sábado, 12 de julio de 2025

EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, UNA ESPAÑA JOVEN, DE ANTONIO MACHADO

 







UNA ESPAÑA JOVEN




... Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda, 
la malherida España, de Carnaval vestida
nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda, 
para que no acertara la mano con la herida. 

Fue ayer; éramos casi adolescentes; era
con tiempo malo, encinta de lúgubres presagios, 
cuando montar quisimos en pelo una quimera, 
mientras la mar dormía ahíta de naufragios. 

Dejamos en el puerto la sórdida galera, 
y en una nave de oro nos plugo navegar
hacia los altos mares, sin aguardar ribera, 
lanzando velas y anclas y gobernalle al mar. 

Ya entonces, por el fondo de nuestro sueño—herencia
de un siglo que vencido sin gloria se alejaba—
un alba entrar quería; con nuestra turbulencia
la luz de las divinas ideas batallaba. 

Mas cada cual el rumbo siguió de su locura; 
agilitó su brazo, acreditó su brío; 
dejò como un espejo bruñida su armadura
y dijo: «El hoy es malo, pero el mañana... es mío.» 

Y es hoy aquel mañana de ayer... Y España toda, 
con sucios oropeles de Carnaval vestida
aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda; 
mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida. 

Tú, juventud más joven, si de más alta cumbre
la voluntad te llega, irás a tu aventura
despierta y transparente a la divina lumbre: 
como el diamante clara, como el diamante pura. 




ANTONIO MACHADO (1875-1939)
poeta español















DE LAS VIÑETAS DE HUMOR DE HOY SABADO, 12 DE JULIO DE 2025

 


































viernes, 11 de julio de 2025

DE LAS ENTRADAS DEL BLOG DE HOY VIERNES, 11 DE JULIO DE 2025

 





Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 11 de julio de 2025. La insistencia en la necesidad del debate de ideas no es intelectualismo nostálgico, nos va la vida en ello, afirma en la primera de las entradas del blog de hoy el filósofo Manuel Cruz. En la segunda, un archivo del blog de julio de 2020, la escritora y crítica literaria Care Santos. escribía que la tenía en vilo la historia de Jeffrey Epstein y lo que pueda explicar sobre ella Ghislaine Maxwell. El poema del día, en la tercera, se titula España, está escrito por el poeta José García Nieto, y comienza así: Esto que ves, que tienes, que te entrego, hijo mío, es España./Digo y escribo, y puede más su nombre que la mano y la voz./Es como un agua que desborda este vaso de mi verso donde quiero encerrarla./Bebe, hijo mío, bebe; el trago es tuyo, tuya es la herencia, tuya la privanza. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean  felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt










DE LA NECESIDAD DEL DEBATE DE IDEAS

 







La insistencia en la necesidad del debate de ideas no es intelectualismo nostálgico, nos va la vida en ello, afirma en El País [Nuestra mente está en guerra, 07/07/2025] el filósofo Manuel Cruz. Están lejos de resultar evidentes las causas por las que unos determinados sucesos, protagonizados por destacados actores de nuestra vida pública, pasan al olvido y otros, en cambio, permanecen, como grabados a fuego, en la memoria colectiva, comienza diciendo Cruz. Así, en su momento trascendió a los medios de comunicación la información según la cual había sido la mujer de Jordi Pujol, la ya fallecida Marta Ferrusola, la que convenció a su marido acerca de la conveniencia de reconocer en una carta abierta, en julio de 2014, que había tenido oculto en el exterior dinero presuntamente procedente de una herencia. Según se publicó por aquellas fechas, el argumento definitivo manejado por la esposa para que el expresident diera dicho paso fue que “esto después del verano ya se ha olvidado”, pero a la vista está que el recuerdo del episodio no ha dejado de acompañar ni por un instante al viejo político. Probablemente, por poner un ejemplo con protagonistas del otro lado del arco parlamentario, Pablo Iglesias e Irene Montero confiaban en parecido olvido cuando decidieron la compra de una vivienda cuyo importe y características parecían entrar en abierto conflicto no solo con los mensajes políticos que hasta entonces habían estado lanzando, sino incluso con la imagen de sí mismos que parecían empeñados en dar. También en su caso el recuerdo de aquella decisión los ha acompañado como su sombra, hasta el punto de que el solo nombre de Galapagar ya evoca la más profunda de las contradicciones políticas y personales.

Empezábamos diciendo que no resulta fácil determinar las causas que provocan que, finalmente, permanezcan en la memoria colectiva determinados episodios en lugar de otros —en muchos casos, reconozcámoslo, de igual o incluso de mayor gravedad—. La dificultad probablemente proceda de que se tiende a poner el foco de la atención sobre el lugar equivocado, esto es, sobre los hechos mismos, como si ellos llevaran inscritos en su frente la importancia que les debemos atribuir. Pero si así fuera no se explicarían determinadas reacciones, absolutamente al orden del día, como la de que las mismas personas valoran de muy diferente manera comportamientos idénticos en función de quien los haya protagonizado. Lo comprobamos a diario: exactamente idéntico tipo de suceso —en las últimas semanas el ejemplo casi ineludible sería el de la corrupción— puede llevar a muchos tanto a rasgarse las vestiduras como a la más comprensiva de las benevolencias. Pues bien, es en la razón profunda de este tipo de reacciones donde se ubica la clave para entender por qué unos episodios permanecen, casi inalterables, en la memoria colectiva en tanto que otros se pierden, río abajo, hacia el inabarcable océano del olvido.

Digámoslo ya: no somos conscientes de hasta qué punto lo que en mayor medida permanece en nuestras mentes son precisamente las categorías, cuando no las visiones del mundo o de la realidad, con las que interpretamos lo que nos va pasando y, en consecuencia, tanto aquello que luego se volatiliza como aquello que persiste en el recuerdo. Lo que está sucediendo en el debate público últimamente podría servir como ilustración de lo que decimos. Así, el llamamiento de la UE, propiciado por la nueva actitud de Donald Trump en política exterior, a organizar su propia defensa militar, destinando considerables recursos económicos a la compra y producción de armamento, está chocando con convencimientos, de matriz antimilitarista, profundamente arraigados en la sociedad española, como ha señalado con acierto Josep Martí Blanch (enriqueciendo un tipo de consideraciones que, hasta el presente, en los medios de comunicación defendía poco menos que en solitario Miguel Ángel Aguilar), convencimientos que, para enmascarar su auténtica y atávica condición, se suelen envolver con el celofán de afirmaciones retóricas grandilocuentes acerca de las bondades de la paz y la eficacia incuestionable de la diplomacia para resolver cualesquiera situaciones y conflictos.

Cometería, pues, un error de grueso calibre quien, preocupado por la gravedad de los problemas inmediatos de todo orden que nos afligen, desdeñara la importancia de los presupuestos teóricos desde los que se piensa. Constituiría un grueso error opinar así porque, tanto su propia condición de problemas, como la gravedad que les atribuimos, se desprenden de las herramientas categoriales y discursivas con las que los interpretamos. En ese sentido, debatir acerca de estas bien podría ser considerado un debate absolutamente práctico, en la medida en que determina a qué realidad debemos prestar mayor atención. Y por si esto fuera poco, se impone añadir que, como consecuencia de lo anterior, ideas y discursos a menudo provocan relevantes consecuencias de tipo práctico-político.

Recuperemos el ejemplo anterior para ilustrar esta trascendencia práctica. Es precisamente porque los mencionados convencimientos antimilitaristas permanecen enraizados en el imaginario colectivo por lo que pueden estar siendo interpretados por las fuerzas a la izquierda del PSOE como una sólida ventana de oportunidad que les sirva para recuperar apoyo electoral, no solo entre sectores juveniles abiertamente pacifistas, sino también entre quienes recuerdan, con indisimulada añoranza, la enorme capacidad movilizadora que tuvo en su momento el No a la OTAN. De paso, permitiría relegar a un discreto segundo plano algunas de las reivindicaciones de las que esa misma izquierda hizo bandera en los últimos tiempos, como las más polémicas referidas a los derechos de las mujeres, y con las que parece claro que se ha dejado importantes jirones de credibilidad en el camino.

Alguien podrá objetar a semejante planteamiento que se trata de una jugada de alto riesgo, en la medida en que podría contribuir a precipitar la caída del actual Gobierno (que a estas alturas bastante tiene con lo que tiene), con el consiguiente ascenso de las derechas al poder. Pero quizás aquí de nuevo atender no solo al cálculo más inmediato, sino también a las ideas más arraigadas puede proporcionarnos una útil clave para entender la situación. Porque no cabe olvidar que, históricamente, esa presunta izquierda de la izquierda posee una dudosa, por no decir escasa, cultura de gobierno (déficit que, en ocasiones, a qué ocultarlo, llega a ser de cultura democrática en cuanto tal), cosa que se ha hecho a todas luces patente en el perseverante proceder de algunos de sus ministros y ministras, más pendientes en muchos momentos de los debates ideológicos que de la propia gestión. Con semejante querencia como premisa, tendría poco de raro que a dicha izquierda le resultara atractiva la pecaminosa tentación de disfrutar con la adrenalina que proporciona oponerse a un Gobierno de derechas.

Por todo ello, la insistencia en la necesidad del debate de ideas no es intelectualismo nostálgico ni nada parecido por parte de quienes se encuentran en condiciones biográficas de recordar aquellas épocas en las que en la esfera pública se discutían cuestiones como la de los diferentes modelos de sociedad (ahora que ya únicamente queda uno), sino que, exagerando tan solo un poco el trazo, nos va la vida en ello. La consigna “¡hay una guerra para apropiarse de tu mente!”, del influyente teórico de la conspiración norteamericano Alex Jones, fundador del sitio web Infowars, tendría que movernos a reflexión, aunque en un sentido ciertamente diferente al que su autor pretendía darle. Empieza a urgir que caigamos en la cuenta de que las batallas culturales que más deberían importarnos son las relacionadas con las ideas a través de las cuales interpretamos el sentido de cuanto nos ocurre. En tiempos de aceleración incontrolada se hace más necesario que nunca pararnos a pensar. Sobre todo en por qué pensamos lo que pensamos. Manuel Cruz es catedrático de Filosofía y expresidente del Senado.











[ARCHIVO DEL BLOG] EL CASO EPSTEIN. PUBLICADO EL 25/07/2020











Me tiene en vilo la historia de Jeffrey Epstein y lo que pueda explicar sobre ella Ghislaine Maxwell, escribe en este último A vuelapluma de la semana [La vida como una peli de mafiosos. La Vanguardia, 11/7/2020] la escritora y crítica literaria Care Santos.
Hay una historia que en los últimos días me tiene en vilo -comienza diciendo Santos-. Tiene todos los ingredientes necesarios: una mala odiosa, asquerosamente rica y corrupta; giros inesperados de la trama que permiten imaginar un final sorprendente; una ambientación donde abunda el lujo inmoral y los paisajes de ensueño, secundarios que ya conocíamos de otras historias pero que aquí redescubrimos (a peor) y una trama con víctimas inocentes y vergonzosas intrigas para engañarlas. Es una historia que cumple los dos requisitos que le pido a las buenas ficciones: me permite la identificación con algunos personajes y a la vez me abre las puertas de un mundo oscuro que ni es ni será jamás el mío. Solo hay un detalle que no les he dicho: la historia es real. Su protagonista principal es Ghislaine Maxwell, inglesa, 58 años, exnovia (o lo que fuera) del difunto Jeffrey Epstein, hasta ahora en paradero desconocido y desde hace una semana en la misma cárcel de Brooklyn donde su novio se suicidó el 10 de agosto de 2019. Emocionante.
En la última temporada de la serie 'The Good Fight', la abogada Diane Lockart -interpretada por Christine Baranksi- recibía el encargo de investigar el suicidio en prisión del empresario multimillonario Jeffrey Epstein. Acudían a la cárcel de Brooklyn, husmeaban en la celda -un decorado- y emitían diversas hipótesis acerca de su misteriosa muerte. Sus seguidores ya estamos acostumbrados a que las tramas de la serie estén construidas sobre casos reales y a la valentía con que lo hacen. La ficción es el único lugar donde pueden decirse ciertas verdades y los guionistas de 'The Good Fight' sin duda lo saben. Lo que cuentan parece verdad. Lástima que no pudieran terminar la temporada, cuyos últimos tres capítulos quedaron en suspenso por la pandemia. Es razonable imaginar que tal vez nos habrían proporcionado un desenlace, más allá de las mil conjeturas que aún lo acompañan. Ahora, curiosamente, la vida se les ha adelantado. Si Maxwell cumple sus amenazas de contar todo lo que sabe sobre los amigos de su compi, tal vez el final de todo esto será mejor que el de 'Testigo de cargo' y 'El Sexto sentido' juntos.
Mi serie de abogados favorita me llevó a tragarme de una sentada la serie documental en cuatro episodios 'Filthy Rich' (Asquerosamente rico), sobre el caso Epstein. Antes de ver esas cuatro horas de buena y demoledora televisión solo sabía de Epstein lo que todo el mundo: que era un empresario ricachón que había abusado de menores, que había acabado por ello en la cárcel y que se había suicidado antes de llegar a juicio. Después de ver la serie había aprendido algunas cosas que no olvidaré: que alguien con mucho dinero y mucho encanto personal es imbatible, que ni los más fieles lo callan todo y mucho menos para siempre, que tiene razón el tango al hablar de el amigo que es amigo siempre y cuando le convenga (tienen que ver a Trump y a Clinton negando a dúo su amistad con Epstein después de que le detuvieran) y que el mundo se construye sobre un entramado de poderosos corruptos que hablan y actúan como si se supieran por encima de la ley, porque en realidad lo están. Son intocables. Porque tienen, porque son y, sobre todo, porque saben. Y que todo eso, cuando las cosas se tuercen, se vuelve en su contra sin piedad.
No es que no supiera que todo esto ocurre, pero los detalles del caso Epstein me perturbaron hasta no dejarme dormir. Decenas de menores engañadas, abusadas, traficadas. Epstein no era un baboso aficionado a los culos jóvenes, era un mafioso del tráfico sexual a gran escala. Tan encantador y rico que costaba creerlo. Tan encantador y rico que nadie se le resistía. La serie está construida a partir de testimonios reales y abundante material de archivo -incluida la declaración judicial del propio Epstein- y, a pesar de todo, no pude evitar mientras la miraba la sensación de que todo aquello era ficción. En especial la isla que Epstein compró en las Vírgenes y donde llevaba a las menores -qué paradoja- y a sus amigotes a que confraternizaran. La vida de los demás vista como una peli de mafiosos en el que no quieres perderte ni medio episodio. Es lógico soñar con un desenlace a la altura. Por ejemplo: ¿Imaginan que miss Maxwell raja todo lo que tiene por rajar con tal de asegurarse un futuro más halagüeño? ¿Imaginan que se hace justicia y se indemniza a las víctimas? ¿Que por fin se destapan intolerables episodios de miembros de casas reales europeas, de conocidos empresarios, del presidente de los Estados Unidos? Eso sí que sería un buen final. Crucemos los dedos".
A vuelapluma es una locución adverbial que el Diccionario de la lengua española define como texto escrito "muy deprisa, a merced de la inspiración, sin detenerse a meditar, sin vacilación ni esfuerzo". No es del todo cierto, al menos en mi caso, y quiero suponer que tampoco en el de los autores cuyos textos subo al blog. Espero que los sigan disfrutando, como yo, por mucho tiempo. Y ahora, como decía Sócrates, Ιωμεν: nos vamos. Sean felices, por favor, a pesar de todo. Tamaragua, amigos. HArendt


















EL POEMA DE CADA DÍA. HOY, ESPAÑA, DE JOSÉ GARCÍA NIETO

 








ESPAÑA




A mi hijo


Esto que tienes ante ti,

hijo mío, es España.

no podría decirte –y no puedo,

al menos con palabras-

cómo es su cuerpo duro,

cómo es su cara trágica,

cómo su azul cintura, extensamente

humedecida y agitada.

Su pecho, recio y de varón, respira

por las altas montañas;

la suave curvatura del regazo,

femenina se ensancha

hasta la soledad de las arenas

múltiples y doradas;

los brazos de sus ríos acumulan

venas que acercan las gargantas

oscuras o los verdes valles,

arrancando la tierra, acariciándola.


Esto que tienes, que tenemos

ahora mismo, es España.

Es mía porque puedo

celosamente amarla,

tocar su piel y estremecerme,

mirarme en ella fijo, cara a cara,

sentirme antiguo, envejecer con ella,

o nuevo cada día y estrenarla.

Es tuya porque puedo

con pasión entregártela,

porque me la he ganado sin fronteras;

sin tener que acotarla,

la he traído a mi voz cuando he querido,

como a una oveja que paciente aguarda

el silbo del pastor.

No hay quien le ponga

puertas, y yo te invito a traspasarlas.

Mira; aprende a mirar con ella, aprende

a acompañarte de ella, acompañándola.

Tierra de andar y comprobar despacio,

huidiza de tan delgada,

difícilmente bella de tan sobria,

fina y calladamente regalada;

tierra para escuchar como una música,

para no echársela a la espalda.

Cuando puedas, lo digo desde ahora,

lo escribo desde ahora, por si falta

un día en tus oídos

la fe de mi palabra,

cuando puedas, y tengas el pie firme,

y claro el corazón, y abierta el alma,

sal al camino, cíñete la ropa,

hijo mío, y ándala.


El sol se pone para todos. Mira;

ahora lo está ocultando el Guadarrama;

el cielo es como un ópalo, como una

precipitación nacarada;

quedan azules, negras, las tranquilas

honduras de estas navas

que encienden sucesivamente

el racimo esperado de sus casas.

Arriba, las estrellas aparecen

“sin prisas y sin pausas”;

se pierden, numerosos, los senderos

y en la penumbra se unen las montañas.

Gigantesca, se espuma “La Peñota”;

suave, “El Montón de Trigo” se destaca;

afila “Siete Picos” en la sombra

su aguda dentellada;

quiebra “La Maliciosa” bruscamente

su plomiza atalaya,

y allí, en su cascarón de ávida nieve,

se hunde Navacerrada.


Esto que ves, que tienes, que te entrego,

hijo mío, es España.

Digo y escribo, y puede más su nombre

que la mano y la voz. Es como un agua

que desborda este vaso de mi verso

donde quiero encerrarla.

Bebe, hijo mío, bebe; el trago es tuyo,

tuya es la herencia, tuya la privanza.

Sobradamente te dará en los días

su variedad multiplicada.

Tú podrás elegir, como el que hunde

sus manos en el cofre que guardara

un tesoro en el tiempo acumulado,

la joya deseada.


Deja un día a tus ojos que se pierdan

en la redonda vega de Granada;

junto al silencio de sus torres rojas,

oye las fuentes de la Alhambra;

mira Toledo enamorando al Tajo,

el fresco prado hacia la mar cantábrica,

el cielo por los arcos de Segovia,

Ávila en su quietud amurallada,

Sevilla entre jazmines una noche,

Burgos de piedra donde el Cid cabalga,

Cádiz como una nieve mar adentro,

balcón de Tarragona, luz de Málaga,

cúpulas de la nave aragonesa,

orillas de la Huelva aventurada,

minera Asturias con el verde cuello,

Córdoba entre arcangélica y romántica,

Alicante con palmas hacia oriente,

Valladolid con la oración tallada,

coronado León entre los puertos,

Zamora altiva, Huesca pirenaica,

Galicia que la mano de Dios hizo,

rosa sillar nacida en Salamanca,

campos para la flor de Extremadura

donde la encina sin cesar batalla,

Madrid desde el palacio a la pradera,

Barcelona de las Atarazanas,

Valencia de las puertas y los puentes,

Alava señorial, Cuenca encantada,

Bilbao de hierro, Soria junto al frío,

Jaén del olivar, Murcia hortelana,

lejanísimas islas de fortuna,

islas de claridad mediterránea...


¿Ves, hijo mío? El vaso se desborda;

deja a tus labios apurar la gracia.

Esta es mi herencia; puedes hacer uso

de ella y proclamarla.

Lo que te doy en buena hora

que en buena hora lo repartas.






JOSÉ GARCÍA NIETO (1914-2001)

poeta español