor colectivo, por evitar la violencia e impidiendo que la rabia se desbordara. Cinco inocentes asesinados a sangre fría por un comando ultraderechista, y no se rompió ni un cristal. Puños en alto, dientes apretados y lágrimas contenidas al paso de los ataúdes, eso fue todo. Las imágenes de aquella muestra de entereza y dignidad todavía estremecen.

Según el relato al uso, Suárez, convencido gracias a aquello de que los comunistas merecían ser legales, se jugó el todo por el todo y concertó una entrevista secreta con Santiago Carrillo. Se vieron en un chalé de Pozuelo y hablaron durante seis horas. Compartieron cigarrillos, café y whisky. Congeniaron. Suárez se comprometió a legalizar al PCE. Carrillo, a cambio, aceptó la monarquía, la bandera rojigualda y la unidad nacional. La decisión, en lo que fue uno de los momentos más críticos de la Transición, se hizo pública el Sábado Santo. El ejército y cierta derecha estuvieron a punto de romper la baraja, pero no lo hicieron.

Hay dos grandes problemas con este relato, y ambos tienen que ver con la noción de “mito”. El primer problema afecta a la verdad histórica. Toda historia —incluidos sus sucedáneos: la fábula, el cuento, la noticia, etc.— incluye hechos en su interior. Los hechos de nuestro relato son indiscutiblemente ciertos: el atentado, la manifestación, la reunión secreta, los cigarrillos… todo es verdad.

Pero los meros hechos desnudos, sin nada que los explique, carecen de sentido alguno. Porque toda historia, para serlo, ha de incluir una narrativa que los unifique, que los engarce en un todo del que beban su significado. En el caso de nuestro relato, esa narrativa la conforman las intenciones. Son ellas las que le otorgan un sentido moral o, si queremos, político. ¿Por qué Suárez legaliza? Según nos han contado, porque la respuesta de los comunistas a la masacre le conmueve, y porque, en sus propias palabras, él es “demócrata, sinceramente demócrata”, y quiere que todos los españoles se vean representados en el parlamento, sin excepción.

Esa lectura ya no es un hecho, es una interpretación, una hipótesis sobre los motivos de alguien. Y ahora sabemos que un testigo de excepción —Wells Stabler, el embajador de Estados Unidos en España durante aquellos años— la desmiente. Stabler enviaba diariamente a su Ministro de Exteriores —Kissinger, nada menos— cables con valiosísima información sobre los actores políticos españoles y sus intenciones. Desclasificados más de cuarenta años después, esos cables son como una grabación desenterrada en el tiempo. Ofrecen un conocimiento no contaminado por la creación posterior de un determinado sentido que explique los acontecimientos. No solo el episodio de la legalización del PCE, sino todos esos hechos, miles y miles, que conocemos como “la Transición”. Por eso son tan importantes.

La Matanza de Atocha, de acuerdo a esos cables, apenas influyó. De hecho, una semana antes de los asesinatos Suárez habla con el embajador, y le dice que él prefiere sin duda que el PCE sea legal. Y Stabler no solo no pone problema alguno, sino que le aconseja que legalice cuanto antes.

¿Por qué, según este otro relato, legaliza Suárez? Legaliza porque hay una crisis económica y, si quiere un acuerdo con Comisiones Obreras, será imposible con los comunistas en la clandestinidad. Legaliza porque sabe que el PCE no alcanzará ni el 10% de los votos. Legaliza porque así divide a la izquierda. Legaliza porque esa decisión le centra en el tablero político y por tanto le beneficia electoralmente. Legaliza, en definitiva, porque no es un santo, sino un político, y uno especialmente audaz.

¿Qué relato es más verídico? La información de los cables acaba de salir a la luz, así que ahora es sin duda el turno de los historiadores, a los que desde luego animo a lanzarse sobre ellos. Pero también la filosofía política tiene aquí algo que decir, porque el segundo problema que enfrentan los mitos tiene que ver con algo previo y en cierta manera más importante que la verdad: la confianza. Todo mito requiere una confianza casi ciega en quien lo transmite. Y hay mucho de mito en ese segundo sentido en este episodio de la legalización del PCE y en la manera en que se nos ha contado.

Porque según nos han contado, y nosotros hemos creído, la negociación entre Suárez y Carrillo fue democrática. Los propios términos de la misma, sin embargo, lo desmienten. Suárez permite entrar a los comunistas solo si aceptan una bandera determinada y un determinado modelo de Estado. La democracia, sin embargo, consiste exactamente en lo contrario: convivir con el que piensa diferente y permitirle pensar diferente mientras eso no vulnere los derechos de nadie. ¿Por qué no lo vemos? Es una magnífica pregunta.













ENTRADA NÚM. 9779

DEL POEMA DE CADA DIA. HOY, SONETO II, DE MARÍA TERESA LEÓN

 







SONETO II





   Los años han pasado y otros más pasarán


desde la hora sagrada en que nos encontramos.


Yo pienso sin cesar en cuánto nos quisimos,


maravilla de ojos grandes y manos frescas.


   ¡Oh, regresa de nuevo! Inspírame palabras,


que otra vez tu mirada descienda sobre mí,


que bajo su reflejo me devuelva la vida


y arranques nuevos cantos de mi lira otra vez.


   Tú ni siquiera sabes que tu sola presencia


mi corazón confuso profundamente calma,


como la silenciosa aparición de un astro.


   Y cuando yo te veo riente como un niño,


en mí se extingue entonces el dolor de vivir,


mi pupila se incendia y se alegra mi alma.





MARÍA TERESA LEÓN (1903-1988)

poetisa española


























ENTRADA NÚM. 9778

DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DEL BLOG DE HOY MIÉRCOLES, 28 DE ENERO DE 2026

 





























ENTRADA NÚM. 9777

martes, 27 de enero de 2026

AGURRA NIRE HERRIALDEKO HIZKUNTZETAN. GAUR, ASTEARTEA, URTARRILAREN 27A, EUSKARAZ

 






Kaixo, egun on berriro guztioi, eta astearte zoriontsua. Urtarrileko hilabete tamalgarri honen azken asteko bigarren eguna, espainiarroi atsekabe eta hotzez jota utzi gaituena. Gaurko blogeko sarrerak ikus ditzagun. Lehenengoa Joaquín Estefanía kazetariak idatzi du, eta dio desberdintasuna, azken finean, erabaki politikoa dela, mundu ordena berrian, ez baita indartsuenak bakarrik agintzen, aberatsenak ere bai. Bigarrena 2018ko otsaileko blog sarrera bat da, Elvira Lindok idatzia, liburu baten inguruan eztabaidatu zuena: *Laëtitia edo Gizonen Amaiera* (Anagrama, Bartzelona, ​​2017), krimen ez-fikziozko lan garrantzitsua eta 2011n Frantzian 18 urteko neska baten hilketa eta desmembramendua kontatzen duen kontakizun lazgarria. Eguneko poemaren, hirugarrenaren, "Idolatra Ereserkia" izenburua du eta Halina Poswiatowska poeta poloniarrak idatzi du. Eta laugarren eta azken sarrera, beti bezala, gaurko marrazki bizidun umoretsua da. Mesedez, izan zaitezte zoriontsuak, atzerapauso guztiak gorabehera, eta Zorteak bedeinka zaitzatela. Tamaragua, lagunok. Musuak. Maite zaituztet. Harendt












ENTRADA NÚM. 9776

DE LA DESIGUALDAD COMO INSTANCIA POLÍTICA

 







Anatomía de un asesinato: la desigualdad es, en última instancia, una decisión política, pues en el nuevo orden mundial ya no solo manda el más fuerte, sino también el más rico, escribe en El País (25/01/2026) , el periodista y exdirector de dicho periódico, Joaquin Estefanía. La utilización del poder económico como poder político ya no es invisible; se expresa continuamente y con total impunidad. Ello conduce al mundo hacia un nuevo orden en el que no sólo manda el más fuerte, sino también el más rico. Esta reflexión forma parte de modo implícito de la intervención de Mark Carney, primer ministro de Canadá, en el Foro de Davos, que ha causado sensación por su voluntad de resistencia. El planeta está en medio de una ruptura, no de una transición.

Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben. Como todos los años, hay en el Foro Económico Mundial un Davos alternativo que discute más allá de los imperialismos (zonas de influencia), la inteligencia artificial, la regulación, la inmigración, la globalización truncada u otros temas de moda. Es el Davos que actualiza los datos y las características sobre las desigualdades que asolan el mundo. La desigualdad es, en última instancia, una decisión política. Ya hace tiempo que Joseph Stiglitz explicó la triple decepción que está logrando que la polarización económica llegue a ser decepción política y social. Uno, los mercados no funcionan porque son ineficaces y opacos; quizá el mejor ejemplo de ello sea ahora el mercado de la vivienda. Dos, el sistema político no corrige los fallos de ese mercado; es impotente y solucionarlos es su principal función, aquello que lo justifica. Y tres, tanto el sistema económico (la economía de mercado) como el sistema político (la democracia) sufren de una desafección creciente. Son a la vez verdugos y víctimas. La pobreza genera hambre, pero la desafección provoca ira.

Esa desafección conlleva una nueva configuración de las clases sociales y cómo éstas determinan y a la vez son definidas por aspectos como el sistema educativo, la sanidad, la identidad de cada individuo, el género y, por supuesto, la política, incluidos los patrones de voto de la población trabajadora, que, en muchos casos, están pasando de la izquierda a la extrema derecha (leer el libro Regreso a Reims, del sociólogo francés Didier Eribon, Libros del Zorzal y Taurus).

La oenegé Oxfam Intermón ha presentado un año más en Davos su estudio actualizado de la desigualdad. Este año se titula Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios. Parecía una forma directa de recibir a Donald Trump, que llegaba con el poder y la chequera bajo el brazo, en el Air Force One. Los datos son tan determinantes como las conclusiones. Citamos unos pocos para no abrumar y que no se olviden inmediatamente:

Los milmillonarios tienen 4.000 veces más probabilidades que la gente corriente de ocupar un cargo público. En 2025 el número de milmillonarios se sitúa por encima de las 3.000 personas (mucho menos que aquel 1% frente al 99%).

Según la Encuesta Mundial de Valores (hecha en 66 países), casi la mitad de la población percibe que los individuos más ricos suelen “comprar” las elecciones de su nación.

Estas tendencias se han acentuado en el año en que Trump ha estado en la Casa Blanca: se han reducido los impuestos a los superricos y se les aplican gravámenes más bajos que a ningún otro grupo social (Stiglitz llama a esto la “anatomía de un asesinato”, el de las clases medias a las que se les ha detenido el ascensor social); se han bloqueado los pequeños avances en la fiscalidad internacional para grandes corporaciones; se han limitado los intentos de frenar el poder de los monopolios; se ha impulsado en las Bolsas de valores los sectores como el de la inteligencia artificial, cuyos beneficios han ido a parar casi en exclusiva a las grandes fortunas; etcétera.

Todo ello implica no solo un enorme poder económico, sino también un creciente poder político que permite a las élites involucradas (la plutocracia) moldear las normas que rigen la economía y la sociedad en su propio beneficio, y en detrimento de los derechos y libertades del conjunto de la ciudadanía. Sí, en efecto, la desigualdad es, en última instancia, una decisión política.














ENTRADA NÚM. 9775

DEL ARCHIVO DEL BLOG. HOY, LAËTITIA O EL FIN DE LOS HOMBRES. PUBLICADO EL 04/02/2018

 









Laëtitia o el fin de los hombres, (Anagrama, Barcelona, 2017) comenta la escritora Elvira Lindo en El País, es obra fundamental de la no ficción criminal y es la desgarradora crónica del asesinato y descuartizamiento de una chica de 18 años ocurrido en Francia en 2011. Una lectura imprescindible, añade Lindo.

Hay libros que merecerían ser recomendados con fervor para que el lector atento no se los perdiera, comienza diciendo. Eso es lo que debería ocurrirle a Laëtitia o el fin de los hombres, la desgarradora crónica del asesinato y posterior descuartizamiento de una chica de 18 años que tuvo lugar en Nantes en 2011, escrita por el historiador y sociólogo Ivan Jablonka.

Laëtitia se publicó en octubre pasado en España, pero a mi juicio no se insistió en el hecho de que se ha convertido ya con toda justicia en una de las obras fundamentales de la no ficción criminal. Se la compara con A sangre fría, de Capote. Error: Capote se permitió algunas fantasías que transforman su historia en una novela porque no cumplen con el sagrado compromiso de la veracidad. También se nombra insistentemente El adversario, de Emmanuel Carrère, pero las preocupaciones sociales de Jablonka convierten este trabajo exhaustivo sobre una víctima en algo más que la narración de unos hechos. Este profesor de Historia de la Universidad París XIII obedece a la fidelidad a los hechos de los historiadores y a la atención al entorno vital de la Sociología; su propósito es guiarnos por los territorios poco transitados de los que han sido excluidos del bienestar desde el mismo momento de su llegada al mundo. No es por tanto una obra de ficción, por más que aquellos que pretendan alabarla digan eso de “se lee como una novela” (como si las novelas hubieran de ser por fuerza más inspiradoras), y lo que nos atrae de sus páginas es el puro brillo de la verdad y su consecuente denuncia política. Nos cuenta y al mismo tiempo nos interroga, apela al sentido real de la justicia de los que nos tenemos por justos. Pero tiene algo que le diferencia del trabajo al uso del historiador: Jablonka no pretende ser objetivo, ni frío, ni distante. Él, profesor, cultivado, cosmopolita, parisiense, editor, padre de dos hijas que duermen felizmente cada noche, ama a la niña descuartizada. A lo largo del libro la abraza con sus palabras, la convierte en heroína y casi estoy por afirmar que esa reverencia por Laëtitia Perrais es la verdadera esencia de este elaboradísimo trabajo.

Tal vez fuera el tratamiento que algunos medios televisivos dieron al asesinato de Diana Quer lo que me hizo acercarme a este libro que no me había planteado leer. Si Patrick Modiano ha escrito: “Desvelar ese misterio y esa fosforescencia que se hallan en el fondo de toda persona es cometido del poeta y del novelista, también del pintor”, nuestro autor agrega el oficio del historiador-sociólogo. De esta manera, Jablonka, empecinado en que la historia de Laëtitia no quede en el olvido reconstruye su vida: dos gemelas, Laëtitia y Jessica Perrais, nacen en el seno de una familia pobre, de padre violento y madre enajenada. Son incapaces de hacerse cargo de ellas. Su futuro queda en manos de los servicios sociales. Viven durante un tiempo en un colegio y luego pasan a un hogar de acogida. Visitan a sus padres biológicos los fines de semana.

El autor se pregunta cuánto del destino está escrito si es así la casilla de salida, y de qué tamaño ha de ser el esfuerzo de una criatura para que pueda eludir un destino fatal. Han sido bebés muertas de miedo, niñas aterrorizadas, adolescentes acostumbradas a que los hombres no traten bien a las mujeres. Pero sobreviven, y ordenan sus vidas en la familia de acogida siendo supervisadas por un padre en exceso controlador, que por un lado les da cobijo y por otro les resta libertad. Aprenden a ser camareras y limpiadoras, que es a lo máximo a lo que pueden aspirar niñas que parten desde abajo: a servir a quienes empiezan desde arriba. El autor describe con ternura las canciones que les gustan, la ropa, sus entradas en Facebook, los selfies, todo ese lenguaje que construye su universo juvenil. Laëtitia coquetea con colegas del hotel en el que ha empezado a trabajar, pero un día fatal se cruza con un indeseable, un tipo violento, de infancia también oscura, que sus treinta y pocos años ya ha estado 13 veces en la cárcel, y se deja llevar por él. Cuando trata de dar marcha atrás ya es demasiado tarde. Este suceso provocó una abrumadora atención mediática, también una huelga de los trabajadores de la justicia cuando Sarkozy, aprovechándose de la niña muerta, los señaló como culpables y promovió el endurecimiento de penas. Algo inaudito en Francia: la República socavada desde dentro la República. Sarkozy tomando el micrófono para postularse como el padre que ha de librar a los franceses de los monstruos. Es el presidente quien resulta peor parado de esta historia. Él y el padre de acogida, que también se encendió ante la prensa exigiendo cadena perpetua para los delincuentes sexuales. Poco tiempo habría de pasar para que se supiera que este individuo que vivía del Estado encargado de dar cobijo a niñas desamparadas se había cobrado un extra abusando sexualmente de ellas.

Hay demasiada mitología sobre los asesinos, pero el autor reclama un principio de justicia en el que nos hemos de ver aludidos: “Que nuestra fascinación y nuestra ternura vayan a los inocentes”. Así sea. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: vámonos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt














ENTRADA NÚM. 9774