El blog de HArendt (2006-2026). Pensar para comprender, comprender para actuar
sábado, 15 de marzo de 2025
viernes, 14 de marzo de 2025
De las entradas del blog de hoy viernes, 14 de marzo de 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz viernes, 14 de marzo de 2025. Frente a la autosuficiencia que propugna el estoicismo actual, se dice en la primera de las entradas del blog de hoy, el escritor Pablo Cerezal afirma en Ethic que la filósofa estadounidense Martha Nussbaum propone el reconocer la vulnerabilidad humana como principio imprescindible para alcanzar la justicia social. En la segunda, un archivo del blog del 27 de marzo de 2013, se hablaba del papel que adoptaron los intelectuales hispanoamericanos en la guerra civil española, a favor de uno u otro bando. El poema de hoy, en la tercera, de la poetisa mexicana Esther M. García, se titulad Museo viviente de patologías, y comienza con estos versos: La familia es lo único que mata./Su belleza no reside/en los elementos que la conforman,/sino en la armoniosa proporción/con la que un miembro de ella/destruye a otro miembro de la misma. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt
De la vulnerabilidad humana
Frente a la autosuficiencia que propugna el estoicismo actual, afirma en Ethic [Martha Nussbaum y la vulnerabilidad humana, 04/03/2025] el escritor Pablo Cerezal, la filósofa estadounidense Martha Nussbaum propone el reconocer la vulnerabilidad humana como principio imprescindible para alcanzar la justicia social.
El científico y filósofo griego Aristóteles (384 a.C.-322 a.C.) es reconocido como el padre de la lógica, entendida esta como herramienta imprescindible para adquirir conocimientos. Basándose en dicha lógica, dedicó gran parte de su obra a defender un modelo de ética basado en la búsqueda del bien por parte de las personas en cada una de sus acciones. Una búsqueda, al fin, de la felicidad, el mayor bien al que puede aspirar un ser humano y que, según el filósofo, radica en una sabiduría que además fortalece la justicia.
En su Ética a Nicómaco, el filósofo profundizaba en el concepto de justicia asegurando que, mientras que «el justo nos hace vivir conforme a las leyes y la equidad, el injusto nos lleva a la ilegalidad y la desigualdad». Proponía también una justicia de proporcionalidad distributiva que, repartiendo de forma equitativa los bienes sociales entre todos los miembros de una sociedad, pusiera fin a la vulnerabilidad de las personas en situación de desventaja.
Actualmente, cuando se multiplican las proclamas de un estoicismo basado en lograr la autosuficiencia que permita asumir los abusos del modelo socioeconómico imperante, recuperar las propuestas filosóficas de Aristóteles puede suponer un revulsivo para alcanzar la tan soñada justicia social. Martha Nussbaum es una de las más destacadas figuras en esta reivindicación de la ética aristotélica. Nacida en 1947 en Nueva York (Estados Unidos), esta filósofa cuenta con una aguda capacidad intelectual que le ha permitido detectar numerosas injusticias, que no eran consideradas como tales, y proponer soluciones. Tanto su extensa obra de carácter humanista como las muchas causas contra la discriminación que ha defendido le han valido numerosos galardones, entre ellos, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2012.
En profunda oposición al pensamiento estoico, Nussbaum, al igual que Aristóteles, afirma que el ser humano es vulnerable y está expuesto a numerosos golpes de infortunio. Por tanto, es inevitable que, como el filósofo griego, considere la ética indisociable de la política, siendo su práctica óptima la única capaz de lograr la justicia social.
En 1986, Nussbaum alcanzó un reconocimiento internacional con la publicación de La fragilidad del bien: la fortuna y la ética en la tragedia y la filosofía griega, cuya principal razón de ser es la de mostrar la vulnerabilidad de la vida y la felicidad humanas, expuestas como están a lo externo, bien sea el entorno natural o bien las propias personas que nos rodean.
Tomando como ejemplo a los clásicos griegos, la intelectual plantea una serie de cuestiones que nos conducen a razonar para alcanzar la felicidad sin permanecer expuestos a las contingencias de la fortuna. Una razón que no se limita a sí misma, como pretendía Platón. Al contrario, esta razón debe ser consciente, como afirmaba Aristóteles, de que somos seres complejos hechos de pasiones y deseos, apetitos y frustraciones, valor y cobardía y un largo etcétera de sentimientos contrapuestos que guían nuestro proceder.
Todos los seres humanos somos vulnerables, porque vivimos amenazados por las distintas necesidades de bienes externos impuestas por el devenir social. Según la filósofa estadounidense, la única forma de superar esta situación de constante amenaza es la política. Por ello propone recuperar la ética aristotélica para unirla a la práctica política y combatir, así, la vulnerabilidad humana.
Para lograrlo, identifica diez capacidades clave intrínsecas a cada persona que deben servir como base para «una teoría de los derechos básicos que deben ser respetados y aplicados por los gobiernos de todos los países». Lo considera requisito mínimo para, atendiendo a la vulnerabilidad humana, lograr el respeto a su dignidad que permita el desarrollo de la justicia social. Así, un sistema político orientado a tal fin debe tener en cuenta la capacidad de las personas para vivir una vida digna, gozar de buena salud, moverse, pensar y utilizar los sentidos libremente, reflexionar de forma crítica, mostrar interés por el resto de personas, relacionarse de forma sana con el entorno natural, disfrutar del ocio y controlar el propio entorno vital.
La misma Nussbaum reconoce lo voluble de estas capacidades, pero confirma que, partiendo de unos mínimos, las políticas internas de cada sociedad pueden ser capaces de especificar o matizar su «sistema de capacidades».
Frente a la autosuficiencia que promueve el estoicismo para sobreponerse al devenir de los acontecimientos, Nussbaum defiende la toma de medidas políticas que puedan minimizar la vulnerabilidad del ser humano frente a agentes externos.
[ARCHIVO DEL BLOG]Los intelectuales hispanoamericanos y la Guerra Civil española. Publicado el 27/03/2013
Del poema de cada día. Hoy, Museo viviente de patologías I, de Esther M. García
MUSEO VIVIENTE DE PATOLOGÍAS
I
La familia es lo único que mata.
Su belleza no reside
en los elementos que la conforman,
sino en la armoniosa proporción
con la que un miembro de ella
destruye a otro miembro de la misma.
La familia es vaho marino
que exuda el bronco sueño
de un jardín negro donde florecen
las más diversas patologías.
Toda familia es una enfermedad
y el deber de todo miembro enfermo
es sobrevivirle.
ESTHER M. GARCÍA (1987)
poetisa mexicana
miércoles, 12 de marzo de 2025
De las entradas del blog de hoy miércoles, 12 de marzo de 2025
Hola, buenos días de nuevo a todos y feliz miércoles, 12 de marzo de 2025. Procesar a un cómico por un delito de blasfemia, dice en la primera de las entradas del blog de hoy el filósofo Bernat Castany [Héctor de Miguel ante el juez, ‘in dubio diarreo’. El País, 11/03/2025] no solo va contra la libertad de la que debe gozar todo creador, sino contra la sana función social que supone la sátira. En la segunda, un archivo del blog de fecha 17 de marzo de 2012, se mostraba la protesta unánime del pueblo y la prensa de Canarias contra el Consejo de Ministros del gobierno de España que había aprobado la autorización a la petrolera REPSOL para iniciar prospecciones en aguas canarias, en concreto en las proximidades de las islas de Fuerteventura y Lanzarote. La tercera trae hoy el poema titulado Tres, de la poetisa canadiense Anne Carson, que comienza con estos versos: Tres mujeres silenciosas en la mesa de la cocina./La cocina de mi madre es oscura y pequeña pero del otro lado de la ventana/está el páramo, paralizado con hielo./Se extiende hasta donde alcanza la vista. Y la cuarta y última, como siempre, son las viñetas de humor, pero ahora, como decía Sócrates, "Ιωμεν" (toca marchar); volveremos a vernos mañana si las Euménides y la diosa Fortuna lo permiten. Sean felices, por favor. Tamaragua, amigos míos. HArendt
Del in dubio pro-reo al in dubio diarreo
Procesar a un cómico por un delito de blasfemia no solo va contra la libertad de la que debe gozar todo creador, sino contra la sana función social que supone la sátira, comenta en El País [Héctor de Miguel ante el juez, ‘in dubio diarreo’. 11/03/2025] el filósofo Bernat Castany Prado. “Me he cagado de miedo”, exclama el dios Dioniso, en Las ranas de Aristófanes, después de ver a Can Cerbero en la puerta del Hades. Y yo me pregunto ¿cómo es que nadie denunció y procesó a Aristófanes, al igual que el colectivo ultracatólico Abogados Cristianos y el juez Carlos Valle han hecho con el cómico Héctor de Miguel, por bromas menos blasfemas que ésta? Pues no es porque aquéllos fueran menos creyentes que nuestros agelastas, sino seguramente porque lo eran más. Porque, cuando Agustín de Hipona dijo aquello de que “fe sin dudas es fe muerta”, apuntaba al hecho de que todo aquel individuo o institución que no se expone a la otredad, esto es, a aquello que lo niega, y lo amenaza, no sólo verá debilitada su capacidad de respuesta digamos inmunológica, sino también su propia vitalidad. Por eso, todas las culturas, sociedades y religiones, que se sienten —o se quieren— fuertes, permiten, y fomentan, espacios de extrañeza. Lo cual, no sólo explica la existencia de las Dionisias y las Saturnales entre griegos y romanos, donde lo blasfemo era esencial en los rituales de aischrología, sino también las misas del burro y la risa pascual, en la Baja Edad Media, donde las obscenidades que propiciaban los mismos sacerdotes evocaban el alegre triunfo de la Resurrección.
Unos siglos más tarde, lord Shaftesbury (padre de ilustrados) afirmará, en su Carta sobre el entusiasmo, de 1708, que los “entusiastas”, o fanáticos, no deben ser reprimidos, ya que la represión tiende a aumentar “la causa de su perturbación”, dándoles la ocasión de verse “como mártires”, y tomarse “todavía más en serio”, cuando lo mejor sería cortocircuitar su mortífera seriedad, y rebajar su sentimiento de autoimportancia. Porque, no sólo en el interior de los entusiastas, sino en el de todos los ciudadanos, “yacen sustancias inflamables, siempre listas para arder con sólo una chispa”, que deben ser atemperadas mediante “la ironía y el humor”. Y que ni Dios (metafórica y literalmente) debe considerarse exento, puesto que considerar libre de toda broma a un solo grupo o doctrina supondría un privilegio, que acabaría infectando de seriedad a todo el resto de la sociedad. Por eso, en tanto que embajadora de la otredad y censora de nuestro entusiasmo, la comicidad debería gozar de autonomía e inmunidad, como los bufones o moriones medievales, que gozaban de una cierta “legalidad” específica (que no siempre funcionaba...).
Más aún, existe un tipo de comicidad, que podemos llamar excretoria, que tiene la importante función de expulsar la suciedad psicológica que el comercio con el mundo le hace acumular. En el chiste obsceno, cruel o anárquico, por seguir la clasificación de Freud, nuestra alma relaja por un momento sus esfínteres morales, y expulsa nuestras pasiones negativas (que haber haylas), como la violencia, la rabia o el resentimiento, que se han ido acumulando en su interior, propiciando esa “catarsis cómica” de la que Aristóteles seguramente habló en el libro perdido de su Poética, con el que soñó Umberto Eco, en El nombre de la rosa. Transformando las inmundicias en inmundelicias, esa comicidad excretoria también evita que explotemos. De ahí también los insultos públicos ritualizados, que buscan disolver las tensiones colectivas en batallas cómicas, habituales en el África occidental, en las payadas gauchas, las peleas de gallos, y en las cenas entre amigos y amigas (también de los de la parte demandante de la primera parte). Y como esta doble función excretoria y atemperante es la que cumplen también cómicos como Héctor de Miguel, acallarlos sería como vertir toneladas de Fortasec y cafeïna en la red de abastecimiento de agua.
Y ahora una concessio. Puede que, del mismo modo que no defecamos en cualquier parte, tampoco debemos recurrir a la comicidad excretoria ante un público indiscriminado, porque aquello que decimos en broma podría ser interpretado literalmente. Como decía el insigne Pierre Desproges, se puede reír de todo, pero no con cualquiera. Sin duda, las redes sociales han hecho mucho daño al respecto. Y aún más esa legión de personas y movimientos iliberales que aprovechan este tipo de ambigüedades, para difundir con una mano los prejuicios más inicuos, mientras se rasgan las vestiduras con la otra ante el chiste más inocuo. Por eso quizá es necesaria una cierta vigilancia, mejor moral y social que legal, claro, aunque no siempre sea suficiente, que regule el tráfico entre las regiones vecinas de lo cómico y de lo serio.
Dicho esto, los cómicos deberían gozar de inmunidad, y no sólo porque sus obras gocen de una cierta autonomía, como las artísticas, que no son meramente miméticas, sino también porque cumplen las importantes, y difíciles, tareas de explicitar verdades insospechadas o incómodas, de habituarnos a la diferencia, de excretar nuestras bajas pasiones y, sí, de reforzar nuestras respectivas fes dentro de un marco democrático. Ya ven que es un tema complicado, y es normal que todos tengamos dudas al respecto. Pero esas mismas dudas no deberían hacer sino reforzar nuestra adhesión al principio del in dubio pro reo. El problema es que hay muchos que prefieren embarrar con la estrategia del in dubio diarreo.



























































